Lottie Elwes no sabía quién era Albus Potter. Le parecía muy intrigante que el dijera que la conocía. Porque de ser así lo recordaría, quizás la estaba confundiendo con alguien más.
Narrado desde la perspectiva de Lottie Elwes.
Sharlotte Elwes mejor conocida con el sobrenombre de Lottie, se sentía cansada, tenía varios moretones en su cuerpo, le había pasado eso por distraerse, se suponía que tenía que defender a un tal Draco Malfoy y a un tal Scorpius Malfoy.
Eran unos nombres sumamente extraños parecía que aquellos tipos eran de un circo, pero quién era ella para juzgar, se puso su uniforme, observó la máscara facial protectora que les habían dado a cada uno de sus compañeros como tenían que proteger sus identidades debía ponerse eso que parecía más mascarilla para soldar que otra cosa.
Había aceptado ese puesto para ayudar a Matt, su hermano menor, tenía que ir un paso delante de él, no podía permitir que atrapará a sus antiguos secuaces, esos idiotas podían matarlo, lo mejor que podía hacer era alejarlos, una sutil amenaza y con eso bastaba, solo a uno llegó a golpearlo, no le gustaba usar la violencia, pero no le quedó otra opción.
Era una suerte que siguiera vivo pero ahora le tenía miedo a ella, no se sentía orgullosa de eso, pero era lo mejor para ambos. Proteger a gente que en le realidad no le importaba era la coartada perfecta para seguir avanzando, protegería a su hermano de todo, incluso de ella misma.
Recostada en la cama de esa enfermería recordó porque fue que resultó lastimada, desde el primer instante en el cual los había comenzado a proteger no les habló a los Malfoy, lo tenía prohibido. Pero ambos hombres creían que era un hombre, le ofrecieron una cerveza en una ocasión que recibió por cortesía pero no sé la tomó.
Había una especie de fiesta en la mansión donde vivían el padre y el hijo, llegaron muchas personas a las cuales no les dio importancia, hasta que una trató de lastimar al joven Malfoy, tuvo que salir a pelear fue fácil para ella tumbar al suelo al enemigo, le rompió la varita y le amarró las manos.
Habían más los había notado con rapidez, empezó a luchar ella junto a los otros compañeros de trabajo que tenía, hasta que se encontró con un oponente sumamente fuerte a quien no había derrotado del todo, el mismo le lanzó un hechizo que destrozó parte de su ropa, su máscara se partió en dos exponiendo su verdadera identidad.
–¿Una mujer? ¡Eres una mujer! ¿Qué clase de broma es esta? – Gritó con fuerza el enemigo, reconoció que le parecía divertido lo que estaba pasando. El tipo no podía creer que una mujer era quien habia derrotado a tantos de los suyos.
–Lo soy. Prepárate que no me voy a contener de ahora en adelante. – Le haría pagar caro el haber arruinado su uniforme y su identidad después de esto debería dejar el trabajo, buscaría otra forma de seguir protegiendo a Matt.
–¡¡Lottie!!– Escuchó que alguien la llamaba con fuerza en la lejanía, alguien la conocía, se distrajo por un breve momento tratando de buscar a quien sabía su verdadera identidad.
Entonces lo vio, un hombre atractivo, menor que ella, eso era claro, de ojos verdes, era quien había gritado, lo observó en silencio tratando de reconocerlo.
Pero no lo conocía, no sabía de quién se trataba, sus ojos eran bonitos, esa pequeña distracción le ganó un ataque en la espalda, tan fuerte que le dolía. Había bajado la guardia por ese tipo. ¿Qué diablos estaba pasando? ¡Ella no se distraía! Sintió enojo y asco contra el tipo que la había lastimado, el ataque la lanzó varios metros hacia el aire cayó al suelo, lastimándose, enojada como se sentía, se levantó se acercó tan rápido que no lograron detener su ataque de vuelta, un puñetazo le dio al tipo en la nariz, quizás se había pasado de fuerza al hacerlo pero le asqueaba los golpes a traición. Ella siempre lo hacía de frente. Después de devolver el golpe, cayó de rodillas, escuchó al hombre gritar, por el se había distraído. Se desmayó pensando quien era ese adorable muñequito, desmayarse en territorio enemigo era sentencia de muerte.
Cuando despertó estaba en una camilla, pero no estaba sola, junto a ella estaban el Joven Malfoy y ese otro desconocido de ojos verdes, el muñequito.
–¡¡Lottie!! Por fin despertaste. ¿Por qué no me dijiste que eras tú? Mi padre y yo nos sentimos tan culpables. – Notó lágrimas en sus ojos, podía notar culpa y alegría.
Le parecía algo tonto, ellos ni siquiera habían interactuado más allá de cuidarlo, de vigilarlo, porque ese era su trabajo, para eso le pagaban.
–¿Disculpa? ¿Te conozco?– Solo notó que la sonrisa en el rostro del joven desapareció, seguida de la desesperación del segundo.
–Lottie, yo soy Albus. – La tomó de las manos, pero ella solo sentía confusión, porque sus ojos verdes le hacían sentir algo que no podía precisar.
–No sé quién eres. ¿Me estará confundiendo con alguien más? ¿Será otra Lottie con quién comparto un nombre? Me parece una coincidencia muy graciosa. – Trató de bajar la tensión del momento, pero no pudo, notó como el chico empezaba a llorar en silencio.
–Lottie tú y yo…– Ni siquiera pudo terminar la oración, la abrazó con tanta fuerza que creyó que la dejaría sin aliento.
–¡Oye! ¡Estas invadiendo mi espacio personal! ¡Olvídalo no tiene caso!– Lottie se resignó debía dejar que ese hombre la abrazara, quizás le recordaba a alguien que había perdido tiempo atrás.
Pero su subconsciente le decía que no corría peligro con él, por primera vez en años cuando alguien ajeno a su familia le abrazaba no sentía que el pudiera hacerle daño. Porque solo con su hermano, su padre y su mejor amiga ella sentía que no pasaría nada. La misma sensación que el muñequito le provocaba.
Albus sabía que el hechizo había borrado todos sus recuerdos juntos, que tenía amnesia, no sabía si iba a poder hacerla recordar todo lo que habían planeado juntos, la relación que habían tenido, el amor que el aún le tenía.
La había recuperado, y con eso tenía una esperanza aunque ella no lo reconociera.
