Ojos verdes se abren repentinamente. Ve hacia arriba un cielo como de tormenta, pero no hay lluvia ni truenos en el mismo. El frío hacía temblar, su nariz y mejillas estaban rojas por el viento helado. Además, se le congelaba el trasero. ¿Dónde se supone que estaba? Se preguntó la chica y se levantó rápidamente, incapaz de soportar el frío con solo el hoodie de la escuela. Al menos ese día fue de educación física y no estaba con falda sino con el pantalón de la escuela y zapatillas de deporte. A un lado de su cuerpo encontró su mochila y… No, no había nada ni nadie más alrededor.

¿Qué clase de broma es esta? No es graciosa, es aterrador esto de despertarse en un lugar completamente diferente a donde estaba antes y en otra época del año. ¡Estaban cerca del verano! ¡¿De dónde había salido la nieve?!

Estaba alucinando.

Por enésima vez culpó a su hermana menor, aunque sabía que la principal responsable era otra persona.

Esto era culpa de la maldita Alice, aquella chica inglesa cejona y gótica con muchos hermanos cejones molestos. No solo eran ingleses, lo cual era ya un castigo, sino que estaban locos, pues al menos la mitad de ellos creía en la brujería. Su hermana Felicia los oyó un día en el salón de clase vacío tratando de convocar al diablo.

Ahora con los poderes de satán, quisieron vengarse de Felicia pero terminaron maldiciéndola a ella. Solo espera que su sorella le dé su merecido a esa ex rubia.

Donde sea que estuviera, Chiara se estaba cagando del frío así que optó por caminar. Lo más probable es que fuera una pesadilla. Solo tenía que hacer algo para despertarse. Quizás seguir la corriente.

Se frotó los brazos temblando. No veía nadie alrededor excepto pinos con nieve.

Tendría que cruzar un maldito bosque helado con la esperanza de encontrar civilización. Tal vez una cabaña. Empezó a caminar poniendo un pie delante de otro y sintiendo la nieve a través de las zapatillas blancas como ésta. Y eso que no era demasiada aún. Sus pies no se hundían hasta el fondo, pues solo era una capa de nieve fina.

De vez en cuando el cabello golpeaba contra su rostro y maldijo no tener algo con qué atarlo, aunque supuso que hacer eso reduciría el calor que podía mantener trayéndolo suelto. Una vez avanzó al interior del bosque, haciendo una caminata durante unos diez minutos, pudo ver un camino en el suelo. Sin embargo, no vio a nadie más.

Hasta que lo vio. Pero lo que vio no alivió el miedo que sentía. Era gente a caballo y no se veían amigables.

Hombres armados, tres de ellos, su ropa era extraña. Vestían como si estuvieran en la edad media. Barbas largas, hachas y al menos dos de ellos tenían cascos de metal sobre sus cabezas.

Si era un sueño, quería despertar de inmediato.

La oji-verde corrió como alma que lleva el diablo. No podía entender quiénes eran o de dónde habían salido esos sujetos, pero su instinto la instó a ocultarse o correr. Como ya la habían visto, correr sería lo mejor. Por supuesto, no es como si pudiera ganarle a caballos y en casi nada de tiempo estuvieron a su lado.

Ella gritó mientras la agarraban. Fue golpeada para callarla y en cuestión de minutos varios estaban en tierra, rodeándola y hablando en un idioma que ella no conocía. La sostuvieron como si fuera una muñeca de trapo, riéndose y atándole las manos. Luchó con todas sus fuerzas, pero lo máximo que pudo hacer fue que uno de los animales la arrojara al suelo, molesto.

Una flecha impactó en el pecho del hombre que iba montado, asustando al caballo cuando su cuerpo calló al suelo. Los otros dos hombres miraron hacia adelante, logrando esquivar otra flecha cuando se dividieron alejándose del camino.

La joven oji-verde aprovechó la distracción para gatear y correr hacia adelante con las manos aún atadas. Apenas se dio cuenta de que había caballos acercándose a todo galope o que sus atacantes desaparecieron, sin embargo no pudo no notar cuando un caballo se puso delante de ella bloqueando su paso.

Con miedo la joven alzó la vista, para encontrarse primero con la mirada del semental vestido y enmascarado con un símbolo en forma de cruz, aunque no estaba segura porque no era amante de la Historia, pensó que quizás eran los caballeros templarios o algo así. Aun así, lo que la sorprendió aun más si cabía, no fue esa ropa que era de muchos siglos atrás, sino la persona que montaba el animal. Un joven de piel pálida como la nieve que los rodeaba y cabello plateado, con ojos rojo escarlata que hacían palidecer el de la sangre que manchaba parte de su rostro y la empuñadura de su espada.

La vista la hizo caer sobre su trasero, aterrada ante la vista.

Él desmontó como si fuera ajeno a su miedo y en lugar de acercarse más, la miró de arriba abajo desde donde estaba, eso la hizo molestarse e ignorar su miedo por un momento, empezó a levantarse para sorpresa del albino. Él le dijo algo, pero por más que luchaba no pudo comprenderlo. Era otro idioma. ¿Quizás alemán? ¿Ruso? ¿Polaco?

Al verla confundida él sonrió, tendiéndole la mano.

—Gilbert —dijo señalándose el pecho.

Oh, así que ese era su nombre…

—C-Chiara Vargas —dijo agitada y con frío. Como si él acabara de darse cuenta, se quitó la capa y se la tendió.

Sorprendida de la amabilidad, ella la recogió se la colocó sin mirar dos veces el símbolo que tenía. En ese momento, el sonido de los caballos la hicieron espantar, pero Gilbert le apretó el hombro como para calmarla.

Otros caballos parecidos al del albino venían en dirección donde los atacantes habían llegado, ya que los habían ido a buscar. Con horror la oji-verde notó que venían con las ropas blancas manchadas de sangre.

¿Habían matado a sus atacantes? No es que fuera a llorar por ellos, pero le preocupaba el peligro latente de esta nueva horda que era superior a solo tres hombres.

Uno de ellos, un hombre con barba y pelo blanco, la miró y le dijo algo a Gilbert. Éste se puso delante de ella para cubrirla y empezó a hablar.

Fue entonces que la chica recordó. ¡Los caballeros ayudaban a los cristianos! ¿Cierto? Tal vez…

Chiara dejó caer la capa, haciendo sin darse cuenta que algunos se ofendieran y gritaran, el mismo albino que la ayudó volteó y la miró confundido por su arrebato. La oji-verde buscó desesperadamente en su mochila.

Delante uno de los caballeros había desmontado, contra las órdenes del hombre canoso que parecía el líder.

Pero entonces ella lo encontró y sonriente le enseñó a Gilbert el objeto tan ansiado, indicando que lo sostenga. Éste miró confundido hasta que captó algo familiar. Analizó el pequeño objeto y se dio cuenta de que el dije dorado tenía una imagen grabada de dos figuras.

El albino alzó el collar hacia su superior, gritando:

¡La virgen María y el niño Jesús! Ella no es una pagana, es una cristiana como nosotros. —continúo con una sonrisa.

Aun la miraban con sospecha, pero no parecían hostiles. La joven suspiró de alivio al ver que eso parecía haber funcionado, con algo de suerte le mostrarían un lugar donde quedarse y no dejarla vagar sola por un lugar desconocido.


No tengo idea de lo que estoy haciendo. Solo vino la inspiración y respondí.

Recuerden que si se lee raro, quizás hay errores porque no tengo beta. Avisen (?)

Debería haber al menos otro capítulo de este fic.

Saludos~~