Stella: - Arg... mi cabeza. -

Stolas: - ¿Que... Que pasó? -

Octavia: - ¿Ma...? ¿Pa...? -

Los tres a duras penas abrían los ojos, descubriendo que se encontraban en lo que parecía ser el interior de una vieja mina abandonada. Una que para terror de Stolas, recordaba muy bien.

?: - Bueno, bueno, bueno. Parece que por fin despiertan. -

Los tres vieron aterrados el panorama, y la voz que causaba pánico en sus corazones. Estaban atados con algún tipo de lado o cadenas mágica, y por mucho que intentase usar sus poderes no eran capaces de hacer nada. Al parecer, esos artículos sagrados de alguna forma u otra estaba drenando sus poderes. Y la fuerza física de ninguno de los tres era suficiente para romper dichas cadenas.

Stella y Stollas estaban atados juntos, sentados en el suelo y apoyados sobre lo que parecía ser un antiguo farol de la mina, y justo al frente, a pocos menos de unos cinco metros, estaba Octavia, atada de igual forma a otro farol.

?: - Ya me estaba comenzando a sentir aburrido. -

Stella: - ¡Striker, maldito! ¿¡Qué demonios estás haciendo!? -

Stella: - ¡Striker, maldito! ¿¡Qué demonios estás haciendo!? -
La voz de la búho blanca mostraba una rabia como nunca antes. Ver a esa víbora era lo último que esperaba en su vida en ese momento. ¿Por qué estaba allí? ¿Por qué los había raptado? ¿Qué demonio tenía en mente? Esas preguntas la aterraban, y dicho miedo se reflejaba en su rostro a forma de ira y frustración.

Strike: - Oh... Venga querida. ¿Esa es la forma de tratarme después de tantos... negocios juntos? -

Stella: - Eso quedo en el pasado. Te dije que no te acercaras más. Deje de pagarte hace mucho. -

A pesar de lo tensa de la situación y los rostros asustados, Striker no pudo evitar soltar una carcajada de satisfacción. Él estaba disfrutando de ese momento de una manera que ninguno del resto de presentes sabía, y se encargaría de causarle todo el malestar que su retorcida mente pudiese hacerles.

Striker: - Oh querida... Me ofendes. Das la impresión que todo este tiempo lo hice por dinero. -

Stella: - Y siempre lo fuiste. No eres más que un avaro. ¿Qué quieres ahora? ¿Un rescate? ¿¡Cuanto quieres para que salgas de mi vida!? ¡Maldito! -

Incluso el propio Stollas estaba sorprendido. Él había víctima de la furia de la búho blanca, pero nunca antes había visto tanto odio en el rostro de Stella como el que emanaba de su mirada hacia Strider. Esa mirada era odio y rencor puro. Aún así, Strider no podia verse más satisfecho.

Strider: - Oh querida. Eso duele. Tus palabras son muy dolorosas. - Decía con ironía mientras saboreaba el momento. - Pero hay algo que... no sabes. La verdad, acepte el trabajo de matar a tu... "esposo" porque me ofrecías una cantidad que no podía rechazar. -

Las palabras de Strider herían en el alma de los presentes. Todos sabían que lo Stella había hecho, y aunque les costó mucho trabajo perdonarla, pudieron llegar a una situación reconciliación. Aún así, el pasado no dejaba de ser doloroso. Sobre todo para la propia Stella, quien siquiera era capaz de alzar la mirada de la vergüenza. Lamentablemente, Strider aún tenía cosas que decir.

Strider: - Pero sabes... No acepte este trabajo solo por dinero. -

Sus palabras sin dudas llamó la atención de todos. Quienes lo miraron con temor y sobre todo... miedo.

Steider: - Oh... no me vean así. Yo también tengo mis propios intereses después de todo. No no no. No acepte este trabajo solo por dinero. Yo quería algo mas... si... Mucho más satisfactoria. Yo quería acabar con la cabeza de un Goética... personalmente. - Decía mientras miraba con satisfacción a Stollas. -

Stollas: - Bastardo... si tanto quieres mi cabeza tómala. Solo déjalas ir... ellas no tienen nada que ver. -

Strider: - ¿Nada que ver? - Su risa estremeció el corazón de los presentes. - Oh no no. Creo que me estas malinterpretado. La cabeza de un Goética era solo el primer paso. Claro... solo eso. -

Stollas: - ¿Que...? ¿Que quieres decir? - Entonces, el rostro de Strider de volvió sombrío y distante.

Strider: - Ustedes los nobles no daban nada... No. ¿Cómo podrían saber?... Ocultos siempre en sus palacios mientras nosotros los del bajo mundo nos retorcemos y hacemos lo impensable por poder llevarnos algo de comer a la boca. ¡Todos ustedes son culpables! ¡TODOS! ¡NO TIENEN IDEA DE TODO LO QUE HEMOS SUFRIDO! -

"Hemos"

Stella: - Nosotros no hemos hecho nada. -

Strider: - ¡Exacto! Porque no les importa. Nunca les han importado los plebeyos como nosotros. Porque nos ven como basura... Seres insignificantes que ni siquiera tienen el derecho de existir... Plagas que solo existimos para... satisfacer sus malditas necesidades. - Ahira era el rostro de Strider el que mostraba una rabia absoluta. - Pero yo no... lo soportaré más. -

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Todos vieron con preocupación que iba a hacer Strider, pero sus rostros mostró terror y desesperación absoluta cuando este se dio la vuelta, se agacho y se puso detrás de Octavia, agarrando su mentón y obligándola a ver a sus padres mientras él tenía la mirada de un monstruo a sus espaldas.

Octavia: - Ma... Pa... - Decía la búho al borde de las lágrimas.

Stollas: - No te preocupes Via... Todo estará bien. -

Stella: - Strider. Maldito. Si osas tocarla juro que te mataré personalmente. -

Strider: - Es hora de que sufran... como yo he sufrido. -

Los ojos de Octavia se abrieron como platos cuando sintió como algo atravesaba su abdomen, justo en medio de su hígado. Al frente, sus padres miraban aún más en shock como Strider le había clavado una de sus dagas sagradas por la espaldas, cuya punta ahora sobresalía por el abdomen de Octavia. Todo, mientras Strider aún la obligaba a mirar al frente mientras el se mantenía a sus espaldas sin mostrar rastro alguno de piedad.

Stolas: - ¡VIAAAAAAA! -

Stella: - ¡NOOOOOOOOOOO! -

El grito de ambos retumbó en la desolada caverna e hizo eco en cada uno de los pasadizos. La ira, el odio, la tristeza, el dolo, y sus ansias de sangre parecía querían desbordarse de los cuerpos de ambos búhos, pero esas cadenas sagradas comenzaron a brillar, y a parecían absorber o reprimir todo el poder demoníaco que emanaba de ambos padres, cuyos rostros eran capaces de incluso desgarrar más almas más fuerte. Pero no la Strider... El hacía mucho que había perdido su alma.

Solo cuando Stella y Stolas pudieron sentir su dolor, Strider soltó a Octavia, la cual cayó sobre el suelo sin delicadeza alguna. La herida de su abdomen soltaba grandes cantidades, y un enorme charco carmesí comenzaba a formarse a su alrededor.

Los gritos de desesperación de sus padres no podían ser peores. Ellos estaban allí mismo, a apenas unos metros, y el hecho de sólo ver sin poder hacer nada para salvar a su hija les partía el corazón. Justo lo que Strider estaba buscando.

Aun así, Strider mantenía un rostro carente de emoción. Sin apatía alguna. Estaba vacío por dentro y así se sentía. No mostraba remordimientos alguno por acabar con una vida inocente. Ya lo había hecho incontables veces. Y tampoco le importaba ver y escuchar el dolor de los demás. Su corazón hacia mucho que dejó de nombrar sangre, y solo un líquido carente de vida corría por su cuerpo. Era un alma rota, un vengador, un recipiente vacío. Nada... sería capaz de hacerlo sentir la menor apatía por nadie.