Para aquellos que lo conocían, Blitzo no era más que un fracasado estafador. Alguien que manipulaba a su antojo a quien sea sólo para sacar algún beneficio. Un charlatán que afirmaba poder regresar al mundo de los humanos para acabar con aquellos que habían arruinado tu vida. Pero por supuesto, eso no podía ser otra cosa que una mentira. Nadie podía viajar a la superficie. Y aquellos que sabían del secreto del libro de Stolas eran muy pocos.
Sin embargo, muchos de los presentes miraban las figuras del demonio rojo con miedo. "¿Quién era realmente este tipo?"
Fizzarolli: - ¡Maldito! ¡MALDITO! - Gritaba en cólera mirando con odio al demonio rojo.
Blitzo tenía la cabeza hacia abajo. Nadie podía ver su rostro con claridad puesto que el lugar no tenía muy buena iluminación. Pero cuando alzó la mirada, aquellos que estaban lo suficientemente cerca para verlo quedaron paralizados al ver como sus ojos mostraban un tono negro que abarcaba todo la esclerótica.(*)
Blitzo: - ¿Sabes? Realmente no me importa todo lo que dices de mí... Después de todo... Lo que dices es cierto. Pero no permitiré tales ofensas hacia tu príncipe. Bastardo. -
Blitzo no apartó la mirada de Asmodeus ni un segundo mientras su voz se hacía cada vez más grave y desafiante. El demonio rojo emanaba un aura extraña que solo Stolas y Asmodeus podían apreciar, pero mientras el búho trataba de calmarlo, Asmodeus tenía mucha curiosidad por saber que tenía ese insignificante ser escondido bajo la manga.
Asmodeus: - Uh. Esto se puso interesante. - El demonio chasqueó los dedos y el brazo de Fizzarolli se regeneró de inmediato de una forma grotesca. - Eso es todo señores. La función termina por hoy. -
Los clientes no estaban satisfechos, pero tras la insistencia amenazante de Asmodeus decidieron retirarse sin decir una palabra, dejando solamente a Stolas y a Blitzo en el interior.
Asmodeus: - Bueno... Bueno. ¿Qué tenemos aquí? ¿Crees que puedes venir a mi casa y hacer lo que quieras? - Dijo en tono burlesco. - Supongo que tendrás que pagarme una compensación. -
Blitzo no le hizo el menor caso a sus palabras, aún así, no separaba su mirada desafiante. Lo cual hacía enfurecer aún más a Asmodeus, quién con un gesto de su mano, hizo que varios demonios que servían bajo su mando salieran a su llamado. Los demonios parecían algo alegres, con una macabra sonrisa dibujada en sus rostros. En sus manos portaban armas blancas, bastones y algunos tenían armas de fuego. A pesar de todo, Blitzo no se inmutó en lo más mínimo.
Con la sangre hirviendo en su cuerpo por la presencia del desafiante demonio rojo, Asmodeus dió una señal a sus lacayos para que atacaran a Blitzo. Los primeros en atacar fueron los demonios que portaban armas cuerpo a cuerpo, pero ninguno estaba listo para lo que iba a pasar.
Uno de los demonios cargó de frente, blandiendo un machete que iba a cortar a Blitzo en dos con la suficiente fuerza como para hacer un desmadre en el lugar. Sin embargo, cuando estuvo lo suficientemente cerca, Blitzo le agarró la muñeca del atacante con su mano izquierda mientras golpeaba su rostro con la derecha. El lacayo no tuvo más remedio que soltar su arma mientras retrocedía cubriendo su sangrante nariz, pero cuando pudo alzar la mirada, lo único que pudo ver fue un haz de luz que se dirigía hacia él. Y tras un segundo de conmoción, se pudo ver la cabeza del lacayo volando por el aire mientras su cuerpo se desplomaba sobre el suelo. Blitzo le rebanó el cuello con su propia arma sin apenas inmutarse.
El resto de lacayos quedó paralizado por uno segundo, pues ninguno de ellos pudo ver lo que había sucedido. Para ellos, la cabeza de su compañero "salió volando" de un momento para otro. Sólo Stolas, Asmodeus y Fizzarolli pudieron ver en cámara lenta cómo sucedía todo.
Stolas: - ¡Blitzo! - Le gritó conmocionado, pero ya era muy tarde.
El resto de lacayo volvió a la carga, pero no pudieron ni acercarse antes que sus cuerpos cayeran despedazados a los pies de Blitzo, sin embargo, el demonio rojo parecía ni siquiera moverse ante los ojos de los menos poderosos. Al ver tal barbarie, los lacayos que portaban armas de fuego comenzaron a disparar frenéticamente. Blitzo estaba rodeado y las balas perforaron su cuerpo desde todos los lados.
Los lacayos no pararon de disparar hasta que no quedó una bala en sus cargadores. Estaban conmocionados, pero de cierta manera, sentían un gran alivio al ver el cuerpo destrozado de Blitzo.
El demonio rojo tenía agujeros que atravesaban su cuerpo y extremidad en todas direcciones. Incluso en su cráneo tenía incisiones que atravesaban sus cuernos y cerebro. Incluso la cavidad de su ojo derecho estaba expuesta al carecer de piel o músculos en esa zona.
Stolas lo miraba aterrado, pensando que había sido todo para él. Por otro lado, Fizzarolli no paraba de forzar una risa macabra burlándose del destino que sufrió el pobre demonio rojo. Aún así, Asmodeus parecía estar algo decepcionado.
Sin embargo, las miradas de todos quedó atónitas al ver que Blitzo no se desplomaba sobre el suelo a pesar de las heridas que desfiguraban su cuerpo. En cambio, su sangre comenzó a elevarse lentamente, y tras un punto, pequeñas masas amorfas del fluido rojo se quedaron levitando a su alrededor.
Todos quedaron en shock. Incluso entidades tan poderosas como Stolas y Asmodeus les costaba entender lo que estaba ocurriendo. ¿Control de sangre? Eso era algo que incluso los demonios de alto rango tenían dificultad para lograr. De hecho, el único reconocido capaz de hacerlo era Paimon. El padre de Stolas y regente de Ars Goetia.
Esclerótica.(*) - Parte blanca del ojo.
