Capítulo 2: Acercamientos peligrosos.
Habían sido días pesados para Satoru Gojo. Megumi ya tenía 7 años, pese a que parecía ser mucho más maduro para su edad eso no quitaba que siguiera siendo un niño y en su empeño de darle normalidad a su vida se estaba estresando más de lo que hubiera deseado.
Fushiguro seguía asistiendo a una escuela regular y por lo tanto debían aparentar la normalidad en ese aspecto, por lo que Satoru se había presentado como el tutor del niño aunque legalmente no existía ningún trámite al respecto, por lo que tenía que agradecer a sus habilidades de seducción el hecho de que ni la directora ni ninguna maestra ahondara en el motivo del por qué un joven de 20 años que al parecer no era familiar del niño se estuviera haciendo cargo de él. Y no era una situación que se presentara pocas veces, pues últimamente Megumi se estaba metiendo en muchos problemas en la escuela y Gojo, tragándose la molestía que eso le estaba causando, tenía que acudir a la institución constantemente para dar la cara por él.
—¿Qué te está pasando, Megumi? —le cuestionó cuando iban camino a casa después de que les informaran que el niño quedaba suspendido por varios días luego de armar una pelea con alumnos de sexto grado, que terminó con más de uno lastimado; ni los hermosos ojos de Satoru pudieron lograr que la directora se apiadara del niño esta vez.
Fushiguro chasqueó los labios y evitó mirarlo, no se arrepentía de lo que había hecho pero tampoco le hacía muy feliz que Gojo le tuviera que estar llamando la atención constantemente por sus acciones.
Satoru suspiró sintiéndose impotente para reprender a Megumi, se preguntaba si realmente tenía algún derecho para hacer eso, después de todo fue él quien le insistió al niño para que lo dejara hacerse cargo de su bienestar. Satoru más que nadie sabía lo que era que te trataran de manera especial siendo un niño, él nunca supo lo que era tener una vida normal, nunca convivió con niños en ambientes que no tuvieran que ver con la hechicería y lo único que quería era que Megumi pudiera divertirse, socializar y conocer otras formas de vida al mismo tiempo que se preparaba para ser fuerte; quería creer que ser un gran hechicero no se peleaba con todo lo demás… pero al parecer no estaba logrando su objetivo.
"¿Qué me hace creer que eso es posible? Sólo hay que vernos a Suguru y a mí, eramos los más fuertes… Y todo salió mal."
Shoko no paraba de reírse de él, incluso le tomó una foto con su teléfono para guardar su cara de desagrado y molestia para la posteridad; Satoru pudo haberle destruido el celular sino fuera porque eso sería admitir aún más que le afectaba algo que tuviera que ver con ese tal Geto.
—¡Ni siquiera sabes por qué me molesta la situación! —expresó en un tono más alto del que hubiera querido usar— Solo no puedo entender cómo el profesor Yaga cree que necesito ayuda de ese imbécil, más bien ¡él es el que necesita mi ayuda! ¡Sí! Eso es exactamente —se empezó a reír con exageración— ese pobre idiota está tan ocupado luciendo su flequillo ante las chicas que seguramente perdería fácilmente ante una maldición de primer grado —se burló mientras hacía gestos con los que su amiga se reía. Hasta que dejó de escuchar la risa de Shoko y se volteó para ver el motivo.
—Te recuerdo, idiota, que precisamente estoy aquí por mis habilidades especiales —Geto le mostró una media sonrisa llena de arrogancia—. Es la escuela de hechicera la que me necesita a mí, no yo a gente como tú que por estar tan ocupado en tus propias necesidades dejarías escapar al más débil enemigo —se burló ahora él, logrando sacar a Gojo de sus casillas.
—Si lo necesitas puedo demostrarte quién es el más fuerte aquí y ahora —se puso en posición de pelea al mismo tiempo que Geto dejaba salir una de sus maldiciones.
Suguru no estaba molesto como su compañero, pero si el tipo quería que lo pusieran en su lugar no dudaría en hacerlo. "Lo bonito no te quita lo altanero" sonrió levemente mientras pensaba eso, dispuesto a vencer al hechicero que se consideraba el más fuerte y bajarle un poco los humos.
—Oh no… —Shoko caminó hacia atrás un poco asustada por lo que estos imbéciles sin precaución pudieran hacer en la escuela, pero no se movió ni tres pasos cuando ya estaba chocando con el profesor Yaga.
—¡¿Se puede saber qué están haciendo?! ¡Desperdiciando tiempo y energía entre ustedes cuando tenemos una misión importante que hacer! —alegó molesto al ver que estos dos, que eran su mejor carta en estos momentos, no parecían querer trabajar en equipo.
Ambos se tranquilizaron, pero sin quitarse la mirada de encima.
—Pues no me queda de otra, solo procura no ser un estorbo —soltó un molesto Satoru mientras se daba la vuelta e iba a prepararse para la misión. Geto soltó una risita ahora que el chico no le veía y sólo atinó a pensar que esto sería muy divertido.
—¿Puedo fumar aquí? —preguntó Shoko Ieiri mientras sacaba la caja de cigarros de uno de sus bolsillos, esperando que su anfitrión le diera autorización.
—Creí que estabas dejando de fumar —le dijo Gojo a modo de respuesta, a lo que Shoko decidió guardar el cigarrillo para otra ocasión que lo ameritara más. Estaban sentados en uno de los sillones de la amplia sala en la casa de Satoru, las cortinas estaban abiertas y la luz de la luna entraba por el gran ventanal iluminando un poco la oscuridad del lugar.
—Bueno, al menos ofréceme algo de beber que ya estoy trabajando horas extra —se quejó en tono serio, pero lo decía en broma; en realidad no importaba la hora, ella siempre acudiría cuando su amigo la llamara, porque para ella Satoru Gojo seguía siendo su amigo.
Satoru se levantó, encendió una de las lamparas de la habitación y fue en busqueda de lo que la chica le solicitaba. Regresó con un vaso en el cual había vertido bastante vino, él no tomaba alcohol por lo que tenía mucho tiempo con esa botella ahí, obsequio de alguna persona de su vieja escuela.
—Esperemos que un vicio no se cubra con otro —dijo en broma, pero Shoko lo ignoró y se limitó a tomar el vaso que le ofrecía. Era curioso que ahora él fuera el que intentara hacer divertido el ambiente y ella la que se negara a seguirle la corriente—. Gracias… no estabas obligada a acudir a mi llamado, por eso muchas gracias por venir, en verdad —le expresó Satoru en un tono que realmente demostraba el aprecio de su gesto.
—Era eso o cargar en mi conciencia a un niño muerto —contestó Ieiri dándole un trago a su bebida mientras observaba a Gojo volver a sentarse frente a ella—. Procura no ser tan rudo con él, ¿quieres? No todos te pueden seguir el ritmo y menos un niño tan pequeño.
Gojo se había visto en la necesidad de llamar a su antigua compañera de la escuela de hechiceria después de haberse sobrepasado con el entrenamiento de Megumi. Había decidido ser un poco más rudo con él en ese aspecto debido a los recientes acontecimientos en la escuela del niño; pensó que si Megumi estaba buscando peleas con chicos mayores constantemente quizá necesitaba un ejemplo de una pelea más severa, pero al parecer había sido una pésima decisión en ese momento en el que cargaba tanto estrés y tenía que admitir que aún no era del todo buena su capacidad de reducir sus habilidades para no causar tanto daño.
—Sí, claro… No te preocupes, trataré de no molestarte tan tarde de nuevo —dijo tranquilo, pues de alguna forma se sentía más seguro sabiendo que podía contar con ella en momentos como aquel.
—A todo esto —empezó a decir Shoko después de dar otro trago al vino— no sabía que era en serio todo esto con Fushiguro… es decir, había escuchado que te estabas haciendo cargo de él pero creí que sólo lo ayudabas económicamente o algo así, o una que otra clase de hechicería, no creí que lo tuvieras viviendo contigo… —se detuvo un momento para pensar bien lo que iba a decir— no creí que… prácticamente lo habías adoptado.
Satoru se encogió de hombros como quitándole importancia al asunto, aunque realmente era algo que le estaba pesando más de lo que esperaba.
—¿A que no te imaginabas que podía ser un buen padre, verdad? —soltó riendo para tratar de hacer menos tensa la conversación; en realidad lo decía totalmente en broma, no consideraba que estuviera haciendo un muy buen trabajo en ese papel.
—Me parece muy curioso… —le quitó la vista de encima a Gojo y se quedó viendo al ventanal, tratando de evitar ver la reacción de su amigo ante lo que le iba a decir— también Suguru decidió ser un padre a temprana edad —cerró su comentario acercandose el vaso a la boca para dar un pequeño sorbo.
—¿Qué? —el animo previo que había demostrado Satoru se perdió con esa pregunta.
Shoko lo miró dándose cuenta que él no sabía nada al respecto.
—Así como lo oyes, adoptó a unas niñas más o menos de la edad de tu Megumi… Ya tiene mucho tiempo de eso, pero veo que no has sabido nada de él desde lo de… ya sabes, lo que pasó entre ustedes —tal vez ya no era cercana a Satoru pero estaba consciente de lo que el tema de Suguru significaba para él y no quería ser ella la que volviera a abrir esa herida, herida de la que todos suponían ya había sanado, pero ella no creía eso.
Gojo se quedó sin palabras, efectivamente desconocía eso y justo ahora se acordaba que el día en que Suguru terminó su relación le mencionó algo de que ya tenía otra familia, pero en ese momento estaba demasiado triste y enojado como para darle algún sentido a esas palabras.
—Ah… —fue lo único que pudo salir de su boca. Se levantó del sillón y le dio la espalda a Shoko—. Supongo que los dos solo buscamos ser felices a nuestra manera, ¿no? —le dijo como si el tema no le afectara, pero lo cierto era que darse cuenta que Suguru estaba siguiendo su vida sin él removió heridas que aún no estaban cicatrizadas y tuvo que morderse el labio inferior para evitar que su boca soltara aquello que su alma quería gritar. Ya había pasado mucho tiempo evitando que alguien lo viera sumergirse en su dolor y aunque eso significara alejarlo de las personas que lo querían, como Shoko, era un precio que estaba dispuesto a pagar con tal de seguir aparentando que era el más fuerte en todos los sentidos.
