Capítulo [12] "El Gremio"

(...)

—Necesito que desayunen. A pesar de que sanaron sus heridas, los necesito en la mejor condición posible.

Después de haber salvado la vida de ambos chicos, Izuku no tuvo más opción que pasar la noche con ambos chicos en la habitación del lugar donde se hospedaba. Aunque fue bastante incómodo acomodarse y limpiar los restos de la sangre de ambos, la recompensa de dejar todo en orden fue el haber dormido con total libertad.

Después de su trágico cautiverio, al fin habían escapado de la pesadilla que vivieron, y esa paz tan ansiada por fin era una realidad. Tan solo bastó una noche de sueño para poder sentirla.

A la mañana siguiente, se despertaron viendo a Izuku, que había madrugado horas antes, con dos bolsas de tela con la ropa que les había comprado en un mercado cercano. Todo para que pudieran vestirse de manera decente antes de poder salir. Al final, se habían puesto ropas sencillas y nada llamativas, a diferencia de las ropas típicas de la región de donde provienen.

Al principio, ambos chicos se sentían culpables de la generosidad de su ex-empleador. Además del gesto de la ropa nueva, no era su responsabilidad el apoyarles económicamente e invitarles al desayuno en el lugar donde habían dormido. Pero, su nada piadosa hambre nubló sus pensamientos racionales y decidieron dejarse llevar por la placentera sensación de llenar el estómago.

Al mismo tiempo, Izuku miraba aliviado el hecho de que saciarán su hambre y también agregaba comentarios que impulsaron su apoyo a esto.

Para cuando terminaron de desayunar, llegó el momento de hablar del plan de acción.

—Ella seguramente va a drogar a Tatsumi está noche, y le va a hacer lo que a nosotros hizo ¡No podemos permitirlo!—comentó Sayo, sintiendo una enorme preocupación por la seguridad de su hermano.

—¡Está perra debe pagar por las demás personas que capturó! ¡Debemos ir enseguida a por ella!—agrego Leyasu, con mucha frustración.

Mientras tanto, Izuku se había mantenido sereno ante la discusión y también había pensado sobre el curso de acción anteriormente.

—Chicos, se que su preocupación por Tatsumi es válida, y también tienen todo el derecho de vengarse de la señorita Aria. Pero, no debemos precipitarnos.

A lo que Leyasu respondió muy emocionado, ya que una idea se había formulado en su mente.

—¡Ya se! Izuku, ignoró que clase de hombre eres, pero la forma en que mataste a eso soldados solo se compara la habilidad de un general. Haciendo memoria, tu fuiste el hombre que se nos adelantó en el complejo y asesinaste a los hombres de Shepard ¡Todo tiene sentido! Tu siempre nos has protegido, y seguramente te encargaste de Shepard a nuestras espaldas. Si tan solo hiciéramos un plan rápido, algo improvisado como en el complejo. Podríamos ir en menos de 15 minutos a la mansión de Aria y sacar a Tatsumi. Seguramente con tu poder no tendrían oportunidad...

—¡Lo dudo!—contestó firmemente Izuku.

Dicha afirmación dejo algo confundidos al duo de hermanos.

—¿Por qué no, bro? Se que estamos recién recuperados, pero no hay tiempo que perder si Tatsumi está involucrado—dijo Leyasu algo molesto.

—Izuku, se que no nos crees capaz de seguir el ritmo, pero prometemos no estorbar—agregó Sayo algo frustrada.

Izuku era un hombre poderoso. Eso había aclarado ciertas dudas sobre sus acciones durante el tiempo en que se suponía que debían protegerlo. Sayo, por su parte, sentía que Izuku no confiaba en ellos para poder enfrentar a enemigos complicados y por eso se adelantaba. Esto chocaba con sus ideales de guerrera, transmitidos por su maestro, pero en este punto ella misma comprendía que aún eran débiles y necesitaban ayuda. Si no acompañaban a Izuku en la operación, la única forma de convencerlo de que rescatara a Tatsumi, podría ser dejando de lado su orgullo.

— No es eso chicos, miren — dijo Izuku, suspirando en resignación. — Hablando con honestidad, solo pocas personas en el mundo saben de mi secreto y de mis poderes, y otro número aún más bajo de personas saben de mi mayor debilidad. Quisiera compartirles esa debilidad, ya que confío en ustedes.

Mientras tanto, ambos chicos no sabían cómo sentirse al respecto. Pero al final, solo pudieron pensar en que Izuku les estaba compartiendo algo tan personal que era vital para su seguridad, y solo podían expresar su agradecimiento con su silencio. Él era su salvador, y merecía respeto a toda costa.

— ¿Cuál es? — comentó Sayo un poco curiosa.

— Mi debilidad consiste en que mis poderes solo pueden manifestarse durante una hora, sin que haya mayores afectaciones en mi cuerpo. Es decir, si me paso una hora más de la cuenta, me arriesgo a morir por una hemorragia interna o debilitarme en una batalla. Por lo cual, el plan improvisado que tuvimos en esa ocasión casi agotó todo mi tiempo, y estaba a punto de caer desmayado si no desactivaba mi poder. Todo esto es la razón por la que me mostré debilitado ante ustedes.

"¡Por eso estaba mal en esa ocasión!", pensó Sayo sorprendida.

— Un plan improvisado no es lo que necesitamos. La razón de mi éxito en varias de mis operaciones es la planificación cuidadosa y la información. Mi debilidad me ha orillado a manejar con cuidado mi tiempo y utilizarlo solo en situaciones donde sea sumamente necesario. Puede haber enemigos que nos mantengan ocupados más tiempo del que necesito, y por eso necesitamos prepararnos — agregó Izuku, tratando de transmitir su preocupación.

Los hermanos comprendieron la situación de Izuku con respecto a su poder, pero todavía tenían dudas.

— Izuku, comprendo tu situación. Pero esta chica no va a esperar para torturar a nuestro hermano. ¿Qué podemos hacer? — dijo dudosa Sayo.

— ¡Exacto! — agregó Leyasu.

—Chicos, estamos en una situación complicada y ciertamente en mi condición no puedo ayudarles en un plan improvisado. Menos si mi hora ya ha pasado y seguramente seré una carga más para ustedes. ¡Pero!—dijo Izuku, haciendo énfasis a esa palabra— No significa que no podemos hacer un plan elaborado para infiltranos en la mansión de esa bruja y sacar a ese idiota a salvó.

Eso hizo que ambos esbozaran una sonrisa emocionada. Sus palabras al fin habían confirmado su participación en la operación y no podían estar más agradecidos por ello.

Entonces, Izuku siguió con su explicación.

—Aunque, la mayor parte de mis operaciones se necesitó semanas, o a veces algunos meses para ejecutarse. Muchas veces, necesite un día para que yo pudiera actuar. La razón de que esto sea muy tardado, es que la información es vital para cualquier eventualidad y para planear cualquier golpe.

—¿Cómo obtienes la información?—comentó Sayo aún más emocionada del tema.

Leyasu tampoco pudo ocultar su emoción. Era como si estuvieran hablando con alguien que ha vivido tantas cosas y que sea de admirarse. Cómo si estuvieran hablando con algún héroe perdido en la historia.

—Aunque, desgraciadamente no tengo internet o una computadora para investigar mis objetivos...—dijo Izuku con un tono bastante casual.

La confusión se hizo visible en ambos jóvenes.

—¿Computadora?—dijo Sayo

—¿Internet?—dijo Leyasu.

—...Tuve que idear otra forma de hacerlo, y al final me acostumbré a infiltrarme en el lugar donde trabajan los objetivos o en la organización que forman parte. Luego, usualmente hago amistad con el personal y puedo conseguir información valiosa. Cuando obtengo lo que quiero y lo confirmó, es el momento donde yo puedo actuar.

—Supongo que la forma más tardada de obtener información es esa ¿No?—comentó Sayo.

—¿Cuál es la más rápida? Para saber la forma en que podemos rescatar a Tatsumi—complementó Leyasu a la conversación.

—¡Exacto, Sayo! La segunda forma de obtener información es por medio de un gremio.

—¿Gremio?—dijo Sayo.

—El único lugar en el mundo donde podemos comprar información bastante confiable. Afortunadamente, hay una sucursal del gremio aquí en la capital. Antes, no tenía la intención de ocupar su ayuda, pero dadas las circunstancias, esto es necesario.

—¡Entonces hay que ir primero¡—dijo Leyasu con mucha energía juvenil irradiando el momento.

—¡Vamos!—dijo Sayo, queriendo no perder más tiempo para planear el rescate de Tatsumi.

—¡Esperen un momento!—dijo Izuku de buen humor debido a la emoción juvenil de ambos hermanos— Tengo que pagarle a Elizabeth, y preguntarle sobre la localización posible de una sucursal ya que ella es local. Desafortunadamente no hay GPS, es una pena y los mapas municipales de aquí son un asco. Prometo no tardarme.

—¿GPS? —dijeron nuevamente ambos bastantes confundidos.

A estas alturas ambos chicos, estaban empezando a creer que Izuku estaba utilizando una jerga rara de su lugar de origen. Pero al final no le dieron importancia.

Al final, Izuku se levantó de su asiento en el gran comedor del lugar donde se hospedaban y se fue directo a una camarera, quien atendía a unos clientes en una mesa.

Para cuando ella se desocupó con ellos, Izuku finalmente la saludó.

—Hola Elizabeth—dijo Izuku acercándose a la chica.

Entonces, al voltear a ver al joven, ella le contestó de forma bastante amigable:

—Hola Izuku, veo que en pocos días te has acoplando bien aquí. Hasta ya hiciste nuevos amigos por lo que veo—dijo ella mirando de reojo a los acompañantes de Izuku.

Ella era Elizabeth, la camarera del turno matutino y la reciente dueña del lugar. Con tan solo 17 años, tenía cabello rojizo, ojos rosa y un pecho voluminoso que la convertía en objeto de coqueteo indiscriminado por parte de los clientes del gran comedor. Sin embargo, su amable trato y su carisma hacían que fuera amada por los demás.

En los pocos días que Izuku había estado allí, la había considerado una excelente compañía para desayunar.

—No diría tanto, pero te agradezco que me dejes quedarme indefinidamente. No son muchas las posadas con comedor que te permiten hacerlo, incluso si pagas por ello. Además, la habitación de arriba es muy cómoda.

—Mientras pagues la mensualidad acordada, no habrá problema alguno —dijo ella guiñando un ojo a Izuku con una sonrisa carismática.

—Iré al grano, me genera confianza que seas tan clara. El dinero es el dinero —respondió Izuku.

—Totalmente de acuerdo. Siempre hay que ser firme con los precios, o la posada de mi madre se iría al traste —dijo Elizabeth riendo un poco, de manera coqueta.

Lo que él no sabía era que Sayo lo miraba con una expresión sombría que causaba incomodidad en su hermano menor. Él prefería ignorar a los clientes que empezaban a tener miedo de ella.

—¡Sayo, deja de hacer eso! Llamas demasiado la atención —le reprochó Leyasu.

Sayo, sin embargo, insistió, mientras mantenía su mirada sombría.

—¡Tu dijiste que irías a preguntar, no que ibas a coquetear con esa chica de pechos grandes de vaca, Izuku! Son más grandes que los míos, ¡y eso que según las mayores del orfanato, tengo un buen cuerpo!

—Solo cállate, Sayo —dijo Leyasu, avergonzado—. No tenemos tiempo para tus celos. Además, no creo que Izuku sea su tipo.

—¡Es mi futuro esposo! ¡Tengo derecho a tener celos! —respondió Sayo, enojada con su hermano.

Él solo pudo poner la palma de su mano en su rostro, en señal de su constante vergüenza.

Mientras tanto, la conversación entre los dos jóvenes continuaba dando frutos.

—¿El símbolo de dos copas entrelazadas? —preguntó Elizabeth, pensativa.

—Si. Mis nuevos amigos y yo necesitamos ir a ese lugar para conseguir trabajo—dijo Izuku mintiendo hábilmente.

Ella no tardó en recordar algo importante y no tardó en compartirlo con Izuku.

—Puede que haya oído algo de eso.

—¿Que sabes?

—Hay un lugar en el distrito 4 de la capital. No está muy lejos de aquí, por qué estamos en el distrito 3. Según un ebrio que vino hace semanas, dijo que se había divertido en el distrito 4 en un lugar con el símbolo que mencionaste.

—¡Es ese! Muchas gracias—dijo Izuku sonriendo porque al fin localizó al gremio antes de lo esperado.

Luego, nuevamente ella sonrió coquetamente para el peliverde. Cosa que lo dejo extrañado.

—No se que hagas durante el día, pero puedes agradecerme con una charla en la barra de la posada. Necesito más historias de tu nación, como la del famoso pirata, "Jack Sparrow". El tipo debe ser una leyenda en tu lugar de origen, por como lo mencionaste.

—¡Claro! hay veces en que necesito alguien con quién platicar.

Izuku no se negaría a tener una charla con alguien en esa ocasión. Además de obtener información que podría ser útil en el futuro, como el ataque a Arian y su socio, también podría disfrutar de un rato agradable con alguien que no fuese un asesino o bandido. Aunque no fuera muy bueno tratando con mujeres, tener una charla más no le vendría mal. De esa forma, podría ampliar su círculo de aliados.

Desafortunadamente, él ignoraba las intenciones de Elizabeth y Sayo parecía adivinarlo gracias a la sonrisa coqueta que ella proyectaba. Su acción provocó que se levantara rápidamente de su asiento y jalara del brazo a su hermano para irse del lugar hacia los dos jóvenes.

Mientras tanto, Izuku pagaba personalmente por la comida que habían solicitado.

—Aquí tienes, dos monedas de plata y siete de cobre. Muchas gracias por la comida.

—Ha sido un placer. Espero poder charlar contigo pronto —respondió ella guardando las monedas en su bolsillo izquierdo.

—Disculpa, ahora mismo tengo que llevar a este joven; tenemos una agenda apretada —interrumpió Sayo, con una sonrisa sombría que intimidaba al resto de los comensales cercanos.

—Espera, ¿qué?

Repentinamente, Izuku se encontró siendo jalado del brazo, al igual que ella había hecho previamente con Leyasu, y fue sacado rápidamente del lugar.

—Disculpen las molestias, es hora de irnos —se excusó Leyasu, avergonzado desde hacía rato.

Cuando el trío de chicos extraños salió del lugar, ella no pudo evitar comentar para sí misma, reflexionando sobre lo que acababa de pasar.

—Parece que no soy la única. Vaya que eres cautivador, Izuku. ¿Me pregunto por qué? —dijo algo sonrojada.

(...)

—¿Es este el lugar? —comentó Sayo dudosamente al contemplar el sitio.

Parecía ser un simple bar, pero más grande que el promedio que habían visto en la zona recreativa de restaurantes del distrito 7, antes de ser capturados.

Luego, Izuku contestó.

—El símbolo del letrero no miente, es aquí. Conozco bien a esa gente, y sé que tienen varios símbolos para pasar desapercibidos y este es uno de ellos —dijo Izuku señalando al letrero colgado fuera del bar, que simboliza dos copas entrelazadas.

—Bien, ¡vamos! —dijo Leyasu animadamente, mientras comenzaba a andar.

Inesperadamente, Izuku lo detuvo sosteniéndolo del hombro.

—Solo debo ser yo, a ellos no les gustan los jóvenes ingenuos. Sin ofender —comentó Izuku seriamente.

Esta vez, ninguno se ofendió, sobre todo por la experiencia reciente que todavía sufrían del día anterior y también recordaron la razón por la que terminaron en esa situación en primer lugar.

—Sí —dijo Sayo algo desanimada.

—Somos ingenuos, lo sé, bro —comentó Leyasu también algo desanimado—Te esperamos, sin problema.

Entonces, Izuku dijo de manera comprensiva.

—Gracias por comprender, chicos. Me tardaré un poco, necesito que esperen aquí. Como recomendación, Sayo, no hablen con la gente que vaya saliendo del lugar. No son de fiar.

—¡Claro! —dijo ella seriamente.

Después, Izuku volteó a mirar a Leyasu, quien estaba a su lado.

—Leyasu, si tienen hambre, te voy a dar dos monedas de plata. Pueden comprar algo de comida en un puesto callejero. ¿Vale?

Dijo Izuku sacando sus monedas de plata y luego se las entregó a Leyasu.

—Claro, bro—dijo Leyasu, mostrándole un pulgar arriba para confirmar.

Inmediatamente después, Izuku se adentró en el lugar. Al principio, parecía un bar bastante viejo y con muy poca clientela, pero él sabía lo que había detrás de esta farsa. Luego, visualizó a un hombre fornido que estaba sentado en la barra de bebidas y se acercó a él, sentándose en una de las bancas disponibles.

Sabía que ese hombre no iba a cooperar, a menos que dijera lo que se había visto obligado a aprender desde que los contactó por primera vez.

—La verdad es hija del tiempo, no de la autoridad —dijo enfrentándose al fornido hombre.

De repente, este volteó a ver a Izuku, y luego le preguntó.

—Con que eres cliente frecuente, ¿eh? ¿Necesitas información?

—Sí.

Sin más preámbulos, el hombre expresó en tono severo y aparentemente de mal humor.

—Sígueme, niño.

Después, no tardaron mucho en llegar a un largo pasillo secreto ubicado detrás del cuarto donde almacenaban los barriles de cerveza. Después de caminar por unos minutos en un túnel, entraron a una habitación diferente, un bar más moderno para los estándares de la época de ese mundo. A diferencia del anterior, este tenía más vida y estaba ocupado por asesinos y mercenarios independientes que iban en busca de información que pudieran pagar.

Había hermosas chicas atendiendo a los hombres para que les sirvieran sus bebidas, y también había asesores de ambos sexos trabajando para el gremio, ofreciendo información a quienes la necesitaran. En cada mesa se llevaban a cabo consultas, y así funcionaba el sistema del gremio, algo extraño para Izuku.

Más tarde, el hombre fornido se retiró del lugar para retomar su fachada en el otro bar. Al mismo tiempo, otro hombre corpulento se acercó al joven con una gran sonrisa, hambrienta por una jugosa comisión.

—Bien, si necesitas información, puedo ase...

—¡Kirkland! No es necesario que asesores a este chico. Me ocuparé yo personalmente —interrumpió una voz femenina.

El hombre simplemente hizo una reverencia hacia la mujer y se retiró sin queja alguna.

Detrás de la barra de bebidas, una hermosa joven miraba fijamente a Izuku, como si lo conociera de alguna forma extraña.

Sin pensarlo, Izuku se sentó en la banca de la barra para poder discutir los asuntos que requiriera con ella.

—Hola, mi nombre es Luna Wood. Soy la jefa de la sucursal del Gremio de Taberneros en la capital. Es un gusto conocerlo, señor Izuku Midoriya.

Luna es una hermosa y joven mujer, alta y voluptuosa, con piel clara y grandes pechos. Su cabello rubio y ondulado está atado por detrás, y tiene ojos de color amarillo. Viste un atuendo casual que consiste en un moño rojo alrededor de su cuello, una blusa blanca con mangas negras, pantalones cortos y botas marrones.

En ese momento, ella mantenía una semblanza de serenidad ante la presencia de Izuku, mientras que él actuaba seriamente.

—¡Bien! Iré al grano. Necesito saber si alguien más va por Aria Windsor y su familia. Además, necesito conocer otras cosas, como el sistema de rondas de seguridad de la mansión. No creo que sus crímenes queden impunes con el ejército revolucionario provocando a la nobleza corrupta.

—Puede que sepa, pero supongo que debes conocer el precio. Siendo uno de nuestros clientes más fieles —dijo ella con una sonrisa pícara.

—Lo que sea —contestó Izuku seriamente.