La noche era fresca, el viento soplaba colándose por los amplios pasillos del templo hasta acariciar el cabello de la morena quien veía la luz de las velas danzar y adelgazarse sin llegarse a extinguir. De nuevo se encontraba frente a la imagen de Yangchen con preguntas, que sabía, no obtendrían respuesta.

Siempre que escuchaba la historia de la isla pensaba en lo importante que era el Avatar y lo determinantes que eran sus acciones, tanto así que había llegado a admirar la imagen del maestro de los cuatro elementos casi tanto como el resto de los pobladores. Después de todo, nadie más que el Avatar habría sido capaz de salvar a la gente de la isla del destino tan cruel que le esperaba al resto de la humanidad.

En la isla desconocían lo que ocurría en el resto del mundo, pero mantenían las esperanzas en alto pensando que el Avatar seguía allá afuera luchando por traer paz a los demás, por eso lo veneraban y hacían fiestas anualmente en su honor.

Eclipse resopló, ahora que la identidad del Avatar le correspondía a ella le resultaba imposible admirarlo como antes. El Avatar no andaba por el mundo peleando por un futuro mejor, estaba ahí mismo en la isla luchando por recordar quien era, sentada frente a la imagen de una de sus vidas pasadas preguntándose lo idiota que debía verse en esos momentos.

Siempre había pensado que el vacío de su pasado era grande, pero jamás llegó a considerar que el destino de la humanidad también se escontrara ahí. Molesta veía directo a los ojos de la respetada Avatar de los nómadas aire; lucía tan serena y llena de control, ella si era digna de admirarse. Pensaba permaneciendo totalmente inmóvil.

Luego estaba Piandao y sus estúpidas cartas. Ni siquiera sabía que pensar sobre lo que había leído. Loto Rojo, Loto Blanco, nada de eso significaba algo para ella. Solo un montón de personas dispuestas a hacerse daño mutuamente con tal de defender sus creencias. Aunque unos peleaban a su favor... porque ella era el Avatar.

- ¡Ugh! - Gruñó. Detestaba no poder recordar nada.

- ¿Puedo pasar? - La voz de Asami cortó la espiral de pensamientos conflictivos que habían comenzado a agobiarla. Era tarde y los monjes dormían en los cuartos que tenían designados para descansar, aunque eso no le impedía el acceso a a cualquiera que quisiera entrar al templo; las puertas principales cumplían la función de proteger el interior de la lluvia o las ventiscas, pero no tenían ningún tipo de seguro o mecanismo para trabarse por dentro.

- Pensé que te habías dormido hace horas. - Eclipse murmuró desganada.

- Lo intenté, pero no pude conciliar el sueño. - Respondió con voz serena. - Lucías bastante inquieta después de nuestro paseo con Pathik y pensé que tal vez necesitabas compañía. - Declaró manteniendo su posición bajo del ancho marco de la puerta.

- Ah, eso no fue nada. Ya había escuchado esa historia muchas veces antes. - Dijo en un intento por enmascarar su descontento, aunque sabía que con Asami nada de eso parecía funcionar. La mujer daba la impresión de poder ver a través de sus palabras con facilidad.

- Pero nunca desde el punto de vista del Avatar mismo. - La voz de la ojiverde volvía a sacar a flote las verdades que con tanto esfuerzo intentaba mantener ocultas.

Las velas continuaban ardiendo lentamente acompañadas por el persistente canto de los grillos; las dos volvieron a caer en un silencio que a la morena le parecía aplastante, pero que no mostraba tener el mismo efecto sobre Asami, quien manteía un rostro sereno al observar la luna a través de una de las elevadas, pero reducidas, ventanas en la sala.

- Me parece increíble saber que aquí conserven la historia de una de tus vidas pasadas y que su lucha se haya extendido varias generaciones hasta alcanzarte. - Comentó dejando ver lo que le pasaba por la mente. Eclipse negó con la cabeza y bufó.

- ¡Es demasiado, no voy a llegar a ninguna parte! ya pasó un año desde la explosión ¿cierto? ¿qué te hace pensar que esta vez sí lograré recuperar la memoria? - Se quejó desesperada con los ojos llenos de lágrimas que se negaban a caer.

- Esta vez los monjes saben quién eres. - Asami inició ofreciéndole una sonrisa cálida y reconfortante. - Y esta vez yo estoy aquí. - Pronunció con seguridad.

- Quisiera poder recordarte. - Eclipse murmuró antes de tallarse los ojos y apartar la mirada. - Hablas con mucha seguridad, como si lo supieras todo. - Observó con humor. - O eres demasiado pedante o de verdad sabes muchas cosas Asami Sato. - Confesó la idea que llevaba tiempo formulando en su mente.

- ¿Te parezco pedante? - Asami preguntó sorprendida, luego dió paso al silencio antes de liberar una pequeña risilla.

- Los monjes llevan casi dos años intentando sanarme y tú llegas aquí asegurando que puedes. - Eclipse intentó explicar su acusación.

- Tu identidad es importante porque hay caminos espirituales para el Avatar que los monjes no sabían que podían usar para ayudarte. - Asami explicó a modo de reclamo.

- En cuanto a la seguridad que muestro al hablar de recuperar tus recuerdos, es porque en el pasado me vi en la necesidad de investigar sobre lo que había ocurrido durante los días del Avatar oscuro, y en el mundo espiritual aprendí sobre la existencia del árbol del tiempo. - Pausó antes de encogerse de hombros y suspirar. -Si sabes cómo conectar con la energía del árbol puedes ver cualquier evento del pasado con tus propios ojos. - Intentó simplificar.

- Solo meditando se puede conectar con el árbol. - Murmuró un lamento.

- Si. - La respuesta vino rápida y directa. No había manera de evitar la meditación.

- ¿Qué caminos espirituales pueden usar los monjes? - Eclipse cuestionó arqueando una ceja. Tal vez alguna de las opciones suponía menos esfuerzo que la otra, pensó intentando mantener un poco de optimismo.

- Te pueden llevar a conectar con el espíritu de Raava o con tus vidas pasadas. - La forastera respondió pacientemente. Daba la impresión de que, sin importar cuantas preguntas le hiciera, ella encontraría la manera de responderle con amabilidad. Aun así, Eclipse intentaba no dejarse llevar por las apariencias, aquella misma mujer le había dado una tunda a Piandao hasta dejarlo inconsciente sobre la arena, ser cautelosa a su alrededor no podía ser considerada una exageración...

Amable pero peligrosa, una combinación bastante peculiar.

- Cuéntame sobre ti, Asami Sato. - Pidió sin poder ignorar la fuerte intriga que le generaba aquella persona.

- Vamos a caminar. - Asami propuso acercándose a ella y extendiendo su mano izquierda; si bien solo le faltaban el dedo anular y meñique de la mano derecha, la ojiverde mostraba haberse acostumbrado ya a usar la mano izquierda como su mano dominante. Irónicamente esto también forzaba a Eclipse a usar su mano no dominante más de lo que solía hacerlo normalmente, pensó al estrecharle la mano y permitir que esta le ayudara aponerse de pie.

El pueblo dormía y en la playa solo se escuchaba el canto de los grillos y las suaves olas del mar que iban y venían rítmicamente sobre la arena. Eclipse caminaba a la par de la ojiverde mientras esta observaba el cielo con especial atención; daba la impresión de necesitar recolectar sus recuerdos de entre las constelaciones pues sus ojos jamás se desviaron o cambiaron de enfoque mientras le contaba sobre el pasado.

- Intentaré contarte todo lo que he pasado hasta el día de hoy sin entrar en detalles sobre ti o lo que hacías a mi alrededor. Pero contarte sobre mi vida, después de cierto punto, es casi como contarte sobre la tuya. - Explicó con voz tenue.

Así, caminando a paso lento la ojiverde comenzó a narrarle la historia de una mujer que había perdido a su madre a los nueve años a manos de un grupo rebelde, y que había crecido de la mano de su padre para convertirse en la siguiente líder en el asentamiento sobre las ruinas de Ciudad República.

No hubo nada que quedara fuera, desde el primer hombre que había matado con una de las armas de fuego de su padre, y la culpa que esto le había generado, hasta las docenas que habían muerto bajo el filo de sus dagas durante la guerra, y lo poco que le habían importado. Cada detalle que volvía a los rebeldes los villanos de su historia y cada motivo que la empujó a trabajar con ellos luego de descubrir la existencia del Loto Rojo, la historia de aquella forastera podía ser considerada todo menos simple. Toda su vida podía ser considerada una constante lucha de supervivencia impulsada por el deseo de libertad.

Su ingenio y terquedad volvieron de ella una leyenda capaz de establecer tratos con los espíritus a pesar del agresivo rechazo que había por parte de ellos, su constancia la había llevado a impulsar su asentamiento a niveles que no se habían visto desde los días del Avatar Oscuro, y su hambre por un futuro mejor la hizo abandonarlo todo para seguir al Avatar a tierras desconocidas en un mundo árido y lleno de gente hostíl.

Asami nunca perteneció al Loto Blanco, pero eso no impidió que su ayuda se volviera una de las más indispensables en el desenlace que había tenido la guerra contra el Loto Rojo. Con la implementación de nuevas técnicas de pelea, la conexión que había logrado establecer con los espíritus, y la tecnología que había resucitado de los libros que había logrado conseguir, su participación había inclinado la balanza a favor del Avatar y sus aliados.

Tal cual iba contando sus aventuras, también iba describiendo, aunque sin querer, a una persona de carácter fuerte, leal, inteligente, honesta y audaz; alguien confiable que no solo había abandonado la seguridad de su pueblo para unirse al Avatar, si no que también había estado a poco de dar la vida por una lucha en la cual habría podido decidir no participar. Y no conforme con eso, ahora estaba ahí, en la isla dispuesta a ayudar al Avatar a rehabilitarse. El vínculo que las unía había resultado ser más fuerte de lo que supuso en un principio, Eclipse suspiró.

- Has hecho demasiadas cosas. - Murmuró bajando la mirada.

- Si estabas escuchando con atención sabrás que tú tampoco has tenido descanso. - Le recordó.

- Pero yo era el Avatar... - Volvió a buscar la luz en los ojos de la forastera quien nunca fallaba en reconfortarla con sus palabras o alguna de las tantas sonrisas que siempre le ofrecía.

- Tú eres el Avatar. - La corrigió con una sonrisa puntual. - Pero no es necesario ser el Avatar para hacer lo que es correcto. - Añadió arrugando las cejas y volviendo a caer en un silencio que delataba la presencia de pensamientos que no estaba dispuesta a compartir.

- ¡Han de estar perdiendo la cabeza por tu desaparición! - Eclipse alzó la voz luego de darse un momento para condensar la historia que acababa de escuchar. Asami había ayudado a mucha gente en distintos lugares del mundo, y en cada poblado había ocupado un lugar importante entre sus sociedades; esa chica, por sencilla que se presentara ante todos, cargaba en sus hombros una responsabilidad equivalente a la que debía pesar en los hombros del Avatar mismo.

- Si... luego de la guerra nadie quiere perder a más gente. - Se lamentó.

- Me refiero a que eres una figura importante. - Eclipse intentó corregir los pensamientos de la ojiverde quien alzó la mirada y la observó sorprendida. - Has hecho tanto por todos ellos... - Interrumpió su propio discurso cuándo una pregunta le surcó por la mente. - Espera ¿qué edad tienes? - Arqueó una ceja y Asami sonrió entretenida.

- 26 años. - Respondió sonriente a punto de comenzar a reír por las expresiones faciales de la joven morena.

- ¡¿Cuántos años tengo yo?! - Preguntó alarmada.

- 24. - Liberó una pequeña risilla al ver la sorpresa de la ojiazul.

- ¿Cuántos años llevas conociéndome? - Preguntó enfocando la mirada en los alegres ojos de la forastera.

- Entre 7 y 8, no estoy muy segura. - Asami se encogió de hombros. - Han pasado tantas cosas. Durante la guerra me golpearon la cabeza con fuerza y desde entonces batallo un poco para ordenar mis recuerdos. - Confesó sin lucir especialmente afectada por ello.

- 24... - Eclipse suspiró y volvió la mirada hacia sus manos vendadas. Tantas cicatrices y marcas en el cuerpo para a penas 24 años. Asami también era joven para la cantidad de experiencias que había vivido. - La gente aquí vive más de 100 años y consideran que la gente es joven y poco experimentada hasta los 35. - Habló el motivo por el cual se sentía tan sorprendida.

- Bueno. - Asami suspiró antes de encogerse de hombros. - Allá afuera no es común llegar a los 100 años, con suerte se alcanzan los 50 y entre más joven te sepas defender más probabilidades tendrás de sobrevivir. - Sonrió. - 26 no es tan joven. - Declaró con seguridad.

- 26 es demasiado joven. - Eclipse insistió. - A penas deberías estar entrando en edad para ocupar una posición importante en la sociedad. - Señaló.

- Allá afuera no podemos darnos esos lujos. - Sonrió.

- Pasaste muchos años conmigo. - Comentó enfocándose en los ojos de la forastera.

- No los suficientes... - Asami Murmuró desviando la mirada y la morena sintió las mejillas arder. - En realidad por todos los viajes y misiones tal vez solo hemos compartido poco más de dos años juntas. - Sonrió. - Pero bueno, seguimos con vida, aún nos queda tiempo para compartir. - Celebró con sencillez.

Eclipse suspiró sintiéndose angustiada al no poder recordar nada sobre esta persona que evidentemente había vivido muchas situaciones difíciles a su lado.

- Me frustra no poder recordar nada... - Murmuró derrotada, porque a pesar de tenerla de frente, no podía recordar a la heroína de la historia que acababa de escuchar. Lágrimas comenzaron a caerle por el rostro, detestaba tener que estar a merced del tiempo y la rehabilitación ¿de verdad no tenía nada más que decirle a la mano derecha del Avatar Korra? porque por más que lo pensara no podía verla de otro modo.

Asami merecía mucho más que solo a Eclipse, merecía el reconocimiento del Avatar que había sacrificado tanto como ella durante aquella difícil batalla.

- Tranquila, lo harás, con el tiempo. - Asami le limpió las lágrimas antes de jalarla hacia ella y abrazarla cálidamente. Eclipse, sin saber de que manera reaccionar, volvió a dejarse llevar sin estar segura del motivo.

No era algo que pudiera asegurar, pero resposar la barbilla sobre el hombro de la pelinerga le resultaba nostalgico. Tal vez era la familiaridad que Asami mostraba al abrazarla, pues lograba hacer que sus cuerpos encajaran a la perfección; era obvio que sabía bien como sostenerla contra su pecho de forma que resultara cómodo para las dos. ¿Solían abrazarse con frecuencia en el pasado? Eclipse suspiró a medida que apaciguaba su llanto entre aquellos brazos diestros que siempre sabían sostenerla delicadamente sin perder por ello la firmeza de su agarre.

- ¿Puedo preguntarte algo? - Murmuró con inseguridad. Ahora que se sabía como el Avatar, no podía evitar setir que la gente de la isla terminaría tratándola de forma especial sin tener un mejor motivo que el reconocerla como al maestro de los cuatro elementos. La idea le aterraba, y ahora que comenzaba a bajar un poco la guardia frente a los gestos de la forastera sentía que debía aclarar un par de puntos antes de permitirse sentir una conexión entre las dos.

- Dime. - Murmuró suavemente.

- ¿Solo me apoyaste por ser el Avatar? ¿decidiste seguirme y respaldarme por lo que representaba el maestro de los cuatro elementos? - Se armó de valor para apartarse un poco del abrazo y enfrentar los ojos de la mayor. Necesitaba saber que el apoyo que sentía iba más allá de una relación política que el Avatar podía llegar a tener con cualquiera de sus seguidores.

- Te veo como a parte de mi familia. - Asami respondió con seriedad, sus cejas arrugadas y el rostro lleno de dolor. - Te seguí porque quería ayudar al Avatar, pero también porque quería protegerte... al final te fallé, pero te prometo que enmendaré mi error y te ayudaré a volver como el gran Avatar que siempre fuiste. - Aquella promesa le llenó el corazón de un sentimiento cálido y satisfactorio. Asami no mentía, se convenció a sí misma antes de volverse a refugiar entre sus brazos y esconder el rostro contra su pecho. Así debía sentirse el apoyo de un verdadero amigo.

- No fallaste. - Murmuró tímidamente. - Viniste a buscarme después de recuperarte. - Sintió la necesidad de aclarar y notó como los brazos de la ojiverde la estrechaban con fuerza antes de dar paso a una serie de sollozos pequeños y silenciosos. Solo podía imaginarse lo que pasaba por la mente de Asami, sabía que lo que fuera que alimentara aquel llanto no era algo que fuera a compartir con ella, pero intentaba conformarse con iterpretar los sentimientos transmitidos por la desesperación en la manera en que la sostenía. ¿Culpa? no... era algo distinto.

Al menos ahora sabía que podía confiar en ella, el pasado las unía por una verdadera amistad, y con certeza podía decir que no se trataba de una guerrera fiel a la imagen del Avatar, sino de alguién que había estado a su lado en las buenas y en las malas, alguien por quién valía la pena esforzarse.

- Tu plan... para rehabilitarme. Podemos iniciar cuándo lo creas apropiado. - Murmuró batallando para dejar fluir las palabras. Sabía que el entrenamiento sería difícil tanto física como mentalmente, pero el sacrificio valdría la pena si esa era la única manera que tenía de agradecerle a Asami por todo lo que la hacía por ella. Por el momento no era capaz de reconocerla, pero ya encontraría otras formas de compensarla por su falta de memoria.

- ¿Sin objeciones? - La mayor preguntó apartándose del abrazo y observándola detenidamente, sus ojos estaban llenos de lágrimas pero la expresión de su rostro solo demostraba incredulidad.

- Bueno, no es que me hayas ofrecido alternativas. - Bufó evitando verla de frente; aún era demasiado pronto para admitir que lo que hacía era una forma de agradecimiento.

- Lo sé... pero aún así esperaba que opusieras más resistencia. - Comentó sin cambiar de expresión.

- Pensé que querías ayudar a rehabilitarme, no solo molestarme por gusto. Se necesita hacer de la manera en que me explicaste ¿si o no? - Renegó juntando el coraje para mantener el contacto con los hermosos ojos verdes que tenía a poco más de una nariz de distancia.

- Si. - Asami parpadeó un par de veces antes de comenzar a permitir que sus cejas bajaran a una posición neutral y que sus labios se curvaran hacia arriba hasta descubrir una hilera de dientes blancos. - No voy a dejar que te retractes de esto. - Dijo levantando su mano izquierda en un gesto que pedía le correspondiera de la misma manera. - Perdón... - Intentó corregirse y cambiar de lado, pero Eclipse se apresuró a estrecharle la mano antes de que la retirara.

- No me voy a retractar, es un hecho. - Aseguró afilando la mirada y sonriendo de lado.

- Hecho. - Concluyó la ojiverde con una amplia sonrisa; rodando los ojos y meneando la cabeza liberó su mano y se dio media vuelta. - Solo puedo imaginar la lista de disparates que armarás con tal de no admitir la derrota. - Habló entre dientes con tono burlón según emprendía su marcha de regreso al templo.

- ¡¿Qué dijiste?! - Eclipse gritó intentando sonar molesta sin permitir que le ganara la risa al pensar que Asami había predicho un futuro más que palpable. El entrenamiento prometía ser un dolor de cabeza, pero ya había dicho lo que había dicho y no daría marcha atrás. - ¡Espera! siempre pareces olvidar que me falta una pierna. - bufó.

- ¡Estamos lejos del templo y tengo sueño! - Renegó amainando el paso.

- ¡Venir a caminar fue tu idea! - Contrarrestó para quedarse con la última palabra a pesar de que su caminata nocturna por la playa le hubiera parecido agradable.