¡No perdamos el tiempo! ¡Reviews anónimas!
Josezcri: No tengo ni un proceso ni ningunos pasos. Realmente solo escribo las batallas como se me ocurren en la mente. Me las imagino de un modo muy cinemático, pero la mayor parte de las mismas me salen solas. Me alegra mucho que te gusten las batallas que escribo, porque a veces es difícil plasmar los pensamientos de mi cabeza XD
Red Dexholders: ¡Espero que la espera y paciencia hayan valido la pena, Red, porque aquí está la parte 2! ¡Espero que la disfrutes tanto como la primera parte!
¡Eso sería todo! ¡Pasen a leer, por favor!
La aterciopelada noche de la ruta 35 —al norte de ciudad Trigal— era el manto protector del justiciero. Éste se movía con agilidad y presteza valiéndose del anonimato provisto por el vestido de la dama nocturna. Atravesaba árboles y arbustos, siendo estos los únicos que delataban su posición.
Había enviado a sus Pokémon a perseguir a los fugitivos. Les llevaban un buen tramo, lo que no era problema para Lucario o Magnezone, pero sí para él. Esos tres que huyeron lograron dar una alarma al único que quedaba en su improvisada base, lo que provocó que éste huyera en camino a una motocicleta escondida entre los matorrales.
Era lento; no estaba acostumbrado a la labor de campo, podía saberlo. Ese hombre era uno importante nexo entre los traficantes de a pie y las cabecillas de la red de tráfico de Pokémon que había estado investigando por casi cuatro meses. El Recepcionista, lo llamaban por lo mismo, había sido extremadamente difícil de localizar —y seguramente no lo habría logrado sin la ayuda de una turista—. Si dejaba que escapara, sus planes se irían por la borda. Quedaría al descubierto que estaba yendo por ellos; cubrirían sus huellas y seguramente no podría volver a encontrarlas. Perder al Recepcionista ahora significaba, potencialmente, perderlo para siempre.
No podía darse el lujo de perder más tiempo con ellos. Pronto tendría que volver a Alola, con su familia y amigos. También necesitaba entrenar si quería ganar la Liga. Ash seguramente no se había dedicado a descansar en esos meses…
Por eso le dio caza con ferocidad. Escuchó sus jadeos y zancadas torpes, así como los quejidos que salían de su boca cada vez que se atoraba con algún obstáculo. La ubicación que habían elegido era buena para una base, pues estaba realmente oculta, pero mala a la hora de huir de ella. Los criminales que llevaban años operando tendían a olvidar que podían, de hecho, ser capturados.
Iba a darle un golpe de realidad a ese sujeto.
Los matorrales se agitaron y escuchó el sonido de un motor. Dio un gran salto para cubrir la distancia que le faltaba, atravesando hojas y ramitas, y aterrizó sobre el Recepcionista, tirándolo de la motocicleta. Era un sujeto de lo más normal, de mediana edad y de entradas prominentes, con rasgos que hasta parecerían bonachones de no ser por la mirada de absoluta desesperación en su rostro. Escaneó el panorama tan a prisa como pudo: una sobria motocicleta urbana de color negro —que no entendía cómo pudo meter una cosa así en el bosque—, el discreto sobre de manila tirado a pocos palmos del delincuente y, por supuesto, éste último.
Debió quedarse analizando el escenario por más tiempo del que debía, pues escuchó una detonación en cuanto se puso de pie. Ese ruido atronador casi lo hizo caer de rodillas y llevarse las manos a la cabeza. Sintió una oleada de pánico apoderarse de su ser que por poco lo hizo proferir un grito de intensidad parecida al del estallido. Le temblaron las piernas y la mente se le nubló, pero logró encontrar cierta compostura entre la desesperación, obligándose a moverse. Saltó hacia los arbustos y se escabulló, refugiándose detrás de un grueso árbol de roble. Escuchó otra detonación.
Tuvo que intentar centrarse. Se obligó a analizar la situación para mantener la cabeza fría. El disparo había sido torpe y muy mal orientado; el Recepcionista se había hecho daño con el retroceso del arma y su reacción denotaba que no estaba acostumbrado a disparar en lo absoluto. Llevaba la pistola como un método de defensa en caso de que fuera necesario. Aquella mirada de desesperación, la facilidad con la que había huido y disparado, así como su condición física, le afirmaban que ese hombre no era un combatiente. Era un criminal intelectual, como cabía suponerse.
Sentía las manos temblar y los dientes castañear. El corazón le latía al mil por hora… pero tenía que actuar. Hacer o no hacer. Si no hacía nada, quién sabe cuántos Pokémon inocentes sufrirían por culpa de la codicia de hombres como el que ahora se arrastraba desesperado. Hacer o no hacer… Y si iba a hacer algo, entonces tendría que hacerlo con cautela.
Levantó una roca cercana antes de ponerse de pie y la lanzó con fuerza pero discreción hacia el lado opuesto en el que se encontraban. Los arbustos se agitaron ante el peso de la roca, sobresaltando al Recepcionista y haciéndolo disparar dos veces seguidas. Soltó un fuerte quejido de dolor. Aprovechó la momentánea distracción para escabullirse hacia la derecha lo más silenciosamente posible. El manto azul oscuro que llevaba puesto le permitió mezclarse con las tinieblas.
Tomó otra roca, esta de tamaño considerablemente superior y flexionó las piernas. Iba a tener que saltar. Inhaló, centró sus ojos en el objetivo y entonces lanzó el pedrusco con todas sus fuerzas. Se decía, no por nada, que un entrenador Pokémon experimentado era tan hábil como cualquier pitcher profesional de baseball. Demostró que era cierto cuando golpeó la muñeca del Recepcionista con la roca. Escuchó un crujido, un grito de dolor y el arma cayendo al suelo. Cargó.
Sus piernas fueron más rápidas que los reflejos del recepcionista. Lo sujetó con fuerza por la muñeca, lo que le hizo emitir un fuerte alarido antes de ser sometido contra el suelo. El retroceso del arma, sumado al golpe de la roca… No le sorprendería que se la hubiera roto, y eso no le gustaba. Quería hacer las cosas bien; limpiamente. No había punto en llevar criminales ante la justicia si utilizaba las formas de los criminales. Debía combatir su violencia con fuerza comedida, ese era su mantra.
—M-me obligaron… Dijeron que matarían a mi familia si no trabajaba para ellos. —La voz del Recepcionista sonaba débil. Tener el rostro pegado al suelo no ayudaba a su pronunciación.
Acercó la boca a su oído antes de murmurar:
—Nombres. Yo los protegeré.
Balbuceos y una diatriba sobre como no podía revelar su verdadero nombre, seguidos de una titubeante historia sobre una esposa y dos hijos. Preguntó por direcciones y recibió una tras casi diez segundos de espera. Sabía que el lugar mencionado se trataba de unos edificios departamentales en desuso, pues se encontraba cerca de unos almacenes que ya había visitado con anterioridad. Sin embargo, no descartó la información. Revisaría por si las dudas.
Lo maniató con una cuerda que llevaba atada al cinturón pese a las protestas y guardó el arma de fuego en una bolsa plástica. Gracias a sus guantes, no quedaría huella alguna. Solo entonces caminó hacia los documentos. Era mucho más de lo que podría pedir. Ahí había una pista tan jugosa que, de haber sido alguna especie de ser primitivo, habría babeado sin dudar. Los días de los traficantes en libertad estaban contados.
Puso de pie al Recepcionista antes de obligarle a caminar. Tendrían que atravesar todo el bosque de regreso a la base improvisada, pues había varios especímenes enjaulados y seguramente habría más información que podría ser de utilidad. Tuvo suficiente tiempo para pensar.
Había elegido un pésimo estilo de vida considerando sus temores. Desde la muerte de Amapola, las detonaciones de las armas de fuego le producían un pavor terrible… miedo que solo se había acentuado en los últimos meses. Antes escuchar un disparo lo hacía pensar, inevitablemente, en la muerte de Amapola, y recordar su muerte lo hacía pensar en la espiral descendente en la que había caído; en lo mucho que el suceso había afectado su vida. No es que ahora no fuera el caso, sino que se había añadido un nuevo pensamiento: lo que pasaría si él llegaba a morir. ¿Qué sería de su padre y hermana? ¿Cómo reaccionarían ante la noticia sus amigos y Pokémon? El mundo que dejaría atrás… No se creía tan importante como para pensar que todo se iría al garete, no era alguien tan querido como Ash, pero su círculo íntimo… Su círculo íntimo era más importante para él que todo el mundo entero.
No podía morir. No podía llevarle sufrimiento a aquellos que lo amaban. No podía… no participar en la Liga. Su vida no era suya, sino de aquellos que verdaderamente creían que valía algo, por lo que sentía que ya no tenía sueños o metas, pero se equivocaba. Tenía una única ambición personal ajena a la vigilancia o el "heroísmo": vencer a Ash Ketchum.
Hasta que ese momento llegara, e incluso después de que lo hiciera, absolutamente no podía morir.
Escuchaba los gritos apasionados de la gente a su alrededor. En ese momento, con todos los ojos clavados sobre él y su oponente, se sentía como el centro del universo; como una de dos fuerzas que mantenían el equilibrio en el universo conocido. Nunca le había gustado ese tipo de atención, pero esta vez era particularmente distinto. La alegría que sentía era tan grande que quería compartirla con el mundo entero. Quería que las personas pudieran darse una idea de lo mucho que ese momento y lugar significaban para él.
Aquel éxtasis que se había apoderado de su ser fue reduciéndose en intensidad conforme sus pensamientos se aclaraban. La batalla apenas había empezado, sí, pero a partir de ese momento las cosas comenzarían a ir a toda velocidad. Los Pokémon de ambos bandos estaban considerablemente golpeados y cansados por la acción, por lo que inevitablemente alguno caería más pronto que temprano.
Su cabeza se estaba despejando, sí, pero su corazón… su corazón era incapaz de apagar el brío de su interior.
—Esto fue un empate —dijo con voz que intentaba ser serena—, pero la próxima vez no será así. No celebraré hasta que no haya tenido una victoria que sea mía.
El rostro de Ash exhibió una pequeña sonrisa y negó con la cabeza.
—Tan orgulloso como siempre, Gladio —dijo mientras hacía regresar a su Lycanroc crepuscular.
—¿No eres igual? —preguntó mientras retiraba del campo a su debilitado tipo Roca.
Ambos intercambiaron una intensa mirada.
—¡FUE UN DOBLE K.O.! ¡AMBOS LYCANROC CAEN EN SU CONTIENDA! ¡¿Cuál de estos intrépidos guerreros será el que deshaga el desempate e incline la balanza a su favor?! —gritó Jeekyo con una emoción que no parecía cesar.
Los ojos de Lillie brillaban con luz impoluta. Destellos de una euforia honesta y desnuda se reflejaban en los rostros de todos cuantos veían el profundo esmeralda en su mirada. Sus dientes, blancos y relucientes, conformaban una sonrisa que parecía el alba mismo: acogedor e íntimo. La coloración en sus mejillas era clara evidencia del intenso júbilo que recorría cada parte de su cuerpo. Estaba feliz por el Lycanroc de Ash, pues por fin había logrado vencer al Lycanroc de Gladio. También estaba feliz por el licántropo, pues gracias a él su hermano había logrado, tras tanto esfuerzo, lograr uno de sus mayores objetivos: vencer a uno de los Pokémon de Ash.
—Una victoria doble —dijo Rotom a su lado—. Bien.
No había palabras más acertadas.
Paul Sokolov, de veinte años, era conocido como el Solado de Rocavelo. No era el entrenador más popular debido a su actitud impasible, poca tendencia a sonreír y la poca disposición que tenía para atender a personas que querían relacionarse con él. Sus características más notorias eran su fuerza abrumadora, su disciplina casi militar —que le había valido su sobrenombre— y, más importante aún, su perpetua expresión de roca. Tenía fama de ser inalterable sin importar lo difícil que pudiera ser la situación, por lo que algunas personas habían comenzado a idealizarlo e imitarlo. Sin embargo, Paul Sokolov no era realmente de piedra. Tenía sus pequeñas debilidades, y una de ellas era ese entrenador ruidoso y molesto al que había conocido hacía años.
La rivalidad que Paul y Ash tuvieron a los catorce y trece años —respectivamente— fue una que dejó una gran huella en su corazón. Desde aquel entonces nunca había encontrado un rival al que disfrutara tanto enfrentando y, por dentro, tenía la ligera inquietud de que éste hubiera cambiado para mal. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro al confirmar que no era el caso.
—Realmente ha cambiado. —Reggie, su hermano, llegó por detrás del sofá en el que estaba sentado y se recargó en el respaldo—. Aunque es de esperar, han pasado seis años.
Paul asintió y se cruzó de brazos. Pocas veces había visto entrenadores tan interesantes como Ash Ketchum, a quien había comenzado a respetar únicamente tras su batalla final, por ello estaba ligeramente sorprendido por el hallazgo que había realizado.
—Oh, conozco esa mirada —dijo Reggie, sentándose a su lado—. ¿Te interesa Gladio Aether?
Volvió a asentir.
—Me gusta su forma de pelear.
—En ese caso es una lástima que no te hubieras inscrito en la Liga. —Reggie rio—. Mira que te insistí.
Paul guardó silencio solo por un segundo.
—El año que viene.
Reggie sonrió con mayor amplitud.
—¡Que no pare la fiesta! —exclamó Ash con ímpetu, mirando hacia sus pies—. ¡Hora de volver a brillar, amigo!
—¡Pika! —asintió el roedor con el mismo ánimo antes de saltar al campo de batalla.
—En ese caso… —Gladio sacó una Honor Ball de su bolsillo y la arrojó con fuerza al aire—. ¡Surge, Silvally!
Quimera y roedor se encontraron nuevamente. Ambos intercambiaron una mirada que hasta parecía de complicidad. Estaban felices de volver a verse las caras, pues sabían que enfrentarse al otro era diversión garantizada. Las ansias los hicieron saltar apenas escucharon las órdenes de sus entrenadores.
—¡Electrotela!
—¡Tajo aéreo!
Pikachu no saltó a la hora de lanzar su telaraña, sino que lo hizo desde el nivel del suelo. La red electrificada avanzó en línea recta hacia Silvally, que la destruyó en cuestión de segundos gracias a sus cuchillas de aire. No fue un trabajo particularmente sencillo debido a la desventaja de tipos, pero tampoco era nada del otro mundo. El roedor, sin embargo, aprovechó la distracción para lanzarse con Ataque rápido hacia su costado. Corrió a una velocidad tal que la quimera apenas pudo seguirle el ritmo con la mirada.
La mano derecha de Gladio, tornada en una garra, se elevó al aire y luego la dejó caer de forma agresiva, sus ojos afilados como cuchillos.
—¡Multiataque al suelo!
Silvally hizo refulgir sus cuatro patas antes de pisotear con fuerza la tierra bajo las mismas. Fuertes sacudidas se esparcieron por el campo de batalla, enviando fuertes oleadas elementales al terreno que crearon gruesas grietas. La dificultad del terreno obstaculizó la velocidad de Pikachu, pero no la imposibilitó. El pequeño roedor saltó como una bala en contra de él, girando la cintura para darle más fuerza a su coletazo. La quimera interceptó el movimiento con una de sus patas y Pikachu volvió a cargar con un movimiento todavía más rápido. Silvally se defendió valientemente de cuantos golpes llegaban, pero pronto quedó patente la diferencia de velocidad. Un coletazo dado con la velocidad de un rayo chocó contra su sien, haciéndolo tambalearse, y entonces escupió un mar de llamas.
Electricidad materializada en forma de telaraña salió de la cola de Pikachu, conteniendo el estallido flamígero por unos pocos instantes que le permitieron alejarse con Ataque rápido. Sus sensibles oídos escucharon al aire revolverse y pronto sintió una profunda oleada de calor. Cuchillas de fuego comenzaron a pasar a su lado, por encima y por debajo —cuando saltaba— de él. Silvally estaba usando Tajo aéreo al mismo tiempo que Lanzallamas para dotar al fuego de mayor velocidad y presencia. Las temperaturas subieron a un nivel impresionante y el oxígeno se volvió más difícil de respirar, por lo que Pikachu se detuvo abruptamente.
—¡Rayo! —gritó Ash.
La intensa descarga emitida por el cuerpo del tipo Eléctrico se dispersó como las ramas de un árbol, cada ramificación atacando a una cuchilla ígnea antes de volver a unirse en una sola chispa gruesa como el tronco de un roble. Fuego y rayo confluyeron en una única corriente que se alimentó del brío de ambos peleadores, creciendo, deformándose y finalmente estallando.
Pikachu eliminó la humareda resultante con una electrotela tan grande que perfectamente podría cubrir una cuarta parte del campo de batalla. La telaraña cayó sobre el suelo, los hilos finos deshaciéndose en cuestión de segundos. El roedor aprovechó la oportunidad para saltar en contra de Silvally, quien también cargó en su contra.
El cráneo de la quimera, reluciente gracias a Cabeza de hierro, se arrastró por el suelo antes de elevarse súbitamente, levantando gruesas capas de tierra que impidieron la visión del tipo Eléctrico. El enemigo no pareció perturbado por las distracciones, pues se lanzó directamente en su contra con Cola férrea, aunque su ataque solo se encontró con la cresta que le coronaba la cabeza a Silvally, la cual se plegó para evitar ser golpeada. Aprovechó el fallo del roedor para elevar bruscamente la cabeza, golpeando su espalda con tanta fuerza que lo mandó a volar varios metros por encima de él. Mientras recorría el cielo, Pikachu giró y lanzó una gran y gruesa electrotela que comenzó a caer sobre el tipo Lucha.
—¡Lanzallamas! —gritó Gladio.
La llamarada salió al encuentro de la red, chocando contra ella pero sin realmente llegar a quemarla o destruirla, cosa que sorprendió tanto al entrenador como al Pokémon.
—¡Te equivocaste en algo, Gladio! —dijo Ash con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Electrotela no está hecha de telaraña como Hilo venenoso!
Gladio abrió los ojos de par en par mientras la gran red, convulsionándose por culpa del fuego, envolvía el cuerpo de la quimera.
—¡Es electricidad!
Pikachu disparó una poderosa descarga que solo aumentó las violentas sacudidas de Electrotela hasta que la hizo estallar. Se lanzó en picada, atravesando la humareda y giró con presteza. Su cola chocó contra la cabeza de Silvally, emitiendo un gong metálico que se esparció por todo el estadio, así como una poderosa corriente de viento que dispersó el humo.
Los ojos de Silvally estaban clavados en los de Pikachu, Cola férrea haciendo de barrera entre ambos. El roedor abrió con fuerza los párpados cuando una cuchilla de viento golpeó su vientre, impeliéndolo hacia atrás. Fue acribillado por los ataques provenientes de la cresta de la gran bestia plateada hasta que recuperó la compostura, confrontando al viento con acero. Su cola se movió como el sable del espadachín más diestro jamás visto en la faz de la tierra, dando golpes rápidos y certeros que paraban en seco el ataque del enemigo. Finalmente saltó, y Silvally lo persiguió con su ataque sin ser capaz de impedir su caída.
—¡Chu Pika! —gritó Pikachu con fuerza, abalanzando la cola contra el suelo.
El impacto produjo una polvareda que fue aprovechada por el tipo Eléctrico. Corrió en contra de Silvally, se lanzó contra sus piernas de nuevo con Cola férrea y dio un preciso barrido que su víctima no pudo esquivar por la reducción de velocidad.
Las piernas de Silvally cedieron ante su propio peso, cayendo pesadamente sobre su costado. Cuando comenzó a ponerse de pie, su entrenador le gritó:
—¡CLAVA LAS PATAS AL SUELO!
Y obedeció. Usó Multiataque contra la tierra de forma que sus patas se encajaron en el suelo. Solo un segundo después pudo sentir una feroz descarga recorrer cada parte de su ser. El chispazo era fuerte, pero pudo haber sido mucho peor de no ser por la rápida reacción de Gladio. Sus ojos se afilaron como cuchillos y, cuando la descarga acabó, sacó las patas de la tierra y junto a ellas un montón de tierra que lanzó en contra del enemigo. El polvo fue asentado por la llamarada que venía detrás de ella de forma que Pikachu apenas pudo reaccionar para utilizar un Rayo que lo impulsó hacia el suelo. El roedor se alejó con Ataque rápido.
Ahí donde muchos otros habrían fallado, Pikachu triunfaba. Era verdaderamente sorprendente la capacidad que ese Pokémon tenía para reaccionar ante el peligro, como si cada uno de sus poros fueran sensores que le alertaban de que algo iba mal. Golpearlo no era imposible, eso ya había quedado demostrado, pero la espontaneidad y creatividad serían la clave si querían conseguir resultados verdaderamente favorables.
Ash suspiró, secándose una gota de sudor que caía desde su ceja.
—¡Por el momento regresa, Pikachu! —llamó a su Pokémon, que lo obedeció en un santiamén—. Lo hiciste bien, amigo.
—Regresa tú también, Silvally. —Gladio hizo regresar a su Pokémon.
—¡El duelo entre estos dos titanes se ve interrumpido! ¡¿Quiénes serán los encargados de tratar de llenar sus zapatos?!
—¡Yo lo tengo claro!— aseguró Ash, sacando una Ultra Ball—. ¡Vamos con todo! ¡Decidueye, yo te elijo!
La cápsula se abrió y de ella emergió la lechuza, que no tardó en emprender el vuelo. Su semblante lucía cierto agotamiento producto de las anteriores refriegas que había tenido contra Crobat y el golpe por parte de Umbreon.
Gladio vio los ojos del enemigo y supo que estaba esperando algo completamente diferente a lo que él podía ofrecerle. En el pasado la idea de decepcionar a Ash no le habría importado en lo más mínimo —antes al contrario, le habría agradado—, pero ahora no podía evitar sentirse ligeramente mal por ello. No podía darle lo que quería, pues hacerlo sería ir en contra de sus propios planes y deseos, pero se aseguraría de compensárselo con creces. Sacó una Poké Ball y la arrojó.
—¡Surge, Zoroark!
El zorro apareció en el campo de batalla con un vehemente rugido.
—¡¿ZOROARK?! ¡El participante Gladio envía a Zoroark al campo de batalla! ¡¿Qué pasó con Crobat?!
—Yo también me lo pregunto —dijo Ash con una pequeña sonrisa en el rostro.
—Crobat tiene otro trabajo —respondió Gladio con serenidad, imperturbable ante los cuchicheos que resonaban a su alrededor—. Decidueye tendrá que conformarse con un filo distinto para su ejecución.
Por un segundo le pareció ver como un destello violeta recorría los ojos de Ash y su Pokémon, casi como si hubiesen abrazado la naturaleza fantasmal de este último.
—Sabemos cómo lidia Zoroark con los Decidueye. —Los nudillos de Ash chocaron entre sí—. Vamos a intentar repetir el resultado que Selene obtuvo.
—Eso no va a suceder —declaró Gladio sucinto.
Entonces arrancaron.
—¡Decidueye, Puntada sombría!
—¡Destrúyela con Tajo umbrío!
La flecha comenzó a trazar intrincados tirabuzones con su trayectoria, la cual terminó antes de tiempo debido a las cuchillas de Zoroark, las cuales la trocearon hasta convertirla en fracciones de su forma original.
—¡Hoja aguda!
Decidueye batió las alas y se abalanzó en contra del oponente. Sus extremidades, agudas como cuchillos, hicieron que su cuerpo diera giros premurosos que dotaron de mayor fuerza sus golpes. Hoja aguda chocó contra la gran cúpula creada por Pulso noche, manteniéndola a raya por unos instantes. Pronto se hizo evidente que su poderío físico no sería capaz de competir contra el absurdo ataque especial de Zoroark, por lo que retrocedió rápidamente. Disparó tres flechas que fueron destruidas por el uso de un nuevo Pulso noche y aprovechó el intervalo para lanzarse en su contra con un rápido movimiento de Hoja aguda que fue parcialmente contenido por Tajo umbrío.
Garras y alas lucharon en un duelo en el que ninguno quiso ceder. Pese a que se vieron bastante igualados en un inicio, pronto las extremidades de Zoroark se mostraron como incapaces a la hora de soportar la intensa y opresiva fuerza ejercida sobre ellas. Le temblaron las piernas, por lo que se apresuró a dar una patada contra el mentón del enemigo, haciéndolo apartarse por un segundo que aprovechó para echarse hacia atrás a toda velocidad. Disparó una ráfaga de cuchillas siniestras en contra del enemigo, quien no tuvo muchas complicaciones a la hora de reducirlas a la nada con ayuda de sus mandobles esmeralda.
Gladio tomó aire. Crobat tenía otra labor, por lo que solo Zoroark podía terminar con la situación actual. Era una misión de vital importancia por la que valía la pena jugárselo absolutamente todo. No lograrían llegar a la victoria con acciones a medio hacer: tenían que dejarse la piel.
Y eso decidieron hacer.
—¡Agilidad!
—¡Puntada sombría!
Dos flechas volaron en contra de Zoroark, cuyo cuerpo comenzó a temblar producto del incremento de velocidad. No esquivó los proyectiles, sino que se dejó golpear por uno de ellos. La flecha rezagada intentó clavarse en su sombra, pero pudo repelerla gracias al poderoso campo de energía oscura que invocó con Pulso noche. Había sido un ataque extraordinariamente rápido, tanto que Decidueye apenas había podido comandar la explosión de su proyectil, misma que había sido anulada al completo.
—¡Pájaro osado! —gritó Ash.
—¡Tajo umbrío!
El tipo Fantasma ascendió hacia los cielos a toda velocidad, misma que luego usó para dejarse caer en picada contra el suelo. Su cuerpo pareció encenderse en llamas por obra de la fricción del aire contra el mismo, aunque realmente se trataba de la poderosa aura invocada por el ataque. Era un movimiento fortísimo, por lo que las cuchillas de Zoroark apenas y supusieron una molestia para su avance. Había que admitir, sin embargo, que las navajas eran tan prontas en su aparición y aceleración que redujeron —apenas— la velocidad de Decidueye. Fue ese ligero bajón de ritmo el que permitió que Zoroark lo enfrentara directamente con un Tajo umbrío dado en condiciones.
Las zarpas del zorro, sumergidas en tinieblas, chocaron contra el fogoso cuerpo de la lechuza. La colisión se convirtió en una dualidad de luz y oscuridad, ambas auras expandiéndose para impulsar el poder de sus respectivos usuarios. Fue cuestión de segundos para que Pájaro osado declarara su superioridad frente al ataque enemigo, haciéndolo retroceder violentamente. Zoroark cambió Tajo umbrío por Pulso noche y una incipiente cúpula oscura hizo de manto para él, reteniendo a Decidueye mejor de lo que sus garras podían.
Quince centímetros. Esa fue la distancia exacta que Pulso noche creó entre Zoroark y Decidueye. Así mismo, fue la distancia de la que Zoroark se valió para evadir el ataque enemigo. Su velocidad potenciada le permitió dar un rápido salto con el que pasó por encima del enemigo, quien siguió de largo. Giró en el aire de forma que podía ver al enemigo y disparó su tajo umbrío. La lechuza frenó, pues Pájaro osado ya no servía, y enfrentó los filos nacidos de la oscuridad con aquellos que tenía por extremidades. Zoroark llegó inmediatamente después de su ataque, lanzándose en contra del oponente con un Golpe aéreo tan obscenamente rápido que Decidueye apenas pudo reaccionar a él. El ala derecha del oponente logró desviar de forma leve —pero eficaz— su zarpa izquierda, pero no pudo defenderlo de la restante. Le espetó el cuerpo con garras cerúleas, haciéndolo retroceder a tropezones mientras emitía un gruñido de dolor.
Decidueye entonces disparó. Las flechas se movieron raudas, pero no lo suficiente para igualar la velocidad de Zoroark. Consciente de que no podía tocar al rival de forma convencional, el tipo Planta las hizo estallar en zonas estratégicas que resultaron excelentes alternativas. Podía predecir con gran exactitud los lugares por los que pasaría el zorro, de forma que los estallidos, incluso si solo parte de los mismos golpeaban, hacían un daño residual considerable. ¿Cómo era capaz de predecir todo esto? Simplemente sentía que sucedería. Era intuición; algo en lo que había aprendido a confiar.
Cuando era un Rowlet, acostumbraba a hacer muchas cosas dormido. Era bastante perezoso, lo reconocía con pesar, pero bien se dice que los más flojos son los trabajadores más eficientes. Llevaba a cabo sus actividades diarias sin descuidar el descanso que tan importante le parecía por aquellas fechas. Era una lástima, pues pudo haber empleado ese tiempo para confraternizar con sus hermanos y padre… aunque ese barco posiblemente ya había zarpado. Se quedaba, sin embargo, con todo lo que había aprendido de ellos. Gracias a eso era más rápido, más intrépido y más decidido que los otros Pokémon de su especie. Era un Decidueye, pero tenía el alma de un Toucannon.
Contundente y fogoso. De esa forma describiría Zoroark el ataque de Decidueye a sus compañeros tras la batalla. Aquellas alas de huesos huecos parecían auténticos garrotes diseñados específicamente para librar guerras. Eran el cañón y la bala; un arma de destrucción masiva. A comparación de semejantes artefactos, sus garras parecían pequeñas navajas… pero eran unas navajas particularmente rápidas y afiladas.
Zoroark retrocedió parcialmente, permitiendo que las alas de Decidueye chocaran estruendosamente contra el suelo. Polvo se levantó y la tierra se surcó bajo el peso de la extremidad. Aprovechó para abalanzarse en contra de su mentón con Tajo umbrío, pero la lechuza alcanzó a echar el torso hacia atrás para acto seguido elevar sus apéndices con la intención de defenderse. Se echó al suelo, dando un barrido de piernas que fue prontamente esquivado cuando el tipo Planta comenzó a volar. Se lanzó en contra de Decidueye, temiendo que pudiera alejarse, pero pronto descubrió que esa no era su intención.
Golpe aéreo se enfrentó a un Hoja aguda particularmente poderoso. La caída había sumado potencia al golpe descendente del tipo Fantasma, que aprovechó la falta de movilidad en el aire del zorro para patearle el estómago de modo que lo hizo caer de espalda al suelo. Siguió cargando con su ataque y habría logrado conectarlo de no ser por la gran cúpula que emergió frente a su rostro. Retrocedió hasta que desapareció y luego ganó altura. No disponía de Aluvión de flechas sombrías, lo cual era una lástima, pero sí tenía a la mano el principal requisito para usarlo. Desde su cómoda posición en el cielo, disparó flecha tras flecha.
Zoroark vio como el cielo se llenaba de lo que parecían decenas de saetas que descendían específicamente en su contra. El enemigo estaba bien arriba, muy por encima de la distancia que podría cubrir con un salto. La victoria estaba lejos y la derrota abrumadoramente cerca. Primero pensó en echarse a correr pero pronto lo sintió inútil. ¿Qué tanto podría avanzar antes de que su sombra fuera presa de un proyectil? Sus ataques no cubrían todos los flancos, y el que lo hacía no duraba toda la vida. Por un momento lo creyó todo perdido… y habría sido el caso si ese momento hubiera perdurado. La inacción llevaba al fracaso, el movimiento a la oportunidad. Entonces se movió.
—¡Impúlsate con Pulso umbrío! —gritó su entrenador.
Nunca lo había intentado. Solía crear la cúpula desde sus patas y permitir que la energía lo envolviese, por lo que no sabía si le saldría bien, pero no tenía otra opción. En vez de envolverse, se repelió. La decisión normalmente no tendría mucho sentido, pues siempre sería mejor la seguridad del manto que salir impelido por su propio movimiento, aunque dio la casualidad de que en esta situación fue la decisión ideal. La cúpula, que generalmente se sentía como una pieza de tela particularmente gruesa a su alrededor, se convirtió en un grueso cristal que lo elevó al aire con la fuerza necesaria para salir al encuentro del oponente.
Flechas y garras chocaron, siendo éstas últimas las que llevaban ventaja en cuanto a velocidad y poder. Por supuesto que las zarpas no tenían nada que hacer contra las explosiones causadas por los proyectiles —más que dispersar el humo que producían—, pero eso solo cuando Zoroark era lo suficientemente lento como para no interceptarlas. Combatió a la sombra con la sombra y finalmente se sintió ganador. Se plantó ante el enemigo en su propio terreno y más encima tuvo la osadía de abalanzarse en su contra con una falta de decoro que únicamente se vería en el campesino más incivilizado. Aunque las flechas restantes explotaron en su espalda, Zoroark sonrió. No todos los días podía conectar un Pulso noche tan limpio contra el mismísimo Soberano de la Sombra Perpetua.
El domo lúgubre duró solo hasta que los cuerpos de ambos Pokémon se estrellaron violentamente contra el suelo, momento en el que rodaron por el mismo en direcciones opuestas. El impacto les cortó el aliento de tajo por un segundo, incluso si Zoroark solo había recibido la mitad del daño que Decidueye.
Ambos se pusieron de pie, agitados por los golpes recibidos y por aquellos que faltaban por recibir. Se vieron y supieron, sin tener cabida a la más mínima duda, que esa lucha pronto llegaría a una conclusión. Decidueye era el más fuerte, el que mejor se encontraba en cuanto a salud y también el más resistente. Tenía casi todas las papeletas a su favor, excepto una: la velocidad.
Cada entrenador echó los dados: Ash había sacado un diez y Gladio un modesto cuatro. Jugaron.
—¡TAJO UMBRÍO!
—¡HOJA AGUDA!
Ambos Pokémon se abalanzaron en contra del otro, sus extremidades por delante. Fue Zoroark el que cubrió más distancia, ergo, quien ganó más impulso. Aprovechó eso a su favor para poder competir contra Decidueye, quien lo desbalanceó al patearle la rodilla derecha para luego darle un poderoso golpe ascendente en el mentón. La cabeza de Zoroark se elevó bruscamente al techo y, por un momento, todo lo vio negro.
Aquel fondo oscuro comenzó a llenarse de pequeñas y sucias manchas blancas que fueron ganando intensidad. Pronto se revelaron como lo que realmente eran: focos. Vio los focos que iluminaban la totalidad del estadio y, detrás de ellos, vio una luz que ningún artificio podría superar. El atardecer. Esa preciosa danza de luces azules y amarillas, tristeza y alegría, antaño había sido su refugio de todo el mal del mundo. Solo cuando despedía al sol y saludaba a la luna, podía sentirse seguro. La dama noche había sido su salvaguarda para los peligros del mundo; para evitar a peligrosos seres, para encontrar los mejores alimentos y para sortear las miradas más curiosas. Podía entrar a las comunidades humanas solo cuando el sol se había ido, pues solo entonces nadie intentaba hablarle y podía dedicarse a buscar sustento.
El día era terreno de los fuertes, fue la idea que tuvo casi toda su vida. Solo aquellos que eran débiles figuraban entre los habitantes de la noche. ¿Por qué sino esperarían hasta que los otros se fueran a dormir? Se habían hecho uno con la quietud de las tinieblas para no alertar a aquellos que ostentaban el poder; se habían limitado a sí mismos con la intención de no atraer atenciones innecesarias. Miedosos, embusteros e impotentes eran las cualidades de los que, como él, se movían por la noche… o eso creyó hasta que se dio cuenta de que sólo él era así. Las feroces Mandibuzz encontraban el pico de su actividad bajo la vigía de la luna; era durante la guardia de la madre nocturna que los Umbreon cazaban a sus presas y bajo la luz plateada los Rockruff se convertían en imparables Lycanroc nocturnos… Al fin y al cabo, ¿no era la bestia frente a él un compañero nocturno?
Era nostálgico. Aunque ya no pensaba de la misma forma que antes, volver a ver el brillo del atardecer le traía recuerdos felices; memorias de una vida que antes pudo haber sido más simple, pero mucho menos divertida. La seguridad monótona era incomparable a la emocionante vida de incertidumbres en la que se había sumido de la mano de su entrenador. No sabía si podía ganar, mucho menos si lo que estaba haciendo serviría para un propósito superior, pero sí sabía que todo se reducía a una única cosa: hacer o no hacer.
Y se negaba a caer sin pelear hasta el último aliento.
Bajó la cabeza con fuerza, apretó los dientes y sus ojos se llenaron de un brillo tan intenso que parecía el reflejo del mismísimo sol, el cual encandiló a Decidueye por un instante. Sus garras se abalanzaron contra la mandíbula del enemigo y golpearon, sacudiéndole la cabeza como si fuera una campana. Aunque el shock habría sido enorme para cualquier otra especie, no fue particularmente dañino para Decidueye gracias a la flexibilidad de su cuello. Compensó la falta de efectividad con un incremento en la velocidad de sus golpes. Movió los brazos de tal manera que parecían una lluvia de flechas que caía sobre el enemigo. Dejó atrás toda pretensión de una defensa que sería, en última instancia, inútil contra un poder tan abrumador como el que su oponente poseía. Por mucho tiempo había tomado el rol de la víctima, era hora de ser el victimario.
El cuerpo de Decidueye se retorció como si estuviese siendo acribillado, pero si acabar con él fuese tan sencillo como eso, entonces habría muerto mucho tiempo atrás. Sus ojos se afilaron y sus alas se llenaron de un vigor comparable solo al de Incineroar cuando recibía elogios de una multitud extasiada. Asentó las patas en el suelo, negándose a retroceder un solo paso más, y atacó con fiereza. Estaba bien con jugar al juego de no defenderse. Al final de cuentas, lo que a él le gustaba era atacar.
Más rápido, pensó Zoroark. Extendía y retraía los brazos de forma que ni parecía que estuviera golpeando al oponente, pero las intensas sacudidas que enviaba a su cuerpo eran prueba férrea e innegable de su acción.
Más fuerte, pensó Decidueye. Sus alas daban tajos contundentes, llenos de un brío indigno de un pícaro, más propios de un paladín que se niega a darle la espalda al oponente ni a huir de la adversidad. Cada uno de sus golpes era lento a comparación de los de Zoroark, pero los compensaba con una potencia tan bestial que casi lo hacía caer cada vez que lo impactaba.
Un golpe de Decidueye eran cuatro de Zoroark. Cuatro golpes de Zoroark hacían un poco más de daño que un solo golpe de Decidueye. Ambos se atacaban de manera que parecían haber perdido la integridad de sus mentes. Sus golpes eran feroces, raudos y llenos de un ardor que era paralelo a la intensidad de sus espíritus. Se negaban a dar un paso atrás, pero inevitablemente uno siempre lo terminaba dando. Al retroceder, instintivamente pensaban que habían comenzado a perder, lo que les dotaba de una descarga de adrenalina que incrementaba la tolerancia al dolor y la fuerza de sus movimientos. Era esa adrenalina la que les permitía recuperar toda la distancia que habían perdido y, entonces, era su oponente el que se llenaba de la misma sustancia en un ciclo que parecía no tener fin.
Más rápido, pensó Zoroark. Con la garra derecha golpeó la mandíbula de Decidueye y con la izquierda sus costillas. Volvió a usar su pata diestra esta vez contra la clavícula izquierda del oponente y la zurda la usó para golpearlo en el plexo solar.
Más fuerte, pensó Decidueye. Elevó con fuerza el ala derecha, de modo que golpeó con certeza y pesadez la zona debajo del costillar izquierdo de Zoroark. El impacto tuvo tanta fuerza que el zorro prácticamente saltó ante el contacto, doblándose violentamente por obra del golpe.
Más rápido, pensó Zoroark. Pateó la rodilla derecha de Decidueye, le lanzó un gancho ascendente en la mandíbula, golpeó su axila izquierda y luego rasguñó su pecho. Más rápido, volvió a pensar. Sus brazos chocaron contra las clavículas del enemigo, luego le dio un derechazo en las costillas, seguido de un zurdazo, un derechazo y otro zurdazo en la misma zona.
Más fuerte, pensó Decidueye. Ejerció fuerza opresiva sobre la pata inferior izquierda de Zoroark para después golpearle la cadera con brutalidad tal que lo hizo doblarse en un ángulo de 45 grados por el dolor. Más fuerte, se dijo con insistencia. Usó el pesado mandoble que tenía por ala izquierda para darle un golpe en la zona donde cuello y hombro se unían, haciendo que el zorro se estremeciera de pies a cabeza y que sus ojos temblaran por culpa del impacto.
¡Más rápido!, se exigió Zoroark. Sus garras golpearon insistentemente el vientre de Decidueye, dando cuatro certeros golpes que le hicieron expulsar de golpe el aire que tenía almacenado en los pulmones. ¡Más rápido!, gritó para su interior. El brazo izquierdo y derecho dieron golpes simétricos a cada parte del cuerpo, el primer par en contra de los muslos y el segundo impactando contra la cintura. Logró lanzar, sin darse cuenta, un tercer par de certeras puñaladas que golpearon exitosamente el pecho del tipo Planta.
¡Más fuerte!, ordenó Decidueye a sus alas. Una bestial Hoja aguda le dio de lleno en el estómago a Zoroark, que escupió una gran cantidad de saliva mientras sus ojos se abrían de par en par. ¡Más fuerte!, repitió con fogosidad la lechuza. Su ala derecha se movió como un bate de béisbol y la pelota era el costado izquierdo de Zoroark. Lo golpeó con tanta fuerza que un ruido estridente fue emitido del lugar de la colisión. El impacto tuvo la potencia necesaria para tirar al tipo Siniestro al suelo, haciéndolo rodar por el mismo y alejándolo de la refriega.
Zoroark, sin embargo, se negó a caer. Se levantó de un salto antes de volver a entrar a la batalla con las garras brillando con una intensidad cada vez superior. Decidueye lo vio llegar y, antes que alejarse de él, se acercó. Ninguno notó la sonrisa del otro ni la propia, del mismo modo que los entrenadores tampoco lo hicieron.
—¡MÁS…!
¡… FUERTE!, gritó Decidueye con ímpetu antes de lanzar un golpe contra la rodilla de Zoroark, que habría caído al suelo de no ser por la insólita fuerza de voluntad que lo mantenía dando paso tras paso.
—¡MÁS…!
¡… RÁPIDO!, respondió Zoroark mientras se lanzaba como una lanza contra el pecho de Decidueye. El golpe fue rápido y salvaje, con la potencia necesaria para tumbar incluso a un Copperajah, pero no a Decidueye; esa lechuza parecía tener las patas clavadas a la tierra.
El intercambio fue tan brutal que los Pokémon apenas y tenían tiempo para recuperar el aliento luego de que el oponente se los arrebatara de un golpe. Las piernas les temblaban como gelatina y las extremidades superiores eran cada vez menos confiables… pero sorprendentemente sus cuerpos seguían obedeciendo. Cada vez más rápidos, cada vez más fuertes. Decidueye apenas podía ver el movimiento de los brazos de Zoroark, mientras que éste apenas y podía tenerse en pie tras cada golpe del tipo Planta.
Se vieron entre sí. Ni Decidueye era Incineroar, ni Zoroark era Crobat. Aunque les habría encantado terminar la batalla contra aquel con el que la habían iniciado, no se quejaban en lo más mínimo. En sus ojos, aparte de dolor, había un respeto tan inmenso que expresarlo luego en palabras sería del todo imposible.
«Es un sujeto feroz», diría Decidueye.
«Nadie golpea tan fuerte como él», afirmaría Zoroark.
Ambos eran habitantes de la noche. El Soberano de la Sombra Perpetua y el Rey Ilusorio eran gobernantes de las tinieblas, monarcas de la oscuridad que abrazaban las dotes que la naturaleza les había dado. Uno era más rápido, el otro era más fuerte, y eso estaba bien. Eran los obsequios de la dama nocturna, quien disponía más nunca limitaba. Así como la luna le había otorgado a Decidueye un cuello que jamás permitiría un ataque furtivo, le había otorgado a Zoroark su más útil compañero: el don del disfraz.
El tipo Planta lanzó un tajo contra el rostro del tipo Siniestro, pero no logró conectarlo. Sus ojos se abrieron de par en par al ver que el enemigo ya no se encontraba en el lugar en el que se suponía debía estar. Bajó la mirada a toda prisa, encontrándose en el lugar a un pequeño Rowlet que creció en tamaño hasta convertirse en Zoroark. Decidueye intentó volver a golpearlo, pero el impacto en su mentón lo hizo elevar la cabeza hacia el cielo.
—¡AHORA, ZOROARK! —gritó Gladio a todo pulmón.
Y Zoroark aprovechó la oportunidad. Sus brazos se movieron con una velocidad mayor a cualquier otra, dando golpes que brillaban por su vigor. Comenzó a avanzar paso por paso, retomando todo el terreno que antes había ganado pero Decidueye le arrebató con determinación. No dejó de golpear, ni siquiera cuando sintió que sus brazos se iban a caer. Sus párpados se cerraron, pues el aire que entraba a sus ojos producto de los impactos era demasiado como para soportarlo. Gritó, dándose fuerzas, pues esta era su última oportunidad para que aquel rascacielos en forma de ave cayera de una vez por todas.
Decidueye solamente veía el azul del cielo, que era cortado del panorama por un negro azabache durante una fracción de segundo. Se retorcía, incapaz de hacer nada más que eso, pues la fuerza lo había abandonado cuando falló aquel golpe. Comenzó a entrecerrar los ojos, ligeramente angustiado.
Le habría encantado ver, aunque fuese solo una vez, el amarillo del firmamento.
Zoroark finalizó su secuencia de ataques con un poderoso golpe dado con ambas garras en contra del estómago del oponente. Por fin, tras tanto tiempo, las patas de Decidueye se separaron del suelo. La lechuza fue empujada por dos largos metros antes de caer pesadamente sobre su espalda.
—¡Pika pi! —gritó Pikachu con los nervios a flor de piel.
Ash abrió la boca para llamar a su Pokémon, pero fue al ver la expresión en su rostro que guardó silencio. Suspiró y sonrió. ¿Cómo podía sentirse abatido cuando su Pokémon lucía tan feliz?
—¡DECIDUEYE NO PUEDE CONTINUAR! —La voz de Kukui perforó el silencio que se hizo cuando la lechuza tocó el suelo—. ¡El participante Ash debe enviar a su próximo Pokémon!
El exhausto tipo Siniestro gritó antes que nadie más. Alzó la cabeza al aire y rugió con energías renovadas. El ondeo de su melena al viento impidió ver la pequeña lágrima furtiva que resbaló por su rostro.
—¡CAEEEEEEEEEEE! ¡DECIDUEYE CAEEEEE! ¡PRIMERO LYCANROC CREPUSCULAR Y AHORA DECIDUEYE! ¡LOS POKÉMON QUE PARECÍAN INVENCIBLES HAN SIDO DERRIBADOS! ¡EL PARTICIPANTE GLADIO DEMUESTRA QUE NADA ES IMPOSIBLE! —Jeekyo gritaba con un brío que muchos comentaristas solo podían soñar con tener—. ¡Esto es ahora un cuatro contra cinco!
La gente en el estadio, por supuesto, gritó ante semejante acontecimiento. Las voces se alzaron en ovaciones al Rey Ilusorio y al Campeón Plateado. Sus nombres se repitieron como una especie de himno que incluso llegó a escucharse en la falda del Monte Lanakila. Fue tal el ímpetu del estadio que la temperatura pareció aumentar por obra del aliento de las miles de personas que había ahí.
Decidueye había caído. Para los que conocían al tipo Planta, sabían que era un logro del que pocos podían presumir; una medalla tan limitada como codiciada. ¿Cuántas veces había sido vencido por un oponente que fuese su igual? Las ocasiones estaban contadas con una mano, eso los miembros del equipo S&M lo sabían a la perfección. Aunque sus pensamientos estaban con Decidueye, en ese momento sintieron que debían celebrar la increíble hazaña que acababan de presenciar. Por eso se pusieron de pie y gritaron.
—¡HERMANOOOOOOOOOO! —exclamó Lillie con ojos radiantes y una sonrisa de oreja a oreja—. ¡LO LOGRASTEEEEEEE!
—¡ESO ES, GLADIOOOOOO! —gritó Hau a todo pulmón, alzando los brazos al aire. En su interior deseaba ser él quien pudiera tener el honor de derrotar a Decidueye, pero de nada servía amargar un momento de tanto júbilo como ese.
—¡BIEN, BIEN, BIEN, BIEEEEEEN! —Selene aporreaba su tambor con tanta fuerza que parecía estar a punto de romperlo, sus mejillas coloradas.
—¡ERES GENIAL, MALDITA SEA! —admitió Elio con una sonrisa muy opuesta a sus palabras.
—¡BIEN HECHO, GLADIO-CHI! —Acerola agitó las manos con vehemencia, tratando de hacerle llegar su emoción al rubio al menos con sus gestos.
Aunque ninguno de los Capitanes podía igualar a los Salvamos al Mundo en cuanto a fuerza a la hora de gritar, definitivamente no se quedaron atrás a la hora de expresar su impresión… salvo tal vez Mina. Ella se limitó a sonreír y asentir. Mohn y Hobbes, por otro lado, fueron tan fogosos como los primeros.
Nada mal, mozuelo, pensó Hapu desde su asiento con una media sonrisa en el rostro. El Gladio Aether que peleaba ante sus ojos era uno completamente diferente al que había enfrentado en el pasado. Los orbes en su rostro eran tan preciosos como el brillo esmeralda del océano.
Un destello recorrió las pupilas de Gladio. Su rostro tembló. ¿Así se sentía? ¿Era eso lo que por tanto tiempo había estado buscando? ¿Había luchado día y noche para conseguir ese pequeño instante?... ¿Los resultados habían valido el esfuerzo?... Sí. Sí y mil veces sí. La oleada de regocijo que se expandió desde su cerebro a los pies y de regreso fue tan intensa que sintió acalambrado el cuerpo. El corazón le latía en el pecho desbocado, haciéndole creer que en cualquier momento estallaría o se detendría por el esfuerzo. Sujetó con fuerza su muñeca izquierda con la que estuvo a punto de cubrirse el rostro, pero no lo hizo. Dejó que el mundo viera su sonrisa y les permitió escuchar la manifestación de su alma.
—¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ! —Con cada vocal que salía de su boca, encorvaba la espalda un poco más. Al final subió el torso en un estallido de energía—. ¡ESO ES, ZOROARK!
Su tipo Siniestro rugió una vez más.
Era una victoria completa; una que no dejaba cabida a dudas. Zoroark había superado a Decidueye y lo había hecho caer. No empates, solo un perdedor y un vencedor.
Ash hizo regresar al tipo Planta a su Poké Ball. Inhaló antes de pegársela a la frente.
—Seremos campeones cuando nos volvamos a ver —aseguró con una sonrisa. Guardó la Poké Ball para sacar otra.
La mano derecha de Ketchum, con la que sostenía la esfera, comenzó a temblar incontroladamente. Volvió a tomar aire, el cual liberó en una profunda exhalación y de su boca salió una risita. Negó con la cabeza antes de morderse el labio inferior.
—¡Gladio! —exclamó buscando llamar la atención de su rival, cosa que consiguió. Le dedicó una mirada y una sonrisa rebeldes—. ¡Estoy feliz, Gladio! ¡Estoy verdaderamente feliz! ¡Gracias! ¡Gracias por permitirme cerrar estos días tan divertidos con una gran explosión!
—¡Pika! —Los ojos del roedor expresaban la misma gratitud que los de su entrenador.
Rubio y tipo Siniestro se sonrieron, conteniendo los remanentes de alegría que quedaban en sus organismos.
—Sí. Esta semana ha sido tan divertida que desearía que durara para siempre. Pero tenemos que darle fin. —Se vio resignado—. A todo.
—¡No! —Ash habló fuerte y claro—. ¡Este es solo otro paso! ¡Apenas estamos empezando!
Gladio sabía que no se refería al combate que libraban en ese momento. No pudo evitar la gran sonrisa de genuina felicidad que se pintó en su rostro. Siempre había sido un hombre particularmente atractivo, pero la carga de emociones negativas que su cuerpo había sobrellevado por tantos años le había dado a su rostro una apariencia hostil. Por ello, cuando sonrió de corazón y se dejó llevar por el regocijo, flechó más de un corazón.
—Gracias, Ash. Me hace feliz oír eso —admitió, un ligero sonrojo apareciendo en su rostro.
El azabache asintió con fuerza antes de dar un corto paso hacia atrás.
—¡Entonces provoquemos esa explosión! —gritó con fuerza, lanzando la Poké Ball—. ¡Incineroar, yo te elijo!
El tigre cayó al campo de batalla con una expresión ligeramente inconforme. Con solo ver el gesto en el rostro del oponente podía saber que su oponente ya no era solo suyo. Dirigió su mirada a la gran pantalla y casi silbó al ver lo que ahí se encontraba.
Sorprendente, le dijo a Zoroark. Derrotar a Decidueye no es algo que se haga todos los días.
Es un honor que cargo con orgullo, respondió el zorro con una sonrisa.
—¡¿Puedes continuar, Zoroark?! —preguntó Gladio en voz alta, formulando la misma cuestión que Incineroar iba a hacer.
Sin dudarlo, Zoroark asintió. Intentó acompasar la respiración antes de finalmente adquirir una posición defensiva.
—¡No decepcionemos a Zoroark ni a Decidueye, amigo! —exclamó Ash con fuerza—. ¡Enséñales lo que es un Lanzallamas! ¡GIRA!
—¡Tajo umbrío! —exclamó Gladio.
Zoroark aprovechó la velocidad de su cuerpo para arremeter en contra de Incineroar. Corrió a tal velocidad que pronto se plantó frente a él y lo atacó con sus garras justo cuando comenzó a girar cual peonza. La fuerza del enemigo fue claramente superior a la suya, por lo que retrocedió torpemente al ser repelido por el movimiento. Dio un corto salto hacia atrás y se dispuso a usar Pulso noche apenas aterrizara, pero sus planes se vieron frustrados por el cansancio. Sus piernas tocaron el suelo y se vencieron ante su propio peso. Aquellas piernas que antes lo habían sostenido incansablemente finalmente habían llegado a un punto de quiebre que maldijo con todas sus fuerzas. Utilizó Pulso noche mucho después de lo que tenía planeado, por lo que un destello anaranjado llenó su campo de visión mucho antes de que el azabache lo envolviera.
A sabiendas de que su movimiento no alcanzaría a envolverlo por completo, lo usó para impulsarse. Pulso noche lo empujó unos pocos metros hacia atrás, alejándolo de la zona de mayor intensidad de Lanzallamas pero sin llegar a salvarlo del mismo. Fue absorbido por la parte más lejana y débil del torbellino de fuego, el cual seguía siendo tan abrumadoramente doloroso como se podía esperar. Salió del mar ígneo segundos después, cayendo torpemente al suelo entre jadeos. Todavía no. Quería golpearlo más; dejar un legado mucho mayor al que se esperaba de él. Por ese motivo aceleró.
Trazó un medio círculo alrededor de Incineroar y atacó su espalda con presteza. Su movimiento fue rechazado gracias al corto uso de Lariat oscuro, por lo que retrocedió y luego se reubicó. Intentó atacar sus caderas, pero las garras de Incineroar, envueltas en un brillo celeste, impidieron el avance de su propio zarpazo. Entrecerró los ojos con fuerza y entonces comenzó a dar golpes como si fueran lanzazos. Atacó repetidamente, buscando siempre los puntos de articulación. Si podía quitarle movilidad a los brazos o piernas del enemigo, entonces dejaría un camino más llano para sus compañeros. Debía hacer algo por ellos; quería hacerlo. Sabía que la victoria era un esfuerzo colectivo, uno por el que estaba dispuesto a darlo todo. Hizo su mayor esfuerzo, pero sus brazos simplemente ya no eran tan veloces como antes. Se había enfriado en el momento que transcurrió entre la derrota de Decidueye y la entrada de Incineroar; permitió que su cuerpo se relajase y perdió la gran dosis de adrenalina que previamente había recorrido su sistema.
Cada golpe que lanzaba era parado en seco por los movimientos de Incineroar, que ni siquiera se agitaba ante los mismos. Ver al oponente frente a él, mismo al que antes le había dado batalla, mantener un gesto tan compuesto le hizo negarse a rendirse. Tenía que cambiar la mirada en sus ojos; tenía que verlo luchar una última vez. Debía… debía… Rugió, lanzó un golpe contra sus costillas y se detuvo justo antes de golpearlo. Bajó ambos brazos de forma premurosa, produciendo en Incineroar un gesto de apuro. Era muy tarde para él: Pulso noche estaba a punto de aparecer y de engullirlo. Un buen golpe, eso era todo lo que quería antes de retirarse. Sonrió con satisfacción, saboreando de antemano el regusto dulce de aquella mini victoria, pero su expresión se borró en cuestión de segundos. Una fuerte patada en la parte posterior de la pierna lo hizo perder el equilibrio, desconcertándolo e interrumpiendo el lanzamiento de su ataque. Fue sujetado por el cuello antes de poder tocar el suelo y levantado en el aire. Vio el rostro de Incineroar y supo que se habían acabado las pequeñeces: tenía intención de terminarlo todo de una vez por todas. Frunció el ceño con pesar.
Recibió un gancho bestial en el estómago al tiempo que la pata de Incineroar soltaba su cuello. En ese corto instante, se llenó de una recia determinación que no pudo explicar más allá de declarar que no quería que todo terminara sin golpearlo. Fue ese brío, nacido de entre las cenizas, el que le permitió —antes de salir volando— subir la pierna a toda velocidad para conectar un rodillazo contra la mandíbula del enemigo. El impacto en su estómago finalmente lo impelió, expulsándolo del área dominada por Incineroar en un santiamén. Mientras se alejaba del gran tigre, pudo ver el ojo entrecerrado y la forma en la que se llevaba una mano al mentón. Sonrió triunfante.
Al menos había dejado un pequeño legado.
Incineroar entonces atacó con Lanzallamas. La luz de su cinturón alcanzó una luminosidad que prácticamente cegó a todo aquel que la vio, para posteriormente disparar una llamarada feroz que engulló al tipo Siniestro rival. El fuego era tan extenso y potente que pronto activó la barrera de energía. Un segundo después, el fuego se extinguió y Zoroark finalmente pudo caer al suelo, aterrizando bocabajo y completamente inmóvil. Nadie necesitaba más explicaciones.
—¡ZOROARK NO PUEDE CONTINUAR! —gritó Kukui, señalando al derribado zorro—. ¡El participante Gladio debe enviar a su siguiente Pokémon!
—¡ZOROARK ES DERRIBADO! ¡Luego de una espléndida batalla contra Decidueye y de tres asaltos contra Incineroar, Zoroark no aguanta más y cae! ¡La balanza vuelve a equilibrarse!
Los fanáticos de Ash celebraron y los de Gladio se lamentaron. Fueron más fuertes las expresiones de júbilo, mismas que llenaron el estadio de cabo a rabo. Las pantallas comenzaron a mostrar una repetición del momento desde distintos ángulos y las luces danzaron en celebración por el resultado.
—¡BIEN HECHO, INCINEROAR! —gritó Lillie con fuerza—. ¡UNA VICTORIA MÁS PARA LA CASA!
—¡Cómo se esperaba del jefe! —exclamó Elio con una gran sonrisa en el rostro—. ¡Su Incineroar nunca decepciona, lo sé de primera mano!
—¡Estás presumiendo, hermano! —dijo Selene con el ceño levemente fruncido y una sonrisa.
Elio rio.
—¡SOLO FALTAN CUATRO, ASH! —exclamó Hau—. ¡Tú puedes, amigo!
—¡Vamos por esa copa, Ash! —Acerola volvió a agitar con fuerza los brazos.
—Ese Lanzallamas estuvo genial —dijo May con brillo en la mirada—. ¡Una espiral infernal de fuego!
—Es lo que sucede cuando Ash mezcla la fuerza centrífuga de Lariat oscuro con Lanzallamas —explicó Rotom con orgullo—. Incineroar ha practicado para incrementar su alcance desde hace varios meses.
—¡Un milagro de la física! —exclamó Clemont, ajustándose las gafas—. Me encantaría analizar más de cerca el comportamiento de tan curioso movimiento.
—¡Deja las cosas de nerd para después, hermano! —se quejó Bonnie, sacudiendo su brazo—. ¡Celebra que Ash derrotó a uno más!
El rubio se rascó la nuca, apenado.
—Esta batalla es ahora de cuatro contra cuatro —dijo Brock—. Las posibles combinaciones se reducen y el daño se acumula.
—Normalmente diría que las cosas están por ponerse frenéticas, pero… —Tracey rio— ¿no lo están ya desde hace tiempo?
—Cierto. —Misty bufó antes de sonreír—. Esos dos no se andan con chiquitas.
—¡Ah, vamos, vamos, a pelear! —gritó Iris mientras subía y bajaba el brazo izquierdo.
—¡Siguiente, siguiente! —Barry se puso de pie, haciendo un megáfono con las manos y gritando con fuerza—. ¡QUE CIRCULEN LOS POKÉMON!
No era muy dado a ponerse a gritar en los estadios. Pensaba que, como Campeón de la Liga Sinnoh, tenía cierto estatus que mantener, pero por el momento haría una excepción. No todos los días podía ver un combate tan cargado de emoción como el que estaba aconteciendo metros debajo de él.
Siempre supo que Ash era impresionante. Incluso cuando eran niños, Ketchum había destacado por su creatividad y fuerza, motivo por el cual siempre rivalizó con él. Algunos de sus Pokémon, incluso cuando no lucían tan fuertes en primera instancia, de alguna forma lograban sorprender a lo grande. No sabía si era la nostalgia la que hablaba por él, pero recordaba que cada enfrentamiento contra Ash había sido realmente divertido; un auténtico festival. Si era así cuando ambos eran unos chiquillos… ¿cómo sería enfrentarse a él en ese momento? ¿Cómo sería estar en los zapatos de Gladio? Y hablando de Aether…
Había algo en la mirada del rubio que le recordaba a Paul, con quien se había vuelto a encontrar con el paso de los años pero en circunstancias apremiantes. Sus ojos no eran, ni de broma, tan fríos como los de Sokolov —aunque los de éste se habían suavizado un poco con el paso de los años—, pero compartían una misma sensación. Era como si nada escapara de su vista y análisis. Parecía un oponente formidable, como esperaba del hombre que ostentaba el glorioso título del Campeón Plateado.
Se encorvó en su asiento, hizo un gesto de frustración y suspiró antes de sonreír.
—Debí haberme inscrito a la Liga —dijo en un murmuro.
El próximo año sin falta…
—Gracias por todo, Zoroark —murmuró Gladio a la cápsula que ahora sostenía en la mano—. Honraremos tu esfuerzo.
—¡Buen trabajo, Incineroar! —exclamó Ash, recibiendo un rugido como respuesta—. ¡Descansa por el momento!
La Poké Ball absorbió al tipo Siniestro y Ash la guardó en su bolsillo. Vio fijamente a Gladio, a la espera de su siguiente movimiento.
El gesto de Aether no mostró duda alguna. Sacó una nueva Poké Ball con un movimiento virtuoso y seguro. Era una Honor Ball. Tras una caída, debía de levantarse con fuerza, pensó. Su gesto estoico se deshizo cuando vio a Ash sacar una Poké Ball. ¿Era su turno de cambiar la rutina de la batalla? No se quejaría, pues él lo había hecho primero. Viendo el diseño de la esfera, supo que no estaría decepcionado.
—¡Hora de la venganza! —exclamó Ash con una gran sonrisa en el rostro y luego lanzó la Poké Ball—. ¡Gumshoos, yo te elijo!
Apenas cayó, la mangosta exhibió sus colmillos en una gigantesca sonrisa de satisfacción. Tenía tantas ganas de sacarse una espina de encima.
—¡ES GUMSHOOS! ¡El Gumshoos del participante Ash entra para luchar contra Silvally! ¡¿Qué tan distinto será el resultado de esta batalla comparada a la que tuvo contra el Silvady de la participante Lillie?! —La pregunta de Jeekyo caló todavía más hondo para la mangosta.
¡Estoy feliz por Lillie, pero no es necesario echar sal a la herida!-Shoos, dijo el tipo Normal con un ceño ligeramente fruncido.
Algo oí, dijo Silvally sucinto.
¡Agh, tú y el otro son igual de serios! ¡¿Les viene de especie o qué?!-Shoos, aunque sonaba como sonaba, casi soltó una carcajada.
No lo sé. ¿Todos los Gumshoos son como tú?, interrogó Silvally con curiosidad genuina.
¡Soy único e inimitable! ¡El más Gumshoos entre los Gumshoos!, aseguró la mangosta con una sonrisa todavía más amplia. ¡Y vengo a demostrarlo!-Shoos.
Sí, Silvally lo sabía. Había enfrentado a varios Gumshoos al lado de Gladio, pero ninguno era como el que se encontraba ante él. ¿El más Gumshoos entre los Gumshoos? Era una descripción adecuada.
Ven, dijo mientras flexionaba las rodillas. Sus ojos brillaron briosos.
Esta vez Gumshoos sí rio.
—¡Doble equipo y salta sobre él! —gritó Ash.
—¡Lanzallamas! —ordenó Gladio.
La miríada de clones habitual emergió junto al original. Aunque el espectáculo ya se había visto muchas veces antes, nunca dejaba de ser impresionante la capacidad que tenía para invocar tal cantidad de dúplicas. Todas las mangostas salieron corriendo al mismo tiempo en contra de Silvally, que lanzó un poderoso torrente ígneo desde sus entrañas.
El fuego envolvió gran parte del campo de batalla, los tipo Normal concentrándose en un solo punto. ¿Estaban protegiendo al verdadero Gumshoos? Fue lo que Silvally pensó, por lo que aumentó la intensidad de su Lanzallamas. Abrió los ojos un poco más de lo normal cuando vio una rápida sucesión de estallidos que alborotaban el flujo del fuego. La sorpresa fue mayor cuando Gumshoos salió de entre la llamarada con una sonrisa maníaca y una gran mandíbula de fuego materializada frente a la suya.
¡¿Llamas a eso fuego?!, preguntó Gumshoos con bravuconería, saltando en su contra. ¡Mi hermanito pequeño lo devoraría sin problemas!-Shoos.
—¡Multiataque!
Las garras de Silvally salieron al encuentro de la gran mandíbula de fuego, estrellándose en su contra. Abrió los ojos con fuerza apenas colisionaron. Era fuerte; tremendamente fuerte. ¿Cómo era posible que alguien con un cuerpo tan pequeño albergara tal poder? El forcejeo era inútil, principalmente porque iba a perderlo, por lo que optó por otra estrategia. Mientras sus garras seguían enfrentando a Gumshoos, su cresta emitió un destello blanquecino. Se preparó para disparar Tajo aéreo cuando, de repente, la cabeza se le llenó de Gumshoos como si fuesen piojos. Comenzaron a agitarse de modo que le hicieron apartar la mirada del objetivo y, entonces, el forcejeo terminó.
—¡Cabeza de hierro al suelo! —gritó Gladio con apuro.
Su frente brilló como la plata y la abalanzó contra la tierra. El puño de Gumshoos detuvo su avance. Aplicó toda la fuerza que pudo en el cuello y empujó con todavía más fuerza. Si lo tenía debajo, entonces podía intentar vencerlo en un pulso; no por nada era más pesado. Sintió el cuerpo ligero como una pluma, pero la cabeza pesada como veinte vigas de acero. Entonces se dio cuenta de algo en lo que su entrenador reparó mucho antes.
—¡Lanzallamas!
Abrió el hocico y de él emergió el infierno. El fuego se expandió por debajo de él y a su alrededor, obligando al verdadero Gumshoos a alejarse de un salto. Ahora que éste ya no era una amenaza, pudo deshacerse de las pulgas sobre su cabeza con un poderoso Tajo aéreo de 360 grados.
Creí que habías dicho que no era un verdadero fuego, dijo Silvally. No sonreía, pero la intención se veía claramente reflejada en sus ojos.
Gumshoos sí que sonrió, pero lucía levemente irritado.
Al final seré yo quien ría más-Shoos, declaró con cierta saña.
—¡Hipercolmillo, Gumshoos!
—¡Tajo aéreo!
Esta vez el verdadero Gumshoos no se ocultó. Corrió directamente en contra del enemigo, usando sus clones únicamente para apartarse del camino de las cuchillas que eran arrojadas en su dirección. Invocó cuatro dúplicas que fueron destruidas tras impulsarlo varios metros hacia arriba, luego otro más que lo lanzó en diagonal hacia la espalda de Silvally y, finalmente, tres más que le dieron un fuerte empujón para cubrir la distancia que le faltaba para alcanzar al enemigo. Sus colmillos brillaron como trozos de marfil pulido cuando estuvo ante las ancas del enemigo. Estuvo a punto de hincarles el diente cuando, desde abajo, llegó un Multiataque furtivo. Rápidamente invocó un clon que lo empujó hacia atrás, sacándolo del área de efecto del golpe antes de ser destruido por el mismo.
Silvally entonces se giró y rápidamente utilizó Lanzallamas. El fuego cayó al campo de batalla como agua en una bañera, pero cesó de pronto cuando cuatro Gumshoos subieron sobre su cabeza y le hicieron cerrar el hocico. Utilizó pequeñas cuchillas de viento para destruirlos, con lo que llenó su cabeza de humo. Sus ojos se afilaron y, con decisión, dio un cabezazo. Cabeza de hierro impactó contra un Gumshoos, el cual solo hizo más grande la humareda. Rápidamente dio un zarpazo al suelo y destruyó a otro clon. Su mentón se elevó a toda velocidad y disparó dos golpes de tajo aéreo que no tardaron en hacer estallar a la nueva mangosta. Bajó la mirada un poco y abrió el hocico, consumiendo con su Lanzallamas al nuevo tipo Normal que acababa de llegar. En vez de llenar de fuego el lugar, Silvally pensó. Esos ataques habían estado bien orquestados, siguiendo un patrón claro. Lo atacó varias veces desde ángulos neutros y superiores, solo una vez desde uno inferior; Gumshoos estaba haciéndolo apartar la mirada del suelo intencionadamente. Por eso lanzó un Multiataque al suelo, sorprendiéndose a lo grande cuando no lo vio ahí. Subió la cabeza a toda prisa, encontrándose con las mandíbulas ígneas del tipo Normal.
Habían subvertido sus expectativas. ¿De alguna manera Ash supo lo que pensaría o había sido mera coincidencia? Los ojos de Gladio se abrieron de par en par mientras su mente procesaba que el impacto llegaría en cualquier momento. ¿Qué se suponía que debía hacer en ese momento? Su guardia estaba baja; el enemigo había hecho algo que no estaba en sus cálculos. Trató de pensar en una respuesta acorde a la situación, pero se detuvo cuando se dio cuenta de que su mente era más lenta que el enemigo. Entonces hizo aquello que había estado aprendiendo durante la Liga: improvisó.
—¡QUÉ COMA CRESTA! —gritó a todo pulmón.
Gracias a Arceus que Silvally lo entendió. La quimera inclinó la cresta ante Gumshoos, que la apresó entre sus mandíbulas pero solo por un segundo. Una cuchilla de aire golpeó el interior de la boca del tipo Normal en el instante en el que cerró la boca, de forma que lo soltó al momento. La mangosta salió volando, pero clones aparecieron para atraparlo y ponerlo de pie con una rapidez impresionante.
—¡SILVALLY SE DEFIENDE! ¡El participante Gladio logra revertir una situación que lucía completamente desfavorable para él en una demostración excepcional de reflejos!
Quimera y mangosta se quedaron viendo un momento antes de que la quijada del tipo Lucha se agitara violentamente. Bajó los ojos con rapidez, encontrándose con un clon que estalló en una nube de humo tras darle un bestial gancho ascendente. El golpe no había sido tan fuerte como el del original, pero sin duda había sido muchísimo más potente que el de cualquier otro clon. No se suponía que las sombras invocadas pudieran golpear de esa manera. Silvally volteó a ver a Gumshoos en búsqueda de una respuesta, pero solo obtuvo una sonrisa socarrona a cambio. El tipo Normal desapareció al ser absorbido por su Poké Ball.
Al final sí que había reído más fuerte.
—¿Ese clon… lastimó a Silvally? —preguntó Lillie con semblante desencajado.
—Okey, si Lillie no lo sabe entonces nadie lo hace —declaró Hau, dando el tema por zanjado. Era bueno no quebrarse tanto la cabeza.
—Me estás ignorando a mí —dijo Rotom con el ceño levemente fruncido.
—¡Oh, la siempre confiable Pokédex! —Mahalo sonrió—. ¿Qué fue lo que pasó entonces?
—No lo sé.
El moreno, como muchos otros, se arrellanaron en sus asientos al escuchar esa respuesta. Se vio más de un gesto de decepción.
—Pero sí tengo una teoría.
Recuperaron el interés.
—Esto es algo loco, pero creo que tiene sentido…
Doble equipo es un movimiento que crea clones con una pequeña fracción del poder del usuario, de modo que se agotará si lo usa demasiado, repasó Kukui en su cabeza mientras su rostro lucía lleno de curiosidad. Un Pokémon con un buen manejo de su energía puede optimizar la cantidad de clones que invoca, creando más pero haciéndolos más débiles… ¿Y si… pudiera hacer lo mismo pero a la inversa? ¿Menos clones pero sustancialmente más fuertes que los comunes?
Kukui se llenó de curiosidad malsana para la labor que estaba desempeñando. Le estaban entrando ganas de interrumpir el combate para preguntarle a Ash qué era lo que había hecho, pero tendría que conformarse con nada más que migajas de información. Nunca dejaba de sorprenderlo la versatilidad que Ketchum mostraba a la hora de utilizar los clásicos movimientos Pokémon de toda la vida, dándoles usos nuevos y variados. Se lo preguntaría luego.
—¡Gumshoos sale del campo de batalla tras dar un golpe de despedida! —recapituló Jeekyo—. ¡¿Con quién enfrentará ahora al as del participante Gladio?!
—¡¿Con quién más?! —Ash bajó la mirada y sonrió—. ¡Pikachu, yo te elijo!
—¡Pikachu! —El roedor dio un largo salto que le permitió adentrarse al campo de batalla.
Gladio vio la gran sonrisa en los rostros de Ash y Pikachu, por lo que también sonrió. Retiró a Silvally del campo de batalla.
—¡EL PARTICIPANTE GLADIO RETIRA A SILVALLY!
—¡¿Ehhh?! —Ketchum no contuvo su decepción al igual que su expresivo Pokémon.
—No es justo que le quites la diversión a mis muchachos. —Gladio sacó una nueva Poké Ball y la hizo saltar en su mano un par de veces antes de lanzarla—. ¡Surge, Lucario!
El chacal cayó al campo de batalla y sintió un poderoso escalofrío recorrerlo de pies a cabeza. Abrió los ojos con fuerza al ver quién estaba ante él. Juntó bien las piernas y luego se reverenció en muestra de absoluto respeto. Pikachu comenzó a mover las patitas ansiosamente, intentando decirle que se detuviera. Lucía increíblemente avergonzado.
La escena, más que curiosa, fue extremadamente emocionante. A ojos de todos, era una muestra del inmenso prestigio y fuerza de Pikachu. Un sentimiento de orgullo compartido por todos los fanáticos de Ash los hizo reír y gritar en apoyo a su favorito.
—¡¿Lucario se reverencia ante Pikachu?! ¡¿Sabe qué tan poderoso es el rival que está frente a él?! —Nadie podía ver la gran sonrisa en el rostro de Jeekyo.
Era obvio, pensó Lucario. ¿No podían verlo todos? ¿Eran incapaces de sentir la poderosa aura combinada de esos dos? Estar ante ellos era como presenciar un brillo divino; una luz tan intensa que parecía obra de un ser superior. La intensa y vibrante ráfaga de energía zafiro recorría enérgicamente cada uno de los vellos del cuerpo de Lucario, erizándolos uno por uno con una suavidad que algo de semejante poder no debería de poseer. Los absurdos pulsos de aura que reverberaban por todo el estadio, rebotando entre cada superficie visible hacia él, eran algo que jamás en su vida había experimentado. Vio la expresión curiosa de Ash y la apenada de Pikachu. ¿Ni siquiera ellos eran conscientes de que emitían semejante monstruosidad? Recibir directamente ese impulso combativo era completamente diferente a atestiguarlo desde la distancia. Sintió que se le secaba la boca por el nerviosismo, pues en su vida había enfrentado a monstruos de ese calibre… y mira que había luchado en la guerra contra Necrozma.
—Lucario.
Se sobresaltó al escuchar la voz de su entrenador y, con cautela, volteó a verlo. No quería perder de vista a los oponentes… aunque seguramente tampoco podría. Lo tranquilizó un poco ver la constante pero modesta emanación de aura proveniente de Gladio. No era que su entrenador tuviera poca afinidad con la energía vital —al contrario, había demostrado ser bastante compatible cuando comenzó a aprender—, pero sin duda no tenía el nivel de Ash y Pikachu.
—Somos como el sol y la luna, ¿no es cierto? —preguntó Gladio con voz tenue.
Era una excelente comparación. Asintió.
—Grábatelo en la memoria —dijo Aether. Una sonrisa confianzuda apareció en su mente—. Eso es lo mismo que tú debes de poseer si quieres ganarles.
Oír a Gladio decir eso… misteriosamente lo llenó de una profunda determinación que no podía explicar con palabras. De pie ante la verdadera fuerza, se dio cuenta de que su camino apenas había iniciado. Se sintió emocionado y, de pronto, los picos gemelos frente a él ya no le parecían peligrosos, sino como un deporte de alto riesgo. Escalar esas montañas sería un excelente desafío.
—¡Roah! —exclamó, bajando ambos brazos con fuerza.
Gladio asintió con satisfacción al ver que su Pokémon había comprendido lo que quiso decirle.
—Han inspirado a Lucario. Gracias —les dijo a Ash y Pikachu.
Vio a sus oponentes, quienes se miraban entre sí con confusión, y sintió que quería reírse. Era tan típico de ellos…
Ash finalmente se rascó la nuca y sonrió.
—Bueno, no lo entiendo, pero eso quiere decir que ya estamos listos para comenzar, ¿no es así? —preguntó con gran expectativa en la mirada.
—Exactamente eso quiere decir. —Gladio se paró firme.
Pikachu y Lucario intercambiaron miradas, se desearon buena suerte e iniciaron.
—¡Velocidad extrema!
—¡Electrotela!
La telaraña eléctrica acababa de tomar forma y Lucario ya se encontraba ante ella. Disparó un corto pulso de aura que redujo la velocidad de la red, obteniendo un margen de maniobra decente para apartarse de su trayectoria. Apareció por el costado de Pikachu y abalanzó su puño contra él, encontrándose la gran resistencia que Cola férrea oponía. Lanzó una rápida patada, pero el roedor dio una ágil pirueta y usó su extremidad como soporte para saltar en su contra con Ataque rápido. Alcanzó a cubrirse el abdomen, mitigando gran parte del daño pero sin ser capaz de eliminar por completo el retroceso. Rápidamente lanzó una esfera aural que Pikachu evadió con elegancia antes de lanzarle un Rayo. Se apartó con un salto mucho más tosco, rodando por el suelo antes de dispararle una ráfaga de pequeñas pero rápidas esferas aurales que esta vez no podría esquivar con simples volteretas.
Pikachu dio un gran salto al aire y creó una pesada electrotela en la punta de su cola, misma que luego lanzó hacia los proyectiles que iban en su contra. La red envolvió en su interior las esferas como si fuese un saco para almacenar pelotas. Electrotela tocó el suelo y solo entonces estalló, levantando una gruesa cortina de humo. Cayó al suelo, aguzando el oído para intentar ubicar al enemigo, pero no tuvo que buscar demasiado pues apareció frente a él con Velocidad extrema. Alcanzó a evadir el puñetazo inicial con Ataque rápido, pero no el empujón que vino después. Giró en el aire antes de frenarse a sí mismo al clavar la cola en el suelo, luego tocó tierra al deshacer el efecto de Cola férrea. Esquivó Puño meteoro y atacó el mentón de Lucario con Ataque rápido, pero no logró golpearlo por culpa de Velocidad extrema. Arremetió repetidamente, sin la intención de permitirle tomar impulso. Finalmente Lucario tuvo el tiempo suficiente para atacarlo, pero lo frenó en seco con Cola férrea.
Nada mal, dijo Pikachu con una amplia sonrisa en el rostro.
Lo agradezco, pero apenas estoy iniciando, respondió Lucario. Sus ojos se abrieron con fuerza y emitió un fuerte pulso de aura que envió a volar a Pikachu.
—¡Esfera aural!
—¡Rayo!
La descarga se extendió entre los proyectiles como una maraña de lianas sobre el tronco de un árbol, haciéndolos estallar sin demora. Lucario tuvo que saltar para evadir la corriente, emprendiendo una carga hacia el oponente. Se barrió por el suelo para esquivar el rayo y luego dio una rápida pirueta en el aire. Parecía que iba a caer sobre la electricidad, pero materializó entre sus patas un óvalo similar al que había utilizado para surfear sobre la ola de Gumshoos. La tabla explotó al entrar en contacto con el ataque enemigo y Lucario salió volando. Recuperó el equilibrio en el aire y se lanzó en picada contra Pikachu.
—¡Electrotela!
El roedor redirigió la electricidad que emitía hacia la punta de su cola y le dio la forma de una gran esfera que se expandió al ser lanzada, ganando la forma de una telaraña. Electrotela perdió velocidad debido a los fuertes impulsos de aura que Lucario emitió y finalmente estalló cuando decenas de pequeños proyectiles chocaron en su contra. La explosión creó una humareda y de ella emergió el tipo Lucha. Pikachu lo estaba esperando.
—¡Cola férrea!
—¡Puño meteoro!
Coletazo y puñetazo se encontraron, chispas saltaron. Retrocedieron al mismo tiempo y volvieron a cargar contra el otro, sumiéndose en un intercambio frenético en el que Pikachu daba golpes como látigos que Lucario recibía con ambas patas. El tipo Eléctrico era más rápido que el tipo Lucha, pero éste contaba con la ventaja de tener dos extremidades con las cuales atacar. Lucario quiso romper con el bucle en el que se habían sumergido al lanzar un rodillazo ascendente que Pikachu evadió al girar. El chacal apartó la pierna rápidamente para evitar que pudieran usarla como punto de apoyo y luego lanzó una patada baja hacia el lugar en el que caería Pikachu. Se llevó un chispazo cuando el tipo Eléctrico disparó un Rayo al suelo para impulsarse levemente en el aire.
—¡Gira a toda velocidad y luego usa Cola férrea! —ordenó Ash con una gran sonrisa en el rostro.
—¡Combate cercano! —exclamó Gladio con el ceño ligeramente fruncido.
Lucario rugió y apuntó con las patas al cielo, comenzando a lanzar una rápida sucesión de golpes. Pikachu caía mientras daba prestas volteretas y luego arremetió con Cola férrea. Las piernas de Lucario se flexionaron levemente por la fuerza del golpe y su semblante se desencajó. Incrementó la velocidad de sus puñetazos, los cuales tuvieron enormes problemas para sobreponerse a la ofensiva del enemigo. Finalmente tuvo que retroceder, pues la cola de Pikachu le dio una descarga muy poco agradable. No simplemente huyó, sino que lo atacó repetidamente con esferas aurales que fueron repelidas por la endurecida cola del tipo Eléctrico. Lo vio batear una de las esferas aurales y entonces aceleró con Velocidad extrema.
Pikachu sintió que se le erizaban los bellos de la nuca, por lo que se envolvió a sí mismo en un manto blanquecino que incrementó exponencialmente su velocidad. Dio un salto, lo que le permitió evadir exitosamente el puñetazo descendente de Lucario. Arremetió contra el rostro del tipo Lucha, pero éste le lanzó un puñetazo contra el mismo lugar. Recibió el ataque con la frente, apretando con fuerza los dientes. Lucario gruñó por el dolor y él fue impelido hacia atrás, rodando por el suelo antes de ponerse de pie. No dudó en lanzar un poderoso Rayo del que el chacal tuvo que huir. Fue insistente a la hora de perseguirlo, pero fue incapaz de seguirle el ritmo cuando aceleró de golpe con Velocidad extrema. Subió la guardia y se rodeó a sí mismo con el aura de Ataque rápido, listo para moverse en cualquier momento. Le tembló la oreja derecha y, sin pensarlo dos veces, saltó. Debajo de él, barriéndose, estaba Lucario. Sus ojos se encontraron y supieron las intenciones del otro al instante. Pikachu giró en el aire para luego dejarse caer con Cola férrea, mientras que Lucario cargaba una Esfera aural entre sus patas. Justo cuando el roedor estaba por golpear el proyectil de aura, una patada conectó contra su espalda, empujándolo hacia la tierra. Se puso de pie, desconcertado, y tuvo que darse prisa para utilizar Rayo. Su incipiente descarga se enfrentó a la Esfera aural de Lucario, lo que produjo una explosión a solo centímetros de su cuerpo que lo mandó a volar. Aterrizó al cabo de un segundo y agitó la cabeza para intentar alejar el molesto pitido en sus oídos.
—¡LUCARIO LOGRA GOLPEAR A PIKACHU! ¡Luego de un toma y daca de golpes infructuosos, Lucario consigue conectar tres golpes seguidos contra Pikachu!
—¡¿Cómo estás, amigo?! —preguntó Ash. No sonaba particularmente preocupado, pues tenía confianza de que algo como eso no podría derribar a su compañero.
—¡Pika pi! —respondió el roedor con seguridad.
Lucario dejó salir un suspiro. ¿Todavía era demasiado pronto para que se enfrentara a Pikachu? Le repateaba admitirlo, pero no había de otra. Una diferencia tan grande en experiencia y entrenamiento no se borraba de la noche a la mañana. El único que podía enfrentarlo era él.
—Descansa, Lucario —dijo Gladio, extendiendo su Poké Ball hacia el frente y retirándolo de la batalla.
—Tú también, Pikachu.
El roedor salió corriendo hacia su entrenador en cuanto lo escuchó hablar.
Ambos entrenadores sacaron una Poké Ball al mismo tiempo. Gladio se sorprendió al ver al elegido de Ketchum, pero era demasiado tarde para cambiar de opinión. Enfrentaría todo lo que le lanzaran sin vacilar.
—¡Surge, Umbreon!
—¡Gumshoos, yo te elijo!
Zorro y mangosta entraron al campo de batalla. Aunque se habían visto varias veces en el pasado, rara vez combatieron. Sin embargo, Umbreon había sido el vencedor de cada una de esas batallas. Ahora, casi dos años después, estaban seguros de que las cosas no serían como antes.
—¡¿Gumshoos vuelve a la batalla?! ¡Tras su escaramuza contra Silvally hace apenas unos minutos, Gumshoos regresa por más y esta vez se enfrenta a Umbreon! ¡¿Podrá vencer al poderoso Luz lunar?! —Jeekyo sonaba tan impresionado como curioso.
Umbreon resintió los efectos de la quemadura.
—Aquí está… —murmuró Max, su ceño temblando.
—El motivo por el que Ash insistió tanto en quemar a Umbreon con Peke. —Chris tragó saliva—. Es raro ver a Ash planeando algo, por lo que puede que estemos ante algo realmente memorable.
Todos sintieron lo mismo que Chris.
—¡Empezamos! —exclamó Ash despreocupado—. ¡Hipercolmillo!
Gladio se sorprendió al no ver Doble equipo, pero no se quejó. Lo que sí le molestó fue el hecho de que no podría utilizar Bola sombra.
—¡Pulso umbrío!
Gumshoos comenzó a correr en contra del tipo Siniestro. Dio un salto que le permitió pasar por encima del haz de luz y luego se arrastró por el suelo, evadiéndolo exitosamente. Corría sobre sus cuatro patas, su pequeña cola ondeando al aire. La mirada en sus ojos era una de absoluta concentración, esperando atentamente por cualquier cambio de dirección en la trayectoria de Pulso umbrío. El rayo iba directamente en su contra, por lo que su cuerpo se torció de forma helicoidal, permitiéndole girar alrededor del movimiento y exhibiendo una flexibilidad sin precedentes. Dio un salto para alejarse del ataque y retomó la marcha apenas aterrizó.
—¡Persecución! —gritó Gladio cuando vio que el enemigo llegaría pronto.
La energía azabache pasó a envolver el cuerpo de Umbreon, que arremetió contra Gumshoos sin un ápice de duda. Sus patas se movieron a toda prisa, pero no trató de atacarlo de frente. Sabía que definitivamente era inferior en tema de fuerza, por lo que intentó flanquearlo. Saltó, encontrándose con las mandíbulas del enemigo. Disparó un Pulso umbrío y Gumshoos echó la cabeza hacia atrás, evadiendo el movimiento. La mangosta saltó en su contra con el puño por delante, así que disparó una Bola sombra contra el suelo que creó una polvareda. Aprovechó la distracción para rodearlo e intentar atacar su espalda, pero el oponente emergió de la nube antes de que pudiera hacer nada.
—¡Colmillo ígneo! —ordenó Ash.
Gumshoos cargó sin miedo alguno. Dio rápidas zancadas que lo hicieron acortar la distancia rápidamente, lo que Umbreon ya no veía como algo deseable por lo que disparó un Pulso umbrío. La mangosta dio un rápido salto hacia atrás, volviendo a donde anteriormente había estado la polvareda, e invocó una gran cantidad de clones que saltaron como bestias en contra de Umbreon.
Pulso umbrío salió al encuentro de todas y cada una de las copias, creando un perímetro que no tenía la intención de ceder. En esas circunstancias, tener un aguante tan alto era bueno, pero la quemadura era todo lo opuesto a eso. Interrumpió su movimiento por un segundo a causa del calor y de inmediato volvió a atacar. Para entonces varios Gumshoos ya habían atravesado la zona delimitada, así que se esforzó por darles caza antes de que se acercaran más.
Gladio finalmente frunció el ceño. Sí, Umbreon estaba quemado, pero ante él solo había clones; dúplicas con solo una fracción del poder del original. Podía atacarlos cuerpo a cuerpo y, si llegaba a haber alguna anomalía como la que se presentó en el combate contra Silvally, se encargaría de ella.
—¡Persecución! —gritó con fuerza.
Umbreon entonces se puso manos a la obra. Arremetió contra los Gumshoos como una aplanadora, dejando un rastro de humo a su paso. Cada vez aceleraba más, mostrando que, efectivamente, era más rápido que el tipo Normal. Tal vez no tenía su fuerza, pero en velocidad no perdería. Se detuvo de golpe y dio un giro de 360 grados, disparando un Pulso umbrío que deshizo a todas las mangostas a su alrededor. Sintió una fuerte punzada en el vientre; una ola de peligro que lo hizo apartarse de un salto. Volteó hacia atrás, encontrándose con un Gumshoos, el cual había estrellado el puño contra la tierra.
—¡Pulso umbrío! —ordenó Gladio.
—¡Vamos con los puños por delante! —exclamó Ash—. ¡Dale una buena sacudida!
Los ojos de Gladio estuvieron atentos ante la aparición de más clones, pero no hubo ninguno. Vio las pisadas del único que estaba en el campo de batalla y, por la forma en la que el suelo se agitaba bajo su peso, supo que sin duda era el Gumshoos auténtico. A ese no podrían ganarle con fuerza.
Del hocico de Umbreon emergió Pulso umbrío. El rayo de luz fue presto a la hora de atacar, pero también corto e impredecible. Ash solo pudo compararlo con los haces de luz que Necrozma disparaba en el momento previo a su muerte. Si él y Charizard habían podido librarse de ello —en su mayoría—, entonces Gumshoos también podría.
El tipo Normal saltó, evadiendo un corto Pulso umbrío y luego dio un puñetazo para repeler otro. Tuvo que rodar por el suelo, pues el siguiente ataque llegó con mucha más agresividad. Se levantó abruptamente y luego levantó tierra con las patas, creando una polvareda que se interpuso entre él y Umbreon. Usó la nube como distractor para emerger por uno de los flancos del enemigo, quien parecía ser consciente de que haría eso pero había apostado por el izquierdo cuando él había escogido el derecho. El error de Umbreon le permitió acercarse bastante antes de tener que frenar de golpe debido a un nuevo Pulso umbrío.
—¡Gumshoos! —gritó Ash de pronto, haciendo que su Pokémon volteara a verlo de soslayo—. ¡Con los puños por delante, dije!
Una gran sonrisa apareció en el rostro de la mangosta. Solo puños entonces. Retomó la carga y esta vez no se detuvo o esquivó el Pulso umbrío del enemigo, sino que lo golpeó de frente. La energía estalló al contacto con la patada, dispersándose en todas direcciones, y Gumshoos avanzó mientras seguía golpeándola. Afirmó las pequeñas patas al suelo, casi dejando pequeños boquetes con cada paso que daba. Movía los brazos a gran velocidad, haciendo retroceder Pulso umbrío mientras él ganaba más terreno con cada segundo que pasaba.
—¡¿Gumshoos se pone a golpear Pulso umbrío?! —Jeekyo estaba desconcertado—. ¡Enfrenta el movimiento enemigo como un monje bajo una cascada!
—¡Increíble! ¡Está haciendo retroceder a Umbreon solo con los puños! —exclamó Hau. Siempre supo que Gumshoos tenía un espíritu tenaz, por lo que más que sorprendido estaba emocionado.
—Bueno, desde cierto punto de vista es casi lógico. El poder físico de Gumshoos es bastante superior al ataque especial de Umbreon, pero aun así… —Liam rio, todavía más maravillado por lo que ese pequeño podía hacer— la precisión de sus puñetazos debe de ser milimétrica para que ni la más mínima parte de Pulso umbrío llegue a su cuerpo.
—¡VAMOS, GUMSHOOS! ¡EMPUJA MÁS FUERTE, UMBREON! —gritó Lillie a todo pulmón.
Ambos hicieron exactamente eso. El tipo Siniestro liberó todo el aire en sus pulmones para dar un último empujón, cosa que Gumshoos sintió, de manera que también aceleró. Finalmente ambos estuvieron frente a frente, los puños de Gumshoos moviéndose a tal velocidad que ni parecían suyos. Umbreon frunció el ceño y emprendió la huida. Intentó saltar por encima de Gumshoos aprovechando que éste tenía las manos ocupadas, pero su plan no salió bien. La mangosta lo sujetó por la cola, tirando de ella y haciéndolo caer al suelo. Su mandíbula chocó contra el piso, pero habría sido bueno que simplemente se quedara en eso. Gumshoos volvió a tirar de su cola, obligándolo a ponerse de pie y frente a él. Entonces comenzó su castigo.
Un gancho ascendente fue lanzado contra el mentón de Umbreon, seguido de un derechazo en la mandíbula y luego un zurdazo al pecho. Gumshoos comenzó a lanzar una rápida sucesión de golpes increíblemente contundentes, cada uno de los cuales mareaba a Umbreon como si se hubiese montado en una atracción de un parque de diversiones.
—¡Ora ora! —exclamó Ash con una enorme sonrisa en el rostro, lanzando golpes hacia el aire.
—¡Pika pi! —El roedor imitó a su entrenador y a Gumshoos.
Gladio frunció el ceño. Era impresionante que pudieran lograr algo semejante sin necesidad de un movimiento Pokémon, pero estaban equivocados si creían que iba a dejarse mangonear de esa manera. Vio cómo se movían los puños de Gumshoos y pronto notó en ellos un desgaste. Se estaba cansando de dar golpes simplemente con las manos, como era obvio, sin mencionar que debían de estar muy magulladas por enfrentar directamente a Pulso umbrío. Esperó atentamente, sabiendo que Umbreon sería capaz de soportar cada golpe que recibiera, y entonces abrió los ojos con fuerza.
—¡Persecución!
El aura siniestra envolvió el cuerpo de Umbreon, que interceptó el derechazo de Gumshoos con la frente. El tipo Normal emitió un fuerte alarido y se sujetó con la muñeca antes de lanzarse contra el lomo del enemigo. Le clavó las fauces rodeadas de llamas, obligándolo a tumbarse en el suelo. Umbreon rodó para intentar quitárselo de encima, pero la quemadura lo detuvo por un momento. El zorro comenzó a disparar Pulso umbrío en grandes cantidades contra su cuerpo, rodando por encima de la energía oscura y forzando a Gumshoos a tener contacto con ella.
—¡QUÍTATELO DE ENCIMA!
—¡NO TE SUELTES!
Umbreon se puso de pie dolorosamente y comenzó a correr por el campo de batalla. Se estrelló contra la barrera de energía y, apenas la hizo aparecer, disparó un fuerte Pulso umbrío en su contra que generó una explosión. Ambos Pokémon se sacudieron, pero Umbreon no se rindió. ¿El enemigo quería sumirse en un juego de resistencia? Bien, que así fuera. Tomó aire y lo liberó en un poderoso grito previo al inmenso Pulso umbrío que lanzó contra la barrera. Hubo estallidos alrededor de todo su cuerpo, cada uno de ellos estremeciendo a los Pokémon. Umbreon casi quiso cerrar la boca al sentir como los colmillos se encajaban todavía más en su piel, pero no lo hizo. El ardor era casi insoportable, pero él tenía un arma en la reserva. No se rendiría; por nada del mundo se rendiría. Sabía que todo el dolor que estaba sintiendo, el enemigo lo sentía multiplicado por dos, por lo que se mantuvo tenaz. Su Pulso umbrío se volvió insanamente ancho, tanto que creó una explosión que mandó a volar al propio Umbreon, por lo que los efectos en Gumshoos podrían ser imaginables. El tipo Normal salió volando y aterrizó rodando en el suelo. Umbreon se puso de pie entre jadeos, buscando rápidamente a su oponente y lo encontró.
Gumshoos se estaba alejando a toda velocidad, corriendo hacia cierto punto del campo de batalla. Fue ahí donde creó una gran variedad de clones, cosa que llamó la atención de Gladio.
—¡Luz lunar! —gritó el rubio.
La amable caricia plateada limpió con suavidad las heridas de Umbreon, y con su cálido beso le devolvió el aliento. El semblante del tipo Siniestro mejoró notoriamente, pero Luz lunar no fue suficiente para eliminar toda su fatiga. El intercambio tan violento, sumado a la fatiga acumulada por sus combates contra Ninetales e Incineroar hacía imposible que un solo movimiento le permitiera regenerarse por completo.
—¡UMBREON SE RECUPERA! ¡La batalla tan violenta parece haber producido solo pérdidas para el bando del participante Ash! ¡¿Cómo se encontrará Gumshoos tras semejante sacudida?!
Gladio pensó en la pregunta de Jeekyo y quiso una respuesta, pero fue incapaz de obtenerla debido al muro de Gumshoos que había aparecido. ¿Por qué había estado luchando todo ese tiempo sin clones y de repente los utilizaba? Era desconcertante. Su mente entonces tuvo un momento de iluminación: reconoció el lugar en el que Gumshoos estaba parado. En ese sitio había utilizado Doble equipo por primera y única vez en su combate contra Umbreon... hasta ahora.
¿Hay algo ahí?, pensó Gladio de forma casi paranoica. No podía ser coincidencia que Gumshoos hubiera usado Doble equipo dos veces en el mismo lugar. Tal vez si lo hubiera usado con la frecuencia habitual, pero ¿habiéndolo usado solo dos veces? Tampoco podía olvidar como había corrido específicamente a ese lugar. Ahí había algo, se convenció de ello. ¿Era alguna especie de fortaleza? Lo confirmaría al ver la reacción de Ash.
—¡Persecución! —gritó, señalando hacia el frente.
Umbreon se envolvió en su manto oscuro y salió disparado hacia el frente. Vio como los Gumshoos se agitaban, lanzándose en su contra como una colmena de avispas furiosas. Definitivamente había algo en ese lugar. Comenzó a destruirlos a todos, pero se encontró con mucha más resistencia que antes. Lo detenían al sujetarlo de las patas y cola, también subiéndose a su lomo mientras tiraban de su cuello. Sintió mordisquitos en el lomo, por lo que hizo más densa el aura oscura que lo rodeaba. El panorama se estaba llenando de humo y los Gumshoos se volvían más sofocantes en su presión. Se detuvo por un momento para luego atacar con Pulso umbrío, barriendo a tanto clon como se plantó frente a él. Se apresuró a salir de la humareda, cada vez más cerca del enemigo, y lo vio: unas mangostas emergían de un agujero en el suelo, mientras que otra saltaba a su interior. Los Gumshoos que acababan de salir tenían tierra por todas partes: patas, pelaje y mandíbulas.
¡¿Un túnel?!, pensó Gladio apenas vio a los desaliñados tipo Normal. Su mente maquinó todo tipo de ideas y hubo una que resonó con especial lógica por sobre las demás. Habían construido un sistema de túneles mientras nadie los veía, valiéndose de la humareda inicial. Abrió los ojos con fuerza e imaginó a Pikachu con una herramienta tan peligrosa a su disposición, lo que lo alarmó en demasía. Debía detener los planes de Ash de inmediato.
—¡Persecución! —gritó Gladio con apuro.
El tipo Siniestro aceleró tan pronto como se hubo liberado de tres Gumshoos que apresaron sus piernas. Destruyó a cuantos enemigos se atravesaron en su camino y se detuvo solo por un segundo al resentir los efectos de la quemadura. Apartó bruscamente a un Gumshoos que se lanzó en su contra y siguió de largo. Varios clones trataron de interponerse en su camino, pero solo una mangosta lo logró.
De inmediato sintió una oposición que ningún clon podría ofrecer. ¿Era el verdadero? De ser así, ¿quién se había metido en el agujero y por qué? Empujó con todavía más fuerza, pues quería llegar a ese agujero a como diera lugar. Se llevó una gran sorpresa cuando el Gumshoos estalló súbitamente en una nube de humo.
Era un clon, eso quedó evidenciado. El conocimiento de ese hecho solo incrementó la intriga de Gladio y Umbreon. La mangosta que se encontraba en el agujero era la original, ahora solo faltaba saber qué hacía ahí. ¿Por qué gastar tantos recursos? ¿Qué tan valioso era lo que ahí se encontraba? Derribarían ese sistema de túneles aprovechando el tamaño de Umbreon. Cortarían el problema desde la raíz. El mayor obstáculo se había ido, solo quedaban molestias.
Se lanzó nuevamente con Persecución, acabando sin mucho esfuerzo con los clones. Desde que el Gumshoos original había desaparecido en el túnel, no habían aparecido nuevas sombras, por lo que en cuanto acabó con los rezagados, el camino estuvo despejado. Se abalanzó contra el agujero con la intención de introducirse en su interior y escrutar sus secretos. Asomó la cabeza y lo que ahí vio disparó todas y cada una de sus alarmas.
Hey, dijo Gumshoos desde el fondo de un pozo de metro y medio de ancho y profundo. En su rostro había una sonrisa y su puño izquierdo relucía con la intensidad de una supernova.
Los ojos de Umbreon se abrieron como platos. Intentó apartarse, pero tenía la cabeza y medio cuerpo dentro del agujero. Gumshoos entonces se abalanzó en su contra con el puño por delante. Umbreon vio un destello por un leve momento y luego nada. El tipo Siniestro salió disparado del agujero como un cohete, su rostro hundiéndose por obra del bestial puñetazo que había recibido.
Gumshoos emergió a la superficie con gesto triunfante. El puño izquierdo todavía tenía retazos de la energía con la que había atacado al oponente. Cayó fuera del agujero y levantó la mirada, siguiendo la trayectoria que Umbreon seguía con su vuelo.
Los gestos incrédulos no se quedaron solo en el público. Gladio veía estupefacto la escena, casi como si fuese incapaz de comprender lo que estaba ocurriendo ante sus ojos. Abrió la boca en un intento de llamar a su Pokémon, pero la cerró cuando lo vio estrellarse contra el suelo.
No tenía caso.
—¡UMBREON NO PUEDE CONTINUAR! —gritó Kukui tras escasos segundos, señalando al tipo Siniestro—. ¡El participante Gladio debe enviar a combatir a su siguiente Pokémon!
Nadie sabía muy bien lo que había ocurrido. Antes de que cualquier sonido fuera emitido, Ash habló.
—¡¿Qué te pareció mi estrategia, Gladio?! —rio Ash, inflando el pecho por el orgullo.
—¿Qué… fue lo que hiciste? —preguntó Gladio con tanta curiosidad como impacto.
—¡Fue la vieja táctica de la psicología inversa! —dijo con emoción—. Aproveché tu cortina de humo para hacer que los clones de Gumshoos cavaran un pequeño túnel y se quedaran ahí amontonados. Taparon la entrada con sus cuerpos, así que no te diste cuenta porque son del mismo color. Entonces, cuando Umbreon estaba lo suficientemente golpeado, destapé el túnel y Gumshoos se metió en su interior. Sabía que si intentaba alejarte, querrías acercarte, y lo hiciste. ¡Umbreon se acercó y Gumshoos lo mandó a volar con un PAAAAAM!
Gladio vio fijamente a su derrotado tipo Siniestro y, finalmente, suspiró. Lo hizo regresar a su Poké Ball.
—Realmente eres increíble, Ash —admitió con una sonrisa.
—¡UMBREON HA CAÍDO! —gritó Jeekyo con vehemencia—. ¡El Pokémon del participante Gladio, que tenía acceso a un movimiento increíblemente poderoso como Luz lunar, fue derribado por un golpe fulminante que no le permitió recuperarse! ¡La estrategia del participante Ash en todo su esplendor.
Lillie gritó con fuerza. Amber, que recientemente le había pedido que la cargara, se cubrió los oídos y solo entonces Aether bajó un poco el volumen. Volteó a ver a la niña y le sonrió ampliamente. Tomó sus manitas y comenzó a agitarlas.
—¡ASH, ASH, ASH, ASH! —coreó la rubia.
—¡Ash, Ash, Ash, Ash! —repitió Amber, riéndose por el gesto de Lillie—. ¡Riri tómate!
—¡JEFEEEEEEEEE! —Elio gritó mientras miraba al cielo—. ¡ESE ES UN GUMSHOOS, CARAJO!
—¡UNA MENTE BRILLANTE QUE SUPERA TODA ADVERSIDAD! —dijo Selene, esta vez sin golpear su tambor. Estaba demasiado conmovida como para concentrarse.
—¡INCREÍBLE, ASH! ¡BUEN PUÑETAZO, GUMSHOOS! —felicitó Hau con una sonrisa de oreja a oreja.
—¡One-Punch Gumshoos! —exclamó con emoción Acerola.
—Así que eso era lo que Ash quería hacer. —Max lucía asombrado, pero no demasiado—. Muy inteligente.
—A veces Ash puede hacer cosas buenas como esa, ¿eh? —rio Misty. Su comentario enmascaraba el orgullo casi filial que sentía por el azabache.
—¡Bien hecho, Ash! —gritó Dawn con una sonrisa de oreja a oreja.
Piplup comenzó a agitar sus pompones con intensidad, incitando a Dedenne para que se le uniera. El pequeño aceptó con gusto.
—¡Tienes madera de animador, Dedenne! —rio Bonnie, aplaudiendo para marcar un compás.
—¡Denne denne!
—Eso fue Puño certero, ¿cierto? —preguntó May, que no había podido apreciar de todo el movimiento.
—Sí. Un movimiento realmente poderoso pero que requiere tiempo para usarse —dijo Brock con su usual sabiduría de siempre.
—Es sorprendente que Ash se haya guardado un arma tan poderosa durante tanto tiempo. Pudo haber derrotado a Lucario con ella si así lo hubiera querido —dijo Tracey, seguro de sus palabras.
—Pero eso habría arruinado el factor sorpresa —rio Cilan.
—Si Ash hubiese usado Puño certero contra Lucario, Gladio no habría permitido que Umbreon se le acercara de esa manera. Al menos yo no lo habría hecho —aseguró Clemont, a sabiendas de lo peligroso que era un movimiento como Puño certero.
—Nadie en su sano juicio lo haría —dijo Iris, entretenida por el increíble golpe que acababa de ver—. Puño certero es un movimiento que se usa para garantizar la victoria. Ninguna persona se lanzaría voluntariamente contra él.
—Eso quiere decir —Serena sonreía— que Ash se está tomando muy en serio este combate. Se preparó a conciencia para enfrentar a su oponente y pensó en una manera de lidiar con él.
—Bingo —dijo Rotom—. Un análisis increíble, todos.
Se sintieron… increíblemente halagados. Eran conscientes de que Rotom tenía fama de ser quisquilloso a la hora de dar cumplidos. Era agradable recibir un honor tan infrecuente.
Gladio, desde el campo de batalla, seguía viéndose ligeramente desconcertado. Eso cambió cuando se dio unas palmaditas en el rostro. El plan de Ash había sido impecable. Su rival había demostrado un gran conocimiento sobre él al predecir la forma en la que reaccionaría a determinados estímulos. Tal vez lo había hecho conscientemente, no lo sabía; no podía saberlo.
¿A eso se refiere siempre que habla de conocer el corazón de las personas mediante el combate?, se preguntó Gladio. Lo que estaba claro era que se había distraído, dejándose llevar por la emoción del combate. Normalmente nunca habría dejado pasar algo como un movimiento desconocido… pero estaba claro que este combate no tenía nada de normal.
No tenía caso seguir lamentándose. La balanza se estaba inclinando en favor de su oponente. Debía hacer algo para revertir la situación. Retiró a su debilitado tipo Siniestro del campo de batalla y vio la cápsula con determinación.
—No fue en vano, viejo amigo. Contraatacaremos —murmuró antes de guardar la esfera para luego sacar otra—. ¡Terminemos con esto de una vez! ¡Surge, Lucario!
El chacal entró al campo de batalla con una vaga noción de lo que había sucedido. Podía sentir lo que su entrenador; su apuro, frustración y emoción.
—¡¿Puedes seguir un poco más, amigo?! —preguntó Ash de manera considerada.
La mangosta asintió sin vacilar.
—¡LUCARIO Y GUMSHOOS SE ENCUENTRAN POR TERCERA VEZ! ¡¿Qué cambiará ahora que Gumshoos ha mostrado su letal Puño certero?!
Lucario vio a Gumshoos y Gumshoos lo vio a él. Frente a frente una vez más, su enemigo notoriamente más cansado que él. Habían luchado mucho y habían luchado bien, pero la larga disputa terminaba ahora.
—¡Velocidad extrema!
—¡Doble equipo!
Ningún clon pudo interponerse en el camino de Lucario. Arrasó con todos ellos como un ariete motorizado chocando contra una choza rústica hecha de palitos de madera. Hubo quienes lo atacaron, pero solo porque acababan de aparecer. El Gumshoos original se mantenía por detrás de sus sombras, ocultándose de él mientras cargaba su poderoso ataque. Las mangostas movían a su líder a la retaguardia para que pudiera terminar de cargar su Puño certero.
Podía notarlo. Con cada golpe que daba, Lucario sentía que los clones eran cada vez más y más endebles. No tenían la misma calidad que en el inicio del combate o que en el segundo asalto. Su fuerza flaqueaba porque no tenían una buena fuente de combustible; el producto estaba dañado porque la fábrica no rendía a plena potencia: Gumshoos estaba herido. Umbreon había hecho algo para llevarlo a una condición en la que su producción de dúplicas era defectuosa, así que se aseguraría de aprovechar eso.
Atravesó los obstáculos con mucha más facilidad de la usual, encontrándose pronto con el Gumshoos original. Trató de saltar en su contra, pero vio la forma en la que su brazo se movía, así que retrocedió de un salto y disparó una esfera aural. El Puño certero del enemigo salió disparado hacia el frente, extendiéndose menos de treinta centímetros pero creando una corriente de vientos huracanados que deshilacharon el proyectil de aura como si fuese una bola de estambre. Incluso estando lejos, Lucario pudo sentir la abrumadora corriente que lo hizo retroceder a tropezones. Tuvo que plantarse con firmeza para dejar de trastabillar.
Estaba ante un movimiento en extremo peligroso y aun así, solo sintió alivio. Si el enemigo lo hubiese usado antes contra él, no habría tenido oportunidad de vencerlo… pero el enemigo ya no estaba en las mismas condiciones que al inicio.
—¡Puño meteoro!
—¡Colmillo fuego!
Ambos salieron al encuentro del otro, la mangosta rodeada por todo su séquito. Lucario lidió con los enemigos que se encontraban en la primera línea con simples empujones que eran suficientes para destruirlos. Pasó a una rápida sucesión de puñetazos conforme más se adentraba en el mar de tipo Normal hasta que finalmente llegó ante el original. Muchas mangostas sujetaron sus piernas para frenar su movimiento, pero Lucario no tuvo problemas ante un lote de tan pésima calidad. Se libró de una patada y entonces su puño avanzó contra Gumshoos.
Las mandíbulas ígneas que materializó la mangosta frente a su hocico chocaron contra el puño metálico de Lucario. Aunque el tipo Lucha resintió el calor intenso, fue él quien ganó el forcejeo al estar luchando con una parte de su cuerpo. Impelió a la mangosta de un brusco movimiento, pero no la derribó. Esas milagrosas recuperaciones que hacía antes de tocar el suelo eran admirables.
Eres un guerrero espléndido, Gumshoos, dijo Lucario con nada más que respeto en su voz y mirada. Casi sintió la necesidad de reverenciarse ante él.
La mangosta rio un poco, notoriamente halagada.
¿Verdad? Tampoco lo haces nada mal, chico, admitió con tanta humildad como pudo juntar. En el futuro, porque sé que habrá un futuro, me darás muchísimos más problemas. Estaré esperando con impaciencia esos días-Shoos.
Yo también. Mi espíritu arde en deseos de volver a enfrentarse a ti, dijo Lucario de manera honesta. Por favor, concédeme una última disputa. Una que haga vibrar mi corazón y que encrespe mi pelo.
No podría pedir nada más-Shoos.
De alguna manera los entrenadores lo sabían. Veían el gesto apacible de Gumshoos y la determinación serena de Lucario, y sabían que esos dos estaban listos para tener un último duelo. Se habían dejado la piel en la batalla, por lo que merecían un final a la altura de sus expectativas. Iban a dárselas.
—¡Lucario, Esfera aural!
—¡Destrúyela con Hipercolmillo!
Gumshoos mordiendo la Esfera aural fue como ver una prensa hidráulica hacer añicos un rompemandíbulas. La energía se convirtió en pequeños hilos zafiro que desaparecieron en el aire, pero eso la mangosta no lo vio. Estaba demasiado centrada en atacar al enemigo. Saltó contra Lucario e intentó morderlo, pero se vio obligado a esquivar un puñetazo que iba contra su estómago. Cayó al suelo y se abalanzó hacia una de las piernas del enemigo, que saltó para esquivarlo y luego lanzó una rápida patada giratoria. Alcanzó a detener el golpe para acto seguido jalonear la pata con intención de hacer caer al tipo Lucha.
—¡Déjate caer y una Esfera aural!
Lucario se dejó arrastrar por Gumshoos. Su espalda chocó contra el suelo y, al mismo tiempo, un proyectil salió volando en contra del tipo Normal. La mangosta no tuvo tiempo para volver a destruir el ataque con un mordisco, así que tuvo que agacharse a toda prisa. Las piernas de Lucario giraron a una velocidad sorprendente, golpeando al enemigo en un costado. El chacal se puso de pie al usar los brazos como soporte y luego saltó, alejándose de Gumshoos.
—¡Acércate con Doble equipo!
Tres copias aparecieron, cada una sujetando las piernas del otro. En el penúltimo eslabón de la extraña cadena estaba el Pokémon original. La formación comenzó a girar rápidamente gracias al Gumshoos de hasta el fondo, que hacía girar a los otros tres antes de lanzarlos hacia Lucario. La lanza siguió avanzando hasta llegar al objetivo y entonces se deshizo.
Los clones estallaron al chocar contra Lucario, creando una molesta cortina de humo que solo le irritó levemente los ojos al mismo. El chacal lanzó dos rápidos puñetazos que fueron raudamente esquivados gracias a que Gumshoos se había impulsado usando sus nudillos como punto de apoyo. Dio un paso hacia atrás, pero no pudo evitar que su hombro fuera mordisqueado por los llameantes colmillos del tipo Normal. Gumshoos se apartó a tiempo para no recibir el Esfera aural que le lanzó, pero al estar en el aire no pudo evitar el golpe que le dio con Velocidad extrema en el estómago.
La mangosta rodó por el suelo, esta vez sin milagrosas recuperaciones. No invocó clones que frenaran su avance, pero tampoco se dejó arrastrar sin más. Clavó las patas en la tierra y pronto se detuvo. Se puso de pie torpemente, una de sus piernas fallando por un instante, y entre jadeos buscó los ojos de su oponente. Era todo, estaba acabado.
O eso creyó Lucario por un momento.
El puño izquierdo del tipo Normal comenzó a emitir un poderoso destello comparable al de una enana blanca. Los últimos vestigios de una voluntad deslumbrante que Lucario se sintió obligado a dejar relucir, pero no podía. El riesgo era demasiado alto. Debía acabar con la amenaza de una vez por todas, y eso hizo… o eso quiso hacer.
En su vida, Lucario nunca había visto una ola semejante. Lo que se abalanzó contra él fue tan aterrador como una oleada de no muertos, tal vez incluso más. De detrás de Gumshoos comenzaron a emerger clones por montones, tantos que apenas y podía empezar a hacerse una idea de sus números. Era una cantidad tan absurda, tan ridícula, que Lucario genuinamente creyó que el estadio se desbordaría. Pronto dejó de ver Gumshoos y solo apreció una masa amorfa de un color terroso con miles de pequeños apéndices sobresaliendo de su superficie, cada uno de los cuales se retorcía con voluntad propia en un intento desesperado de alcanzarlo. Escuchó el chasqueo de centenares de mandíbulas cerrándose repetidamente, casi como si ese fuese el grito de guerra de la desagradable criatura que había ante él. Por un momento fue incapaz de reaccionar ante la miríada de ojos oscuros que veían en su dirección, los cuales se unían para conformar una negrura tan vasta como la del abismo, pero pronto retomó su coraje y determinación. Él mismo cargó a la batalla con un grito que impulsó sus piernas y elevó su cuerpo. Entró al infierno.
Era tal y como se lo imaginaba. Miles de Gumshoos, sí, pero todos ellos frágiles como el pétalo de una rosa. Podía apartarlos simplemente caminando, destruirlos con un soplido, pero atravesarlos no era sencillo. Incluso pétalos florales serían capaces de retener a un elefante si éste se encontrara en una habitación atiborrada de ellos. La densidad del mar de Gumshoos era tal que, aunque usara su pulso de aura para destruir a centenas de ellos, muchos más llegaban para ocupar el espacio vacío. Avanzó paso a paso, sin gastar más energía de la necesaria, la mirada fija en el objetivo.
La apabullante aura que antes había manado de Gumshoos como agua de un manantial ahora se había reducido hasta tener un tamaño equiparable al de un charco de agua estancada.
Paso a paso, lentamente, fue acercándose a su objetivo. Ignoró todo agarrón, mordisco insignificante o puñetazo más débil que el toque de un recién nacido y solo siguió adelante. El enemigo lo estaba esperando con Puño certero y él respondería. A diferencia de su oponente, él podía ver a través de todo ese mar de materia artificial; podía ver todo lo que ocurría y podía ver su aura. Esa era la diferencia entre ellos dos: Gumshoos veía con los ojos, Lucario con el alma.
Finalmente se plantó ante su enemigo. Vio aquella vibrante y borrosa aura abalanzarse ante él, por lo que reaccionó por inercia. Utilizó Velocidad extrema para hacerse hacia un lado y luego atacar su flanco. Conectó un fuerte derechazo contra las costillas de Gumshoos, que se encontraba en el aire en mitad de su salto. Fue un golpe sólido; sintió como sus nudillos se encajaban en la carne del enemigo y, entonces, éste estalló. Lucario se sorprendió tanto al ver la repentina nube de humo que su mente, por un segundo, solo pudo pensar en una cosa: «Lo maté». Pero no, no podía ser posible. Esa explosión era característica de los clones… y aun así, el cuerpo de dicho "clon" había opuesto muchísima más resistencia que cualquier otro, más incluso que la de aquellos que fueron invocados cuando Gumshoos estaba en plenitud de condiciones. Más importante aún: ese "clon" tenía vestigios del aura de Gumshoos. Ninguna sombra podía poseer algo así… a menos que no lo hiciera. Fue entonces cuando se dio cuenta de que el aura que había visto no estaba arriba, sino abajo. Bajó la cabeza a toda prisa y ahí estaba él, sin ningún clon a su alrededor: un panorama completamente despejado que buscaba exhibir la belleza de aquella enana blanca.
Hey, le dijo el tipo Normal con una gran sonrisa en el rostro antes de abalanzar el puño en su contra.
Lucario bajó el brazo con el que había golpeado a la dúplica por puro instinto. Vio cómo el puño se acercaba a su antebrazo a toda prisa y la vista se le nubló. Sabía que si eso conectaba, estaba perdido. No solo su brazo quedaría inutilizable, sino que él sería incapacitado. No había discusión ni duda; Lucario podía saberlo simplemente por la fuerza y pureza que irradiaba la energía alrededor de la pata izquierda de Gumshoos. Estaba acabado; él, no Gumshoos. La desesperación recorrió su ser de pies a cabeza, exudando de cada poro y llenando cada célula que lo conformaba. Escuchó un chasquido, su mente se puso en blanco y su corazón dejó de latir.
Y solo pudo gritar…
¡NO!
Su cuerpo era una fábrica. El miedo había apagado cada una de las piezas de maquinaria que lo mantenían operativo y por eso creyó que moriría. Se llevó una sorpresa enorme cuando, repentinamente, cada una de las máquinas se reinició y comenzaron a funcionar nuevamente a plena y mejorada potencia. El color volvió, y de qué forma. El corazón volvió a latir, esta vez desbocado en su pecho.
No tenía los ojos abiertos, pero podía verlo todo. Fue cuando su saliva adquirió un sabor que normalmente pasaba oculto que supo lo que había pasado… y entonces llegó el dolor. Un intenso dolor, parecido al que alguien hecho de cristal debía de sentir cuando todos los huesos de su cuerpo eran pulverizados hasta convertirse en un fino polvillo, recorrió su antebrazo. La agonía era tal que casi cayó de rodillas y ganas no le faltaron. En ese momento solo quería retorcerse, gimotear y rogar porque se detuviera. El brazo le vibraba de manera descontrolada. Intentó averiguar por qué, pero el dolor no le permitió concentrarse en nada más que en eso. Cerró los ojos, pero seguía viendo y, por ello, vio a Gumshoos.
El enemigo estaba ante él, todavía con el brazo extendido, tan quieto como una estatua. La energía que rodeaba su puño todavía era increíblemente intensa, lo que quería decir que apenas y había hecho contaco. Lo había atrapado con la guardia baja… le había… No pudo seguir pensando en eso. Dolía. Dolía demasiado. Quería que el sufrimiento parara, y que parara ya. Su velocidad divina no era una bendición, no en ese momento, pues lo había sometido a un dolor interminable que se expandía por todo su cuerpo desde el punto de colisión y luego regresaba al mismo para sumirse así en un ciclo sin fin.
Debía salir de inmediato. Ni siquiera buscó arrastrarse hacia un costado, fuera del alcance de Puño certero, él simplemente atacó. Aunque Lucario no lo supo, fue ese mismo dolor el que lo salvó: al estar agachado, el puño de Gumshoos se encontraba a pocos centímetros por encima de su cabeza. Cargó toda su desesperación en el puño izquierdo y arremetió contra el estómago del tipo Normal con él.
Entonces todo volvió a la normalidad.
Gumshoos salió disparado hacia atrás como una bala, pero Lucario fue impelido como un misil balístico. La vibración de su brazo derecho era la energía cinética acumulada del segundo de golpe que había recibido, la cual estaba desesperada por ejercer fuerza sobre él. Una vez finalizado el efecto de su velocidad divina, las fuerzas de la física pudieron actuar como normalmente lo hacían. El tipo Lucha rodó incesantemente por el suelo hasta finalmente chocar contra la barrera de energía. Su espalda se estrelló estrepitosamente, lo que le sacó el aire.
El estadio solo necesitó de unos cuantos segundos para darle una continuidad a los sucesos. Gumshoos había dado un golpe claro contra Lucario y, repentinamente, había salido volando al igual que éste último. ¿Qué otra explicación había sino…?
—¡LUCARIO LO HACE DE NUEVO! —gritó Jeekyo con una emoción primitiva y hasta cierto punto infantil—. ¡LA MILAGROSA TÉCNICA DE LUCARIO LE PERMITE DEVOLVER EL GOLPE! ¡Aunque no lo salvó de recibir él uno, por lo que parece!
Se escucharon gritos eufóricos en todos los rincones del estadio. La velocidad divina de Lucario era, para muchos, una hazaña de la naturaleza; un previo a algo mucho más grande. Había quienes creían que era un nuevo movimiento Pokémon; otros que pensaban que se trataba de una habilidad natural de los Lucario nunca antes descubierta y quienes pensaban que era una manifestación de que los Pokémon comunes estaban entrando a terreno divino. Ninguno sabía bien lo que era —¿cómo hacerlo cuando era un fenómeno sin estudio?—, pero muchos tenían la certeza, y no se equivocaban, de que era algo único de ser visto.
Velocidad divina era un nombre muy adecuado.
—¡LUCARIO!
—¡GUMSHOOS!
Los gritos de Gladio y Ash iban dirigidos a sus compañeros, proferidos solo cuando fueron capaces de procesar la situación. Ambos habían salido disparados en direcciones opuestas, cada uno con intensidades diferentes, pero también con condiciones desiguales. El cansancio de Lucario era, en el momento del impacto, mucho menor al de Gumshoos.
El tipo Lucha se retorció en el suelo. Le dolía tanto el brazo que creyó que se le había roto un hueso. Despejó su mente para calmar el dolor, cosa que le funcionó de maravilla. Aunque intenso, el dolor se iba reduciendo, cosa que no podía decirse que ocurriera durante los efectos de velocidad divina. Se puso de pie lentamente, adolorido, y finalmente puso pensar como quiso.
Fue atrapado con la guardia baja. Había confiado tanto en la visión de su alma que, por un momento, descuidó la visión que la creación le había brindado. Si los Lucario solo tuvieran la necesidad de ver el aura, entonces no tendrían ojos. Tendría que aprender a observar, no solo ver, de dos formas distintas al mismo tiempo como lo hacía durante la velocidad divina. Era una lección valiosa y que no olvidaría en mucho tiempo. Terminadas las reflexiones, se centró en Gumshoos. ¿Qué era de su enemigo?
Gumshoos, sorprendentemente, irguió la espalda y con dificultad se puso de pie. Sus párpados estaban ligeramente caídos, pesándoles como si fuesen cortinas de hierro. Cada una de sus extremidades parecía estar recubierta por un bloque de plomo y su cuello adornado por una oscilante esfera de varias toneladas de peso. Caminaba torpemente, encorvado, avanzando hacia Lucario.
Le flaqueaban las fuerzas; su determinación se tambaleaba por culpa del dolor y el agotamiento. En ese momento su cabeza parecía ser un campo de guerra en el que se debatían la emoción, la razón y el instinto, cada bando con argumentos sumamente lógicos sobre por qué debía dejarse caer y sobre por qué debía seguir de pie. Pensó un poco… y a su mente solo llegó la mala motivación.
¡Plaga!, lo llamaron en más de una ocasión.
¡Peste!, le gritaban antes de rociarlo con desagradables repelentes.
¡Débil!, afirmaban tras golpearlo.
Era un Gumshoos; un cazador ineficiente. Por su madre sabía que los de su clase no pertenecían a Alola, sino que habían sido llevados ahí por los humanos para acabar con los Rattata y Raticate de Alola, aunque dicho objetivo era imposible: su enemigo era nocturno, ellos eran diurnos. Desde un inicio habían estado condenados al fracaso. La suya no era una especie rápida o particularmente resistente; la única ventaja que tenían era que eran algo fuertes, resilientes, pacientes y rápidos a la hora de reproducirse. ¿Pero quién se fijaría en una estirpe como la suya? Pudiendo tener a un feroz tipo Dragón o a un recio tipo Acero, ¿quién se conformaría con un común tipo Normal que podría encontrarse en cualquier esquina? ¿Por qué alguien, siquiera, consideraría capturar a alguien con fuerza pero sin medios para explotarla? Nadie podía ser tan idiota o necio como para gastar tiempo, recursos y esfuerzo en un Yungoos o un Gumshoos antes que en un Pokémon mucho más raro y especial.
Es solo un Yungoos.
No vale la pena.
¡Un oponente fácil!
Úsalo solo cuando estés iniciando.
¡Pues bienvenido seas al equipo!
Sus ojos se iluminaron cuando recordó las palabras que cambiaron su vida. En su vida nunca se había sentido tan lleno de brío y esperanza. Alguien, por fin, vio potencial en él. Sintió por primera vez en su vida que alguien más que su familia podía creer en sus capacidades; que por fin tenía una oportunidad de demostrarle al mundo que no era solo lo que ellos creían. Los Gumshoos y los Yungoos, la especie de su madre y sus hermanos, era mucho más que solo un entrenamiento o un oponente sencillo. Eran más; podían ser más. Y así como había sentido regocijo, también sintió miedo. ¿Qué pasaría si era utilizado solo durante el "inicio"? ¿Si era abandonado a mitad de camino cuando algo mejor llegara? Pero que poco le duró el miedo y que rápido se dio cuenta de que había sido bendecido con creces. Su entrenador era el mejor ser humano que el planeta alguna vez hubiera visto, y se habían encontrado por algo… porque él estaba destinado a ser el mejor Gumshoos que jamás hubiera existido. Entrenó y luchó día con día para dejar una huella en la historia; para dejarles en claro una sola cosa a los humanos: la culpa no es de nuestra especie, es de la suya.
Intentó encontrar con la mirada a Ash y lo hizo. Pudo ver el gesto de llanto contenido en el rostro de su entrenador y negó con la cabeza. No, no llores. No por mí, pensó pero no pudo decirlo con palabras. Su entrenador, su querido amigo y hermano, no debía llorar por su obstinación. Dolía, sí, pero quería hacerlo. Quería aprovechar que todos lo estaban viendo para hacer una última declaración y, para eso, necesitaba a Lucario.
Era una suerte que estuviera yendo hacia él.
Yo perdí, dijo el tipo Lucha viéndolo directamente a los ojos. Aunque lo miraba hacia abajo por la diferencia de altura, Gumshoos en ningún momento sintió que lo estuviera tratando como menos.
Ton…, no pudo terminar de hablar, pero Lucario pareció comprenderlo.
Ganar gracias a algo que no puedo dominar no es habilidad, es suerte, dijo Lucario mientras su brazo sano temblaba por la frustración. Fuiste mejor, más listo… más fuerte.
Aunque eso antes lo habría tenido saltando de alegría, orgulloso porque un Pokémon de especie rara como Lucario reconociera que era superior, ese ya no era el caso. Gumshoos ya no estaba interesado en demostrar que su especie era fuerte. Él quería demostrarle al mundo que ellos tenían algo mucho más importante.
Lucario se sobresaltó cuando sintió como su pata izquierda era sujetada entre las de Gumshoos, pero no se movió. No sentía agresividad en su agarre.
La impotencia… se derrota con… amor…, murmuró Gumshoos mientras pegaba su frente al puño que lo había derribado. Felicidades…-Shoos…
Sí, no le interesaba demostrar que la suya era una especie fuerte. Quería enseñarles a todos que ellos eran mucho más que eso. Que el mundo supiera, por obra del Gumshoos bajo el comando de Ash Ketchum, que en Alola podía encontrarse en cualquier esquina a un pequeño guerrero con el corazón de un gigante.
Lucario, entre lágrimas de frustración, sostuvo de pie al ahora inconsciente tipo Normal.
—¡GUMSHOOS NO PUEDE CONTINUAR! —exclamó Kukui con aparente gesto inexpresivo. Señaló al Pokémon derrotado—. ¡El participante Ash debe enviar a su siguiente Pokémon!
Muy pocos, extremadamente pocos, comprendieron el contexto detrás del intercambio. Algunos se quedaron únicamente con la parte más elemental del mensaje: un espléndido combatiente había caído. La gente vitoreó a Lucario por su victoria, pero también a Gumshoos por el espectáculo tan impresionante que había ofrecido. En el interior de muchos había cierta resignación y melancolía, pues los momentos más alucinantes de la batalla se habían vivido de la mano de esos dos. Ver el final de su larga disputa era, en cierta parte, desolador.
—¡BIEN HECHO, CHICOS! —gritó con fuerza Lillie, aplaudiendo con ímpetu y con una gran sonrisa en el rostro—. ¡AMBOS LUCHARON INCREÍBLE!
El resto gritaba con fuerza, pero solo Rotom se mantenía en silencio. Era el único, de todos ellos, que sabía lo que había pasado. Se sintió profundamente conmovido, pues también conocía a la perfección el ardiente deseo que su gran amigo había acarreado consigo durante tanto tiempo. Mientras veía el momento, dedicó parte de su procesamiento interno a escribir una larga publicación en redes sociales. Ese vertedero a veces podía ser útil.
Ash hizo regresar a Gumshoos a su Poké Ball, liberando a Lucario del peso que suponía cargarlo. Se retiró una pequeña lágrima del ojo y sonrió ampliamente. Sintió a Pikachu subir a su hombro y volteó a verlo. El roedor tocó con afecto la cápsula.
—Gracias, Gumshoos —dijo finalmente—. Nos acercaste un paso más a la victoria.
—Pikachu —asintió el ratón, dándole un último toquecito a la Poké Ball antes de que Ash la guardara. Saltó hacia el suelo nuevamente.
Gladio vio a Lucario caminar hacia él, con el semblante abatido, y sintió gran empatía por los sentimientos de su Pokémon. Habían ganado por pura suerte… y una victoria así no se sentía merecedora de festejo. Sin embargo…
—Ninguna cantidad de suerte nos habría hecho ganar si hubiéramos sido débiles —dijo Gladio con firmeza, atrayendo la mirada del chacal—. Tú y Umbreon tuvieron la fuerza necesaria para llevarlo al límite. El último golpe fue suerte, sí, pero no habríamos llegado a él sin todo el esfuerzo previo. Arriba, Lucario, pues la batalla todavía no termina.
El tipo Acero apretó con fuerza la mandíbula y dio una fuerte cabeceada.
—¿Puedes mover el brazo? —le preguntó su entrenador.
Negó.
Los ojos de Gladio mostraron una leve resignación antes de mostrarse firmes.
—¿Quieres seguir?
Asintió. Quería; lo necesitaba.
Aether finalmente cedió.
—Compensa la incapacidad de tu brazo con cada parte de tu cuerpo. Luchemos hasta el final, Lucario.
Rugió en señal de acatamiento y encaró al entrenador rival, a la espera de que mandara a su siguiente oponente al campo de batalla.
Ash sacó una nueva Poké Ball y le murmuró algo antes de lanzarla tan alto como le fue posible.
—¡Incineroar, yo te elijo!
El tigre aterrizó, levantando una ligera capa de polvo bajo sus pies. Esta vez no rugió, sino que centró su mirada en el enemigo. La sonrisa en su rostro era, de alguna manera, parecida a la de Gumshoos.
—¡Incineroar y Lucario se ven las caras por primera vez! —exclamó Jeekyo con expectativa—. ¡En cuestión de tipos, están igualados! ¡Mientras que el tipo Fuego de Incineroar vence al tipo Acero de Lucario, es el Siniestro quien pierde ante Lucha!
Acerola se llevó las manos a la boca.
—El hermano menor llega para vengar al mayor —dijo con los ojos abiertos de par en par—. Es casi como la trama de una película.
—¿Incineroar y Gumshoos son hermanos? —preguntó Max con cierto desconcierto.
—Ah, sí, no estabas cuando Ash nos lo contó —recordó May. La situación le parecía intrigante—. Ambos son hermanos de sangre. Parece que su madre es la Gumshoos Dominante y su padre un Litten, por eso Gumshoos nació Gumshoos e Incineroar como un Litten.
—Yo tampoco conocía esa historia —dijo Serena, fascinada. Supuso que también se había perdido la llamada en la que trataron dicho tema—. Es impresionante que Ash terminara capturando a una pareja de hermanos Pokémon.
—Dos hermanos, mayor y menor, unidos bajo el ala de un entrenador —dijo Cilan con ensoñación en la mirada. Sabía que no muchos Pokémon tenían una fuerte relación con sus hermanos, así como los había los que eran inseparables. Le gustaba ver este último caso.
¿Peleó bien?, preguntó sucinto el tipo Fuego.
Lucario asintió sin pensárselo.
Me dio la mejor batalla de mi vida, asintió.
El tipo Siniestro sonrió.
En ese caso me alegro, dijo mientras daba un paso al frente. Quiere decir que también se divirtió. Comparte un poco de eso conmigo.
Con gusto, Lucario también dio un paso al frente.
Ash y Gladio cruzaron miradas. Eran conscientes de lo curioso del escenario, pues mientras que Incineroar era un Pokémon que se veía más apto para Gladio, Lucario parecía ser más afín a Ash. Lucario era un hijo del sol e Incineroar un habitante de la noche; eran opuestos: un técnico y un rudo. Aunque lo sentían así, no cambiarían la situación por nada del mundo porque sabían que, en el fondo, Ash tenía algo de rudo y Gladio un poco de técnico. El día podía oscurecerse por la presencia de nubes así como la noche podía deslumbrar por el brillo de las constelaciones.
—¡Esfera aural! —gritó Gladio.
—¡Acróbata! —ordenó Ash.
Incineroar enfrentó sin temor alguno el proyectil que arremetía en su contra. Lanzó un hábil golpe que lo partió a la mitad, cortándolo de forma tan hábil que no hubo el más mínimo indicio de explosión. Tuvo que acelerar un poco para adaptarse a la velocidad con la que llegaban las esferas aurales, pero pudo haber sido peor si Lucario estuviese atacando con ambos brazos.
—¡Puño meteoro!
—¡Lariat oscuro!
Ambos Pokémon corrieron al encuentro del otro, Incineroar deteniéndose unos centímetros antes para comenzar a girar cual peonza. Lucario tuvo que frenar abruptamente para luego retroceder, en busca de una abertura mediante la cual pudiera colar su puñetazo. Los giros de Incineroar eran tan veloces que no encontró manera… al menos no tradicionalmente. Aceleró con Velocidad extrema y pudo encontrar un pequeño punto flaco. Abalanzó el puño contra el área debajo de la axila derecha del enemigo y conectó.
El rudo retrocedió torpemente por el puñetazo, pero logró dar una vertiginosa patada con la que tiró a Lucario al suelo, quien no había sido capaz de reaccionar ante el abrupto movimiento. Se abalanzó contra la pierna de Lucario, tratando de someterlo en una llave, pero el tipo Acero logró alejarse con Velocidad extrema antes de usar Esfera aural. Incineroar acabó con todos los proyectiles y solo entonces llenó el campo de batalla con fuego.
Las lenguas flamígeras fueron mantenidas a raya por los desesperados pulsos de aura que Lucario emitía con cada vez mayor frecuencia e intensidad y, aun así, perdía terreno segundo a segundo. Logró aguantar el tiempo suficiente para que Lanzallamas perdiera potencia, lo que le permitió apartarse a toda velocidad. Mientras corría disparó Esfera aural, las cuales el enemigo comenzó a esquivar y, si no podía hacerlo, las destruía con Acróbata. Cambió de estrategia.
Esfera aural dejó de apuntar hacia Incineroar y, en su lugar, fue dirigido en contra del suelo que el tipo Fuego iba a pisar. Con cada estallido, una gruesa nube de humo y polvo se formaba alrededor del tigre, que las despejaba con su Lariat oscuro. Lucario incrementó la frecuencia de sus esferas, dejando de lado el poder destructivo para centrarse en la cantidad. Juntas, todas esas pequeñas esferas del tamaño de canicas, lograban crear el polvo suficiente para formar una espesa nube. Entonces aceleró.
Se movió con Velocidad extrema hacia el interior de la polvareda y se valió de la visión del aura para encontrar al enemigo. Se lanzó en su contra con Puño meteoro y lo conectó. El impacto fue tan fuerte que creó una gran corriente de viento, misma que despejó un poco el panorama. Ahí vio a Incineroar, quien lo veía con una sonrisa y el pecho inflado. Un aura rojiza envolvió su cuerpo, pero una todavía más intensa rodeó el del enemigo.
—¡Incineroar detiene Puño meteoro con Corpulencia! ¡Una estrategia que el participante Ash ya ha usado antes! —gritó Jeekyo con emoción.
Gladio frunció con fuerza el ceño, pero sonrió. Si la intención del enemigo era intimidarlos, habían fracasado. No huirían por nada del mundo.
—¡Combate cercano! —gritó con vehemencia.
—¡Acróbata! —exclamó Ash con confianza en la mirada.
Lucario agitó su brazo izquierdo con una velocidad impresionante, alternando sus puñetazos con patadas llenas de control y poder. Empleaba todo su conocimiento en artes marciales para combatir, cada golpe acercándolo un poco más a su objetivo. Pudo notar que Incineroar tenía ligeras complicaciones para seguirle el ritmo, pues aunque temporalmente manco, seguía siendo mucho más veloz que él. Los brazos del tigre se movían con prisa para interceptar las patadas y puñetazos, pero a veces no lograba cubrirse las pantorrillas o ciertas partes del torso, recibiendo golpes mermados en cuanto a potencia pero igualmente fuertes.
Trató de darle un pisotón pero el enemigo apartó el pie. Aprovechó el momento en el que Incineroar centró su atención en la parte baja de su cuerpo para lanzarle un rápido puñetazo recto hacia el rostro. Conectó el golpe, pero su brazo fue capturado gracias a los impresionantes reflejos del oponente. Trató de apartarse pero no se lo permitieron, así que saltó y dio una patada contra el lateral del rostro de su captor. Incineroar también interceptó su pierna. Intentó utilizar Esfera aural, pero su cuerpo fue rápidamente manipulado de forma que quedó cabeza abajo. Vio el suelo alejarse y volver a acercarse en cuestión de segundos… solo que se acercó demasiado. Su cabeza se estrelló contra la tierra y sintió como si todo su cuerpo hubiese sido arrasado por una avalancha.
—¡UNA ROMPECUELLOS! —gritó Jeekyo, retumbando su voz por los altavoces—. ¡Incineroar realiza una devastadora técnica de lucha libre! ¡¿Lucario será capaz de recuperarse?!
Lo hizo. Se puso de pie con dificultad antes de que su cuello fuera brutalmente embestido por el brazo extendido de Incineroar, haciéndolo caer al suelo abruptamente solo tras dar dos volteretas completas en el aire. Quedó tumbado en el suelo, viendo estrellas centelleando ante sus ojos. Se puso de pie al cabo de unos pocos segundos y sintió que lo sujetaban por la cintura. Incineroar lo elevó por sobre su cabeza para luego hacerlo girar a toda velocidad como promotor callejero haciendo trucos con un letrero. Alcanzó a darle un golpe en la nuca al enemigo y luego salió volando hacia el aire. En mitad de su vuelo vio un brillo y al segundo siguiente sintió un calor realmente intenso. Sintió que era arrastrado por una corriente despiadada, pero luchó por mantener los cinco sentidos.
El beige predominó a su alrededor cuando el rojo dejó de hacerlo. Sintió la rugosa textura de la arena contra la mejilla y luego contra la pata izquierda y las rodillas. Se puso de pie tras dejar salir un jadeo.
Ey, Incineroar, llamó Lucario con gesto exhausto pero extrañamente vigoroso. Todavía no escuché la campana.
El tipo Fuego no dijo nada, solo se limitó a cargar en su contra con una gran sonrisa en el rostro.
—¡Sube a su cabeza con Velocidad extrema! —ordenó Gladio.
Lucario bajó el brazo sano con gran ímpetu. Realizado su ritual, salió disparado contra el enemigo. Lo rodeó a toda velocidad, saltando por su espalda y sentándose valientemente sobre sus hombros. Incineroar trató de bajarlo, pero se aseguró de constreñirle el cuello con las piernas. Subió al aire su único puño sano y lo dejó caer contra su cabeza. Sintió el tambaleo del tipo Fuego y luego un dolor punzante en su costado: Acróbata, una garra convertida en cuchilla, incrustándose en su carne. Al principio fue solo una y pronto fueron dos. Aplicó más presión al cuello del tigre e incrementó la velocidad con la que su puño descendía. Su mentón fue duramente castigado justo cuando iba a darle otro golpe. La sacudida hizo que perdiera el norte y las piernas le flaquearan, de modo que lo siguiente que supo era que lo habían sujetado por una de ellas y luego lanzado contra el suelo con la fuerza con la que se lanza un trompo. Él, por supuesto, no giró, solo se estrelló. Giró a toda velocidad antes de que pudieran volver a sujetarlo y disparó una Esfera aural a traición en contra del rostro del oponente. Su ataque tuvo la potencia necesaria para hacer trastabillar a Incineroar y aprovechó el momento para castigarlo con su movimiento.
Se puso de pie y simultáneamente siguió disparando aquellas esferas altamente destructivas. Con cada paso que el enemigo retrocedía, él daba uno al frente. Aquel avance tan anhelado no era solo obra suya; sus compañeros y entrenador habían hecho eso posible. Mientras presionaba a Incineroar con su aura, con un brazo inutilizado y el otro trabajando a plena potencia, sentía que los espíritus y determinación de sus amigos estaban con él, alentándolo. Era como si ellos estuvieran en ese momento y lugar, impulsándolo a que siguiera adelante. Lo hizo, empujó con cada fibra de su ser… hasta que cuatro garras golpearon su estómago.
El Acróbata de Incineroar había encontrado una abertura a través del inclemente ataque del rival, espetando así al oponente. El golpe fue tan duro que hizo saltar al tipo Lucha, deteniendo su ataque por completo. Los pies de Lucario colgaban a cinco centímetros del aire y su torso reposaba sobre el antebrazo de Incineroar. Antes de que el chacal pudiera caerse, el tigre lo sujetó con delicadeza y, con el mismo trato, lo recostó en el suelo. Se alejó.
—¡LUCARIO NO PUEDE CONTINUAR! —exclamó Kukui, apuntando hacia el Pokémon derrotado—. ¡El participante Gladio debe enviar a su siguiente Pokémon!
—¡LUCARIO RECIBE UN GOLPE FULMINANTE! —gritó Jeekyo con fuerza—. ¡Incineroar derriba como un cañonazo al aguerrido tipo Acero, quien no cayó sin dar batalla! ¡Al participante Gladio le quedan únicamente dos Pokémon, mientras que el participante Ash sigue contando con tres! ¡¿El resultado está decidido?!
—Vamos, Gladio… —murmuró Mohn con nerviosismo. Tenía la garganta seca y las piernas inquietas.
—Usted puede, señorito. —Hobbes cerró los ojos, rezando por la victoria del rubio.
—¡Sigue esforzándote, Ash! —gritó Delia con una sonrisa apacible en el rostro.
—Un paso más cerca de la victoria. —Yellow asintió con seguridad.
—El fin se acerca —dijo Rotom con voz solemne—. Independientemente del resultado, estamos en los últimos compases de la batalla.
—N-no digas eso, Rotom, que me voy a poner nerviosa. —Bonnie sujetó el pretil de acero que había ante ella.
—El resultado de la batalla será determinado por las acciones que se lleven a continuación —dijo Cilan, casi envuelto en un halo de misterio—. La cadena de acontecimientos se alimentará de las decisiones individuales. Esto está como para no despegar el ojo.
—Creo que toda la batalla ha sido así —opinó Clemont—. No ha habido momento aburrido, al menos no para mí.
Todos ahí estaban de acuerdo con Blanchet. El emparejamiento era único; especial. No muchos sabrían definir por qué, pero era algo que sentía con toda convicción.
—Veamos de qué forma contraataca Gladio —dijo Kiawe, centrándose en el campo de batalla.
Aether lucía impasible. Mientras agradecía a Lucario por su desempeño, mantenía la mirada fija en sus oponentes. Guardó la cápsula en su bolsillo, tratando de hacer una elección de la que no se arrepintiera a futuro… hasta que vio el movimiento de la pata de Incineroar, así como esos profundos ojos de rendija. Lo estaba provocando, de eso no había duda. ¿Tuvo dicha provocación efecto en su decisión? No lo sabía, pues había elegido a su siguiente Pokémon de forma inconsciente.
Ese gato caprichoso…
—¡Surge, Silvally! —gritó con fuerza, invocando a la batalla a su quimera.
El tipo Lucha apareció con porte glorioso. Un nuevo enemigo se encontraba ante él, pero no era un desconocido. Seguramente, de todos los que había enfrentado, era ese quien mayor relación tenía con su bando y su entrenador.
—¡SILVALLY CONTRA INCINEROAR! ¡El tipo Lucha artificial de Silvally le otorga ventaja contra el tipo Siniestro de Incineroar, quien acaba de vencer a uno! ¡¿Podrá el poderoso tipo Fuego repetir el resultado anterior?!
Solo quedamos dos, dijo Silvally mientras veía las siluetas en la gran pantalla. Tu hermano cayó.
Cayó peleando, como siempre lo hace, respondió Incineroar. Hizo crujir su cuello. Su tenacidad no conoce límites.
Silvally no contestó. No de inmediato.
Cuando mi propio cuerpo era mi prisión, Gladio solía contarme historias sobre un obstinado Litten, dijo antes de voltearlo a ver con una sonrisa. Y hete aquí: el obstinado Litten de las anécdotas está ante mí.
Incineroar bajó la cabeza antes de soltar una risita.
Eran tiempos más simples.
Sí, lo eran.
—¡Tajo aéreo!
—¡Lanzallamas!
Tuvieron una extraña manera de rememorar los viejos tiempos, una bastante única y característica. Eran luchadores; vivían para la batalla. Lo constataron con sus movimientos.
Lanzallamas engulló poderosamente las cuchillas de viento, mismas que se abrieron paso a través de él como un cuchillo caliente en mantequilla. Incineroar se vio obligado a dar un rápido salto hacia su izquierda para esquivar el movimiento y comenzó a trazar un medio círculo alrededor del oponente. Sus zancadas eran pesadas, no muy veloces, pero parecían contener un dinamismo impresionante. Quedó demostrado cuando dio un rápido salto con voltereta para esquivar las ondas de choque que Silvally envió a través de la tierra con Multiataque. Arremetió en contra de la quimera con Lariat oscuro.
—¡Multiataque! —gritó Gladio, dando él mismo un zarpazo al aire.
Silvally imbuyó sus garras con un aura anaranjada brillante, color parecido al de la fruta. Atacó el rostro del oponente, pero éste se agachó en el último momento de forma sorpresiva. Desconcertado, Silvally no alcanzó a reaccionar ante el golpe que fue dado contra su vientre. Retrocedió torpemente, pero no dudó a la hora de volver a la carga. Disparó una rápida sucesión de tajos aéreos, los cuales se estrellaron contra los pies de Incineroar. El tigre trató de defenderse con Acróbata, pero no pudo evitar ser impactado por algunos cuantos.
Vistosos cortes podían apreciarse en las piernas del tipo Fuego, que por un momento pareció a punto de caer. Recuperó su postura tras un segundo y no dudó en volver a cargar a la batalla.
—¡Levanta la tierra con Lariat oscuro! —ordenó Ash.
Un torbellino apareció en el lugar que antes le correspondía a Incineroar. Fue tanta la energía concentrada en sus piernas que pareció perforar el propio suelo como si fuese un taladro, cuando en realidad solo estaba alzando densas capas de polvo que se esparcían por el campo de batalla como una sucia niebla.
Silvally aguzó los sentidos, tanto la vista como el oído. Lo habían creado con la intención de batirse en contra de seres de leyenda, por lo que súper sentidos era lo mínimo que se esperaba de él. Podía sentir, ver y oír como la tierra se agitaba suavemente en el aire, como un vestido colgando de un tendedero. Sintió cierta perturbación a su costado, algunos metros por delante. El polvo se arremolinaba y de él emergió una garra. Interceptó la gran pata de Incineroar con la suya. Multiataque chocó contra Acróbata, ambos neutralizándose entre sí. Él era más rápido, por lo que lanzó un segundo zarpazo que creyó conectaría, pero no fue así. Incineroar se agachó a tiempo, lanzando otro Acróbata que logró interceptar con Cabeza de hierro. La colisión entre ambos poderes creó un fuerte ruido metálico.
Al mismo tiempo ambos Pokémon dieron un salto hacia atrás, saliendo de la polvareda y disparando un poderoso Lanzallamas. El fuego barrió con todo obstáculo a la visión, chocando entre sí. Estaban ligeramente empatados. Mientras que Incineroar tenía ventaja al ser tipo Fuego, Silvally tenía un mayor ataque especial. Lo que hizo la diferencia fue el cansancio de Incineroar, superior al que tenía la quimera. Ante la pérdida de terreno, Ash reaccionó de una manera típica de él.
—¡Abraza las llamas, Incineroar! —gritó con gran confianza en el semblante.
El tipo Siniestro canceló su propio Lanzallamas, permitiendo que el del rival llegara hasta él sin ningún obstáculo de por medio. Lo recibió con los brazos abiertos, tomándolo entre ellos como si fuese algo sólido. Lentamente las llamas comenzaron a ser absorbidas por su flameante cinturón hasta que solo quedaron ascuas. La temperatura en el cuerpo de Incineroar incrementó exponencialmente y pronto su cuerpo se rodeó de un brillo granate que dotó a su pelaje de un color uniforme. A su alrededor se formaron ondas de calor.
—¡MAR LLAMAS SE ACTIVA! —gritó Jeekyo con fuerza—. ¡El Lanzallamas de Silvally es absorbido por Incineroar, activando además su habilidad especial! ¡El calor está por las nubes!
Gladio escuchó el ajetreo causado por la emoción y expectativa de todos los que veían la batalla. Sabía que eso podría suceder en el momento en el que usara Lanzallamas, pero… no le había importado. Él, de hecho, quería que eso ocurriera. Quería enfrentarlo; combatir frente a frente contra el espíritu de Incineroar.
—¡No vamos a decepcionarlos! —gritó Ash—. ¡Vamos a mostrarles todo lo que tenemos!
Aether se rio. Por supuesto que sabía sus intenciones. ¿Había algo que se le pudiera ocultar a ese hombre?
—¡Prepárate para recibirlo con Multiataque, Silvally!
Un gruñido de acatamiento fue emitido por la quimera. Concentró tanta energía como le fue posible en las garras delanteras y afirmó su postura. No se movería por nada del mundo.
—¡LANZALLAMAS!
—¡RECÍBELO!
Los brazos de Incineroar bajaron con ímpetu a la altura de su cintura. El fuego salió disparado con tanta intensidad que emitió un sonido ensordecedor similar al de una explosión. Una poderosa franja de fuego avanzó en línea recta en contra de Silvally, que se puso de pie y atrapó el movimiento con sus zarpas.
Sintió el colosal peso que tenía que cargar en el momento en el que hizo contacto con él. Aquel peso aplastante que lo obligaba a doblegarse, a temblar y a caer. Era como cargar un edificio que se derrumbaba: una tarea titánica e imposible. Pese a que sentía que se le caerían las extremidades, no cedió. No cedió en lo más mínimo. Sus patas traseras se clavaron con tanta fuerza en el suelo que se hundieron como si la tierra fueran arenas movedizas. Apretó la mandíbula y cerró los ojos con tanta fuerza que sintió que se pulverizaría los dientes y arrancaría los párpados… pero no se movió. Aguantó hasta el último momento. Cuando el fuego finalmente cesó, sintió una ligereza que le evocó el recuerdo del momento en el que se liberó de su máscara. Recuperó su postura normal con grandes gotas de sudor recorriéndole el rostro y una satisfacción evidenciada por su sonrisa.
En medio del silencio dejado atrás por Lanzallamas, el sonido del puño de Gladio cerrándose fue tan intenso que sobresaltó a más de uno.
—¡Esta es nuestra fuerza, Ash! —Los ojos le brillaban tanto como la sonrisa.
Pocas veces podía uno ver a Gladio exhibiendo tanto orgullo como el que sentía en ese momento, y eso Ash lo sabía. Un fuerte escalofrío recorrió al azabache de pies a cabeza y sintió su corazón latir desbocado.
—¡Déjame ver más, Gladio! —Ash se encorvó, casi como si estuviese desesperado por estar aunque fuese un centímetro más cerca del oponente—. ¡ACRÓBATA!
—¡MULTIATAQUE!
Ambos Pokémon cargaron en contra del otro con las garras en alto, chocando entre sí. Chispas saltaron y ambos retrocedieron. No cesaron, pues siguieron atacándose en un frenético intercambio de zarpazos. Sus patas se entrecruzaban de forma que el ganador parecía incierto hasta que ambos se apartaban. Silvally tuvo que saltar, pues Incineroar invocó un anillo de fuego que nació de su cinturón y se expandió a su alrededor. Mientras caía, la quimera invocó tres poderosas cuchillas de viento contra las que Incineroar peleó aguerridamente, logrando destruir dos pero quedando indefenso ante la última que chocó contra su pecho. Cuando Silvally aterrizó lanzó un rápido zarpazo que fue hábilmente evadido, permitiendo que Incineroar intentara colar un Acróbata que no logró conectar pues fue interceptado por Cabeza de hierro. Antes de que el tipo Fuego pudiera apartarse, una cuchilla de aire impactó contra el puente de su nariz, haciéndolo retroceder a tropezones. La mandíbula de Silvally se movió violentamente por el golpe dado a ciegas, pero no cedió ni un solo paso. Empujó, resistió el corto Lanzallamas lanzado en su contra y afiló sus garras. Tres punzantes marcas aparecieron en el pecho de Incineroar, que se convulsionó con fuerza ante su aparición.
—¡INCINEROAR! —gritó Ash con preocupación.
El tigre iba a dar un corto paso hacia atrás, pero se negó. Su torso se balanceaba torpemente y los brazos le colgaron como trozos de cuero mojado. Tenía la mirada desenfocada por el impacto. El cuerpo se le inclinó hacia el frente y entonces su mirada recuperó un fuego que renació con tanta intensidad como aquel que era liberado por su cinturón.
Silvally hizo un esfuerzo por cubrirse, pero el ataque había sido tan repentino que solo había podido hacerlo a medias. Redujo el impacto, pero aun así se había llevado un golpe bastante sólido. Dejó salir un profundo jadeo y su ceño se frunció con fuerza. Levantó una garra, dispuesto a terminar con todo, pero se dio cuenta de que no era necesario. Al final sonrió.
Tu hermano me dijo que mi fuego sería devorado por el tuyo sin problemas, recordó Silvally. No se equivocaba. Luchaste bien.
Incineroar no respondió. Se quedó ahí, de pie y en total silencio, con la mirada perdida en la nada. Silvally se alejó de él, dándole la espalda con total confianza.
Kukui se quedó viendo fijamente al tipo Fuego y, repentinamente, sus ojos se abrieron de par en par. Entró corriendo al campo de batalla para sorpresa de más de uno y se plantó ante Incineroar. La conmoción se convirtió en sorpresa y luego en satisfacción. Subió ambos brazos al aire y los agitó.
—¡INCINEROAR NO PUEDE CONTINUAR! —gritó Kukui, regresando lentamente a su posición anterior—. ¡El participante Ash debe enviar a su siguiente Pokémon!
—¡¿CAE DE PIE?! —Jeekyo se agitó en su asiento para luego ponerse de pie—. ¡I-IMPRESIONANTE! ¡INCINEROAR MANTIENE SU ESPÍRITU HASTA EL ÚLTIMO MOMENTO Y SE NIEGA A CAER! ¡UNA DETERMINACIÓN INCOMPARABLE, SIN EMBARGO EL CONTADOR VUELVE A ESTAR IGUALADO!
—Es increíble… —murmuró Mallow con las manos frente a la boca—. Creo que nunca había visto a un Pokémon quedar inconsciente de pie…
—Un espíritu incandescente como el de Incineroar… —Kiawe temblaba profusamente. Liberó toda su energía en un grito— ¡SOLO PUEDE SER OBRA DE UN TIPO FUEGO!
—Si yo fuera un Pokémon, jamás podría entrenar con alguno de esos dos. —Chris parecía agotado solo con imaginarlo—. Son demasiado intensos.
—Incineroar, Silvally… —Lillie tenía las manos frente al pecho, una sonrisa tierna en su rostro—. Son increíbles.
—Esto es un dos contra dos —dijo Hau con expectativa en la mirada.
—Es como si Gladio se negara a dejar que el jefe tome ventaja por demasiado tiempo. —Elio parecía ligeramente agitado. Esos segundos de pausa en la batalla eran un buen respiro para tanta acción, pero también se sentían interminables.
—Estamos por ver cuál de ellos baja un número en el marcador primero —aseguró Acerola con emoción en los ojos y la voz.
—Jefe, Gladio… Ánimo. —Selene cruzó los dedos.
En el campo de batalla, Ash contenía una gran sonrisa. Sabía de forma garantizada que su Incineroar era fuerte sin importar la realidad en la que se encontraran. Lo hizo regresar a su Poké Ball sin demora.
—Esto fue un gran paso, Incineroar —dijo con anhelo—. Levantaremos esa copa juntos.
—Ash.
Levantó la mirada para encontrarse con la mirada esmeralda de Gladio.
—¿Cuándo fue la última vez que alguien derrotó a cuatro de tus Pokémon? —preguntó Aether sin demora mientras hacía regresar a Silvally a su cápsula.
Aquella pregunta tomó al azabache por sorpresa solo por un segundo. Rápidamente se sonrió.
—Cuando peleé contra Hapu en mi Gran Prueba. Antes de eso fue en mi batalla contra Alain en la final de la Liga Kalos —respondió con sinceridad, sabiendo cuál era el punto de su oponente.
—Bien —dijo Gladio, girando un brazo para quitarle tensión a la articulación—. La siguiente pregunta será: «¿cuándo fue la última vez que derrotaron a cinco?».
Copiosas gotas de sudor recorrieron el rostro del azabache. Cuatro Pokémon abajo… y la promesa de que pronto serían cinco. Normalmente no sentiría mucho ante una declaración semejante, solo se limitaría a luchar con bastante más ahínco… pero si era Gladio…
—Asegúrate de estar a la altura de tus palabras. —Ash respondió al desafío de Gladio con un gesto que era capaz de decir más de mil palabras.
Al mismo tiempo ambos entrenadores dejaron salir a sus siguientes Pokémon, profiriendo un grito de guerra.
—¡Peke, yo te elijo!
—¡Surge, Crobat!
De ellos dos, solo Crobat se mantuvo en el aire tras aparecer. Los Pokémon intercambiaron una fogosa mirada y se presentaron sin rodeos, sin esperar siquiera a que el comentador los anunciara.
—¡Lanzallamas!
—¡Veneno X!
Crobat no fue tan tonto como para combatir unilateralmente contra Lanzallamas, sino que aceleró por el flanco izquierdo de Peke con la intención de emboscarla por dicha dirección. El fuego, sin embargo, era una barrera bastante complicada de sortear. Disparó una cuchilla venenosa que fue rápidamente evaporada por Lanzallamas, por lo que no vio otra opción más que acelerar. Había descansado muy bien, por lo que pudo agitar las cuatro alas para obtener un impulso impresionante que lo llevó rápidamente a la espalda de su oponente. Atacó con Acróbata y lo que parecía ser un golpe limpio se convirtió en un forcejeo cuando el enemigo alcanzó a cubrirse con Cola férrea. El choque fue intenso, pero Crobat se alzó vencedor cuando obligó a Peke a retroceder. La persiguió insistentemente, surcando los aires mientras atravesaba el fuego como un caza evadiendo misiles. Dio un acelerón que le permitió golpear el rostro de su oponente con Veneno X.
Peke rodó por el suelo ante el impacto, pero se puso de pie rápidamente. Vio a Crobat llegar en su contra y le brillaron los ojos. Una opresiva aura arcoíris envolvió el cuerpo del tipo Volador, impidiéndole moverse. Lo zarandeó con fuerza antes de estrellarlo contra el suelo. No dudó, moviéndose con Ataque rápido y saltando en su contra con Cola férrea. Crobat alcanzó a poner las alas frente a él, empujando con fuerza para apartar a su oponente. Peke cayó al suelo grácilmente y disparó un fogoso Lanzallamas que engulló al murciélago, quien emergió como un torpedo al cabo de unos segundos.
El rápido virar de Crobat le permitía evadir las llamaradas y la velocidad de sus alas acortar distancia con el enemigo. Se abalanzó contra Peke una vez más, lanzando un rápido alazo que fue evadido gracias a Ataque rápido. Fue insistente, presionando con Acróbata y combatiendo de frente la Cola férrea del oponente. Siguió avanzando, haciendo retroceder al oponente, antes de que su cuerpo fuese impelido por Paranormal. Se recuperó desesperadamente en el aire y, cuando pudo volar por su propia cuenta, su cabeza recibió un brutal cabezazo gracias a Ataque rápido. Volvió a retroceder, aleteando frenéticamente para recuperar el norte. De inmediato ganó altitud, esquivando por poco el nuevo Ataque rápido de Peke. Sentía, sin embargo, que estaba siendo perseguido por un voraz dragón. El fuego subía como la magma de un volcán en erupción, amenazando con atraparlo en cualquier segundo. Frunció el ceño con fuerza y batió con más vigor las alas, llegando a nuevos horizontes. Creyó que había dejado atrás la llamarada, pero se equivocó.
En el aire un verdadero dragón se formó a partir del Lanzallamas de Peke, quien le había dado forma utilizando Paranormal. Aquel dragón de piel ígnea persiguió incansablemente al murciélago, quien descendió en picada. Antes de tocar el suelo, tanto el dragón como Crobat desviaron su trayectoria hacia Peke y, antes de llegar a ella, el tipo Veneno volvió a cambiar de dirección de forma que la creación se tragó a su creadora.
Crobat se lanzó con las alas por delante, intentando conectar un Veneno X a través de la llamarada, pero no le fue posible. Seis de las nueve colas de Peke emergieron de entre el fuego y detuvieron con esfuerzo sus alas, mientras que las tres restantes se impactaron contra su cuerpo. Crobat retrocedió violentamente, pero su avance fue detenido por cinco colas que envolvieron sus cuatro alas y su torso. De entre el infierno vio relucir los ojos carmesí de Peke, quien salió con expresión desafiante e inhaló todo el fuego que antes la había rodeado como quien da una profunda bocanada de aire.
¡Bienvenido a mi mundo, Representante de Gladio!, dijo la tipo Fuego con una gran sonrisa antes de disparar un Lanzallamas todavía más potente.
Crobat sintió su cuerpo arder, lo que le trajo recuerdos de su batalla contra Kiawe. No quería un resultado parecido al de esa batalla; quería luchar y darlo todo hasta que se quedara sin aliento. Recubrió sus alas en un aura celestial, pues sabía que el veneno no haría nada contra la cobertura metálica de las colas de Peke, y las agitó con fuerza como si intentara cortar los apéndices del enemigo. Entonces creó gruesas mandíbulas de energía lima con las que mordió directamente el hocico de la Ninetales. El fuego cesó y las colas lo liberaron. Antes de poder alejarse volando, un fuerte Ataque rápido impactó contra su frente pero no salió volando. Paranormal lo retuvo prisionero para luego azotarlo dos veces contra el suelo. Arremetió contra la enemiga apenas se sintió liberado, conectando un poderoso Acróbata directo contra su rostro. El impulso fue tan fuerte que la hizo caer de espaldas, pero no terminó ahí. Lanzó una equis venenosa con sus alas y la siguió de cerca. El Veneno X que disparó a la distancia chocó contra el abdomen de la Ninetales, pero el que quiso dar con las alas no. Todo era obra de Cola férrea.
Peke se puso de pie a toda velocidad gracias a Ataque rápido, moviéndose hacia el costado izquierdo del oponente. Se abalanzó en su contra y, cuando creyó que lo golpearía, su rostro fue castigado por un Acróbata increíblemente duro. El único motivo por el cual no salió impelida fue porque mordió con fuerza el cuerpo de su oponente. Aprovechó la distracción del rival para saltar y conectar un potentísimo Cola férrea en contra de su cabeza, pero no logró derribarlo. Crobat se mantuvo firme, empujando con ímpetu y con claras ganas de no rendirse. Al final ella misma se dejó caer al suelo, permitiendo que el enemigo pasara de largo. Aun estando de espaldas le disparó un fuerte Lanzallamas que logró rozarlo y solo entonces se puso de pie.
Un solo movimiento de alas bastó para que Crobat cambiara la trayectoria de su vuelo. Apuntó a la espalda de Peke, que no pudo perseguirlo con su Lanzallamas pero sí detenerlo con Paranormal. Sintió que su cuerpo era oprimido por la energía psíquica antes de ser mandado a volar de forma que rodó violentamente por el suelo. Clavó sus endurecidas alas en la tierra para frenar su avance y rápidamente recuperó la compostura. Lo logró justo a tiempo, pues consiguió evadir el Ataque rápido de la oponente. Su par de alas inferiores le permitieron hacerse a un lado, posicionándose en la espalda de la tipo Fuego, lo cual era su objetivo desde un inicio. Envolvió con sus alas superiores el torso de la Ninetales mientras que, con las inferiores, comenzó a dar contundentes alazos en contra de sus costillas. Se había convertido en una mochila… o más bien en una sanguijuela, porque le mordió con fuerza el lomo utilizando Chupavidas.
Peke emitió un pequeño chillido por obra del dolor y su primera idea fue hacerlo estallar todo. Abrió el hocico e invocó una poderosa llamarada a la que comenzó a dar forma utilizando Paranormal mientras que, con sus colas, azotaba la espalda del enemigo. Los constantes golpes fueron tan potentes que la hicieron perder la concentración, por lo que el fuego se disipó en el aire. Si no podía ponerse creativa, entonces lo haría de la vieja manera. Disparó Lanzallamas contra el suelo con tanta potencia que pronto se envolvió a sí misma con las llamas.
¡Este es un juego de dos!, gritó con ferocidad la tipo Fuego. ¡Envenéname, que yo me aseguraré de quemarte, parásito!
¡Reto aceptado!, exclamó Crobat, dándose a entender lo mejor que pudo.
Ambos Pokémon sentían como sus cuerpos eran brutalmente castigados por los ataques del otro. La espalda de Crobat se agitaba por los latigazos dados con Cola férrea, mientras que Peke sentía que sus costillas sucumbirían en cualquier momento a causa de los golpes destructivos propiciados contra ellas. Para Crobat comenzó a hacer difícil respirar, pues sus pulmones ardían como si estuviesen hechos de papel maché, mientras que Peke sintió que cada gota de sangre en su cuerpo era succionada y su energía drenada por una pajilla.
Los dos estaban cansados. En su combate contra Umbreon, Peke había recibido un daño inmenso al tratar de quemarlo. Se había recuperado considerablemente al descansar durante tanto tiempo, pero el cansancio de una batalla Pokémon no desaparecía así como así. Crobat coincidía con ese pensamiento. Decidueye había sido un oponente de lo más formidable, fuerte hasta decir basta, por lo que sus energías se habían recuperado pero solo de forma superficial. Ninguno de los dos estaba en condiciones de resistir un duelo semejante, por lo que la única esperanza para ambos era que uno de los dos cediera ante un estado alterado. Al final fue Peke quien lo hizo.
Crobat notó al instante el cambio en la energía de la tipo Fuego, por lo que ni siquiera necesitó ver las burbujas moradas que emergían de su cuerpo. Liberó el torso de Peke de su agarre y se apresuró a despegar para alejarse del fuego y los latigazos… aunque claro que no fue tan fácil. Las colas de Peke formaron una jaula en la que ellas hacían de barrotes, encerando en su interior al tipo Volador.
¡¿ADÓNDE VAS?!, gritó Peke antes de dar un gran salto. Dio una voltereta en el aire y, mientras caía, liberó a Crobat solo para dejar caer sobre él todo el peso de Cola férrea. El impacto fue tal que un pequeño cráter emergió debajo del tipo Veneno y una fina capa de polvo se elevó en el aire. Peke trató de utilizar Lanzallamas, pero el envenenamiento se lo impidió.
La respiración de Crobat estaba entrecortada por el aparatoso golpe en su estómago, pero aun así encontró fuerzas para gritar y moverse. Apartó su cuerpo del suelo y se abalanzó contra el cuello de su oponente, conectando un Acróbata que hizo a Peke abrir los ojos de par en par. La tipo Fuego rodó hacia atrás, frenándose gracias a que sus colas se clavaron en el suelo.
Peke trató de decir algo, pero no pudo por el daño en su garganta. Dejó que sus acciones hablaran por ella al lanzarse directamente contra su enemigo utilizando Ataque rápido. Crobat intentó darle un golpe de tajo con Veneno X, pero ella lo evadió al agacharse para luego saltar contra su abdomen. Lo hizo retroceder bruscamente para luego paralizarlo con Paranormal. No tuvo piedad, pues lo azotó repetidamente contra el suelo antes de mandarlo a volar.
—¡LANZALLAMAS!
—¡ACRÓBATA!
Ambos Pokémon abrieron el hocico y emitieron rasposos gritos llenos de brío. Recubierto por un aura celestial, Crobat atravesó el fuego sin importarle lo caliente que estuviera. Avanzó temerariamente hasta llegar al final, donde fue recibido por el poderoso cabezazo de Peke. Ambos Pokémon chocaron sus frentes, cada uno empujando con tanto vigor como sus cuerpos pudieron reunir. Peke se apoyó de Paranormal para empujar a Crobat. Aunque la energía provista por Acróbata dificultaba el control sobre el murciélago no impedía que pudiera poner una gran presión en su cuerpo.
Aunque no ayudaba en nada a su posicionamiento, Peke comenzó a aporrear el suelo con su pata delantera derecha, casi como si fuera un Tauros hurgando en la tierra con una pezuña.
¡Solo… ríndete!, le dijo Crobat con expresión dificultosa.
¡NUN… CA!, exclamó Peke con ímpetu y coraje.
No se rendiría; jamás lo haría. Incluso si le costaba la vida, se aseguraría de dar aunque fuese un golpe más. Ella luchaba por pasión, por amor y por deseo. Sin importar el desafío o el dolor, ella nunca cedería. El anhelo de su entrenador era su propio anhelo. Ella peleaba cargando con la voluntad de todos sus compañeros; de aquellos que la habían entrenado y dado todo de sí para llevarla a la cima. Peleaba por sus maestros, por quienes la querían como una hermana menor y quienes celebraron cada uno de sus logros. No retrocedía, pues quería que aquellos que la protegieron la vieran avanzar únicamente hacia adelante.
Ella era Peke, una Ninetales nacida en tierras lejanas, hermana menor de un Pikachu, de un Decidueye, de un Lycanroc, de un Gumshoos, de un Incineroar, de un Golisopod y hermana mayor de una Ninetales de Alola y de un Naganadel. Su nombre le había sido dado por su magnánimo entrenador, siendo la única que ostentaba tal honor. Se llamaba Peke, nacida especial únicamente en apariencia. Aquello que la hacía destacar no era su pelaje, sino algo que compartía con todos sus hermanos: su coraje.
Y por ello empujó, aunque el enemigo no cedió.
Porque Crobat también tenía algo por lo que pelear.
Su entrenador había confiado a él una tarea vital: allanar el camino. Debía deshacerse de aquella que podría mermar el poder de Silvally; tenía que derrotar y debilitar. Era su deber como miembro del equipo de Gladio. Antes nadie habría confiado en él de esa manera, pero el humano que lo había acogido bajo su seno era diferente: creía en él con el alma. Gladio no albergaba duda alguna en su ser de que podría llevar a cabo la tarea encargada.
No importaba cuanto lo empujara su oponente, él jamás retrocedería. Había nacido como uno más de entre miles de millones, pero se había destacado por una única cosa: su determinación. Sin ella, jamás habría podido seguirle el paso a sus amigos y hermanos de armas. Era por ellos, por el objetivo y el sueño que todos compartían, que quería pelear hasta el mismísimo final. Daría la vida de ser necesario solo para asegurarle un paso más a su equipo en el camino a la victoria. Cargado con un brío y testarudez sin límites, empujó.
Gritaron con fuerza y avanzaron con una todavía mayor. Parecían estáticos en el espacio, pero la presión que ejercían era tal que el aire se deformaba a su alrededor, emitiendo pulsaciones parecidas a latidos. Dichos latidos fueron volviéndose cada vez más rápidos y ruidosos, en un fiel reflejo del desenfrenado baile de sus propios corazones. Parecía que podrían quedarse de esa forma por siempre, pero por supuesto que no fue el caso; tarde o temprano uno de ellos iba a perder la concentración… y quien lo hizo fue aquella cuya sangre estaba infectada por la corrosiva ponzoña del enemigo.
Peke se estremeció por obra del veneno, quedándose quieta por un solo momento que fue fulminante. Los latidos se detuvieron, casi de forma premonitoria pues, un segundo después, la variocolor rodaba por el suelo incontrolablemente. Ninetales perdió impulso poco a poco, justo antes de llegar a la barrera de energía, y ahí se quedó: tendida en el suelo.
Crobat vio el resultado, recobrando un poco la altitud, y sonrió ampliamente antes de que sus ojos se cerraran. Se desplomó.
—¡NI NINETALES NI CROBAT PUEDEN CONTINUAR! —gritó Kukui con fuerza, viendo a ambos Pokémon—. ¡Ambos participantes deben enviar a su último Pokémon!
—¡NINETALES Y CROBAT CAEEEEEEEEN! —gritó Jeekyo con una emoción que, increíblemente, todavía podía superar a la que había exhibido en anteriores ocasiones—. ¡ESTO DEJA EL CONTEO DE POKÉMON EN SOLO DOS! ¡LOS PARTICIPANTES ASH Y GLADIO SOLO CUENTAN CON UN COMPAÑERO! ¡ESTO ES EL DUELO DECISIVO! ¡El GANADOR DE ESTA CONTIENDA SERÁ CORONADO COMO CAMPEÓN DE ALOLA!
El escándalo… ¿cómo describirlo en palabras? Un rugido comparado al de Solgaleo podría ser una buena metáfora, sin duda. Aquel estruendoso sonido ensordeció a todos, quienes ni aun así dejaron de gritar. Los pulmones sacaron todo el oxígeno acumulado para proferir aquellos impresionantes alaridos. Los instrumentos, a su vez, retumbaron con tanta fuerza que casi perdieron sus particulares sonidos para transformarse en un coro para aquel grito masivo. Carteles se ondeaban como banderas de bandos rivales que iban a la guerra, habiendo detrás de cada uno corazones apasionados que deseaban con todas sus fuerzas la victoria de su favorito.
Era el final.
El final de todo.
—¡Miren eso, miren eso!
Desde la cima del estadio, oculta por la cada vez más oscura luz del firmamento, Tapu Lele aplaudía divertida.
—¡¿No es emocionante?! ¿¡No están orgullosos, Cacareo, Aleta?!
Los guardianes de Melemele y Poni lucían ciertamente interesados en la batalla que estaba llevándose a cabo a decenas de metros debajo de ellos.
—La resiliencia y determinación de los humanos y Pokémon a veces me resulta desconocida por su magnitud —admitió Tapu Bulu—. Sin embargo, estos dos… Son un caso excepcional.
—La reencarnación de Ululani es tal y como siempre me imaginé que sería —dijo por fin Tapu Koko—. Ese hombre tenía una devoción al combate que pocas veces he visto en humanos o Pokémon, siendo la gran mayoría aquellos que vinieron después de él… La reencarnación de Kaimana, por otro lado…
—Gladio demostró ser su propia persona durante la guerra, Ash también. —Tapu Fini habló abruptamente—. Es extraño que hables de ellos como si fuesen desconocidos, Cacareo.
Tapu Lele dejó salir una pequeña carcajada.
—¡Aleta te puso en tu lugar, Cacareo!
—Sorprendentemente, Aleta tiene razón en un tema concerniente al corazón —asintió Bulu.
—Lo siento. A veces es difícil no ver en ellos a aquellos que lucharon a nuestro lado hace tanto tiempo —admitió el Dios de la Guerra, volviendo a centrar su mirada en los dos combatientes—. Sin embargo, tienes razón, Aleta. Estos dos son su propia persona. Sé que conforme los siglos pasen, los nombres de Ash Ketchum y Gladio Aether se quedaran grabados en mi corazón al igual que los de Ululani y Kaimana Hekili.
Tapu Fini no dijo nada más, pero Bulu sí.
—Me es raro verlos tan emocionales —dijo con un aire de extrañeza—. ¿Tan intensas son las emociones de sus protegidos que llegan hasta ustedes?
De alguna forma, ambos Sagrados sentían que la pregunta de su hermano menor estaba muy cerca de la respuesta correcta.
—¡Oigan, oigan! ¡¿Por qué no les damos una manita?! —Tapu Lele se vio repentinamente emocionada, todavía más si acaso—. ¡Ash Ketchum ya tiene ese cristal que le regalaste, Cacareo! ¡¿Por qué no dejamos que Gladio Aether se enfrente a él?! ¡¿No sería interesantísimo?!
—No interrumpas el cauce de la batalla, Mariposa —sentenció Koko con ojos severos—. Un guerrero no se alegra por ayudas externas.
—¡No sería una ayuda si se la damos a ambos bandos, Cacareo! —rio la guardiana de Akala—. Sería, como ya dije, ¡una manita!
—Suena interesante. —Bulu parecía reflexivo.
—No le sigas el juego, Toro —pidió Tapu Fini—. No sabemos qué puede hacer en aras de la diversión.
—¡Solo piénsenlo, mis hermanos! —Tapu Lele extendió ambos brazos hacia el frente—. ¡Piensen en un apoteósico final donde los corazones de ambos bandos se unen en un último momento compartido! ¡¿No sería un lindo homenaje a Ululani y Kaimana?! ¡Sus reencarnaciones podrían unir sus almas una vez más!
Los tres Tapus intercambiaron miradas y, en silencio, volvieron la vista al campo de batalla.
El corazón de Elio saltaba desbocado en su pecho. Tuvo que quitarse la gorra porque sentía que su cabeza estallaría si no tenía suficiente espacio. Por un momento sintió una leve sensación de temor por lo fuerte que le palpitaba la sien, casi como si sintiera que fuera a morirse. Frunció el ceño con fuerza, entusiasmado hasta límites insospechados porque finalmente, tras tanta espera, había llegado el momento.
—¡VAMOS, JEFE!
A Selene se le había secado la boca. Seguramente todo el líquido de su cuerpo era expulsado por las copiosas cantidades de sudor que bajaban por su rostro. Se sintió obligada a retirarse el abrigo para reducir, aunque fuese un poco, el inmenso calor que sentía. Era tan intensa su expectativa que pensó que se le saldrían los ojos de las cuencas y que el pecho le explotaría por la intensidad de sus inhalaciones. El momento… finalmente el momento había llegado. Sintió sus ojos llenarse de lágrimas y las comisuras de sus labios elevarse hacia arriba.
—¡JEFE, GLADIO! ¡AHORA SE DECIDE TODO!
Hau había comenzado a temblar incesantemente. Lo que estaba sucediendo ante él había sido un deleite para el alma desde el segundo uno, pero haber llegado a la mismísima conclusión era… era algo completamente distinto. La presión, la expectativa, el ardor… todo era superior a anteriores enfrentamientos. Esos dos habían sido su ejemplo a seguir desde el minuto uno; el camino que recorría como entrenador había sido previamente trazado por ellos dos. Aún estaban un paso por delante de él, pero al verlos supo que esa distancia no era insondable. Sonrió de oreja a oreja.
—Mis rivales…
¿Había mayor orgullo para alguien que ver a sus seres queridos lograr aquello por lo que tanto tiempo habían luchado? Lillie no lo sabía. Seguro que había personas que encontraban mayor orgullo en sus propios logros, y lo respetaba, pero ella… ella era particularmente feliz viendo a otros siendo felices. Por eso mismo no cabía en sí del regocijo, porque sabía que una de las dos personas que más amaba conseguiría dar en ese momento un paso al frente para lograr un sueño mucho más grande. Deseaba que ambos ganaran, del mismo modo que deseaba que ninguno perdiera. Sabiendo que su petición era imposible, Lillie no tuvo más remedio que ver con lujo de detalle el momento en el que uno se alzara ante el otro. Estaría ahí, incondicionalmente, para el ganador y para el perdedor.
—Hermano, Ash… Ánimo, chicos. Ya casi.
Los Capitanes y amigos de Ash también se habían unido al escándalo, todos ellos, sin excepción, profiriendo gritos de ánimo para ambos participantes. Sí, Mina incluida.
Ash y Gladio se veían fijamente. Eran conscientes de la arrolladora atmósfera de la que eran protagonistas, sabían que era el final y que caminos nuevos se abrirían y cerrarían a partir de ese momento. Ambos bajaron la cabeza, cada uno con una sonrisita en el rostro.
Uno de ellos era el Veterano más Jóven; el Héroe; el Rayo de Paleta. Nacido en un pueblito en mitad de la nada, hijo de una madre soltera y hermano menor de un fuerte hermano mayor. La fortuna material escaseaba en su hogar, pero era compensado enormemente por el gran amor que recibía por parte de su familia. Molestado, infravalorado y constantemente acosado, en su infancia otros lo habían querido hacer creer que era menos. Pero no lo era. Él era Ash Ketchum y había ganado con creces su lugar en la cima.
El otro recibía varios nombres, entre los que se encontraban: la Pesadilla de los Dioses; el Unificador; el Campeón Plateado. Había nacido en una isla artificial en mitad de los paradisiacos mares de Alola, hijo de un matrimonio feliz y hermano mayor de una nerviosa hermana menor. Aunque nade realmente le faltaba, incluso se podría decir sin ningún temor a equivocarse que tenía la vida solucionada, en su hogar no había amor; no había calidez. Le habían dicho que la única forma en la que podría ser alguien era siguiendo unos absurdos estándares impuestos por la perversión de los deseos, producto de un invasor que había arruinado todo para todos. Pero había demostrado que para él no había solo un camino. Su nombre era Gladio Aether y con esfuerzo se había hecho un sitio para sí en la cumbre más alta.
Eran el sol y la luna, y no había mejor forma de terminar lo que hacía años había iniciado.
Levantaron la mirada y, con grandes sonrisas en el rostro, gritaron.
—¡Pikachu, yo te elijo!
—¡Surge, Silvally!
Ambos Pokémon entraron al campo de batalla sabiéndose los últimos de su bando; el bastión final en la defensa de la victoria. Si alguno caía, entonces la guerra estaría perdida. Ese resultado, sin importar cuánto les costara, nunca ocurriría… pero no podían decir lo mismo con respecto al contrario.
Terminemos esto, Gladio.
Sí. Juntos, Ash.
Finalmente dieron inicio al último acto de una larga contienda.
—¡RAYO!
—¡LANZALLAMAS!
Con tanto brío como gritaron, atacaron sus Pokémon. El rayo chocó contra el fuego, ambos movimientos inflándose como un globo entre sí. Descarga y llamarada temblaron por el contacto en un peligroso vals que fue creciendo y creciendo hasta que finalmente estalló, produciendo una intensa corriente de viento que casi los hizo cerrar los ojos.
—¡Ataque rápido! ¡A TODA VELOCIDAD!
—¡QUE NO SE ESCAPE DE TU VISTA! ¡MULTIATAQUE!
Silvally forzó sus patas para ofrecer una velocidad sin precedentes, misma que le permitió defenderse del movimiento de Pikachu. Logró que el roedor frenara abruptamente y, cuando lo vio de pie ante él, le dejó caer una zarpa al mismo tiempo que disparaba tres cuchillas de viento.
Pikachu retrocedió de un salto y repelió los filos de aire con Cola férrea, disparando luego un poderoso Rayo que Silvally esquivó al mover la cabeza hacia un lado. Tuvo cambiar la descarga por una gruesa telaraña que fue la que recibió el Multiataque de Silvally. Electrotela fue troceada en finos hilos, logrando su objetivo de retrasar por un segundo el zarpazo, dándole tiempo suficiente a Pikachu para saltar por encima de la cabeza de la quimera.
—¡CHU PIKA! —gritó el roedor, girando para luego arremeter contra la frente del enemigo.
—¡SHAVA! —Silvally interceptó el ataque con tenacidad y un recubrimiento metálico.
El choque de metal contra metal fue tan intenso que chispas saltaron en todas direcciones. Dichas chispas ardieron intensamente al tocar el campo de batalla, dejando puntos ennegrecidos ahí donde habían caído. La punta de la cola de Pikachu, así como la frente de Silvally, también lucieron chamuscadas por el impacto.
Mientras Pikachu caía, Silvally lanzó un puño de tierra hacia el aire, creando así una cortina de polvo que obstaculizó la visión del enemigo. Atacó a discreción con un golpe ascendente, pero el roedor supo detectar su movimiento. Utilizando Ataque rápido, Pikachu utilizó Multiataque para impulsarse hacia el cielo.
—¡ELECTROTELA SOBRE TU CABEZA!
Avanzando como una bala, Pikachu encontró el momento adecuado para lanzar una gigantesca telaraña que hizo aparecer el campo de energía. La red no se pegó a la cima de la cúpula, sino que por su tamaño se quedó a tres cuartas partes de la parte más alta. El pequeño ratón entonces chocó contra la red y, por el impulso que llevaba, comenzó a tensarla con gran fuerza hasta que casi tocó la punta del domo.
Los ojos de Gladio se abrieron de par en par al reconocer aquel movimiento y, sin dudarlo, gritó:
—¡MULTIATAQUE!
La telaraña actuó como resortera, disparando a Pikachu a toda velocidad en contra de su oponente. Tan vertiginosa fue la forma en la que Pikachu se movió que Silvally apenas y pudo terminar de subir las patas para recibir el ataque. El estruendo emitido por el choque de Cola férrea y Multiataque fue tal que a ambos Pokémon les dolieron los oídos hasta el punto en el que se creyeron sordos por un momento. Finalmente la gran energía cinética tras el movimiento de Pikachu hizo que las patas traseras de Silvally se arrastraran violentamente por el suelo, dejando hondos surcos a su paso.
—¡RAYO!
—¡TAJO AÉREO!
—¡PIKA… CHUUUUUUUU!
—¡SHA VAVAVA!
El destello que rodeó a Pikachu se extendió como un largo brazo que intentó desesperadamente atrapar a su presa. Silvally, por supuesto, no se quedó quieto. A sabiendas de que Tajo aéreo no podría vencer a Rayo en un combate individual, la quimera buscó un flanco abierto para el enemigo, aunque no parecía encontrar uno. Agitando su cuello con violencia, el tipo Lucha disparaba grandes y veloces cuchillas de viento que hacían vibrar la tierra y el aire que entraban en contacto con ellas. Rayo era suficiente para hacerles frente, haciéndolas estallar en violentas corrientes de viento.
Finalmente, tras tanto buscar, Silvally encontró una oportunidad que explotó apenas tuvo un tiro claro. Una cuchilla de viento horizontal fue lanzada hacia la frente del tipo eléctrico, pasando ligeramente por arriba de la descarga. Pikachu centró su atención en dicho ataque, pero sintió como los vellos de su nuca se erizaban. Dio un rápido salto, cancelando Rayo, que le permitió pasar por encima de la cuchilla de aire que iba contra sus piernas pero sin llegar a tocar aquella que pasaba sobre su cabeza. Comprendió entonces que el ataque de Silvally se había dividido en dos a mitad de camino, pasando una parte por encima —ocupándose de llamar su atención— mientras que la otra iba por debajo de la descarga por donde no podía verla. Había sido tremendamente ingenioso, pero estaba acostumbrando a lidiar con lo inesperado.
Sorprendente, dijo Pikachu, tomándose un momento para elogiar a su oponente. Eres realmente increíble, Silvally.
La quimera se detuvo por un segundo antes de responder.
Es un elogio gigantesco viniendo de tu parte.
Pocas veces, muy pocas, Silvally había sentido algo parecido en su pecho. Aquella sensación que lo hacía sonreír como un tonto y que lo obligaba a esforzarse todavía más si es que era posible. No era tan obtuso como para no reconocer el sentimiento: era orgullo. Estaba orgulloso de que alguien como Pikachu reconociera su fuerza.
Dejó que ese sentimiento impulsara su espíritu.
—¡ATAQUE RÁPIDO!
—¡LANZALLAMAS!
Pikachu navegó por la letal corriente utilizando aquel manto blanquecino cortesía de Ataque rápido. Daba arriesgados saltos que le permitían pasar por encima de la llamarada, la cual se extendía como una nube sobre el firmamento. Sentía el calor abrasar cada parte de su cuerpo, pero se mantenía a la suficiente distancia para que dicho calor no se convirtiera en su perdición. Logró acortar la distancia entre él y su oponente antes de saltar a toda velocidad en contra de su cuello. Silvally parecía esperar algo parecido, pues bajó la cabeza de modo que recibió el ataque con Cabeza de hierro. Fue Pikachu quien tuvo que retroceder.
—¡MULTIATAQUE!
—¡COLA DE HIERRO!
Se enfrascaron en una turbulenta batalla a máximas velocidades. Silvally alternaba entre sus dos zarpas para atacar a Pikachu, cada ataque más rápido que el anterior, mientras que éste último complementaba su movimiento con rápidos saltos y piruetas que le permitían dotar de mayor fuerza su defensa.
En una situación normal, ver al pequeño Pikachu enfrentar al gigantesco Silvally llenaría a más de uno de preocupación hacia el tipo Eléctrico… pero ese no era un Pikachu normal. Era el Pikachu de Ash Ketchum, conocido por un círculo muy reducido como el Matalegendarios.
Pikachu evadió el zarpazo de Silvally de un salto y giró como la broca de un taladro antes de dispararse en contra del mentón de Silvally. Logró golpearlo con Cola férrea, haciéndolo subir la cabeza violentamente. Antes de que pudiera tocar el suelo, la otra garra del tipo Lucha se abalanzó en su contra. Trató de utilizar Rayo y lo logró solo a medias, recibiendo aun así gran parte del impacto. Mientras la quimera se tambaleaba por el golpe, él clavaba la cola en el suelo para frenar de manera obligatoria.
—¡TAJO AÉREO!
—¡COLA FÉRREA AL SUELO!
Pikachu dio un rápido salto y giró antes de golpear el campo de batalla con la cola. El impacto levantó una gran cantidad de polvo que el pequeño aprovechó para echarse a correr en contra del enemigo. Las cuchillas perforaban el polvo por encima de su cabeza y, gracias a su excepcional oído y sentido del peligro, podía esquivar con suficiente margen de tiempo aquellas que iban contra el suelo. Atravesó la polvareda tras unos cortos segundos, encontrándose de frente con los brillantes ojos de Silvally. Tuvo que hacerse a un lado para que la embestida del oponente no lo tocara. Se giró tan rápido como el tipo Lucha y disparó una Electrotela que se infló como bolsa de palomitas en el microondas ante el contacto de Lanzallamas y el impulso de Rayo. Estática y ascuas saltaron en todas direcciones por obra de la explosión que involucraba a ambos movimientos.
Ash tuvo que llevarse las manos a la cabeza para evitar que su gorra saliera volando, mientras que Gladio entrecerró los ojos para que el polvo no entrara a sus ojos. Recuperaron su postura normal cuando el viento dejó de arrastrar la tierra.
El estadio se quedó repentinamente en silencio, ambas parejas de entrenadores y Pokémon mirándose fijamente. Fue tras cortos segundos que un ruidito rompió la calma: el previo a una carcajada.
Aire salió de la boca de Ash, desinflando sus mejillas. Finalmente el azabache rompió en una fuerte carcajada que le fue contagiada a su oponente. Gladio se permitió a sí mismo reír con fuerza, con tanta que el estómago pronto comenzó a dolerle. Ambos entrenadores se encorvaron por el ataque de risa, sorprendiendo a la inmensa mayoría en el estadio. Ash pronto comenzó a golpearse las rodillas, mientras que Gladio las usó para sujetarse.
—¡¿Oh?! ¡Los participantes Ash y Gladio rompen en carcajadas! ¿Qué habrá sucedido? —Jeekyo se escuchaba genuinamente intrigado.
—¿Qué sucede? —Pese a su pregunta, Kiawe sonreía entretenido por el escenario.
—Ni idea —rio Mallow.
—¡Oficialmente perdieron la cabeza! —exclamó Iris, llevándose las manos al estómago y riendo también.
—Este es el espíritu de una batalla Pokémon —dijo Max con los ojos como estrellas.
—Parece que se están divirtiendo. —Delia, con una sonrisa conmovida, se aseguraba de grabar ese momento en su memoria.
Yellow se rio al igual que su hija, quien parecía particularmente feliz por el estallido de risa de su tío.
—Gladio… —Mohn se retiró una pequeña lágrima del ojo—. Mi muchacho…
Hobbes, con un pañuelo, desempañaba sus gafas.
—Me alegro tanto por ambos… —murmuró Lillie con mirada enternecida. Su destello recorrió su mirada y luego bajó por sus mejillas.
Kukui volteó a ver a ambos entrenadores, aturdido por lo repentino de la situación. Pronto él también sonrió. Sí… Era por un momento como este por el que había creado la Liga Pokémon.
Las carcajadas lentamente fueron reduciendo su intensidad hasta convertirse en débiles exhalaciones de aire. Ambos participantes se secaron pequeñas lágrimas de los ojos. Gladio se desperezó para reducir la rigidez en su espalda producida por el encorvamiento y Ash se masajeó los músculos de la cara para reducir el dolor en ellos. Finalmente solo quedaron grandes sonrisas.
—Esto es lo mejor —aseguró Ketchum.
—Sí —asintió Gladio, cerrando los ojos por un momento.
—¡¿Y por qué parar aquí?! —Ash agitó los brazos de manera enérgica y luego tomó la visera de su gorra, poniéndosela hacia atrás—. ¡Sigamos, Gladio!
—¡Eso es justo lo que quería oír, Ash! —El rostro del rubio volvió a iluminarse. Su brazo izquierdo tembló con fuerza, por lo que sujetó dicha muñeca con la mano derecha.
Finalmente, ambos extendieron un brazo hacia el frente antes de dar su nueva orden.
—¡CABEZA DE HIERRO!
—¡ATAQUE RÁPIDO!
Pikachu y Silvally dejaron de lado sus sonrisas para ponerse manos a la obra. Cargaron en contra del otro, pero obviamente fue el tipo Eléctrico el que ganó la carrera de velocidad. No se abalanzó contra la cabeza de Silvally, sino que buscó otro lugar desde el cual atacar. Se barrió por el suelo, pasando por entre las patas delanteras del tipo Lucha, y luego se impulsó como un resorte en contra de su vientre. Fue un golpe directo, pero que no sacudió con tanta fuerza a la quimera. Tocó el suelo e intentó disparar un Rayo, pero fue violentamente sacudido por las ondas producidas por Multiataque contra el suelo. La gran sombra proyectada por Silvally desapareció y lo siguiente que Pikachu supo fue que estaba volando por el aire gracias al golpe que había recibido en su mentón. El impacto había sido tremendo, pero se recuperó del mismo al girar y caer con la cola por delante de modo que ésta parecía un árbol de navidad mientras que el resto de su cuerpo era la estrella que lo coronaba.
—¡LANZALLAMAS!
—¡IMPÚLSATE AL AIRE CON RAYO!
La cola de Pikachu se desencajó de la tierra y, con apuro, disparó una descarga bajo sus pies que tuvo la potencia necesaria para mandarlo a volar bien arriba. Había evadido el ataque en tierra, pero ahora solo quedaba saber si podría evadir aquellos que le fueran lanzados en el aire.
—¡USA LANZALLAMAS Y LUEGO TAJO AÉREO!
Una nube ígnea apareció ante Silvally, que rápidamente la aprovechó para aumentar la temperatura de sus cuchillas de viento, las cuales volaron contra Pikachu.
—¡ELECTROTELA!
La telaraña no fue suficiente para contener las cuchillas, las cuales la cortaron como si fuese simple hilo para luego seguir de largo. Pikachu aprovechó que habían perdido un poco de impulso para golpearlas con Cola férrea, destruyéndolas sin problemas. El mayor inconveniente era ese aire asfixiante que era emitido cada vez que una de ellas estallaba. Aceleró su caída con Ataque rápido y no dejó de utilizarlo ni siquiera cuando aterrizó, pues arremetió contra las piernas del enemigo.
Silvally trató de apresar a Pikachu con un pisotón, pero no fue lo suficientemente rápido. Cola férrea golpeó con brutalidad su pata delantera izquierda, haciéndola doblarse y casi caer al suelo. El roedor luego se abalanzó contra su mentón, volviendo a golpearlo con Ataque rápido. Silvally frunció el ceño con fuerza y, de su cresta disparó decenas de tajos aéreos en todas las direcciones posibles. A esa distancia fue imposible que Pikachu pudiera esquivarlas, por lo que fue acribillado por el movimiento pero no intimidado por el mismo.
—¡PIKA… CHUUUUUUUUU!
Mientras era sometido al torrente de navajas, el roedor se cubrió a sí mismo en electricidad que extendió en contra de Silvally. La quimera se retorció por culpa de la electricidad y, sin dudarlo, clavó las patas traseras y la delantera izquierda en el suelo. Esa acción le permitió recobrar ligeramente la compostura, lo suficiente para abalanzarse en contra de Pikachu con Cabeza de hierro. El ataque no conectó, pues el roedor rodó antes de darle un coletazo en el rostro. Silvally rápidamente volvió a utilizar Tajo aéreo mientras desencajaba las patas del suelo. Creó una cuchilla gruesa y alta, misma que colisionó contra el tipo Eléctrico.
—¡Pikaaaaaa! —chilló el pequeño al salir volando. Cayó al suelo, rodó un poco y luego se puso de pie.
Cubierto por una intensa aura blanquecina que parecía vibrar y le erizaba cada pelo del cuerpo, Pikachu aceleró. Salió como una partícula de luz en contra del pecho del oponente, emitiendo un ruido ensordecedor y dejando tras de sí un pequeño boquete así como una cortina de polvo.
Silvally abrió los ojos de par en par al sentir un impacto como de bala en su cuerpo, rugiendo y retrocediendo por obra de la colisión. Retrocedió abruptamente, quedando en el lugar donde él estaba el pequeño tipo Eléctrico. Dejó salir un profundo jadeo antes de recobrar la compostura.
—¡SHAVAAAAAAA! —gritó, emitiendo potentes ondas sonoras.
—¡PIKAAAAAAAA! —respondió el tipo Eléctrico.
El grito de Pikachu, comparado al de Silvally, era como tratar de oír el zumbido de una abeja por sobre las turbinas de un avión.
—¡SE DECLARAN GUERRA! ¡NINGUNO ESTÁ DISPUESTO A RENDIRSE! ¡¿CUÁL DE ELLOS PODRÁ ALZARSE COMO EL VENCEDOR DE ESTA CONTIENDA?!
—¡SEREMOS NOSOTROS! —gritó Ash con una gran sonrisa—. ¡COLA FÉRREA!
—¡NO, SEREMOS NOSOTROS! —aseguró Gladio, el ceño fuertemente fruncio—. ¡CABEZA DE HIERRO!
El cuello de Silvally se movía para recibir los impactos de la cola de Pikachu. Cada golpe hacía que las chispas saltaran, incrementando la temperatura del lugar. Parecían del todo incapaces de dejar de atacarse entre sí, como si estuvieran sumidos en un trance. La quimera respondía excelentemente a los embates del roedor, quien tocaba el suelo y luego volvía a saltar para finalmente dar un coletazo. Parecía que volverían a colisionar una vez más, pero no fue así. Pikachu creó una esfera en la punta de su cola que se extendió por todo el rostro de Silvally apenas hizo contacto. Una telaraña electrificada hizo al tipo Lucha tambalearse.
—¡PIKACHU, RAYO!
—¡QUE RESUENE TU CRESTA!
Utilizando Cabeza de hierro, Silvally recubrió su cresta acero. Hizo vibrar los pliegues de la misma, emitiendo un sonido chirriante que podría compararse con el de un Fragor escamas.
—¡Ese es un buen sonido! —exclamó Ryuki desde su asiento.
Aquel ruido fue tan irritante para los oídos de Pikachu que lo obligó a cubrirse las orejas. Se retorció, incapaz de utilizar Rayo. Eso le dio a Silvally el tiempo suficiente para quitarse la telaraña de la cara. Vio a su indefenso oponente y no dudó en saltar en su contra con Multiataque, dejando de emitir aquel chirrido.
—¡COLA FÉRREA! —gritó Ash al instante.
Pikachu saltó a velocidad impresionante, dando un coletazo contra el costado derecho del rostro de Silvally pero recibiendo un fuerte golpe en el costado izquierdo de su propio torso. El impacto que ambos recibieron fue sumamente violento, de modo que el tipo Eléctrico salió volando en una dirección mientras que la quimera cayó de costado hacia la otra.
Tras dejar de rodar por el suelo, Pikachu se puso de pie ligeramente desorientado. Vio que Silvally todavía no se había puesto de pie, por lo que esperó lo peor. Sonrió al verlo ponerse de pie. Todavía no era suficiente.
—¡LANZALLAMAS! —ordenó Gladio cuando su Pokémon recuperó el norte.
—¡AVANZA CON RAYO!
Pikachu disparó una poderosa descarga contra el suelo, dando un salto de rana que lo llevó directamente ante Silvally en un movimiento que a más de uno le recordó al del Vikavolt de Guzma. El roedor se sujetó de la cresta de Silvally, utilizándola casi como un mástil para girar en ella y luego saltando a su lomo. Ahí conectó un fuerte Cola férrea que hizo sacudirse al tipo Lucha. Tuvo que saltar de inmediato cuando un Tajo aéreo le golpeó la espalda.
—¡GIRA CON MULTIATAQUE!
Con las garras de la pata izquierda clavadas al suelo, Silvally dio una vuelta a toda velocidad y lanzó un zarpazo. Tres gruesas medias lunas anaranjadas avanzaron contra Pikachu, zumbando con cada milímetro que avanzaban. El roedor trató de defenderse con Cola férrea, pero no lo logró del todo. Redujo el impacto, pero no lo anuló.
—¡HAZ UN PARACAÍDAS!
Pikachu creó una esfera luminosa en la punta de su cola y la sujetó entre sus patitas, extendiéndola como si fuese una manta. La red redujo considerablemente la velocidad a la que se movía, permitiéndole aterrizar suavemente.
—¡LANZALLAMAS!
—¡ESCÓNDETE CON ATAQUE RÁPIDO!
El torrente ígneo persiguió insistentemente a Pikachu, que se alejó corriendo a toda velocidad. Los pequeños pero apresurados pasos del tipo Eléctrico lo llevaron a una zona en específico del campo de batalla, donde desapareció antes de que la llamarada pudiera alcanzarlo. Lanzallamas llenó por completo el lugar y, cuando su efecto terminó, Pikachu seguía sin verse.
Gladio sabía que aquel era el lugar donde Gumshoos había cavado su túnel, por lo que acercarse era peligroso. Se le ocurrió una idea que no implicaba que Silvally asomara la cabeza.
—¡Multiataque a plena potencia, Silvally! ¡Excava con profundidad!
Las garras del tipo Lucha se clavaron en la tierra, creando un surco gigantesco de casi dos metros de profundidad. Empujó con fuerza, removiendo la tierra, pero solo eso sintió: tierra. Ni rastro de Pikachu. Se sintió confundido por un momento y revolvió en el interior del agujero en búsqueda del pequeño pero sin éxito alguno. Obtuvo respuestas cuando un hoyo minúsculo comparado al que ya estaba en el lugar se abrió un metro a su derecha. De ahí emergió Pikachu, su cola llena de tierra, y se impulsó contra él utilizando una descarga. Justo antes de ser golpeado, vio a Pikachu dejar de rodearse con la electricidad para recubrir su cola con ella. Aquella Cola férrea aderezada con grandes cantidades de voltaje lo hizo estremecerse duramente. Disparó un fuerte Lanzallamas para obligarlo a alejarse.
El tipo Eléctrico retrocedió de un rápido salto, esquivando por muy poco la llamarada, pero siendo incapaz de predecir la gigantesca cabeza metálica que se abalanzó contra la suya. Sintió, por primera vez en su vida, lo que era ser afectado por la parálisis. La espina vertebral pareció congelársele por un momento antes de que se estrellara violentamente contra el piso. Se levantó de una ágil pirueta, notoriamente aturdido. Saltó, evadiendo un Multiataque y conectando él su propio Ataque rápido. Apenas tocó el suelo volvieron a tratar de atacarlo, pero una vez más esquivó, esta vez conectando un bestial Cola férrea que lo dejó suspendido en el aire el tiempo suficiente para que un ascendente Multiataque golpeara su espalda. Salió impulsado hacia el aire y, sin pensárselo dos veces, utilizó Rayo para contrarrestar el Tajo aéreo de Silvally. Cayó en picada y trató de dar un nuevo coletazo que esta vez fue evadido por la quimera al ésta echarse hacia atrás. Con la cola clavada en el suelo, Pikachu vio como una zarpa se dirigía en su contra, así que disparó un poderoso Rayo que envolvió por completo al oponente. Antes de que se diera cuenta, un fogoso Lanzallamas había aparecido. Ambos ataques se alimentaron mutuamente, convulsionándose antes de producir una fuerte explosión que agitó a ambos y mandó a volar a Pikachu.
Aquel estallido había sido ensordecedor para los Pokémon. No escuchaban nada más que un molesto pitido en los oídos, por lo que veían las bocas de sus entrenadores moverse más no entendían lo que decían. Se esforzaron por leerles los labios y se confundieron levemente cuando los vieron callarse de golpe. Tanto Ash como Gladio veían hacia el cielo con ojos llenos de estupefacción, pero no eran los únicos. Tipo Lucha y Eléctrico se dieron cuenta de que todos los demás espectadores lucían igual, Kukui incluido. Subieron la mirada y lo comprendieron al instante.
Bajando desde la parte más alta del estadio estaban las cuatro deidades sagradas de Alola: Tapu Koko, Tapu Bulu y Tapu Fini, encabezados por Tapu Lele. La guardiana de Akala iba bastante por debajo de sus hermanos. Tocó con la parte inferior de su cuerpo la barrera de energía, arqueó una ceja y con un simple movimiento de mano la doblegó para que le permitiera el paso. Detrás de ella llegaron sus hermanos, quienes tenían una expresión indescifrable, aunque parecían… ¿enervados? El shock en el estadio era tan grande que ni siquiera Jeekyo fue capaz de articular palabra.
Los cuatro sagrados descendieron al campo de batalla y fue Lele quien, con ojos llenos de curiosidad, se acercó a los cuatro combatientes. Pikachu y Silvally retrocedieron levemente intimidados por la presencia de Mariposa Sagrada, que se acercó peligrosamente a sus rostros. La guardiana entonces voló hacia el incrédulo Gladio, rodeándolo dos veces antes de acercarse rápidamente a Ash. Ketchum tragó saliva y un torpe intento de sonrisa apareció en su rostro.
—¿H-hola?...
Lele le dio unas palmaditas en la cabeza antes de volver donde sus hermanos. Comenzó a emitir unos sonidos que parecerían un cántico a oídos normales, pero para aquellos que ya antes la habían oído expresarse sabían que estaba hablando normalmente. Al ver a los cuatro sagrados conversar entre ellos, la gente pronto comenzó a murmurar procurando no hacer demasiado ruido para molestar a las deidades. Las cámaras de extranjeros y locales comenzaron a filmar el momento mientras miles de expresiones de sorpresa, incredulidad y emoción se exhibían por todo el campo de batalla.
—N-no puede ser… —Hau lucía completamente incrédulo—. ¿Qué hacen…? ¿Por qué los Tapus están aquí?...
—Habían estado desaparecidos por casi dos años —murmuró Acerola, perdiendo aquella sonrisa que la caracterizaba—. ¿Por qué…? Esto es… tan repentino…
—¿Q-querrán algo del jefe y Gladio? —se preguntó Elio, sudando profusamente.
—¿O-o tal vez se enojaron por el escándalo que estamos haciendo? —Selene se veía visiblemente nerviosa.
—Oye, L-Lillie, ¿no sabes qué está pasando? —preguntó Mallow con los ojos abiertos como platos.
—¿Y-yo? Esperaba que ustedes pudieran responder eso… —Aether tragó saliva.
—Esto es ciertamente… impresionante… —murmuró Liam—. Desaparecieron por meses y luego aparecen de golpe en mitad de una batalla…
—Los Tapus siempre destacaron por ser caprichosos a la hora de actuar —aseguró Mina, quien era la más tranquila de todos pero también lucía profundamente intrigada—. Seguramente sus razones superan la comprensión humana.
—¿T-Tapu Bulu sabrá que quiero renunciar como Capitán? —le preguntó Chris a Lana en voz muy baja.
—No… no lo creo… Esperemos que… no… —respondió Saltagua sin apartar la mirada de las deidades.
Kiawe fue el único que se puso de pie. Con una expresión llena de regocijo y devoción, comenzó a bajar las escaleras.
—¿Adónde va? —preguntó Bonnie con curiosidad, la única de los amigos de Ash que no estaba demasiada absorta con el momento para reaccionar.
—Me lo pregunto… —murmuró Mallow.
Muchos más fueron los que vieron a Kiawe moverse escaleras abajo hasta llegar al pretil que separaba las gradas del campo de batalla. Ante la curiosa mirada de todos, el Capitán hizo una genuflexión.
—¡Mis señores, bendito sea el día en el que tuve la dicha de volver a estar ante ustedes! —exclamó mientras bajaba la cabeza—. ¡Benditos sean también el volcán de Akala, el cielo de Alola, el sol y la luna por permitirme presenciar su retorno seguro a las buenas gentes de esta región!
Las alabanzas de Kiawe parecieron llamar la atención de los Tapus. Fue Tapu Lele quien avanzó hacia él, volviendo a doblegar el campo de energía. Se detuvo a centímetros del rostro de Wela, quien no vaciló en lo más mínimo, sino que al contrario pues sus ojos se llenaron de lágrimas que salieron a borbotones cuando recibió unas palmaditas en la cabeza. Mariposa sagrada entonces se retiró hacia donde estaban sus hermanos, volviendo a cruzar la barrera de energía como si fuese una endeble cortina.
Afectados por el gesto de devoción de Kiawe, los alolianos, de uno en uno, comenzaron a postrarse ante sus deidades guardianas. Este gesto de gran respeto pronto fue imitado por gran parte de los extranjeros, mientras que otros pocos se negaron a seguir la que parecía ser una tradición aloliana.
—¡Sagrados, ante ustedes me postro y con humildad sirvo! ¡Sagrados, mis guardianes, mi vida se encuentra a su disposición! ¡Sagrados señores de Alola, velen por nuestro pueblo hoy y siempre! —recitaron Olivia y Hapu al unísono, postrándose ante sus patrones.
Los Tapus vieron atentamente a su alrededor y entonces escucharon a Tapu Lele. Voltearon a verla, encontrándose con su gesto de inmensa alegría. Finalmente los otros tres suspiraron. Repentinamente una melodía fue entonada por Tapu Koko, misma a la que se sumaron primero Tapu Lele, luego Tapu Bulu y finalmente Tapu Fini. Los cuatro ascendieron hacia los cielos, donde comenzaron a ejecutar unos curiosos pasos de danza que los miembros del equipo S&M ya habían visto antes: era aquel con el que habían dado luz a las Superpulseras de Ash y Gladio así como a la Pulsera Z de Lillie.
Ante la atenta y maravillada mirada de todos los que se encontraban en el estadio, los Sagrados comenzaron a volar por encima de todo el campo de batalla, dejando caer sobre los cinco que ahí se encontraban una lluvia de destellos plateados que se deshacían al contacto con la piel.
Ash, Pikachu, Gladio, Silvally y Kukui sintieron un gran y placentero calor recorrer sus cuerpos. Cerraron los ojos, sintiendo sus energías ser renovadas —incrementadas en el caso de Kukui—. Era como si el cansancio hubiese desaparecido por completo de sus cuerpos. Así la ceremonia de los Tapus terminó.
Antes de que los participantes pudieran decir algo, fueron interceptados por aquellos a los que representaban. Tapu Koko se plantó ante Ash y Tapu Fini ante Gladio.
—Ha… pasado tiempo —dijo Ketchum, reverenciándose levemente ante Cacareo Sagrado.
Para sorpresa de Ketchum, Tapu Koko le devolvió el gesto. Pronto sintió que algo se movía en su bolsillo y vio como de éste emergía su Electrostal Z. Tapu Koko lo hizo levitar ante sus ojos, dándole la vuelta para enseñarle el revés del mismo. Ahí Ash vio el símbolo que caracterizaba a la deidad guardiana de Melemele, aquel que había sido puesto cuando Koko lo nombró Representante. Antes de que el azabache dijera algo, el Cristal Z volvió a girar de forma que esta vez se pudo apreciar el símbolo de siempre… hasta que dejó de serlo. Un cristal con la forma de un rayo apareció sobre el rombo de siempre; uno que Ash solo había visto una vez en toda su vida… al menos en la de esa realidad.
—Ese Cristal Z… —murmuró con los ojos abiertos como platos. Levantó la cabeza para ver a Tapu Koko—. ¿Fuiste tú todo este tiempo?
Cacareo Sagrado asintió.
Del lado de Gladio, Tapu Fini hizo aparecer ante los ojos del rubio un Cristal Z que el rubio ya antes había visto, pero que jamás había poseído. Era el Metalostal Z en todo su esplendor. Iba a decir algo, pero en ese momento una formación cristalina apareció cubriendo el símbolo del Metalostal. Gladio identificó claramente la forma de la cresta de Silvally, cosa que lo hizo parpadear repetidamente. Tampoco lo entendió cuando vio el reverso del cristal, en el cual se veía el símbolo de Tapu Fini. Supuso que era mejor verlo ahí que marcado a fuego en su propia frente.
—¿Qué es todo esto, Fini? —preguntó Gladio con curiosidad.
Al mismo tiempo, Tapu Koko y Tapu Fini elevaron las muñecas izquierdas de Ash y Gladio. Retiraron de sus Superpulseras el Lycanrostal Z y el Listostal, poniendo en su lugar aquellos que ellos señalaron. Con especial insistencia, ambos Sagrados señalaron las Superpulseras.
Era como si…
—¡¿L-los Tapus quieren que los participantes Ash y Gladio se enfrenten con sus Movimientos Z?! —Jeekyo por fin se animó a hablar—. ¡¿Cuál es el motivo detrás de todo esto?!
Las deidades guardianas no respondieron esa pregunta, sino que simplemente se elevaron hacia las alturas, atravesaron la barrera de energía y desparecieron en el cielo nocturno de Alola ante la anonadada mirada de todos los que ahí se encontraban. Solo entonces sintieron que verdaderamente podían gritar.
—¡UNA INTERVENCIÓN DIVINA! —gritó Jeekyo al tiempo que la gente perdía la razón por el momento vivido—. ¡NUESTRAS DEIDADES GUARDIANAS APARECEN TRAS MESES DE AUSENCIA PARA OFRECERLES AYUDA A NUESTROS FINALISTAS! ¡¿QUÉ REPERCUSIONES TENDRÁ ESTO EN LA BATALLA?!
Ash y Gladio intercambiaron miradas de confusión, para luego voltear a ver al profesor Kukui. El árbitro de la batalla murmuraba algo al auricular que tenía puesto. Asintió repetidamente antes de darles una enorme sonrisa a los participantes.
—¡Se ha consultado con la directiva de la Liga Pokémon, quienes llegaron a la conclusión de que una excepción a la norma puede hacerse! —exclamó, viendo a ambos combatientes—. ¡Por respeto a las costumbres de Alola y los deseos de las deidades guardianas de la región, los participantes Ash y Gladio pueden usar, cada uno, un Movimiento Z si así lo desean!
—¡LO PERMITEEEEEN! ¡LA DIRECTIVA DE LA LIGA POKÉMON HA PERMITIDO QUE LOS PARTICIPANTES VUELVAN A USAR SUS MOVIMIENTOS POKÉMON! ¡ESTO ES HISTÓRICO!
El público estalló ante dicha noticia y rápidamente se manifestaron al respecto.
—¡ÚSENLO, ÚSENLO, ÚSENLO!
Ash y Gladio voltearon a verse entre sí, ambos dubitativos con respecto a lo que debían hacer. Vieron a sus Pokémon, quienes también los observaban a ellos. Pikachu y Silvally asintieron con grandes sonrisas en sus rostros. Se decidieron.
—¡Te lo advierto, Gladio! —Ash alzó la voz, así como su Superpulsera Z—. ¡Estos movimientos consumen muchísima energía! ¡La última vez que lo usé, me quedé inconsciente!
El rubio rio.
—¡Estoy seguro de que fue por otra cosa, Ash! —dijo mientras mostraba su propia Superpulsera.
Ambos sonrieron ampliamente, emitiendo un profuso brillo que enloqueció a las buenas gentes de estadio.
—¡VAN A USARLOS! ¡LOS PARTICIPANTES ASH Y GLADIO VAN A USAR LOS MOVIMIENTOS Z ENCARGADOS POR LOS TAPUS! ¡¿QUÉ SUCEDERÁ?! —La pregunta de Jeekyo llenó de expectativa a todos los espectadores—. ¡¿SE DECIDIRÁ EL COMBATE TRAS ESTE TITÁNICO CHOQUE?!
—¡Descubrámoslo! —exclamó Ash, lanzando su gorra al aire.
Pikachu saltó y atrapó la gorra, poniéndose en el acto. Aterrizó frente a su entrenador para después volver a saltar, chocando su puño izquierdo contra el derecho de él para luego chocar su cola contra la palma izquierda de Ash. Una vez que estuvo en el suelo, ambos se plantaron con firmeza en el suelo y dieron un golpe al frente. Un aura resplandeciente envolvió a ambos y, frente a Pikachu, apareció el símbolo Z una vez que absorbió toda la energía.
Tanto Gladio como Lillie reconocieron por fin aquel movimiento. Sus ojos se abrieron de par en par, pero fue Gladio que sintió más apuro. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? Conocía los pasos para usar Hélice trepanadora, pues ya antes la había visto en acción, pero… ¿sería lo mismo para el extraño Cristal Z entregado por Tapu Fini?... No. Al ver aquellos pasos únicos que Ash y Pikachu habían hecho, Gladio sintió que no podía ser algo tan rutinario como los pasos de un Movimiento Z normal. Este Cristal Z era único; hecho a la imagen de Silvally, un Pokémon que no debía existir. Los pasos para ejecutarlo tenían que ser, por ende, algo que demostrara el vínculo entre los dos.
Silvally caminó hacia Gladio, quien le puso ambas manos a los costados del rostro y unieron sus frentes. Eso era, podía sentirlo. El gesto que tantas veces había compartido con Silvally cuando todavía era presa de su máscara; cuando no era verdaderamente libre. Un gesto íntimo que representaba la relación de confianza absoluta que había entre ambos. Gladio finalmente le dio unas palmaditas en el rostro a Silvally, se apartó medio metro de él y, mientras se miraban fijamente a los ojos, ambos asintieron con fuerza y determinación. Solo entonces aquel fulgor amarillo los rodeó a ambos. La quimera encaró a los oponentes.
Ash se sonrió con cierta nostalgia. Siempre había querido repetir ese momento y por fin podía hacerlo. Con ojos brillantes como diamantes, alzó la voz.
—Más fuerte que un Rayo… Más poderoso que un Trueno… ¡Más poderoso incluso que un Gigavoltio destructor! ¡ESTE ES NUESTRO MÁXIMO PODER! —Levantó el brazo hacia el cielo, indicando el camino para su Pokémon—. ¡PIKACHU, GIGARRAYO FULMINANTE!
El roedor se envolvió en una densa electricidad que lo elevó hacia el cielo como si le permitiera volar libremente. Hizo vibrar el aire a su paso, emitiendo descargas que caían al suelo como los truenos de una pequeña tormenta eléctrica. Espesos nubarrones se conglomeraron sobre él, tan oscuros como una noche sin luna.
—Bestia sagrada nacida del pecado, que las alas que te fueron negadas se extiendan para impulsarte al horizonte y más allá. ¡QUE EL PESO DE TU REDENCIÓN APLASTE EL MAL! —Los brazos de Gladio temblaron con fuerza antes de librar toda esa energía en un estallido—. ¡SILVALLY, CABALGATA AL VALLHALA!
Una reluciente aura plateada cubría por completo al tipo Lucha. Pronto la energía se deformó, adhiriéndose a su cuerpo como si de una armadura se tratase. Fue esa misma energía plateada la que dotó de alas a la quimera, las cuales se batieron majestuosamente dándole la apariencia de un hipogrifo o de Pegaso. El brillo de su armadura era deslumbrante como los rayos del sol matutino.
—¡¿CUÁLES SON ESOS MOVIMIENTOS?! —gritó Jeekyo desconcertado—. ¡JAMÁS, EN TODO EL TIEMPO QUE TENGO COMENTANDO COMBATES POKÉMON, HE VISTO ALGO SEMEJANTE!
—Sé que ese fue el Movimiento Z que Ash usó en aquella ocasión —recordó Hau, anonadado—, ¿pero qué es eso que está usando Gladio?
—¿Tal vez sea un regalo de Tapu Fini? —se preguntó Selene, indecisa e impactada por igual.
—Sea lo que sea… Mierda, es genial… —murmuró Elio.
Por mucho tiempo, Lillie se había preguntado que era ese movimiento tan extraño que Ash había utilizado y ahora por fin había descubierto que era todo obra de Tapu Koko… ¿pero por qué? ¿Podían los Tapus engendrar nuevos tipos de Cristales Z? Eso abría tantas nuevas posibilidades que quería investigar a toda prisa… aunque no era tiempo para eso.
Era tiempo para una verdadera explosión.
Mientras que las alas de Silvally se agitaban para elevarlo hacia el cielo, Pikachu era rodeado por una gigantesca esfera de electricidad.
—¡Pika… ka… ka… ka… ka… ka!... —La esfera entonces emitió siete rayos de diferentes colores: verde, naranja, azul, cian, rosa, rojo y morado, todos ellos extendiéndose como brazos que estaban desesperados por atrapar a su objetivo—. ¡PIKA PIKAAAAAAAAA!
El grito de Pikachu dio luz verde a los rayos, los cuales se abalanzaron sin dudarlo en contra del enemigo.
Silvally, por su lado, no se quedó simplemente viendo como aquel ataque arremetía en su contra, sino que cargó directamente contra él. Sus alas se agitaron con fuerza, disparándolo como un torpedo hacia aquellos rayos. Comenzó a esquivarlos a toda velocidad acercándose a Pikachu a un ritmo de vértigo, pero eran increíblemente insistentes, tanto como misiles teledirigidos. Gigarrayo fulminante parecía tener voluntad propia, siempre apuntando al objetivo sin perderlo de vista ni un solo segundo, tal como Presa espectral. Cuando creyó que estaba por golpear a Pikachu, el rayo azul lo interceptó de frente, reteniendo su carga. Luego de eso llegó el rayo rosa, seguido del verde, luego el naranja antes que el azul, apareció también el morado y finalmente llegó el rojo. Los siete rayos lo empujaban con tanta fuerza que sentía que se desplomaría en cualquier segundo, pero las alas proporcionadas por Cabalgata al Valhalla eran tan resistentes como vigorosas. Aquellas alas eran casi como una respuesta a la pregunta que por tanto tiempo se había hecho: si ya era un monstruo, ¿por qué no darle al menos la libertad de ir a donde le placiera? Ahora, tras tanto tiempo, finalmente la tenía y no quería desaprovecharla.
Ash gritó y Gladio también. Ambos demostraron ser, nuevamente, parecidos en cierta medida pero muy distintos en muchos otros aspectos. Sus filosofías eran distintas, tan ajenas la una de la otra que casi parecían opuestas totales. Al verlos uno podía comenzar a imaginarse como serían las manifestaciones humanas del sol y la luna… solo que de cierta forma sus apariencias estaban intercambiadas. Gladio tenía el cabello como un rayo de sol, mientras que el de Ash era oscuro como el ala de un Honchkrow, pero aun así sus personalidades eran las que eran.
Ash era un chico alegre y optimista, Gladio alguien más reservado e inclinado al realismo. Sus formas de ser, de ver la vida y de desenvolverse en el mundo habían provocado un choque unilateral en Gladio, quien no podía comprender el estilo de vida de Ash. Ketchum, por su parte, se sentía intrigado por la forma de ser de Aether y por aquel halo de tristeza que parecía perseguirlo allá donde fuera.
Ambos eran tan distintos que parecía ser más fácil enlistar diez diferencias que una sola similitud… pero ese no era el caso. Aunque sin duda eran diferentes, también compartían valores fundamentales como: su amor a la familia, amigos y Pokémon; el ferviente deseo de proteger a quien no podía protegerse; la pasión por la batalla; la creencia de la unión para lograr la fuerza; el ataque como método de defensa; un inquebrantable sentido de la justicia; la disposición para tenderle una mano amiga a quien la necesitase; la iniciativa como respuesta al mal del mundo; el odio a la derrota y el anhelo por la victoria.
Tal vez habían chocado al principio, pero el tiempo y la comunicación se había encargado de limar todas las asperezas que pudiera haber en su relación. Los segundos, minutos, horas, días, semanas y meses se habían encargado de sacar a relucir la latente relación que siempre había estado esperando bajo capas y capas de malentendidos: una amistad tan fuerte y duradera como la relación entre el sol y la luna quienes aunque distintos, brillaban por una misma luz.
Vieron la armadura de Silvally resquebrajarse, así como a los rayos agitarse violentamente y dieron un último grito a la par que sus Pokémon. Era ahora o nunca; la victoria o la derrota se decidía en ese preciso momento.
—¡VAMOS, PIKACHUUUUUUUU!
—¡EMPUJA, SILVALLYYYYYYYY!
—¡PIKAAAAAAAAAAAA!
—¡SHAVAAAAAAAAAA!
Del lugar en el que colisionaban Gigarrayo fulminante y Cabalgata al Vallhala nació una esfera blanquecina que se alimentó de la energía de ambos Movimientos Z como un agujero negro, creciendo hasta finalmente engullir a ambos Pokémon en su interior. Aquella esfera repentinamente se contrajo para inmediatamente volver a expandirse, generando una onda de choque que llenó de un blanco impoluto todo aquello que los rodeaba.
Los ojos fueron cegados y los oídos ensordecidos.
Solo quedó la luz.
Ash solo había visto un blanco semejante en el reino de Arceus. Aquel espacio incorruptible que lo rodeaba, extendiéndose hasta el infinito, lo hizo sentir una calma sin precedente. Caminó lentamente en una dirección desconocida, dándose cuenta de que nada cambiaba por mucho que sus piernas se moviesen.
Ese momento tan íntimo… era nostálgico, tanto que quería llorar. Era como volver a sus propias raíces; a un lugar seguro que no sabía que podía anhelarse, pues creía con toda certeza que nadie podría recordarlo. Aquel lugar era… como el previo al nacimiento, eso pensó. ¿Era eso lo que se sentía al llegar al mundo? ¿Por eso los bebés lloraban al nacer? No lo sabía… y porque no lo sabía es que siguió avanzando.
Miles de recuerdos llegaron a su cabeza, recuerdos de toda una vida, cada uno de ellos con un significado propio y un mundo detrás. Ver aquellos momentos de su vida lo hacía rememorar el contexto de los mismos, permitiéndole sonreír. Sería perfecto si solo hubiera alguien más ahí con él…
Aquel sitio parecía cumplir todos los deseos, pues escuchó la voz que más deseaba oír.
—¡Pika Pi!
Se giró con una gran sonrisa en el rostro, viendo a su mejor amigo correr hacia él; llevaba su gorra puesta. Abrió los brazos para recibirlo.
—¡Pikachu! —exclamó él con alegría en la voz.
El tipo Eléctrico saltó y lo envolvió en un abrazo. Giraron juntos mientras reían. Ash lo sujetó por las axilas y lo elevó por encima de su cabeza. Intercambiaron una sonrisa antes de que Ketchum lo pusiera con cuidado en su hombro. Pikachu entonces le regresó la gorra.
—Yo que creí que estaba solo en este lugar.
Ambos se dieron la vuelta con presteza al escuchar la voz de Gladio. Se encontraron al rubio, de pie al lado de su fiel Silvally. Ambos los veían con un gesto apacible.
—Es bueno que no fuera el caso —añadió Aether.
—¡Gladio, Silvally! —Ash exclamó antes de correr hacia ellos, frenándose medio metro antes de chocar en su contra—. ¡Ustedes también están aquí!
El rubio asintió, mirando con atención el blanco impoluto que lo rodeaba.
—¿Será una alucinación? —se preguntó—. Con Fini involucrada, no me sorprendería en lo más mínimo. ¿Deberíamos buscar una manera de salir?... Aunque seguramente sea inútil.
—Estoy feliz, Gladio.
La voz de Ash hizo que Aether volteara a verlo con curiosidad. Alzó ambas cejas en señal de desconcierto al ver la gran sonrisa en el rostro del azabache.
—¿Por qué?
—¡Por todo! —exclamó, dejando que una pequeña lágrima rodara por su mejilla—. Me alegra poder estar aquí junto a todos ustedes. También me alegra que seas tú con quien estoy luchando en este momento. Estoy feliz de que, después de tanto tiempo, por fin podamos ser iguales como siempre quise.
Gladio sabía que no se refería a un tema de fuerza, sino a uno espiritual. Por mucho tiempo lo había alejado de él, primero por sus prejuicios, luego por su sentimiento de inferioridad. Tras tanto tiempo, Gladio por fin sentía que podía estar junto a ellos, incluso si era un poco más lejos de lo habitual.
Te esforzaste por traerme hasta aquí, era lo que Gladio iba decir antes de que Ash le pusiera las manos en los hombros.
—Y… estoy feliz de haberte conocido, Gladio —dijo el azabache.
Aether se quedó en silencio, pero su mente no. Así se sentía. Así era lo que se sentía ser amado incondicionalmente; saberse objetivo del cariño, atención y respeto de aquellos a los que más quería. Su corazón que por tantos años había estado marchito latió con intensidad, vigorizado y cultivado por el afecto de todos cuanto lo rodeaban. Incluso cuando él mismo sentía que el amor que recibía era inmerecido, ellos nunca dejaron de dárselo.
Había gente en ese mundo que estaba genuinamente feliz de haberlo conocido. Personas que no estaban obligados a quererlo pero lo querían incluso más que aquellos que sí lo estaban. Por mucho tiempo creyó que Amapola era una excepción ilógica a una norma establecida por un mundo que lo odiaba; pensó que nadie más podría quererlo pues ni él mismo se quería… pero el tiempo se había encargado con creces de demostrarle que estaba equivocado. La calidez derritió la barrera gélida que había como protección alrededor de su corazón, pues creía que un alma impenetrable era una que jamás podría ser herida. Tras tanto temer las consecuencias de una fe ciega, había decidido abrirse al mundo… y el mundo lo acarició y le murmuró lo que siempre había querido oír.
Te amo.
Bajó la cabeza y de sus ojos comenzaron a manar lágrimas como cascadas. Le temblaba el gesto producto de un llanto contenido que tenía años queriendo liberar. El odio y el repudio se habían desvanecido de su alma, quedando únicamente un amor tan fuerte que le constreñía las entrañas. Sujetó con fuerza los hombros de Ash y cayó de rodillas de forma que éste también tuvo que agacharse. Sintió el toque del hocico de Silvally en la nuca, así como las caricias de la patita de Pikachu en la cabeza.
No estaba solo, nunca más lo estaría.
Se encargaron de dejárselo claro.
Tras lo que se sintieron como minutos enteros de llanto, por fin logró recuperar la compostura. Se puso de pie al igual que Ash, secándose las lágrimas que todavía quedaban.
—Lo siento… —murmuró.
Ketchum negó y le dio una sonrisa afectuosa.
—No has hecho nada malo, Gladio, no te disculpes.
Aether se sonrió y asintió.
—En ese caso… Gracias, Ash. —Lo vio fijamente a los ojos.
Azabache, roedor y quimera rieron al unísono.
—¡Eso está mejor! —exclamó, tendiendo una mano en su dirección que Gladio no dudó en estrechar con fuerza.
Fue ese gesto el que hizo que aquel precioso blanco celestial cambiara. A la derecha de Ash e izquierda de Gladio emergieron varias siluetas a partir de sus propios cuerpos, todas ellas estrechando la mano de la silueta que tenían en frente. Eran dos hileras gigantescas que se expandían hacia el infinito, cada persona acompañada por un Pokémon. Ni Ash ni Gladio fueron capaces de reconocer a esas gentes, pero sí podían identificar a la gran mayoría de los Pokémon aunque hubiera algunos que no conocían.
Por mucho que dichas filas se extendieron, ambos fueron capaces de ver a cada una de las personas que iban apareciendo hasta que finalmente nadie más lo hizo. Solo reconocieron a los últimos —o los primeros—. Eran Ululani y Kaimana Hekili, quienes ellos habían sido en un pasado muy muy lejano.
Entonces sintieron un toque en sus espaldas. Ambos se dieron la vuelta, encontrándose Ash a Tapu Koko y Tapu Lele, y Gladio a Tapu Fini y Tapu Bulu. Finalmente escucharon rugidos que sí reconocieron. Los Tapus se hicieron a un lado para permitirles ver a sus equipos.
Decidueye, Lycanroc, Gumshoos, Peke, Golisopod, Incineroar, Naganadel.
Umbreon, Lycanroc, Lucario, Zoroark, Crobat, Kaguron.
Sus Pokémon rugieron con fuerza, casi como si estuvieran dándoles ánimos. Pikachu y Silvally gritaron para corresponder su apoyo, ambos lagrimeando levemente.
Ash y Gladio volvieron a mirarse a los ojos, ahora comprendiendo el por qué estaban en aquel extraño lugar… comprendiendo por qué se habían conocido. Todo se resumía a una palabra tan mágica como misteriosa.
Destino.
Lillie recuperó la vista y el oído pronto, dándose cuenta de que los demás a su alrededor también lo habían hecho. Por un instante habría jurado que había perdido el conocimiento, pero eso era una locura…
—¿M-me desmayé? —escuchó preguntar a Elio, alertándola.
—No lo sé… Yo… siento como si también lo hubiera hecho —murmuró Selene.
—Qué extraño… Mi memoria está un poco borrosa. —Hau frunció el ceño, tratando de recordar algo.
—Es como si hubiera una laguna de un segundo en mi cabeza. —Acerola parecía desconcertada.
Vio a los Capitanes y a los amigos de Ash debatirse lo mismo. Volteó la mirada hacia atrás, centrándose en los Ketchum, los Sorba, su padre y Hobbes.
—¿Están bien todos?
—Estamos bien, hija —respondió Mohn, aturdido.
—Gracias por preocuparte, Lillie. —Yellow mecía una mano frente al rostro de Amber, quien lucía confundida a más no poder—. ¿Lei está bien, profesora?
—Sí, aunque un poco mareado —supo decir Burnet al ver el semblante de su bebé.
—Me pregunto qué fue esa luz… —murmuró Hobbes.
—Seguro que Ash y Gladio podrían decírnoslo. —Delia, con expresión intrigada, señaló al campo de batalla.
Fue entonces que recordaron lo que estaba sucediendo. Uno a uno fueron retomando la atención en el combate, dándose cuenta de que el polvo ya se estaba disipando. ¿Podría ser…?
Kukui alejó la polvareda de su rostro, vislumbrando unas siluetas a la lejanía. Pronto, al igual que el resto del estadio, mostró un rostro de sorpresa al ver el resultado.
Pikachu, todavía con la gorra de Ash puesta, y Silvally estaban de pie, los dos. Jadeaban con pesadez, pero todavía se tenían en pie con una firmeza impensable de ver en Pokémon que hubieran recibido un ataque semejante. Ambos le sonrieron ampliamente al otro.
—¡Pika Pika!
—¡Shava!
Y entonces las piernas de Silvally cedieron. Su cuerpo cayó pesadamente contra el suelo, levantando jirones de polvo que rápidamente se asentaron.
El estadio se quedó en completo silencio y, por un momento, Kukui fue el blanco de todas las miradas. Sorba vio fijamente y con sorpresa el estado del tipo Lucha, pero finalmente una pequeña sonrisa adornó su rostro. La expectativa fue aplastante, pero las dudas se disiparon cuando el árbitro finalmente abrió la boca.
—¡SILVALLY NO PUEDE CONTINUAR! —gritó con fuerza—. ¡El participante Gladio no cuenta con más Pokémon, por lo tanto el vencedor de este combate y, por ende, el nuevo Campeón de la Liga Alola es el participante Ash!
Fue entonces cuando el estadio estalló con una fuerza nunca antes vista. Los gritos eran tan estridentes que habrían sido capaces de producir una avalancha en el Monte Lanakila. Trompetas sonaron y los tambores redoblaron para marcar el ascenso y victoria de Ash en la competición. Las voces se alzaban para felicitar al ganador de la encarnecida batalla que había tomado lugar; aquel que se había coronado como el hombre más fuerte de Alola.
—¡TERMINÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓ! ¡LA LARGA BATALLA POR FIN LLEGA A SU FINAL! ¡ATRAVESÓ VIENTO Y MAREA PARA LLEGAR HASTA AQUÍ; COMBATIÓ CONTRA OPONENTES DE PRIMER NIVEL Y SE PROCLAMÓ COMO EL MEJOR DE TODOS! —Jeekyo tenía la voz rota—. ¡Siendo las seis con veintinueve de la tarde del día 17 de octubre del 2015, el participante Ash Ketchum consigue el máximo triunfo en la Primera Liga Pokémon de Alola! ¡GRACIAS, PARTICIPANTE GLADIO! ¡GRACIAS, PARTICIPANTE ASH! ¡GRACIAS POR TAN INCREÍBLE BATALLA!
Los cuatro árbitros comenzaron a aplaudir con fuerza en señal de respeto. Olivia, Hapu y Red se pusieron de pie, este último ocultando la mirada con la visera de su gorra.
—Debe de llenarlo de orgullo, ¿no es así? —rio Hapu, alegre hasta decir basta.
Red asintió torpemente.
—¡GANÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓ! —Hau se puso de pie a toda prisa, una sonrisa de oreja a oreja y los ojos llenos de lágrimas—. ¡ASH GANÓÓÓÓÓÓÓÓ!
—¡EL NACIMIENTO DEL PRIMER CAMPEÓN DE ALOLA! —gritó Mallow, poniéndose de pie.
—¡AL FIN! ¡DESPUÉS DE TANTO TIEMPO! —Elio encontró fuerza en sus piernas temblorinas, llorando a mares—. ¡EL JEFE…!
Rompió en sollozos, tal y como Selene había hecho desde el anuncio del resultado.
—¡ESA FUE UNA BATALLA INCREÍBLE, USTEDES DOS! —Kiawe se llevó una mano al pecho en señal de respeto, pero también porque sintió que se le saldría el corazón si no lo hacía.
—Explosivos y determinados hasta el final. —Liam sonrió.
—Que buena escena —dijo Mina con una sonrisita. Se aseguró de observar todo hasta el final. Ya habría tiempo para el arte.
—¡ASH, GLADIO-CHI, FELICIDADES A AMBOS! ¡FUERON GENIALES! —gritó Acerola.
—¡EL CHOQUE DEL SOL Y LA LUNA! —Lana alzó ambas manos al cielo.
—Esos dos son tan fuertes… —Chris parecía agobiado pero de buena manera.
—¡Estoy tan feliz, Ash! —gritó Burnet, agitando las manitas del sonriente Lei.
—Lo logró… Ash ganó… —Los ojos de Bonnie brillaban como faros en una noche tormentosa. Se giró hacia sus amigos—. ¡Ash…! —Le tembló el semblante, incapaz de contener el llanto—. ¡ASH GANÓ!
Clemont y Serena se derrumbaron en sus asientos, el primero cubriéndose el rostro por completo y la segunda solo la boca. Intentaron ahogar sus incontenibles llantos, pero no pudieron.
Dawn y May se sujetaban de las manos, ambas celebrando con saltitos y gritos llenos de emoción. Reían a carcajadas, porque la única alternativa era llorar de alegría. Piplup y Dedenne las imitaban.
—Sorprendente… —Iris sonrió desafiante—. No me puedo quedar atrás.
—Ánimo, Iris. —Cilan se secó con un pañuelo las lágrimas que caían—. Estaremos ahí para verte triunfar.
Holt le dio una palmadita a Barnes y se puso de pie.
—Eso será en su momento… Ahora mismo el asunto es otro. —Infló el pecho antes de proferir un fuerte grito—. ¡FELICIDADES, AAAAAAAAASH!
—De verdad, ¿cómo quiere que pelee contra él siendo que es el Campeón de Alola? —Max rio, conmovido—. Es tan irracional…
Misty abrazó con fuerza los brazos de Brock y Tracey, quienes eran incapaces de controlar sus lágrimas del mismo modo que ella.
—Ese es nuestro chico… —dijo Misty, con la nariz enrojecida.
—S-sí… —asintió Tracey.
Brock recordó aquellas palabras hace tanto tiempo dichas y sintió que, con cada día que pasaba, estaban más cerca de ser una realidad. Este era un excelente primer paso.
—¡Ash ganó! —gritó Amber, saltando en los brazos de su madre mientras reía a carcajadas—. ¡Pikachu ganó!
—Sí, cielo… Ash y Pikachu ganaron. —Yellow había sido espectadora silenciosa de la lucha de su cuñado, misma que por fin había llegado a un nuevo punto de partida—. ¿No es asombroso, suegra?
—Mi hijo mayor el Campeón de Kanto y mi hijo menor el Primer Campeón de Alola. —Delia rio, secándose una pequeña lágrima que amenazaba con salir—. Tengo mucho de qué presumir cuando vuelva a casa.
—Gladio… Peleaste bien, hijo —murmuró Mohn con orgullo y tristeza en el semblante.
—Peleó como el mejor —asintió Hobbes, lleno de tanta alegría que no podía ni describirla. Ver al joven que había cuidado por tanto tiempo divertirse de esa manera ya era ganancia para él.
Lillie vio atentamente el perfil de Ash, una tierna sonrisa apareciendo en su rostro. Finalmente, tras tanto tiempo, lo había logrado. El primer gran muro de un gigantesco castillo y legado había sido levantado; una piedra más en el camino imperecedero que Ash Ketchum estaba dejando tras de sí. Su hermano había luchado contra el mejor y había perdido, pero ¿por qué algo así sería motivo de tristeza? En el futuro, Lillie tenía la certeza de que ambos se volverían más y más fuertes, y llegaría el momento en el que volvieran a enfrentarse. En ese momento, sabía, con toda certeza, que sus rostros estarían tan llenos de brío y emoción como en ese momento.
Su hermano había encontrado un objetivo; su novio un rival capaz de plantarle cara.
¿Cómo podía sentirse sino llena de regocijo?
Ash lucía visiblemente aturdido. Sabía que gran parte de esos gritos y aplausos iban dirigidos hacia él, podía sentir las miles de miradas clavadas en su cuerpo. Con la boca entreabierta dio un medio giro para ver todo a su alrededor. Podía ver fuegos artificiales volando en el cielo, la pantalla iluminarse con su rostro y el gran texto por debajo que rezaba «VENCEDOR». Parpadeó una y otra vez, casi como si lo que estuviera viviendo fuese un sueño lúcido. ¿Tal vez todavía no salía de aquella extraña ilusión?
—¿Qué haces quedándote en las nubes?
Espabiló, viendo a Gladio junto a Silvally. La quimera, magullada, se mantenía de pie con ayuda de su entrenador. Ambos avanzaron hacia él.
—¿Yo… gané…? —murmuró con incredulidad en su voz, señalándose a sí mismo. Sintió un peso en su hombro, por lo que vio en dicha dirección, encontrándose con Pikachu.
—¡Pikachu! —dijo con una gran sonrisa su mejor amigo. Le regresó su gorra.
—Este tipo… —Gladio rio. Dejó que Silvally se parara por sí mismo y, cuando se cercioro de que no tenía problemas para hacerlo, caminó hacia Ash con la mano extendida—. Felicidades, Campeón.
Ash vio la mano de Gladio y, al escucharlo decir aquello, sus ojos resplandecieron. Se llenaron de lágrimas en un segundo, justo cuando apretó con fuerza la mano de Gladio y tiró de él para envolverlo en un abrazo.
—¡Gracias, Gladio! —exclamó con la voz rota, mojando el hombro de Gladio—. ¡Gracias!
—No, gracias a ti, Ash. —Gladio le dio unas palmaditas en la espalda—. Por darme la mejor batalla de mi vida… y por ser mi mejor amigo.
Ash asintió repetidamente, abrazando a Aether con todavía más fuerza. Finalmente se separaron al cabo de unos segundos.
—Ahora ve. Seguro que quieres celebrar a tu manera —dijo Gladio, recibiendo otro asentimiento por parte del azabache.
Ketchum sujetó entre sus brazos a Pikachu, lo abrazó con fuerza y giró con él. No podía ser nadie más; tenía que ser Pikachu. Lo habían intentado por tanto tiempo y por fin lo habían conseguido. Juntos habían partido de pueblo Paleta, superado todo tipo de desafíos y conocido a tantas personas y Pokémon increíbles que se habían vuelto parte indispensable de sus viajes. Tormentas y obstáculos que parecían imposibles de sortear; todo lo habían vencido. Por fin, tras tantos años, se habían coronado Campeones.
Dejó salir su emoción en un fuerte grito.
—¡GANAMOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOS! —Al mismo tiempo saltó y activó su pierna propulsora, la que lo elevó casi dos metros en el aire. Cayó a tierra mientras reía con toda satisfacción y comenzó a correr por el campo de batalla, recibiendo las ovaciones de todos en el estadio.
Vio a tantas personas como pudo ubicar. Escuchó los gritos de Al y Eli, también se encontró en las gradas a Ryuki y sus secuaces. A lo lejos vio a cierto cuarteto, quienes lloraban a moco tendido y eso solo incrementó el tamaño de su sonrisa. Centró su atención en todos sus amigos y finalmente alzó ambos brazos al aire en un gesto que gritaba: «Lo logré».
Ash sintió que su mano derecha era sujetada, por lo que vio en dicha dirección. Ahí estaba Kukui, que alzaba la mano izquierda de Gladio. El profesor les sonrió a ambos participantes con un gesto lleno de agradecimiento.
—¡NUESTROS FINALISTAS, DAMAS Y CABALLEROS! —exclamó a todo pulmón—. ¡Démosles a ellos, quienes nos ofrecieron una batalla tan brillante como el sol de Alola, una fuerte ronda de aplausos!
Y el estadio volvió a hacerse escuchar, tan ruidoso como siempre.
—¡RELÁMPAGO, RELÁMPAGO, RESUENA EN EL CAMPO! ¡RELÁMPAGO, RELÁMPAGO, PARA LOS ENEMIGOS UN SOBRESALTO! ¡RELÁMPAGO, RELÁMPAGO, EN LA CANCHA A BRILLAR, VELOZ COMO EL VIENTO, NADIE TE PUEDE IGUALAR!
—¡CAMPEÓN PLATEADO EN LA BATALLA EL MÁS SAGRADO! ¡CAMPEÓN PLATEADO, CAMPEÓN PLATEADO, IMITADO PERO NUNCA SUPERADO! ¡CAMPEÓN PLATEADO COMANDANTE DE MIL LEGIONES, CAMPEÓN PLATEADO DUEÑO DE MIL PASIONES!
—Ash.
La voz de Gladio hizo que Ketchum dejara de reír por un momento. Volteó a verlo, encontrándose con su desafiante sonrisa.
—Luchemos de nuevo algún día.
Aquellas palabras llenaron de brío al paletiano.
—¡Por supuesto, Gladio!
Rotom terminó entonces la grabación. Con una sonrisa eligió el nombre adecuado.
El alba y el ocaso.
Las luces del estadio hacían brillar el podio que se había construido en el campo de batalla para tan especial momento. El objetivo de todas las miradas, centro de atención indiscutible, no era otro que el propio Ash Ketchum. Detrás de él se encontraban los cuatro árbitros que habían hecho de la Liga de Alola un evento justo y deportivo, así como Charles Goodshow y Wicke.
—Tras quince espectaculares batallas donde los participantes brillaron por sus características y estilos de combate únicos, hemos llegado por fin a la ceremonia de premiación y clausura de nuestra querida y gloriosa Primera Liga Pokémon de Alola. —La voz de Jeekyo, quien parecía hacer de maestro de ceremonias, se escuchaba por sobre la música orquestal—. Ante la mirada de nuestros increíbles participantes que tuvieron el honor de participar en el torneo final de la Liga, el profesor Kukui, fundador de la misma, se dirige al podio para entregarle su merecido trofeo a nuestro Campeón.
Frente al podio estaban la gran mayoría de los dieciséis mejores: Gladio, Hau, Kiawe, Lillie, Liam, Ryuki, Elio, Selene, Acerola, Lana, Chris, Mallow y Mina. Todos ellos aplaudieron cuando Kukui ingresó al campo de batalla con un gran trofeo bien ornamentado en cuya cima podía verse una Poké Ball dorada como símbolo de máximo reconocimiento.
Ash, con Pikachu en su hombro, se giró hacia Kukui con una sonrisa. El profesor se plantó con firmeza ante él, devolviéndole el gesto. Sorba alzó su solemne voz.
—¡Por su desempeño estelar en la Primera Liga Pokémon de Alola, y por haber superado cada una de los desafíos en su camino hacia la victoria, la Asociación de la Liga Pokémon se complace de entregarle al participante Ash Ketchum el trofeo en reconocimiento de su indiscutible triunfo! —exclamó, extendiendo el trofeo hacia el frente.
Con un ligero temblor en las manos, Ash sujetó el trofeo. Era la primera vez que recibía uno tan grande y pesado. Lo analizó cautivado, dándose cuenta de que en la base había una placa plateada que decía: «ASH KETCHUM. GANADOR DE LA PRIMERA LIGA POKÉMON DE ALOLA». Sonrió, sintiendo que podría echarse a llorar una vez más.
—Mira, Pikachu. —Acercó el trofeo a su mejor amigo, quien lo olfateó un poco.
—¡Pikachu!
Ash rio.
—También te emociona, ¿verdad? —rio.
—Ahora nos gustaría proseguir con la ceremonia de nombramiento, si no le molesta, participante Ash —dijo Kukui con formalidad.
Ketchum rápidamente recobró la compostura y asintió, ligeramente nervioso.
—¡A-adelante! —exclamó, rígido como una roca.
Volteó hacia donde estaban los árbitros, Charles Goodshow y Wicke. Vio a Red guiñarle un ojo, lo que lo tranquilizó un poco. Nombramiento… Era increíble.
—¡Ahora damos paso a la ceremonia de nombramiento, a cargo del Presidente de la Asociación de la Liga Pokémon, mediante la cual se hará oficial el título del participante Ash como Campeón Regional de Alola! —anunció Jeekyo.
Fue Charles Goodshow quien dio un paso al frente. Tenía entre sus manos un cojín carmesí sobre el que se encontraba el grueso manual de la Liga Pokémon, el cual trataba con tanto respeto y veneración como si fuese un libro sagrado. Kukui dio un paso atrás para permitir que fuera el Presidente quien se pusiera ante Ash, no sin antes sujetar el trofeo de la Liga.
—Felicidades, joven Ash. Has recorrido un largo camino para llegar hasta aquí. Debes de estar muy orgulloso.
—Lo estoy, señor —aseguró Ash con una gran sonrisa—. Definitivamente lo estoy.
Charles asintió antes de acercar el libro hacia Ash.
—Por favor, pon tu mano izquierda sobre el libro y la derecha en el corazón. —Esperó a que Ash lo hiciera para finalmente alzar la voz—. ¡Ash Ketchum, se te está a punto de nombrar como el Primero Campeón Regional de Alola, un manto con una gran responsabilidad! ¡¿Juras, entonces, cumplir con tu deber como representante de Alola ante el mundo con dedicación y diligencia?!
—¡Lo juro!
—¡¿Juras proteger los valores por los que se rige la Liga Pokémon y nunca hacer nada que pueda manchar su buena reputación?!
—¡Lo juro!
—¡¿Juras velar por los habitantes de Alola, sirviendo como un apoyo en sus tiempos de mayor necesidad?!
—¡Lo juro!
—¡¿Juras dar todo tu esfuerzo para defender tu título como Campeón y mantener el espíritu deportivo de esta gran patria?!
—¡LO JURO!
Charles finalmente sonrió.
—¡Entonces, por mi autoridad como Presidente de la Asociación de la Liga Pokémon, te nombro a ti, Ash Ketchum, Campeón Regional de Alola! ¡Que tu servicio a la región sea uno próspero y longevo! —exclamó, retirándose junto con el libro.
Kukui le devolvió el trofeo a Ash, quien se giró hacia donde estaban todos los demás que habían participado en la Liga y, con una radiante sonrisa, lo levantó al aire y no hacia el frente, pues había gente allá arriba que quería que vieran su triunfo. De sus bolsillos emergieron siete rayos, materializándose en la forma de Decidueye, Lycanroc, Gumshoos, Peke, Incineroar, Golisopod y Naganadel. Los siete compañeros de Ash gritaron llenos de alegría, tomando por sorpresa al entrenador y a Pikachu. Finalmente ellos también gritaron.
El estadio entero ovacionó con fuerza en señal de respeto y admiración hacia él. Todos aquellos que podían ponerse de pie lo hicieron, pues sabían que la ocasión que había ante ellos era histórica e irrepetible. Sintieron que querían aprovechar ese momento hasta el último segundo, disfrutando del ahora y olvidándose de lo que sucedería después.
Gladio, mientras aplaudía como todos los demás, sintió como le abrazaban el brazo derecho y bajó la mirada.
—Imagino que estarás orgullosa —dijo con una sonrisa.
Lillie asintió sin vacilar.
—Muchísimo. Mi novio es el Campeón de Alola, y mi hermano el hombre que casi lo derrota. —Le dio un beso en la mejilla—. ¿Cómo podría no estarlo? Seré la envidia de todos mis amigos.
El rubio le puso una mano en la cabeza, acariciándosela.
—¡Tomemos una foto como recuerdo, Ash! —pidió Rotom con emoción genuina, subiendo al podio junto a sus dos amigos—. ¡Di Pyukumuku!
—¡Pyukumuku! —exclamó Ketchum, viendo con una gran sonrisa a la cámara.
—¡Pika Pi!
Al final, tanto el azabache como Pikachu y Rotom rieron.
Durante toda su carrera como entrenador, la gente le había puesto todo tipo de apodos, algunos de ellos se los había ganado por mérito propio y otros cuantos no. El nuevo título que la gente le había dado, sin embargo, era uno que él mismo había forjado; uno que cargaría con orgullo por el resto de sus días:
Campeón de Alola.
¡SE TERMINÓOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! ¡AH, DIOS, SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! TERMINÉ LA PUTÍSIMA LIGA POKÉMON DE ALOLAAAAAAAAAAAAAAAAA
¡DOS AÑOS, MIS ESTIMADOS AMIGOS! ¡DOS AÑOS ME TARDÉ EN TERMINAR ESTE ARCO, LO QUE ES UN TERCIO DEL TIEMPO TOTAL DE LA HISTORIA! ¡MÁS DE 700K PALABRAS! ¡POR FIN, POR FIN, POR FIN! ¡GRACIAS A TODOS LOS QUE LEYERON HASTA AQUÍ!
Ahhhh… Gente, se los juro. El arco de la Liga Pokémon fue, sin duda alguna, el más difícil de escribir de TODA la historia. Escribir combates Pokémon de tanta longitud, siempre tratando de mantenerlo interesante, fue una labor titánica… Estoy muy orgulloso de mí mismo por haberlo terminado y estoy orgulloso de todos cuantos siguieron al pie del cañón, esperando cada nuevo capítulo. ¡Y se los dije, me tomó dos semanas exactas!
... POR OTRO LADO... ¡ESTOY TAN FELIZ DE YA NUNCA TENER QUE VOLVER A ESCRIBIR UNA BATALLA POKÉMON, POR DIOOOOOOOOOOOOOOOOS! ¡CIELOS SANTO, ESTO FUE UNA TORTURA! ¡GRACIAS A LA VIDA QUE YA SE TERMINÓ! ¡NUNCA JAMÁS DE LOS JAMASES VOY A VOLVER A ESCRIBIR UNA PUÑETERA BATALLA POKÉMON, ESTOY HARTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!... Ahora sí, me desahogué.
Este capítulo tuvo 41k palabras, por lo que sumado a la parte anterior de 39k, da un total de 80k palabras. ¡El combate más largo de la historia, sin duda alguna! Espero que hayan disfrutado de la parte uno y de la parte dos, porque hubo partes que yo disfruté mucho escribiendo.
¿Ahora que sigue?, se preguntaran algunos. Lo que sigue ahora es la post-Liga, tres capítulos dedicados a cerrar la trama antes del epílogo. Ahora sí que sí, muchachos, llegamos al final. Me gustaría, por lo tanto, adelantarles el calendario de los futuros capítulos. ¡Por favor presten atención!
Domingo 11 de febrero: Capítulo 167.
Domingo 18 de febrero: Capítulo 168.
Jueves 22 de febrero o domingo 25 de febrero: Capítulo 169.
Domingo 29 de febrero: Capítulo 170.
Las tres primeras fechas tal vez podrían variar un poquito, pero la última es inamovible. La historia termina, sí o sí, el domingo 29 de febrero del 2024. ¡Espérenlo con muchas ansias, chicos!
En fin… Ya saben que quedan cuatro capítulos para el final, pero no saben el nombre del siguiente capítulo. ¡El capítulo 167 se llama!...
Lo que eres para mí.
¡Eso sería todo mi gente! ¡Nos vemos el próximo domingo (si todo sale bien)! ¡Nos leemos y Alola! :D
¡Mención honorfícia a XtracJester por su Rotocomentario! Desafortunadamente no hubo suficientes como para poder poner en el capítulo, así que lo lamento, Xtrac y te agradezco muchísimo que te hayas tomado el tiempo. ¡Aquí su Rotocomentario!
XtracJester: hermano esto es una locura! esos 2 son unas completas bestias en batalla, ese duelo de Lycanroc's llevo aun mas lejos el termino de brutal al usar Enfado, pero Gumshoos contra Lucario? DIOS con lo extravagantes y llamativas que fueron las técnicas usadas por sus entrenadores, sabía que Ash emplea el Doble Equipo de formas muy efectivas, pero esto? y como es que Lucario logro hacer una especie de tabla de Surf con el Aura? puedo ver que realmente pasaron tiempo entrenando juntos aprendiendo uno del otro xD, muero por ver como continua esta Legendaria batalla
