No hubo tiempo. El estallido de las decenas de explosivos retumbó en los alrededores, mientras el techo del lugar se les abalanzaba encima. Esas cadenas sagradas eran irrompibles, no importase cuanto Moxxie lo intentase, nada daba resultado.

Aquellos que aún tenían la suficiente cordura para mirar hacia arriba, vieron con terror como sus tumbas se formaban sobre sus cabezas.

Millie y Moxxie se abrazaron una última vez, reprochado todo lo que no fueron capaces de hacer y agradeciendo de tenerse uno al otro. Fue una vida corta, pero fue una vida feliz. Loona calló de rodillas ante el cuerpo inerte de Octavia, lamentando tantas cosas, entre ellas, no haber podido llegar a tiempo. Blitzo solo pudo llorar y abrazar a Stolas, aún cuando él buho liberaba todo su ira y poder demoníaco envuelto en una desenfrenada rabia negra y carmesi. El diablillo lloraba por verlo... y aún más por no haberle dicho tantas cosas que necesitaba. Batallando en su mente si consolar a su amado o a su hija adoptiva. Su corazón quería simplemente... partirse en pedazos. Y finalmente... Stella.

La buho blanca sentía como el tiempo se detenía, mientras su era invadida por cientos de pensamientos. Tosa esa furia que vivió, ese odio, rencor... todo... Todo parecía tan insignificante en ese momento. Sus ojos no eran capaces de mirar hacia otro lado. Sus lágrimas caían ante lo que ya era el cadaver de Octavia, y lo único que podía sentir era dolor y arrepentimiento. ¿Por qué hizo todo eso? ¿Orgullo? ¿Despecho? Nunca supo exactamente con exactitud. Lo que sí sabía, era que daría su vida entera y más por regresar al pasado y cambiarlo todo. Tenía lo necesario para ser feliz, después de todo... ella nunca amo a Stollas. ¿Por qué querer vengarse de él entonces? Solo queria... remediar las cosas.

El retumbar de la caverna sacudió la tierra y el aire. Desde la distancia unos poco, Strider incluido, veían como la enorme montaña sucumbia a su propio peso. Ese era el fin, y la Víbora reiría victoriosa de su logro. Los primeros... Los primeros de su larga lista de venganza. Sin embargo, para aquellos que no pudieron escapar de colapso, todo se volvio... oscuro.

Una vez el retumbar de las rocas se detuvo, una absoluta calma y tranquilidad se apoderó del lugar, interrumpido solamente por las pequeñas rocas que rodaban por encima de las mas grandes. Nada se movía, nada emitía algún sonido... pero no era el fin.

De pronto, las avalancha de rocas comenzó a levantase del suelo. Aquellos que ya habían aceptado su muerte veían atónitos como lo que sería su tumba ahora se levantaba por encima de sus cabezas, rodeadas por una extraña miasma roja productos de algún poder demoníaco. Todos se miraron entre ellos, pero ninguno era el responsable. Entonces... ¿Quién era? Solo un suspiro cansado llamó la atención de los presentes.

?: - Ah mocoso. No haces más que causarme problemas. -

Todo miraron asombrados la imponente figura cuya voz retumbaba dentro de sus cabezas. Nadie era capaz de decir una palabra, nadie excepto:

Stollas: - Padre. -

La imponente ahora del demonio buho más poderoso del infierno era aterradora La imponente ahora del demonio buho más poderoso del infierno era aterradora. Su mera presencia era capaz de hacer que los más débiles temblaron de miedo, y ahora que estaba claramente molesto infundia puro terror.

Paimon no dijo nada. Su enojo no se lo permitía. Simplemente camino hacia adelante, rumbo al cuerpo inerte de Octavia mientras todos los que estaban en su camino se apartaban asustado. Y fue entonces, cuando Paimon mostró su verdadero poder. Uno que casi ningún ser había observado, y por buenos motivos.

Las manos de Paimon se volvieron un juego caótico se señas sin sentido, mientras el aura demoniaca emanaba de su cuerpo violentamente. Y entonces... Ocurrió un milagro.

La sangre derramada bajo el cuerpo de Octavia comenzó a regresar a su cuerpo de manera antinatural. El fluido carmesí regresaba a sus venas por el mismo orificio por el cual había salido, mientras todos observaban atónitos como algo así era posible, siendo Stollas el único que realmente conocía la magnitud del poder de su padre. Paimon, aquel que era capaz de manipular al tiempo mismo.

Una vez el cuerpo de Octavia recupero todo lo que había perdido, su herida poco a poco comenzó a cerrarse, dejando sobre su abdomen una horrenda cicatrix que su plumaje eventualmente taparia. Un horrible recuerdo que la acompañaría todas su vida.

Loona: - ¡VIA! - El grito de la hellhound retumbó en el lugar cuando la joven buho abrió los ojos.

A su llamado, otras voces se unieron, siendo la de Stella la que más destacaba entre todas, forcejeando con sus cadenas para llegar a su hija. Cadenas qhe con un chasquido de dedos, Paimon deshizo al instante.

Stella: - ¡OCTAVIA! -

Tan pronto se vio libre, la buho blanca se abalanzó sobre su hija, empujando a Loona sin darse cuenta para agarrar a su hija entre sis manos. Stollas demoró un segundo en reaccionar, pero tan pronto se dio cuenta siguió a Stella. Ambos, ahogados en un llanto alivianador.

Stolas: - Gra... Gracias. - Fue lo único que su voz atorada en llanto le pudo decir a su padre.

Paimon no dijo nada. Este tipo de escenas no eran exactamente de su agrado, así que se mantuvo estoico como una piedra esperando que los padres de su nieto hubiesen aprendido algo de todo esto. Luego... miro a Blitzo.

El diablillo rojo se sintió intimidado ante la mirada de esos dos enormes ojos rojos. Su simple presencia imponía sumisión, y ser testigos de su poder haría enloquecer a cualquiera.

Aun así, para sorpresa de él mismo, el propio Paimon hizo una reverencia casi imperceptible antes de darse la vuelta y desaparecer por arte de magia usando su poder demoníaco y su aura oscura.

¿Acaso eso fue una muestra de respeto? Blitzo, el único que fue capaz de verlo, estaba atonito y pensaba que había sido su imaginación. Aunque cuando la adrenalina del momento pasó y sintió dolor que la bala sagrada dentro su hombro le infligía pudo entender el porqué. Una herida que tardaría un par de semanas en curar.