Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Toei Animation.


21. Frustrante Cuando Estás Atrapado en el Tráfico (en Especial Cuando Tienes Prisa).

*Pavlin es la santo de Pavo Real en Omega*


Pavlin había salido de su departamento veinte minutos antes de lo habitual. Justo a las nueve de la mañana habría una junta en el trabajo, una junta importante en la que ella tenía que estar presente, porque existían altas probabilidades de que si le preguntaban algo a sus compañeros de departamento, esos dos terminasen teniendo una discusión sin sentido.

Había salido temprano sabiendo que el tráfico en las mañanas era caótico. Conduciendo entre las calles, pasando por algunos autos que avanzaban más lento que ella iba a buena hora y buena velocidad, hasta que llegó al límite; se detuvo detrás de un auto y al mirar a su alrededor se dio cuenta de que estaba atrapada en un embotellamiento.

Era demasiado tarde para dar la vuelta o conducir hacia otro lado, estaba rodeada por varios autos, todos prácticamente estacionados. Viéndose encerrada, Pavlin sostuvo el volante con fuerza y ahogó un grito, frustrada.

Eso no podía ser posible, había salido temprano de su hogar para evitar justo eso; incluso se había saltado su desayuno en favor de evitar el tráfico matutino. Pero no había funcionado, estaba ahí, atrapada, viendo como algunas personas a su alrededor comenzaban a distraerse en otras cosas mientras que otros autos a su alrededor golpeaban el claxon con violencia, molestos por quedar atrapados a tempranas horas de la mañana.

Pavlin también hizo lo suyo, golpeando el claxon, zapateando el suelo, mirando a su alrededor, pasándose de un carril al otro con la esperanza de que el nuevo carril avanzara más rápido que el anterior (viendo como resultado que el carril que dejó avanzaba en lugar del nuevo). Y mientras esperaba, escuchó que su teléfono comenzaba a sonar, lo que no le pareció un buen augurio.

—¡Rhadamanthys! —dijo después de ver quién le llamaba, y contestar— ¡Voy para allá! No te preocupes, estoy a punto de llegar.

—¿Qué? Pavlin, soy yo…

—¿Kanon? —Pavlin miró su teléfono con extrañeza antes de intentar pasar al carril de la derecha— ¿Qué estás haciendo con el teléfono de Rhadamanthys?

Kanon rio por lo alto al escuchar la pregunta.

—Se lo acabo de quitar, el idiota ni siquiera lo notó —dijo entre risas—. Eres la cuarta persona a la que he llamado, ahora le voy a hacer una broma a mi primo…

—Espera, Kanon, antes de colgar, ¿cómo van las cosas por allá? ¿Y la junta?

—¿Junta? ¿Qué junta? —el tono distraído de Kanon la hizo gruñir por lo bajo, ya lo imaginaba, sosteniendo el teléfono contra su rostro con el hombro mientras veía el propio.

—La junta de trabajo con el señor Solo y toda la junta directiva —murmuró ella entre dientes.

—¡¿Era hoy?! ¡Por eso ese idiota no se dio cuenta de que le agarré su teléfono! —Pavlin alcanzó a escuchar un montón de ruido del otro lado— ¿A qué hora dijiste que ibas a llegar?

La mujer miró al frente, desde que Kanon le había marcado estaba segura de que no había avanzado ni cinco metros.

—Tal vez en unos veinte minutos —dijo, mintiendo descaradamente.

—... estoy escuchando los claxon y maldiciones a tu alrededor —comentó Kanon, con un tono serio—. Yo te cubriré, intenta salir de ese embotellamiento.

Pavlin asintió mientras colgaba y volvía a guardar su teléfono. Era el peor momento para estar atrapada en el tráfico, pero haría su mejor esfuerzo para salir de ahí, por el trabajo.