Capítulo VI.

Prófugos.

Bulma suspiró con alivio al salir de aquel agujero, pero no tuvo tiempo de disfrutar su victoria ya que ahora debía abandonar la ciudadela antes de que alguien se diera cuenta de su desaparición. Caminó a paso veloz hasta dejar atrás el castillo y solo entonces sacó el papel que le había entregado Baba, mirándolo mientras caminaba hacia una farola para poder leerlo.

-¡Ay, no! ¡Este viaje me tomará más de un día!… Tendré que pasar por la casa para ir por mis cosas… ¿De qué viviré mientras me oculto?… - caminó un poco y de repente chasqueó sus dedos y exclamó - ¡Claro! Podría llevarme la platería de la casa y venderla en el siguiente poblado... ¡Sí que soy lista!

Ya más confiada, comenzó su camino hacia el que fuese su hogar de toda la vida, pero no alcanzó a dar dos pasos cuando Shin apareció a su lado y comenzó a interrogarla - ¿Por qué se marcha de palacio, señorita Bulma? ¿Cambió de opinión?

Bulma lo miró enojada pero no detuvo su andar - ¡No, Shin! No cambié de opinión…

- Y ¿entonces?

-¡Tu no entiendes nada! Es más ¡No quiero volver a verte!- le gritó furiosa.

El espíritu la observó extrañado un momento pero enseguida intentó salir de la confusión interrogándola torpemente – Pe-pero ¿Por qué? ¿Acaso la corrieron por algo? O ¿No le gustaron los modos del príncipe? Yo le advertí al respectó pero usted…

- ¡Cállate! No fue nada de eso, sino que peor y todo fue por culpa tuya… ¡Tú eres el culpable de que esté metida en este embrollo! Ahora tengo que huir y esconderme en el bosque quién sabe por cuantos años... y ¡todo por haberte hecho caso!

- Yo… aun no comprendo…

-¡Claro que no lo comprendes! …Ahora déjame en paz, que debo irme cuanto antes de la cuidad.

- Si gusta la acompaño… Para que no se sienta tan sola…

Bulma no deseaba ver al espíritu ni en pintura en ese momento pero se dio cuenta de que no era buena idea adentrarse en el bosque sola por lo que terminó aceptando el ofrecimiento – Está bien… creo que me haría bien algo de compañía...

Caminaron en silencio hasta que alcanzaron las últimas casas de la cuidad y Shin le dijo - ¿No va a contarme lo que pasó?

-Mejor espera a que nos alejemos… No quiero que piensen que estoy loca.

Shin guardó silencio y esperó pacientemente hasta que llegaron a los árboles para insistir –Y ¿Bien?

Bulma lo miró de soslayo y le dijo – Realmente no quisiera hablar de ello, pero me metí en demasiados líos en palacio, y para peor mi hermanastra será la nueva reina, por lo que deberé marcharme y ocultarme por mucho tiempo o de lo contrario me mandarán a ejecutar.

-Pero ¿Cómo pasó todo eso en un día?

La muchacha suspiró y le respondió – Ni yo misma lo entiendo… Lo único seguro es que nunca podré cumplir mi sueño, no en este reino…

-Lo siento mucho, señorita Bulma… - dijo cabizbajo - Tal parece que no debí intervenir en su vida…

Ella paró en seco y lo señaló con un dedo - Tienes razón ¡Por tu culpa terminé en más problemas que antes!… - pasó luego a hacerle un desprecio y agregó - ¡Además nunca me ayudaste realmente!

-Tal parece que sigo en deuda con usted… -respondió algo avergonzado.

- ¿Y qué planeas hacer al respecto?

-No la entiendo… ¿A qué se refiere?

-A que aún me debes un favor, y quiero saber que puedes hacer por mí en este momento.

Ahora fue Shin quien se quedó pensativo mientras caminaban. La verdad es que ahora no sabía cómo ayudar a su nueva amiga.

Bulma al verlo callado le dijo – Lo suponía… Mejor acompáñame a casa a buscar algunas cosas antes de seguir mi camino. Debo llegar a esa torre lo antes posible pero deberé comprar más víveres para poder ocultarme por mucho tiempo… Tú conoces muy bien el bosque ¿Verdad? Entonces deberías ayudarme a hallarla, creo que con eso puedes pagar tu deuda.

Shin asintió feliz y siguieron caminando hasta llegar a la casona. La puerta estaba abierta y Bulma corrió para verificar que no hubiesen entrado bandidos a robar lo que ella tanto necesitaba para comprar víveres.

Por suerte no faltaba nada de lo que necesitaba, por lo que le pidió a Shin que le ayudara a guardar cualquier objeto de valor que hallara en la casa. También aprovechó de comer algo y dormir antes de continuar con su viaje.

Era media noche y Vegeta aun no podía dormir pensando en lo ocurrido. Como no podía salir de su alcoba, se dedicó a meditar profundamente sobre el asunto y aun no lograba comprender muy bien porque se había enfurecido tanto por una mujer, después de todo su padre tenía razón al decir que era solo una sirviente. Intentó pensar en otras cosas y decirse a sí mismo que era un príncipe y que debía comportarse a la altura, pero la imagen de la muchacha huyendo no salía de su mente.

-¡Maldición! – exclamó, dejándose caer en la cama – Esto no puede ser posible… Estoy obsesionado con la mocosa… - se quedó mirando el dosel un momento y comentó – Mierda… Me es imperioso encontrarla, es la única manera de deshacerme de ese par de brujas y poder continuar con mi vida como conquistador de tierras… realmente la necesito…

Bulma despertó con los primeros rayos del sol y enseguida buscó con la mirada a Shin, pero en vez de hallarlo a él, se encontró con un pequeño minino azul que la observaba intensamente desde un rincón de la habitación. Éste llevaba un sombrero, capa, botas y espada al cinto. Cuando su mirada se encontró con la de la muchacha le dijo, desenvainando la espada – Soy Puar, El Gato Bandido del Bosque y necesito que desalojes cuanto antes esta casa.

Bulma pestañeó un par de veces sorprendida, tratando de despertar completamente refregando sus ojos, pero seguía viendo al gato, por lo que le dijo - ¿De qué estás hablando? Esta es mi casa…

-No. Ya no lo es. Ahora le pertenece al Gran Lobo Yamcha.

-¿A un lobo dices?

-Así es, doncella. Así que si no quieres salir herida, más te vale que te retires cuanto antes de nuestros dominios…

La muchacha no pudo evitar comenzar a reír, pero enseguida le dijo – No te preocupes, que solo vine a dormir. Seguiré mi camino y no los molestaré más.

Diciendo esto cogió el saco que estaba junto a la cama y procedió a marcharse pero el gatito la detuvo y le dijo – No puedo dejar que te lleves eso… Ahora pertenecen a mi señor.

-¡¿Qué?! Pero si son mis cosas.

-Ya no más, doncella. Y si no obedeces me veré obligado a cortarte con mi espada.

Bulma se molestó y avanzó hacia el gato con el saco y le gritó – ¡No me pienso marchar sin mis cosas!

Puar le respondió, tratando de sonar amenazante – Retroceda, mi señora. Esta espada solo sirve a mi señor y si alguien se interpone a sus deseos será cortado a la mitad.

Bulma lo miró hacia abajo y sin pensarlo siquiera, lo golpeó tan fuerte como pudo con el saco que cargaba, dejando fuera de combate al minino, para enseguida salir huyendo de la casona, no sin antes pasar por el cesto que le había dado Baba y maldecir a Shin por haberla abandonado.

Violeta estaba sentada en su tocador siendo peinada por una nueva mucama. Mientras veía como elevaban su peinado, pensaba en lo ocurrido y en que pronto todo quedaría en el olvido cuando Bulma muriera. Al recordarlo decidió que iría a su ejecución, por lo que apenas estuvo lista, salió de su cuarto y se dirigió a los calabozos, acompañada de dos guardias que le habían sido asignados como custodios.

Al llegar, saludó a los hombres que cuidaban la entrada y de inmediato les preguntó, con bastante interés - ¿Ya ejecutaron a la mujer que me robó?

Los guardias se miraron entre ellos y el más alto revisó unos documentos que estaban en un muro con algo de nerviosismo, para enseguida contestar – No, mi Lady. Ella fue desterrada del reino durante la noche.

-¿Por orden de quién?

-Obviamente que del Rey, mi señora.

Violeta mordió su labio en frustración. No era lo que tenía en mente cuando solicitó un castigo ejemplar, pero tampoco tenía las atribuciones para pedirle al Rey que cambiase su sentencia. Sin embargo aunque ya no volverían a saber de ella, aquello no la dejaba totalmente conforme, ya que conocía lo suficiente al príncipe para poder decir que la palabra obstinado se quedaba corta para describirlo y había sido testigo de primera mano de lo interesado que estaba en la hija de su último esposo. Por lo que dio media vuelta con decepción y se retiró de allí, pensando en que necesitaría los servicios de alguien más eficiente para poder enterrar de una vez por todo su problema, por lo que iría mas tarde a la cuidad. Tenía en mente contratar al mejor rastreador del reino para que se encargara de Bulma. Debía asegurarse de no volver a saber de la muchacha nunca jamás en la vida...

Apenas se vieron solos, uno de los guardias le comentó al otro – Que suerte que el castigo de la chica esa haya sido el destierro… A la hora que se enteran que se escapó anoche durante nuestra guardia nos despellejan...

-No te preocupes. Ya hice el papeleo y para todos los efectos la enviamos a la frontera, además, nadie puede contravenir una orden del Rey… Ni siquiera el príncipe puede contradecirlo y lo va a contradecir esta aparecida.

El otro asintió conforme con la respuesta.

El Rey Vegeta ingresó al cuarto de su hijo acompañado de su séquito con la intención de darle una última oportunidad de evitar las mazmorras.

El príncipe, por su parte, no había pegado ojo en toda la noche, por lo que aún estaba vestido con su ropa de montar y solo permanecía cabizbajo, sentado en la orilla de la cama. Parecía abatido y ni se inmutó con la presencia de su padre, por lo que éste carraspeó antes de decirle – Veo que no dormiste…

El príncipe no respondió por lo que el Rey continuó -Tal parece que tuviste el tiempo suficiente para meditar, por lo que me atreveré a preguntar ¿Terminaste tu rabieta?

Vegeta al fin respondió, con una voz suave, sin levantar su cabeza – Lamento haber dado ese espectáculo ayer… Aceptaré tus condiciones para ascender al trono, pero solo deseo que a cambio me devuelvas mi libertad, padre.

El Rey alzó ambas cejas contrariado, esperaba que su hijo continuara en su posición rebelde, por lo que no supo qué decir por algunos segundos en los cuales sintió algo de compasión por su muchacho, sin embargo volvió a fruncir y le dijo – Me alegra mucho que recapacitaras…. Y ya que estás tan dispuesto a demostrar tu arrepentimiento, quiero que hoy mismo hables con Lady Violeta y te disculpes por tu afrenta.

Vegeta asintió – Lo haré en la cena. Si no tienes inconveniente.

-Me parece adecuado, ya que te comprometerás hoy después de que cenemos. Te veo más tarde hijo.

Vegeta no respondió ni se movió de su posición.

Su padre, algo más tranquilo, se retiró, no sin antes darles la orden a los guardias de dejar a su hijo en paz. Al oír aquello, el príncipe amplió la sonrisa que mantuvo oculta y se levantó para poder ir a asearse. Tenía mucho que hacer ese día y la motivación suficiente para resolver el misterio de la joven fugitiva.

Violeta se detuvo en la entrada de la taberna y les ordenó a sus guardias que la esperaran afuera. Una vez dentro, no le tomó mucho tiempo ubicar con la mirada a quien era de su interés. Un hombre alto y serio, sentado solo en una mesa en un rincón, apenas iluminado por los tenues rayos del sol que se colaban por una ventana tapiada con maderos viejos. Se aproximó con seguridad y ni siquiera le pidió permiso para sentarse frente a él, saludándolo sin verlo ya que su vista estaba atenta por si alguien la reconocía.

-Hola, Hit.

El hombre alzó su vista hacia ella y le respondió el saludo solo con un movimiento de cabeza para después decirle – Supongo que nuevamente requieres de mis servicios.

-Así es.

El hombre bebió un poco de su jarra y preguntó -¿Quién es el desgraciado?

- Esta vez se trata de una mujer…

Hit frunció levemente -Comprendo… Aunque te advierto que esta vez te cobraré el doble.

-¿Solo porque es mujer? – le preguntó mirándolo al fin a los ojos - Sabes que nunca te he faltado…

-No es eso - respondió cortante el hombre, agregando después con un brillo en la mirada - Ya me enteré de tus nuevas circunstancias…

-Así que es eso – comentó con desdén para enseguida sacudir brevemente su cabeza y aceptar - De acuerdo, pero dado que la persona de la cual necesito que te hagas cargo no se encuentra en el reino necesitaré que me traigas pruebas de que cumpliste tu parte.

-Eso no es problema… Ahora dime ¿De quién se trata?

Violeta sonrió malignamente.

Bulma ya se había internado en el bosque, aun pensando en el extraño encuentro con el minino y sobre la desaparición de Shin. Llevaba caminando ya cerca de tres horas cuando se encontró con un enorme tronco en su camino, por lo que sacó su mapa ya que recordaba que eso indicaba un cambio en su dirección. Estaba justamente en eso cuando oyó una voz masculina venir desde alguna parte que no supo identificar.

-¿Qué haces en mis dominios?

Bulma buscó el origen de aquella voz pero no vio a nadie en los alrededores por lo que preguntó algo asustada -¿Quién eres?

-¿No lo sabes?

-Si te lo estoy preguntando, es obvio ¿no? – le hizo notar ella, con más seguridad.

La voz no respondió de inmediato pero cuando lo hizo sonó en un tono más amable

-Dices bien… Pero me gustaría saber tu nombre antes de presentarme.

Bulma respiro hondo y dijo, con seguridad – Mi nombre es Bulma y soy una viajera. No era mi intención adentrarme en tus dominios, pero me es imperioso cruzar por ellos para llegar a mi destino.

En ese instante, de detrás del tronco, emergió un joven que la miró con curiosidad - ¿A dónde te diriges, hermosa viajera?

Bulma se lo quedó viendo. El muchacho no era mal parecido, por lo que pensó que no debía ser una mala persona, así que le respondió mientras guardaba el mapa en su bolsillo - Voy camino a una torre que está en las profundidades del bosque.

El joven saltó por sobre el tronco y quedando frente a ella la miró y le dijo – Por una mínima suma podría llevarte a ella.

-¿En serio?

-Claro. Conozco el bosque como la palma de mi mano.

-Gracias… ¡Eres muy amable! – exclamó ella feliz, comenzando a avanzar, pero el muchacho la detuvo -No tan rápido, linda damisela.

Bulma se giró a verlo con cara de interrogación, por lo que él se explicó – El pago por mis servicios es por adelantado.

La muchacha puso cara de culpable y le dijo – Bueno, yo… La verdad es que no tengo dinero.

-¡¿Qué no tienes dinero?! ¿No que eras una viajera?

-Pues, la verdad es que en este momento solo soy una pobre damisela que huye de… de su pasado… Pero espera, tengo conmigo algunas cosas de valor que seguro te interesarán.

-Si sigues mintiendo no creo que funcione muy bien nuestra relación laboral – la regañó el joven meneando negativamente su cabeza, por lo que Bulma se apresuró a disculparse

-Lo lamento, pero es que pensé que si te decía la verdad no me ayudarías… Lo cierto es que soy una fugitiva de la ley…

-¡Vaya! Y así te atreviste a juzgarme sin conocerme. Debes saber que soy un hombre muy honorable y leal… - se acercó aún más y le dijo, tratando de meter su mano dentro del saco que cargaba la muchacha – Ahora déjame ver que tienes en esa bolsa. Seguro debe ser muy valioso lo que robaste…

Ella se apartó y le gritó - ¡No he robado nada! Todo esto me pertenece.

Él la miró con perspicacia un segundo, pero al asomarse a la bolsa y ver lo que ella portaba, una enorme sonrisa se dibujó en sus labios – ¡Pero mira eso!, es plata de muy buena ley la que llevas allí.

-¿Tenemos un trato, entonces? – le preguntó ella, viendo que las cosas parecían al fin estar de su lado.

-Claro. Ahora andando, que conozco un atajo que nos llevará allí antes del anochecer.

-¡Gracias… este… ¿Cómo dijiste que te llamas?

- Solo dime Yam, así me llaman mis amigos – terminó cerrándole un ojo con coquetería.

-Gracias, Yam - le sonrió Bulma y comenzaron a caminar hacia la espesura del bosque.

En la cocina todos corrían de un lado a otro ya que se estaba preparando la cena y la familia real era estrictamente puntual cuando se trataba de comida. Por lo mismo una de las cocineras miraba nerviosa hacia la puerta esperando a que apareciera la jefa de las doncellas para indicarle el menú, el que debía ser anunciado y aprobado por el señor Muten Roshi. Cuando al fin la vio llegar, corrió a su encuentro y le indicó lo que servirían, pero al ver que la mujer no respondía le preguntó con preocupación.

-Señora Baba, ¿se encuentra usted bien?

-Sí, Milk. Disculpa, no te oí ¿Qué dijiste que habrá para la cena?

-Le dije que habrá sopa de Jabalí, patos rellenos, cabra asada y tubérculos varios. Ah, y de postre pastel de moras.

-Ah, sí, sí. Ya doy la orden para que lo comuniquen en el salón.

-¿Está segura que se encuentra bien?

-Sí, es solo que me siento algo desconcentrada…

-¿Es por lo de la muchacha que exiliaron? – le preguntó en voz baja.

-¿Cuál muchacha que exiliaron?- preguntó Baba, abriendo muy grande sus ojos.

Milk miró por sobre la anciana, verificando que no hubiese nadie en el corredor y le dijo - Oí a uno de los guardias comentarle a otro que el Rey había ordenado exiliar a una doncella que había robado algo...

-Yo…No sabía nada de eso. ¿En serio eso oíste?

-Sí – respondió la cocinera, bajando aun más el tono de voz - pero tal parece que no se debe comentar nada del tema porque quien lo haga será encarcelado… O eso fue lo que escuché – terminó llevándose un dedo a su barbilla, tratando de hacer memoria.

La anciana alzó ambas cejas un momento y le dijo – En ese caso. No hay nada que decir… - enseguida se enserió y agregó - Mejor voy a dar el aviso…

-Vaya tranquila y trate de ir a dormir más temprano. La notó bastante descompuesta…- le hizo notar Milk con cara de preocupación.

-Sí, así haré, gracias.

Baba se retiró por el corredor de servicio bastante confundida. Realmente no sabía cómo es que un escape de prisión había terminado en un exilio que cubría todas sus huellas y llegó a la conclusión de que los mismos guardias habían ayudado para salvar su pellejo. Miró por enésima vez su reloj de bolsillo y pensó en que aún faltaba para que su niña llegara a esa fortaleza, solo esperaba que lo hiciera con bien y que siguiera todas sus indicaciones al pie de la letra, pero lo que no sabía es que estaba siendo observada por alguien desde un recoveco del corredor.

Baba pasó de largo pero la detuvieron con una orden -¡Alto ahí, vieja!

La señora reconoció de inmediato la voz de uno de sus señores por lo que obedeció sin voltear y preguntó -¿Qué desea, mi Lord?

-¿Tu nombre es Baba, cierto?

-Sí, mi señor.

-Mírame cuando te dirijas a mí – le ordenó el príncipe.

La anciana obedeció e hizo una breve reverencia al tiempo que el príncipe la rodeaba y estudiaba atentamente, poniéndola sumamente nerviosa, sin embargo se armó de valor y se atrevió a preguntar - ¿Ne-necesita algo, mi señor?

Vegeta se la quedó viendo y le dijo - ¿Dónde estabas ayer por la tarde?

-Yo. Estaba entregando la comida a los guardias, señor.

-¿Es ese tu trabajo?

-No, mi señor – se apresuró en responder, agregando de inmediato – pero usted comprenderá que con la llegada de las señoras al castillo estamos algo cortos de personal…

Vegeta entrecerró la mirada sobre la anciana - Hmn… ¿De casualidad sabes algo sobre la doncella que huyó?

Baba abrió un poco sus ojos y bajando la vista, respondió – No sé de ninguna doncella que haya huido de palacio, mi lord.

-Es extraño, porque justo ayer por la tarde vi a alguien de tu contextura cerca del muro… ¿Estás segura que no fuiste tú quién la ayudo a fugarse? Porque es una gran casualidad que justamente fueras tu quien alimentara a los guardias cuando todo esto ocurrió…

-No. Como le dije, solo le llevé de comer a los guardias, mi señor.

Vegeta se quedó pensando un momento y le preguntó - ¿Dónde trabajaste antes de servir aquí?

A Baba le extrañó la pregunta, sin embargo le respondió – Trabajé muchos años en casa de una familia en las afueras de la cuidad.

-¿De casualidad no fue para la familia Brief?

-N-no, señor. Nunca jamás trabajé para ellos.

El príncipe se percató de que la respuesta de la mujer era una mentira, por lo que procedió a hacer lo que mejor se le daba, amenazarla -De acuerdo. Haré como que te creo, pero si me llego a enterar de que me mentiste, tu cabeza rodará y alimentaré a los perros con tus restos.

La anciana tragó duro y preguntó – Por supuesto… este ¿Ya puedo retirarme, mi lord?

-Sí, vete.

Baba hizo otra reverencia y se alejó lo más rápido que pudo. Aun sentía su corazón acelerado y estaba casi segura que el príncipe había olido su miedo al igual que un sabueso a su presa.

Mientras tanto, Vegeta se la quedó viendo marcharse pensando en que no podía ser otra persona la que ayudó a la mocosa a escapar. Enseguida volteó su vista hacia el otro extremo del corredor y decidió que sería buena idea ir a husmear a la cocina, seguramente allí encontraría información ya que ese era el centro de chismes, tanto de palacio como de la cuidad, sin contar que tenía planeado comer algo allí y no presentarse a cenar con la familia, ya que lo que menos deseaba era ofrecerle disculpas a la bruja de Violeta, ni mucho menos presentarse a la estúpida ceremonia de compromiso.

Entró con propiedad y fue reconocido de inmediato por todos los presentes, quienes comenzaron a cuchichear extrañados por su presencia en aquel lugar. Milk, por su parte, empalideció al verlo, ya que como encargada de la cocina pensó de inmediato que venía por su cabeza debido a alguna cosa que le hubiese disgustado del menú.

Vegeta al ver temblando a la muchacha supuso que ella tenía algo que ver con el escape de la muchacha, así que caminó con toda calma hacia ella y le ordenó – Oye, tú. Necesito tratar cierto asunto contigo…

Los ojos de Milk se abrieron en horror y comenzó a negar con su cabeza repetidamente mientras retrocedía hasta topar con el mesón donde se preparaban los alimentos.

-¿Qué mierda te pasa? – le preguntó de mala gana el príncipe.

-¡No quiero morir, mi Lord!

-¿Y quién demonios te dijo que te haría daño?

-Usted no quizás, pero seguramente dará la orden para que mi cabeza ruede por el suelo…

El príncipe la miró incrédulo para enseguida fruncir profundamente y tomarla por el brazo, arrastrándola hacía fuera de la cocina mientras le decía - No voy a matarte, cocinera, solo quiero hacerte unas preguntas.

Quería ser discreto pero por culpa de su fama consiguió todo lo contrario, ya que ahora todos hablaban de su visita a ese lugar y de que seguramente asesinaría a la cocinera principal.

Una vez en el pasillo de servicio la soltó con brusquedad y le dijo - ¡Eres una escandalosa!

-¡Y usted un abusivo! Si no le gustó algo del menú pudo habérmelo enviado a decir con Baba en vez de hacerme pasar este susto, mi señor.

El príncipe pasó por alto la insolencia y le dijo - Solo te hablé porque eras la única que tenía cara de sospechosa…Mejor dime de una vez, ¿Qué tanto sabes de la muchacha que fue enviada a las mazmorras ayer?

Milk se puso nerviosa, pues recordaba muy bien la advertencia del guardia de que no se debía comentar nada al respecto, así que respondió – Yo no sé nada.

Vegeta apretó un puño frente a ella, molesto, pero enseguida se calmó y le dijo – Argg ¡No me mientas!... Te aseguro que si cooperas conmigo serás bien recompensada…

Una doncella rubia que iba pasando se devolvió sobre sus pasos y dijo – Si su alteza quiere saber sobre esa muchacha yo soy la indicada. Lo sé TODO – terminó poniéndose muy seria.

-Pero… Lázuli…- replicó Milk.

La rubia ignoró a su compañera y haciéndola a un lado, dijo –Mi Lord, yo le diré todo lo que quiere saber, pero debe asegurarme que me pagará muy bien por la información.

Vegeta se sonrió al oír aquello y guió a la mujer hacia otro lugar del corredor, diciéndole – Todo dependerá de que tan útil sea lo que tengas para decirme…

La rubia asintió y cruzándose de brazos, le dijo – De acuerdo, príncipe. Esa muchacha por la que pregunta llegó ayer por la noche y la vieja Baba nos la presentó a la hora de nuestro desayuno… Su nombre es Bulma y era quien se encargaría del aseo de vuestras habitaciones sin embargo se cambió su asignación debido a que necesitaban a alguien para atender a su prometida, señor… Pero se comenta en los pasillos que el Rey la envió al destierro por haber robado una joya o algo por el estilo a las señoras… Es información de primera, así que no me diga que no le es útil.

Vegeta lo pensó un momento y le dijo - ¿Quién solicitó el cambio de asignación?

-Baba… Ese trabajo era mío, pero tal parece que la vieja le tenía preferencia a esa – terminó diciendo con despecho, ya que ella había esperado por ese puesto desde que el Rey comenzó a buscar novia para el príncipe.

-Así que Baba… Has sido de mucha utilidad. Me encargaré de enviarte mi agradecimiento mañana a primera hora. Ahora retírate.

Lázuli se sonrió de lado y obedeció, siendo interceptada por Milk que quería saber que tanto había pasado y si era un buen chisme.

Bulma caminaba junto a su guía, el cual mientras le comentaba de sus grandes hazañas como bandido del bosque. Eso le extrañó un poco por lo que le preguntó – Oye, si eres un bandido ¿Por qué no me robaste simplemente en vez de ayudarme?

El joven se sonrió y volteó a verla para decirle – La verdad es que lo pensé, pero al verte sentí que debía ayudarte… - enseguida se sonrojó y agregó – es que eres muy bonita, je, je…

-Muchas gracias… digo, por no robarme mis cosas…- contestó ella con algo de coquetería acomodando un mechón de su cabello tras su oreja.

Justo en ese momento apareció tras ellos el gato que Bulma había golpeado en su casa.

-Mi amo, deténgala. ¡Esa mujer nos ha robado!

-¿Cómo dices? – preguntó sorprendido el joven, volteando a ver a su amigo y enseguida a la muchacha.

-¿Tú eres El Lobo? – preguntó casi al mismo tiempo Bulma que lo miraba incrédula.

El joven bandido al instante hizo una pose dramática y llevándose una mano al mentón respondió – Así, es. Soy Yamcha, El Lobo Del Bosque, y en este momento declaro que tanto ese saco que llevas como tú, linda, son de mi propiedad.

-¡Estás demente! – gritó Bulma para enseguida comenzar a marcharse dando zancadas, pero el joven la sujeto de los brazos mientras el gato la amenazaba con la espada -¡Déjenme ir! – gritó ella, intentando soltarse.

-Puar, dame tu soga para atarla… Oolong el Ogro nos dará mucho oro a cambio de ella.

Bulma abrió sus ojos como platos y dejó de forcejear- ¿Un Ogro? ¡Pero si esos son solo seres mitológicos!

-Claro que existen y este es uno muy grande… - la amenazó Yamcha.

-No, por favor. No quiero que me coman.

-Ja, ja, ja…Casi. Te tomará por esposa y vivirás con él hasta que te pongas fea, ja, ja, ja…- rio Yamcha.

-Sí, y cuando eso pase te despellejará y hará alforjas con tu piel ja, ja, ja – secundó el gato.

Bulma al oír esto se asustó tanto que sin pensarlo le pisó un pie a Yamcha con todas sus fuerzas y con el saco volvió a golpear a Puar, huyendo enseguida de allí lo más rápido que sus piernas se lo permitían. No deseaba pasar el resto de sus días siendo la mujer de un horrible ser ni mucho menos pasar la eternidad como un simple saco de carga.

En la frontera más cercana al Castillo, un misterioso hombre bajó de su caballo y se aproximó a un par de guardias que estaban en el punto de vigilancia. Debía averiguar qué rumbo había tomado su objetivo y encontrarlo antes de que se alejara demasiado del reino.

-Buenas tardes, señores.

-¿Qué buscas aquí? – lo interrogó el más alto de los guardias.

-Necesito información sobre quienes han dejado el reino hoy.

-¿Y por qué deberíamos decirte?

-Al parecer no van a cooperar – murmuró el extraño.

Los guardias insistieron en denegarle cualquier tipo de información, conminándole a marcharse.

-Vete de una vez, idiota. Nadie puede estar aquí sin una autorización de palacio.

-Comprendo – dijo el misterioso hombre para enseguida sacar de su espalda un par de hachas con una de las cuales golpeó a uno de los guardias mientras con la otra amenazaba peligrosamente el cuello del otro – ¿Ahora si me dirás?

El guardia, con el rostro ensombrecido por el miedo le respondió – Sí, señor... Dígame ¿Qué era lo que quería saber?

-Si alguien ha cruzado hoy la frontera.

-No, nadie ha salido ni entrado por este paso el día de hoy.

Hit guardó sus hachas y se retiró por donde había venido mientras el guardia corría a atender a su compañero. Sin embargo el segundo guardia también mordió el polvo al ser golpeado por la espalda por una roca arrojada con destreza.

-Imbéciles - comentó para sí mismo el hombre montando nuevamente su caballo e internándose de vuelta en el bosque. Una vez allí, el mercenario reevaluó sus opciones y cambió su ruta, abandonando la senda para internarse en la espesura. Debía encontrar cuanto antes a la comitiva que se suponía dejaría a su objetivo en la frontera y si no habían llegado aún seguramente habían parado a descansar en algún lugar. Lo pensó un momento y enseguida agitó las riendas, seguro de saber dónde encontrar a su objetivo.

...

Vegeta esperó pacientemente en el pasillo de servicio, seguro de que la vieja volvería a pasar por allí luego de dar el anuncio de la cena. Para su suerte no pasaron ni diez minutos y la señora Baba venía de regreso, pero para su desconcierto la vio doblar antes de llegar donde él, por lo que se dispuso a seguirla para confrontarla.

La alcanzó en la puerta que conducía a los cuartos de las doncellas, tomándola por el brazo para voltearla al tiempo que le decía- Maldita vieja... ¡Me mentiste!

La señora se sorprendió tanto que pensó que se moriría allí mismo pero no alcanzó ni a gritar porque el príncipe la interrogó nuevamente - ¿Trabajaste para la familia Brief si o no? Y más te vale que esta vez me digas la verdad.

Baba tragó saliva y le respondió – Mi Señor, por favor. Le diré todo lo que quiera pero por favor no le haga daño a la muchacha, estoy segura que lo del robo fue un malentendido... Puede asesinarme a mí en su lugar, se lo imploro…

Vegeta la miró sorprendido un segundo. Si había algo que él respetaba era la lealtad y tal parecía que esa mujer estaba dispuesta a morir por su ama. Así que se tranquilizó y le dijo – No te mataré, a menos que no quieras decirme lo que necesito... Y no temas por Bulma, jamás le haría daño. Solo dime donde puedo hallarla.

Baba lo miró confundida. Realmente no entendía como era que el príncipe sabía el nombre de su niña ni tampoco podía entender cuál era su interés en ella. Pestañeó un par de veces, para asegurarse que no estaba alucinando y fue en ese momento que una idea se le pasó por la cabeza, la que no dudó en externalizar – Señor, usted acaso ¿Está enamorado de mi niña?

Él no supo que contestar a ello por unos segundos pero enseguida recobró la compostura y le respondió- ¡No digas idioteces!... Solo la necesito para que me ayude a deshacerme de un par de brujas que están fastidiándome.

La anciana, aun temblando, le dijo– De acuerdo. Le diré donde está, pero usted debe jurarme que nada malo le pasará a mi pequeña niña.

Vegeta movió afirmativamente su cabeza mientras miraba fijamente a la señora, la cual al ver esto le dijo – La envié a la antigua torre de vigilancia del Oeste, la que está en las profundidades del bosque para que pudiera escapara de su madrastra... ¿Sabe donde es, mi joven señor?

El príncipe volvió a asentir, sintiéndose extrañamente aliviado pero de inmediato dio media vuelta y tomó camino hacia las caballerizas. No tenía tiempo que perder si quería hallar a la muchacha antes de la cena.

...

Continuará…