día de trabajo

Caminaba por los pasillos con la mirada bien alta. Su madre le dijo que no debía dejarse achantar por las habladurías, que ella había conseguido entrar en esa empresa por sí misma y no por los contactos de su padre. Sin embargo, un sentimiento de culpa y de impostura le invadía el cuerpo y le hacía llevar una postura encorvada. Se había puesto su mejor modelito: un mono de color negro de tirantes que le marcaba la cintura y le llegaba hasta los tobillos. Llevaba una americana negra del mismo color con un forro de color rojo que se le veía en el puño de la manga remangada. Todo lo acompañaba con unos tacones también de color negro con la suela roja. El outfit iba acompañado de una cartera negra que llevaba prácticamente vacía solo una Tablet con todas las notas que le dieron el día de la entrevista.

Estaba claramente nerviosa, era su primer día de trabajo en su vida. Acababa de cumplir 25 años hacía un par de meses y no hacía ni dos semanas que terminó el máster y volvió a Konoha. Tenía un currículum impecable, la mejor de su promoción en ADE, había pasado toda la carrera con becas a la excelencia y consiguió una beca para estudiar un doble máster en derecho internacional para los negocios y asesoría fiscal en Harvard. Cuando Ino, la jefa del departamento legal la entrevistó, sabía que le darían el puesto. Ino es amiga de su madre de la infancia y fue quien la recomendó para ser su ayudante. Junto a ella, otros jefes de departamentos que no conocía la entrevistaron también.

Caminaba por los pasillos detrás de una mujer que le esperaba en la entrada con un cartel con su nombre. Dijo que se llamaba Moegi y nada más presentarse le dio una tarjeta identificativa con el nombre de "invitado" para que pudiera pasar por las diferentes instalaciones de la empresa. Se dirigieron a una sala donde había tres personas sentadas que esperaban también con la tarjeta de "invitado" colgada del cuello.

Se sentó en un sillón de imitación al cuero de diseño, pero de dudosa calidad. Y se quedó en silencio observando a quienes estaban allí. Justo en frente de ella había una chica de pelo castaño y corto que se sentaba de mala manera con las piernas abiertas. Estaba enviando mensajes de voz por WhatsApp en voz baja y sonreía de vez en cuando en lo que posiblemente era la respuesta de algún mensaje. A su lado se sentaba un chico bajito, moreno que llevaba un traje de color azul oscuro sin corbata. Tenía un ordenador en su regazo y tecleaba rápidamente con cara de concentración. En una esquina se sentaba una chica con el pelo largo y flequillo. Llevaba la melena recogida en dos coletas altas y llevaba un vestido naranja un poco holgado. Miraba hacia abajo, evitando el contacto visual con las demás personas de la sala y parecía extremadamente nerviosa.

Al cabo de unos minutos, Moegi volvió a la sala con un quinto candidato. Se trataba de un chico alto de rasgos suaves, piel blanca y pelo blanco un poco revuelto. Llevaba un traje de color celeste con una corbata de color azul oscuro. Moegi le indico un sitio para que se sentara y este lo hizo dedicando una sonrisa a todos los demás de la sala. A Sarada le pareció un chico especialmente mono.

-Hola a todos y bienvenidos a Hashirama SA. Estamos encantados de teneros con nosotros. Todos vosotros habéis pasado un exhaustivo proceso de selección y ahora estáis aquí. Durante esta semana tendréis una formación para entender cómo funciona esta gran familia – Moegi sacó su más forzada sonrisa. Hizo una pausa, que los candidatos aprovecharon para consultar sus dudas.

-Entonces, ¿somos todos del mismo departamento?

-No, claro que no. Todos tendréis trabajos diferentes en esta empresa, pero algunas cosas es mejor que las aprendáis juntos. El jueves y el viernes empezaréis una formación especializada en vuestros respectivos departamentos.

Les pidió que esperaran en la sala contigua, una sala con una gran mesa y muchas sillas alrededor. En ella había seis cajas con un cuaderno, un bolígrafo con muchos colores, una taza con el nombre de la empresa y un libreto con las actividades que tendría cada uno a lo largo de la formación y el programa.

Se sentaron por el orden que entraron, quedando Sarada al lado del chico que le pareció tan mono. De pronto la chica del pelo corto empezó a hablar.

-¡Me presento! Me llamo Wasabi y vengo a trabajar como asistente de veterinario.

-¿Asistente de veterinario? No tenía muy claro que experimentaran con animales. Al menos tendrán un control sanitario y un bienestar mínimo. Yo me llamo Denki y vengo para formar parte del equipo de seguridad y asistencia informática.

-Vamos, que tú eres el que nos arregla el ordenador cuando se nos "peta".

-Bueno, imagino que haremos más cosas, seguramente tengamos que programar y gestionar otros problemas…

-No lo decía a mal, simplemente no creía que existiera aquí ese departamento…-Dijo Wasabi con cierta condescendencia.

Denki se calló. No quiso aportar nada a esa conversación de besugos, pero desde luego podía decir que Wasabi le caía bastante mal. Sin embargo, él era el hijo de un gran empresario y había sido educado en no entrar en este tipo de conflictos. Claramente esta chica no parecía especialmente profesional. Vestía unos vaqueros de color claro y una camisa blanca con un chaleco verde acolchado. Había algo en ella que parecía bastante salvaje.

-Yo me llamo Mitsuki, estoy en el departamento de I+D, trabajaré bajo las órdenes directas de Amado. Vengo de trabajar en OtoFarma, un laboratorio que a veces colabora con esta empresa.

-Yo conozco esa empresa, provee medicinas al hospital general de Konoha. ¿Conoces a Karin?

-Claro, tú eres Sarada Uchiha, ¿verdad?

-Sí, ¿cómo lo sabes?

-¡Sarada Uchiha!- Interrumpió de pronto Denki- Tu madre es Sakura Uchiha, la directora del hospital y tu padre es…

-Su padre es amigo del mío- Cerró Mitsuki, quien vio que Sarada se empezaba a sentir un tanto incómoda.

Incómoda no era la palabra. Pero sí que sentía como los méritos académicos y laborales de sus padres la empequeñecían. Inmediatamente un hombre alto y moreno con una chaqueta de color verde caqui y pantalones negros entró en la sala. Llevaba una de esas gafas que reflejaban la luz, por lo que no se le podían ver claramente los ojos.

-Buenos días a todos y bienvenidos a Hashirama SA. Mi nombre es Shino Aburame y, además de formar parte del equipo de I+D, también soy el encargado de la formación a los nuevos empleados. Así que, a partir de ahora, podemos decir que ha empezado la formación.

Todos se presentaron otra vez y dijeron a qué departamento iban y cómo se llamaban. La chica tímida que parecía tan nerviosa resultó llamarse Namida. Parecía que iba a llorar en cualquier momento y era la más joven de todas, tenía 21 años y empezaría a trabajar como ayudante de secretaría. De todos los que estaban en la sala, era la única que no tenía estudios universitarios, todos los demás habían asistido a la universidad, Denki, incluso había conseguido terminar un doctorado en ingeniería informática antes de los 24 años.

Hicieron varias actividades para conocerse mejor y romper el hielo. Justo antes de la hora de la comida, tenían que hacer en grupo un pequeño trabajo de investigación en el que hablarían de la historia de la empresa y representarían un pequeño anuncio comercial. En esas actividades descubrió muchas cosas de sus compañeros, como que Wasabi era una loca de los gatos, tenía tres en su casa, Denki fue el ganador nacional del campeonato de Magic durante 3 años seguidos. Mitsuki estudio con su padre todo el tiempo hasta la universidad y Namida era la mejor de su promoción en preparatoria, aunque cuando entró en la universidad tuvo que dejarlo por sus constantes ataques de ansiedad. Evidentemente, de ella aprendieron sobre su máster en Harvard y la carrera de su padre, que para vivir en el extranjero era bastante conocido por todos.

A la hora de comer, Shino aprovechó para darles un paseo por la planta baja. Visitaron el gimnasio, el salón de actos, la sala de reuniones, etc. Por último, los llevó a la cafetería, que tenía un gran comedor. Allí podían comprar la comida o llevar la suya propia y calentarla en un microondas. Como el edificio se encontraba en un polígono industrial, no había muchas más opciones. Por lo que Shino dijo, en la azotea también había un bar que solo abría en ocasiones especiales.

Después del descanso para comer, tenían que representar ese anuncio comercial en el que habían estado trabajando en grupo. Como todos estaban de acuerdo en que Sarada iba muy elegante la propusieron como protagonista. Estaba dando lo mejor de sí con su actuación, gesticulaba y dramatizaba cuando fue a dar un paso hacia atrás y sin saber cómo cayó de culo al suelo. La escena parecía bastante ridícula se viera por donde se viera. Ella estaba sentada en el suelo sin poder levantarse y todos la estaban mirando desde arriba.

-¿Estás bien? – Mitsuki se apresuró a preguntar.

-Menuda hostia, oye, ¿puedes levantarte?-Wasabi intentó levantarla agarrándola por el brazo.

-Sí, creo que sí. – Sarada se bajó de los tacones y pudo comprobar cómo el zapato izquierdo se había partido. Eso le pasaba por comprar cosas en páginas dudosas de internet. Un fuerte pinchazo le subió por la baja espalda, haciendo que se encorvara hacia delante.

-Sensei, creo que se ha hecho daño, debería ir a la enfermería.

-Sí, claro. Namida, acompáñala a la enfermería y luego vuelves.

-Pero…yo…

-Vamos Namida.- Sarada tomó a su nueva compañera de la mano y salió por la puerta.

Se apoyó en la pared de fuera y hundió la cara en sus manos. No lloró, solo buscaba algo de tranquilidad para rebajar su vergüenza.

-Yo es que no sé dónde…

-¡Qué vergüenza! En mi primer día…-Interrumpió a la pobre Namida que no sabía ni dónde se había metido.

-No te preocupes, son cosas que pasan. Pero yo no sé dónde está la enfermería.

-Es verdad, se querían librar de nosotras.- Las dos se rieron y se dirigieron a la entrada a buscar a Moegi para que las acompañara a la enfermería.

La enfermería era muy pequeña y tenía una sala de espera con tres sillas nada más. Se encargaba de ella una mujer de unos 60 años morena que llevaba una especie de kimono con una bata de médico. Su nombre era Shizune y hacía su trabajo con el mismo cuidado que si fuera su primer día. Se quedaron a solas y cuando le preguntó su nombre le contó que conocía a su madre, puesto que ambas tuvieron la misma jefa, Tsunade.

Shizune le recetó unos antiinflamatorios y le aseguró que no tenía el coxis roto, simplemente una conmoción del golpe. Le dijo que durante unos días le dolería al sentarse y quizá al caminar. Le estaba dando unas indicaciones al respecto cuando entró sin llamar un hombre alto y moreno con el pelo largo recogido en una coleta alta. Tenía perilla y un paquete de tabaco en la mano. Vestía un traje negro con una corbata verde botella.

-Lo siento, pensé que estabas sola, Shizune.

-Dísculpame.- Le dijo shizune a Sarada y salió de la sala dejándola sentada en la camilla.

Desde la puerta Sarada no pudo oír bien de lo que hablaban. Oyó algo de un tal Naruto y de no sé qué medicina.

Ambos entraron juntos a la sala y el hombre se quedó mirándola a los ojos. Era un hombre mayor, unos cuarenta y muchos años. Tenía los ojos marrones y un porte un tanto atractivo a pesar de las patas de gallo que empezaba a tener en los ojos.

-Disculpa mi mala educación, soy Shikamaru Nara.

-Yo soy…

-Sarada Uchiha- Interrumpió- ¿Por qué no te acompaño a la salida? Lo mejor será que tomes un taxi a casa y que descanses un poco por hoy. Total, el primer día de formación tampoco se hace gran cosa.

Sarada recogió su cartera y la caja que le habían regalado al entrar. Devolvió la tarjeta de invitado a Moegi y tomó un taxi en la puerta que el señor Nara dejó pagado.

Llegó a casa con la espalda dolorida. Vivía en un apartamento de 15 metros cuadrados con una sola estancia, salón y habitación en el mismo lugar. Tenía un gran armario donde guardaba el futón y tenía también un pequeño balcón que daba a la calle. No tenía muchas ganas de comer y menos aún de cocinar, así que cogió un poco de arroz que había en la arrocera y abrió un paquete de nato para mezclar con el arroz y un huevo pasado por agua. Cenó con desgana sentada sobre el suelo y decidió abrir el futón aunque todavía era pronto. Se preparó un té verde para tomarse la medicina y empezó a leer el programa de formación de la semana.

Lunes: Presentación, trabajo en grupo y tour por las instalaciones.

Martes: La empresa, valores e historia de una empresa de casi 100 años. Entender el programa de intranet de la compañía

Miércoles: Intranet, comunicación entre departamentos

Jueves: Departamento legal, asistencia a la reunión mensual …

No llegó a leer todo el programa y se quedó dormida en el futón con las gafas puestas.

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Bueno, este ha sido el primer capítulo de mi historia. La acción no empieza todavía, simplemente quiero presentar a los personajes que tendrán algo de protagonismo en la historia.

Si has leído hasta aquí, de verdad gracias.

Te espero en el próximo capítulo.