Hasta aquí es el libro escrito por la autora... espero les gustara la adaptación y nos vemos en algún otro libro que se pueda adaptar a Naruto.


Londres, agosto de 1815

Sasuke Uchiha, conde de Uchiha, subió los escalones que conducían a Uzumaki Hall de dos en dos. Llamó a la puerta con el picaporte y esperó. Un instante después, la enorme puerta se abrió y quedó frente a frente con un mayordomo que poseía el ojo más grande que había visto nunca. Parpadeó para recuperarse de la sorpresa y comprendió de inmediato por qué su lacayo había vuelto horrorizado al carruaje.

—¿Sí? —le preguntó el hombre con voz grave. Le entregó su tarjeta.

—He venido a recoger a lord y a lady Uzumaki. Me están esperando.-

El mayordomo levantó la tarjeta y la colocó delante de su ojo protuberante, que entrecerró para ver la letra. Después, dejó caer la mano con un bufido y se apartó de la puerta.

—Entre, capitán. Iré a informarle a su señoría que está aquí. —Se fue de allí y dejó que Sasuke se ocupase él mismo de cerrar la puerta y de colgarse el sombrero. El mayordomo pasó por delante de una puerta abierta y le hizo señas.

—Espere aquí.-

Sasuke frunció el ceño, pero se acercó al salón que le habían indicado con tanta elegancia. El conde y la condesa de Uzumaki nunca celebraban eventos sociales en su mansión, algo que a él le parecía normal estando recién casados como estaban. Al resto de la alta sociedad, sin embargo, les parecía un misterio, y el hermetismo de los Uzumaki les daba argumentos para chismorrear y decir que su casa era extraña. El mayordomo lo era un poco, eso seguro, pero...

Un extraño sonido captó su atención y Sasuke arqueó una ceja al detectar que iba acercándose.

En cuestión de segundos apareció una joven doncella en la puerta; en sus brazos delgados llevaba una pesada bandeja con un juego de té de porcelana que temblaba peligrosamente. Él nunca había visto un espectáculo tan lamentable: todas las piezas de la vajilla se zarandeaban y se golpeaban entre sí; las cucharas chocaban las unas contra las otras; las tazas bailaban encima de los platos.

Sasuke se quedó mirándola un segundo y después corrió a ayudarla completamente atónito. Iba a tener que hablar con Uzumaki de ese tema. Ahora sí que quería que lo invitaran a cenar.

—El carruaje de Uchiha ha llegado —señaló Mei, que estaba mirando el camino de la entrada desde la ventana del piso superior. Unos segundos después, unos brazos la rodearon por la cintura, y a continuación la voz de sensual de su esposo le acarició el oído.

—¿Todavía tienes tantas ganas de ir?-

—¿Lo dices de broma? —Giró entre los brazos de Naruto y se quedó mirando el atractivo rostro

—. Claro que tengo ganas.-

—Pareces pensativa.-

—Echo de menos a Hina —dijo con un suspiro—. Ya sé que se lo está pasando muy bien en la academia para señoritas, pero...- Naruto le besó la punta de la nariz.

—Yo también la echo de menos.- Ella le rodeó la cintura con los brazos y le apretó con fuerza.

—Muchas gracias.-

—¿Por qué, amor?-

—Por organizar esta búsqueda del tesoro. Sé que crees que es una tontería. - Él esbozó una sonrisa que le robó el corazón.

—¿Y tú no?-

—Me gusta creer que existe.-

—Y también te gusta creer en la versión romántica de la historia. —La enorme mano de Naruto le acarició la espalda hasta tocarle el trasero—. ¿Qué le ha pasado a mi pragmática?-

Mei se rio con el corazón ligero y lleno de amor.

—En lo que a ti concierne, nunca he sido pragmática.-

Estaba enamorada sin remedio de su marido, era adicta a él y se preguntaba cómo era posible que en algún momento se hubiese planteado la posibilidad de vivir sin Naruto. Él le apretó las nalgas antes de soltarla y dirigirse a los baúles que todavía tenían que bajar. Iba a cerrar uno, pero se detuvo. Cogió un paquete envuelto en papel marrón y miró a Mei intrigado antes de aflojar el cordel. Un segundo más tarde, la risa de Naruto, cálida y sensual, llenaba el ambiente y el corazón de Mei.

—¿Qué tenemos aquí? —Levantó un parche pirata entre los dedos.

—Me han dicho que el viaje es muy largo.- Naruto contuvo una sonrisa.

—Sí que lo es.-

—Y que puede hacerse aburrido.-

—¿Tú y yo solos en un camarote? Jamás.-

—Tengo una fantasía —le confesó acercándose a él provocativamente.

—Umm... me gusta como suena. —Naruto lanzó el disfraz de pirata dentro del baúl y cogió a Mei por la cintura.

Ella le guiñó un ojo.

—Y te gustará mucho más llevarla a la práctica.-

—Coge el abrigo —le pidió él con la voz ronca—. Estoy impaciente por subirme a ese barco.-


F I N