Capítulo [6] "Caminos separados"

(...)

El trío de jóvenes que recorrían las instalaciones imperiales, de repente oyeron un ruido estruendoso de algún lugar cercano a su posición. Aunque les era difícil de distinguir qué habían escuchado, ellos podían suponer que era una explosión de pequeña magnitud. Algo que claramente no les tranquilizaba en lo absoluto. Su estadía en este complejo invadido cada vez se convertía en un lugar que pronto los arrastraría al infierno en el que se habían metido por su empleador.

Desafortunadamente para ellos, no podían huir sin él. Además de que lo estimaban lo suficiente para no dejarlo a su suerte, él prometió un pago generoso por sus servicios de escolta.

Apenas habían abandonado la zona perimetral del complejo, adentrándose más en las oficinas administrativas, siendo el lugar más cercano del famoso puente que los llevaría a su camino hacia la capital.

—¿Qué es eso?—dijo Leyasu alertado por el extraño ruido.

—Sea lo que sea, no me gusta—comentó Sayo, mientras sostenía con cautela su arco.

—Debemos encontrar a ese idiota lo antes posible—dijo Tatsumi con una severa frustración.

Sin haberlo esperado, otra vez se oyeron más ruidos similares al anterior. Como si las sorpresas no dejaran de llegar, al mirar hacia arriba, solo pudieron ver varias estelas de humo saliendo de otro sector del complejo. Claramente, eso no era obra suya, y más del enviado por el imperio a controlar la situación.

—¿Creen que sea obra de quién el imperio envió?—preguntó Tatsumi viendo la estela de humo desde su posición.

—No lo creo, era más silencioso. De lo que habíamos visto de los mercenarios muertos o asustados, no era su estilo ser tan llamativo —concluyó Sayo haciendo un breve análisis.

—No creen que...las autoridades imperiales llegaron? —dijo Leyasu, siendo un manojo de nervios al prever si esta vez podían estar realmente en una mala situación.

Sin previo aviso, se empezaron a oír disparos desde varias direcciones. Así como los gritos de ambos bandos en una pelea feroz e implacable. Las espadas también se podían oír chocando en el calor de la batalla.

—¡Corran!

Lo que no esperaron fue ver a su empleador corriendo con su mochila de productos, y a su vez, este estaba sosteniendo en su mano otra gran bolsa que a simple vista parecía un montón de monedas.

—¿¡Dónde estabas grandísimo idiota!? —reclamó Sayo al ver a su empleador correr hacia su dirección.

—Las fuerzas imperiales llegaron, ¡Debemos irnos! —dijo Izuku, pasando de largo al trío para dirigirse al puente.

Viendo lo realmente asustado y apresurado que se veía su jefe, vieron que también necesitaban correr. También, tan solo bastó el hecho de que varias voces de soldados se oían en las cercanías de su posición para obedecer a Izuku. Gritando órdenes de matar a quien estuviera armado sin dudar y jamás tener misericordia con los invasores. Los mercenarios claramente estaban acabados y no tenían escapatoria. Sus gritos de agonía lo confirmaban. Para el trío de jóvenes, obviamente no querían tener problemas con las autoridades.

Así que fácilmente apresuraron el paso hacia el chico cabeza de brócoli.

—¿¡Qué rayos hacías sin nuestra protección?! —gritó Tatsumi a Izuku mientras corría hacia donde él se dirigía.

—¡Una disculpa! Quería infiltrarme y robarles dinero —dijo Izuku mostrando brevemente la bolsa de monedas que él tenía en la mano— No se preocupen por Shepard, fue asesinado por un tipo apuesto que fue enviado al complejo. Eso me facilitó acceder al tesoro de los mercenarios.

La mirada de desprecio no se hizo esperar del trío.

—¡Eres un estúpido, bro! ¿¡Para qué nos contrataste!? —reclamó también Leyasu, mientras apresuraba al igual que sus hermanos.

Inesperadamente, Izuku les mostró una sonrisa sincera y les dijo.

—Porque son confiables, y por lo que veo no dejaron de buscarme, ¿no? Cualquiera que tuviera un empleador idiota, se habría largado del complejo inmediatamente y honestamente pensé que lo harían. No me habría molestado.

Lo que dijo Izuku claramente hizo enojar a Sayo. Sus hermanos también compartieron el mismo sentimiento.

—¡Obviamente, idiota! Eres uno de los nuestros, ¿por qué te íbamos a dejar? —dijo Sayo con el ceño fruncido.

Ella misma admite que dejar a un buen prospecto de esposo sería una desgracia y había invertido su tiempo en ello. Ella claramente cuidaría sus inversiones.

—Cuidado, algo no anda bien—advirtió Izuku, sintiendo un ligero escalofrío recorrer su espalda.

—¿Qué quieres decir?—preguntó Sayo, frunciendo el ceño y aferrando con más fuerza su arco.

—No sé, pero no me gusta esta situación. Es demasiado tranquilo para ser verdad. Tal vez estamos siendo seguidos o algo por el estilo—respondió Izuku, con un palpable tono de preocupación en su voz.

En ese momento, pudieron escuchar el suave sonido de unos pasos acercándose.

—¡Esperen aquí! —ordenó Tatsumi, desenvainando su espada y avanzando hacia el sonido.

Pocos segundos después, un hombre alto y fornido apareció en su vista. Vestía una armadura dorada y portaba una espada en su cintura.

—¿Son el grupo de mercenarios contratados por Izuku? —preguntó el hombre con voz profunda y autoritaria.

—Sí, somos nosotros. ¿Quién eres tú? —respondió Tatsumi, manteniendo una postura defensiva.

—Soy el capitán de la guardia real. Los he estado vigilando desde que cruzaron la caseta. Han sido contratados para una misión bastante delicada en la capital, así que necesito asegurarme de que estén en buenas condiciones y que no sean seguidos por los enemigos del imperio—explicó el hombre.

El alivio invadió al trío de hermanos al escuchar aquellas palabras. Izuku también se tranquilizó un poco, sabiendo que podrían continuar su camino con la ayuda de la guardia real.

—Por favor, síganme. Los llevaré hasta su destino final—dijo el capitán, dando media vuelta y dirigiéndose hacia la capital.

Con un suspiro de alivio, el grupo de mercenarios siguió al hombre dorado, finalmente sintiéndose seguros y protegidos.

Había un dicho que había aprendido en malas circunstancias: todo lo fácil siempre tiene un precio.

"Izuku, ¿piensas lo mismo que yo?" preguntó Sia.

—Sí —dijo en voz baja.

De repente, recordó su batalla contra Shepard y sus palabras que le había dicho: "El pasar mi puente tiene un precio".

Con el recuerdo en su mente, lo que le había dicho aquel bastardo antes de matarlo cobraba sentido. Izuku lo había conocido lo suficiente para saber que era alguien bastante adelantado a su enemigo y siempre tenía una sorpresa preparada para sus oponentes.

El calor del momento al querer huir de las autoridades imperiales les había pasado factura y estaban a punto de caer en una trampa. Era cuestión de tiempo para que se encontraran en problemas.

"Izuku, ¡observa los cables colgados en el techo del puente!" advirtió Sia, su molesta voz angelical sonando en su mente debido a experiencias pasadas.

—¡Mierda!—dijo Izuku, dejando a sus amigos desconcertados por su reacción.

"¡Sal de ahí, te necesito vivo, idiota!". Exclamó Sia en pánico.

—¿Qué pasa? —preguntó Tatsumi.

—¡Debemos saltar al agua!

De repente, con una fuerza anormal, agarró la ropa de Leyasu y lo arrojó hacia el costado del puente.

—¿¡Qué hiciste!? —dijo Sayo sorprendida.

Sin previo aviso, Sayo había pisado un hilo fino en su posición y había activado un sonido Tic Tac. Desafortunadamente, estaba más cerca de la salida del puente.

A este punto, Tatsumi ya sabía a lo que se refería Izuku y también se iba a lanzar.

—¡Vamos Sayo! —dijo Tatsumi, asustado por la inminente explosión cerca de su hermana.

Pero no esperaba que Izuku estuviera más cerca de ella que él.

—Espera, ¿qué? —preguntó Tatsumi confundido.

Sin previo aviso, Izuku la cargó como una princesa con una velocidad impresionante, lo que la hizo sonrojarse de una forma que la avergonzaba.

—Yo la sostengo Tatsumi, tú salta.

Desafortunadamente, el puente explotó antes de lo previsto. Pequeñas microexplosiones lo habían llenado y debilitado su estructura; era cuestión de tiempo para que se viniera abajo.

Sin perder tiempo, Izuku lanzó a Sayo al agua y Tatsumi saltó al mismo tiempo para salvarse.

El último en saltar fue Izuku y, como era de esperar, la onda expansiva de la explosión lo expulsó bruscamente varios metros hacia el agua.

(...)

Tatsumi todavía estaba expulsando el agua que había tragado en su intento desesperado de nadar en contra de la fuerte corriente del río. Afortunadamente, a pesar de que Izuku fue golpeado por la onda expansiva, lo ayudó rápidamente para que no se ahogara.

Por ahora, se encontraban en las orillas del río, un poco lejos del complejo que ahora estaba en manos de las autoridades imperiales. Por suerte, estaban a salvo, pero desafortunadamente en el lado equivocado del río, ya que al otro lado estaba el camino de tierra que los conduciría a la capital.

—Podría haber sido peor.

De repente, vio a su salvador exprimiendo su camisa y tratando de secar su confiable mochila de agua que se había filtrado.

—Gracias, me salvaste la vida.

—No hay de qué. Eres uno de mis empleados, es mi deber ayudar. Solo espero que Sayo y Leyasu estén bien.

—Esperemos que sí.

Había pasado unos 20 minutos desde que llegaron a la orilla y no había rastro de sus amigos, lo que preocupaba a ambos por igual. Tatsumi trataba de no caer en el pánico, ya que eran su familia después de todo. No quería perderlos.

—Tal vez necesitemos buscar en las orillas... —comentó Izuku.

—Sí...

De repente, oyeron la voz autoritaria de Sayo en la lejanía.

—¡Oigan!, ¡Oigan!

Afortunadamente, no tardaron ambos chicos en verla en el otro lado del río, un poco lejos a simple vista, junto con Leyasu, quien también trataba de llamarles la atención con ademanes.

—¡Demonios! Esos dos lograrán llegar antes que yo —dijo Tatsumi aliviado de que sus hermanos estuvieran vivos.

Aunque estaba un poco preocupado por lo que podría pasarles en su ausencia, confiaba en el buen criterio de su hermana. Leyasu estaría a salvo.

De repente, Izuku también gritó:

—¡Oigan!, ¿Qué haremos?

—¡Nos veremos en la capital! ¡Llegaremos y los esperaremos! —dijo Sayo gritando para que su voz se oyera al otro lado del río.

Tatsumi también habló.

—¡Los veremos allá! ¡Es una promesa!

—¡Bro! ¡Nos vemos! —dijo Leyasu despidiéndose de su nuevo amigo y de su hermano.

Su viaje había tenido un contratiempo, pero esperaban reunirse nuevamente.

Continuará...

Espero que les haya gustado.