¿Dónde te metiste maldita sea?

Pensaba, mientras el tono de marcado seguía sonando y sus ojos estaban fijos en el horizonte. Cortó la llamada en el mismo momento en que el buzón de voz resonaba por tercera vez.

- El impulso de idiotez de Sesshomaru de jamás decir lo que sucede - gruñó, sentándose en el escalón más alto.

Se supone que este año iba a ser normal... al igual que los demás, pero... todo se fue al carajo y son tantas cosas, que no tengo idea de como manejarlas.

En ese momento, su celular sonó, provocando que desbloqueara la pantalla rápidamente, pensando que se trataba de su hermano.

- Ya estamos en casa de Rin... ¿Cómo te encuentras?

- Kagome - murmuró, sonriendo, mientras tecleaba su respuesta.

- Gracias por avisarme, no te preocupes, estoy bien... relájate y trata de tener una buena noche.

- Has pasado por mucho estos días... incluyendo el tener que lidiar conmigo... mereces una noche en paz con alguien de tu familia.

- Lo haré... ¿Sesshomaru aún no regresó?

- No... no lo ha hecho, pero si te hace sentir mejor, te diré cuando esté con él.

- No es necesario, sólo escríbeme si algo malo sucede.

- De acuerdo... cuídate mucho.

- Tú igual, amor.

- Mi pequeña... - murmuró, dejando el móvil a su lado mientras volvía a fijar su mirada en el vasto jardín que se extendía frente a él - Si supieras que eres lo único bueno que me ha sucedido este año.

Una pequeña punzada resonó en el interior de su pecho, al mismo tiempo en que sus manos comenzaban a quemar.

¿Qué sucede? Mi sangre está reaccionando pero... no, no es por Kagome… ¿por qué entonces?

Se puso de pie, sintiendo el impulso de salir corriendo hacia algún lugar, aunque no tenía idea de donde.

- Maldición - gruñó - ¿Por qué tengo esta sensación?

¡Mierda! Necesito tener más información sobre este tema... hay demasiadas cosas que no me quedan claras.

La inquietud se acrecentaba a cada segundo, sin embargo, se esfumó.

- ¿Qué demonios? - frunció el ceño, mirando sus manos y sintiendo la calma regresar a su cuerpo.

Su móvil comenzó a sonar, anunciando un mal presagio o, al menos, eso fue lo que percibió al sentir aquel sonido.

Lamada entrante, Número Desconocido.

- ¿Hola?

- Inuyasha…

Yura.

- ¿Qué quieres?

- Yo... quisiera poder hablar con ustedes... mañana por la tarde, si es posible.

- ¿Realmente deseas redimirte por todo lo que me hiciste?

- Sólo quiero irme de este maldito lugar.

- Eso no suena a que lo hagas porque estas arrepentida...

- No te llame para hablar de esto ahora, sólo dime si pueden o no...

- Tengo que hablarlo con Kagome…

- De acuerdo, mañana te llamaré entonces...

- Sólo tengo una condición.

- Te escucho.

- Tú no elegirás el lugar, lo haremos nosotros y sólo cuando ya nos encontremos allí.

- Me da igual - suspiró - Sólo trata de que no estemos a la vista de todo el mundo... o seremos un blanco fácil.

- De acuerdo - hizo una pausa - Oye, tú... ¿te encuentras bien?

- ¿Te importa?

- Responde y cállate.

- Si, estoy bien, ¿por qué preguntas?

- Por nada...

Entonces esa reacción no tuvo nada que ver con ella tampoco...

- Te llamaré mañana.

- Bien.

Cortó, volviendo a sentarse, con sus manos sosteniendo su barbilla y su expresión confundida aún ondeando su rostro. Momentos después, las luces de un auto se acercaban a la entrada.

- Por fin... maldito Sesshomaru - se puso de pie, fijando su mirada dorada en el vehículo blanco que se aparcó frente a los escalones - ¿Qué?

- Joven Inuyasha - pronunció Jaken, descendiendo - ¿Qué hace aquí? El amo Sesshomaru no me dijo que usted estaba aquí.

- Jaken… ¿Dónde está mi hermano?

Antes de que este pudiera responder, un hombre descendió por la puerta del copiloto. Era alto, de cabello negro elevado en una pequeña cola, poseía unos anteojos redondos que cubrían por completo sus ojos y, a juzgar por su apariencia, se veía mucho más mayor de lo que realmente era.

- Buenas noches, soy el doctor Jinenji.

¿Doctor?

- Buenas noches, soy el hermano de Sesshomaru, Inuyasha. - volvió a mirar a Jaken. - ¿Puedes decirme que demonios esta sucediendo?

- Bueno... verás... resulta...

Unos nuevos faros iluminaron los rostros de los presentes, al mismo tiempo en que los tres miraban al frente, en donde aquel auto negro estacionó detrás del vehículo del peliplata. Sesshomaru descendió con rapidez y abrió la puerta de atrás, tomando a la mujer, aún inconsciente, en sus brazos.

- ¿Qué demonios...?

Descendió corriendo, yendo al encuentro de los jóvenes.

- ¡Sesshomaru! - se detuvo frente a él, extendiendo por inercia sus brazos.

Para su sorpresa, él le entregó a la mujer, realizando una casi imperceptible mueca de dolor ante aquella acción.

- Maldita sea... ¡¿Qué demonios sucedió?! - gritó, observando la sangre reseca en la cabeza de ella.

- Jinenji - se acercó al hombre, ignorando completamente las palabras de su hermano - Sígame.

El mayor tomó la delantera, guiando al resto de los presentes hacia una de las habitaciones de huéspedes.

- Inuyasha - miró a su hermano - Déjala sobre la cama - él obedeció, colocándola sutilmente en ella - ¿Tiene todo lo necesario, doctor?

- No se preocupe, señor Taisho - el hombre se acercó - Si necesito algo, créame que se lo pediré.

- De acuerdo... tómese su tiempo, sin presiones - redirigió su mirada hacia Kagura, antes de salir de la habitación.

- Jaken - Inuyasha lo miró - Quédate detrás de la puerta, por si el doctor necesita algo.

Él asintió, mientras el peliplata seguía a su hermano, quién se había ido a su cuarto.

- Sesshomaru - pronunció, abriendo la puerta.

No lo vio cerca de la cama, por lo que caminó hasta su baño personal. Abrió ligeramente los ojos al observar la mancha roja que cubría su camisa, a la altura de su hombro.

- ¿Por qué te quedaste? - preguntó, mirándolo a través del espejo.

- Porque te conozco lo suficiente como para saber que estabas en problemas, ¿o me equivoco?

- Yo no era quién estaba en apuros.

- Bueno... eso es evidente... ¿tu sangre percibió que ella estaba en peligro? - su silencio fue la respuesta afirmativa que esperaba - ¿Quién lo hizo?

- No te conviene saberlo - respondió, quitándose la camisa y observando la zona en la que la bala lo había travesado.

- Tienes razón - suspiró, apoyándose en la pared - ¿Qué sentido tiene preocuparme? Después de todo... sólo te dieron un balazo, al igual que a mi... nadie nos quiere muertos, ¿verdad? digo... Kagome no está en peligro... Rin tampoco y, es evidente, que Kagura...

- Magatsuhi - respondió, con mayor intención de que se callara que por el efecto de sus palabras - Su nombre... es Magatsuhi.

- ¿Y ese quién es?

- Un hombre peligroso del que no te conviene saber.

- Pues, si no me conviene, ¿por qué tú estás relacionado con él?

- Yo no soy el que está involucrado con él, idiota - realizó un gesto de dolor, mientras tomaba unas vendas del botiquín.

- Si no lo estuvieras, no tendrías esa herida... ¡¿Puedes decirme la verdad de una maldita vez?!

- ¡Te dije que yo no soy el que está asociado con él! - gritó, sin apartar la mirada de su herida - Bankotsu fue quién acepto el trabajo que él necesitaba...

- ¿Por qué no me sorprende que ese bastardo esté involucrado? - suspiró - ¿Qué tipo de trabajo?

- Eso si no debes saberlo... si él sabe que lo sabes, te matará sin pensarlo dos veces.

- Bien... de igual forma no me interesa - hizo una pausa - ¿Por qué estaba con Kagura?

Notó como su cuerpo se tensó ante aquella pregunta.

- No lo sé - respondió con seriedad, terminando de cubrir la herida.

- ¿No tienes idea de si ella tenía algún negocio con él?

- Sé que no tienen nada que hacer juntos.

Pero... es la segunda vez que Magatsuhi se acerca a Kagura... y eso me enferma.

- Puedes relatarme lo que sucedió... ¿tu sangre presintió lo que pasaba?

- ¿Tú que crees?

- Dime, Sesshomaru... el estúpido tema de la maldición... ¿sólo funciona con nuestras parejas? - lo miró por sobre su hombro, sin responder - O... ¿aplica para cuando alguien de la familia, sea quien sea, está en peligro?

- ¿Por qué preguntas?

- Porque... momentos antes de que llegaras... mi sangre comenzó a reaccionar a algo, pero... no sé a que - sus miradas se encontraron - Y cuando regresas... estás herido.

- ¿Crees que tu sangre reaccionó cuando Magatsuhi me disparó?

- No le encuentro otra explicación... ¿acaso tu sangre no reaccionó cuando Yura me disparó?

- No... al parecer, tú no me importas tanto después de todo.

- Imbécil - gruñó - Entonces ¿Cómo supiste que me habían herido cuando llamaste?

- Tu voz se oía como la de un animal atropellado, ¿Qué esperabas que pensara?

Antes de que pudiese responder, su celular comenzó a sonar.

¿Kagome?

- Kagome... ¿Qué sucede? - respondió.

- ¡Inuyasha! - gritó.

- ¿Estas llorando? ¿Qué ocurrió?

- Ma... ¡Magatsuhi!... ¡Kikyo!...

¿Magatsuhi?

- ¿Qué...? Kagome... ¿Cómo sabes quién es él?

- ¡Es su padre!

¿Su padre? ¿El padre de Kikyo? Magatsuhi... ¿es el hombre con el que Kagome ha estado soñando?

- ¡Él mandó a matar a Naraku!

- ¿Naraku? - miró a Sesshomaru, quién, inmediatamente, posó sus ojos sobre él - ¿Cómo lo sabes?

- ¡Porque ella acaba de llamarme! ¡Por favor tienes que ayudarlos!

- Kagome... cálmate... ¿sabes donde están? Haré lo que pueda...

La joven le indicó la dirección que la morena le había brindado. Segundos después, cortó la llamada.

- Lamento que no tengas tiempo de curar tu herida, pero si quieres salvarle el pellejo a tu ex cuñado, será mejor que me sigas - salió de la habitación.

¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Y por qué no estoy enterado de nada?

Pensó, siguiendo a su hermano menor, en dirección de la salida.


Miró hacía la cama, constatando de que Rin seguía dormida. Dio un suspiro, volviendo a fijar sus ojos en el techo.

No puedo dormir... aún cuando yo ya sabía toda la verdad, el decírselo a Rin me dejó más nerviosa de lo que esperaba.

Extendió la mano a su celular, con la intención de enviarle un mensaje a Inuyasha, sin embargo, un número que no se encontraba entre sus contactos, apareció en su pantalla.

- ¿Hola? - atendió, susurrando para no despertar a su prima.

- ¡Kagome! Por favor... ayúdame...

- ¿Kikyo? - se sentó, sin elevar la voz - ¿Qué sucede?

- Él... quiere matarnos...

- ¡¿He?! Oye... espera, ¡¿Qué sucede?!

- No puedo llamar a la policía... ellos lo conocen... tengo miedo, Kag...

- Pero... - se puso de pie, saliendo rápidamente de la habitación, en dirección al patio - Kikyo... por favor, dime lo que está pasando.

- Mi... mi padre... él envió a alguien a hacerle daño a Naraku... por favor, necesito que me ayudes...

- De acuerdo... de acuerdo... quédate tranquila, sólo dime, ¿Dónde están?

- Oh por dios, ahí vienen...

- ¡Kikyo! - gritó al escuchar como, al otro lado de la línea, la joven corrían sin parar, mientras su agitada respiración - ¡Kikyo responde!

- ¡El parque de las ánimas! Por favor, Kag...

La llamada se cortó, dejando a la morena con el corazón en la palma de su mano. Rápidamente llamó a su novio, con la esperanza de que aún estuviera con Sesshomaru.


Extra: Persecución

La luna resplandecía en el cielo, con las estrellas danzando a su alrededor, en el mismo momento en que ella se posicionaba al frente de la casa de Naraku. Antes de que pudiese tocar el timbre, él salió.

- ¿Me estas espiando? - sonrió.

- Depende... - le devolvió la sonrisa, abrazándola - ¿Cómo te fue?

- Bueno... bien - se apoyó en su pecho - Pero... aún me siento incómoda.

- ¿Viniste por tu ropa? - apoyó sus labios sobre su cuero cabelludo.

- Si regreso con esta vestimenta... mi padre sabrá lo que sucedió.

- ¿Qué te hace creer que ya no lo sabe?

- ¿Qué? - se alejó, mirándolo - ¿A que te refieres?

Él entrecerró sus ojos, tomándola de la mano.

- Ven... tenemos que irnos a un lugar en donde haya mucha gente.

- ¿Para que? - lo miró confundido, mientras comenzaban a caminar.

- Sólo... confía en mi - respondió, mirando disimuladamente a su alrededor.

Magatsuhi... crees que soy un idiota, ¿verdad? tal parece... que no esperabas encontrarte con alguien como yo.

La caminata fue tensa y silenciosa, sin embargo, su mano tomando la suya, le transmitía una falsa sensación de seguridad. La calle estaba bien iluminada y un número decente de personas se encontraban yendo de un lado hacia otro, pero aún así, él no estaba confiado.

- ¿Estamos escapando de algo? - preguntó al fin.

- Estamos tratando de evitar algo - respondió en un tono neutro.

- Señorita Kikyo.

Ella volteó ante aquella conocida voz, sin embargo, el apretó el agarre sobre su mano, apresurando sus pasos.

- No te detengas - pronunció con firmeza.

Segundos después, el sonido seco de un disparo retumbó en sus oídos, al mismo tiempo en que el olor a pólvora impregnaba sus fosas nasales. Los gritos de las personajes la sumieron en un miedo indeseado, mientras que, casi por inercia, seguía los pasos del joven que la guiaba.

- ¡¿Qué sucede?! - gritó, mirando hacia atrás.

No respondió, sólo se limitó a esquivar el tumulto de gente, dirigiendo su andar hacia el parque, una decisión que lamentaría momentos más tarde. Dos nuevos disparos retumbaron en la penumbra, sin embargo, ésta vez, un ardor comenzó a quemar su brazo.

- ¿Estas bien? - preguntó, al ver que ella se detenía.

- ¿Me... me dio? - su brazo sangraba levemente.

- Te rozó una bala... ven, no te detengas.

Los pasos se volvieron más apresurados, dándole paso a una carrera contra el tiempo y el espacio.

- Al parecer, son más de uno... tranquila, no vienen por ti, vienen por mi.

- ¡¿Cómo puedes estar tan tranquilo?! - gritó, no comprendiendo porque el tono de su voz no se modificaba ante aquella situación.

Llegaron a la zona más boscosa, en dónde se escondieron detrás de un gran árbol, tratando de recuperar el aliento.

- Los vi en cuanto llegaste... estaban del otro lado de la calle... demasiado expuestos para ser profesionales.

- ¡¿De que demonios hablas?!

- Tu padre... ha mandado a gente a asesinarme - sonrió - Al parecer, soy más molesto de lo que pensé.

- ¿Cómo puedes...? ¿Cómo puedes sonreír en un momento como este?

- Sé que no estas en peligro - metió la mano en su pantalón - Toma, llama a alguien que venga por ti.

- ¿Qué? ¿Realmente crees que te dejaré solo?

- No importa lo que creas... sólo importa lo que tienes que hacer.

- Mejor cállate - tomó el móvil - Debería llamar a la policía...

- Ejecutaron tres disparos... pudieron matar a cualquiera, ¿ves a algún coche policial por aquí?

Es verdad... él... parece tener influencia en todos lados.

Suspiró, marcando el número de su prima, la única persona que podía ayudarla en ese momento.

- ¿Hola?

Se derrumbó al escuchar la voz de Kagome, al mismo tiempo en que los recuerdos de aquella tarde llenaban sus pensamientos, volviendo todo aún más pesado.

- ¡Kagome! Por favor... ayúdame... - comenzó a llorar.

- ¿Kikyo? ¿Qué sucede?

- Él... quiere matarnos... - su voz temblaba al pronunciar cada palabra.

- ¡¿He?! Oye... espera, ¡¿Qué sucede?!

- No puedo llamar a la policía... ellos lo conocen... tengo miedo, Kag... - tapó su rostro con una mano.

- Pero...

- Mi... mi padre... él envió a alguien a hacerle daño a Naraku... por favor, necesito que me ayudes...

- De acuerdo... de acuerdo... quédate tranquila, sólo dime, ¿Dónde están?

Naraku la tomó de la mano, elevándola rápidamente, mientras ambos giraban la vista.

- Oh por dios, ahí vienen... - comenzaron a correr sin un rumbo fijo.

- ¡Kikyo!

- ¡El parque de las ánimas! Por favor, Kag...

Cortó la llamada con la intención de concentrarse en su escape. Un nuevo disparo se oyó, esta vez mucho más cerca que los demás.

- ¡Maldito! - gritó el moreno, rodeando a la joven con sus brazos y escondiéndose detrás de una de las fuentes del lugar - Nos tienen rodeados...