El callejón donde se encontraban pronto se vio rodeado por dos akumas de nivel dos y uno de nivel tres, cerrándoles el paso y con ello alguna posibilidad de escapar.

-Carne fresca jeje. - comentó el akuma nivel tres. Tenía una forma humanoide peculiar, con brazos y piernas largas, una sonrisa llena de dientes filosos y ojos rojos; su apariencia era similar a la de un mimo.

Lavi, colocó a Lenalee cerca del muro para evitar cualquier posibilidad de que atacaran a la peliverde desde un punto ciego.

-¿Carne fresca? Oye amigo, ¿qué no ves nuestras fachas? Solo somos simples viajeros. Pasamos por este pueblo pensando en conseguir algo de provisiones… - habló Lavi con lo primero que se le vino a la mente. Sería difícil esquivar un ataque en un lugar tan cerrado, por que no era conveniente revelar su identidad como exorcistas. Por fortuna, ellos decidieron imitar a Anelis y colocarse capas que cubrían sus uniformes.

Risas cantarinas le siguieron.

-P-Provisiones… provisiones dices… Este es un pueblo muerto de hambre, ¿por qué buscarían provisiones? - esta vez, el akuma nivel tres bajó al callejón y empezó a acercarse mientras rastrillaba sus filosas uñas contra las paredes.

Anelis tragó saliva ligeramente nerviosa. Ella era la que estaba más al alcance del akuma.

-La esposa de mi amigo está embarazada. - respondió Lavi señalando a Anelis. Los restantes solo observaron a la chica y luego a Lavi sin dar crédito a lo que escuchaban, incluso los tres akumas que los rodeaban. - Este de aquí es el papá. - Esta vez fue el turno de Kanda de sentirse fuera de lugar. Iba a matar al Bookman Junior.

-¡S-Sorpresa… cariño! - habló Anelis cuando salió de su estupor, siguiendo el juego del pelirrojo. - N-No te dije nada porque q-quería que fuera… especial.

Antes de que Kanda pudiera responder algo decente, el akuma nivel tres tomó a Anelis desde la parte de atrás del cuello de la capa, levantándola casi un metro del suelo. Empezó a olfatearla mientras la chica se mostraba tensa no solo por el dolor, sino también por el miedo que sentía de ser tocada.

-Mmm, no huele a una mujer encinta. Pero él sabrá decirnos si dicen la verdad. - Acto seguido, los akuma nivel dos, atraparon a Kanda, Lenalee y Lavi en una red mientras que Anelis iba aún sujetada del cuello.

Los demonios continuaron su travesía tanto con los exorcistas capturados, como con el resto de personas que tenían esclavizadas. Caminaron rumbo al centro del pueblo, bajando unas catacumbas rumbo a su base. El llanto aniquilaba el silencio de los largos pasillos, haciendo que de vez en cuando, alguno de los akuma nivel dos asesinara cruelmente a los causantes, con independencia de si eran adultos o niños.

-Oh no… - exclamó Lenalee horrizada.

-¡Diles que se detengan! - gritó Anelis al akuma nivel tres. - ¡Por favor, diles que paren de matar a estas personas!

El movimiento brusco hizo que el gorro de su capa se cayera, exponiéndo así sus rasgos físicos. El akuma la miró fijamente asociando de inmediato su porte con la de un Noé, aunque faltaban las estrellas en su frente.

-Alguien como tú, no debería estar con "viajeros". Si él se entera se efurecerá jaja. ¡Ustedes dos paren! Aún no llegamos con padre. - ordenó el akuma.

"-Él se enfurecerá." - Kanda repitió en su mente. ¿A quién se refería el akuma? ¿Alguien como Anelis no debería estar con ellos? ¿Acaso ese akuma estaba confirmando sus sospechas?

Llegaron a una enorme habitación, la cual, en el centro tenía una especie de coliseo compacto. A los márgenes, había cuatro asientos que daban vista al interior de la arena, como si se tratara de un espectáculo. Los akumas de nivel dos lanzaron bruscamente al grupo de personas, mientras que a Kanda y el resto, los ataron - aun en la red - de un enorme pilar.

-¿Qué rayos es eso? - preguntó Lavi mientras trataba de sacarse su martillo de una costilla producto de la incomodidad que sentía por estar los tres metidos ahí.

-Lanzaron a esas personas ahí. Se lastimaron. - comentó Lenalee preocupada.

-¡Padre! ¡Padre hemos vuelto! - gritó el akuma nivel tres. Anelis trataba de aguantar el dolor en su cuello. Tan solo minutos después, un anciano apareció caminando lentamente ayudado por un bastón. El akuma lanzó a Anelis hasta caer a los pies del anciano. - Padre, hemos traído la comida para la mascota y también unos viajeros. Puedo oler que es uno de ellos, ¡y dice estar embarazada! - exclamó mientras empezaba a saltar en su sitio.

El anciano levantó con su bastón el rostro de Anelis con brusquedad. La chica, lo observó desafiante. No reconoció quién era. El anciano sonrió.

-Maravilloso… Hacía tanto tiempo que no te veía… Por lo visto el tiempo pasó para mí, pero no para usted, señorita Condesa. - masculló el anciano.

-No sé de qué habla. - respondió de inmediato. Acto seguido se levantó y empujó el bastón.

-El tiempo no perdona. Mira este lugar… antes era un glorioso coliseo clandestino donde los gladiadores luchaban a muerte por el honor. ¡Incluso derrotamos bestias en nuestra época dorada! Y ahora, tal como me ves a mí, todo está en ruinas. Recuerdo, Condesa, que su madre solía patrocinar esto para nosotros cuando visitaba Roma… Ahí la conocí.

-Escuche usted debe estar confundido… - dijo acercándose. Su camino fue cortado por uno de los akumas nivel 2.

-Si te acercas más a mi padre mataré a tus amigos. - advirtió.

-Déjala que se acerque. - ordenó el anciano. - No soy un extraño para su excelencia. ¿Acaso lo olvidó? Era el amante de su madre. Me llevó a la mansión como su empleado personal y luego de su muerte, por supuesto intenté ser el suyo, mi señora pero usted se opuso y ambos sabemos cómo terminó.

Ante la revelación, Anelis abrió los ojos impactada.

. . .

Cuando Anelis tenía trece años, su madre había vuelto de un viaje de negocios en Roma. Para sorpresa suya y de su padre, trajo consigo a un hombre alto, musculoso, de cabello negro y piel ligeramente bronceada por el sol. Comentó que era un plebeyo en busca de trabajo, por lo que ella, como un acto de caridad lo trajo a Inglaterra para que pudiese ayudarla en sus tareas personales. Al principio, su padre se sintió receloso, pero conforme pasó el tiempo, el plebeyo demostró fidelidad absoluta hacia la familia Grey, de ahí que incluso su padre le tomó confianza.

Los primeros dos años, la rutina de la noble familia se mantuvo como siempre, sin embargo, un día, el cadáver de su madre fue encontrado en un río cerca de la casa principal. Fue un suceso devastador para la familia Grey e incluso el Conde lloró por meses su pérdida. El plebeyo se mantuvo fiel a los Grey, acompañándolos.

. . .

-No es posible. - negó. - Mi madre jamás respaldaría algo como esto, mucho menos engañaría a mi padre, ¡jamás!

Lavi, Kanda y Lenalee escuchaban atentos la conversación, no pasaban por alto lo dicho por el anciano y mucho menos la relación que éste parecía tener con Anelis.

-Hmp… Nunca esperé que creyeras en tu madre, ¿pero cómo negaras que intenté ser tu amante? Si tú me hubieses aceptado…

-¡Cállate! - exclamó furiosa. Las estrellas en sus manos empezaron a arder. Utilizó su poder para golpear al sospechoso anciano contra uno de los bloques. Su ataque causó que los tres akumas la atacaran, hiriéndola y haciéndola caer al fondo del coliseo en compañía de los restantes habitantes del pueblo. No pensó con claridad, lo que causó que bajara la guardia y recibiera los ataques por completo.

-¡Anelis! - gritó Lenalee preocupada. - ¡Anelis! ¡Anelis!

El anciano fue rápidamente auxiliado por los akumas; este se levantó furioso.

-Ambos, padre e hija son tallados con el mismo cincel. ¡Liberen a la mascota! - ordenó. - Es hora de que empiece la función. - finalizó mientras el akuma nivel tres reía y levantaba una palanca.

Dentro del coliseo, las personas se apiñaron en una esquina, presos del miedo ante el horripilante sonido que parecía provenir de lo profundo de un túnel. Anelis se incorporó despacio, sintiendo el dolor en su cuerpo por los tres golpes. Al escuchar el sonido gutural, utilizó su inocencia para crear una barrera que protegiera a los ciudadanos.

Desde lo alto de la red, Kanda maldijo por lo bajo. Les ganaban en número, pero la "Noé falsa" - a quién bautizó con ese nombre para sus adentros - no podría luchar y proteger a las personas sola. Debían cortar la maldita red y apoyarla.

-Lavi, ¡muévete! Voy a tratar de cortar la red. - ordenó. El pelirrojo, a como pudo se incorporó lo suficiente para que Kanda lograse sacar su Mugen. - Yo me encargaré del akuma nivel 3, ustedes deshágase de los otros dos.

-Espera, ¿qué hay de Anelis? - cuestionó Lenalee.

-Ella es fuerte Lenalee. Si detenemos a los akumas podrá sacar a las personas, así podremos encargarnos de esa cosa que soltaron también. - intervino Lavi explicando el plan no dicho de Kanda.

Acto seguido, Kanda utilizó un corte limpio, pero fuerte, que alcanzó incluso a un pilar destrozándolo, para cortar la red. Por fortuna, los tres lograron incorporarse antes de caer al suelo para evitar lesiones. Kanda se dirigió a atacar al akuma nivel tres, mismo que se encontraba cerca del anciano, mientras que Lavi aprovechó para, en el aire, utilizar su martillo para golpear al akuma nivel dos que se encontraba cerca del coliseo. Lenalee por su parte, imitó a Lavi y lanzó una potente patada al segundo akuma.

Desde el fondo de la arena, Anelis escuchó el ruido de una pelea, por lo que intuyendo que los chicos se habían liberado, creó una especie de piso transparente.

-¡Suban, ya! ¡Vamos! - ordenó a las personas. El ruido en el interior del túnel se hizo más fuerte y la tierra a sus pies empezó a temblar. Apresurada, subió al grupo y les pidió que salieran de las catacumbas.

Apenas alcanzó a subir al grupo de personas, ya que sintió desde su espalda un potente golpe que la lanzó contra la pared del frente. La bestia era una especie de quimera, conformada por partes de animales en sus extremidades y torso, pero el rostro era el de una mujer. Estaba manchado de sangre por los cadáveres de las personas que comía con sus afilados dientes. Emitió un potente chillido que fue escuchado por todos los presentes, llamando su atención.

-¡Je! Parece que la mascota se enojó porque le quitaron su comida. - comentó el akuma que se enfrentaba a Lenalee.

-¿Alimentaban… Esa cosa con personas? - preguntó la peli verde no dando crédito a tal crueldad.

–Señorita… - intervino el anciano. - No vaya a creer que somos los únicos monstruos aquí. Esa quimera fue creada por la Orden Oscura hace casi cincuenta años, cuando tenían un laboratorio en este pueblo. Fue el primer prototipo para el proyecto de los segundos exorcistas, aunque claro, fue un fracaso.

Kanda, al oír esto se tensó. Así que la estúpida idea de los segundos exorcistas se había originado en ese pueblucho. La idea de crear personas a partir de los recuerdos de otras que murieron en combate, los que dieron origen a la creación suya y de Alma a partir de las vidas pasadas de una pareja exorcista que había fallecido… Kanda atacó con más fuerza al akuma nivel tres y cuando logró herirlo, dirigió su ataque al anciano. Antes de ser interceptado por el akuma nivel tres, Kanda alcanzó a cortar el bloque donde estaba de pie, haciéndolo caer al fondo del Coliseo.

Anelis se levantó adolorida. Su cabeza daba vueltas y sentía a la perfección como la sangre brotaba por el costado izquierdo de su rostro, dificultando su visión. La bestia se acercó peligrosamente, gruñendo y salivando, hasta que el sonido de piedras caer llamó su atención. El akuma nivel dos que luchaba contra Lavi se lanzó inmediatamente a defender a su "padre" de la bestia, a lo que ambos se enfrentaron.

-¡Anelis, cuidado! - advirtió el peli rojo. Extendió su martillo hasta llegar al fondo del coliseo y trató de ayudar a la chica, pero ésta lo detuvo. - Oye…

-Ayuda a las personas a salir de aquí. Este lugar podría colapsar. Estoy bien, por favor ayúdalos. - pidió suplicante.

Aprovechando la distracción de las bestias y que tanto Kanda como Lenalee aún luchaban, asintió y se dirigió a sacar a los habitantes de las catacumbas que se encontraban arrinconados presos del miedo.

La joven de cabello oscuro, buscó con la mirada al anciano. Estaba detrás de un pilar protegiéndose para evitar ser aplastado por la bestia y el akuma. Anelis se acercó a él.

-C-Condesa… - dijo con voz quebrada.

-Tú… Pensé que después de tanto tiempo estarías muerto.

-Hice un trato con tu padre, cuando se transformó. Alargó mi vida y me entregó a mis tres hijos. - confesó.

-Dices haber sido el amante de mi madre ¡he intentaste violarme! ¡Por tú culpa morí! Y aún así te arrastraste a él para convertirte en un títere. Seguiste aprovechándote de él y del dolor que le causaste. ¡Eres un miserable! - exclamó mientras le propinaba una fuerte patada en las costillas.

-¡Ella me lo prometió! Tú madre. - respondió el anciano escupiendo sangre. - Me ofreció a su hija en matrimonio a cambio de guardar el secreto de tu padre.

-¡Ella jamás haría eso! - rebatió. - Y si lo hubiese hecho… Ya no podrá pagarlo porque está muerta. Pero tú… estás vivo y sin tan cercano eras a ella, me aseguraré de que la acompañas en el infierno.

Anelis furiosa, tomó al anciano y con fuerza lo lanzó en medio de la batalla entre el akuma y la bestia, los cuáles al estar inmersos entre golpes y mordiscos, no notaron al anciano y ésta fue brutalmente pisoteado por la bestia. La sangre y los restos salpicaron la arena. La bestia aprovechó la distracción del akuma para atravesarlo con sus largas uñas hasta hacerlo explotar. En la parte superior del Coliseo, dos explosiones más hicieron que la estructura de la catacumba poco a poco empezara a colapsar.

-Lenalee vete de aquí, busca a Lavi. - ordenó Kanda. Ambos ya habían logrado derrotar a los akumas, quienes perdieron fuerza luego de que el anciano muriera.

-¿Qué hay de Anelis? Todo se va a derrumbar. - preguntó la chica preocupada. - Por favor, Kanda, ayúdala.

El espadachín asintió y se lanzó al fondo del Coliseo. La arena le dificultaba la visión, sin mencionar que la quimera aún seguía viva. Kanda alcanzó a verla alimentándose de los restos del anciano. Continuó su inspección hasta que por fin dio con la "Noé falsa". Anelis tenía una de sus piernas atrapadas entre unos escombros; por más que utilizaba su inocencia no alcanzaba a llegar al punto exacto para levantarla.

-¿Qué no eras lo suficientemente fuerte?

La voz de Kanda la hizo levantar la mirada.

-¿Y tú no ibas a dejarme morir? Ya ves, ambos mentimos. - se volvió a seguir tratando de empujar los bloques.

Kanda chasqueó la lengua. Se agachó y tomó el bloque principal, empezando a levantarlo. Cuando Anelis logró liberar su pierna, se puso de pie con algo de dificultad. Cuando estaban dispuestos a marcharse, se toparon con la quimera.

-Ella no puede salir de aquí, los matará a todos. - comentó Anelis.

-Hump, eso se puede arreglar fácilmente. - Con agilidad, Kanda la partió en dos con su Mugen. La chica de tez morena solo cerró los ojos. - Hora de irse. Muévete.

. . .

Fuera de la entrada principal, Lenalee y Lavi aguardaban preocupados la llegada de sus compañeros. Adentro se escuchaba a la perfección el ruido de las cuevas derrumbándose. Por fortuna, minutos después, ambos notaron la figura de Kanda cargando un costal, que en realidad era Anelis.

-¡Te dije que no me toques! ¡Podía caminar! - reclamó la chica.

-Tienes una herida en tu pierna. Si no fuera por mí morirías aplastada ahí abajo. - rebatió el espadachín ofuscado. Esa mujer tenía un don más grande que el de Lavi y Allen para sacarlo de sus casillas.

-¡Chicos! - exclamó Lenalee aliviada.

-Gracias al cielo están bien. - secundó Lavi.


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