Cuando el frenesí se detuvo, el local estaba invadido por una densa capa de humo y polvo. Los pedazos de madera destrozados estaban por todos lados, así como los fragmentos de metal corroídos y las alfombras calcinadas. La llama de las velas aromáticas había caído al suelo, y el fuego comenzó a extenderse por el lugar. Y sólo Stolas pudo ver cómo las gotas de sangre flotaban lentamente de regreso al cuerpo de Blitzo, regenerando el tejido que había perdido hasta restaurar su cuerpo en su totalidad, aunque no sus prendas.
De entre las sombras, el humo, y con el fuego a sus espaldas, una siniestra risa pudo ser escuchada. Una corriente súbita de aire apartó el humo y las cenizas de golpe, revelando la imponente figura de Asmodeus con una macabra sonrisa dibujada sobre su rostro. A sus pies se encontraba Fizzarolli, tumbado sobre el suelo temblando sin control ante el poder del demonio rojo.
Fizzarolli: - Se... Se... Señor De... Debemos retirarnos. - Dijo tartamudeando, pero Asmodeus sólo le respondió con una mirada tan afilada como un cuchillo.
Asmodeus comenzó a avanzar lentamente, con una satisfacción nunca antes vista en su rostro. Había encontrado un oponente digno para poder liberar todo su poder en una feroz batalla, y estaba dispuesto a aplastar a todo aquel que se interpusiera en su camino. Pero a pesar de los intentos de Stolas de calmar a las dos bestias, tanto Asmodeus como Blitzo tenían ojos solo para su oponente. Entonces, Asmodeus cargó.
Asmodeus era enorme, probablemente el demonio más corpulento del infierno, lo que también lo convertía en el ser más fuerte del inframundo. Su control sobre la magia y las artes oscuras era todo un misterio, pero este confiaba ciegamente en su descomunal fuerza y sus habilidades físicas. Y haciendo honor a su reputación, se lanzó sobre Blitzo con un poderoso golpe de puño hacia su rostro.
En su mente, Asmodeus tenía tanta confianza de la victoria que ni siquiera se puso a analizar las habilidades de su oponente. Por naturaleza, el imponente demonio despreciaba el uso de las artes oscuras en el combate, y el aspecto enclenque de su oponente lo hacía a sus ojos un oponente débil que podía derribar de un solo golpe. Pero lo que iba a ocurrir sería muy diferente a sus expectativas.
En un abrir y cerrar de ojos, Blitzo alzó su brazo izquierdo y sin apenas esfuerzo, logró detener el potente golpe de Asmodeus sin apenas inmutarse. El ataque fue tan fuerte, que una vez se detuvo el aire se compactó a su alrededor, provocando fuertes descargas de viento que azotaban el lugar. Incluso Stolas tuvo que retroceder para evitar interferir. Después de todo, él no era capaz de detener la disputas de esos dos.
Asmodeus no podía creer lo que veía sus ojos. El agarre de Blitzo no tambaleaba ante su ataque, y una extraña sombra cubría su mano y parte de su antebrazo. Una oscuridad tan terrible se extendía desde los dedos del demonio rojo, que incluso hizo que Stolas sintiera un escalofrío recorrer su cuerpo. Pero lo que más llamó la atención de ambos, eran los enormes ojos rasgados de Blitzo cubiertos de una masa negra viscosa y escalofriante.
Asmodeus intentó retroceder, pero antes de poder reaccionar siquiera, Blitzo azotó su mano derecha con una enorme garras de oscuridad que se extendían desde sus dedos. Asmodeus pudo retroceder a tiempo para evitar ser cortado en pedazos, pero no lo suficientemente rápido cómo para evitar que su brazo fuese hecho pedazos. A pesar de haber salvado su vida, su brazo colgaba desde su hombro como una macabra masa amorfa de carne y tela.
El dolor que sentía sobre su brazo era atroz, intentaba contener su dolor para sanar su cuerpo con su magia oscura, pero antes de poder si tan siquiera pensar en ello, alzó la mirada y pudo ver el rostro demoníaco de Blitzo a pocos centímetros de él, mientras podía escuchar cómo se rompía la barrera del sonido con sus rápidos movimientos. Asmodeus no tuvo tiempo a reaccionar, cuando las oscuras garras mágicas de Blitzo atravesaron su cuerpo y lo mandaron a volar varios metros hacia atrás.
Fizzarolli: - ¡Asmodeus! - Gritó con una voz desgarrada.
El cuerpo del enorme demonio cayó sobre el suelo, tosiendo sangre negra de su boca. Podía recuperarse con el suficiente tiempo, pero Blitzo no le daría tal privilegio. El demonio rojo caminó lentamente hacia su presa, revelando una presencia que nadie nunca había presenciado.
El cuerpo de Blitzo estaba cubierto de una especie de miasma negra que segregaba su cuerpo, sus ojos negros no mostraba ni un fragmento de conciencia de quien era antes. De sus dos manos de extendía largas garras de magia oscura, y una alas carnosas salían de su espalda con plumas negras en las puntas. Como si fuese la reencarnación del mismo Lucifer.
Se disponía a partir el cuerpo de Asmodeus de un zarpazo, cuando Fizzarolli se lanzó sobre su maestro cubriéndolo con su cuerpo robótico y pidiendo clemencia, pero Blitzo parecía no tener piedad sobre el par que tanto despreciaba. Blitzo alzó la mano y la dejó caer a gran velocidad sobre sus víctimas. El robot sólo pudo bajar su cabeza, apoyándola sobre el pecho perforado de su maestro esperando su final. Pero la muerte no llegó a ellos.
Fizzarolli alzó la cabeza lentamente al ver que aún seguían con vida, y pudo contemplar aterrado las enormes garras de magia oscura que a duras penas tocaban su frente, y tras estas, el cuerpo corrompido de Blitzo siendo abrazado por Stolas con fuerzas.
Stolas: - Es suficiente Blitzo... Es suficiente. - Dijo con suave voz y tristes ojos.
Ante las palabras del búho, Blitzo parecía calmarse poco a poco. El miasma que rodeaba su cuerpo comenzó a disiparse poco a poco, y la magia oscura comenzó a desvanecerse. Sus alas fueron consumidas por un extraño fuego negro, y sus ojos volvieron a la tonalidad amarilla con las pupilas negras de siempre. Y tras un largo suspiro, Blitzo regresó a la normalidad.
Fizzarolli: - ¿Qué? ¿Qué eres? - Preguntó con voz desgarrada, pero Blitzo no respondió a su pregunta.
Asmodeus: - Eres... Eres fuerte Pequeño. - Dijo con una voz interrumpida por la sangre que salía de su boca.
Fizzarolli: - ¡Asmodeus! - Gritó con ojos llorosos al ver que su maestro estaba vivo.
Blitzo: - Deberíamos matarlos. - Le dijo a Stolas con una voz siniestra.
Stolas: - Blitzi. -
Blitzo lo miró algo desanimado. Pensaba que su decisión era la correcta, pero podía ver la desaprobación de Stolas, aunque no tenía el valor para decirlo.
Blitzo: - Muy bien. Supongo que no hay razón para hacerlo. - Dijo indiferente, volviendo a ser el clásico Blitzo de siempre, lo cual logró mostrar una leve sonrisa en el rostro de Stolas mientras apagaba el fuego con un chasquido de sus dedos.
Asmodeus: - Gra cias. La casa Ozzie's se... se postra a... sus pies. - Dijo aceptando su derrota.
Stolas: - No... no. No necesito a un robot psicópata y a un espantapájaro gigante en mi negocio. - El comentario logró hacer reír a los presentes, incluso al malherido Asmodeus.
Pasaron varios segundos mientras Asmodeus curaba sus heridas, cuando una familiar voz se pudo escuchar desde sus espaldas.
?: - () Te lo digo Millie. Debimos habernos queda ¿¡Pero qué rayos ocurrió aquí!? - Dijo Moxxie quien entraba en el local cargando un arma de fuego junto a Millie quien portaba su hacha de guerra.
Blitzo: - Moxxie. Pequeño precoz. Te perdiste toda la diversión. Debiste haberlo visto. Stolas le dió su merecido a estos demonios de mala muerte. -
El comentario tomó al búho de sorpresa, pero entendió de inmediato que Blitzo no quería revelar la verdad tras de todo, así que decidió seguirles la corriente.
Blitzo: - Oye Moxxie. ¿Recuerdas ese bar nuevo del que te comenté? -
Moxxie: - Sí señor. -
Blitzo: - Bueno... La noche es joven y no tenemos nada que hacer. -
Millie: - Eso sueno bien para mi. -
Blitzo: - Decidido. Vamos para allá. Stolas. - Blitzo se dio vuelta y vió a Stolas, quién parecía tener la mente en otro lado. - ¿Vienes? -
Stolas dudó por un momento tras pensar en todo lo que había pasado, pero una invitación de Blitzo era algo que no sucedía muy a menudo, y mucho menos dos el mismo día. Así que terminó aceptando.
Moxxie: - Le recuerdo señor Que usted dijo qué usted pagaría las bebidas. -
Blitzo: - ¿Yo? Yo no recuerdo haber dicho tal bobería. -
El cuarteto terminó abandonado el lugar, Blitzo con una mueca infantil en su rostro, Stolas y Millie riendo a carcajadas, y Moxxie con disgusto en su rostro.
