Disclaimer: La siguiente historia ha sido creada con fines recreativos y sin motivo de lucro alguno la narrativa es de mí autoría, mientras que los personajes le pertenecen completamente a su autora Rumiko Takashi.
Nota: La siguiente historia esta desarrollada en un universo alterno, pero sigue ubicándose en la época antigua 500 años atrás.
Resumen: Al temerario líder del escuadrón de los 7 guerreros Bankotsu, se le ha encomendado una misión poco inusual. Encontrar a la poderosa sacerdotisa Kikyou y llevarla a las tierras de Lord Satou virgen e intacta. Sin embargo, no contaba con la intervención de la joven Kagome quien además de tomar el lugar de su hermana gemela, terminaría por cautivar su redomado corazón.
"Corazones cautivos"
I
Las llamas asediaban el lugar, los pocos hombres que permanecían con vida sabían que no faltaba mucho para que los matasen era solo cuestión de que los hallasen. En un abrir y cerrar de ojos, el ejército entero había sucumbido ante aquel grupo de extraños. Tan pronto como llegaron, el más joven de ellos se sentó a observar todo desde la roca más cercana que había en el lugar cargando a sus hombros una poderosa alabarda que de lejos se notaba debía ser demoledora. Mientras los demás no perdían el tiempo y comenzaban el ataque, el primer frente en caer fueron presas de un veneno asfixiante y letal, lo cual alertó al resto del ejército a cubrirse con sus máscaras protectoras.
Aunque no sirvió de mucho porque después fue el turno de los sujetos que arrojaban unas inusuales armas que incendiaron el lugar en cuestión de segundos, los pobres soldados trataron de mitigar el fuego, pero entonces apareció aquel que permanecía escondido en el follaje de los altos árboles, aquel gigante con apariencia de ogro demolió la entrada del lugar con su enorme látigo metálico con una gigante bola de metal con púas. Eso les dio el acceso a los últimos dos el afeminado de las cuchillas y el sádico de las garras de hierro, quienes acababan con todo el que se cruzara en su camino, abriéndose paso hasta encontrar al señor feudal que yacía muerto de miedo tratando de esconderse en los rincones de la fortaleza, no les tomó mucho hasta que finalmente lo hallaron y lo llevaron frente a su hermano quién corto la cabeza de un solo golpe y la metió en un costal, como prueba de que su servicio había sido cumplido.
—Hemos terminado hermanos, hora de retirarnos. —sentenció inmutable el moreno que portaba una larga trenza la cual domaba su oscura cabellera azulada.
—Pero hermano deberíamos llevarnos el oro que ocultaban...
—¡Dije que nos vamos Renkotsu! Nuestra paga nos espera en el norte, ahora pongámonos en marcha—reiteró el joven, pero indiscutible líder de aquella peculiar banda de guerreros.
—Si hermano mayor—respondió dócilmente el que se distinguía por ser el más ambicioso de todos ellos.
Bankotsu conocido como un prodigio en el arte de la guerra y un espadachín temerario había comenzado como un mercenario errante, sin un lugar al cual pertenecer y principalmente aburrido de la vida en solitario, había creado un grupo elite de asesinos que se ponían al servicio del señor feudal que más beneficios les trajera, el cual había sido el caso en esta ocasión del terrateniente Mamoru Satou de la región de Kozuke, puesto que se dirigían a entregarle la cabeza de su más molesto adversario el señor de la provincia de Shinano, la cual se convertiría automáticamente en territorio de los Satou, gracias a la intervención del escuadrón de los siete guerreros.
Poco se imaginaba el poderoso líder que al llegar se le encomendaría una nueva, aunque inusual petición.
Lord Satou miraba con aprobación la escandalosa evidencia de que la misión se había cumplido tal y como él la había ordenado. —¡Como siempre has hecho un maravilloso trabajo Bankotsu! ¡Rava! —llamó a voz abierta a una sirviente de edad que apareció silenciosa pero ágil frente al joven amo. —Que atiendan a los guerreros como se merecen, llévenlos a los aposentos de invitados y provéanles todo lo que sea necesario, mientras su líder y yo hablamos de asuntos más importantes.
—Entre ellos nuestra paga. —acotó serio Bankotsu, nunca se fiaba demasiado de sus empleadores, para él la lealtad solo existía mientras hubiera un acuerdo comercial de por medio.
—Por supuesto, eso está implícito, pero acompáñame por favor. —Su anfitrión guiaba al joven mercenario a través de un largo pasillo hasta llegar a una amplia habitación llena de pergaminos desenrollados, mapas, y armas de gran valor. Enseguida Lord Mamoru saca de su cofre unos sacos enormes repletos de monedas de oro. —Aquí esta lo prometido, ahora siéntate por favor hay algo de lo que quiero hablar contigo.
Una vez que el moreno tuvo en sus manos la recompensa pactada su rostro se destenso relajándose visiblemente, aceptando sonriente un cuenco de sake. —¿Cuál es el misterio Mamoru? —preguntó con enorme curiosidad el joven líder tuteándolo como si fuese algo natural.
Acto seguido el nombrado desenrollo un pergamino en el cual se encontraba la pintura de una mujer vestida de sacerdotisa, cuyo largo cabello era negro como la noche y su piel estaba pintada con el más blanco pigmento que hubiera visto a modo que parecía brillar, pero lo más atrayente era su enigmática mirada. —Observa esto, obtuve esta pintura de un artista ambulante durante una de mis escapadas de incognito a la provincia.
—Es una mujer bonita, ¿pero que no es una sacerdotisa? ¿Qué no se imponen el celibato o algo así? ¿para qué quieres una mujer que no puedes cogerte? —preguntó despreocupado el de ojos turquesa.
—¡Espera aún no has escuchado toda la historia! El hombre que me vendió la pintura, fue quien la realizó, dice que esta mujer no es solo sumamente bella, sino que también se trata de una mujer de grandes poderes, es muy conocida en las aldeas de la región de Musashi, sin embargo, cuando mande a mis soldados a investigar su paradero, ninguno de los aldeanos quiso hablar. Me temo que les ha sido imposible encontrarla lo único que hacen es traerme relatos de las asombrosas hazañas de la sacerdotisa Kikyou.
Al escuchar aquel nombre Bankotsu sintió que, aunque era un nombre hermoso no parecía ser el adecuado para la mujer de aquella pintura que conforme más la observaba más le parecía hechizante. —¿Con que Kikyou eh? Y bien ¿qué es lo que quieres que yo haga? —preguntó el moreno con seriedad en su rostro, ya que esto no se trataba de una encomienda usual.
—¡Quiero que la busques, quiero que la encuentres y la traigas directo a mi palacio! —estableció Mamoru de manera tajante con una seriedad poseída en sus ojos azul rey. —Si es necesario que lleves a todo tu escuadrón hazlo, no me importa si tienes que destruir cada aldea que se cruce en tu camino, reduce todo a cenizas, ¡pero tráemela! —vociferó con excitación ferviente en su voz.
—¡Vaya que te has encaprichado con la sacerdotisa eh! —bromeó el joven guerrero mientras bebía de su copa hasta el fondo para acto seguido rellenarla nuevamente.
—¡Esos inútiles han estado buscándola por más de 6 meses! ¡Es como si la tierra se la hubiera tragado! ¡Pero tú! ¡Tú puedes encontrarla mi fiel amigo! Hasta el día de hoy no hay batalla que no hallas ganado. —reafirma sonriendo victorioso.
Bankotsu sonríe ante el elogió—Mientras la paga valga la pena, nuestros servicios estarán del lado correcto.
—¡Te daré el doble de lo que te acabo de entregar! ¡El triple si así lo deseas! Pero quiero que traigas a Kikyou lo más pronto posible. He decidido que es hora de sentar cabeza, así que voy a convertir a la sacerdotisa más poderosa de nuestra región en mi mujer.
Las palabras de Mamoru Satou resonaron fuerte y claro para el temerario guerrero, quien despreocupado aceptó el nuevo trato, mientras rellenaba nuevamente su cuenco la imagen de la pintura se colaba nuevamente en sus pensamientos.
En una vieja choza el olor a muerte inundaba sus fosas nasales, pero le parecía más sabio no decir palabra alguna, y simplemente se limitó a cruzarse de brazos como si fuera el guardián de aquella entrada. Sin embargo, a él también le afectaba el inminente deceso de aquella vieja anciana, sabía que al principio no lo había aceptado pero el que hubiera hecho las paces con su amada antes de morir le hacía sentir tranquilo, para Kikyou y su hermana esa anciana lo había sido todo.
—Inuyasha…—la voz de la vieja moribunda lo saco de sus cavilaciones.
—¿Qué ocurre anciana Kaede? ¿Te molesta mi presencia de medio demonio en tu lecho de muerte? —su tono de voz era más condescendiente y apacible, sin ánimos de pelear, y ella lo sabía porque soltó una ronca risilla.
—Quiero que cuides con tu vida el corazón y la felicidad de Kikyou, es una mujer fuerte y poderosa espiritualmente pero su corazón es muy frágil y delicado, ella te ama, ahora lo reconozco con claridad, lamento haberme opuesto, por eso quiero decirte que lo siento mucho por juzgarte, estando al pie de mi muerte solo quiero que esas chiquillas que llegaron a mi hace 12 años sean felices, y tú eres la felicidad de Kikyou.
Los ojos ámbar se abrieron con enorme sorpresa al escuchar aquel amoroso discurso. —Ella va a estar bien, te prometo que protegeré su vida y su corazón con mi vida, no tienes de que disculparte ¡khe! Sólo hacías lo que pensaste que debías hacer. —con una dulce sonrisa en su rostro Inuyasha tomo su mano unos segundos y volvió a su lugar, sintiéndose más alto, más fuerte, pero también más melancólico.
—Muchachas vengan aquí, no me queda mucho tiempo—las hermanas gemelas, que habían permanecido fervientemente cuidando de aquella mujer día y noche durante los últimos tres días, se acercaron una con prisa y la otra con parsimonia. —Mis queridas niñas, ahora son todas unas mujeres, y su deber no es otro más que buscar su propósito en la vida, si yo las prepare y eduque para ser sacerdotisas es porque es todo lo que yo conocía, y mi única intención era volverlas fuertes e independientes. Kikyou posees un poder espiritual como nunca se había visto, pero tu corazón se divide entre tu amor y tu deber, cuando eso no debe ser así, puedes seguir siendo bondadosa y servicial aun cuando entregues tu corazón, tus sentimientos te volverán aún más poderosa.
—Kaede…—Por primera vez los ojos de la mencionada se permitieron demostrar sus emociones abiertamente y como si de un torrente de lluvia se tratara, lágrimas comenzaron a brotar copiosamente.
La anciana sonrió al poder presenciar como por fin veía una apertura en el corazón de su adorada niña, entonces se dirigió a su segundo tesoro. —Kagome, mi pequeña traviesa, sé que siempre te ha acomplejado el no contar con un gran poder espiritual como el de tu hermana, pero parece una broma un tanto irónica que tu verdadera fortaleza reside en tu corazón y su incansable fuerza de voluntad y bondad, tu conoces el verdadero poder de las emociones y del amor. Enseña a tu hermana lo poderosa que puedes ser y vive tu vida como tu decidas, nunca permitas que nadie te contradiga ni te controle.
—¡Kaede! Te agradecemos todo lo que has hecho por nosotras, sin ti jamás hubiéramos sido tan felices, ni estaríamos aquí, tú nos acogiste sin esperar nada a cambio, nos brindaste tu amor y tus enseñanzas, y sé que hablo por las dos cuando digo que siempre te llevaremos en nuestros pensamientos y corazones, no tienes que seguir resistiendo, no estás sola, aquí estamos contigo abuela Kaede.
Y con aquellas palabras como último recuerdo de su vida terrenal, aquella anciana exhaló su último aliento con una sonrisa de gratitud en el rostro, rodeada del amor y los nobles sentimientos de sus preciadas pupilas.
Kagome y su hermana notaron entonces que en sus ojos había caído el velo de la muerte, lloraron y velaron a su querida abuela, como tradicionalmente mandaban los ritos del sintoísmo. Inuyasha ayudo a las hermanas y se alejó en el momento oportuno para no causar disturbios cuando los aldeanos quisieron presentar sus respetos a la acaecida. Dos días transcurrieron en relativa paz, hasta que llegaron a oídos de Inuyasha rumores sobre soldados buscando nuevamente a su amada sacerdotisa.
Bankotsu sabía que estaba cerca, los cobardes de aquella última aldea devastada por las poderosas armas de sus hermanos, habían por fin revelado el secreto de la ubicación de la misteriosa sacerdotisa, esta búsqueda estaba resultando de lo más aburrida, por ello permitía que sus hermanos se divirtieran un poco causando estragos en las aldeas que tenían el infortunio de cruzarse en su sendero.
—¡Es hora de marcharnos! Escuchen con atención dejen todo y recojan sus armas, planeo que lleguemos esta misma noche a la aldea junto al río, ¡esta noche atraparemos a la sacerdotisa de Satou!
El atardecer estaba cayendo, el cielo se coloreó de tonos rojizos como si de una señal se tratara, las explosiones y el olor a pólvora fue lo que puso sobre aviso al medio demonio, quien instintivamente se dirigió en busca de las hermanas. —¡Kikyou, Kagome! —gritó al encontrarlas en una colina recolectando hierbas medicinales. —¡Algo se aproxima a la aldea, el olor a humo y pólvora provienen del bosque que esta antes de la entrada! Quien quiera que sea esta avisando su llegada.
Kagome quien tenía una agilidad mental impresionante y solían dársele muy bien las estrategias fue la primera en hablar. —¡Vienen por mi hermana! Estoy segura.
—¿Pero de que estás hablando Kagome? —preguntó Kikyou con su usual tono neutro.
—Hermana las guerras civiles en nuestra región han cesado desde hace mucho, Musashi es un lugar sumamente pacífico, sino se tratan de seres demoníacos atacando a nuestros pobladores, entonces son los misteriosos soldados de los que tanto nos han escrito los mensajeros de aldeas vecinas. Te han estado buscando y al fin te encontraron.
—¡No! No lo voy a permitir, acabaré con ellos con mis garras, no tendré piedad. —Habló colérico el peliplata.
—¡No inuyasha espera! —esta vez fue Kikyou quien habló con notable preocupación en su voz. —La última vez que luchaste contra bandidos en aquel pueblo, tú… tú perdiste el control y te convertiste en un demonio completo, si sigues derramando sangre humana lo más probable es que vuelvas a perder el control, podrías perder tu corazón humano y quedarte atrapado en ese estado.
—Pero ¿qué se supone que haga entonces? Acabaran con la aldea sino pensamos en algo pronto.
—Tienen que irse, si se están anunciando de esa manera es porque saben que mi hermana no pondría en riesgo a sus aldeanos. Yo iré a su encuentro averiguaré que es lo que desean de ti y mientras ustedes huyen del lugar.
—¡Estás loca pequeña irreverente! —gritó a modo de negativa el ojidorado.
—Es lo mejor que podemos hacer hasta ahora, si te ven sucederán dos cosas, te matarán y cortarán tu cabeza igual que la de los otros híbridos y se llevarán a mi hermana con ellos; o bien te les enfrentarás y correrás el riesgo de sufrir nuevamente otra transformación como la de la vez anterior y podrías acabar no solo con quien sea que sea nuestro enemigo sino también con la aldea entera y con nosotras.
Inuyasha no pudo articular solución alguna más que maldecir con desesperación —¡Maldición!
—Escucha Inuyasha, prometiste a Kaede que cuidarías de mi hermana hasta con tu propia vida, bien ese momento ha llegado te ordeno que tomes a mi hermana entre tus brazos y huyan lo más lejos que puedan sin mirar atrás. Yo iré a hablar con ellos, fingiré que no sé nada sobre su paradero, no me digan a dónde irán será mucho mejor que yo no conozca su ubicación.
—Hermana… no…
—Basta hermana—replicó Kagome ante la negativa de su gemela—No soy tan poderosa espiritualmente hablando, pero soy una guerrera poderosa, podré hacerles frente a nuestros enemigos, y en el mejor de los casos al no encontrarte se irán. Esta es tu oportunidad Kikyou, la abuela ya no está, ya nada te impide buscar tu felicidad junto a Inuyasha, ¡huyan! Busquen un lugar seguro en donde establecerse y tengan muchos hijos, y cuando sea oportuno estoy segura que nos reuniremos una vez más. Ahora no debemos perder más el tiempo —. ambas jóvenes se abrazan fuertemente transmitiendo ese abrazo todo su amor la una por la otra, y con una sonrisa la más revoltosa e impetuosa de los tres los despidió mientras se encaminaba al lugar en el que debían estar los dichosos soldados.
—Hermana… ¡Te quiero Kagome! —las palabras brotaron rápidas y en un grito cargado de preocupación—¡Por favor ten cuidado!
Asombrada por aquella demostración de afecto poco común en su querida hermana, Kagome no puedo evitar darse la vuelta y con conmovida expresión sólo agitó su mano, para volverse rápidamente y emprender su carrera hacia el bosque, con suerte encontraría a aquellos soldados antes de que entraran en su aldea. Armada con su arco y flechas logró llegar hasta el bosque, y sin pensárselo dos veces se adentró en aquella cortina de humo que dejaron las explosiones que Inuyasha mencionó.
—No soy tan poderosa como mi hermana, pero aun así poseo los mismos poderes que cualquier sacerdotisa, soy una guerrera valiente, puedo hacer esto… ¡Tienes que ser feliz hermana! —pensaba la azabache tratando de levantarse la moral sola, pues era la primera vez que su hermana no estaba a su lado. Un movimiento rápido detrás de ella la alertó, veloz lo esquivo, y con una flecha destructora rompió aquellas cadenas que se habían lanzado directo a ella.
A unos metros de la sacerdotisa, se encontraba el líder del escuadrón observando como Renkotsu trataba de atrapar a la presa.
—Parece que el hermano Renkotsu está teniendo dificultades para atrapar a esa chiquilla. Lástima que no se trate de un joven apuesto. —murmuró Jakotsu con fastidió.
—Hermano mayor ¿Por qué no me dejas ir a ayudar a nuestro hermano? La chiquilla parece tener habilidades y me encuentro algo aburrido. —esta vez quien habló fue Suikotsu, quien tenía una fija mirada y entusiasmada en los ágiles movimientos de la mujer de larga cabellera negra.
Hubo algo en el tono de su hermano que no le gustó al líder de ojos turquesa, y sin dar explicaciones dejó su enorme alabarda clavada en el suelo encaminándose hacia la batalla, dejando sorprendidos al resto de sus hermanos por tal acción.
La sacerdotisa se sentía confiada, su oponente era alguien lento pero diestro al lanzar sus hilos de fuego, afortunadamente ella era ágil, en sus movimientos y su puntería en el arco era su orgullo, lástima que no vio venir a su segundo oponente. Quien sin dificultad alguna aprovecho el momento en el que esquivo una vez más aquellos hilos cubiertos de fuego y la tomó por la espalda cubriendo su nariz y boca con un poderoso sedante que en cuestión de segundos la hizo perder la conciencia. Aquella mirada llena de furia e intriga, dirigida hacia él, despertó en Bankotsu un sentimiento de profunda satisfacción, y sin darse cuenta sonrió.
