La magia del tiempo

NANATSU NO TAIZAI © NAKABA SUZUKI

Sinopsis: Se dice que el tiempo es incontrolable e irrecuperable, pero cuando una oportunidad así se presenta ante Zeldris, podría descubrir una o dos cosas [Basado en el cuento "El reloj mágico" de Rodo Barone].


Prólogo


Zeldris salió de su departamento, como lo hacía puntualmente cada tercer jueves del mes, para cumplir con el pago de sus cuentas. Era un joven ordenado, y mantenía ese día libre para una rutina establecida desde que se había mudado. Su residencia se encontraba en el corazón de la capital de Liones, una ciudad bulliciosa, pero que aún conservaba el encanto de su antigua fundación.

La torre en la esquina, las estatuas en las puertas de las viviendas: eran detalles que se combinaban con la magia de la ciudad, en el camino que el joven recorría hasta que se detuvo en un semáforo.

El rojo parpadeaba mientras Zeldris observaba a su alrededor. Era una costumbre arraigada: observar e imaginar. Su mente era rápida y activa; ver una nube podía hacerle visualizar un animal y pensar en preguntas sin respuestas, pero que le servían para mantenerse despierto y lo suficiente como para notar al anciano a su lado.

Zeldris ajustó la correa de su bolso mientras curioseaba. El anciano estaba sentado en una silla de ruedas, bastante antigua, pero su expresión no reflejaba disgusto por eso. Su cabello rubio caía sobre su cabeza con una inclinación hacia un lado.

Era extraño. La idea de Zeldris sobre una persona anciana era alguien cascarrabias con cabello blanco, pero ese hombre parecía ser una excepción a la regla.

Y como si el anciano supiera algo, se giró hacia él y dijo:

—Joven, disculpe que lo moleste. ¿Podría ayudarme?

—¿Yo? —preguntó Zeldris, pasando su dedo por la correa de su bolso con nerviosismo—. ¿En qué puedo ayudarle?

—La rueda de mi silla se acaba de pinchar y no tengo brazos fuertes. ¿Sería capaz de empujarme por la avenida? —explicó el anciano. Esperó a que las luces del semáforo brillaran, pero no habían abandonado el rojo—. No quiero molestarte. Parece ocupado.

Zeldris frunció el ceño y echó un vistazo a su entorno. Alguien paseaba a su perro, que se detuvo para meter la nariz en un árbol. Un grupo avanzaba por la acera de enfrente, riéndose de un chiste contado por uno de los miembros. De alguna manera, solo el anciano y él estaban en ese semáforo.

Hizo una pausa para recordar cuánto tiempo podría ocupar hacer eso y, si era sincero, no era demasiado. Ni siquiera debía cuestionarse sobre si ayudar o no.

—Lo haré —afirmó.

El anciano abrió mucho los ojos.

—¿Estás seguro? No quiero quitarte el tiempo. A lo mejor, estás por visitar a una chica linda.

—Ha pasado mucho tiempo desde que visité a una chica linda —bromeó Zeldris, y le dio una sonrisa amistosa—. No se preocupe y confíe en mí. Tengo el tiempo necesario.

El anciano se carcajeó aún más cuando Zeldris se colocó detrás de su silla, comenzando a empujar. El semáforo marcaba verde y estaban preparados para avanzar.

—Bueno, ten cuidado, no creo que uno pueda controlar el tiempo —añadió el anciano.

Aquellas palabras resonaron en la mente de Zeldris mientras avanzaban por la avenida. La luz del semáforo cambió y apenas estaban a mitad de camino. Algunos automovilistas esperaban, mientras otros hacían sonar sus bocinas con disgusto.

Terminaron de cruzar la avenida y el ritmo pareció volver a la normalidad.

—Muchas gracias, joven.

—No hay de qué, señor. Fue un placer ayudarlo —respondió Zeldris con sinceridad.

—Y eso es maravilloso —comentó el anciano cuando una sonrisa adorno sus labios—. Escúchame, vivo a unos cuantos metros. ¿Sería una molestia que me acompañaras?

El joven sintió un apretón en el corazón al escuchar las palabras. Estuvo tentado de negarse y seguir su camino, considerando que la fila para pagar podría hacerse larga. Pero había dicho que tenía tiempo, y declinar no tenía sentido.

—No hay ningún problema —afirmó, colocándose otra vez detrás de la silla de ruedas—. Por cierto, ¿cómo se llama?

Por un segundo, hubo una expresión rara en el rostro del anciano, antes de que se iluminara con una sonrisa.

—Soy Gowther.


Nota de la autora: ¡Feliz regreso de esta historia! Publique esto a mediados del 2022 como regalo de Zeldris, ahora, dos años después, le vuelvo a dar espacio para que festeje su cumpleaños este año.

Esto tendrá actualizaciones diarias, así que podrán verlo terminado en pocos días.

Agradezco a AngelMKirishima por la espectacular portada y por ser el mejor hermano menor mundo.

Ciao.