Shuumatsu no Valkyrie y todos sus personajes pertenecen enteramente a sus respectivos autores y son usados aquí con meros fines de entretenimiento.
Esta historia está basada en la Thrymskvitha, "La canción de Thrym". Donde se relata cómo Thor y Loki van a la tierra de los gigantes para recuperar el Mjolnir. Claro, habrá unas cuantas diferencias para hacer la lectura más divertida.
Espero les guste.
Esa mañana los habitantes del castillo de Asgard se despertaron con una terrible noticia: el Mjolnir, poderosa arma del dios del trueno, se encontraba perdido. Buscado por todas partes, un mensajero apareció de pronto con una carta enviada desde el reino de los gigantes y en la cámara principal se reunieron el Padre de todo Odín frente a Thor, Loki y sus fieles cuervos posados en cada hombro. Fueron Hugin y Mugin quienes leyeron al unísono aquellas palabras:
No pregunten cómo, porque no lo entenderán: usé mi magia para colarme a Asgard y llevarme su preciado Mjolnir. No pienso devolverlo, EXCEPTO si son capaces de darme algo de mi interés, a la bella diosa Freyja para hacerla mi esposa. Tienen hasta mañana para entregármela o tengan por seguro que se arrepentirán. ¿De qué manera? Todavía no lo sé, pero tengan por seguro que haré algo.
Con amor, Thrymr.
En realidad, la despedida no estaba hecha con amor y tampoco el remitente se trataba de cualquier gigante, sino de nada más y nada menos que del viejo soberano de las tierras de Jotunheim. Tal afrenta era digna de comenzar una guerra, sobre todo viendo al pelirrojo Thor, que estaba sentado en su habitual silencio. Pero, si se le observaba bien, exhalaba un aura de furia ardiente, tan ardiente que Loki, a su lado, lo usaba despreocupadamente para asar un malvavisco ensartado en una ramita de muérdago. Loki cargaba siempre con muérdago, pero esa es una historia que hoy no será contada.
Desde luego, aquel mensaje provocó la molestia de los presentes:
—¡Loki, Thor! ¿Cómo pudieron perder el Mjolnir? ¡Tontos, tontos, lo que le sigue de tontos! —graznó el cuervo blanco, aleteando con molestia.
—¡Cuando están juntos, son un desastre! ¡Deberían irse de Asgard! ¡Son estúpidos y no lo olviden! —siguió la cantaleta el cuervo negro.
Loki mordisqueó su malvavisco despreocupadamente.
—Ya dejen de cacarear, pollos horribles —comenzó a decir, con la boca llena —. Sólo tenemos que ir a Jotunheim y… —terminó de masticar, indiferente de la furia de los animales —. Darles a Freyja para recuperar el martillo, ¿no? Nada del otro mundo.
—¡Tú no entiendes nada! ¿Cómo crees que le entregaremos a Freyja a un viejo gigante? —contestó Hugin, indignado.
—¡Sin contar con que si los gigantes se quedan con el Mjolnir, arrasarán Asgard! ¿Qué no lo ves? —se quejó ahora Mugin. Loki se preguntaba cómo es que Odín no había rostizado ya a esos bichos chocosos que no hacían más que gritar. Quizá el pobre viejo ya estuviera sordo a causa de ellos…
O eso pensaba, hasta que habló:
—Thor, Loki —dijo la imponente voz del Padre de todo mientras se incorporaba de su trono. Ambas aves guardaron un silencio respetuoso ante su rey Odín, que miró a ambos dioses con su único ojo —. Vayan los dos a buscar el Mjolnir. No vuelvan hasta que lo recuperen —sentenció. Dio media vuelta para retirarse con los cuervos sobre sus hombros, dejando a los dioses en un silencio sepulcral. Ambos entendieron que el Padre de todo hablaba en serio y que tenían que comenzar a pensar en la manera para recuperar el Mjolnir y detener la amenaza de Thrymr.
—¡Cuánto drama! Yo ya sé lo que debemos hacer —afirmó Loki, incorporándose de un brinco y estirándose. Le tendió la mano a Thor, claro que él no la tomó —. Ven, haremos una visita.
Así, montaron el carro de Thor jalado por Tanngnjóstr y Tanngrisnir, las fieles cabras del dios del trueno (aunque seguramente quisieran ser menos fieles cuando el dios pelirrojo andaba con hambre) y por indicación de Loki fueron a buscar a Freyja para pedir su ayuda.
La diosa Freyja era una hermosa mujer de ojos grises y un cabello rubio casi blanco. Afortunadamente para su espalda, su cuerpo no era tan voluptuoso como el de la griega Afrodita, aunque para nada menguaba su belleza.
Thor y Loki se anunciaron y una vez dentro del palacio, tuvieron que soportar a las docenas de gatos que la diosa tenía como mascotas. Freyja era una gran amante de los felinos, al grado que su carruaje era tirado por estos. Eran gatos provenientes de todos los mundos: de Asgard, de Midgard, del Olimpo, incluso había algunos completamente calvos, regalos de las tierras egipcias. Gatos de todos los colores y pelajes que se frotaban entre los tobillos de los dioses deseosos de caricias o algún premio, pero eran tantos que debían de caminar con mucho cuidado para no pisarles las colas, sin contar con los maullidos que parecían taladrar los oídos de Thor, quien jamás gustó de esas peludas criaturas. Como si oliera su incomodidad, uno de los gatos, tan rechoncho que no se le veían las patitas, saltó con inesperada agilidad a su regazo y se acurrucó para dormir. Mientras, otro se posó en el hombro de Loki como si fuera una peluda versión de los cuervos de Odín y mordisqueó un mechón de su cabello, indiferente a su gesto de asco. Al llegar Freyja traía entre sus manos a otro felino, complacido de ser acariciado por los finos dedos de la diosa.
Ella se inclinó ante Thor, pero al ver a Loki su semblante cambió y una mueca de desagrado apareció en su lindo rostro. Al ver eso, Loki sonrió con malicia.
—¡Yo también estoy taaan contento de verte, querida Freyja! —dijo, elevando los brazos como si deseara abrazarla.
—No seas cínico —respondió ella, aunque pedirle eso a Loki era como pedirles a los lobos que fueran vegetarianos. Freyja suspiró, tomando asiento en su trono personal donde rápidamente varios de sus gatos se acercaron, mientras los demás permanecían con los invitados o jugueteando entre ellos en el piso —¿A qué debo el honor de su visita? ¿Quieren que les lea el futuro? De ser así, predigo que Loki tendrá una muerte violenta y horrible —afirmó sonriente, dado que los vanir eran grandes videntes. Loki no se dejó amedrentar.
—Venimos por un encargo de Papá Odín —comenzó a decir. Frejya alzó una ceja, pero la presencia de Thor la hacía no dudar del todo de las palabras de Loki —. No te haré el cuento largo: el martillo de mi amigo Thor, aquí presente, fue robado por ese vejete que tienen en Jotunheim como rey.
—¿Y yo qué tengo que ver en todo eso? —preguntó ella. Loki sonrió de oreja a oreja.
—Bueno, resulta y resalta que el viejo Thrymr está loco por ti. Quiere que vayas a Jotunheim a visitarlo… a cambio, te dará la mejor vida que un gigante puede darle a una mujer. ¡Ve el lado positivo! Ya está más para allá que para acá, si eres fogosa y lo matas en la noche de bodas, te convertirás en una acaudalada viuda. Tú y tus micifuzos vivirán como reyes y todos los gigantes serán tus sirvientes. ¿Verdad que suena ma-ra-vi-lloso? ~
A pesar de su animadversión hacia ella, Loki había optado por mostrarle lo bueno de su unión, ya que Thor estaba callado como era su maldita costumbre. Y al parecer sí había captado la atención de Freyja, quien se quedó en silencio un momento… uno bastante largo: contemplaba la nada aún con la mano colocada sobre la espalda de su mascota. De pronto, su cuerpo comenzó a moverse…
—… ¿Todo bien? —preguntó Loki. Thor se percató de que Freyja temblaba, no de miedo o frío sino de pura cólera: tomó al gato de su regazo y sin más lo lanzó directo al rostro de Loki, quien gritó mientras el animal maullaba colérico y le arañaba el rostro.
—¡Estoy harta de que siempre intentes usarme como moneda de cambio! —ya que muchos años atrás, Loki también la había prometido como garantía para la construcción de la muralla de Asgard —¡Váyanse de mi palacio, ahora! ¡Si tanto quieres recuperar el Mjolnir, consíguete a alguien más! —espetó, mientras Loki conseguía quitarse al furioso gato de encima y lo lanzaba lejos. No se preocupen por él: recuerden que los gatos siempre caen de pie.
—¡Bien, pero cuando los gigantes nos invadan, no te quejes! —respondió él. Su respuesta provocó que una vena se marcara en la blanca frente de la diosa.
—¡QUE TE LAAAAAAAAAARGUEEEEEEEEEEES! —gritó, levantándose de su trono y tomando a los felinos más próximos para lanzarlos a los dioses. No se detuvo en eso: más gatos salieron disparados como proyectiles hacia Loki y Thor, con el lomo erizado y las garras salidas, maullando coléricos y dispuestos a vengar a su dueña. Los dioses no tuvieron más opción que salir corriendo del palacio, con la ropa desgarrada y la piel marcada por las uñas y colmillos de los animales, deteniéndose cuando se encontraron a una distancia prudente de la casa.
—Esa maldita loca de los gatos… —murmuró Loki. Escuchó a Thor gruñir mientras se apartaba un gato barcino del largo pelo, que había quedado rezagado del ataque anterior y que en cuanto fue liberado huyó de vuelta al castillo —. Bueno, ya. Sólo tenemos que pensar qué hacer —siguió hablando. Un nuevo gruñido de Thor le provocó una mueca —. Vamos, piensa tú también. Dos cabezas trabajan mejor que u…
Loki se había quedado en un extrañísimo silencio. Thor alzó una ceja: el dios de las bromas tenía la vista fija en él, como estudiándolo. Eso no le agradó, menos la sonrisa ladina que apareció poco después.
—Si Thrymr quiere una esposa, no es necesario que sea Freyja… Tengo una gran idea — dijo Loki. Por alguna razón, Thor sintió un escalofrío.
II
—Si esto sale mal, te mataré —amenazó el dios pelirrojo mientras detrás de él, Loki reía.
—Créeme, caerán redonditos~ —aseguró —. Ahora, inhala y mantén al aire.
Thor obedeció. Sintió como Loki acomodó su bota contra su espalda y después, el brusco jalón de las tiras del corsé que le apretaba el abdomen.
Al inicio creyó que Loki bromeaba cuando le propuso que fuera él, Thor, el que se vistiera de novia para ir a ver al gigante. Loki era tan bromista… pero supo que hablaba en serio. No pasó mucho cuando, en el palacio del dios de las bromas, pusieron manos a la obra: Loki tenía entre sus manos un largo vestido, blanco como la nieve, y un velo a juego.
—No preguntes —le indicó, y Thor recordó esos rumores sobre los viajes de Loki a Midgard convertido en mujer, pero procuró olvidarlo. El corsé le apretaba las entrañas, pero era nada comparado al dolor que haría padecer a Thrymr una vez recuperase su martillo.
—Perfecto. Mírate, luces preciosa… digo, luces bien — "animó" Loki. Thor no resistió mirarse en el enorme espejo: gracias al corsé, el vestido se había pegado a su ahora exuberante figura. Por inercia se dio media vuelta para apreciar sus firmes glúteos moldeados contra la tela del vestido.
—Qué bueno que tienes estos. ¡Deberías lucirlos más! —añadió Loki, apretando sus pectorales con ambas manos, pero antes de que Thor pudiera arrancárselas, las apartó. Continuaron con el peinado, haciéndole una larga trenza y colocándole flores. Finalizando con el maquillaje, muy ligero, poniendo énfasis en que los labios de Thor quedaran igual de rojos que sus cabellos. Desde luego que no había necesidad de tanto detalle, pero a Loki parecía no importarle: fue ahí donde Thor se percató de que él también se había disfrazado como una mujer.
—Se vería raro que una novia viaje sin la compañía de su doncella —comentó con calma. Tomó el largo velo y cubrió con él el rostro de Thor —¡Vamos! Tenemos un Mjolnir que recuperar.
Partieron al país de los gigantes en un lujoso carruaje tirado por un par de gordos gatos: Al verlos, los gigantes no dudarían en que quien viajaba dentro era Freyja. Al menos ese día, las cabras de Thor podrían dormir sin el miedo a ser comidas.
—Oh, Thor, mi querido amigo, vas a casarte con un viejo de carnes flácidas… ¿Qué será de ti? —preguntó Loki, sonriendo con su característica malicia —. Si sigues el consejo que le di a esa malagradecida de Freyja, asegúrate de ser fogoso para que muera en la noche de bodas… o tal vez ni siquiera se le pare. Creo que eso será lo mejor~
Bajo el velo, el pelirrojo le dedicó una mirada que amenazaba con despellejarlo vivo si continuaba hablando. Loki la sintió, soltando una carcajada y siguieron el viaje en silencio.
En Jotunheim los esperaban impacientes: se preparó una gran celebración para recibir a Freyja, la nueva esposa de Thrymr. Desde luego que él era el más ansioso de que todo saliera bien y causarle a su nueva esposa una buena impresión, por lo que se había arreglado especialmente para la ocasión: las gigantas pulieron su calva cabeza hasta dejarla brillante y colocaron en su barba un suave perfume. Ya era un anciano, pero se mantenía fuerte y sobre todo poseía grandes conocimientos mágicos, al grado de lograr robarse el Mjolnir sin que nadie en Asgard se diera cuenta. En cuanto le informaron de la llegada de la novia y su doncella, se colocó sus mejores galas y fue a recibirlas rápidamente, olvidándose del dolor en sus viejos huesos. Así de milagroso es el amor.
—¡Freyja, mi dulce prometida! —saludó el viejo gigante con emoción. Tomó entre sus manos las frágiles muñecas… y se percató de que no eran precisamente frágiles. Notó algo más —. No recordaba que Freyja fuera tan alta —comentó, asombrado. Loki se apresuró a responderle, con la voz más aguda que pudo entonar:
—Bueno, rey Thrymr las chicas deben de crecer en algún momento… Pero eso no la hace menos atractiva. ¿Verdad?
El anciano negó rápidamente con la cabeza. Bajo aquel vestido el cuerpo de la diosa lucía fornido y ejercitado, raro en alguien que, tenía entendido, gustaba de la ociosidad y el descanso. Aunque la prenda también le permitía entrever un pecho grande y firme, y unos glúteos carnosos a los que daban ganas de darles un buen apretón antes de la boda. Por lo que Thrymr, hombre al fin, decidió ignorar las banderas rojas.
El viejo, tomado de la mano enguantada de su prometida, guio a ambas "mujeres" al salón de los banquetes donde los gigantes los esperaban: eran estos familiares de Thrymr, ansiosos de que su patriarca tomara a Freyja como esposa y, poseyendo el Mjolnir, pronto dominasen Asgard. Thrymr tomó asiento en el lugar principal y junto a él se acomodaron un disfrazado Thor con su "doncella" a sus espaldas.
—He mandado a preparar el mejor hidromiel de todos los mundos para festejar mi compromiso contigo, amada mía. ¡Bebamos! —exclamó Thrymr alzando su tarro, secundado por su gente. Para la novia, las gigantas se ocuparon en colocarle una bandeja de variados dulces, pero no tocó ninguno y concentró su atención en agarrar el tarro de hidromiel, alzarse ligeramente el velo y beber todo de un largo sorbo que sorprendió tanto a Thrymr como a los gigantes.
—¿Freyja es capaz de beber todo eso de una sentada? —preguntó el gigante, asombrado. Loki hizo una mueca.
—¡Oh, perdónela! Ha estado tan nerviosa por la boda y por el largo viaje, que se negó a beber gota de agua. Es normal, moría de sed…
Thrymr asintió con la cabeza y ordenó que le sirvieran más. La fiesta continuó, con "Freyja" bebiendo tarro tras tarro de hidromiel. Los dulces seguían intactos, cosa que hizo a las gigantas comenzar a murmurar:
—¿Qué clase de novia sólo bebe sin parar?
Ya que era costumbre en la tierra de los gigantes que la novia consumiera sólo alimentos dulces durante su celebración. Claro que esto a Thor le daba igual, porque cuando las gigantas comenzaron a servir los platos fuertes, con un gesto exigió que le colocaran uno a él también. Con furia disimulada por toda esa pantomima, se desquitó con la comida: en cuanto terminaba su plato, le servían una nueva pieza de carne que devoraba a grandes dentelladas y sonidos de atragantamiento, provocando que le sirvieran más. Terminando por engullirse él solo un buey entero, ante la mirada atónita de su "esposo" y el resto de los gigantes, que no vieron con buenos ojos que su rey se casara con una mujer tan vulgar.
—¡Vaya apetito tiene Freyja! —exclamó Thrymr, alarmado.
—Oh, es que el viaje fue tan cansado, y ella estaba tan ansiosa… es lógico que coma un poquitititito más —aseguró el disfrazado Loki mientras ahora Thor ordenaba que las gigantas le sirvieran enormes salmones que también devoró, dejando únicamente la cabeza y esqueletos. Loki sintió ganas de agarrarlo de los pelos para zarandearlo y que se concentrara en la misión, pero Thor parecía empecinado en ser descubierto.
Las gigantas seguían murmurando entre ellas toda clase de chismes sobre los vanir: que si así comía una mujer, como comerían los hombres; que no tenían clase alguna y actuaban peor que los gigantes de menos intelecto, que quizá esos rumores de amores incestuosos (alimentados por Loki, dicho sea de paso) entre Freyja y su hermano Frey eran reales y por eso estaba tan molesta de ser desposada, que si esto, que si aquello. Thor escuchaba cada palabra y parecía alimentar su rabia así que, para que hablaran con razón, dispuso de la bandeja de dulces sin dejar uno solo. La mesa principal ahora estaba a reventar de huesos mordisqueados, tarros vacíos de hidromiel y platos sucios pero, a pesar del espectáculo, el viejo gigante admiraba a la "novia" embelesado.
—Oh, mi amada Freyja… Tesoros tengo muchos, oro tengo mucho, sólo tú me faltabas.
Un sonoro "awwww" resonó en la estancia, proveniente de los gigantes. Thrym se dispuso a apartar el velo de la novia cuando los ojos fulgurantes de Thor le devolvieron la mirada, apartando las manos enseguida.
—¿Por qué es tan penetrante la mirada de Freyja? No son los ojos dulces de una mujer enamorada.
Loki resistió las ganas de estrangular a Thor antes de que arruinara su perfecto plan. Al viejo no podía matarlo, dado que estaban rodeados de gigantes.
—Fre… Freyja ha estado días sin dormir por la emoción de la boda. ¡Mire sus ojos irritados! —tomó la cabeza de Thor, sujetando sus párpados para que no pudiera cerrarlos —¿No se parecen al del hijo de Odín, ese pelirrojo tan silencioso como una tumba? ¡Esto es lo que provoca el estrés!
El rey asintió con la cabeza: esa doncella resultaba bastante "persuasiva". Aun así la mirada de Freyja lo ponía nervioso pero decidió disimularlo, mientras las gigantas echaban pestes ahora sobre los aesir: porque hablar mal de quienes no están presentes no es nada más costumbre de Jotunheim, sino de todos los mundos.
—Pues hablando de Thor… ¡Tráiganlo! —ordenó Thrym. Los gigantes se apresuraron a obedecerlo y regresaron al banquete cargando en sus espaldas nada menos que al enorme Mjolnir. Por primera vez desde que llegó, los ojos de Thor brillaron y Thrym lo notó.
—Veo que te agrada esta arma que tuve a bien sacar de Asgard para dártela como regalo de bodas —exclamó, orgulloso —¡Coloquen el martillo sobre el regazo de mi esposa! ¡Esta humillación a Asgard y al hijo de Odín, sellará nuestra unión!
Los gigantes aplaudieron y elevaron vítores hacia su rey y la victoria de Jotunheim sobre Asgard. Estaban tan enfocados en eso que no se dieron cuenta que, sobre las rodillas de la novia, el Mjolnir comenzó a latir. Debajo del velo, "Freyja" sonrió.
—Este martillo… ¿Se lo robaste a Thor? —preguntó con voz suave, incluso sensual. Loki se sorprendió al escucharlo. Thrym asintió con la cabeza, sonriente.
—Así fue, amada mía. Y ahora, finalmente podemos ir a nuestra cámara… —contestó el viejo gigante, ansioso de probar el virginal cuerpo de la diosa que tantos suspiros le provocó desde que llegó. Y "Freyja" pareció dispuesta, porque le escuchó reír de forma excitada al grado que le provocó un escalofrío.
—Pues tiene gracia… —exclamó, mientras tomaba el borde del velo. A su espalda, Loki hacia lo mismo con la cofia de sirvienta —. Porque yo soy Thor.
Thrym no tuvo tiempo de reír de la broma de su amada, porque su cabeza estalló al primer golpe del Mjolnir: trozos de carne y masa encefálica salieron volando por toda la habitación, cayendo en las copas de hidromiel y en las caras de los gigantes. Estos tardaron un momento en reaccionar y percatarse no sólo de que su rey había muerto, sino que frente a sus ojos aparecían Loki y Thor, peor todavía, Thor rasgando el blanco vestido y sujetando su martillo con ambas manos para comenzar a arremeter contra todo lo que tenía enfrente. Gigante que veía, gigante que destruía. La masacre duró hasta que el último de ellos fue asesinado. Desde luego que intentaron defenderse, pero nada pudieron hacer ante el poder del Mjolnir y un enfadado Thor: sus cadáveres se unieron al de Thrym. El piso del salón de los banquetes quedó manchado de sangre al igual que las paredes. Las gigantas, apretadas en un rincón mientras lloraban el destino de sus hombres, tendrían mucho que limpiar y desde luego, mucho chisme que contar a su debido tiempo.
Thor y Loki partieron de Jotunheim. El dios pelirrojo pasaba la diestra sobre el Mjolnir con suavidad, como la auténtica Freyja cuando acariciaba a sus gatos. Loki lo observó en silencio: el vestido blanco estaba tinto de sangre y roto por la urgencia del dios del trueno de apartarse el disfraz. Por lo que Thor estaba medio desnudo, con el corsé aun estilizando su figura y abajo, luciendo esas torneadas piernas que Thrym lamentablemente no alcanzó a tocar.
—Hay algo que no deja de darme vueltas en la cabeza —comentó Loki.
—Habla —dijo Thor, sin mirarlo. El dios de las mentiras sonrió malicioso.
—Hay accesorios que yo no te di. ¿Cómo explicas el liguero?
Thor se quedó un momento en silencio antes de responder:
—…Pues tenía que combinar, ¿no?
Espero les haya gustado esta historia, es la primera vez que escribo sobre los nórdicos y no pude dejar pasar la oportunidad de adaptar una de mis historias favoritas de la mitología. Me gusta imaginarme a Thor vestido sensual para un esposo al que va a asesinar JAJAJAJA un viudo negro. Obviamente me inspiré también en Destripando la historia, el de Thor es justamente mi favorito. Y si no se entendió mi referencia final a Los Simpson, me muero(?)
Gracias por leer y espero dejen comentarios.
