Capítulo [8]

(...)

Momentos antes del movimiento poco ortodoxo por parte de Yang, su hermana menor Ruby Rose había logrado convencer a los demás sobrevivientes del ejercicio para participar en su arriesgado plan. Un plan para vengarse finalmente de ese chico y hacerle sentir la humillación que ellos sufrieron. Solo quedaba discutir algunos detalles importantes antes de llevarlo a cabo.

—Este es el último paso —dijo Ruby, dibujando un diagrama improvisado en la tierra con una pequeña rama.

Después de todo, muchas de las estrategias más grandes se han iniciado en pequeños diagramas improvisados. Un dato que le servía a Ruby de confort en la elaboración de su plan.

El equipo JPNR, las demás miembros del equipo RWBY y los demás sobrevivientes estaban reunidos en un círculo alrededor de Ruby, poniendo atención a los detalles de la operación que ella estaba explicando. Cuando terminó, la mayoría parecía convencida acerca del éxito del plan. Incluso algunos reconocieron la creatividad de Ruby. Aunque, era inevitable que surgieran algunas dudas.

Ruby sabía esto, por lo que necesitaba que la mayoría de los que iban a participar tuvieran claros los detalles.

—¿Alguna duda? ¿Necesito explicar de nuevo? —preguntó Ruby, mirando seriamente a sus nuevos cómplices.

De repente, la mano de Nora Valkyrie se levantó entre la pequeña multitud. Su papel dentro del equipo JPNR era ser una miembro extravagante, pero ahora era una de las miembros clave del plan de Ruby.

—¿Qué duda tienes, Nora? —preguntó Ruby.

—Entiendo mi papel dentro del plan, pero dudo que una plática casual con ese chico sea suficiente distracción para que tengamos oportunidad de actuar. Incluso si contamos con Winchester... —dijo Nora, a pesar de ser una chica optimista, en ocasiones tenía que ser realista ante las circunstancias. No creía que Cardin fuera lo suficientemente distractor como para engañar al chico pródigo que tenían como profesor. Aparentemente, los demás estaban de acuerdo con su comentario. Curiosamente, Cardin también empezaba a dudar de su papel en todo esto, aunque seguía sin reconocer que seguía comportándose como un patán.

Esto generó una serie de murmullos entre todos. Ruby no pudo evitar darle la razón a Nora. Aquel chico era bastante listo como para no sospechar de Winchester y arruinar el plan. A este punto, estaba temerosa de que los demás finalmente estuvieran en desacuerdo con su plan y se rindieran ante él. Por su orgullo, nunca permitiría que eso sucediera.

—Ruby, ¿tienes alguna otra idea para distraerlo? —preguntó Weiss, quien estaba más cerca de ella.

Durante unos segundos, Ruby se quedó pensativa sobre qué hacer. Había tantas opciones que no sabía cuál tomar: algunas eran ataques distractivos, aunque contradecían otros pasos del plan, mientras que otras eran inviables. Su frustración al no poder tomar una decisión viable llegó a un punto en que estaba a punto de desechar el plan que había elaborado con tanto cuidado.

Lo que no se esperaba era que su hermana levantara la mano para pedir su turno para hablar.

—Sí, Yang, ¿tienes algo que decir?

La repentina acción de Yang captó la atención del grupo. Después de todo, nadie estaba dispuesto a dar una solución.

—Ruby, hay algo que estamos omitiendo, ¿sabes qué es? Es algo que es inevitable en él —dijo Yang, invitando a su hermana a responder.

Weiss, que apenas conocía a este par de hermanas, ya estaba aprendiendo que debía acostumbrarse a que ellas usualmente iban a elegir las opciones menos usuales y poco ortodoxas. Por lo tanto, no esperaba una solución normal de ellas.

Mientras tanto, Ruby y varios otros compañeros intentaban descifrar a lo que Yang se refería. Para la sorpresa de nadie, no tardaron mucho en rendirse ante la pregunta extraña de su hermana mayor, lo que llevó a Ruby a preguntar a qué se refería.

—¿A qué te refieres? —preguntó Ruby.

Ante la predecible pregunta de su hermana menor, Yang sonrió de manera triunfal ante el hecho de que nadie podría adivinar a qué se refería. Después de todo, la idea era suya.

—La clave, mi querida y estimada hermana, está en el género de nuestro objetivo de venganza, que es claramente un varón —dijo Yang, aludiendo a la complicada y caótica naturaleza humana. —Muchos instintos permanecen en nosotros. En el especial caso de los hombres, es el de fijarse en una pareja potencial, es decir, biología básica, continuar con la especie, etc.

Finalmente, Ruby entendió a lo que se refería su hermana, y esta le explicó que una de las conductas de Yang en la que tiene mayor conflicto en estos últimos años: misma que le ha permitido conseguir algunos regalos de chicos ingenuos en sus días en la Academia Signal.

—Yang, ¿no te refieres a...? —preguntó Ruby.

—En efecto, hermana —dijo Yang guiñándole el ojo en respuesta—. Deseamos fascinar con un gesto, con una palabra, caer bien irremediablemente. Anhelamos provocar deseo, amor, admiración. En definitiva, seducir. ¿Pero cómo? La clave está en nosotros: en nuestras emociones y en nuestro cuerpo~ —dijo esto último Yang con un tono claramente sexy y seductor.

Sin previo aviso, la susodicha rubia asumió una pose un tanto provocativa. Solo bastó un pequeño guiño, una sonrisa y una acentuación en su para nada humilde busto para atraer la mirada de la mayoría de los chicos de la clase, incluyendo al inocente Jaune Arc. Por otro lado, el más obvio fue Cardin Winchester y su vulgar silbido. El menos afectado fue Lie Ren, y su actitud siempre serena.

Incluso algunas mujeres llegaron a mirar de reojo a la rubia. Nadie pudo discutir que ella era una de las chicas más guapas y sexys de la clase. Muchos sabían que inevitablemente iba a atraer miradas en algún momento.

—¿Qué dices, Ruby? ¿No crees que sea una buena distracción? —preguntó Yang a la jefa del plan en acción.

Tras reconocer la efectividad de atraer la atención deseada, la gran mayoría finalmente aceptó la idea aportada por Yang. Esto se reflejó en sus miradas de aceptación. Solo quedaba la última palabra de su hermana menor.

Ruby no quería que Yang utilizara sus artimañas tan pronto en su nueva etapa escolar. Incluso deseaba con todas sus fuerzas rechazar la idea de su hermana mayor a cambio de que no regresara la antigua fama que tenía en la Academia Signal, lo que le había ganado diversos enemigos de ambos sexos.

Pero ahora no tenían opción, era la única cosa viable por ahora. Entonces, a regañadientes, tuvo que aceptar dicha propuesta.

—Sí, Yang... ¡Pero más vale que funcione! —dijo Ruby, advirtiendo a su loca hermana mayor.

—¡Funcionará, hermanita! ¡Tienes mi palabra! —dijo Yang, confiada.

Por otro lado, Blake se mantuvo al margen de la planeación y simplemente aceptó su papel. Ella seguía dudando acerca del éxito de ese plan. Más que nada, no creía que alguien como él, que era un prodigio, fuera tan estúpido como para caer en el coqueteo más obvio que pudiera haber existido.

Lo que no sabía era que todo ser vivo tiene una debilidad, y cuando se ejecutó el plan, la debilidad de Izuku Midoriya salió a la luz.

(...)

Retomando la situación actual, parecía que el movimiento seductor de Yang estaba dando sus frutos, ya que muchos de los implicados en el plan estaban aprovechando la oportunidad de tomar sus posiciones de acuerdo a lo previsto, sin que el peliverde se diera cuenta.

—Señorita Yang, no creo que sea buena idea acercarse de esta manera en este ejercicio... —dijo Izuku, su expresión clara de que estaba fuera de sí. Trataba de no mirar su busto e incluso evitaba sus ojos que no dejaban de mirarlo. Las dulces palabras que ella le estaba diciendo eran constantes. La situación empeoraba cuando ella cada vez acercaba más su rostro al suyo.

—¡Oh vamos! Nadie nos está mirando, ¿no crees que deberíamos acercarnos? Después de todo, mi corazón se está acelerando... —respondió Yang, coqueteando con él.

La psique de Izuku estaba en juego, y él podía oler el adictivo perfume que provenía de ella, hecho de una dulce combinación de néctar de flores blancas frescas y miel. Esto lo llevaba a la tentación de probar los finos labios de la rubia. Finalmente, ella estaba explotando su mayor debilidad: el sexo femenino.

Solo la amenaza explícita de Taiyang lo mantenía ante la dulce y pecaminosa tentación de caer bajo sus encantos.

Izuku solo podía pensar en su mente: "Aquella niña que comía tierra en el patio, ahora es una belleza que podría provocar que su padre y su tío me den una paliza".

Su única opción era evitarla lo más que pudiera, incluso retrocediendo un metro para alejarse de esa chica peligrosa. Mientras tanto, Ruby miraba con una sonrisa victoriosa cómo todo iba según el plan. Su hermana mayor estaba haciendo su papel a la perfección, distrayendo al profesor lo más que podía.

Lo único extraño era que, por momentos, parecía más asustado que excitado ante las proposiciones de Yang.

—¡No sabes lo que estás haciendo! ¡Detente, Yang! —dijo Izuku, casi tropezando hacia atrás por descuido.

—¿Que acaso no soy hermosa para ti? ¿Soy fea? —dijo la rubia con un leve puchero.

Izuku, en su propia naturaleza, a veces tenía la predisposición de ser cortés y respetar los sentimientos de una mujer. Es decir, que no importa lo inusual de la situación, siempre tratará de hacerla sentir mejor consigo misma, a veces jugándole a favor y otras en su contra.

—¡No! ¡Eres hermosa! ¡Yo soy el que no debería tener tu interés! Tienes compañeros más guapos que yo, más ricos, ¡mejores que yo!...

Sus alumnos inevitablemente no pudieron evitar reír en voz baja ante la escena, ya que el temible maestro estaba siendo minimizado a un adolescente con un gran rostro sonrojado y un temor latente por una chica.

Lástima que el espectáculo no duró mucho, ya que era hora de acatar la señal de Ruby, que fue simplemente un silbido imitando a un ave.

El estilo de combate de Weiss se basa en gran medida en rebotar en las superficies circundantes o en sus glifos, lo que le permite tomar el control de la pelea atacando rápidamente desde múltiples ángulos para mantener al enemigo fuera de balance. En este caso, un glifo muy conocido por Izuku y su largo historial con esa familia hizo aparición justo debajo de sus pies.

—¡Oh no! Otra vez caí en el ataque de hielo —dijo Izuku con frustración.

Gran parte de sus piernas habían quedado aprisionadas en una pequeña prisión de hielo. Yang, al verlo, sonrió divertida.

—¡Sorpresa, profesor! Por cierto, si en serio quieres salir conmigo, solo necesitas invitarme a cenar... —dijo Yang, guiñándole un ojo coquetamente antes de golpearlo con uno de sus guantes, con su Semblanza activa, obviamente.

—Créeme, señorita Yang, lo haría si pudiera. ¡Me matarían! —respondió Izuku, aún nervioso ante la mirada imponente de la chica. Afortunadamente, nunca tuvo que especificar quién lo haría.

—Es una lástima, jajaja.

Para la desgracia de Izuku, ella siempre estaría accesible si se daba la oportunidad.

Tras el golpe, cayó al suelo, siendo mandado a volar unos cuantos metros hacia adelante. Ahí estaba, a merced del grupo de estudiantes que iba a enseñar ese semestre, yendo como una parvada de zopilotes directo hacia su próxima comida.

Lo que ellos no sabían era que estaban haciendo historia dentro de la Academia Beacon.

Continuará...

Hola, lamento no actualizar antes. Espero que les haya gustado y diganme que tal te pareció?