Capítulo [1] "El primer viaje"

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Tatsumi no había conocido muchas personas de su edad con las que pudiera relacionarse en su vida, excepto a sus amigos de la infancia, Leyasu y Sayo. El pueblo donde vivía, ubicado en las montañas, tenía pocos habitantes jóvenes debido a que muchos de ellos habían emigrado a ciudades cercanas y la mayoría de la población que quedaba era mayor. Los únicos jóvenes que quedaban eran Tatsumi y sus amigos, quienes tenían la capacidad de proteger al pueblo de las criaturas que acechaban las montañas y de las bandas de saqueadores conocidas que tenían su área de influencia en la zona.

Debido a lo anterior, también eran los únicos adolescentes del lugar con el potencial suficiente para aportar ingresos extras fuera del pueblo, ya que los altos impuestos estaban ahogando a los pobladores y no les permitían comprar suficiente comida para saciar su hambre. Tatsumi mismo fue testigo de que solo los niños y los ancianos eran alimentados completamente, mientras que los adultos, incluyendolos, recibían racionamiento. Esta situación los motivó a buscar nuevas oportunidades fuera del pueblo para evitar el hambre.

El exmilitar que los crió tenía suficiente confianza en que podrían defenderse de los peligros del mundo exterior. De hecho, participó en su entrenamiento desde muy temprana edad, utilizando un método riguroso que dio excelentes resultados cuando el pueblo era atacado por bandidos con regularidad. Los tres jóvenes se convirtieron en la esperanza de la comunidad, siendo sus salvadores más específicamente. Incluso los niños del pueblo los consideraron como sus modelos a seguir cuando crecieran. Para Tatsumi, era su meta no defraudarlos.

Cuando llegó el día en que tuvieron que dejar el pueblo para ir a la capital, despedirse del lugar que los vio nacer y crecer fue muy difícil para el trío. El joven castaño fue testigo de cómo su mejor amiga, Sayo, no dejaba de despedirse de los niños que imploraban que no se fuera. Mientras que su amigo Leyasu lloraba al ser despedido por las abuelas que lo criaron después de que sus padres fallecieran. Por otro lado, Tatsumi tuvo que despedirse duramente de su maestro, quien no dejaba de mostrar su apoyo y esperaba que llegaran a la capital sanos y salvos. Sabían que estaban dejando todo por el bien de su comunidad, pero también significaba dejar atrás su mundo conocido. Un nuevo mundo bajo las montañas los esperaba y no se sentían preparados para ello.

Afortunadamente, la calidez y apoyo que recibieron de su comunidad fue suficiente para motivar al trío a partir de su hogar hacia la capital con el mantra de "todo sea por el pueblo".

El camino fue duro y tuvieron que enfrentar muchas adversidades, como arañas de nieve, yetis carnívoros y larvas de hielo que se infiltraban en la espesa nieve, además de algunos bandidos. Tuvieron que soportar también las inclemencias climáticas de la ladera de la montaña y enfrentar el hambre y la falta de suministros en un lugar donde solo podían cazar focas toro para sobrevivir.

A pesar de que llegar al valle disminuyó un poco la dificultad de conseguir recursos, los peligros seguían presentes. Las larvas gigantes de barro duro, los osos acorazados y las águilas gigantes eran solo algunos de los desafíos que el trío tuvo que enfrentar.

Sin embargo, también se dieron cuenta de que los bandidos cercanos a la capital eran aún más peligrosos y sanguinarios que los que habitaban las montañas. Incluso llegaban a violar a las mujeres que capturaban. Tatsumi y Leyasu siempre tenían en mente proteger a Sayo en estos casos.

Todo este conjunto de sucesos cansó al trío en algún momento del viaje. El hambre se volvía cada vez más feroz y causaba disputas entre los amigos por las raciones de comida. Además, los comerciantes que encontraron no eran muy confiables y parecían querer estafarlos por las pieles de las criaturas que cazaban. Eso les causó desconfianza hacia ese tipo de personas, y la comida extra y más apetecible era demasiado costosa. Desafortunadamente, a veces tuvieron que desistir de conseguir lo que necesitaban debido a que las espadas de mala calidad que portaban necesitaban mantenimiento constante.

Desafortunadamente, al saquear los cuerpos de los bandidos, los chicos solo encontraron algunos suministros.

Sin embargo, no sabían que cerca de la orilla del tercer río susurrante, el más cercano a la capital, se cruzarían con un chico peculiar. El encuentro fue casual, ya que simplemente caminaba en la misma dirección que ellos, portando una mochila grande y de calidad similar a las de los comerciantes locales. La mochila parecía estar repleta de cosas útiles, como carne curtida y diferentes especias.

Los chicos rápidamente dedujeron que era un comerciante, pero les sorprendió que fuera alguien de su misma edad. Normalmente, para dedicarse al comercio se requerían años de experiencia trabajando con otros comerciantes. Pero este chico caminaba solo, con una tranquilidad que los chicos solo podían soñar.

Lo que los dejó aún más curiosos fue que era el primer adolescente con quien podrían tener una conversación informal.

—Oye chico, ¿por qué estás tan tranquilo? Hay muchos bandidos por esta zona— dijo Leyasu, quien fue el primero en animarse a hablar con él.

En su interior, Leyasu se sentía un poco inseguro al tratar de entablar una conversación con alguien que no fuera un niño o una persona mayor. Por eso, decidió hacerlo en un tono casual.

—Ohhh— respondió el chico al voltearse hacia el trío— ¿Por qué no debería estarlo? Este es un lugar hermoso para apreciar. No todos los días se tienen la oportunidad de ver un río tan transparente y árboles frondosos.

El chico parecía ser un adolescente de entre 17 y 18 años, de estatura media, con pecas, ojos verdes y cabello alborotado del mismo tono. A simple vista, era delgado pero su cuerpo estaba tonificado, lo que captó la atención de Sayo.

La forma de hablar del chico era bastante calmada y serena. No parecía ser alguien particularmente agresivo, cosa que les dio más oportunidad de seguir con la conversación.

—Me sorprende que un chico de nuestra edad sea comerciante y ande solo — comentó Tatsumi, curioso.

—¿Es tan obvio? —respondió el peliverde, riendo mientras dejaba su mochila en el suelo por un momento.

—Veo que ofreces un poco de todo —agregó Sayo, examinando los productos visibles en la mochila.

—Cuando viajas mucho, puedes conseguir muchos productos para comerciar. Por ejemplo, tengo especias que conseguí en las Tribus del Norte —explicó el chico.

—¡¿Espera, fuiste al norte!? —preguntó emocionado Leyasu.

—Sí, son buenas personas, pero difíciles de convencer para comerciar con un extranjero sin el gremio de comerciantes presente. Pero ser persistente ayuda —respondió el chico.

El chico continuó charlando con el trío, principalmente sobre sus viajes. Contó cómo una vez fue al sur en busca de trigo, pero parecían querer estafarlo con productos caducados, o cómo compró armas ilegalmente en la frontera con los Reinos Germánicos.

Como buen comerciante, no tardó en ofrecer algunos productos al trío y les sorprendió lo barato que eran en comparación con otros precios que habían encontrado en el camino. Compraron algunos artículos para su viaje, con el dinero que habían recibido por las pieles de criaturas que habían vendido injustamente.

—Muy bien, chica, aquí tienes un kilo y medio de carne seca —dijo el chico, entregándole una bolsa a Sayo.

—¡Gracias! —chilló emocionada Sayo—. No sabía que se podía hacer carne tan duradera.

Echarle sal a la carne al menos aumentaba su duración, pero la carne de las criaturas era más propensa a caducar que la de los animales domésticos. Era algo nuevo que emocionó mucho a Sayo.

—Y aquí tienen tres espadas rumanas, pero asegúrense de borrar el logotipo del Reino de Rumania, ya que es ilegal, según me han dicho —dijo el chico mientras entregaba las espadas al trío.

Los chicos estaban impresionados por la calidad de las espadas. Sintieron que las 80 monedas de oro que gastaron en las espadas habían sido una inversión bien hecha.

También compraron algunos suministros, como carbón para futuras fogatas, etc.

En ese momento, Tatsumi tuvo una idea. Podrían ganar dinero extra, solo tenía que preguntarle al chico.

—Chico, ¿cómo te llamas? —preguntó Tatsumi guardando su espada. Sayo y Leyasu también querían saber.

—Me llamo Izuku Midoriya, a su servicio —respondió con un tono animado.

— ¿Vas a la capital? Supongo que este es el camino —preguntó Tatsumi.

—Sí, vengo en busca de oportunidades, al igual que ustedes, aparentemente.

A Tatsumi le gustó que Izuku fuera observador con las personas a su alrededor, lo que lo hizo pensar que también notaría que ellos podrían proporcionar protección.

—Entonces, nos gustaría ofrecerte algo —dijo Tatsumi.

—¿Qué cosa? —preguntó interesado Izuku.

—Queremos llevarte a la capital como escolta personal, ¿qué dices?

Eso claramente sorprendió al chico, y no pudo evitar quedar pensativo.

—Lo que te ofrecemos es una oferta justa, no te preocupes por eso —dijo Tatsumi ofreciéndole la mano. Nadie se opuso, ya que cualquier ingreso extra sería bien recibido.

Mientras Izuku pensaba claramente, tardó unos segundos en responder.

—Sí, ¿por qué no? —dijo Izuku agarrando la mano de Tatsumi— Les pagaré bien, puedo darles mi palabra.

Entonces Leyasu se mostró emocionado, ya que le habían gustado las anécdotas de Izuku y su viaje por el imperio. Mientras que Sayo lo estaba aún más, ya que finalmente iba a poder hablar con otro chico de su edad.

Así, su viaje se reanudó con un integrante más.


Continuará...

¿Qué tal?

Espero que les haya gustado este pack de dos capítulos.

Quisiera ver su opinión acerca de esto, y si tienen alguna duda, me lo hacen saber jejeje.

Nos vemos en la siguiente actualización.