Ningún personaje me pertenece solo la historia :P
No podía creerme a mí misma que estaba a punto de salir a una cita con él. Con el Dr. Cullen.
Con Edward.
Al menos no podía creer que estaba a punto de salir a una segunda cita con él.
Él lo sabía, sabia de mi pasado. Y quería salir conmigo de nuevo.
¨No sabes lo mucho que veo en ti- había dicho- pero déjame demostrarte que lo siento es verdadero Bella¨
Decía mi nombre casi con reverencia, él me había pedido que lo dejara ´cortejarme´, sus palabras textuales. Edward era anticuado en ese sentido, suponía yo. Nadie nunca había tratado de llevarme a una cita por la mera intención de llegar a enamorarme. Ni mucho menos. Pero parecía que el sí.
No lo entendía. Edward era un médico de éxito, joven, muy guapo, de una familia prestigiosa y con mucho dinero. La primera vez que me invito a salir, pensé que sería por el mismo impulso que todos lo hacían. Le había sonreído y aceptado su cita.
¿Por qué quien no lo haría?
Era Edward Callen, por Dios. Todas las chicas de la agencia estaban coladísimas por él. No era solo el dinero o el prestigio. Porque todas nosotras habíamos tenido pretendientes con dinero y prestigio antes, algunas aun los tenían. Algunas incluso Vivian de eso. Pero con Edward Callen era más que eso. Era su andar firme y su buena postura, su sonrisa franca y sus saludos de buenos días que siempre tenía con amabilidad cuando lo contrataban para ir como apoyo a una sesión de fotos. Era su coquetería discreta, nada incomodo, pero siempre alagándonos.
Él era el sueño de muchas sin duda. Jamás ni en mis más remotas ideas pensé que después de 6 meses de verlo intermitentemente por los sets seria a mí a quien le pediría una cita.
Un toquilo en la puerta me saco de mis ensoñaciones. Me vi al espejo por última vez, la falda plisada estaba en su lugar, la blusa de rallas estaba bien, era discreta pero algo ajustada, el maquillaje estaba impecable también y las botas de tacón eran favorecedoras, pero no tan llamativas.
Porque estaba tan nerviosa? Había dormido con este hombre antes.
Corrí hasta la puerta de entrada tomando mi bolsa en la pasada, y mis llaves del ganchito en forma de estrella que las sujetaba al lado de la puerta.
Abrí la puerta de un tirón, más rápido de lo que una persona con algo de estilo lo hubiera hecho.
Y ahí estaba la respuesta en carne y hueso de porque estaba tan nerviosa. Edward con su sonrisa del millón de dólares y su pinta de modelo sin esfuerzo. Yo era una modelo, sabia como que esfuerzo costaba verse bien. Pero a él no, él podría ponerse una bolsa y se vería fantástico.
-Hola – me saludo mientras tomaba mi mano para besarla.
Eso era un gesto que no entendía de él. Pero me hacía sentir cálida por dentro y sé que me ponía de 5 tonos de rojo diferente cada vez que él lo hacía. Aunque trataba de no dejar que lo notara.
-Llegas temprano- le dije sonriendo, mientras me movía para cerrar la puerta tras de mí.
Me sonrió un poco y se tocó el cabello – Estaba algo ansioso – su sonrisa de torcía un poco hacia un lado y lo hacía ver misterioso y atractivo en un nivel distinto.
-Si tenías algo que hacer pudiste hacerme dicho- le ofrecí- no hubiera habido problema si tenías que cancelar- bueno si me hubiera decepcionado, pero tendría toda la vida para seguirme regocijando de que alguien como él me invito a 2 citas.
El me vio con una ceja alzada y la misma sonrisa por un segundo y pareció decidirse por algo.
-Estaba ansioso por verte a ti Bella- mientras dijo eso me tomo del brazo como se ve en las películas viejas y me insto a caminar a su lado.
-Ah – apenas articule sintiendo la necesidad de ver al piso.
-Te vez preciosa- dijo sin dejar pasar mucho tiempo, mientras salíamos del pequeño pasillo que conducía a la calle.
voltee a ver su rostro y su sonrisa franca me hizo coincidir el gesto.
Muchos hombres me lo habían dicho antes, sabía lo que ellos veían en mí. No sabía lo que él veía en mí, su mirada clara e inteligente parecía que veía atravesó de mi alma y en ocasiones me hacía sentir intimidada.
-Gracias - habíamos llegado a su auto estacionado fuera del lugar donde viva, un auto bajo y deportivo, con líneas elegantes y un sólido color azul oscuro. Me dejo muy asombrada, recordaba haberlo visto en otro vehículo antes – cambiaste de auto- le dije y sonó mas sorprendido de lo que me hubiera gustado.
-Si – me respondió mientras abría la puerta para mí, pero no me vio precisamente, si no al piso y al asiento, me pareció raro.
Edward cerró la puerta cuando me sentí sin decir más y rodeo el auto para tomar asiento él. Caminaba con mucha fluidez, y se sentó de un solo movimiento en su asiento.
-¿A dónde vamos? - me había dicho que la cita sería una sorpresa, pero que no me preocupara que no sería nada que ocupara una vestimenta especial.
Me sonrió antes de encender el motor.
-Confía en mi preciosa- me guiño el ojo- te va a gustar.
No le pregunte más durante el camino y él tampoco me dijo muchos detalles, me había recogido en mi casa a las 4 de la tarde alegando que haríamos como una hora para llegar. El camino en carretera se pasó muy rápido.
Edward era un conductor excelente, tomaba el volante con una mano mientras la otra la alternaba entre la mía y la palanca de cambios según la necesidad. El gesto me había parecido inusual. Nunca nadie me había tomado de la mano. Los hombres que buscaban modelos para presumir en sus eventos nos tomaban de la cintura o de las caderas. La manera en la que él me sujetaba era distinta, igual de fervorosa, pero sin el trasfondo sucio.
-Bella – pique me llamo- ya llegamos. - me dijo cuándo voltee a verlo, estaba en la puerta a mi lado abriéndola para mí, ni siquiera me había dado cuenta que había aparcado.
Tomé la mano que me ofrecía y salí del auto con su ayuda, cerró la puerta tras de mí y cuando se emparejo a mi lado lo sentí poner su mano en mi espada baja.
-¿Te parece bien? - pregunto cuando me había pasado ya algunos segundos viendo hacia donde nos había traído.
Sentí que en mi rostro se formaba una sonrisa que hacía tiempo no tenía.
-¿Cómo lo sabias? – voltee a verlo cuando le pregunte, había mucha inocencia en expresión, pero en su mirada había muchísima satisfacción.
-¿Saber que preciosa? -
Me reí y ajusté mi abrigo porque en esta parte rodeada de naturaleza había refrescado bastante. Con bastante duda, me incline, tomándolo del hombro y deje un beso en su mejilla. El pareció no verlo venir porque pareció ensoñado por unos instantes
-Gracias Edward- y lo tome de la mano para jalarlo a la entrada del parque de diversiones.
La entrada era una taquilla convencional, con un arco con luces y colores por donde una vez pagados entregabas tu boleto para acusar, no mucho después del arco había una enorme rueda de la fortuna con cientos de luces.
-No te voy a dejar pagar Bella- dijo el cuándo le dije que quería pagar por los boletos de ambos.
-Tú ya nos trajiste hasta acá – proteste- al menos déjame pagar por el mío.
-Claro que no- y al terminar de hablar me tomo por la cintura pasando su mano por mi espalda alejándome de la taquilla, me atrajo hacia él y me dio un beso en la frente.
Su acción fue inesperada y me dejo un poquito en blanco, el aprovecho eso para extenderle un billete a la persona de la taquilla mientras ella nos sonreía y le extendía los boletos
Lo mire mal mientras él se me acercaba de nuevo. Pero no le importo y me sonrió con travesura otra vez.
-Vamos – dijo ofreciéndome su mano-
Tome la mano que me tendía y camine con él por el arco de entrada.
Edward no entendía lo que realmente pasaba, él se esforzaba tanto por complacerme y por ganarse mi aprecio. Esta vez y muchas otras. Pasar tiempo con él no era en absoluto un esfuerzo o algo que se hiciera con disgusto. Era atento, agradable, con un gran sentido del humor y muy inteligente. Del tipo de persona que no necesita una calculadora para llevar acabo un cálculo complejo, que no necesitaría que le repitan una instrucción más de una vez. Nunca se le escapaba nada y nunca perdía la oportunidad para hacerte una broma. Él era mi tipo perfecto. Aunque nunca hubiera tenido uno.
Además de todo eso era sumamente guapo y romántico a la antigua.
Mientras lo veía competir en uno de esos puestos de feria donde tienes que arrojar aros para ganar un peluche para mi vino a mi mente la noche que pasamos juntos.
Y como de desolada se veía su cara al día siguiente que le pedí que se fuera y no acepte verlo otra vez.
Edward no entendía. Él no tenía que enamorarme. Yo estaba enamorada del desde antes que me pidiera salir.
Yo no tenía cabida en la vida de alguien como él.
Y entre más pronto ambos supiéramos eso menos me dolería el verlo partir cuando se enterará.
Pero no había querido entender.
Oí una chicharra que me hizo volver de mis pensamientos y enfoque a Edward caminando hacia mí con un gran peluche de perro café en sus brazos y una gran sonrisa en su rostro.
-Te dije que iba a lograrlo – y me tendió el peluche gigante.
Le sonreí tomando la gran cosa de sus brazos y abrazándolo contra mi pecho.
Tal vez él no se hubiera dado cuenta aun de la poca cosa que era yo, pero cuando lo hiciera tendría todos estos momentos para recordarlo y un peluche de perro café al que podría abrazar por las noches.
El me vio por un momento viéndose feliz el mismo y avanzo hacia mi tomando el peluche de mis manos y envolviéndome en un abrazo. No supe que hacer de momento, mis brazos aún estaban sobre mi pecho y él era tan alto que su barbilla perfectamente se podría apoyar sobre el tope de mi cabeza. Sentí su aliento sobre mi frente mientras dejaba un beso ahí.
-Gracias por aceptar venir conmigo- susurro.
Y ahí en medio de todos los puestos y de la gente pasando a nuestro alrededor, sentí muchas ganas de llorar. Para no hacer el ridículo más grande me recargue sobre su hombro, aun con mis brazos rodeándome, pensando en un pequeño lugar de mi mente como nos veríamos desde la perspectiva de los que pasaban a nuestro alrededor.
Y de repente hubo un gran flash.
El disturbio nos sacudió a mí y a Edward y nos separamos rápido.
Un hombre mayor, con una gran cámara instantánea con un flash separado nos miraba con una sonrisa de disculpa.
-Era una gran foto de improviso – dijo mientras se encogía un poco de hombros.
Edward me volteo a ver a mi con algo de duda mientras me tendía el peluche. Yo me encogí de hombros igual y lo vi ir a hablar con el hombre de la cámara.
Edward intercambio unas cuantas palabras y risas con el hombre mientras él le enseñaba la pantalla de su cámara. Edward la miro apreciativamente y vi como si el hombre le diera una tarjeta. Pero derrapando gotas de lluvia empezaron a caer sobre nosotros y alrededor.
No era un día que se hubiera predicho para lluvia, pero me imaginaba que eso al clima no le importaba. Porque en cuestión de segundos empezó a llover y mucho.
Edward corrió de vuelta hacia donde yo estaba sosteniendo al perro, quitándose u chaqueta y extendiéndola sobre mí.
-Vámonos preciosa, vamos a terminar empapados.
Corrimos hasta su auto, mientras él seguía tratando de evitar que yo me mojara y yo hacia su mayor esfuerzo por evitar caerme entre el suelo mojado y mis botas.
Me abrió la puerta cuando llegamos y se metió rápidamente de su lado.
Cuando nos volteamos a ver los dos, todos empapados y agitados estábamos riendo. El ambiente del auto estaba cálido y a en la oscuridad el cabello rubio rojizo de Edward se veía casi negro.
Extendí una mano para quitar unos mechones que habían caído sobre su frente, el apoyo su rostro sobre mi mano cuando la baje por el costado de su cabeza. Se giró un poco para dejar un beso en mi palma.
-Disculpa por el desastre- me dijo cuando abrió los ojos. Sus palabras pretendían ser de disculpa, pero en realidad él se veía bastante pagado de sí mismo.
Sacudí mi cabeza en negativa y volteé a ver hacia mi regazo que de repente me pareció muy interesante.
Edward no insistió más y encendió el auto para ponernos en marcha. La feria había estado en un claro en un bosque de pinos que tenía entrada directa de la carretera. Así que no había sido difícil reincorporarnos a ella.
Pero los relojes del interior del auto marcaban las 10 pm.
-No sentí el tiempo- le comenté cuando ya llevábamos un poco de camino hecho.
-Yo tampoco- me dijo sin quitar los ojos del camino.
La lluvia se había hecho muy pesada, del tipo que no te deja ver más allá de la trompa del auto en la carrera de 2 carriles con tantas vueltas como esta eso iba a ser un camino muy peligroso. Edward se veía muy concentrado en las luces de los autos frente a él y el movimiento de la pista, pero ni con toda su precaución avanzamos mucho. La lluvia no hacía por mejorar, de hecho, se sentía como que cada minuto se cerraba más.
El interior del vehículo estaba sin ruidos, más que el ensordecedor sonido de las gotas que caían alrededor del auto.
Edward me hablaba en momentos, pidiéndome disculpas de nuevo y jurándome que llegaríamos bien. Su rostro se veía tenso, aunque con solo las luces azules del tablero para iluminarlo no podía verlo bien. De repente empecé a sentir el asiento donde estaba muy grande y el ruido del agua caer se volvió más molesto, el carro más viciado. El seguía hablando, pero yo no podía escuchar su voz, solo podía ver por el parabrisas como la lluvia no dejaba ver ni el propio capo del auto.
-Bella – lo oí gritarme después.
- ¿Que? – respondí
El me sostenía de los hombros, con su rostro muy cerca del mío y comprendí que había estado ida y que me estaba abrazando a mí misma.
Edward seguía mirándome mientras yo me calmaba.
-Lo siento- le pedí. - me puse nerviosa.
Note que el auto estaba estacionado y apagado. ya no caía el agua directamente sobre nosotros, pude ver por el parabrisas que habíamos llegado a una especie de cochera.
¿había estado ida por tanto tiempo que llegamos a la ciudad y no lo había notado?
-La lluvia estaba demasiado cerrada- me explico cuando vio mi inspección del lugar. – esto es una posada que vi sobre el camino cuando veníamos. Será mejor si nos quedamos la noche aquí.
Lo vi al rostro cuando me explicaba aquello. Y asentí. Salí del auto sin esperar a que viniera a abrir mi puerta. A lo que Edward imito mi acción. Me dirigí hacia la entrada del lugar que conectaba con la cochera a la que Edward había estacionado. Era un lugar rustico. Muchos pilares y muebles de madera y una chimenea en una pequeña sala. No había esperado que esta noche termináramos en un hotel, pero sin duda Edward se dios cuenta de lo poco que valía la pena lograr conmigo muy rápido.
Él se me emparejo mientras yo llegaba al péquelo lobby y sentí como puso su mano sobre mi espalda baja. Su gesto tenía una acción anticipatoria, que era muy contradictoria con la anterior sensación de bienestar que me traía estar con él.
-¿Qué paso preciosa? – de repente el apelativo que antes me producía ruborizar ahora me daba repulsión-
-Nada – le di mi mejor sonrisa ensayada y lo besé en los labios justo como en otras situaciones como esta había funcionado antes.
Edward me miro con duda, pero se dirigió al mostrador y pidió una habitación. No quería realmente ver el asunto así que me distraje viendo el fuego y la decoración del lugar hasta que lo oí llamarme de nuevo. Recompuse la expresión de mi rostro y volteé a seguirlo. El aun parecía extrañado, pero nos guio hasta el segundo piso, donde suponía le habían dicho estaba nuestra habitación. Cuando llegamos me dijo el número, aunque no le preste demasiada atención. Solo entre delante de el cuándo me abrió la puerta y camine varios pasos a un cuarto del que no preste mucha atención.
No había caso, estábamos aquí para una sola cosa.
Paso un momento y no lo sentí llegar por mi espalda. Así que voltee a verlo.
Lo vi parado casi pegado a la puerta cerrada, su expresión ceñuda era una mezcla de decepción y enojo. Dio un paso hacia mí, deteniéndose a dejar algo en el tocador a mi lado.
Una llave.
-Esta es la llave de este cuarto- me dijo con un tono seco, y agito algo en su mano. – esta es la llave del cuarto contiguo- lo voltee a ver al rostro cuando dijo eso. Su expresión permanecía igual de enojada- mi habitación, se conecta a esta por esa puerta-
Y movió su cabeza hasta una puerta que estaba entre la de acceso y el tocador que no note antes.
-Si necesitas algo puedes entrar y decirme. Buenas noches. – y con eso último se movió rápidamente por la puerta que menciono y la azoto entrando a su cuarto.
Me quede donde estaba por unos segundos tratando de comprender todo lo que había sucedido.
Edward parecía muy ofendido, insultado incluso.
Me moví hasta la cama quitándome las botas, sin quitarme las medias o la falda. Sintiéndome sumamente estúpida mientras me acurrucaba sobre la colcha y abrazada una almohada. Me ubique de modo que pudiera ver la lluvia caer por la ventana y quise dejar que eso limpiara mis culpas.
Él no había querido aprovechar esta situación. Él estaba pensando en nuestra seguridad. No en dormir conmigo. Lo había dicho antes. Me había dicho que quería conocerme a mí, que confiara en el. Y en un solo segundo yo había asumido lo peor.
Sentí las lágrimas cruzar mi rostro en dirección a la almohada y me sentí sumamente estúpida.
Él era quizá el único chico decente con el que habría compartido algo desde siempre. Y lo eche a perder.
Abrí los ojos dejando que los recuerdo que me traía la lluvia volvieran a mí, porque por una noche. Yo sabía que me los merecía.
Sentí unas manos férreas tomarme de los hombros y sacudirme hacia todos lados. Abrí los ojos para ver una cara redonda y vieja, con piel sucia y mal cuidada viéndome con ojos lujuriosos. Su nariz se acercó a mi cuello mientras yo luchaba por zafarme de él. Los truenos caían afuera de la casa y sus manos me lastimaban, nadie me oía suplicar, mi voz acallada por el sonido incesante de la lluvia y los truenos esporádicos.
-Hueles a suciedad- me decía. – habrá que salir a bañarte. – mientras se levantaba conmigo en volandas. Decía mi nombre con burla una y otra vez.
Sentía mi cuerpo sacudirse mientras él seguía repitiendo mi nombre sin cesar, el ruido de la lluvia sobre el de mis gritos y su risa que parecía opacar los truenos.
-Bella – oí por encima de todo y abrí los ojos.
Edward me miraba fijo y preocupado, volteé a todo lado, viendo la ventana de arco con las cortinas abiertas y el tocador y el mobiliario que me resultada tan ajeno y recordé donde estaba
La feria, la lluvia, el motel, y Edward.
Volví a verlo a él. Estaba sentado al lado de la cama. Con sus brazos sosteniendo suavemente mis codos ayudándome a estar sentada estable. Sentí mi respiración agitada y algo dentro de mi pecho que me oprimía y me hacía sentir como si fuera a estallar.
Volví a verlo a él. Su expresión colérica de tiempo atrás ya no estaba, sino unos ojos suaves, enmarcados por un rostro angustiado.
-Estabas llorando, te oí hasta la otra habitación.
No supe que decirle, sentía la lengua atada. Sentía el cuerpo débil y el alma vaciada. Sin tener mucho control de mí, tire de mis brazos por debajo de los suyos, abrazándome a su pecho fuertemente sin decirle nada más.
Él no se exalto por mi arrebato, todo lo contrario. Me rodeo más fuerte con sus brazos y me atrajo hacia el mientras nos acomodaba juntos en la cama.
Me acuno junto a el por mucho tiempo, o tal vez no fue tanto, hasta que mis sollozos pararon y mis lágrimas se secaron. En ningún momento dejo de abrazarme ni de tararearme una pequeña canción de no me sonada para nada. Me tranquilicé y cuando quise soltarme de su agarre no me lo permitió.
Me quede ahí. Un momento más. Disfrutando de lo rítmico de su corazón y lo cálido de su contacto, ambos estábamos completamente vestidos, a excepción de los zapatos, así que pase mis piernas por sobre las suyas en la cama. Edward se vio con algo de duda, pero puso su mano detrás de mis rodillas, sin subirla más allá.
-Te asuste- me dijo después de un rato
Negué con la cabeza sin querer verme patética con mis renovadas ganas de llorar.
¿cuál era mi problema?
Él era fantástico, apuesto, amable, un caballero perfecto. Debería estar encantada de que el quisiera intimar conmigo. De que alguien como él se fijara en mí. Pero si, estaba muerta de miedo.
-No me mientas por favor Isabela- dijo por primera vez usando mi nombre completo mientras se movía y nos acomodaba para verme al rostro.
Me imaginaba como de tonta me vería para él, mi cabello un desastre y mi rostro manchado por las lágrimas. Negué una vez más, esa vez sin fuerza.
-Pensaste que te traje aquí para que tuvieras que acostarte conmigo.
No le dije nada, en ese momento. ¿Qué podría decirle? Que si había alguien con quien yo quisiera poder disfrutar del sexo era con él, pero que no era capaz.
Eso no era nada alentador.
Me acerque más a él. La tela de su camisa contra mi mejilla. Y tomándolo fuerte con mis puños.
El me tomo del rostro haciéndome mirarlo.
Sus ojos eran cálidos y serenos, su semblante aun preocupado. Me acerque y deje que mis labios rosaran los suyos. Como una prueba. El no movió sus manos de sus lugares en mi rostro ni en espalda, pero respondió a mis labios dándome separando los suyos un poco y moviéndolos con los míos.
Un trueno sonó en medio de la noche y la luz que despidió ilumino un momento el cuarto donde estábamos.
Cuando me di cuenta, estaba completamente hecha un ovillo sobre el, con mis manos agarrando fuertemente su camisa.
El dejo que me calmara y tomo mis manos entre las suyas para separarlas de su ropa, pero sin soltarlas de las mías.
-Perdóname por haberme molestado hacer rato- me dijo después de un momento-
-Yo no debí de haber asumido nada- le respondí, mi voz nasal y ronca.
Lo sentí negar sobre el tope de mi cabeza mientras sus brazos me envolvían y sus manos me acariciaban la espalda.
-La lluvia- dijo casi como pregunta- has estado muy inquieta, ¿te recuerda algo?
-Si – dije sin más. Y el no pregunto nada más sobre eso. Solo asintió y siguió consolándome.
Poco a poco la lluvia fue menguando y poco a poco la familiaridad que sentía con él fue incrementando, el nunca busco mover sus manos más allá del lugar donde estaban, pero yo si fui más valiente.
Recorrí su rostro ligeramente iluminado por la poca luz de las farolas que aún estaban afuera que pasaba por las ventanas, acaricie su cabello suave mientras lo veía cerrar los ojos con deleite, recorrí sus brazos fuertes aun cubiertos por su camisa y finalmente aun los dos juntos en la cama lo rodee con mis brazos y deje que mis manos recorrieran su amplia espalda sintiendo sus músculos contraerse ante mi apreciación.
Lo sentí despegarse de mi un poco.
-Lo siento – le dije cuando encontré su mirada.
Se rio un poco.
-No lo entiendes Bella- contesto sin verme a los ojos, cuando lo hizo siguió al ver mi duda- no alcanzas a comprender todo lo que causas en mí.
Nos movió poco a poco, sin dejar de verme a los ojos, como pidiendo permiso. Hasta que quede debajo de él, con sus brazos a cada lado de mis hombros y una de sus piernas arrodillada entre las mías extendidas.
-No entiendo que podría ver alguien como tú en mi – coincidí con tristeza.
El me sonrió de lado, y se me antojo la sonrisa más oscura que le conocía antes de hablar.
-No dudes de mi- pidió- jamás te haría nada, jamás te pediría nada- veía mis ojos como esperando que le peleara. – yo voy a mostrarte todo eso que no entiendes de lo maravillosa que te veo-
Lo volví a besar, ¿porque que más podría hacer uno cuando le dicen algo así?
Me aferre a él y a esa promesa mientras la noche siguió. Porque al final de todo, si él se daba cuenta de que no merecía el esfuerzo, al final siempre tendría momentos como este para recordarlo.
Gracias a los que leen y mil gracias a quienes se detuvieron un segundo a dejarme su commentario.
Esta historia la continuare como episodios aislados, sin orden presiso en el tiempo, este en particular fue de su segunda cita, mucho antes del primer capitulo que publique.
Ojala les guste y puedan dejar su amor en la caja de comments.
