Al igual que todas las noches las luces de la ciudad de Tokio brillaban en todo su deslumbrante esplendor, entre las numerosas calles de la imponente y moderna metrópolis transitaban una incontable cantidad de transeúntes y vehículos, logrando mostrar cuan masiva en realidad podía ser aquella ciudad.

Era entre estas numerosas e indistinguibles calles que se movía con su usual y grácil agilidad aquel hombre ataviado en su usual vestimenta consistente de un blazer azul, camiseta roja y jeans negros. En su rostro podía notarse la seriedad que solo un profesional a punto de ejecutar su tarea podía portar.

"¡Tengamos una cita! ¡Este trasero es perfecto para hacer mokkori!"

Toda pretensión de seriedad abandono su rostro en el momento en que dijo aquellas palabras y de un rápido brinco cayó encima de su presa, una desprevenida mujer quien se tensó y dejó salir un fuerte grito al sentir como unas manos aparecidas de la nada comenzaban a acariciar su retaguardia.

"¡Ah, un pervertido! ¡Aléjate!"

Para nadie era un desconocido el famoso hombre mokkori, un profesional en el asalto a retaguardias y faldas desprevenidas… ¡Ryo Saeba!

Solo bastó con un rápido movimiento de su bolso contra la cabeza de aquel degenerado para apartarlo de su trasero, y algunos más como buena medida para asegurarse antes de irse de que aquel, bastante atractivo cabe decir, pervertido permaneciese en el suelo con una cómica expresión de dolor en su rostro y varias estrellas circulando sobre su cabeza.

"¿Por qué nadie querrá al pobre Ryo…?"

Comenzó a quejarse de su suerte antes de levantarse y sacudir un poco sus desacomodadas ropas luego de aquella reprimenda. Aquel parecía ser un día lento y aburrido en cuanto a cazar bellezas se trataba, quizás era la hora de hacer aquello a un lado y revisar el boletín de peticiones en caso de que Kaori aún no lo hubiese hecho.

Para su buena fortuna se encontraba cerca de la estación de Shinjuku por lo que llegó a esta en poco tiempo. Una vez ahí se abrió paso entre los cientos de personas que utilizaban el tren como era usual en Tokio a toda hora, pudiendo notarse como sonreía satisfecho al ver marcado en aquel pizarrón las letras "XYZ" en perfecta caligrafía, y justo bajo estas el nombre del solicitante.

"Mariko Ninomiya, en el café delight, parece que hoy es mi día de suerte."

Nada lograba alegrarlo más que ver que el solicitante de sus servicios era una mujer, ¡la cual seguramente sería hermosa y perfecta para su mokkori!


No podía creerlo, aquella mujer de largos cabellos negros frente suyo en el café, al cual llegó luego de asegurarse de que nadie lo siguiese, era sin duda una belleza digna de aceptar su propuesta, aunque aún no la hubiese escuchado ya que se encontraba en el suelo, cortesía de la repentina aparición de Kaori y su martillo de cien toneladas luego de haber intentado comprobar si el busto de su clienta era realmente tan grande como lucía.

"Ryo, ¿puedes dejar de ser un pervertido con las clientas por solo cinco minutos?"

La castaña de cortos cabellos hablaba notablemente irritada por el usual comportamiento de su compañero, después de todo la cantidad de trabajo era casi nula últimamente y no podían darse el lujo de perder los pocos clientes que apareciesen gracias a las perversiones de Ryo.

Extrañamente tanto Ryo como Kaori cesaron en su discusión al momento en que ambos se percataron de la seriedad de la mujer frente suyo, usualmente sus clientes se aligeraban un poco o incluso disfrutaban el espectáculo que era ver a Kaori dándole su merecido al pelinegro y que este acabase con su cabeza bajo el martillo de Kaori. Con esta mujer frente a ellos era todo lo contrario, más allá de la seriedad de sus facciones también podía notarse en sus pupilas levemente dilatas y algo perdidas la inigualable mirada de alguien que ha experimentado el verdadero terror en su forma más pura.

Solo aquello bastó para que ambos detuviesen aquel ajetreo y tomasen asiento frente a ella, asumiendo la seriedad que la situación parecía requerir, fue Kaori la primera que decidió hablar.

"Entonces, señorita Ninomiya, ¿podría contarnos un poco sobre el porqué necesita nuestros servicios?"

La susodicha se preparó mentalmente antes de hablar, dando un sorbo a su café humeante, para luego aclarar un poco su garganta y dirigir una mirada más enfocada y seria a Kaori y Ryo.

"Necesito que el famoso City Hunter se deshaga de alguien muy peligroso, alguien que acabó con la vida de mi esposo y casi acaba con la mía."

Los ojos de Kaori se abrieron con sorpresa y algunas gotas de sudor se hicieron ver en su frente, eran esta clase de casos serios los que siempre guardaban toda clase de sorpresas desagradables, pero la paga era simplemente muy buena como para dejarlo pasar, también podía confiar en que Ryo no tendría problema en manejar nada que se le presentase, y aún más con su ayuda.

La atención de Ryo se encontraba puesta por completo en su nueva cliente por medio de una mirada que reflejaba seriedad y calma analítica como era propia del gran City Hunter, era poco común un cliente que le pidiese acabar con la vida de alguien mas en lugar de solo actuar como un guardaespaldas, eso sumado a la expresión intranquila de la mujer eran una indicación de cuanto la había afectado ese encuentro realmente.

"Puedo hacerlo, aunque siempre pido conocer más sobre la persona con cuya vida voy a acabar, así como lo que te hizo pedírmelo."

"Es comprensible, solo les pido que por favor luego de escuchar mi historia no piensen que les estoy tratando de tomar el pelo, yo misma aún no logro aceptar lo que sucedió esa noche y lo horroroso que fue todo…"


Dos semanas previas a ese día

Mariko caminaba con tranquilidad al estar tomada del brazo de su amado Yusuke, un hombre castaño de cabello corto, más alto que ella.

Era una noche lluviosa en la ciudad de Tokio, transitaban por una de las partes menos recorridas de la ciudad a tan altas horas de la noche, tomando como atajo a su hogar un parque enorme por el que ambos solían disfrutar pasear a cualquier hora del día, aunque el frio y la leve neblina que se dejaban sentir aquella noche lograban hacer que aquel paseo no fuese tan encantador como quisiesen.

"No puedo esperar llegar a casa y poder tomar un baño caliente."

"Y puede ser juntos para compartir nuestro calor."

Mariko no podía evitar reír encantadoramente ante aquel comentario, ciertamente su amado nunca cesaba en hacerla sentir bien y aquella era una de las cosas que más adoraba en él, después de todo no cualquier hombre era capaz de convertir una noche tan tétrica como aquella en un afable paseo de vuelta a casa.

Todo hubiese continuado a la perfección de no ser por una misteriosa figura encapuchada que se encontraba recargada en un árbol a pocos pasos frente a ellos, solo aquello hizo falta para que el agarre de Mariko sobre el brazo se Yusuke se hiciese un poco más fuerte, a lo que este respondió de vuelta con una caricia que trataba de reconfortarla y calmar sus nervios mientras él mismo se colocaba en modo de alerta ante aquel extraño, a pesar de que Tokio fuese una ciudad segura en mayor parte aquello no evitaba que se mostrase precavido, y más aún al estar acompañado de su amada.

"No te preocupes cielo, dentro de poco estaremos de vuelta en casa."

Solo bastaron aquellas palabras acompañadas de una reconfortante sonrisa para disipar cualquier rastro de miedo presente en su amada, y antes de darse cuenta ya habían pasado al misterioso encapuchado y se encontraban a una distancia considerable de donde este había estado parado.

Mariko por su parte suspiraba aliviada de que no hubiese sucedido nada, al igual que su amado Yusuke quien no mostraba su alivio externamente para seguir haciéndola sentir segura, pero por dentro podía sentir como un peso era removido de su pecho y le permitía continuar su andar, centrándose solo en Mariko y la manera en que lo tomaba del brazo.

Lamentablemente para ambos las noches oscuras y solitarias como aquella solían guardar toda clase de desagradables sorpresas, si hubiesen mirado hacia atrás ante de continuar su camino hubiesen podido notar la ausencia de aquel extraño a los pocos segundos de haberlo pasado, no fue si no hasta el momento en que Yusuke sintió un fuerte empujón que lo arrojó separó de Mariko e hizo caer al suelo que se percató del grave error que había cometido.

"¡Yusuke!"

El desesperado grito de Mariko rompió el silencio fúnebre de aquella noche una vez presenció con horror como aquel extraño que reconoció como la figura encapuchada del árbol se abalanzaba y mantenía inmóvil a su amado.

"Mariko, ¡huye por favor!"

Aquella lastimera suplica fue lo único que alcanzó a decir antes de sentir como el excepcionalmente fuerte extraño sobre él se deshacía de su capucha, revelando un rostro de piel pálida y colmillos pronunciados, los cuales se clavaron en su cuello y le hicieron gritar casi tan fuerte como su pobre esposa había hecho anteriormente.

Mariko aún observaba inmóvil la escena que le era presentada, no fue hasta que vio la sangre resbalar por el cuello de su amado esposo que volvió a gritar con todas sus fuerzas, y una vez su sexo sentido le indicó que seguramente ella vendría a continuación se echó a correr con todas sus fuerzas, lo más lejos que pudiese de aquel maldito parque.


"Tuve suerte de poder escapar, y la policía tomó mi declaración, no sin antes pensar que estaba loca por describir lo que uno podría imaginar como un vampiro, pero hasta ahora no han logrado ningún avance en el caso, es por eso que necesito los servicios de City Hunter para ponerle un fin a ese horrible hombre."

Mariko secó las lágrimas que amenazaban derramarse y carraspeó ante de regresar su atención al hombre sentado frente suyo. Kaori tenía una expresión sería y algo consternada, mientras que Ryo conservaba su faceta de analítica seriedad antes de responder.

"Ya veo… Nadie lo extrañará a alguien así, cuentas con nuestra ayuda, Mariko."

Contrario a como se comportaba usualmente mostró una faceta seria y reconfortante para ella en todo momento, nunca había escuchado de algo similar a aquello, deducía que podía tratarse de alguien que encontraba placer en actuar como un vampiro al asesinar a sus víctimas, no sería el enemigo más extravagante que se hubiese encontrado, pero sin duda estaría junto a estos.

"No se preocupe señorita Ninomiya, Ryo y yo haremos nuestro mejor esfuerzo por que se haga justicia."

Esta vez fue el turno de Kaori de responder, a pesar de que su sangre se sintiese gélida ante tal historia hizo lo mejor posible por mostrarse compuesta y segura ante su cliente.

Todo aquello bastó para lograr obtener una genuina sonrisa de parte de la melancólica mujer. A pesar de aquello la mente de Ryo seguía girando en torno a aquella horripilante historia, quizá Saeko podría brindarle algo de información, ¡y quizás también podría tener algo de mokkori por uno de los tantos pagarés que ella le debía!


Al mismo tiempo, en una de las áreas más apartadas de Londres

"Esa es nuestra situación actual, Sir Integra."

Walter, el elegante y servicial mayordomo de la enorme mansión Hellsing dejaba en el escritorio la copia del informe situacional que acababa de recitar a la imponente Integral Fairbrook Wingates Hellsing. En él se relata el estado del a mansión luego del reciente ataque de los hermanos Valentine, y el cómo ahora su personal activo era casi inexistente, sumado a este se encontraba un anexo con peticiones de ayuda internacionales, tal parecía que lo chips estaban legando a otras partes del mundo, y no cualquier país estaba listo para lidiar con aquellas miserables bestias tan bien como su organización, e incluso ellos se encontraban en un punto bajo luego de la masacre que había tenido lugar hace tan solo unos días.

"Gracias, Walter."

La joven mujer de largos cabellos albinos daba una larga calada a su puro, y al soltar el humo acabó por apagarlo contra su cenicero para luego dirigir su vista hacia el montón de papeles impecablemente engrapados sobre su fino escritorio.

Aunque no lo mostrase por fuera, para las únicas tres personas cercanas a ella, entiéndase Walter, Seras y Alucard, era bastante obvio que lo sucedido días atrás aun hacía mella en la líder de la organización, incluso para una mujer tan fuerte como ella no era fácil cargar con un número tan elevado de bajas, y mucho mas cuando aquellos valientes hombres eran casi como su familia.

De cualquier manera, no podía continuar dejándose llevar por aquello, la mejor manera en que podría honrar la memoria de esos valientes hombres sería haciendo pagar a quienes estuviesen manipulando todo tras el telón de aquella siniestra función.

Un buen punto de partida sería comenzar con aquellos informes sobre su mesa, tal parecía que muchas agencias gubernamentales y de seguridad de otros países asediados por los falsos vampiros estaban dispuestos a colaborar con Hellsing de cualquier forma que entrase en sus posibilidades a cambio de que acudiesen a sus llamados de auxilio. Entre todos estos hubo uno en particular que captó su atención, en este se menciona que Japón no cuenta con una fuerza de defensa sobrenatural formalmente consolidada y preparada, debido a esto la situación podría descontrolarse de manera exponencial gracias a la densidad de las grandes metrópolis japonesas.

"Walter, ¿crees que a Alucard le agrade viajar a Japón?"

Su usual sonrisa sardónica permanecía presente en todo momento al decir aquello una vez que terminó de leer aquel informe, la oferta del gobierno japonés de apoyarlos con una buena cantidad de personal listo para ser entrenados en servicio a Hellsing, pero más importante aún era la mención de información sobre "millenium" a cambio de sus servicios eran simplemente muy prometedoras como para dejarlas pasar.

"Seguramente la deteste, Sir Integra."

Ah, como adoraba ver al vampiro ser sometido a aquellas misiones que realísticamente no eran mas que molestias para él, no le haría mal descansar un poco de la presencia del rey sin vida, y de cualquier forma él y Seras podrían encargarse de la seguridad de su líder y la mansión mientras este se encontraba en sus inesperadas y seguramente cortas vacaciones.

"Está decidido. No me siento cómoda dedicando recursos a los problemas de alguien al otro lado del mar, pero necesitamos todo lo que podamos saber sobre Millenium."

"¿A eso me veo reducido, Integra? El único ser en este mundo capaz de llevarlo a cenizas, quien puede traer la cabeza de tus enemigos en una brillante y fina bandeja, ¿sometido a acabar con esas burdas imitaciones de criaturas de la noche a miles de kilómetros de aquí solo por un atisbo de algo que nos lleve a aquellos que se nos oponen?"

Sin invitación ni aviso, Alucard se manifestaba a través de las paredes de la oficina con el usual silencio que acompañaba al rey no muerto, su aburrimiento ante aquella misión se daba a notar en el suspiro que abandonaba sus labios una vez dio con la usual mirada de acero de Integra ante sus palabras.

"¿Acaso refunfuñas ante mis ordenes, sirviente?"

"Jamás lo haría, mi dueña, pídeme que derrame su sangre por ti, Integra, dame la orden y haré arrodillar a todos aquellos quienes se opongan a tu voluntad, demostraré quien es el que tiene el verdadero poder sobre todos ellos…"

La sola idea de aquello lograba dilatar las pupilas del vampiro, aunque aquella escaramuza fuese a miles de kilómetros de distancia la promesa de un baño de sangre siempre era bienvenida para un ser cuya existencia era estar en combate.

"Iré a hacer los preparativos para el vuelo de Alucard y continuaré con la búsqueda de personal para la mansión, con su permiso, Integra-Sama."

El mayordomo se despidió con una referencia formal, dejando solos a Alucard e Integra en aquella oficina que solo era iluminada por la luz de la luna que se colaba por los grandes ventanales de esta.

Antes de que Alucard se retirase a su cripta fue detenido por el sonido de la voz de Integra.

"No olvides traerme un recuerdo de tu viaje, y estoy segura de que a Seras también le gustará algo."

"Por supuesto, no olvidaré traer una figura de esas chicas mágicas que a mi ama tanto le gusta ver en secreto."

Finalmente se desvaneció antes que una de las balas de Integra golpease su cuerpo, acabando esta incrustada en una de las paredes de la oficina, ella apretaba su arma con fuerza y un leve sonrojo podía verse en su rostro, la risa que resonaba en la habitación solo haciéndola sentir más furibunda.

"Creo que no sería mala idea que lo llevasen encadenado en su ataúd en el compartimento de carga…"


Agradecía que el grado de sus poderes le permitiese cruzar el mar sin problema alguno, el avión privado donde viajaba solo con la tripulación a ordenes de Hellsing estaba próximo a llegar a su destino en la zona privada del aeropuerto Haneda en Tokio.

Le desagradaba como aún siendo de noche aquella enorme metrópolis creaba un día artificial con todas las brillantes luces que radiaban de ella e iluminaban el cielo nocturno, ocultando el mar de estrellas que podía observar desde su posición en el avión en descenso. Aún así aquella ciudad tenía un cierto encanto que parecía llamarlo, ocasionando que relamiese sus labios con emoción ante lo que vendría dentro de poco tiempo cuando desembarcase y cumpliese con sus órdenes asignadas, sin duda se divertiría a mas no poder en aquel lugar.

"Hemos llegado al aeropuerto internacional Haneda, toda esta área ha sido despejada para su discreto desembarque y salida del aeropuerto, buena suerte, señor Alucard."

Una vez el piloto acabó de decir aquello por las bocinas del avión la puerta para pasajeros comenzó a descender. Alucard sonrió por ultima vez antes de ataviarse en su usual sombrero, gafas y gabardina roja, para finalmente descender aquellas escaleras una a una, disfrutando el frio aire de aquella noche y los incesantes sonidos de la metrópolis que llenaban el aire. La policía japonesa les había proporcionado de antemano información sobre los lugares donde habían sucedido los ataques, por lo que ya tenía algunos objetivos en mente.

"Veamos qué tan entretenido es todo en este lado del mar."

Finalmente se desvaneció en sombras al decir aquello, sombras las cuales se movían con una velocidad y sutileza imperceptibles para quien no estuviese entrenado para verlas. Estas sombras salieron de aquella área privada del aeropuerto y se adentraron en la metrópolis, pudiendo sentir como bajo la fachada bulliciosa de aquel lugar el olor a sangre le llamaba.


FIN CAPITULO 1