Era una noche oscura en las opulentas calles del distrito de Lujuria, en la zona más animada del inframundo, donde demonios de cualquier estatus o raza iba a saciar sus más descabellados fetiches.

Una noche fría y lluviosa, algo exótico teniendo en cuenta que en el infierno no suelo llover, pero en una solitaria esquina de la ciudad se encontraba Blitzo. Algo nervioso o preocupado. ¿Quién sabe qué artimañas puede estar tramando tan desalmado ser? ¿Y a saber qué es lo que lo tiene tan nervioso?

Habían pasado unos diez minutos desde que llegó y parecía estar un poco impaciente. Vestía una peculiar chaqueta negra con unas púas en las espalda sobre una enguatada roja. Pantalones de mezclilla y botas altas de cuero. Algo muy poco usual para él, diferente a lo que solía vestir en la oficina del I.M.P.

De pronto, un gran portal se abrió a sus espaldas, tomándolo por sorpresa mientras una voz aguda y coqueta le hablaba a sus espaldas.

Stolas: - Oh. Blitziiiiiiii. - Le llamaba mientras atravesaba el portal.

El extravagante demonio búho se presentó como alguien digno de la realeza. Su enorme figura de más de dos metros de alto vestía un fino abrigo con grandes botones de plata, un pronunciado jabot bajo el cuello, y una larga capa que caía desde sus hombros hasta sus rodillas.

Blitzo: - Wao... - Se quedó en shock. - Es un poco exagerado. ¿No lo crees? - Dijo con indiferencia a la apariencia del búho.

Stolas: - Si bueno... Yo... ah... eh... Quería vestirme bien para ti... Ya que es nuestra primera cita real oficial. - Dijo titubeando mientras se acercaba al demonio rojo.

Stolas le extendió la mano a Blitzo, y a pesar de su mirada de desaprobación este terminó aceptandola. Una vez juntos, se dirigieron a un lugar de las cercanías, famoso en cada rincón del infierno: Ozzie's.

Al llegar, el peculiar dúo avanzó hacia la entrada, donde un fornido y medio exibisionista guardia de seguridad miró con cierto enfado a Blitzo.

Guardia: - ¿Tu otra vez? - Dijo con desprecio. - Vete enano... -

El guardia parecía tener un buen repertorio de insultos listos para decirle a Blitzo, pero cuando se percató que este iba acompañado de príncipe del inframundo casi le da un segundo infarto.

Stolas: - ¿Hay algún problema? - Dijo mientras lo miraba desafiante.

El guardia entró en pánico. Trató de balbucear una palabras pero su nerviosismo no le permitía hablar coherentemente, así que se limitó a disculparse y a permitirles el paso.

Una vez dentro, el demonio búho no podía creerlo. Se comportaba como un niño mirando con ilusión cada rincón del lujurioso lugar, sin embargo, Blitzo parecía tener su mirada puesta en otro lado. Como si estuviera buscando a alguien. Ambas se acercaron a una mesa, donde un sirviente los acomodó de manera muy profesional.

Stolas: - Oh... Blitz. Que romántico que eres. - Dijo con voz chillona. - ¿Cómo se te ocurrió este lugar? Dime. -

Blitzo: - Ah... Es que supuse que la pasaríamos genial aquí. ¿Sabes? - Le respondió, pero con su atención aún en otro sitio.

Sin importar lo que tratase de hacer Stolas para llamar su atención, Blitzo parecía no hacerle el menor caso. Incluso cuando la camarera se acercó para preguntarles qué querían de beber, el demonio rojo no se inmutaba en lo más mínimo. La incomodidad del búho era notable, y parecía que iba a estallar cuando:

?: - Damas y Caballeros. - Dijo una extraña voz robótica por los altavoces. - Veo muchas caras sexy por aquí esta noche. Sean bienvenidos a Ozzie's. El mejor lugar en el Anillo de la Lujuria para cumplir sus fantasías más locas y retorcidas. A su disposición para corruptos y corruptas. - Sobre el escenario se mostró un demonio extraño disfrazado de bufón, aunque parecía más un droide que un demonio. - Traídos a ustedes por el mismísimo Asmodeus. -

Al escuchar ese nombre Stolas entró en shock. ¿Quién podría saber que problemas pudo haber existido entre esos dos? Pero estaba seguro que no era nada bueno. Sin embargo, lo que más llamó la atención del búho fue que Blitzo también se puso bastante nervioso. Aunque parecía que sus motivos eran otros.

El droide siguió hablando sobre el escenario mientras Blitzo trataba de esconder su rostro tras el menú de las bebidas. Eso era bastante extraño, incluso para alguien tan desvergonzado para él. Lo que hacía que se preguntase qué estaba pasando por su mente en esos momentos. El droide, cuyo nombre era Fizzarolli, presentó a supuestamente algunas figuras importantes del inframundo, y luego anunció que un demonio del Anillo de la Ira iba a hacer una presentación. Ese demonio, era Moxxie.

A Stolas le tomó por sorpresa escuchar ese nombre. Si bien recordaba, Moxxie y Millie eran los subordinados de Blitzo. Y al parecer, ambos estaban en ese lugar también. Esto desilusionó un poco al búho, quién de cierta manera ahora podía entender el repentino interés de Blitzo por su compañía.

Moxxie se levantó de su asiento con una guitarra en la mano y se dirigió hacia el escenario. Todos los presentes se quedaron extrañados, pues eso no era muy común en ese lugar. Pero antes de tan siquiera poner interés a su presencia. El pequeño diablillo rojo comenzó a cantar una bonita, y extraña, melodía que estaba dedicada a su amada.

Sin embargo, ninguno de los presentes tenía interés en esas " tonterías" y su descontento por la presentación de diablillo rojo era visible. Y antes que Moxxie pudiese terminar su canción:

Stolas estaba muerto de vergüenza. Hacía todo lo posible para ocultar su rostro, pero era imposible impedir que los cientos de ojos que estuviesen sobre él lo dejaran de mirar con pena y desaprobación. El búho trataba de encontrar consuelo en Blitzo, quién estaba justo en frente, pero el demonio rojo tenía los ojos cerrados y la respiración pausada. Tratando de controlar su enojo.

Entonces, la enorme figura del demonio Asmodeus bajó del escenario y se dirigió hacia la mesa donde el par se encontraba. Tenía un rostro burlón y triunfal. De cierto modo, disfrutaba su enorme triunfo sobre Stolas, el príncipe del Inframundo, y no podía dejar de saborear el dulce sabor de su victoria.

Asmodeus: - Oh. No te pongas triste mi pobre plumero. - Dijo con voz satírica. - Después de todo, estás en Ozzie's, la casa del gran Asmodeus. No puedo permitir que mi invitado se sienta mal. Siéntete libre de hacer todo tipo de cosas bizarras con tu mascotita. -

Stolas: - Oye... Blitzo no es una... -

Asmodeus se acercó de pronto al rostro de Stolas, interrumpiendo lo que iba a decir con una siniestra sonrisa. Estaba dispuesto a seguir humillándolo hasta el final. Hasta que el búho no pudiese contenerse más y demostrara su debilidad de temperamento. Si eso pasaba, sería un rotundo triunfo de Asmodeus sobre el príncipe. Y Blitzo lo sabía.

Blitzo: - Oye, tu. Payaso. - Dijo mientras alzaba la mirada desafiante.

A Asmodeus le pareció gracioso el hecho que la "pequeña mascota de Stolas" osara alzar su voz contra él. Pensaba que sería gracioso mutilarlo vivo frente a su maestro, pero antes de poder dar un paso al frente, Fizzarolli tomó la palabra.

Fizzarolli: - Oh. Parece que el gran Blitzo aún tiene algo en sus pantalones. Una pena que a los demás no les guste tanto como a tu maestro. - El comentario del bufón hizo reír a carcajadas a los presentes. Se burlaban de Blitzo, y este tuvo que respirar profundamente para mantener la compostura.

Entonces, Fizzarolli decidió llevar las burlas aún más lejos. Mientras parloteaba insultos sin parar, se acercó a Blitzo a paso lento. Cada paso era una burla, y cada burla hacía que la lluvia de risas de aquellos presentes cayera sobre los hombros del demonio rojo. Moxxie y Millie no podían hacer más que mirar con tristeza como su jefe y "amigo" era azotado frente a ellos. Pero no podían hacer mucho, pues intervenir solo empeoraría las cosas. Aún así, Fizzarolli se siguió acercando, pero cuando intentó apoyar su brazo sobre el hombro de Blitzo, pasó lo inexplicable.

Un extraño sonido atravesó el local. Un sonido seco y ensordecedor. El brazo del droide caía lentamente sobre el piso, separada del cuerpo de su anfitrión. Nadie vio nada, nadie sintió nada. Sólo miraban en shock la escena, y no fue hasta que el grito desgarrador de dolor de Fizzarolli los hizo volver a la realidad.