Sumario: Levi y Hanji son abogados penalistas y están a cargo del divorcio de Mikasa y Eren. Tienen experiencia en ello, después de todo, así comenzó el final de su propia historia.

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Portada: Esme Rosas


Capítulo 12: El Final


De las cosas más inverosímiles que Kenny alguna vez creyó escuchar en su vida, aquello dicho por Hanji era la que menos hubiera esperado escuchar.

—Traute no sabe... —empezó a refutar hasta que posó su mirada en ella.

Cansada, dolida, derrotada.

Había confundido aquello con un silencioso reclamo para formalizar la relación, ante lo cual Kenny se había resistido hasta asegurarse que Sannes ya no existía y ella no volvería a estar en peligro.

Ante aquello un sabor amargo inundó el paladar de Kenny.

Traute le había mentido. Había dicho que Sannes había intentado pero no había conseguido consumar el abuso. Pero por lo que Kuchel había dicho sobre el infeliz jactándose contradecía a Traute.

Y aquello lo ponía peor porque le hubiera arrancado las bolas y se las hubiera metido en su estúpido hocico.

Hizo bien en matarlo.

...

Porque él fue quien lo mató.

...

¿Verdad?

Miró nuevamente a Traute, tratando que sus emociones y afecto por ella no influyera en su capacidad de analizar a las personas.

Ojos cansados, mirada tensa, cuerpo frágil aunque tiene la capacidad de derrumbar a un hombre fuerte y podía fracturar algunos huesos, matarlos no estaba en su naturaleza.

...

¿Verdad?

Los ojos claros de Traute se volvieron hacia él y permitió que la leyera.

Kenny soltó una maldición entre dientes.

Hanji volvió a darle un beso a Levi, asegurándole que todo estará bien y que pronto estarán juntos disfrutando de unas buenas vacaciones. Mentalmente ella anotó llevar a Levi a que lo revisen por si no tiene alguna fractura o herida que requiera tratamiento.

Levi soltó la mano de Hanji, confiando plenamente en las deducciones de su esposa.

Y Traute empezó a guiar a Hanji en lo profundo del bosque, perdiéndose entre grandes árboles.

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El sitio era más frío y la ausencia de Levi le provocaba estremecimientos. Además, sus zapatos, aunque fueran de tacón magnolia, no eran los adecuados para esa caminata en un bosque en el cual se adentraban más y más. ¿Qué tanto había arrastrado Traute a Sannes? El camino se le hacía eterno.

—Cuidado más adelante, hay una pendiente bastante camuflada con las malas hierbas y fácilmente podrías resbalar.— indicó Traute, volviendo sus ojos hacia la castaña. —No tenemos que bajar por ahí pero desde ese punto son aproximadamente diez metros más a la derecha.

Hanji asintió.

Aquello le provocó una punzada de ansiedad a Traute, quien miraba nuevamente a Hanji. Esa era la mujer que podía destruir el mundo de Levi en un instante y, cuando se enteró del divorcio, le había guardado resentimiento hasta que vio cómo de verdad ella se preocupaba y estaba dispuesta incluso ir con una extraña solo porque Levi creía en Kenny.

—No entiendo.— dijo en voz baja Traute, y Hanji la escuchó sin problema.

—¿Qué es lo que no entiendes?— preguntó la castaña.

—Lo confiada que eres.— reprochó Traute. —Esto podria significar tu infierno y tu muerte.

Hanji se mojó los labios ante la resequedad que sentía. No conocía lo suficiente a Traute, solo de lo que Levi le había dicho... O Levi había creído saber. No quiso tocar el tema del abuso de Sannes porque era un tema demasiado sensible, así que fue a uno menos espinoso y muy importante.

—Levi me comentó que tuvo que llevarte a atender de urgencias...— respondió Hanji, tratanto de elegir cuidadosamente las palabras. — ...aquel acontecimiento fue una pieza importante para posteriormente poder recuperar a Kuchel, ella es importante tanto para Levi como para Kenny. Así como también lo eres para ellos. Así que por eso sé que contigo estoy segura.

Traute soltó una risa corta y sarcástica.

—Ya no creo en cuentos de amor ni finales felices.

Hanji se encogió de hombros.

—Tampoco creo en eso.— replicó, recordando lo que le costó llegar a este punto de entendimiento con Levi, lágrimas, dolor, añoranza. —Más bien, ahora creo en confiar en tu pareja, decirse todo lo que tengan que decir y juntos tomar la decisión de continuar o que cada quien tome su propio camino.

Traute pareció ofendida por eso.

—No es fácil de hacerlo.— dijo en claro tono dolido.

Hanji asintió. Tuvo tres amargos años de experiencia que deseaba olvidar.

—Es un salto de fe y no sabes si al final alguien estará para sostenerte. O puedes quedarte en el borde, esperando.— Hanji suspiró de cansancio, usando el cravat de Levi para secarse el sudor.

Traute se detuvo en un espacio lleno de hojas caidas las cuales empezó a mover para sacar una pala.

Hanji sintió ese extraño retorcijón en la boca del estómago mientras la veía empezar a cavar con una asombrosa facilidad considerando que parecía cansada y de aspecto débil.

Realmente Traute había hecho todo.

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Cuando Hanji se había separado de Levi, hizo de todo para mantener su mente ocupada. Buscó casos complicados, tuvo su agenda bastante llena y buscó su propio espacio para vivir, comprándolo casi de manera impulsiva. Al notar que la otra sección del piso era la que tenía acceso a la terraza, trató de cambiar la compra pero le dijeron que por el momento estaba alquilada a un agente que estaba en una misión de encubierto.

Aquello la decepcionó pero no le dedicó un segundo pensamiento. Se pasaba más buscando defender a inocentes o a familias que quedaron destruidas, dejando que todo el peso de la legislación japonesa cayera sobre los culpables, sin excepción alguna.

Salía acelerada por las mañanas, apenas desayunando, llegaba tarde a su departamento y luego de una comida rápida se duchaba. Los primeros días fueron terribles, y las noches peores, sin poder evitar llorar por aquel que ella creyó que nunca la había querido.

En una ocasión se cruzó en el ascensor con el policía encubierto, quien llevaba gafas oscuras y parecía más concentrado en el periódico local. El ascensor era lo suficientemente amplio con capacidad para 8 personas y aún así Hanji se sintió incómoda de compartirlo con un extraño, habiéndose acostumbrado un poco a la soledad de su vida.

Él pareció reparar en su presencia y con palabras entrecortadas lamentó no poder revelar más de sí mismo y solo prometer ser un agradable vecino.

—Me puede llamar Ralph.— indicó, acercándose un poco a Hanji quien por inercia dio dos pasos hacia atrás. —Ante cualquier problema... puede acudir a mí, que iré presto a auxiliarla.

—Ackerman...— respondió de manera automática Hanji y ella misma cortó sus palabras. Para sí misma pensó que aún tenía poco tiempo y quizá más adelante pueda superarlo. —Gracias por su ofrecimiento.

Después de aquel encuentro Hanji se metió en una rutina excesiva que le consumió fácilmente semanas y meses. Fue tan osada de tomar cuatro casos fuertes y estaba a casi nada de desfallecer, habiéndose quedado en el estudio jurídico hasta altas horas de la madrugada, recibiendo un fuerte regaño por parte de Mike, quien la llevó a casa y le ordenó que durmiera por el resto del día.

—No puedo.— objetó ella. —La segunda audiencia es a las diez y estoy sospechando que quieren posponerla para alargar esto tres meses...

—Con mayor razón debes dormir y estar con todos tus sentidos alerta.— le había recriminado Mike. —Van a ingresar nuevos abogados y te ordeno que cedas dos casos o tendrás problemas conmigo y te quito todos los casos.

Aquella noche en particular Hanji durmió poco pero despertó más descansada y se alistó para ir a la oficina, pensando comprar algo de desayunar e invitar a Mike para alzar una bandeja blanca. Estaba en el ascensor, prácticamente bajando al último piso, cuando notó que su vecino, tambaleante y con un extraño aroma, quizá a un licor extranjero, ingresaba casi bloqueando la entrada del ascensor, tropezando.

El primer impulso de Hanji fue acercarse a ayudarlo pero una llamada a su celular la detuvo. Era Mike y él jamás la llamaba a menos que fuera urgente. Hanji contestó de inmediato.

—Estoy fuera de tu departamento. Tenías razón y repentinamente cambiaron la audiencia adelantándola para las ocho y media.— admitió Mike, en el fondo enfadado porque odiaba que otros abogados usaran tretas para buscar eludir la ley.

—Ya estoy abajo, salgo en este mismo momento.— respondió Hanji y se abrió paso en la entrada del ascensor, dejando a un lado el hecho que su vecino parecía borracho o cansado, o ambos.

Aquel hecho Hanji lo desechó de su mente y no había vuelto a caer en cuenta hasta que semanas después descubrió a su vecino en la puerta de entrada a residentes de su departamento, escuchando claramente cómo se cerraba la misma.

—¿Pasó algo?— preguntó Hanji con voz tensa.

—Ah... lo lamento...— se excusó Ralph, pasándose la mano por el rostro y mostrando una amplia sonrisa de disculpa, dejando a notar dos dientes de oro en los incisivos superiores. —Confundí los departamentos... recién llego de una misión y buscaba dormir un poco.

Hanji asintió, pero decidió que cambiaría toda la estructura eléctrica de la cerradura digital.

Y ese fue el último encuentro que ella recuerda haber tenido con su vecino Ralph.

En retrospectiva la sonrisa de disculpa de él adquiría una matiz tenebrosamente burlesca cuando volvía a ver esos mismos dientes de oro en una mueca de horror grabada antes de ser evidentemente decapitado por Traute.

Ralph realmente era Djel Sannes.

Hanji no resistió más y vomitó inevitablemente. Traute no sabía cómo reaccionar ante aquella inesperada acción de parte de la castaña y, como si la vida hubiera decidido que ella necesitaba más tensión, escuchó cómo alguien se acercaba aceleradamente, encontrando a un hombre alto, cabello castaño y ojos grises.

—Hanji-san... trata de respirar un poco...— dijo la voz de aquel hombre que buscaba calmar a la otra, consiguiendo justamente todo lo contrario.

—¿Qué demonios estás haciendo aquí, Eren?— reclamó Hanji sin poder evitar otra arcada y al poco más vómito.

Eren le pasó una botella con agua y la instó a que se lavara la boca para que se quite la sensación de vómito o no podrá detenerse. Hanji se enjuagó y botó el agua. Luego puso agua en su palma y se refrescó el rostro sudado, respirando por la boca y alejándose de su desastre digestivo en el pasto, pero al otro lado estaba la cabeza decapitada de Sannes.

—Su nombre no era Ralph.— Hanji mencionó lo obvio con la voz cargada de rabia.

Traute soltó una risita de incredulidad.

—Ralph fue su compañero en la policía, pero murió hace más de veinte años, así que dudo que hayas podido conocerlo. — respondió la rubia. —Al parecer Sannes aun lo recordaba.

Eren se acercó a la cabeza del infeliz.

—Entonces... ¿quién me quitó el placer?— dijo el hombre.

—No sé quién demonios seas...— dijo Traute, nerviosa por cuánto aquel tipo haya escuchado.

—Ah... perdón.— expresó él, haciendo una reverencia. —Yēgā Eren, soy el esposo de Mikasa, y legamente soy primo político de Levi-san y Hanji-san.

Traute se extrañó de aquello, aunque obviamente Mikasa habría crecido pero era inevitable para la rubia no pensar en la bebé de dos años que Kenny siempre recordaba.

—¿Cómo llegaste...?— preguntó Hanji.

Eren se rascó el cuello, como si hubiera sido un niño descubierto en un delito menor.

—Tío Kenny repentinamente dijo de visitar a Kuchel-san... Y me pareció extraño porque antes decía que debía hacerse cuidadosamente pero de un momento a otro él lo deseaba que Mikasa la visitara.— Eren respondió, siendo más fácil echarle la culpa al Ackerman mayor que delatar a Armin. —Entonces dejé a Mikasa en el departamento de Tío Kenny y fui al trabajo, pero tenía un poco de tiempo libre así que aproveché para hacer unos trámites, le pedí a un compañero que me prestara su moto y, al pasar de casualidad frente al departamento, vi a Tío Kenny salir en actitud sospechosa... así que lo seguí.

Hanji sentía que Eren estaba ocultando algo, pero sus palabras parecían bastantes reales.

—¿Entonces estás aquí desde...?

—Vi a Tío Kenny pareciendo buscar algo y no sabía sí tenía que acercarme a ayudar, así que esperé... y escuché todo lo que Tío Kenny le dijo a Levi-san.— Traute sacó una navaja, quien sabe de dónde, y se lanzó contra el hombre quien la bloqueó. —No te preocupes. No estoy en tu contra. Bueno, solo la parte en que me quitaste el placer de acabar con el asesino de mis suegros, pero lo superaré.

Traute no sabía si creerle o no. Su forcejeo con Eren no cedía ni un momento.

—Nada me asegurará que...— se interrumpió al ver los ojos de Eren brillaron de rabia contenida.

—Ese bastardo grabó a mi esposa desnuda.— replicó Eren, su voz suave y demasiado tranquila daba escalofríos. Hanji se incomodó porque solo había una manera para que Eren se enterara, pero no creía a Armin capaz de contarle feliz de toda la situación, en especial porque el asunto aún no estaba resuelto.—Busqué cada centímetro de mi casa y no encontré ninguna maldita cámara, así que debió ser cuando estábamos en nuestro antiguo departamento. Aparte de haber asesinado a mis suegros y de estar detrás de mi esposa, realmente no tengo más razones para querer al maldito definitivamente muerto.

Traute se vio obligada a soltar el cuchillo pero no por la fuerza física de Eren sino por la fuerza de sus palabras. Si ella creía odiar a Sannes, quedaba como una niña berrinchuda ante aquel hombre.

—¿Tú no... me delatarás?— preguntó Traute con voz temblorosa.

Eren la miró indiferente. No acostumbraba a mentir y menos iba a empezar ahora.

—Soy honesto... Si por alguna jodida treta del destino tuviera que elegir entre salvarte y salvar a mi esposa, la eligiría a ella mil veces sin pensarlo un solo segundo.— respondió Eren con la fría y dolorosa verdad. —No soy ningún héroe, y por mantener a salvo a Mikasa puedo dejar morir a todo el mundo, incluso ser el causante de ese genocidio.— Tomó la maleta que estaba a sus espaldas y se agachó, sabiendo que le daba la total libertad a Traute para que pudiera noquearlo si se sentía amenazada. Abrió el bolso y sacó del mismo un galón de algún líquido, además cuerdas gruesas las cuales miró unos instantes antes de volver a guardarlas. —Creo que no las necesitaré. Ahora, ¿Dónde está su cuerpo?

Traute no sabía quién estaba más loco, él por lo que parece que va a hacer, o ella por soltar todo con suma facilidad y delatar que ella hizo hace meses lo que él está recién queriendo hacer.

—Lo quemé, una y otra vez, por varios días, hasta que no quedara nada del bastardo.

Eren le hizo una reverencia de agradecimiento.

—Por favor, permíteme el honor.

Hanji fue donde Eren y lo detuvo del brazo.

—¿Qué demonios estás pensando hacer?

—Como dije antes, no soy ningún héroe y no me importa nadie más que Mikasa.— Eren se guardó para sí mismo su cariño hacia Armin.— En estos meses la he visto sonreír como hace mucho no lo veía. Y si su familia empieza nuevamente a quebrarse sin duda alguna eso la hará llorar. No puedo permitirlo, así que... quiero terminar deshaciéndome de este bastardo. Que no quede huellas de su putrefacta existencia en este mundo.

Hanji se sintió en un terrible dilema. Para eso no estudió, no eran sus creencias. Sannes debió pagar por sus crímenes... aunque en la legislación japonesa está vigente la pena de muerte y es probable que a eso hubieran llegado... a menos que él hubiera usado sus tentáculos para evadir, comprar la justicia, burlarse de todos... Pero lo peor es que no estuvo nada arrepentido de sus crueles acciones... incluso ella misma era su siguiente blanco. Si Mike no la hubiera llamado... si ella no hubiera cambiado las seguridades de su departamento... Sintió la rabia inundar cada vibra de su ser y, antes que nadie pudiera evitarlo, pateó la cabeza del infeliz que tanto destrozo había causado a los Ackerman, su golpe provocando que la cabeza chocara contra un árbol.

Eren no pudo evitar una sonrisa de satisfacción y Traute ahora era la que se sentía vulnerable y en peligro ante los dos castaños.

—Hanji-san... eso estuvo espectacular... pero me temo que tendré que quemar tus zapatos también.

Hanji miró su zapato, efectivamente notando manchas de sangre. Sintió nuevamente náuseas así que tomó otro poco de agua y se lavó bien la boca mientras se quitaba los zapatos, tratando de no pisar alguna rama espinosa.

Eren tomó los zapatos de Hanji y los colocó donde estaba la cabeza de Sannes, luego con la pala recogió parte de la tierra donde estuvo enterrado y rodeó todo con piedras alrededor en una especie de pequeña muralla, abrió el galón que traía consigo y lo esparció encima de lo que quedaba de Sannes, teniendo especial cuidado de no esparcir el líquido más allá del círculo que había dispuesto para esto. Luego tomó un encendedor y un cigarrillo, encendiendo primero su cigarrillo, botando humo mientras miraba los ojos vacíos y sin vida de aquel que destruyó a la familia de su amada Mikasa.

Momentos así es que Eren odiaba la humanidad y su infinita maldad. Dio otra calada y botó el humo de manera más lenta mientras lanzaba el cigarrillo encendido hacia Sannes. La combustión iniciando al instante, el ambiente llenándose pronto del aroma a carne putrefacta y humo.

Hanji volvió a tomar un poco de agua, mientras respiraba profundamente. No sabía si era sudor o lágrimas lo que recorría su rostro, de lo único que estaba totalmente segura era que la amenaza realmente había terminado y solo les quedaba recuperarse de las heridas que dejó en su maldito paso. Ella debe ser fuerte, por Levi y por su querida suegra.

Gracias a Kenny, Hanji se salvó.

No solamente él. Reflexionó Hanji, sabiendo que también se lo debía a la rubia que no despegaba la mirada de Eren quien seguía echando más combustible, avivando las llamas pero al mismo tiempo controlando que el fuego no se expandiera más de la muralla de piedras que había hecho.

Ellos mancharon sus manos para darle una oportunidad de ser libre y feliz. Hanji no sabe si hubiera tenido la fortaleza de resistir todas las desgracias que hubiera sucedido pero agradece infinitamente que no tenga que descubrirlo.

—El hacha...— recordó Eren.

—Destruida.— respondió Traute, su cuerpo más relajado. Esa carga que llevó por tantos meses empezó a ser más ligera y, a pesar del horrible aroma en el ambiente, pudo respirar con más calma. Hanji notó que incluso la voz de Traute parecía menos tensa.

Eren asintió en señal de comprensión.

—Esto puede tomar algo de tiempo, así que pueden retirarse.— dijo Eren. —Me encargaré de todo aquí.

Hanji miró a Traute quien asintió, después de todo ya no había razón alguna para desconfiar de él cuando estaba terminando el trabajo sucio y se había involucrado de lleno en la desparición de Djel Sannes y las evidencias que conlleva.

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Hanji no sabe si es porque está más tranquila por asegurarse que Sannes no volverá pero el camino de vuelta le pareció más corto, a pesar que hasta debió caminar con mayor cuidado por estar descalza lo cual fue lo primero que Levi notó al verla de regreso.

—¿Qué pasó?— preguntó preocupado. —¿Estás lastimada?

Ella negó en respuesta, tomándolo del rostro y, nuevamente sin importarle la presencia de Kenny y Traute, lo besó pero en esta ocasión no fue suave como la vez anterior, sino más intenso, abriendo la boca e invitando con su lengua a que Levi se olvide de todo a su alrededor y se concentre en ellos dos, en el futuro que les depara y en la hermosa posibilidad que tienen de vivirlo juntos. Levi cedió, no importándole que fuera como arcilla que se amolda a lo que ella quisiera. Deslizó las manos alrededor de la cintura y la rodeó, jalándola contra sí mismo.

Kenny se pasó la mano por el rostro, según él no era el momento de estarse besando de aquella descarada manera incomodando a los demás. Volvió sus ojos hacia Traute notando que ella no parecía nada incómoda, más bien parecía tener una pizca de anhelo y envidia al mismo tiempo. Volvió a pasarse la mano por el rostro, no sabiendo si odiarla porque no dejó que se convirtiera en lo que tanto se lo acusó y fue sentenciado, un asesino sanguinario, o seguir amándola y pedirle que dejara que él la cuidara en lo que les quede de existencia.

Se acercó a Traute e iba a extenderle la mano, para pedirle ir a un lugar más privado a conversar, cuando sintió que alguien se acercaba. Por instinto la puso a su espalda, sin darse cuenta que la misma acción Levi había hecho con Hanji quien estaba con una expresión enfurruñada porque le interrumpieron su momento.

Kenny soltó un bufido de fastidio, intentando camuflar el gemido de angustia a sus espaldas.

—¿Quién es?— preguntó en un murmullo Hanji.

Levi frunció el entrecejo mientras buscaba en sus recuerdos de la niñez.

—Uri...

—Reiss...— murmuró Traute, aprisionando la gabardina de Kenny.

—¿Caven?— soltó el aludido con evidente desprecio y decepción. —¿Aún sigues a este infeliz que malogró tu existencia?

Ella no pudo evitar encogerse, dolida por las palabras. Uri había sido su jefe, la había formado y era su mayor orgullo... hasta que se involucró con Kenny y obviamente Uri no lo había aprobado, no solo por falta de ética profesional, también se le sumaba el odio mutuo que había quedado entre los dos.

—Ella ya no está bajo tus órdenes, imbécil.— soltó Kenny odiando cómo Uri tenía la capacidad lastimar emocionalmente a Traute. —Y menos aún después de que la dejaste sola cuando fue injustamente encarcelada.

Uri sacudió la cabeza, cegado por las pruebas que había presentado Sannes quien juraba que ella lo había seducido y luego trató de matarlo. No ayudaba a Traute la relación que tenía con Kenny, un asesino sentenciado.

Levi miró enfadado a Kenny, lo que menos necesitaban ahora era que lo encarcelaran por faltar el respeto a la autoridad.

—Reiss.— replicó Levi, para que la atención de Uri se centrara en él. —No quiero malpensar pero tu presencia aquí no parece ser una coincidencia.

Hanji, detrás de él, ocultó que estaba descalza mientras abrazaba a Levi por la espalda.

—Más bien pareciera estar persiguiendo sin fundamentos a... ¿Kenny?— indicó ella.

Uri recordó las palabras de Kenny. La sobrina abogada que está dispuesta a defenderlo. Sus ojos violetas no se molestaron en dedicarle una segunda mirada mientras regresaba su atención hacia Kenny.

—¿Qué estás haciendo aquí, en un bosque tan apartado de la ciudad?— Uri preguntó directamente.

—¿Qué haces persiguiendo a Kenny?— devolvió Levi la pregunta. Uri no se atrevió a negar directamente lo que Levi preguntó.

—Estaba pasando de casualidad...— las palabras de Uri se cortaron cuando Levi le lanzó el dispositivo tecnológico que parpadeaba. Uri lo atrapó de manera instintiva.

—No creo que debas extralimitarte en tus funciones.— replicó Levi.

Uri se guardó el dispositivo.

—No entiendo lo que está sucediendo...— soltó con rabia. —...pero algo están ocultando.

—No, no lo hacemos.— Levi respondió.

—¿Por qué están tan apartados?— recriminó Uri, irritado.

Levi sintió cómo Hanji hacía más firme su agarre y aquello le dio más confianza para contestarle a Uri, como si le explicara a un infante que uno más uno daba dos.

—Porque necesitábamos hablar sin que nadie nos estuviese vigilando... o persiguiendo.

Uri trató de razonar con Levi, creyendo que, si lo ponía de su parte, iba a permitir que encarcelaran a Kenny y reciba una sentencia más acorde a lo que corresponde para casos como él, la muerte.

—No te dejes engañar por sus mentiras.— insistió Uri, señalando a Kenny en forma acusatoria, su voz elevándose y las venas alrededor de su cuello brotándose. —¡No puedes olvidar lo que le hizo a tus tíos!... ¡Y a tus padres!

Meses atrás Levi hubiera aceptado aquello con ansias de hacerle pagar a Kenny por aquellos crímenes. Pero él había sido engañado, así como Uri seguía estándolo.

—No puedo cambiar lo sucedido con mis tíos... o con mi padre. —dijo Levi con voz tranquila, en claro contraste a la de Uri. —Pero he logrado rescatar a mi madre y debo hacer todo para que vuelva a ser feliz y deje esta pesadilla atrás, como un amargo recuerdo que no merece ni un segundo más de sus pensamientos.

Aquello definitivamente sorprendió a Uri.

—¿De qué hablas?— preguntó, ofendido como si hubiese sido su familia de sangre la que hubiese muerto. —Kuchel... ella...

A Uri le costaba y dolía decir que estaba muerta. Era la herida que seguía sangrando incluso después de más de dos décadas de haber sucedido.

—Fue secuestrada por Sannes.— respondió Levi.

—No sé por qué hay que seguir dándole explicaciones a este infeliz.— refutó Kenny con evidente odio. —No va a ayudar ni una mierda. Y confía ciegamente en lo que el bastardo de Sannes le muestra.

Uri lo miró con rabia, sus ojos inusualmente violetas incluso parecieron brillar.

—Hey, acá.—Levi reclamó la atención de Uri. —No le hagas caso a Kenny. Está en sus días.

—Afortunadamente tenemos a Tía Traute para apaciguarlo o Tío Kenny se volvería un amargado apenas tolerable.— agregó Hanji recibiendo una queja de parte del mayor Ackerman. —Lo siento, Tío Kenny. Te estimamos mucho pero es la verdad.

—¿Kuchel... está viva?— preguntó Uri a Levi, ignorando deliberadamente a todos los demás presentes.

Levi sopesó decirle la verdad a Uri. Si se enteraba de todo, Uri podía acabar con Kenny y Traute, por lo que, aún después de muerto el bastardo de Sannes seguiría ganando, pero si no le decía nada, Uri no iba a dejarlos marcharse. Y es peor, podía empezar a investigar la zona. Tenía que jugar bien para llegar a un punto intermedio sin afectar a nadie.

—Mi madre estuvo todo el tiempo secuestrada por Sannes y solo hace seis meses pudimos liberarla del maldito infierno que estuvo viviendo.—contestó Levi, sin poder evitar el enojo en su voz. —El bastardo ha desaparecido y no logro dar con él.

—¿Por qué no me dijeron?— Uri se exhaltó, sus emociones controlándolo.

—¿Confiar en la misma justicia que encarceló injustamente a mi tío porque según su veredicto mató a mis tíos y mis padres?— se mofó Levi. —Ackerman Kuchel está viva. Mi madre está viva. Y es la clara prueba que la justificia se equivocó... o está corrupta porque la misma justicia facilitó todo para que Sannes la obligara a un maldito e indeseado matrimonio, evitando que la encontráramos.

—No puedes actuar fuera de ley.— advirtió Uri.

—No lo he hecho.— replicó Levi sin faltar a la verdad puesto que todos sus movimientos han estado completamente legalizados. —Tengo todo debidamente respaldado, el rescate de mi madre está con la correspondiente orden judicial, incluso la anulación del matrimonio de mierda y la orden de alejamiento.

Uri sintió que el pecho se le aligeraba aunque le dolía profundamente, y sabía que sus emociones estaban a nada de mostrarse, así que se apartó de los demás, dándoles la espalda.

—... ¿puedo...verla?— preguntó con voz temblorosa.

Kenny abrió la boca para mandarlo al infierno pero Levi le dio una mirada mortal.

—Tendría que preparar todo.— replicó Levi. —Ha pasado más de dos décadas secuestrada y soy muy protector con sus sentimientos. De a poco mi madre se está integrando a la sociedad y no quiero ni un revés.

Uri asintió y se marchó, sin decir más.

Hanji dejó caer su peso en los hombros de Levi mientras soltaba un fuerte suspiro. Él la miró de reojo murmurando solo para ella.

—¿Por qué estás descalza? ¿Estás herida?— volvió a preguntar.

Ella pensó unos segundos, creyendo que yendo al hospital podría aprovechar para verificar el estado de las heridas de Levi.

—Podemos pasar por una clínica.— dijo ella en respuesta. —Solo para revisión.

Levi asintió y la cargó entre sus brazos, haciéndola sonrojar por lo cual deslizó los brazos por el cuello y ahí también escondió el rostro. Aquello lo hizo sonreír, porque en ocasiones Hanji puede ponerse extrañamente tímida.

—Estaré fuera por algunas horas.— le dijo Levi a Kenny quien asintió. Miró a su tío y se sintió satisfecho de poder decir las palabras que había deseado desde hace tantos meses atrás.—Eres libre, Kenny.

El otro soltó un chasquido para camuflar la risa.

—Gracias, Levi.

Levi se llevó a Hanji hacia el propio auto.

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Kenny observó detalladamente a su alrededor antes de volverse hacia Traute. No sabía cómo comenzar aquello, las palabras nunca fueron su fuerte. La sintió temblar así que se quitó la gabardina y se la colocó encima. No quitó las manos de ella mientras la miraba.

—Sabes que no soy muy de palabras.— dijo Kenny mientras Traute seguía mirando al piso, los brazos cruzados. —Y tengo que asimilar que fuiste jodidamente loca e impulsiva...— efectivamente, no era bueno con las palabras, porque la vio dejar caer los hombros. Kenny ahora podía leerla tan fácilmente, dándose cuenta que ella creía que iba a abandonarla. Quiso reírse. Solo la maldita muerte podrá separarlos. —Pero también admito que es más probable que tuvieras razón y ese bastardo hubiera sobrevivido.

Traute levantó la mirada, sus ojos brillantes de tristeza.

—Se levantó... Iba caminando, tambaleando y casi sin fuerzas... Pero seguía moviéndose.—recordó ella con rabia. —No fue difícil arrastrarlo más adentro del bosque. Aunque para decapitarlo sí tuve dificultades. El hacha no tenía mucho filo.

Kenny la imaginaba lanzando golpe tras golpe, seguramente desahogando su venganza contra él. Le dolía mucho que ella se hubiera obligado a hacerlo. Kenny en contraste había querido que sufriera y tuviera una muerte lenta y dolorosa, en retrospectiva era una pésima idea, era mejor cortar todo de raíz.

—No debiste decirle a Levi lo de su esposa...

—Ya no es un niño.— refutó ella. —Debe ser consciente que el mundo es cruel e injusto.

Él sacudió la cabeza y luego colocó su frente contra la de ella.

—Bueno... Tenemos que ponernos de acuerdo y hablar antes de volver a hacer cosas tan precipitadas.— replicó Kenny. —Eso me recuerda, voy a castigarte por ocultarme todo esto...

—Tú no me decías nada y me apartaste de tu vida.— reclamó Traute.

—Sí, también puedo ser un verdadero imbécil.— admitió Kenny recogiendo los mechones de cabello rubio que le cruzaban la cara. —Tenme mucha paciencia, te prometo que contigo me esforzaré para no serlo. Pero te necesito para que me guíes y me enseñes cómo realmente debo cuidarte.

Traute se desmoronó y se arrimó al pecho de Kenny quien deslizó sus brazos alrededor de ella.

—¿Entonces no vas a decirme que lo nuestro terminó?— preguntó Traute, siendo lo que necesitaba escuchar, la respuesta de Kenny.

—La única forma que "terminar" esté relacionada contigo y conmigo es en la cama.— replicó Kenny recibiendo un golpe de puño en el pecho.

—Imbécil.— recriminó ella, su mano quedándose aferrada a la camisa de él. —Más te vale cumplirlo.

Kenny soltó una risa camuflada. Luego analizó el panorama y se lo dijo a ella para que le diera ideas.

—Mikasa está con Kuchel. El marido va a ir por ella a la salida de su trabajo.— Traute se mantuvo sin reaccionar ante la mención de Eren. No es que deseara ocultarle más cosas pero en ocasiones, mientras menos supiera, mejor.

Demonios. ¿Estará ella siendo igual de psicópata que Eren? ¿Es capaz de destruir al mundo por Kenny? Esperaba no tener que descubrirlo, porque no cree que Kenny sea feliz con tal sacrificio.

—Podemos ir a un hotel.— propuso ella con timidez. —Me estoy quedando ahí desde que salí de tu departamento.

—Nuestro.— la corrigió Kenny mientras la guiaba al carro de alquiler. —Ahora Kuchel está ocupando tu habitación. Eso no significa que no te esperara, solo que mi hermana debía estar lo más cómoda posible.

Traute asintió, en el fondo agradecida porque sabe muy bien que, entre tantas desgracias que vivió Kenny, la vida de Kuchel vino a darle un rayo de felicidad en medio de las tinieblas de dolor e impotencia.

—Bueno, no tengo problemas con cederle nuestra habitación a tu hermana. Así que podemos comprar un armario y reacomodar la sección de sala de estudio.— propuso Traute. —La habitación donde tú duermas también es la mía.

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Levi había pasado por una tienda y le compró un par de zapatos a Hanji quien estuvo esperando en el auto, luego se dirigieron hacia una pequeña clínica y pidieron cita con un médico general, aduciendo molestias leves.

La pareja en pocos minutos ingresó a la sala del médico quien le preguntó qué había sucedido.

Levi dijo que tuvo un problema con un hombre que, al parecer era un ex-convicto y simplemnte estaba de mal humor.

—¿Necesita el reporte médico para poner una denuncia?

Levi hizo el amago de pensarlo.

—Depende de cuán grave sea mi situación.— indicó finalmente.

El galeno revisó a Levi, notando golpes fuertes en la espalda y hematomas alrededor de los brazos desde donde, al parecer, lo tomaron y lanzaron contra el piso. Levi le confirmó que así sucedió.

—Hay unas heridas leves a la altura del hombro izquierdo, quizá alguna piedra que lo haya lastimado. Se puede tratar con una crema que contiene un componente antibacterial, es de venta libre, úsela hasta que cierren completamente las heridas.— informó el médico mientras llenaba la hoja de descripción de la gentamicina. —Por ahora descartaré las radiografías porque no parece haber fracturas. Si duele y es bastante incómodo naproxeno, una sola dosis. Si es más fuerte le sugiero una visita para evaluar si se le prescribe un narcótico.

Una vez que entregó la receta, miró a Hanji, preguntando si ella recibió algún ataque.

Hanji lo pensó unos instantes, recordando el horrible episodio en el bosque.

—No.— respondió Hanji, sobándose el vientre. —Pero creo que de la tensión sentí náuseas y posterior a ello vomité.

Levi la miró con preocupación, deduciendo que, cuando se fue con Traute a lo más profundo del bosque sucedió aquello. Hanji le había comentado que, mientras menos él supiera sería lo mejor, puesto que si sucedía el peor de los escenarios, él no caería en el delito de perjurio.

Hanji pensó que el médico le enviaría algún suero oral o una pastilla, pero él pareció analizar otro escenario.

—¿Fecha de última menstruación?

Ella abrió la boca y la cerró de inmediato. Sacó su tablet, mirando las fechas, sus manos temblando y sus dedos dubitativos deslizándose a través del calendario.

Levi la sostuvo, aprisionando entre sus manos la de ella, lo que hizo que Hanji le devolviera la mirada. Los ojos de Hanji no pudieron evitar brillar por las lágrimas contenidas.

—¿Puede facilitarnos una orden para una prueba de embarazo?— preguntó Levi, sin dejar de mirar a Hanji. No quería expresar en voz alta las pistas que ella inconscientemente había dejado, pero ambos necesitaban hechos concretos.

Hanji soltó una mano de Levi para recibir de parte del médico la orden de examen de sangre. Se dirigieron a la sección de laboratorio y un enfermero revisó la orden para posterior guiar a Hanji a la sala de muestras. Ella notó cómo aquel profesional se colocaba los guantes, lo cual le recordó un detalle más que debían resolver y eso era imposible que se lo oculte a Levi.

—Si se siente nerviosa puede voltear la mirada a otro lado.— solicitó el enfermero. —Por favor, respire profundamente... Listo. Los resultados estarán en tres horas. Puede dejar en el área de admisión su correo electrónico para que llegue a su cuenta.

—¿Y qué es lo que busco? ¿Se puede leer fácilmente o tengo que regresar?— preguntó Hanji.

—Nuestros exámenes tienen una leyenda de lectura fácil para los pacientes en los cuales indica en la parte inferior positivo o negativo. Pero también se agregan los campos de valores referenciales y rango de tiempo aproximado. Mire el valor de la gonadotropina coriónica humana y la tabla de referencia.

Hanji asintió, saliendo de la sala de toma de muestras.

Levi la esperaba y volvió a tomarla de la mano. Regresaron a Admisiones, cancelaron todos los valores y Hanji actualizó la información de su correo electrónico personal.

En el auto, Hanji se arrimó al hombro de Levi mientras él conducía rumbo al departamento. Apenas ella notó hacia dónde se iban le dijo que tenían que hacer una parada adicional.

—Necesitaremos guantes...— murmuró ella. —Para usar la llave que nos dejó Jean.

Levi estuvo de acuerdo con ello, mientras antes terminen de atar todos los cabos, mejor aún así que pasaron a compraron los guantes y agregaron otros productos adicionales como artículos de aseo, cancelaron en efectivo y al salir del establecimiento Levi rompió el recibo, dejando los restos en un cesto de basura.

Nuevamente en el automóvil, Levi le pidió a Hanji que encendiera el celular que le habían adquirido a Jean y le indicara la dirección.

Hanji negó.

—¿Por qué?— preguntó extrañado Levi, suavizando su voz al verla llorosa. —¿Conocemos el lugar...?

Ella asintió sin poder resistir más así que se aferró a Levi mientras lloraba. Él lo permitió, dejando que Hanji liberara en aquel llanto sus tensiones y miedos. Le acarició la espalda para que sea consciente de su presencia.

—Él dijo que se llamaba Ralph...— dijo Hanji más calmada pero las lágrimas aún seguían derramándose. —Tenía dos dientes de oro visibles en una sonrisa que ahora entiendo cuán maliciosa era.

Levi tomó unos pañuelos desechables y limpió el rostro de Hanji, luego la besó, despacio, tomándose su tiempo para saborearla. La vio sonreír después de aquellos besos. No pudo evitar la tentación de pellizcar la barbilla de la fémina antes de retomar el camino hacia el departamento.

Para sí mismo Levi lo había presentido, su instinto le daba alertas sobre el lado aparentemente abandonado del vecino de Hanji. Cuando llegaron al piso y mientras se colocaban los guantes, Levi miró que había una cámara instalada y se lo hizo ver a Hanji. Ella asintió, quitándole importancia.

—Yo la ubiqué luego de que él... — a Hanji le daba repulsión siquiera mencionarlo, no pudo evitar la mueca de asco por ello. —dizque se equivocó y casi entra a mi departamento.— dijo Hanji con evidente sarcasmo, entendiendo que el infeliz había conseguido su objetivo. Era poco probable creer que no la tenía vigilada tanto dentro como fuera del departamento, puesto que no había otra manera que aquel bastardo supiera de las manchas de Hanji en su espalda. —Yo poseo la completa administración de la cámara y la grabación se respalda en una computadora que tengo en la oficina.

Levi asintió.

—Tendremos que desactivarla...— dijo Levi, dándole la vuelta a algo en su mente.—Al menos hasta que Uri nos visite.

Hanji analizó las palabras de Levi mientras sacaba la tarjeta que Jean les había facilitado. El sonido de apertura fue una terrible confirmación de lo que ya se sabían.

El lugar tenía un fuerte aroma a guardado y polvo acumulado. Comprensible cuando el desgraciado tenía meses en el infierno. Trataron de no mover los objetos, buscando cualquier rastro que incriminara a Kenny o Traute. Encontraron la computadora encendida y enfocando la habitación del departamento de Hanji. Levi reconoció fácilmente la cama que él había comprado meses atrás y las sábanas color violeta que había puesto justamente esa mañana.

Hanji sacudió la cabeza en señal de indignación, así que tomó el mouse y buscó en dónde se estaba grabando los videos, notando que era en el disco local, lo que de cierta manera la mantuvo tranquila.

—Hay otros discos externos aquí,— dijo ella, tomando con cuidado uno de los cuatro dispositivos, conectándolo a la computadora para verificar su contenido.

Eran grabaciones.

—¿Quieres verificarlo a solas?— preguntó Levi.

Hanji negó. No creía tener fuerzas para ver eso sola. Abrió el archivo y notó que era ella, caminando completamente desnuda andando por el cuarto, buscando la ropa mientras secaba su cabello con una toalla. La fecha del video era de casi dos años atrás. Abrió otro archivo al azar y era de ella durmiendo con poca ropa mientras un ventilador refrescaba el cuarto.

Desconectó el dispositivo y buscó el contenido de todos los demás dispositivos, los cuales eran de Hanji en poca o nula ropa, como si se hubiera empeñado en respaldar solo esos momentos. Habían saltos de grabaciones, por lo que es más probable que Sannes eliminó todo lo que no le servía. En ninguno de los dispositivos se encontraba Levi. Y Jean lo había visto sin dudar y por eso separó los videos de Hanji de los de Mikasa y Eren.

—Es por eso que Kirstein dijo que nadie más debía entrar.— observó Hanji.

—Y mencionó los videos...— dijo en voz tensa Levi. Deseaba sacarle los ojos a Jean y metérselos por el culo.

Hanji revisó la computadora, buscando las grabaciones locales, abriendo un video de hace alrededor de seis meses atrás viendo cómo Levi la lanzaba contra la cama y se iba hacia su parte baja, haciéndola sonrojar ante la imagen tan explícita.

Ella sabía que Levi no tenía reparos alguno en el sexo oral, pero nunca lo había visto desde otra perspectiva, notando que él realmente amaba darle placer de aquella manera.

Levi la abrazó por la espalda.

—Pervertida.— le susurró antes de morder suavemente el hombro a través de la tela. —Luego puedo repetirlo.

—¿Podemos quedarnos con esto?— dijo Hanji, con el corazón acelerado. —Ya sabes... hay que revisarlo a detalle.

Levi asintió.

Todo lo que ella le pida, él se lo dará.

Siguieron buscando más pruebas que afectaran, parecería que Jean había realizado una exhaustiva limpieza previa, refiriéndose a analizar el escenario, porque lo más vergonzoso para la pareja eran los discos duros y la computadora. Hanji notó que la misma se mantenía conectada, por lo cual, para llevársela la desenfuchó de la corriente. Saltó el mensaje de alerta de error en el almacenamiento de energía, lo cual no era anormal considerando que había estado por meses encendida, dañando la batería.

Bajó la pantalla y recogió todos los implementos electrónicos relacionados. Dejaron las cuentas bancarias y otros extractos de documentos regados en el escritorio donde estuvo la portátil para camuflar esta ausencia.

Levi ya sabía dónde haría que Uri investigara para alejar completamente las sospechas de Kenny y Traute.

Regresaron a su propia sección del departamento y dejaron la computadora en una sección que solian tomar como cuarto de estudio. Sin poder esperar un instante más, se dirigieron a la habitación y, por el ángulo de las grabaciones, la cámara estaba en el techo, camuflada con la conexión led.

Levi buscó por poco tiempo, encontrando entre las luces led el pequeño y peligroso dispositivo. Notó que estaba conectada a un largo cable y siguió el rumbo del mismo, percatándose que el infeliz se había dado tiempo a hacer una conexión eléctrica interna, conectándose a la red eléctrica del departamento de Hanji.

Iba a revisar el departamento a detalle, esperando no encontrar más desagradables sorpresas.

Dejó la cámara junto a la portátil y fue en busca de Hanji, notando que estaba tensa, comiendo aceleradamente los panecillos de chocolate. Ella parecía querer echarse a llorar en cualquier momento y Levi pensó que era a causa del estrés del día.

La tomó entre sus brazos y se la llevó al sofá, sentándose y dejándola entre sus piernas, acariciando la espalda en el proceso. Hanji suspiró y dejó descansar su cabeza en el espacio entre el cuello y la clavícula de Levi. Luego le enseñó su tablet en la cual se veía que había recibido un correo.

Era del laboratorio.

Hanji estaba nerviosa ante el resultado y no se había atrevido a abrir el mensaje, mientras que para Levi era increíble que ya hubieran transcurrido las tres horas que le habían informado. Ella se aferró a él mientras Levi abría el archivo anexo, notando información sobre los datos de su esposa, edad y el cuadro de referencia al cual no le prestó mayor atención hasta dirigirse a la parte final del reporte.

Positivo.

Por unos segundos aquello fue de total incredulidad y luego una risa nerviosa los atacó.

Ahora entendía mejor aún los antojos, que de pronto se portara un poco más deseosa de afecto (y Levi está dispuesto a cumplírselo en cada segundo que ella lo desee) y según lo que dijo, ya pasó su primer vómito. Acarició su rostro, lamentando no estar con ella para ayudarle a pasar por aquel proceso. Va a tener que averiguar cómo ayudarla a menguar aquellos malestares. Y la comida. deberá hacer que coma más nutritivo. Su vientre crecerá... tendrá que comprar más ropa, otros zapatos más comodos. Y le ayudará lavando sus pies cuando estén hinchados.

Levi vio a Hanji reir entre lágrimas lo que hizo que limpiara su empapado rostro con su propia mano.

—Estabas murmurando en voz alta.— dijo Hanji, sin poder evitar sentirse afectada a cuánto Levi deseaba cuidarla.

—No puedo evitarlo.— respondió Levi, colocando su frente contra la de ella. —...te amo tanto. Gracias por permanecer junto a mí, a pesar de todo.

Más calmados revisaron nuevamente la prueba de embarazo, según la tabla tendría alrededor de seis a ocho semanas. Tendrán que confirmarlo con un médico y empezar los chequeos, en silencio supieron de manera automática que el hermano de Eren estaba descartado de la lista.

—También estuve pensando...— dijo Levi, acariciando de manera distraída el vientre aun plano de Hanji. —... no deberíamos cambiar la hipoteca... Podríamos comprar el otro lado y así todo el piso nos pertenecerá.

Hanji asintió estando de acuerdo.

—Con el retorno de Traute estarán más apretados...— reflexionó ella. Levi recordó cuando tuvo que vivir apenas unos días con Mikasa y Kenny, realmente se habían quedado sin habitaciones.—... el departamento de Kenny es idóneo para dos, así que podríamos traer a Kuchel a nuestro piso y asignarla a esta sección.

—Me gusta la idea.— murmuró Levi, acariciando la frente de Hanji con sus propios labios.

Y como si hubieran regresado a la época de estudiantes universitarios, volvieron a retomar sus sueños y anhelos, hablando de un futuro que se presentaba tan real y posible de cumplir.
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Los siguientes días Mikasa se sentía inquieta.

Eren nuevamente estaba ocultándole algo.

Trató de no pensar mal, puesto que una vez se equivocó terriblemente. Pero Eren no ayudaba a calmar sus temores cuando le preguntaba si todo estaba bien en el trabajo. Él solo la besaba y le decía laborar en jornada extraordinaria para conseguir dinero extra y ahorrar para su futuro bebé.

Ella deseaba creerle a ciegas, sin embargo tenía una angustia en su pecho que no lograba sacar al verlo prácticamente llegar, darse una ducha, apenas comer algo y luego dormir profundamente.

Acariciaba el cabello de él, notando incluso el cansancio en el rostro dormido de su esposo. Quizá solo estaba dejando todo listo en la oficina para acompañarla en el parto.

Pero el instinto de una mujer es eficaz y rara vez se equivoca.

Eren efectivamente estaba ocultando algo que no podía decirle a Mikasa. Iba día tras día, a aquel bosque, pendiente que nadie lo siguiera, y continuaba deshaciéndose de los restos del bastardo que trastocó la infancia de su amada.

En uno de aquellos días, cuando desahogó parte de su frustración quebrando los restos para así finalmente terminar con aquel trabajo, estaba camino a su departamento, deseando darse una buena ducha para limpiarse adecuadamente antes de meterse en la cama entre los brazos de su esposa, cuando recibió un mensaje de Armin, pidiendo verlo.

Eren le pasó un mensaje a Armin diciendo que tenía tiempo en ese momento e iba ir para allá, luego envió otro a Mikasa avisándole que iba a pasar un par de horas con el rubio. Ella le dijo que se cuidara al regresar.

Armin, por su lado, aprovechaba que Mikasa le había comentado sus temores para platicar con Eren, de paso le comentaba los últimos hechos acontecidos en la parte legal contra Djel Sannes y como último iban a retomar lo de aquel día en la cafetería. El rubio detestaba que la vida real y las responsabilidades lo absorbieran demasiado para no poder pasar tiempo con su amigo como antes, pero así mismo tenía de recompensa la satisfacción del éxito que ha conseguido.

Eren llegó a los pocos minutos y Armin entendió que Mikasa tenía clara justificación de estarse preocupando. Lo notó con el cabello un poco largo y suelto, de expresion tensa, su piel pálida e incluso podría decirse que parecía estar enojado todo el tiempo.

Lo primero que le pidió Eren apenas llego fue usar el baño para lavarse y refrescarse un poco. Aún así Armin notó que, cuando Eren regresó del baño, no se quitó en su amigo ni la palidez ni la expresión de rabia contenida, solo se había amarrado el cabello en una rápida coleta.

—¿Es por lo de los videos?— se aventuró Armin a preguntar mientras le servía un vaso con whisky.

Eren tomó de a poco la bebida mientras negaba.

—Hasta casi olvidaba que debía sacarle los ojos a ese maldito caballo pervertido...

Armin se arrepintió de retomar ese tema, pero si no era eso, algo más fuerte estaba ocupando los pensamientos de Eren. Y su amigo, silencioso y sigiloso, le daba miedo. Lo prefería más riendo, preocupado por su esposa y estresado por su trabajo.

—Entonces... ¿Qué sucede?— preguntó el rubio y no dejó que hablara a verlo con intenciones de negar que algo le estuviera pasando. —Mikasa está preocupada. Y por cómo te veo parece que tiene razón.— Eren se mantuvo en silencio mientras le daba otro sorbo a su vaso. —Sabes que puedes confiar en mí. ¿Verdad? Somos hermanos, por siempre y para siempre.

Eren seguía dándole vueltas a su mente al asunto. Armin había decidido ser un justiciero que utiliza la ley para ello. Eren había decidido ser justamente ese tipo de personas a las cuales el rubio debería encerrar.

—¿Cuánto tiempo... No, más bien... cuál es la pena por asesinar a alguien?

Armin sacudió la cabeza.

—Tenemos la pena de muerte vigente.— respondió Armin y de inmediato intentó hacerlo razonar. —Ni se te ocurra matar a Jean porque luego dejarías solos a Mikasa y a tu bebé.

—Ya te dije que no es por eso.— Eren soltó un chasquido de fastidio. —¿Y por deshacerte de un... desvivido?— trató de suavizar sus palabras.

Ahora Armin sí se preocupó pero trató de usar toda su inteligencia para evitar que su amigo huyera. Necesitaba saber todo para poder ayudarlo, porque, sea lo que sea, Armin sabe que es incapaz de dejar a Eren desprotegido.

—Dependiendo de la gravedad, si eras consciente de lo que estabas haciendo... Pudiera ser que alguien colocó el cadáver y si involuntaria...— Armin lo vio negar, entendiendo que Eren se refería a un hecho realizado de manera consciente y en pleno conocimiento de sus actos.

—Djel Sannes está muerto Y terminé deshaciéndome de sus restos...— replicó Eren. Una vez dicha la verdad pudo continuar sin ningún problema, omitiendo la parte de quién lo había ejecutado solo porque había visto en esa persona el miedo a ser descubierta, mientras menos personas supieran quien fue, mejor. Igual, el bastardo se había hecho tantos enemigos que el rango de posibles victimarios crecía a medida que averiguabas más.

Armin lo dejó hablar, asimilando cada detalle de las frases que cuidadosamente Eren soltaba, y comprendiendo lo que había estado ocultándole a Mikasa. El rubio creyó que, para que Eren se involucrara, debía ser alguien que le afectara a ella si se descubriera.

—Entonces al final Kenny sí lo había conseguido.— dedujo Armin.

Eren, por primera vez fue testigo de un error en las deducciones de su amigo, aunque el rubio no estaba tan lejos de acertar. Y es más, Eren sí creía capaz a Kenny de asumir toda la responsabilidad si llegara a descubrirse aquel asunto, pero de algo Eren estaba seguro y es que no sería por Armin que el mundo descubriera la verdad de aquel crimen.

—Solo te voy a pedir algo...— dijo Eren, notando el vaso vacío entre sus manos. —Nunca se lo cuentes a Mikasa.

Este era un poco más el Eren que Armin conocía, haciendo todo para evitarle cualquier dolor, por mínimo que fuera.

—No se lo diré.— afirmó Armin golpeando el hombro de su amigo, —Tu secreto morirá conmigo, y si voy al infierno por eso, iré gustoso de nunca haberte traicionado.

—Te esperaré en el infierno.— replicó Eren.

Armin sintió una especie de dejavú pero, irónicamente, en vez de sentir terror por aquellas palabras de su amigo, sintió una profunda calma.

—No quisiera que nuestro encuentro sea hablando de Sannes... pero al parecer será inevitable.— observó Armin mientras iba a su portafolio y extraía algunos documentos. —Como sabrás... Kuchel fue forzada a un matrimonio. Todo debidamente planeado porque, al haber estado encerrado Kenny, mientras Levi y Mikasa eran menores de edad y los demás estaban muertos, Sannes accedió a la pequeña fortuna que tenían los Ackerman. Esto incluye la parte económica de los padres de Mikasa.

Eren recibió los documentos que Armin le mostraba. Se asombró de la fuerte cantidad.

—Con eso es más que suficiente para que Mikasa pueda conseguir el perro que tanto quería.— dijo sin poder evitar la sonrisa. —Ella siempre lo ha deseado, pero es muy considerada conmigo y esperaba mientras ahorrábamos y nos estabilizábamos económicamente.

Armin asintió, pensando que Mikasa en esos momentos podría cuidar hasta cien dálmatas si le apetecía.

—Una vez que presente los documentos, la transferencia se ejecutará en alrededor de dos semanas, mientras notifican al banco la sentencia y hacen los trámites internos.— Armin le mostró unos documentos. —Necesitaría tu firma aquí como su esposo para la declaración de ingresos lícitos.— Eren firmó sin dudarlo un instante. —Faltaría la firma de Mikasa y después podremos dar por cerrado el caso del maldito Sannes.

Armin dejó a un lado los documentos y abrazó con fuerza a su amigo, quien estuvo tenso unos instantes pero después relajó su cuerpo.

—Gracias.— dijo Eren deslizando los brazos alrededor de Armin. —Sé que no lo merezco, pero...

—Déjate de estupideces.— le reprochó el rubio. —También quiero a Mikasa y haré todo para mantenerla siempre a salvo.

Eren asintió, soltando aquella carga que llevaba dentro de sí por tantos días. Inconscientemente se preguntó cómo Traute pudo resistir tanto.

¡Ah, cierto!

Ackerman Kenny.

Recordó las palabras de Hanji, volviendo a sentirlas tan reales. Del cielo al infierno. Y aún así ellos estarán, vigilantes para proteger a su respectivo Ackerman.

—Necesito descansar un poco.— murmuró Eren mientras se levantaba y se recostaba en el sofá. Estaba tan cansado que apenas se recostó, quedó profundamente dormido.

Armin recogió los documentos y empezó a ordenarlos, estando sentado en el piso, al extremo del sofá, prácticamente sintiendo la respiración de Eren en el hombro. El rubio estaba pensando si alcanzará a visitar a Mikasa antes que dé a luz cuando la puerta se abrió, notando a Annie que justamente venía con Mikasa y su enorme barriga.

Los ojos de la embarazada se mostraron aliviados al ver a Eren durmiendo y trató de no hacer mucho ruido.

—¿Estuvo bebiendo?— preguntó de manera automática al verlo dormir con profundidad, luego ella misma negó con la cabeza mientras se respondía a sí misma recordando que Eren estaría bien. —Nunca tiene resaca... maldito afortunado.

—Solo una copa.— dijo Armin mientras se levantaba y acomodaba mejor la mesa de centro de la sala.

Annie ayudaba a Mikasa a sentarse en un mueble cercano.

Mikasa no supo si debía decir de sus temores, porque no sabía cuán profundo era el sueño de Eren y no quería despertarlo.

—Tengo jugo de fresas con naranja.— ofreció Annie llevando dos vasos.

Armin, por su lado, se servía otro vaso con whisky antes de sentarse casi frente a Mikasa.

—Gracias.— dijo Mikasa.

—Haré un poco de sopa de miso. ¿Te apetece?— preguntó la rubia, bebiendo de su vaso.

—Si no es molestia, te lo agradezco mucho.

Annie se fue hacia la cocina y Armin aprovechó la presencia de Mikasa para ponerla al tanto de los acontecimientos.

—Llamé a Eren porque necesitaba su firma para unos documentos.— explicó Armin mostrándole los papeles a Mikasa, explicándole brevemente de la recuperación de los bienes de sus padres. Mikasa no pudo evitar soltar un suspiro de dolor.

—¿Ese tipo no volverá a hacernos daño?— preguntó Mikasa, preocupada principalmente por ello mientras firmaba los documentos que Armin le pasaba.

—Al parecer se sintió descubierto y huyó del país.— soltó Armin como una excusa válida, inventándose la historia sobre la marcha. —Es por ello que no se ha podido recuperar toda la fortuna Ackerman y existe un faltante.

Mikasa soltó un chasquido de fastidio.

—Con tal de no volver a verlo, hubiera dado todo el dinero de mis padres.— soltó ella con resentimiento. —De hecho... ¿no podríamos contratar a algún investigador y...

—Si quieres mi humilde sugerencia.— le interrumpió Armin, para no alimentar esas ideas que al final sabe que no tendrán el resultado que ella desea. —Si el tipo ha desaparecido, es mejor dejarlo, donde sea que esté. Demostró ser un maestro del engaño y tener las suficientes influencias para encarcelar a inocentes. Seguir buscándolo es tentar la suerte que finalmente está de nuestro lado.

Mikasa pareció no estar totalmente de acuerdo hasta que abrió el documento en el cual estaba la sentencia de transferencia de todos los valores, repartidos entre Kenny, Kuchel y ella. Contrariamente a lo que Eren creyó, Mikasa no pensó primero en una mascota.

—Puedo comprar una casa...— dijo ella, sonriendo. —Eren así no tendrá que seguir esforzándose hasta el cansancio.

Si después de ello, él seguía siendo extraño y taciturno, iba a hablar de frente con su esposo.

Armin sonrió con tranquilidad. Sus mejores amigos estarán bien.

Y él también deseaba estarlo, así que iba a hablar con Annie, no pudiendo evitar verla moverse en la cocina, concentrada en aquella actividad.

Eren despertó alrededor de media hora después, su primera expresión fue de sonreír al ver a Mikasa con su abultado vientre de embarazada. Era como un sueño hermoso del cual no desearía despertar. Ya después pareció ser consciente de dónde se encontraba y se sentó, sintiendose realmente más relajado.

Armin y Annie estaban en la cocina, notándolos a través del ventanal, pero parecían conversar en voz baja. Eren se arrodilló junto a Mikasa y recostó la cabeza en el vientre de ella para sentir los movimientos de su bebé.

—Armin me contó lo de la herencia de mis padres.— dijo Mikasa, acariciando el cabello largo de Eren, quien asintió ante ello.

—Es tu dinero, puedes usarlo en lo que deseas.

Mikasa reflexionó unos momentos antes de decir sus pensamientos.

—Una casa con un gran patio para que nuestro bebé pueda jugar.— propuso ella. —También quiero que tengas un cuarto para que armes tu oficina y puedas revisar remotamente algo de tu trabajo sin que tengas que salir demasiado.— Eren volvió sus ojos hacia ella. ¿Quedarse más en casa con Mikasa? Solo por ello él aceptaba lo que sea que ella quisiera. —El resto podría ser un fondo de emergencias... no quiero que sigas exigiéndote en tu trabajo.

Eren besó el vientre de Mikasa, dejando que ella creyera que esa era la razón por la cual llegaba cansado, cuando había adaptado bastante bien sus horarios y no tenía ese tipo de problemas.

—Está bien, Mikasa.— aceptó Eren. —Todo será como desees.

Mikasa se mordió el labio.

—Entonces córtate el cabello.— recriminó suavemente. —Pareces un vagabundo. O al menos dale estilo.

Él soltó una suave risa, mientras asentía nuevamente.

—Todo lo que quieras.— reafirmó mientras se levantaba para darle un corto beso en los labios. Posterior a ello, Mikasa sintió una extraña sensación en la parte baja y le pidió ayuda a Eren para levantarse.

Ni bien estuvo de pie, ella sintió un líquido recorrer por sus piernas.

—No... no...no— se asustó ella, tocándose el vientre. —No puede ser, no tengo contracciones.

—Te llevaré al hospital ahora mismo.— replicó Eren.

Armin y Annie llegaron apresuradamente al notar la preocupación en la pareja.

—Armin, llévalos al hospital.— propuso Annie al notar que Eren se había puesto nervioso y no sabía si tenía que cargar a Mikasa o dejar que ella caminara sola. —Yo me encargo de esto.

—Perdón...— musitó Mikasa con pesar.

Annie le quitó importancia.

—Ve por tu bebé.— replicó la rubia. —Ánimos.

Annie los vio salir y luego observó el vacío departamento. Todo era tranquilidad en un segundo y de un momento a otro se llenó de alboroto por un nervioso padre primerizo, una madre angustiada y su tío calmado. ¿Armin sería así si estuviera en el caso de Eren? Annie se tocó el vientre.

Iba a descubrirlo pronto.

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Zeke atendía a su última paciente del día quien decía que quería una citología vaginal mientras deslizaba las manos por el escote de su blusa, como si deseara abrirlo.

En otras circunstancias él hubiera dicho gustosamente que sí mientras usaba la camilla del consultorio y no precisamente para tomar la muestra pero sí explorar a detalle la zona. O más aún, se hubiera ido de inmediato con aquella paciente a un hotel para satisfacer el deseo sexual.

Que la mujer le tocara el brazo, por encima de su bata de médico, terminó de reafirmar su decisión, la cual es contraria a tiempos anteriores, puesto que sintió en su piel aquel dolor que él sentía delicioso y que Yelena le había provocado en la mañana cuando lo había amordazado.

No quería perderla. Y se refería a Yelena. No podía perderla cuando había encontrado a la perfecta mujer que es capaz de verse sumisa fuera de la habitación, haciendo creer a todos que él domina todo, mientras que puertas adentro ella lo maneja a su antojo y placer.

—Le generaré la orden para que el ginecólogo de turno realice la prueba.— replicó con un serio tono Zeke, apartando su brazo del alcance de aquella paciente quien se extrañó ante aquella actitud.

Quizá eran falsos los rumores y el doctor Kusavā no tenía aventuras con sus pacientes.

A los pocos minutos, el destino pareció premiar aquella muestra de fidelidad de Zeke hacia Yelena, pues la puerta del consultorio fue abruptamente abierta. Zeke hubiera reprochado el que interrumpieran su consulta porque, ante todo, él sí hacía respetar a sus pacientes, pero solo había una persona en todo el mundo a quien Zeke le permitiría lo que fuera.

—Mikasa rompió fuente... pero no tiene contracciones.— Eren, con voz aterrada suplicó sin decir precisamente las palabras.

—Rotura de membranas...— respondió Zeke, en un momento se dirigió brevemente a la paciente y le dijo que la consulta había terminado y en otro instante se volvió a Eren y le indicó su criterio profesional. —Hay que inducirla al parto. Igual es su primer bebé así que no será rápido.

Zeke sacó su celular y llamó al área de materno infantil, ordenando que se aseguraran que esté preparado el quirófano ocho para uso de una paciente, pidiendo además que en las siguientes veinticuatro horas esté disponible el mejor anestesiólogo, su ayudante de confianza e instrumentistas. Preguntó a Eren si Mikasa sufría de alguna enfermedad y él negó conocer alguna.

—Ella es todo lo que amo...— volvió a decir Eren, aunque fuera un hecho que Zeke conocía en demasía. —Por favor...

—Lo sé. No te preocupes.— replicó Zeke, queriendo menguar aquella angustia en su hermano menor. —Todo saldrá bien.— Anhelaba que sus palabras no se volvieran en su contra, porque en quirófano nada es ciento por ciento seguro. —Si quieres, puedes estar todo el tiempo con ella. La dejaré ingresada en una habitación privada y podemos ir por una inducción natural o con un medicamento para que las contracciones vengan, ya en último caso haríamos la cesárea.

—Quiero estar con ella todo el tiempo.— Eren decidió.

De ahí Mikasa fue llevada a una habitación amplia con televisor y baño propio, ventanales grandes que permitían hermosas vistas de la ciudad. La cama hospitalaria moderna y el lugar contaba también con un sofá cama lo suficientemente amplio para que el familiar durmiera sin problemas, una vez instalados Armin se ofreció a ir al departamento de los Yēgā a buscar ropa para Eren y Mikasa e ir por el bolso preparado para su bebé y fue por ello de inmediato.

Zeke mientras tanto les recomendó relajación y tranquilidad, diciendo que en menos de un día tendrán a su bebé sano y salvo. Los Yēgā iban a seguir la propuesta de Zeke y tratar inducir el parto de manera natural, si aquello no funcionaba en las primeras cuatro horas entonces usarían los medicamentos, como último recurso sería la cesárea. Sea cual sea la situación, el doctor Kusavā les aseguró la disposición al ciento por ciento de todo lo correspondiente a la parte médica.

Ya instalados, Eren llamó a Kenny y luego a Levi. Entendía que ambos Ackerman no desearan pisar el hospital, pero por la preocupación por Mikasa, Eren no había sabido a dónde más llevarla. Ninguno de los Ackerman le reprochó la decisión que Eren tomó porque, independiente del resentimiento que sientan por Kusavā Tom, la vida de Mikasa es más importante.

Mientras hablaba con Levi, en determinado momento Hanji había tomado la llamada para decirle a Eren que podrían hacer una reunión el siguiente sábado en el departamento de Kuchel y ahí llevar a su bebé para festejar su nacimiento.

Aquella idea relajó bastante a la pareja y los llenó de ilusión poder compartir su pronta felicidad.

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Al cerrar la llamada Levi miró a Hanji, diciéndole una obviedad.

—No tenemos la compra del departamento hecha... Es más, apenas Uri vendrá hoy a hacer la revisión.

—Detalles irrelevantes.— Hanji le quitó importancia sacudiendo una mano. —Después de la revisión de Uri, tendremos que comprar todo para un pequeño festejo en este departamento que desde ya es de Kuchel. La compra de la otra sección será solo cuestión de tiempo.

Habían logrado hacer que Uri fuera porque Hanji refirió desear comprar esa sección cuanto antes y por ello el dueño del edificio le facilitó los documentos de alquiler del anterior inquilino debido a que el contrato seguía vigente, entre los documentos estaba la copia de la obvia falsa licencia de conducir que Sannes había utilizado para identificarse como Ralph, el policía con una misión de encubierto.

Con esa contundente prueba, Uri se comprometió ir a investigar y habían quedado que lo haría en ese día, haciéndoles prometer a Levi y Hanji que no se acercaran a ese departamento. No fue difícil para la pareja hacer y cumplir esa promesa.

Uri llegó al poco tiempo, golpeando la puerta principal del departamento. No existió mucho diálogo previo y la pareja le mostró los documentos además de señalarle la sección que habían deseado comprar y de la cual se enteraron que Sannes había ocupado bajo una falsa identidad.

Levi fue a preparar té y galletas, quedándose a calmar los nervios de Hanji, quien estaba más preocupada porque Uri no descubriera más de lo que ellos querían.

Afortunadamente Uri solo encontró pruebas incriminatorias contra Sannes, como el acta de matrimonio con Kuchel, cuentas bancarias, otras identificaciones falsas y un sitio bastante ordenado pero al mismo tiempo con la suciedad de quien no ha vivido ahí en meses.

La opción más factible es que Sannes aparentemente huyó de manera abrupta. Uri regresó donde la pareja para dejar en clara sus deducciones y se ofreció a investigar más a fondo.

—No...—pidió Hanji con cierta ansiedad y miró a Levi quien la tomó de las manos y trató de calmar sus temores. Ella volvió a suspirar profundamente y trató de suavizar aquello con un poco de verdad. —Mi suegra... se está recuperando satisfactoriamente... pero queremos protegerla a toda costa... y no queremos que vuelva a revivir aquel infierno. Mientras Sannes no aparezca, ni siquiera para atormentarla en dolorosos recuerdos, nos damos por satisfechos.

Los hombros de Uri decayeron. Había recordado cuánto odió a Kenny de manera injusta, se portó como un indigno amigo y perdió aquella valiosa amistad al abandonarlo a su suerte. Kenny jamás lo perdonaría.

Y Kuchel... Demonios. Deseaba tanto que ella tuviera justicia.

—¿Puedo... verla?— volvió a suplicar Uri.

Hanji se mojó los resecos labios con su propia lengua.

—Bueno... como te habíamos dicho, Levi y yo queríamos comprar ese departamento, mientras que este queremos dárselo a Kuchel...— comentó ella, aprisionando las manos de Levi. —El sábado es altamente probable que celebremos una fiesta de bienvenida por Mikasa y su bebé que ya habrá nacido, esperemos que todo esté bien. Y bueno... obviamente queríamos traer a Kuchel acá y darle también la noticia que este sería su nuevo departamento.

—Puedo gestionar con una empresa seria y de confianza que ejecute el cambio en la seguridad del ascensor.— sugirió Uri, deseoso de participar, así sea en algo para la seguridad de Ackerman Kuchel. —Para acceder a este piso en guardianía deberán identificarse previamente y ellos le asignarían un código el cual deberán escanear en el ascensor, caso contrario así presionen el número del piso, jamás accederán a esta zona.

—¿También para la escalera de emergencia?— pregunto Hanji, interesada en la idea y recordando que es el mismo sistema que habían notado en el Hospital Kusavā.

Uri asintió, sugiriendo que para ese caso sea con huellas dactilares para entrar a los edificios, pero para salir del mismo ante una emergencia real, debe tener todo para romper la seguridad del sistema.

—Puedo capacitarlos al respecto.— terminó Uri su sugerencia.

Hanji sintió que Uri deseaba de verdad redimirse por sus errores, así que aceptó, agradeciendo el ofrecimiento.

De ahí se comunicaron con el dueño del edificio quien le preguntó a Uri si no tendría problemas legales si vendía aquel departamento a los Ackerman. Uri le aseguró que no existiría ningún problema porque el encubierto fue asignado a otra misión. Levi notó que Uri también era capaz de mentir, pero no confiaba que fuera el mismo caso si fuera para defender a Traute, ya en una ocasión la dejó a su suerte cuando la creyó culpable.

A pesar de lo dicho, el dueño del edificio les pidió a los Ackerman un contrato de promesa de compra, para cuando termine el de arrendamiento, ellos lo puedan adquirir. Levi aceptó porque solo faltaba tres meses para que terminara el anterior contrato, y porque con ese documento podría mandar a sacar todas las cosas de Sannes (se negaba a quedarse con un vaso siquiera), donarlas a algún sitio benéfico y desinfectar el lugar hasta el último rincón antes de comprarse sus nuevos muebles.

Uri se marchó del departamento con una invitación para el siguiente sábado.

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Desde que Mikasa rompió fuentes hasta que entró a quirófano pasaron prácticamente veinte horas hasta que la bebé, una niña de cincuenta centímetros y tres mil trescientos gramos, hizo su aparición en el mundo.

La primera foto oficial de la bebé en los brazos de Mikasa la recibió Armin quien se había quedado en la habitación de hospitalización mientras Eren había acompañado en todo momento a su esposa. Armin reenvió aquella foto solo para Annie.

En el postoperatorio, Mikasa tenía una expresión cansada y Eren le susurró de miles manera su agradecimiento mientras acariciaba la cabeza de ella, llevándola a un tranquilo sueño.

Zeke se acercó, felicitando en voz baja a Eren, quien se volvió hacia él y lo abrazó, también en señal de agradecimiento. El mayor pensó que si Eren iba a permitir ese tipo de acercamiento, podía tener todos los hijos que deseara y él con gusto los ayudará a llegar bien a este mundo.

Les recomendó al mejor pediatra de su hospital para revisar a su sobrina y le aseguró que no se preocuparan por ningún gasto. Para sí mismo Zeke decía que era lo mínimo que podía hacer aunque ninguno de sus actos lograría borrar el daño que hizo su padre adoptivo.

Horas después Mikasa fue trasladada a la habitación y al poco tiempo le llevaron en una cuna a su hija. Si no había más novedades, al día siguiente serían dadas de alta.

Eren no cabía en sí de alegría mientras veía a su hija y a su esposa.

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Armin acompañó a los Yēgā hasta media mañana, llevándose consigo muchas fotos de la bebé y contagiado de esa energía que dos enamorados pueden irradiar al sentir el fruto de ese amor estar en ese mundo.

Inconscientemente pensó en su propio futuro y en cómo no había hablado de tener hijos con Annie, pero no era difícil para él imaginarla en ese papel, por lo que, antes de regresar a su oficina pasó por una joyería en la cual eligió el anillo con el que le pediría a Annie que se casaran. Para hacer más firme su propuesta, pidió que le grabaran una frase en el interior del anillo y le aseguraron que lo tendrían listo al mediodía. Armin quedó en retirarlo luego de su jornada laboral.

Mientras en el departamento Annie había arreglado el mismo con flores e hizo la comida favorita del rubio. Estaba pensando en colocarse un vestido, lo que seguramente delataría que la ocasión es especial. Volvió a tocarse el vientre, sabiendo que Armin no le dirá que no lo tengan ni huirá de su responsabilidad, pero tampoco quería presionarlo si para él estaba bien como estaban, pues tan solo apenas unos meses atrás que empezaron a tener relaciones sexuales y quizá hubiera deseado esperar al menos dos años como Eren y Mikasa.

Tembló ante esa última idea.

Se bañó y se colocó un vestido azul, calculando la hora en que Armin regresaría. Apenas había terminado de arreglarse y colocar los platos cuando escuchó la puerta abrirse. Armin soltó un "wow" de sorpresa y sonrió complacido de lo que ella había hecho.

—Permíteme agregar algo.— pidió él mientras buscaba en uno de los cajones unos candelabros y velas, encendiendo las mismas y preparando dos copas. Annie se mordió el dedo índice, pensando cómo decirle a Armin que ahora ella no podía tomar bebidas alcohólicas. Armin dejó encendidas las velas y le pidió unos minutos para darse una rápida ducha y cambiarse.

En la mente de la rubia planeaba cómo decirle a Armin de la prueba de embarazo positiva, no solo había hecho la casera, también tenía la de sangre. Si lo siente muy presionado le dirá que irá una temporada con su padre y quizá críe a su bebé allá. Si ve que él está verdaderamente feliz podrán elegir hasta el color del papel tapiz de la habitación.

Creyó que lo más idóneo era la prueba de embarazo impresa, porque era la más certera, sin dejar margen alguno de duda, así que tomó el sobre y pensó en dárselo al rubio, solo que no sabía si antes o después de la comida.

No sintió la presencia de Armin hasta que la rodeó con sus brazos, besando el cuello mientras las manos se deslizaban por su cuerpo.

—Puedo acostumbrarme fácilmente a esto, Annie.— susurró Armin, tocando con delicadeza los pechos de ella por encima de la ropa. —Tenerte en mi vida es de los mejores regalos que he recibido.

La sintió temblar entre sus brazos mientras el sonrojo inundaba sus mejillas y se deslizaba por su cuello. Desde su posición Armin notó que se extendía hasta el inicio de los pechos en lo que el escote del vestido permitía ver. Pensó en las posibilidades que tenía ante sí, como levantarle el vestido y darle placer, pero no quería que la respuesta a su pregunta sea posterior a la emoción de un orgasmo. No debió tocarla en esos momentos, aunque él solo era un simple mortal y Annie se veía tan tentadora que fue imposible no desearla en ese instante.

La besó mientras la llevaba al sofá, reuniendo toda la fortaleza que tenía para no ir más allá. La dejó sentada mientras él se colocaba de rodillas ante ella. La vio con los ojos brillantes y labios hinchados, su piel seguía sonrojada. Armin buscó en el bolsillo de su pantalón la caja del anillo.

—¿Esto... es...pe... yo...— Annie balbuceó incoherencia ante los nervios, haciendo sonreír a Armin.

—Quisiera que me concedas el honor de ser tu esposo.— dijo Armin, mostrando el anillo de compromiso.

Annie sintió que el pecho le dolía de ansiedad y miedo. No podía aceptar la propuesta, no antes que Armin supiera del embarazo.

—Déjame decirte algo... por favor.— pidió ella con voz temblorosa, mientras le mostraba el sobre, que estaba arrugado a causa de la pasión de hace unos instantes, y lo abría con dedos temblorosos. —Yo no me sentía bien.. y me hice unos análisis... salió positivo.

¿Positivo qué? Pensó Armin con miedo ¿Annie está enferma? ¿Está a tiempo de salvarla?

Tomó el papel y lo leyó rápidamente. Su angustia inicial, siendo reemplazado por un profundo alivio. Levantó el vestido y posó un beso en el vientre plano de la rubia.

—No quiero que te sientas presionada por él o ella.— dijo Armin. —Mi pregunta sigue esperando tu respuesta, pero desde ya te quiero decir, así sea negativa, no me culpes si sigo intentándolo por los siguientes mil años.

Annie sonrió y tomó el anillo, notando que dentro del mismo tenía inscrito un mensaje para ella. Si hubiese tenido alguna pizca de duda que Armin solo estaba "cumpliendo con su deber de padre responsable" con aquel detalle dentro del anillo le demostró que ella era su prioridad en la relación.

—Sí quiero, Armin.— respondió, colocándose el anillo el cual le calzó a la perfección. Y ya que tenía alzado el vestido hasta la cintura, terminó quitándoselo quedando en ropa interior frente a él. —Ahora quiero sexo de celebración.

Armin la recostó en el sofá y con cuidado se colocó sobre ella.

—Todos los días serán para celebrar que estamos juntos.— le respondió, complaciéndola placenteramente.

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El sábado en el nuevo departamento de Kuchel todo era alegría y paz, a pesar del llanto intenso de la pequeña Yēgā que reclamaba atención por hambre o por cambio de pañal.

Hanji les había facilitado una habitación para que se sientan más a gusto atendiendo a la bebé que llevaba varios rasgos físicos del padre pero parecía cargarse el genio Ackerman, en especial cuando parecía sentir la presencia de Kenny, llorando con mayor intensidad.

Kuchel acompañó a la pareja a la habitación porque la bebé se calmaba en los brazos de la mayor Ackerman. Iban a tratar que durmiera un rato.

Levi se burló por eso y Kenny también le devolvió las burlas diciendo que, ni una semana de vida, y la criatura ya le lleva casi la mitad de estatura que su sobrino.

Los últimos que habían llegado eran Armin y su novia. Ellos no querían comentar aún de su compromiso porque aquel día era de la bebé de Eren y Mikasa a la cual habían llamado Gabi.

Del mismo criterio y de manera inconsciente fueron Hanji y Levi, guardándose para sí mismos por unas semanas más la noticia del embarazo de ella. Todo era para la pequeña Gabi y Kuchel, que estaba feliz por su pequeña sobrina nieta.

Repentinamente el ambiente fue tenso al momento en que habían llamado al intercomunicador y Kenny había respondido.

—Reiss Uri solicita permiso para ingresar al departamento.— había dicho el guardia de seguridad.

Kenny soltó un seco NO, haciendo que Hanji se enojara.

—Dimos nuestra palabra.— Hanji miró a su esposo quien asintió en respaldo.

Kenny se pasó la mano por el rostro. No entendía cómo su sobrino era inteligente para unas cosas pero muy denso para otras.

—Denos cinco minutos, devolveremos la llamada.— replicó Levi ante la constante negativa de Kenny, cerrando el intercomunicador.

—Esta no es tu casa.— refutó Traute a favor de Uri, a pesar que él la hubiera lastimado. —Aquí no puedes decidir quién entra o no.

—¿Y por qué no le preguntamos a Kuchel-san?— Armin propuso, intentando ser más neutral en el asunto. —Después de todo... este es su departamento.

Kenny lo miró con ganas de asesinarlo en ese mismo instante.

Mikasa y Eren habían salido de la habitación, cerrando la puerta de la misma y pidiendo que hablaran en voz más baja.

—No puedo.— refutó Kenny con voz tensa.

—No tiene razón quien grita más.— replicó Armin, al parecer sin miedo a Kenny.

—Y solo se odia lo que más se ha querido.— agregó Traute, cruzándose de brazos.

Kenny estaba seriamente pensando en que empezaría a odiar a los rubios.

Levi se cogió el puente de la nariz, signo que estaba haciendo uso de una paciencia inexistente.

—Dame solo una razón, una válida para que Uri no pueda entrar aquí.— le dijo a Kenny. —Y no vale el rollo del bastardo ese. Recuerda que yo también me lo creí y no terminaste odiándome. ¿O sí?

Y ahí está, Levi siendo inteligente al acorralarlo. Pero Kenny no se sintió perdido en eso. Es más, sabía que Levi iba a apoyarlo sin duda alguna.

—Está enamorado de Kuchel desde la secundaria.— soltó con rabia Kenny.

—¿Qué demonios?— Levi dijo abruptamente, rebuscando en sus recuerdos. Nunca vio a Uri siendo osado con su madre, más aún, siempre la saludó con respeto. —Pero él jamás...

—Sí, fue un miedoso de mierda. Y Kuchel sufrió mucho por ello.— replicó Kenny enojado. —No me malinterpretes, enano. Sé que con tu padre, Kuchel fue muy feliz y sí creo que se quisieron mucho. Así que no le veo razón para que Uri venga a estas alturas...

Hanji miró de manera involuntaria a Traute y juntas volvieron sus ojos a Eren, quien pareció pensar lo mismo.

Eren se llevó a Mikasa a un rincón mientras Hanji tomaba del brazo a Levi, llevándolo a la cocina. Traute tomó a Kenny y lo llevó a un estudio.

—Qué divertida reunión.— dijo Annie con cierto tono sarcástico.

En la cocina, Levi se había puesto repentinamente de acuerdo con Kenny.

—No puedes retractarte ahora.— reprochó Hanji al ver la postura de él.

—Él no puede retractarse ahora.— replicó Levi. —Se mantuvo callado todo este tiempo...

—...justamente por eso.— refutó Hanji. Ella pasó tres años lejos de Levi y lo sintió como el mismo infierno cada día. —Sé como duele.

Kenny no entendía por qué Traute se ponía de parte de Uri.

—También te lastimó.— recriminó Kenny.

—No por eso voy a actuar de la misma manera.— dijo ella con más calma, entendiendo mejor el sufrimiento de su ex-jefe. Más de veinte años... y ella que pasó meses lejos de Kenny, se sentía morir cada día. —No le desearía ese dolor ni a mi peor enemigo.

Eren tomó de las manos a Mikasa.

—¿Tienes problemas con que Uri visite a tía Kuchel?— indagó con suavidad. Los tres días que permaneció alejado de Mikasa le parecieron una maldita eternidad, no podía evitar sentirse solidario con uno más que cayó en aquel duro camino de enamorarse de un Ackerman.

Ella se encogió de hombros.

—No recuerdo cómo fue él con la familia.— dijo ella, sin faltar a la verdad. —Pero pienso que Armin tiene razón, deberíamos preguntarle a tía Kuchel qué es lo que ella quiere.

Eren asintió, siendo lo más razonable en aquella situación.

Kuchel había salido, con la bebé durmiendo en brazos, debido a que primero se escuchó un caos y luego un abrupto silencio, así que salió a ver lo que sucedía, Armin la puso al tanto de la nueva visita y ella, pensando unos instantes, se dirigió al intercomunicador dejando que Uri subiera a visitarla.

Así que de nada sirvieron las protestas de los dos hombres Ackerman porque la involucrada había decidido por sí misma.

Al llegar Uri a la puerta, a regañadientes Levi fue a abrir la misma, notando a más detalle a aquel hombre de singular ojos color violeta. Al ver la ansiedad en Uri, entendió más la postura de Hanji, pero eso no significa que le agrade la idea de Uri volviendo a hacer sufrir a su madre.

—Bienvenido.— le dijo Hanji, abrazando por la espalda a Levi, al notar que él no se movía para darle paso. Tuvo que hacer que Levi retrocediera algunos pasos quien no forcejeó contra ella, menos aún siendo consciente del estado de gravidez.—Gracias por darnos un poco de tu tiempo.

Uri observó por unos segundos en silencio, notando cómo Levi no parecía incómodo con la altura de su esposa, y ella demostraba su afecto por Levi, sin darle importancia que él era más bajo. Se dio cuenta que los miraba demasiado y reaccionó con una reverencia ligera hacia la pareja.

—Más bien agradezco por la invitación.— respondió de manera cordial.

Levi no encontró nada anormal en aquellas palabras. Totalmente correcto, sin ninguna doble intención, así era el amigo de Kenny que Levi recordaba de toda la vida.

Una vez dentro del departamento, notó que Traute evitó que Kenny hiciera algo indebido. Entre dientes, y en un claro tono sarcástico que Uri detectó fácilmente, Kenny dijo estar agradecido por su presencia.

Los ojos violeta de Reiss lo ignoraron mientras murmuraba unas palabras de agradecimiento. Uri notó a otra pareja de rubios quienes sonrieron por su presencia y él respondió con una leve reverencia, luego hacia Mikasa con su esposo, un bebé y ella.

Ackerman Kuchel.

Más delgada, aún pálida, con una sonrisa suave que no llegaba a opacar la mirada triste de los ojos azul gris.

—Qué bueno que pudiste venir.— dijo ella, con cordialidad. Uri se acercó, notando que Kuchel parecía tensarse en cada paso que acortaba la distancia. Ella miró a su alrededor, notando que la mayoría los estaba observando, así que bajó la voz, lo suficiente para que solo Uri la escuchara. —Lo siento mucho... yo estoy sucia.

En otras circunstancias, el Uri que respetaba las decisiones de una mujer casada y se limitaba a admirarla a la distancia, hubiera dicho algo cordial como "nada ni nadie podrá mancillarte" mientras le hacía una reverencia de respeto y hubiera seguido su vida, conformándose con verla feliz.

Pero el Uri que la creyó muerta, mientras ella sufría un infierno de abusos, no pudo hacer más que estrecharla entre sus brazos y dejar que sintiera su adoración.

—Siempre has sido más grande que yo...— Uri le respondió en el mismo tono, por primera vez dejando sus propios complejos y temores en el olvido.

Kuchel parpadeó continuamente para evitar las lágrimas, soltando una risa mientras correspondía al abrazo de aquel que fue su primer amor. Toda la situación dándose ante las miradas incrédulas de su hermano y de su hijo. Mentalmente Kuchel agradeció la presencia de Traute y Hanji, respectivamente, así no tendrá a dos perros guardianes respirando sobre la nuca del pobre Uri.

—Sigamos siendo felices.— Hanji le pidió a Levi, llevándolo rumbo a la cocina para que le ayude a servir los bocaditos.

Levi lo pensó por una milésima de segundo, luego evitó la mirada de Kenny para no ver su expresión cuando se dé cuenta que su esposa lo convenció nuevamente de no meterse en la posible felicidad de su madre.

Y así la vida siguió transcurriendo, en una paz familiar mientras los integrantes y amigos de la familia Ackerman iban creciendo.

Después del nacimiento de Gabi los integrantes en orden cronológico fueron el primer nieto de Kuchel, hijo de Levi y Hanji a quien llamaron Udo y llegó al mundo sin mayores complicaciones, luego se integró oficialmente el nuevo abuelo Uri, dispuesto a darle afecto a su único amor, por el resto de los días.

Después de unos meses nació Falco, el hijo de Armin y Annie, quien estuvo destinado a ir detrás de Gabi para para vigilar que ella no fuera tan impulsiva y se metiera innecesariamente en problemas.

Y la útima en integrarse, Zofia, la menor de todos siendo la hija de Mike y Nanaba.

Toda aquella nueva generación de infantes invadían constantemente la terraza de Levi y Hanji mientras jugaban bajo la supervisión del tío Kenny (que se negaba a que lo llamaran abuelo) y del abuelo Uri, a quien podían llamarlo como desearan, quienes con el tiempo empezaron a dejar los rencores en el pasado.

¿Y la maldad? No se ha extinguido, sigue rondando en el mundo para volverlo cruel y devastador. Pero afortunadamente hay más personas dispuestas a hacer el bien y demostrar que este mundo también puede ser hermoso y maravilloso.

Fin del proyecto.


Gracias por acompañarme en este fict, me complace nuevamente colocar TERMINADO a otro proyecto 💚💜LeviHan 💚💜

Gracias al grupo -ˋˏ ༻💚 𝕀𝔽𝕂𝕂 💜༺ ˎˊ- son espectaculares.

Nos veremos en otra historia LeviHan