Invítalo a salir.
capítulo 5.
Ambiciosa y apasionada, eran las características que describían a Tomoyo Daidouji, la chica estaba decidida a convertirse en una gran diseñadora por cuenta propia, no necesitaba colgarse del prestigio de su familia ni pedir favores a terceros. Su talento era lo único que le daría el éxito que tanto anhelaba. Sin embargo abrirse camino en el mundo de la moda no resultaba tan fácil como esperaba.
Arrojó su tableta en el asiento trasero del coche con un gesto de desanimo, los resultados del concurso en el que se había inscrito hace semanas fueron publicados esa mañana e inesperadamente, su nombre no se encontraba en la lista. Suspiró abrazando el volante, diciéndose que incluso los grandes genios del arte como Van Gogh y Gauguin batallaron toda su vida para ser reconocidos. Y estaba claro que ella no tendría que morir para alcanzar su meta de forma tardía.
Miró el reloj en su muñeca titilando en alerta, las clases estaban apunto de comenzar y Sakura aun no salía de casa. Tocó el claxon de manera tan apabullante que provocó que las ancianas del vecindario salieran a gritarle groserías desde sus ventanas. Ella se disculpó alzando la mano con una sonrisa forzosa, ese era el sitio más escalofriante en el que había estado. Su pobre amiga pasó por tanto sin que ella lo supiera que aun sentía vergüenza de mirarle a los ojos.
Un viejo portón se abrió del otro extremo de la calle, crujiendo como en las películas de terror. Afortunadamente solo se trataba de una deslumbrante y renovada Sakura y no del asesino en serie que ella esperaba. Puso el auto en marcha y todos los insultos que recibió cobraron sentido, su chofer le había dado la dirección equivocada.
-Lo siento, no te escuché llegar -se disculpó Kinomoto, entregándole un emparedado y un café a Daidouji después de subir al coche-. Pasaste la noche en vela por mi culpa y pensé que prepararte un bocadillo era lo mínimo que podía hacer.
A Tomoyo se le llenaron los ojos de lágrimas, Sakura siempre tan considerada. En efecto ella trabajó toda la noche en los nuevos atuendos y uniformes de su amiga, los cuales fueron entregados esa mañana por su chofer, pero la historia no era del todo conmovedora.
La verdad era que estaba ansiosa por los resultados del concurso y su mente encontró una escapatoria dejándose inspirar en la bella Sakura. Dio un sorbo a su bebida saborizada con avellanas y se dejó atrapar con cada mordisco de su emparedado de pollo empanizado. Para cuando llegaron al instituto se había devorado hasta las migajas y sintió un placer en su estómago que ni siquiera el más varonil de los chicos le había hecho sentir entre sabanas.
-Dios mío -exclamó, subiendo el freno de manos-. Tienes un talento único en la cocina, ¿por qué diantres quieres pasar el resto de tu vida encerrada en una oficina?
Sakura se sonrojó, consciente de que tenía un talento culinario innato, sin embargo el sueño de su madre era verla convertida en doctora o abogada y quería honrar su memoria cumpliendo sus últimos deseos. Llena de añoranza terminó de pasar sus cosas al bolso nuevo que Tomoyo le obsequió y se preparó para mostrar su nueva imagen al mundo.
Las chicas se apresuraron para llegar a la entrada principal al mismo tiempo que Akiho y su aquelarre de brujas. La tarde anterior habían expulsado a Tomoyo de su grupo de chat y la bloquearon en sus redes sociales, reafirmando la guerra. Entrelazó su brazo con el de Sakura y empujó a Akiho hacia atrás para que no acaparara la entrada del pasillo, ocasionando que las demás chicas perdiesen el equilibrio como fichas de dominó.
El bando enemigo chilló en contraataque pero todo su veneno se quedó atorado en sus gargantas cuando notaron el drástico cambio de Kinomoto de la noche a la mañana. Su cabello antes largo y desteñido ahora lucía corto y con destellos dorados, su rostro se había convertido en un refrescante rocío después de parecer el sombrío caos después de la tormenta y ni hablar de lo bien que se acentuaba su delgada figura a sus ropas.
-Se ve espectacular -murmuró Chiharu, ganándose un codazo en el estómago por parte de Akiho.
-Cierra la boca -musitó Shinomoto, con los labios pálidos de la furia.
Con cada paso Sakura sentía que recobraba la confianza que un día la hizo destacar, cada uno de los integrantes de ese mundo que ayer le intimidaba, puso pausa a sus actividades solo para fijar su mirada en ella. Las impresiones en su mayoría eran positivas y eso le hacía sentir orgullosa, estaba dispuesta a asumir todos los riesgos con tal de recuperar su poder femenino.
-Ahí está Li -susurró Tomoyo, apretando el brazo de Sakura-. Recuerda lo que platicamos ayer, tienes que derribar sus defensas, dale un poco de atención y luego quítasela, si es posible vuélvelo loco de celos y verás cómo esta misma semana caerá rendido a tus pies.
Sakura tragó saliva. El coqueteo nunca había sido lo suyo, pero lo intentaría. En ese preciso momento los planetas se alinearon para favorecerla y al igual que todos en el instituto el capitán del equipo de soccer la miraba con la boca abierta dejando caer una pelota antiestrés, la cual se detuvo en el zapato de Sakura.
Ella la levantó del piso acercándose al chico para devolvérsela con un guiño, ignorando por completo a Li quien se encontraba en el casillero de al lado.
-Eres Shun, ¿cierto? -preguntó Sakura dejando que su mano tocara la de él un par de segundos antes de soltar la pelota. Un fuerte estruendo se escuchó atrás de ellos haciéndola titubear.
-No esperé que me recordaras -respondió Shun, embelesado.
-Toda buena animadora recuerda el nombre de su jugador favorito en cada club -jugueteó ella, pasándose el cabello detrás de la oreja de forma encantadora.
Syaoran remachó la puerta de su casillero y se marchó hecho un torbellino llevándose de encuentro a varios de sus compañeros, generando un pequeño espectáculo que también llamó la atención. Su cara estaba roja cuando finalmente logró refugiarse en el laboratorio de química, su cuerpo temblaba intentando controlar todas sus emociones.
Estaba fúrico por el descarado coqueteo que había presenciado, Sakura siempre fue sociable con los hombres pero dejándoles en claro sus límites, sin embargo esa mañana pudo identificar algo diferente en ella. Sus ojos brillaban de una manera misteriosa y ni hablar del cambio en su apariencia física.
Sacudió la cabeza para ordenar un poco sus pensamientos y decidió que necesitaba un segundo vistazo de los acontecimientos. Arrastró un banco en dirección a la ventana más alta del salón para espiar sin levantar sospechas. Sakura y Tomoyo pasaban en ese instante junto al laboratorio, conversando animosamente.
Quizá Daidouji fue la encargada de los arreglos en la imagen de Sakura pero eso realmente no tenía mucha relevancia para él. Ella era hermosa con o sin maquillaje, aquello que lo tenía realmente embobado era la sonrisa autentica y el aura hechizante que manaba de ella. Hacía muchísimo tiempo que no se la veía de aquella forma.
Aunque la satisfacción que eso le provocaba se estaba viendo opacada por los celos incontrolables que le despertaban las miradas de los chicos sobre Sakura. Solo rogaba al cielo para que ese día terminara sin tener que golpear a nadie.
-¿Qué es lo que miras con tanto interés? -inquirió alguien a sus espaldas, haciéndolo sobresaltar. El banco se tambaleó varias veces antes que Syaoran lograse recuperar el equilibrio con sus brazos.
-¡¿Qué demonios haces aquí?! -vociferó Syaoran. Una simple caída representaba un riesgo mayor para su carrera de atletismo.
Hiraguizawa sonrió acomodando un matraz en la que era su mesa de trabajo durante la clase de química.
-La semana pasada rompí unos instrumentos después de la práctica, afortunadamente nadie pareció darse cuenta y estaba reponiendo los materiales a hurtadillas, pero tú pareces estar en algo más interesante, ya que ni siquiera notaste mi presencia cuando entraste.
Syaoran gruñó sintiéndose expuesto.
-Creo que no eres el único con un lío amoroso…
Eriol soltó una carcajada.
-El único que tiene un lío eres tú, incluso a mí me estás cansando con ese tira y afloja de emociones, no quiero imaginar lo harta que debe estar Sakura con esa incertidumbre.
-No me digas que tú tienes bien segura a Daidouji -ironizó.
-Pues no, pero pronto la tendré -aseguró un sonriente Eriol volviendo al pasillo del instituto usando su teléfono como espejo-. Comenzaré mi estrategia de seducción ahora mismo.
-Espero hayas traído unos pantalones de repuesto -atacó Syaoran. Aludiendo al incidente de la primaria.
-A diferencia de ti, soy un hombre hecho y derecho, no tengo miedo de invitar a salir a la chica que me gusta. Es más, aprovecharé nuestro tiempo en detención para implementar mi plan.
-Tendré que presenciar eso para creerlo.
-¡Oh, y lo harás! -confirmó Eriol con gran ilusión-. Nuestra primera cita será en una popular cafetería pet friendly.
Syaoran suspiró, le había prometido a su amigo acompañarlo si Daidouji aceptaba reunirse con él, así que asintió con la cabeza sin pensarlo, no es que tuviera demasiado qué hacer en su forma con cuatro patas.
Para la hora del almuerzo las notificaciones en sus redes sociales estaban por estallar, ni siquiera se había dado cuenta de la cantidad de gente que había dejado de seguirla en los meses anteriores. Cada vez que su mirada cambiaba de dirección recibía elogios por parte de las chicas diciéndole que lucía genial e insinuaciones un tanto lascivas por parte de los chicos.
Un escalofrío le recorrió la espalda, esperaba que Tomoyo tuviese razón y que su plan terminara por atraer a Syaoran Li lo antes posible. Ocupó una mesa vacía de la cafetería y observó con el rostro descansando entre sus manos cómo su amiga se adelantaba descaradamente en la fila del almuerzo.
-¿Puedo hacerte compañía?
El codo se le resbaló de la superficie al descubrir que el chico con el que había coqueteado esa mañana se había hecho presente para continuar con el juego. Sakura se aclaró la garganta y se enderezó en su silla antes de aceptar con una sonrisa.
-Tus amigos parecen un poco decepcionados porque no almorzarás con ellos -indicó Sakura, sintiendo en sus hombros la atención de todos los que conformaban la mesa de los populares.
-Los veo cada día en los entrenamientos, a veces se vuelve un poco cansado convivir con las mismas personas. Necesitamos un poco de novedad, ¿no crees?
-Claro.
Shun tenía unos ojos grises electrizantes. Cualquier persona se sentiría halagada con su compañía, pero ella no dejaba de sentir culpa por querer aprovecharse del interés que había despertado en el chico para beneficio propio.
-Me gustaría invitarte al juego de este sábado…
Sakura parpadeó pensando muy bien su respuesta, tenía que trabajar por la noche, esos turnos eran los mejor pagados por ser fin de semana, pero esa era una oportunidad que no podía perder. Además, se había prometido divertirse como toda chica de su edad y hacía muchísimo que no asistía a uno de esos eventos después de abandonar su título de animadora.
-De acuerdo, ahí estaré.
Shun sonrió de manera galante.
-Si ganamos, debes prometer que saldrás a celebrar con nosotros.
-Por supuesto que iremos -interrumpió Tomoyo emocionada-. Espero que no te moleste que me incluya.
-Para nada -dijo Shun, levantándose de la silla-. Un par de bellezas como ustedes siempre serán bienvenidas.
Tomoyo soltó una sonrisita en señal de complicidad y esperó a que el chico se alejara lo suficiente para dale un grito de emoción a su amiga mientras separaba sus palillos de madera.
-Si nuestro plan con Li fracasa deberías salir con él, es muy atractivo. Elegiste muy bien a tu carnada.
Sakura se sonrojó.
-No hables así.
Tomoyo bufó rodando los ojos.
-Te pareces mucho a mi madre: Tomoyo no hagas esto o no digas aquello… somos jóvenes y debemos actuar como tales. Es nuestro último año y yo me aseguraré de que tú, mi querida Sakura, des tu primer beso antes de la graduación.
-¡Shhh! -Sakura siseó alarmada intentando decirle algo indescifrable con los ojos.
-¡No me digas que ya te besaste con alguien! ¿Por qué escondes ese tipo de información conmigo… acaso ya no confías en mí? -Gritó Tomoyo al borde de las lágrimas.
Sakura estaba más roja que el mismísimo demonio cuando un carraspeo tímido llegó a los oídos de Daidouji.
-Lamento interrumpir su plática íntima, señoritas -susurró Eriol tomándose la libertad de ocupar el asiento junto a Tomoyo, siendo seguido por Syaoran quien para sorpresa de ellas se unió a la mesa-. Decidimos que este sería un buen momento para hablar sobre nuestro proyecto.
Tomoyo entendió de inmediato las señales de Sakura, no le ocultaba ninguna cosa simplemente sentía vergüenza de tocar el tema frente a Li. Titubeó un segundo y disimuló llevándose un trozo de tomate a la boca.
-No creo que tengamos coincidencia en nuestras ideas -discutió, mirando el resto de su ensalada con desinterés-. ¿Por qué no lo dejamos en manos de profesionales? Tengo un tutor muy bueno en casa, puede ponerse de acuerdo con el tuyo y tener la tarea lista a fin de mes.
-¿Estás loca? -escandalizó Eriol-. Eso es hacer trampa.
Tomoyo sonrió.
-No sabía que fueras tan correcto -dijo de manera tan sarcástica que puso de los nervios a Eriol-. Eso lo dejaría más para Li.
-Yo también ignoraba lo embustera que eres.
-Deberías dirigirte a mí con más respeto, te recuerdo que nuestras abuelas son muy amigas y puedo meterte en problemas con una sola llamada.
-Quiero verte intentándolo -amenazó Eriol, dándole una mirada efusiva. Esa mujer era nociva para su autocontrol-. Alguien podría alertar a la gente de seguridad de tu madre sobre el punto ciego de las cámaras en el jardín trasero.
-¿Qué dijiste? -rugió Tomoyo golpeando la mesa con la mano. Los platos rechinaron con el impacto y una gota de sopa salpicó en los lentes de Eriol. Su madre la degollaría viva si se enteraba sobre sus escapadas nocturnas.
Syaoran soltó una pequeña carcajada por el espectáculo, los planes de seducción de su amigo se habían ido por un caño desde que inició la conversación. Los pelinegros voltearon a verlo indignados, pero a él para nada le afectó. Le dio un sorbo a su leche de chocolate y se relajó en la silla cruzando las manos sobre la mesa.
-Vamos a resolver esto de manera civilizada y práctica -sugirió Li. Eriol sacó un pañuelo para limpiar sus lentes y Tomoyo frunció los labios, fingiendo estar atentos al consejo-. Usen una sala de chat para intercambiar ideas y una vez llegados a un acuerdo, concierten una reunión para finiquitar el proyecto. Incluso podrían utilizar programas de simulación y análisis de estadísticas para determinar su posible éxito y eludir tantas reuniones presenciales.
-Ustedes dos -dijo Tomoyo señalando a los castaños-, tienen muchas cosas en común, Li también habla igual que mi madre. No tienes que ser tan educado todo el tiempo, eres muy lindo pero tanta formalidad te resta encanto, ¿no crees, Sakura?
Sakura quien hasta el momento se había mantenido al margen de la conversación por sentirse demasiado nerviosa por la presencia de Li, se atragantó con un bocado de arroz. ¿Por qué Tomoyo tenía que hacerle una pregunta tan indiscreta? Se cubrió la boca para evitar que la comida salpicara a sus acompañantes y tosió con fuerza hasta que fue capaz de tragar.
Syaoran rápidamente abrió su botella con agua y se la ofreció con preocupación a la chica.
-No tienes que responder si eso te hace sentir incomoda, pero me agrada la idea de tener cosas en común contigo.
Sakura sintió las comisuras de sus labios curvarse con esas palabras, el mayor encanto de Syaoran residía en lo atento y caballeroso que era. Pero en esa ocasión no podía dejarse llevar por sus sentimientos, tenía un propósito por cumplir. Y ello era justamente averiguar si eso era amabilidad o eran sentimientos reales hacia ella.
-No te preocupes -relajó, dando un sorbito de agua-. Aunque coincido con mi amiga, te comportas igual con todas las personas que te rodean, no sé si tú y yo tengamos cosas en común.
Syaoran se quedó atónito, no podía creer que su dulce y tierna Sakura le estuviese dando esa respuesta. Estaba tan acostumbrado a que ella reaccionara a sus mínimas atenciones que esa indiferencia realmente lo sorprendió más que un puñetazo en el estómago.
Eriol soltó una risita.
-¿Syaoran quieres un poco de mi refresco? Parece que también se te atoró algo en la garganta.
Syaoran chaqueó la lengua.
-Eres un tonto.
Tomoyo felicitó a su amiga con un guiño, Li estaba realmente afectado y había llegado la hora de dar el golpe final.
-Muy interesantes sus aportaciones caballeros, pero mi amiga y yo nos retiramos. Tenemos cosas más importantes de las qué hablar -dijo Daidouji, tomando de la muñeca a Sakura.
-Sí, claro. Los chismes son más interesantes para ti que destacar en la escuela al menos una vez en la vida -ironizó Eriol.
Tomoyo se levantó de la mesa haciendo chillar su silla.
-La primera cita de mi mejor amiga es más importante que cualquier cosa en el mundo para mí.
-¿De qué hablas? -preguntó Li, precipitado.
Sakura lo miró sobre su hombro con una sonrisa de oreja a oreja mientras se alejaba.
-Tengo una cita el sábado después del partido de soccer -aligeró sus pasos alzando la voz, si no hablaba rápido el rostro desencajado de Syaoran la haría acobardarse de su pequeña travesura-. ¡Hablaremos sobre el proyecto la próxima semana!
Eriol se estiró sobre la mesa para terminar de devorarse los rollos de cangrejo que sobraron del almuerzo de Sakura y no pudo evitar gemir de placer al probarlos.
-Diablos, esta chica cocina genial -opinó con energías renovadas, el rostro enfurecido de su mejor amigo le devolvía la vida-. De no haber presenciado los acontecimientos jamás hubiera creído que la servicial y abnegada Sakura Kinomoto pisoteó tu autoestima.
Syaoran tampoco podía creerlo, sentía una estaca clavada en el pecho que le impedía respirar. Ella había aceptado salir con otro chico, ¡por todos los cielos! Tenía que impedir que eso sucediera a toda costa, su estrategia de intimidación no funcionaría con el imbécil de Shun, así que el camino más lógico era abrir finalmente su corazón.
-¡Te lo dije! -celebró Tomoyo presionando una y otra vez botones al azar de la caja registradora-. Li quedó hecho una furia. Ni siquiera intentó acercarse a ti después del almuerzo.
Colocarse la gorra con el cabello corto era todo un reto, hasta que varias pinzas después, logró conseguirlo. Sakura negó con la cabeza y empujó a su amiga al otro lado de la mesa, tenía muchísimas cosas por revisar en la tienda y su amiga solo estaba entorpeciendo su trabajo robándole la concentración.
-Pude notar que le sorprendió mucho mi cita con Shun, ¿pero quién no se sorprendería? Ni yo misma puedo creerlo. Jamás he aceptado salir con nadie.
-Ya deja de negarlo, sé que él muere por ti -cantó Tomoyo, sacando de la refrigeradora una lata de cerveza. Sakura torció el gesto y rápidamente corrió a golpear la mano de su amiga y devolver la bebida a su lugar.
-Estoy a días de averiguarlo -dijo más para sí misma. Su límite era el día del partido, había comenzado ese reto con tanta determinación que ni siquiera le había quedado tiempo para pensar sobre lo que haría si Syaoran no reaccionaba de la manera que esperaba.
Sakura se frotó los brazos con las manos por los escalofríos que le generó la posibilidad. Suspiró abriendo las puertas de la tienda de par en par y caminó hasta la bodega trasera por una caja de botellas de leche. Tomoyo ayudó tomando la caja de un extremo pero el peso superaba a las chicas, así que decidieron arrastrarla por el callejón continuando su conversación entre jadeos.
-Tengo todo bajo control -gimió Tomoyo con el rostro ruborizado por el esfuerzo, ella empujaba la caja de frente y Sakura tiraba caminando en retroceso-, me apunté a la salida con el equipo de soccer… porque no pienso dejarte salir a solas con un desconocido.
Al llegar a la esquina de la tienda Tomoyo soltó las cajas para sostenerse la espalda mientras el sudor bajaba por su frente. Sakura sintiendo compasión por ella trató de continuar arrastrando la caja solo con sus fuerzas, hasta que trastabilló por pisar la cinta suelta de uno de sus zapatos.
Un sonido ahogado salió de su boca mientras cerraba los ojos anticipándose a la caída. Sin embargo eso jamás pasó, en cambio un agarre firme sobre sus hombros le ayudó a incorporarse y por el rostro descompuesto de su amiga pudo adivinar de quién se trataba.
-Hermano -susurró angustiada.
Touya Kinomoto levantó la caja sin decir una palabra y se dirigió a la sala de ventas. Sakura se arrancó la gorra que con tanto esfuerzo había puesto sobre su cabeza y la apretó entre sus manos en un acto de nerviosismo, la última vez que su hermano había ido a buscarla sin previo aviso no trajo consigo buenas noticias y era fácil adivinar lo que sucedía en esta ocasión, le habían llamado de la escuela.
Tomoyo se despidió con un gesto indicando que la llamaría después y se alejó corriendo para esconderse en su auto, no quería que el malhumor del hermano de Sakura la enredara.
Sakura hizo tiempo atando la cinta de su zapato y finalmente arrastró sus pies de vuelta a la tienda. Touya la esperaba sentado en el área de comida con sus manos apuñadas sobre su regazo, sus ojos no reflejaban enojo sino más bien tristeza y eso caló el corazón de Sakura.
-Lo siento -se disculpó.
-¿Creíste que no me enteraría de esto? -preguntó Touya, con la mirada fija en la ventana, sin embargo podía observar el claro reflejo de su hermana a través del cristal.
-Yo solo quería… dejar de ser una carga para ti -dijo Sakura con la voz quebrada.
Touya suspiró fregándose el rostro con las manos.
-¡Esto es justamente lo que no deseo para ti! -habló alterado-. He luchado cada día desde que nuestros padres murieron para que tú no tengas que pasar por más dificultades, no te pido que vivas como si nada hubiese sucedido porque no puedo reemplazar a la familia que perdimos, pero quiero verte siendo una fracción de la niña alegre y brillante que solías ser.
Durante todos esos meses Touya notó como el humor de su hermana cambió hasta volverla irreconocible, estaba siempre callada actuando en modo automático todos los días, a veces quería sacudirla y suplicarle que gritara o reclamara sobre cualquier cosa, sin embargo con cada cambio negativo que tenían sus vidas ella solo se conformaba ensimismándose más y más, llegando al grado en el que ni siquiera hablaban las pocas veces que coincidían en casa.
-Hoy hablé con la señorita Mizuki, me dijo que no estás progresando con la terapia, que te aíslas de tus compañeros y que tus calificaciones han desmejorado. Entonces las cosas comenzaron a tener sentido para mí y entendí por qué todo el tiempo luces agotada; todo esto ha sido mi error por exigirte demasiado. Perdóname.
-Hermano, no tienes porqué disculparte -dijo Sakura tomándolo de las manos con un par de lágrimas rodando por sus mejillas-. Sé que trabajas mucho por mí, por mi bienestar. La culpa es mía por comportarme como una cobarde, no supe llevar sobre mis hombros el peso de las murmuras y los señalamientos de todos en la escuela. Ahora me doy cuenta que quizás sí hubo personas que intentaron ayudarme, pero yo las alejé porque solo pensaba en mi propio dolor… creí que acostumbrarme a la soledad me haría olvidar la tristeza de todo lo que perdí.
En una situación diferente el llanto de su hermana le partiría el alma pero ver tantos sentimientos en esos cautivadores ojos verdes lo llenó de alegría. Sakura no había derramado una sola lagrima frente a él después de la noticia del fallecimiento de su padre y eso lo mantenía en una agonía constante. No quería que la depresión la obligara a cometer los mismos errores de su progenitor.
-Sé que prometí no dejarte sola y aun así fue la primera cosa que hice. Me sentí tan obligado a poner un techo sobre nuestras cabezas y comida en la mesa que me olvidé de lo importante, cuidarte de verdad.
Touya se levantó de la silla y envolvió a Sakura en un fuerte abrazo, al que ella correspondió de la misma forma. Sabía que su hermana solo intentaba ayudar y que ningún trabajo era deshonroso pero quería a toda costa evitar que ella perdiera una etapa tan importante de su vida como lo era el final de la adolescencia. Le besó la cabeza y le levantó el rostro con la mano para que pudiera mirarlo.
-Quiero que dejes este trabajo y te preocupes solo por la escuela, es tu último año y mereces disfrutarlo, así como yo lo hice en su momento…
-Pero tú también eres joven, tienes dos trabajos y vas a la universidad, no quiero…
Touya la cortó negando con la cabeza.
-Debo confesarte algo -la tomó de las manos con el rostro serio-. El abuelo me contactó hace un par de semanas y me ofreció dar una mensualidad con la que podremos vivir decentemente. También quiere hacerse cargo de tus gastos universitarios con la condición de que vayas a visitarlo de vez en cuando.
Sakura se mordió los labios. Eso era algo totalmente inesperado, el abuelo Amamiya había guardado distancia de su familia por años, por alguna razón nunca estuvo de acuerdo en el matrimonio de sus padres y se negó a asistir al funeral de los dos. ¿Por qué razón intentaría acercarse ahora?
-Aún no he aceptado -continuó Touya-, no quiero obligarte a hacer nada que no quieras.
Sakura relajó los hombros dándole a su hermano una mirada de consuelo.
-No representa ningún sacrificio para mí, aceptemos el trato. Gracias por quedarte conmigo y hacerte cargo de todo, pero tú también mereces vivir como un chico de tu edad y sé que muy pronto te veré triunfar en televisión como siempre lo has soñado.
Ambos se rieron, ya que su hermano había soñado con ser presentador de noticias desde que eran pequeños. Él era muy apuesto y talentoso, Sakura no dudada que eso estaba a punto de convertirse en una realidad.
-Quiero que renuncies hoy mismo de este lugar.
Sakura hizo un puchero.
-Lo haré el viernes o no me pagarán la semana completa.
-De acuerdo, pero si el dueño se rehúsa a pagarte por dejar el puesto, dímelo y vendré a partirle la cara.
-¡Hermano!
-Es broma, relájate, monstruo.
Sakura gruñó lista para saltar sobre su hermano pero se obligó a guardar la compostura frente al cliente que acababa de entrar en la tienda. Al llegar a casa, Touya se las pagaría.
Eriol exhaló dándose aire con su chaqueta, nadie a excepción de él sentía calor dentro de la biblioteca climatizada pero vaya que esa había sido una semana agotadora. Volvió a suspirar dejándose caer sobre la mesa como un estropajo sin vida.
-Vete a hacer drama a otro lado, ¿quieres? -espetó Li, sacando su libro de texto debajo del brazo desvanecido de Eriol.
-Este es mi último día en detención con Daidouji y hasta el momento no he logrado sostener una conversación medianamente decente con ella. Siempre acabamos peleando e ignorándonos el uno al otro.
-Lamento escucharlo, jamás te habías puesto tan insistente con una chica, ¿Daidouji realmente es diferente para ti?
-No sé cómo explicarlo, la detesto pero a la vez siento que podría haber algo maravilloso y ardiente entre nosotros.
Syaoran soltó una risita, dejando su lápiz en medio del libro.
-Es una chica atractiva, lo reconozco. Pero si buscas tener una relación con alguien debe haber más que algo físico.
-Pues sí tienes razón -acordó Eriol cruzándose de brazos mientras se balanceaba en la silla-. Hay algo que me hace admirarla, tiene mucha gracia en todo lo que hace y aunque actúe de manera grotesca tiene un buen corazón. La he observado estos días mientras estamos en detención, sus manos y su cabeza están llenas de talento y creatividad. Definitivamente es alguien con quién deseo estar.
Syaoran se alegraba de escucharlo, al parecer su pequeño amigo estaba madurando.
-Por otro lado, ¿vas a permitir que Sakura salga con ese sujeto? -preguntó Eriol con voz baja, señalando la puerta con los ojos.
Syaoran tomó aire mirando por el rabillo del ojo cómo Shun se colaba en la biblioteca solo para robarle un saludo a Sakura.
-Por supuesto que no.
-Déjame decirte que no estás siendo lo suficientemente agresivo, ¡no has hablado con ella desde nuestro almuerzo el otro día!
Syaoran se acomodó la corbata, eso era cierto, se había mantenido al margen de ella más allá de lo necesario, sin embargo había comenzado a trabajar el terreno sin que nadie lo supiera.
-Te hace falta mucho para llegar a ser un buen conquistador, mírame y aprende.
De manera ingenua Syaoran esperó un consejo genial de parte de Hiraguizawa, pero el muy estúpido solo se puso de pie, arregló su cabello y le sonrió a la nada como un verdadero tonto.
-¿Qué diablos haces?
-Enseñándote algo que necesitas con urgencia, no te ofendas, tienes un cuerpo espectacular pero no puedes ir por la vida desnudo para impresionar, así que debes recurrir a lo sencillo. Una sonrisa enamora a cualquiera.
Para demostrarlo Eriol caminó a los estantes y ayudó a una compañera a alcanzar un libro dándole una sonrisa encantadora. La chica agradeció el gesto y se alejó completamente emocionada y con una sonrisa soñadora en sus labios.
-Lo ves, fácil -dijo Eriol. Tomó su mochila de la silla y tocó el reloj de su muñeca para apagar la alarma-, debo ir a detención y tú ve a buscar a tu chica y pon en práctica lo que te enseñé. Deséame suerte.
Syaoran se incorporó de su silla y dio un ligero masaje en los hombros de su amigo.
-Suerte, eres mi hombre -animó.
-Te amo, cariño. Nos vemos luego.
Syaoran esbozó una ligera sonrisa, adoraba a ese tipo. Recogió sus cosas a toda velocidad y se colocó la mochila sobre el hombro. No había querido decírselo a Eriol pero en los últimos días había estado enviando mensajes a Sakura deseándole buenos días y dejando una chocolatina en su escritorio sin que nadie lo supiera.
Sin embargo había llegado el día de acercarse a ella, se saltaría el entreno de esa tarde para acompañarla a casa y confesarle lo mucho que le agradaba. Recorrió varias veces los pasillos de la biblioteca hasta que finalmente pudo encontrarla arriba de una escalera, ordenando el librero.
Cuando alzó la mano dispuesto a hablarle, ella perdió el equilibrio y su pie se resbaló del escalón, Syaoran tiró su mochila y corrió con más fuerza que cualquier otro día de su vida, pero sus esfuerzos no serían suficientes ya que ella se encontraba al final del pasillo.
Frenó en seco al darse cuenta que alguien más apareció para socorrerla, Sakura cayó en los brazos de Shun tan perfectamente como si de una novela romántica se tratase.
Se miraron a los ojos unos segundos y eso desagrado por completo a Li, no iba quedarse a observar cómo ese héroe se robaba a su chica. Sin pensarlo demasiado se la arrebató de los brazos y la sacó cargada de la biblioteca con los ojos de todos pegados en ellos.
-¿Qué haces? -chilló Sakura, tratando de entender la situación. Miró a Shun sobre el hombro de Syaoran completamente avergonzada. No había podido agradecerle la ayuda y ni siquiera ella estaba segura de lo que ocurrió ahí adentro.
Movió las piernas tratando de zafarse del agarre de Li pero solo consiguió que él le apretara más fuerte y aligerara sus pasos. Se cansó de luchar y el corazón le palpitó desenfrenado al notar que estaban saliendo del instituto. La respiración de Syaoran estaba agitada y su mirada era casi salvaje. Ella jamás lo había visto tan fuera de sí.
Sakura apretó los ojos repitiéndose una y otra vez que Li sería incapaz de hacerle daño, no después de haberse portando tan lindo con ella. Los regalos en su escritorio y los mensajes simples que le enviaba cada mañana deberían significar algo.
Él la bajó con delicadeza cuando llegaron a la sombra del gigantesco árbol que estaba detrás del instituto. Syaoran se pasó una mano en el cabello, sabía que había actuado como un loco pero su instinto bestial no estaba ayudando en nada. De haber tenido colmillos habría desgarrado las manos de Shun por atreverse a tocar a Sakura, aunque de no ser por su tempestiva ayuda ella estaría lastimada.
Li levantó la mirada ante una sorprendida Kinomoto y supo que no había retorno. Había llegado al límite, su sensibilidad estaba tan desenfrenada que sentía su aroma y escuchaba su voz por todas partes. Por primera vez sus dos mitades se pusieron de acuerdo y se acercaron a ella, acorralándola contra el tronco del árbol y su cuerpo.
Una brisa fresca acarició el rostro de Syaoran instándolo a cerrar los ojos y finalmente juntar sus labios con los de ella…
Holaaa! Mil disculpas por la tardanza pero acá estoy de vuelta, espero disfruten de la lectura, gracias por su apoyo. Los leo!
