Inglaterra. Residencia Grey.
En la imponente mansión de la Familia Grey, el Conde caminaba de un lado a otro lleno de preocupación. Afuera, la tormenta rompía el silencio, convirtiendo el lúgubre ambiente en una escena sacada de cualquier historia de terror. Acompañado por sus hermanos, el Conde aguardaba las noticias por parte del médico sobre el estado de su única hija, fruto del intenso amor que compartió con su difunta esposa.
-Hermano… Deberías sentarte. - sugirió uno de ellos, el del medio, para ser exactos.
-Es verdad, solo te pondrás más tenso. - sugirió otro.
-¡No puedo! - gritó el Conde Grey exasperado. - Ustedes no tienen idea por lo que estoy pasando. Primero fue Gracie y ahora mi querida Anelis… Qué van a entender, ¡tú tienes a tu esposa y a tu hija vivas!
La sobrina del Conde, que recién cumplía los quince años, observó a su tío dolida. Era una muchacha pequeña y menuda, que daba una apariencia casi infantil, su cabello era de un bonito color morado, corto; al ser la última sobrina de la familia fue consentida por todos los miembros, especialmente por su tío, quien inicialmente, le tenía un aprecio cercano al de su prima.
-¡Ellas no tienen la culpa! - rebatió el hermano.
-¿Entonces quién la tiene? ¿Dios? ¿Ha sido su culpa que Gracie muriera y que ahora Anelis esté al borde de la muerte? ¡Que alguien me responda! - continuó el Conde lleno de desesperación.
El resto de la familia se quedó en silencio. Sabían que nada de lo que dijeran calmaría a la cabeza de la familia Grey, de ahí que solo clamaban a Dios por un milagro que mantuviera viva a la hija.
Horas después, el médico salió de la habitación con rostro fúnebre, anunciando la muerte de Anelis Grey.
…
Anelis despertó al sentir los rayos del sol filtrarse por su ventana. Procesó durante unos segundos el hecho de encontrarse en esa habitación de la Orden Oscura. Suspiró. Había tardado más de lo esperado en recuperar sus recuerdos, pero afortunadamente llegaron a tiempo, tal como su maestro le prometió hace casi veinte años cuando la ayudó a transformarse en humana.
-Ahora… Debo esforzarme en encontrar a Cross Marian. Así ganaré la confianza de todos y podré continuar con mi misión. - se dijo a sí misma frente al espejo.
Acto seguido, procedió a darse un baño y colocarse su nuevo uniforme. Johnny hizo un trabajo espectacular con su traje, realmente lucía como una especie de hada. Anelis se rio de sí misma ante la ocurrencia. Si la gente supiera lo que es en realidad… Un sonido llamó su atención. El golem en su cama empezó a moverse, dando paso a la voz del Director Komui.
-¡Hola, hola! Anelis espero que ya estés despierta. Mi preciosa Lenalee te espera en el comedor, así que ve pronto porque les tengo que asignar una misión.
-¡S-Sí! Enseguida. - respondió apresurando su paso. Si le hubieran designado una misión tan pronto, lo más seguro es que se tratara de Cross Marian.
Salió tan apresurada que olvidó su capa y recordando que la dejó en la mesa de noche de su habitación se detuvo en seco al borde de la enorme grada y al girar, chocó con algo que la hizo perder el equilibrio. Anelis sintió la inminente caída, hasta que una mano la tomó por la cintura deteniendo su caída. La chica se quedó perpleja, presa de los sentimientos experimentados al sentir la muerte susurrarle al oído y a la vez por la sorpresa que le causó su "salvador".
-Hmp, a este paso nos ahorrarás el trabajo de matarte. - la voz de Kanda la devolvió a la realidad. El espadachín mantuvo su agarre mientras le dedicaba una mirada burlona.
-N-No me toques. ¡Tienes que soltarme ahora! - respondió Anelis visiblemente asustada. Evitando que las manos masculinas tocaran algún espacio de su piel expuesta, se separó de Kanda. El japonés arrugó el ceño extrañado por la reacción. Sin decir una palabra, Anelis caminó hasta su habitación y cerró la puerta.
Agitada por la adrenalina del momento, empezó a revisar su cuerpo debajo de las vestimentas y a su vez, se tomó unos segundos a la espera de sentir algún cambio. Cuando se aseguró de que todo estaba en orden, se relajó.
-¡Ahhh! Dios… por un momento pensé que… Agh, debo ser más cuidadosa o a este paso, todo el esfuerzo que hicimos se irá a la basura.
. . .
Cuando llegó a la oficina de Komui, Lenalee, Lavi y Kanda ya se encontraban ahí. Anelis se disculpó por la demora e ignorando por completo a Kanda se sentó al lado de la peliverde.
-Muy bien. Anelis, sé que es muy repentino para tí, pero, recibimos noticias de que el General Cross Marian fue visto en Roma. En una ciudad al sur.
-¿Iremos ahí para buscar al General? - preguntó Lenalee dispuesta a ayudar a la chica.
-No exactamente. Irán a recabar información sobre su posible paradero, ya que Marian estuvo ahí hace un mes aproximadamente según nuestro informante. Esa será su misión secundaria.
-¿Y cuál es la principal? - preguntó Lavi oliendo por dónde iba la cosa.
Kanda se mantenía en silencio.
-Los Buscadores identificaron la presencia de Akumas nivel 2 en la ciudad. Aparentemente, han esclavizado la ciudad en busca de inocencias. Deberán encargarse de ellos.
-¿Qué hay de Allen? - preguntó Kanda.
-No asistirá a la misión. Fue una orden directa de arriba. - respondió Komui escuetamente.
Lenalee observó a Lavi preocupada.
Durante el viaje, Anelis permaneció en silencio. No pasó por alto la reacción de Lenalee y el hecho de que los altos mandos de la Orden impidieran a Allen Walker asistir a una misión, especialmente porque sí fue a su encuentro. Quizá algo estaba pasando… El albino tenía una maldición, eso lo alcanzó a percibir, la cuestión era averiguar de qué tipo de maldición se trataba.
-Anelis… - la voz de Lenalee la sacó de sus pensamientos. - Dime, ¿has conocido otras ciudades antes?
-Hace mucho tiempo viví en Inglaterra. Luego en Ararat; es todo. - respondió con honestidad.
-Los exorcistas solemos viajar a muchos lugares en busca de inocencias y para luchar con los akumas. Hasta que esta guerra no termine, conocerás muchos lugares. - advirtió la peli verde con un deje de tristeza.
-Es el "lado positivo" de este trabajo. - secundó Lavi.
-Por sus expresiones, asumo que no lo dicen como algo bueno. - contestó la morena.
-¿Qué de bueno puede tener luchar contra los akumas? ¿O estar constantemente al borde de la muerte? - preguntó Kanda irónico.
Anelis, un poco fastidiada por la actitud hostil en el espadachín hizo una mueca de disgusto. Ese tal Kanda estaba de mal genio desde la noche anterior por el simple hecho de compartir piso y lo peor es que ella no le había hecho nada. Sin mencionar las palabras groseras que le dedicó cuando la "salvó" en las gradas.
-Nunca dije que eso es algo bueno. No pongas palabras en mi boca. - respondió la chica dejando ver parte de su disgusto.
Ante el intercambio incómodo, tanto Lavi como Lenalee se miraron entre sí. Lavi, no dispuesto a aguantarse el mal genio de Yuu en las próximas dos horas de viaje que restaban, le pidió a Lenalee que lo acompañara al vagón comedor por algo de comer. Apresurado el paso, arrastró a la china lejos de la inminente discusión.
-Lavi… Lavi, espera un momento. - detuvo Lenalee, confundida. - No debimos dejar a Anelis con Kanda.
-En realidad, sí debimos Lenalee. - corrigió el pelirrojo. - Sabes que Kanda anda insoportable los últimos días, pero ¿notaste que su voz no fue grosera?
-¿Eh? Mmm… ya que lo mencionas… Ha sido la reacción más suave que ha tenido en el último mes.
Lavi sonrió pícaro.
-Quizá Anelis tenga el poder especial de tranquilizar a Yuu. - respondió Lavi mientras jugaba a hacerle cosquillas a Lenalee. La china empezó a reír de buena gana.
-P-Para Lavi… E-Está bien. Si Anelis tiene ese poder le hará bueno estar con Kanda, además, él será su vigilante después de todo. - sonrió.
. . .
-¿Tienes algún problema? - se animó a preguntar Kanda una vez que estuvieron solos. Le molestó la respuesta de la mujer.
-Yo no. ¿Y tú? - Anelis devolvió la pregunta, encarándolo.
Nuevamente azul y dorado chocaron. Kanda redujo la cercanía amenazadoramente.
-Si no quieres morir, más te vale no estorbar, "hada".
Anelis lo imitó.
-Puedo cuidarme sola. No soy una mujer débil. - rebatió con valentía.
-Hmp, eso lo veremos. - respondió Yuu separándose. Se reprendió a sí mismo por la inapropiada cercanía. Admitía que se dejó llevar ya que, mientras se mantenía cerca de Anelis la presión en su corazón desaparecía; esa que siempre lo mantenía alerta y en busca de "esa" personal especial.
. . .
El tren se detuvo un kilómetro antes de llegar a la entrada principal del pueblo. El conductor les comentó que la empresa ferroviaria recibió indicaciones de no acercarse más allá de ese punto, ya que se trataba de una tierra de nadie asediada por bandidos. Y pareció no equivocarse. Desde lo alto de la montaña, el cuarteto observó el ruido irregular en las calles.
Fogatas en las aceras, personas embriagándose y bebiendo mientras golpeaban a otras; hombres acosando mujeres y niños inocentes para que les entregaran su dinero y algo más. Anelis observó fijamente como uno de los participantes tomaba con fuerza a una jovencita, intentando besarla contra su voluntad. Sintió su cuerpo tensarse, su respiración se agitó y sin poder evitarlo, utilizó su poder para crear una barrera invisible y lo azotó hasta empujarlo contra una pared, aplastándolo. La sangre pintó la pared de piedra y los órganos se desperdigaron por el suelo.
Lenalee notó el temblor en la chica, por lo que supo de inmediato que ella había sido la causante de la muerte del hombre.
-¡Anelis detente! - le advirtió. - No puedes hacer eso.
Lavi y Kanda, captaron de inmediato que la chica fue la culpable.
-Iba a abusar de ella… - comentó furiosa.
-Los exorcistas no matamos personas. - reprendió Lavi apoyando a la peli verde.
-Matan monstruos. Y como pueden ver, los akumas no son los únicos que existen. Tú que perteneces a los Bookman según sé, busca en tu clan los registros de monstruos y demonios… Te sorprenderá lo mucho que sus descripciones concuerdan con los humanos.
Lo dicho dejó al par helado. Nunca esperaron una respuesta tan violenta, pero a la vez, tan llena de razón. Lenalee bajó la mirada con tristeza. Cuando era pequeña, solía considerar a los altos mandos de la Orden Oscura monstruos por enviar a sus amigos a morir en el campo de batalla; así que no era quién para juzgar sus duras palabras.
Anelis se levantó y emprendió camino hacia el pueblo, disgustada. Kanda no pasó por alto la reacción que generó en la mujer observar esa situación de abuso, por lo que dedujo que ella debió ser testigo o víctima de uno. Sintió su sed de sangre encenderse ante esa ínfima posibilidad. Aunque no lo admitiría en voz alta, esa mujer, pese a sus rasgos similares a los Noé tenía un aspecto angelical que resaltaba gracias a su uniforme y la capa. El espadachín no perdió el tiempo en detallarla cuando la salvó de caer por las escaleras: cuerpo delgado y esbelto, cintura fina y caderas semi anchas; cabello ondulado con olor a lavanda, labios naturalmente pintados de rojo, ojos de un color dorado intenso… No logró separarse de ella hasta que ésta tomó la iniciativa de alejarlo.
-Vamos. Esta mujer ya causó un alboroto. Si no se controla la misión se irá al demonio. - Ordenó Kanda a Lavi y Lenalee. Ambos suspiraron y rápidamente la alcanzaron cuando llegó al límite de la ciudad.
-Oye Anelis… lo sentimos mucho. - se disculpó la peli verde a nombre suyo y de Lavi.
La chica sonrió apenada.
-Yo también les pido disculpas. No se repetirá.
-¡Ocúltense! - intervino Kanda en voz baja.
El grupo observó como tres "personas", con características físicas muy extrañas caminaban mientras utilizaban poderes para secuestrar hombres y niños. Luego de ello, se dirigían rumbo al oeste del pueblo. Cuando estaban dispuestos a seguirlos, una voz anciana los detuvo.
-Ustedes, son forasteros. - afirmó.
-Anciano, no somos enemigos, venimos a ayudarlos. - aclaró Lavi adelantándose para alejarlo de Lenalee.
-¿Ayuda? Nadie puede ayudarnos. Desde que llegó no ha hecho más que torturarnos.
-¿Quién les hizo esto? - preguntó Kanda. Para ese punto, Anelis ya se había acercado al anciano examinando su estado de salud. Estaba muy delgado.
-Usted no se encuentra bien. Necesita atención médica… - comentó Anelis con gentileza.
-No hemos comido en días. El señor se ha llevado todo para alimentar a su mascota. También le da humanos para comer. Tampoco le gustan los forasteros. - continuaba con su monólogo. Los chicos notaron el evidente colapso mental que el anciano presentaba. - ¡Ya sé! Me darán de comer.
Acto seguido, el anciano salió del callejón donde se encontraban y empezó a gritar llamando la atención de los secuaces e informando sobre su ubicación. Tan solo segundos después, el grupo fue testigo de cómo el cuerpo del anciano era brutalmente despedazado por lo que parecía ser una extremidad. Lenalee desvió la mirada, acurrucándose en el pecho de Lavi, impactada por la desagradable escena. Anelis se cubrió la boca con sus manos, estaba ligeramente en shock, mientras que Kanda solo atinó a ponerse en guardia.
Un silbido llamó su atención.
-¡Vaya, vaya! Miren lo que tenemos por aquí.
-Un akuma nivel tres… - comentó Lavi por lo bajo.
