III

Se sentía completamente frustrado, los negocios y la familia siempre iban primero, ese era su lema. Después de sus hermanos lo más importante eran las batallas y el dinero que recibía por librarlas, era una fórmula que funcionaba, pero esa mujer estaba poniendo en peligro sus negocios con Lord Satou; tenía algo que lo hacía querer sucumbir a sus bajas pasiones y enseñarle a usar apropiadamente esa endemoniada lengua afilada que poseía. ¡Oh dioses las cosas que podría enseñarle a hacer con esa lengua! en un segundo estaba abofeteándose a sí mismo, apenas acababa de salir del agua y terminado de vestirse y ya estaba otra vez pensando en la culpable de que tuviese que tomar ese inesperado baño de agua helada, a este paso no iba salir del río nunca.

Mientras que, en el campamento del resto del escuadrón, las risas de Kagome y Jakotsu no hacían más que sobresalir en el ambiente, hasta que la primera soltó un pequeño quejido de molestia, lo cual llamó nuevamente la atención de uno de sus miembros, que sin más se puso de pie y se dirigió hacia la cautiva, quien lo miró con desconfianza oculta.

—¿Acaso estás herida Kikyou? Esa pelea que tuviste con mi hermano Renkotsu no fue nada del otro mundo. ¡Oh hermano Suikotsu! ¿Qué es lo que deseas? —preguntó el encargado de vigilar a la sacerdotisa, aunque al verlo arrodillarse frente a ella se dio cuenta de sus intenciones, más la joven retiró rápidamente el tobillo que tenía una cortada leve y superficial pero que con su sudor había comenzado a arder, convirtiéndose en una pequeña molestia. —¡Deja que Suikotsu te revise! Además de ser buenísimo con sus garras, es el médico del grupo, te aseguro que si tienes algo él se encargará de ello.

—Sólo me tomará un momento revisarte. —explicó con tranquilidad el hombre de cabellera corta y un poco desordenada, mientras retiraba la sandalia y la calceta de su pie lastimado para poder observar con mayor facilidad.

Su toque fue suave y lento, algo que hizo que Kagome se sonrojara sin darse cuenta, el aura de aquel hombre era de una parsimonia absoluta lo cual la hizo preguntarse ¿era realmente este hombre un asesino despiadado? Lo observo moverse metódicamente para tomar lo necesario y poder curarla terminó por untar un espeso ungüento que logró identificar como una mezcla de hierbas medicinales que la ayudarían contra el ardor.

—Muchas gracias—agradeció finalmente cuando el hombre de rostro amable terminó por vendar su tobillo.

—No es nada, nuestro hermano se molestará sino cuidamos de ti apropiadamente—le respondió conectando su mirada con la de la hermosa sacerdotisa, que de alguna manera se sintió demasiado íntima.

Por unos segundos ninguno de los dos dijo palabra alguna mientras que los demás estaban en sus cosas, Jakotsu observaba la escena sin realmente entender por qué de pronto aquellos dos parecían haberse convertido en un par de estatuas. Quién rompió aquella atmosfera de intimidad fue el recién llegado que observo con recelo aquella escena, acercándose para enterarse sobre lo que estaba ocurriendo.

—Les sugiero que descansen si ya terminaron de comer, mañana emprenderemos el viaje de vuelta por la mañana. Jakotsu, Suikotsu vuelvan a sus lugares, yo vigilaré a nuestra prisionera.

—Creí que era tu invitada…—contestó con sarcasmo al verlo sentarse a su lado, pero este no le respondió. —¿Qué sucede? ¿te comieron la lengua los ratones?

El moreno la ignoró despreocupadamente mientras se echaba al suelo por completo.

"¿Acaso está molesto? ¿o será que dedujo mis intenciones y está tratando de aislarme del grupo?"

—Oye, realmente esta no es una posición muy cómoda para poder dormir, si me lo preguntas…—comenzó a quejarse cuando el mercenario la interrumpió claramente irritado.

—Para ser una sacerdotisa sumamente poderosa y legendaria, resultaste ser una completa molestia, quejumbrosa y mimada.

"Oh no, nadie la llamaba quejumbrosa ni mimada, si Kagome de verdad odiaba algo en su vida era que le dijeran mimada, sí bien era cierto que era la menor de ambas hermanas, aunque fueran solo unos minutos, la gente acostumbraba a compararlas todo el tiempo, y al no ser tan talentosa como su hermana Kikyou solían menospreciar sus esfuerzos diciendo que era porque Kaede y su hermana la tenían demasiado mimada.

— Uuuuuy ¡¿Se puede saber quién demonios te crees que eres para decir esas cosas?! —arremetió en un tono de voz muy elevado.

—¡Ay ya cállate! Mis pobres oídos no toleran tu odiosa voz—contestó Bankotsu levantándose de su lugar para confrontarla cara a cara.

—¡Pues yo no te pedí venir! Podrías volver a tu callada y tranquila vida si me liberas en este instante ¡Grandísimo tonto!

En un rápido movimiento y aprovechando aquella grieta en el siempre vigilante semblante de Kikyou, la sujeto fuertemente de la fina línea de su quijada, tomándola por sorpresa, dándose cuenta del subir y bajar acelerado de su pecho, la sacerdotisa no era indiferente a él.

—Veo que te consideras alguien con muchas libertades, pero creo que no terminas de entender que no soy una persona amable o paciente, así que mantendrás tu trasero pegado al suelo e intentarás dormir o al menos cerrar tu escandalosa boca. O yo te la cerraré.

—¡Quiero ver que lo intentes im..! —las palabras de Kagome murieron tan rápido como comenzó a pronunciarlas puesto que un trozo de tela fue metido en su boca para silenciarla.

—¡A dormir todos he dicho! —Bankotsu se recostó con tranquilidad y una sonrisa divertida en su rostro, de alguna forma molestarla ayudaba a distraerlo de su otro "problemilla".

No pudo pegar el ojo durante toda la noche imaginándose múltiples maneras de freír el moreno trasero de aquel mercenario insoportable e imbécil que indiscutiblemente necesitaba que alguien le diera una lección y Kagome estaría más que complacida de ser ella quien se la diera. Sin poder articular palabra alguna porque aún tenía aquel asqueroso trozo de tela en su boca, no ceso en su satisfactoria tarea de acuchillar con su mirada profunda e hirviente a su despreocupado captor que parecía haber pasado un sueño reparador. "Miserable engreído" fueron las palabras que cruzaron por su mente.

De uno en uno comenzaron a despertar, y a poner en pie todo el campamento, era claro que continuarían la marcha a cualquiera que fuese su destino, uno que ella aún no terminaba de averiguar, Jakotsu era un lengua suelta pero anoche no había podido averiguar lo suficiente, tenía que encontrar una manera de retrasar el viaje solo un poco más.

—¡Hermano ya estamos listos! —Esta vez fue aquel hombre que Kagome recordaba su nombre era Renkotsu, el que se acerco al aparentemente aun durmiente líder.

—Perfecto, pongámonos en marcha justo ahora, ¡Jakotsu! —llamó poniéndose de pie sin mirarla ni una sola vez.

¿Desde cuándo es que había despertado? ¿Acaso habría pasado la noche en vela vigilando? ¿Vigilándola?

—¿Sí hermano? —contesto con su alegre voz afeminada y cantora.

—Desata a nuestra prisionera, y encárgate de que no escape, no ha pegado el ojo en toda la noche y esta sumamente enfadada, puede que se le ocurra hacer alguna tontería.

—Sí hermano no te preocupes, vamos Kikyo te ayudaré a levantarte, ahora te sacaré esto de la boca si prometes no hacer enfadar al hermano mayor, podría cortarte la lengua de un tajo si lo pescas en un mal día. —le aconsejó Jakotsu de manera sonriente y despreocupada.

"Miserable… sabía que lo había estado observando. Que se burlara de ella todo lo que pudiese, porque ella se encargaría de borrarle su estúpida sonrisa del rostro, ¡o dejaba de llamarse Kagome!

Caminaron cerca de una hora, aún andaban por territorio conocido para ella, pero si seguían a este paso, pronto no sabría su ubicación y aquello la ponía nerviosa de sobremanera. Iba tan abstraída en sus pensamientos que no vio aquella gruesa rama y tropezó con ella doblándose de nueva cuenta el pie que tenía lastimado. "¡Magnífico, ahora se movería con más dificultad!"

—¿Kikyou estás bien? —pregunto su acompañante, quien estaba a punto de ponerla en pie, sin embargo fue interrumpida por alguien más, aquel que la noche anterior había curado su tobillo.

—No es necesario, estoy bien de verdad. —fueron las primeras palabras que se permitía decir en toda la mañana, y eso Bankotsu también lo notó.

Pero Suikotsu la ignoró amablemente y con una sonrisa silenciosa le indicó que revisaría su nueva lesión, mientras que el corte del día anterior parecía estar sanando con normalidad, su tobillo comenzaba a lucir inflamado y rojizo.

—Probablemente esto te duela, pero necesito hacerlo, si quieres gritar puedes hacerlo. —su voz era aterciopelada y profunda, con deje amable, demasiado amable, y aquello la hizo sonrojar.

Pronto la hipnotizada joven espabilo, meneando ligeramente su cabeza de manera negativa. —Adelante, no gritaré. — Suikotsu asintió, y entonces tomo su extremidad entre sus manos palpando y presionando, un leve quejido de escapo de los labios rojizos de "Kikyo" pero nada más, aquello lo hizo sonreír, ella intentaba hacerse la dura.

—No te has fracturado, pero no podrás caminar. Sino queremos que eso empeore será mejor que encontremos un nuevo lugar donde acampar hermano. —sentenció buscando con la mirada al líder del escuadrón mientras buscaba vendas y ungüentos entre sus cosas personales.

Bankotsu les observó a ambos y hubo algo que no supo identificar que no le agradó, ahí iba de nuevo aquella desagradable sensación que había sentido anoche cuando regresó al campamento, a instalarse en su pecho.

—¿Cuáles son nuestras opciones? —habló en voz alta, aparentemente dirigiéndose a todo el grupo.

El primero en hablar fue Renkotsu. —Ciertamente hermano no tenemos una fecha límite para este trabajo, la paga será la misma, sin importar cuando la entreguemos.

—¡Podemos hacer que Kyokotsu o Ginkotsu la lleven a cuestas! ¿no? —esta vez fue Jakotsu quien intervino con la que creía era una buena solución.

—¡Pero como eres tonto Jakotsu, Kyokotsu se la puede comer si de pronto se siente hambriento! hasta yo puedo sentir el aura poderosa de esa mujer, sus poderes serían una tentación muy grande para nuestro hermano, y Ginkotsu esta lleno de cuchillas y metales terminara en pedazos antes de que podamos llegar con Lord Satou. —habló ahora el más bajito en cuanto a estatura de todos ellos.

—¡Tienes razón Mukotsu! Entonces Suikotsu o Renkotsu podrían llevarla a cuestas y turnarse ¿no crees hermano mayor? —volvió a ofrecer con su voz canturrienta.

Kagome escuchaba con atención aquel intercambio de ideas, mientras yacía en el suelo siendo atendida por Suikotsu, sin embargo, no paso por alto aquel nombre que había mencionado Mukotsu, había escuchado el nombre de aquel Lord de algún lado pero no podía recordar de dónde.

—Listo, he terminado, sube a mi espalda ahora por favor. —el médico se coloco en cuclillas y de espaldas frente a ella ofreciéndose como su medio de transporte, mientras los demás seguían debatiendo, más su acción no paso desapercibida por Bankotsu. Cuando la sacerdotisa salió de su estupor y estaba por enredar sus manos alrededor del cuello de su hermano, algo en él lo enervó.

—Suikotsu, ¿cuánto tiempo necesitaremos detenernos? —inquirió interrumpiendo por un momento la acción de "Kikyo".

—Estimo que, de cuatro a seis días, podría ser más, todo depende si puede mantenerse quieta. —habló con sinceridad.

—Bien, tú y Jakotsu, busquen un lugar adecuado para escondernos, alguna cabaña o cueva alejada de las aldeas o caminos, necesitamos pasar desapercibidos, no sabemos si alguien ande en busca de ella, no queremos más contratiempos innecesarios. Ginkotsu, Renkotsu, busquen provisiones tanto de armas como alimentos. Mukotsu encárgate de que Kyokotsu obtenga lo que necesite y que se mantenga cerca de nosotros, está a dos kilómetros en la montaña que cruzamos hace poco. Nos reuniremos un kilometro adelante, dentro de una hora, andando. —comandó con seriedad y exudando autoridad, nadie le contradijo ni dijo ni una sola palabra.

Cuando todos partieron, Kagome no pudo evitar mirarlo con atención, si bien era cierto que era el más de joven de todos ellos, pudo notar que contaba con el respeto y la lealtad absoluta de todos ¿Tan poderoso era? De pronto un pensamiento se la hizo ensimismarse "Espera… ¿acaba de decir que nos veremos un kilometro adelante? ¿Eso quiere decir que me hará caminar? Es decir… es imposible que me lleve a cuestas, cuando ya lleva esa enorme cosa en su espalda"

Más la sacerdotisa no pudo seguir en su debate interno, puesto que Bankotsu se acerco hasta quedar frente a ella, y de manera brusca, se agacho y la alzo entre sus brazos cargándola contra su pecho.

"¡Esto era el colmo!" —¡Espera un momento! Bájame de inmediato miserable…

—Te sugiero que cuides tu lengua sino quieres que vuelva a introducir un trozo de mi ropa en tu deslenguada boca. —le soltó despreocupado y sin mirarla una sola vez.

Aquello la ofendió muchísimo, pero sintiéndose extremadamente desalentada de volver a ser amordazada, prefirió callar, propinándole una mirada letal de odio profundo. "Imbécil…" le gritó con sus ojos llameantes en furia.

—Parece que ya nos vamos entendiendo pequeña bribona, cuando estás callada hasta pareces guapa. — le soltó con su ya familiar sonrisa ladina.

En ese momento Kagome fue muy consciente de su cuerpo contra el de Bankotsu, de su amplio pecho cubierto por aquella armadura color metal que lo protegía, su afilado perfil de piel morena y ojos de un azul que nunca había visto antes, amenazantes y profundos.

—¿Te gusta lo que ves? —preguntó divertido mirándola directamente sin dejar de caminar.

—Idiota…—susurró por lo bajo, esquivando su mirada, grave error, porque entonces fue ahora consciente de sus brazos enredados en su cuerpo, al llevarla cargada de esa manera y su cuerpo ardió de ¿ira o vergüenza? ¿o acaso una mezcla de ambas?

—Escuché eso, un insultó más y me arrancaré una parte de mi hakama interior para meterlo en tu insolente boca.

—¡No te atreverías! —exclamó completamente roja y ofendida.

—No quieres averiguar de las cosas de las que puedo ser capaz pequeña.

Nota de la autora: Hola chicas, me perdí por los senderos de la vida pero aquí esta el tercer capítulo, espero que sea de su agrado. ¡Dejen sus opiniones!