Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío (y).


Cassandra apretó la mano de Harry, para llamar su atención. Harry levantó la vista de inmediato y Cassandra lo miró directamente a los ojos. ¡Legeremens!

Harry cayó pesadamente sobre el césped y no se volvió a mover. Cassandra no le dedicó ni una sola mirada. Levantó la vista hacia Voldemort y lo miró a los ojos. Decidiendo que esta sería la actuación de su vida, dejó que una sonrisa apareciera lentamente en su cara.

–Sabes, Tom. No creo que esa sea una buena idea.


Media docena de respiraciones se detuvieron ruidosamente. Elessa Lestrange se veía lista y preparada para caer al suelo desmayada. Sus hermanos y los otros dos Mortífagos tenían caras de "¿me estás jodiendo?"

Bellatrix Lestrange se había llevado una mano al pecho, la expresión ofendida de su rostro contrastando casi dolorosamente con la expresión de superioridad absoluta que normalmente mostraba.

–¡TÚ! ¿Cómo te atreves a…? –el grito/pregunta de Bellatrix se vio interrumpido por el mismo Voldemort, que alzó una mano, callándola de inmediato.

Voldemort, por cierto, no había mostrado reacción alguna. A menos que entrecerrar medio milímetro los ojos contara como una reacción. Viniendo de Voldemort, probablemente lo era.

Ya estoy metida hasta al cuello, así que…pensó Cassandra. Sacudiéndose mentalmente, volvió a alzar la voz, haciendo vista gorda al miedo que amenazaba con engullirla desde adentro.

–Vamos, Tom. No me mires así. Sabes que tengo razón. –cuando Cassandra notó que Voldemort la escuchaba con atención y que aún no había intentado asesinarla, enderezó más la espalda, intentado mostrar más confianza de la que sentía. Mucho más de la que sentía, considerando que sentía cero confianza en su intento de salir con vida de toda esa situación.

–Estás caminando sobre terreno desconocido, lo sabes tan bien como yo. ¿Estás seguro que quieres terminar con mi vida? –Voldemort no hizo ademán alguno de responder a su pregunta, por lo que Cassandra continuó con su monólogo –¿Estás seguro, mi querido Tom, de que no hay alguna profecía por ahí escondida que diga que la menor de la prole de una de las familias más fieles a ti no sería la causa de tu perdición? ¿No lo decía en la parte final de la misma profecía que hablaba de cómo Harry sería quien te destruiría? –Ah, ahí hay algo, pensó Cassandra cuando vio que los ojos del mago oscuro se abrían en sorpresa. Viniendo de él era equivalente a un mini-infarto seguido de un grito de sorpresa.

Sintiéndose mucho más segura y confiada, le sonrió a Voldemort. Una sonrisa que decía "sé cosas que tú no sabes".

–Ah, es cierto…no lo sabes. ¿Nunca escuchaste la segunda parte de la famosa profecía no? ¿Quieres saber qué decía? Puedo decirte un pedacito si lo pides amablemente. –Si las miradas mataran, Cassandra estaría ya jugando canasta con Merlín en La Otra Vida. –Bueno, te lo diré de todas formas. Decía que tú mismo cavarías tu propia tumba, Tom.

Cassandra sabía exactamente qué decía la profecía, la había escuchado en los pensamientos de Harry hace unos minutos y sabía que la información que contenía era importante. Importante y secreta. Sabía que tenía que ser cuidadosa con lo que decía, no poner demasiada verdad en sus palabras. Sólo la suficiente como para poder huir de la situación en la que se encontraban. Ojalá respirando y con pulso, si no era mucha molestia.

Dejó que una pequeña y maliciosa risita escapara de sus labios. Y el Óscar es para…

–Ay, Tom…si tan sólo lo hubieses sabido hace 18 años. Habría sido tan distinto. Quizás estarías sentado en un trono, gobernando el mundo, en vez de intentar asesinar a Harry por décima octava vez. Sin mucho éxito, permíteme agregar. Pero no…–Cassandra hizo levitar un centímetro sobre el suelo a Harry, con un movimiento de su varita, y comenzó a retroceder. Medio centímetro por segundo. – no, decidiste jugar a ciegas y acelerar las cosas. ¿Quieres un consejo? Bueno, te lo daré de todas formas, considéralo mi buena acción del día. Tienes que aprender a controlar tus niveles de ansiedad, Tom. Quizás así dejes de arruinar los planes que con tanto esfuerzo haces.

–No creas qué no sé lo que intentas, maldita mocosa sangresucia…–Cassandra vio como su madre se llevaba una mano a la boca. Quién iba a pensar que en la mitad de una situación como esa su madre aún encontraría el espacio para ofenderse por un comentario como ese.

–Oh, vamos, Tom. Esa palabra tiene muy poco de insulto si proviene de tu boca… –Cassandra había retrocedido cerca de dos metros, según sus cálculos. Dio un gran paso atrás. Podría ver la silueta de los árboles desde su vista periférica. Voldemort dio un paso adelante.

Cassandra comenzó a bombardear al Universo con pensamientos positivos, mientras intentaba mantener su expresión estable. Su máscara de "soy una perra poderosa que maneja mucha información y no le tengo miedo al mago más poderoso de todos los tiempos" bien puesta.

–No nos hagamos los tontos, sabemos que mi sangre es más pura que la tuya, Tom. ¿Le has contado la historia de tus padres a tu séquito de amantes?

Voldemort se detuvo a la mitad de un paso, mientras Cassandra siguió retrocediendo, Harry flotando cerca de la superficie del suelo, a su lado. Ahora sí se veía sorprendido. Cassandra tuvo ganas de aplaudirse a sí misma.

–¿No?, pues deberías. Es una buena historia. Deberías escribirla, quizás Woody Allen quiera hacerla película. ¿Sabes quién es Woody Allen, no? Un director de cine muggle…muggle, como tu p…

–¡BASTA!

La voz de Voldemort, lo suficientemente poderosa para crear escarcha sobre el césped húmedo, hizo que Cassandra se congelara en su lugar. El miedo la tenía clavada al piso. Podía sentir como el sudor recorría su espalda, a lo largo de su espina dorsal. Podía sentir, además, algo escurrir desde uno de sus costados, por su cintura y más abajo, pero no estaba segura de que fuera sudor. Y las manos le sudaban tanto que le sorprendía que no hubiese soltado su varita cuando saltó casi dos metros en el aire.

Respirando profundo, Cassandra miró a los ojos a Voldemort e intentó decirse a sí misma que Voldemort estaba asustado también. Una centésima parte de lo asustada que estaba Cassandra, pero peor era nada. No podía arruinar todo desmayándose de miedo. No sólo sería MUY poco digno de su parte, sino que además ya estaban en la línea de árboles. Un paso más atrás y eran libres para aparecerse lejos.

Pese a su exabrupto, Voldemort había detenido su avance. Estaba quieto, mirándola. El rojo de sus ojos demostrando lo furioso que estaba. Cassandra intentó no sentirse muy orgullosa. Había logrado poner sobre el límite a Voldemort.

–Bueno, como sea Tom. El punto es ¿vas a asesinarme? Hiciste algo similar hace 18 años y las cosas no salieron muy bien ¿no? ¿Vas a cometer el mismo error dos veces? ¿Sí? ¿No? –Voldemort no dijo nada.

–Es un no entonces, bien por ti. –dedicándole una última y rápida mirada a su madre y hermanos, dio un paso atrás y alzó a Harry más alto en el aire. Lo tomó firmemente de un brazo y miró nuevamente a los ojos a Voldemort. –Adiós, Tom.

Un segundo después, Cassandra cayó con un ruido sordo sobre su espalda. Y un segundo después de eso, el aire abandonó repentinamente sus pulmones cuando Harry cayó sobre ella.

Se quedó un minuto así, sepultada bajo el peso de Harry, tratando de convencerse a sí misma de que la crisis había sido evitada. Seguían vivos. El plan F (de Fantástico) había funcionado, increíblemente. Le había ganado a Voldemort. Casi se levantó de un salto para hacer un pequeño Baile de la Victoria, pero ahora que la adrenalina comenzaba a abandonar su sistema, comenzaba a sentirse muy cansada.

Habían logrado huir, pero mantenerse vivos seguía siendo un desafío. No estaban tan lejos de la mansión como a ella le hubiese gustado. Había cerrado los ojos antes de desaparecer y se había imaginado la vista que tenía desde el segundo piso de su casa. Se había concentrado en esa vista, en el punto más lejano que alcanzaban sus ojos y…ahí estaban. En la mitad de un bosque, entre las pequeñas montañas. A varios kilómetros de la mansión, pero definitivamente no lo suficientemente lejos. Cassandra quería continentes entre ella, Harry y Voldemort, no kilómetros.

El peso de Harry sobre ella era un recordatorio de algo más: el chico aún estaba completa y absolutamente fuera de combate.

Era evidente que sus esfuerzos por ser suave con Harry no habían sido suficientes. Invadir la mente con apuro y sin aviso, nunca es bueno para el estado mental. Había entrado a su cabeza, con la delicadeza con la que un camión choca contra una muralla y había rebuscado por los detalles importantes, los que les salvarían la vida. No había sido fácil entrar en su mente, alguien le había enseñado como defenderse de una invasión mental, así que se había obligado a ser el doble de violenta de lo que Cassandra quería. He ahí la razón por la que Harry seguía muerto para el mundo. Lo que era un tremendo problema, porque ahora tenía que llevarlo a cuestas. A donde fuera que debía llevarlo.

En resumen, Harry TENÍA que despertar, por dos motivos: primero, porque tenía que decirle hacia dónde ir y, segundo, porque se veía flacucho, pero pesaba una tonelada. Y porque puede que Voldemort se haya llevado un pequeño shock, pero Cassandra sabía que se recuperaría pronto y descubriría que en realidad Cassandra no era más amenaza de lo que eran un par de ratoncitos corriendo a su alrededor. Sin intención de ofender a los ratoncitos, claro.

Pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer sobre su rostro y Cassandra decidió que era el momento de moverse. Tomándolo de la parte trasera de la túnica y empujándolo de un hombro, logró girarlo en un solo movimiento, que dejó a Harry sobre su espalda y a Cassandra desparramada sobre el pecho del muchacho.

El esfuerzo hizo que le doliera el costado y recordó que su querido hermano había lanzado una maldición en su dirección cuando iban escapando. No sabía exactamente como sabía que había sido su hermano…pero lo sabía. Rufus siempre había sido más de atacar físicamente, mientras Cézar lo alentaba y trataba de echarla abajo con palabras crueles.

Se sentó en el suelo mojado, junto a Harry y miró a su alrededor. Estaba mucho más oscuro de lo que debería. Eran las 3:14 de la tarde, le informó su reloj, pero parecía que fueran las siete. El cielo oscuro debía ser culpa de la tormenta que amenazaba con caer sobre ellos en cualquier momento (la madre de todas las tormentas, juzgando por la poca visibilidad que tenía). Los tupidos árboles que los rodeaban no hacían mucho por mejorar la luminosidad del lugar.

Cassandra llevó una mano a su costado izquierdo, por debajo de su capa. Su vestido se sentía húmedo, como todo el resto de su ropa por culpa de la lluvia. Sólo que también se sentía pegajoso y tibio. No podía ver mucho, pero estaba bastante segura de que, si pudiese distinguir mejor los colores, podría ver su mano manchada de rojo.

No sabía mucho de hechizos curativos ("nada", sería una palabra más adecuada), por lo que no podía hacer mucho al respecto. Sacudiendo la cabeza, Cassandra intentó enfocarse en una tarea que sí podía realizar: despertar a Harry.

Ennervate –dijo en voz baja y apuntando a Harry con la punta de su varita.

Y no pasó absolutamente nada.

–Vamos, Harry. Ennervate.

Esta vez vio que Harry arrugaba el ceño y apretaba los párpados con fuerza.

–No, Harry, necesito que abras los ojos, no que los cierres. O que por lo menos me hables. Hacia dónde vamos, ¿en qué dirección encontramos a tus amigos?

Vio que la mano del chico se sacudía, como intentando levantarla, pero sin éxito. Vio también que su ceño se relajaba.

–No, no, no, Harry. Vamos, quédate conmigo. ¿Hacia dónde vamos? –esta vez Cassandra pronunció la pregunta clara y lentamente, para asegurarse de que Harry le entendiera.

–Madriguera. –fue todo lo que Harry consiguió decir.

–¿Y dónde queda eso? –le preguntó Cassandra, extrañada por su respuesta.

Harry dijo algo, pero Cassandra no alcanzó a oírle. Se estaba poniendo nerviosa, Voldemort ya debía haber comenzado a ladrar órdenes de buscar en los alrededores de la mansión. Debían moverse rápido.

–¿Dónde queda, Harry?

–El Quisquilloso. – sus palabras eran confusas, pero Cassandra logró entender lo que decía. Aunque no su significado.

–¿Qué? ¿Vives en la revista El Quisquilloso?

Harry no respondió. Cassandra soltó un juramento que habría hecho que a su madre le diera una apoplejía.

La madriguera. El quisquilloso.

Cassandra barajó dos opciones: o Harry era amigo de una familia de conejos o vivía en la sede de la revista El Quisquilloso.

Si le preguntaban, Cassandra prefería la segunda opción, esencialmente por dos motivos. Primero, porque prefería entregar a Harry a alguien que supiera curar heridas y que de preferencia no tuviese largas orejas peludas. Y, segundo, porque sabía cómo llegar a la revista El Quisquilloso. Más o menos.

Sabía que quedaba bastante al norte de su casa, entre unos cerros. Una vez había ido cuando era pequeña. Debía tener unos trece años. Había acompañado a su tía, que era buena amiga de Xenophilius Lovegood, editor de la revista. Era un hombre muy extraño, pero era buena gente. El motivo de la visita, dar las condolencias al pobre hombre. Acababa de quedar viudo. Un horrible accidente, había dicho su tía, cuando ella le había preguntado la causa de la muerte de la Señora Lovegood, también muy amiga de su tía Sarah.

Aquella vez, antes de ir a visitar, su tía le había mostrado la ubicación de El Quisquilloso en un mapa. Cassandra recordaba haber pensado "Ah, y ahí está la mansión de Madre".

Pero "bastante al norte de la Mansión" no era mucho de lo que aferrarse. Ya estaban bien al norte de la mansión.

Soltando un suspiro, tomó a Harry de los brazos y lo llevó a una posición sentada. La cabeza del muchacho colgó sobre sus hombros. Mierda.

Se puso de pie, ignorando el dolor que comenzaba a hacerse presente en su costado izquierdo. Tomó a Harry de un brazo, con la intención de poner dicho brazo sobre su hombro y arrastrarlo, pero de pronto un pensamiento la invadió. Eres una bruja, por amor a todo lo mágico.

Haciendo rodar los ojos por su propia ridiculez, apuntó a Harry con su varita y lo elevó en el aire. La lluvia ya caía de forma pesada sobre ellos, así que puso a Harry boca abajo en el aire y le cubrió la cabeza con la capucha de la capa que ella le había prestado. Con la mano que estaba libre de varita, buscó a tientas cerca de su nuca la capucha de su propia capa y se la puso sobre la cabeza, su largo cabello arremolinándose alrededor de su cuello. Ahora que lo pensaba, su cabello que siempre era un problema cuando debía correr (porque era largo y pesado y siempre encontraba la forma de caerle sobre los ojos) se había comportado maravillosamente durante el escape.

"El Escape". Así se llamaría esa parte de libro en su autobiografía.

Se golpeó mentalmente. Estaban en la mitad de una crisis y si no estaba pensando en su trasero, era en su pelo. Mina la estaría mirando muy feo si estuviese ahí con ella.

Tomó la orilla de su capucha, se cubrió los ojos de la lluvia y empezó a caminar, Harry flotando a su lado. Dos minutos después, entraron en un claro.

Sin todos los árboles tapándole la vista, Cassandra pudo ver la punta de un cerro, uno de los tantos que rodeaban esa zona. Tomando a Harry firmemente, se concentró y se apareció en lo alto de aquel cerro.

Desde ahí, podía ver por sobre los árboles y ubicarse mucho mejor geográficamente. No que ella tuviese mucho sentido de la orientación, pero intentaba mantenerse optimista. Si habían escapado de Voldemort, podían hacer cualquier cosa.

Miró en la dirección en la que sus instintos le decían que estaba, más o menos, El Quisquilloso. A lo lejos, entre los árboles, Cassandra pudo ver otra pequeña montaña. Volvió a concentrarse y se apareció allá.

Ya se había hecho la idea de que "La Madriguera" debía quedar cerca de El Quisquilloso y que no había sido parte de un sueño sobre conejos que estaba teniendo Harry en la mitad de su inconciencia. La Madriguera era su destino, fuera lo que fuera.

El plan (Plan G, de Genial), era seguir apareciéndose con Harry, de cerro en cerro, hasta acercarse a la zona de El Quisquilloso. ¿Lo bueno del plan? Era sencillo ¿Lo malo del plan? No estaba segura de cuánto tiempo podría seguir apareciéndose. La aparición en conjunto requería de gran concentración y entre mantener a flote a Harry y la pérdida de sangre, no sabía cuánto tiempo duraría. Pero no pensaba rendirse.


A las 5:19 de la tarde y catorce cerros después, Cassandra estaba preparada para rendirse.

Llovía torrencialmente y hacía tanto frío que Cassandra estaba dispuesta a entregarse a Voldemort voluntariamente si el muy infeliz le ofrecía un cappuccino hirviendo con doble azúcar antes de asesinarla.

O quizás no era el clima, sino la pérdida de sangre lo que tenía a Cassandra tiritando de pies a cabeza. Su vista había comenzado a nublarse tres cerros atrás. Tres cerros y un kilómetro. Kilómetro que Cassandra había caminado, con Harry colgado en uno de sus hombros, al ser incapaz de hacer las conexiones neuronales suficientes para concentrarse en aparecerse o hacer levitar un cuerpo.

El nuevo plan, plan H (de "estoy hasta los Huevos"), era caminar y arrastrar a Harry lo suficiente como para juntar la energía necesaria para aparecerse un par de veces más. Debían estar cerca. DEBÍAN estarlo. Habían recorrido mucho y no podía ser que aún no se encontrara con El -estúpido- Quisquilloso.

Estaba poniéndose muy oscuro, más de lo que esperaba. El poco sol que lograba hacerse paso entre las gruesas nubes cargadas de agua comenzaba a abandonarla. Y eso tiraría por el suelo lo que quedaba de plan G y H. Porque si no podía ver en la distancia, no podía avanzar apareciéndose. Y estarían fritos.

Arrastrando el peso de Harry, que parecía pesar el doble con la ropa toda mojada, Cassandra siguió caminando. Por un momento pensó en desnudar a Harry para que pesara menos, pero luego pensó que aunque lograra llegar donde los amigos de Harry, no serviría de mucho si el pobre diablo se moría de neumonía…así que siguió caminando, el sudor frío que la cubría por completo mezclándose con la lluvia que ahora les caía como cubos y cubos de agua fría. El Universo le debía una muy buena explicación.

Salió de entre los árboles, un nuevo claro dándole la bienvenida. Adelante, alcanzaba a ver un cerro. El maldito parecía hacerle burla.

Respiró profundo y lento y se sentó en el suelo, llevando a Harry con ella. Miró hacia el cerro y luego cerró los ojos.

E hizo su mejor esfuerzo por no desmayarse. O por no vomitar, al menos.

Cassandra abrió los ojos muy lentamente, sólo un poco y todo le dio vueltas, así que volvió a cerrarlos. Intentó controlar su respiración, que comenzaba a acelerarse. Otro signo de que tenía más sangre fuera que dentro de las venas.

Tragando saliva como loca, intentó abrir los ojos nuevamente. Y casi se desmaya otra vez, pero de alegría. Ahí, frente a sus ojos color chocolate, estaba El -benditosea- Quisquilloso. Su visión era borrosa, pero definitivamente lo era.

Una risa aliviada salió de su boca antes de que pudiese detenerse. Después de todo, quizás sí lo lograran.

Ahora: Plan I (de "soy la diosa de la Inteligencia). Intentar despertar a Harry para poder pedir nuevas instrucciones. Tomó a Harry de un hombro y lo giró sobre su espalda y se puso sobre él, intentando cubrir la cara del muchacho de la fuerte lluvia que les caía encima.

Ennervate –dijo Cassandra, su voz saliendo en nada más que un susurro.

Harry abrió los ojos y la miró. Debió reconocerla, porque no gritó asustado, como pensó que haría.

–Harry, estamos en El Quisquilloso, ¿ahora qué? –Cassandra intentó suavizar su voz, pero la pregunta sonó exigente hasta en sus propios oídos.

–Hm, ayúdame a sentarme… –Cassandra lo ayudó a levantarse y a girarse en dirección a la extraña casa que estaba frente a ellos. Intentó además, con todas sus fuerzas, no gritar exasperada. No era culpa de Harry que estuviese cansada, con frío y a punto de desangrarse, ¿no?

Bueno, lo era un poco, pensó Cassandra, pero nadie se lo había pedido. Ella se había lanzado de cabeza a la misión de rescate sin que nadie le dijera nada, así que intentaba no quejarse. Además, Harry debía tener un dolor de cabeza asesino, por culpa de su pequeña incursión por la mente del muchacho.

Bajo la ya casi inexistente luz, vio como Harry arrugaba el ceño, intentando concentrarse. Cassandra sólo esperaba que no le dijera "¿Quién dijo que vivía cerca del El Quisquilloso?" Quizás había sido sólo un desvarío de alguien semi-conciente. Si era el caso, siempre podía abandonarlo ahí e ir a ver si Xenophilius tenía cappuccino en alguna parte de su cocina.

–Es en esa dirección –dijo Harry repentinamente, sacando a Cassandra del mundo de los sueños.

Cassandra miró en la dirección en la que Harry apuntaba.

–Detrás de ese cerro, no el primero, el de más atrás, hay un gran valle y después una colina. Hay que rodear la base de esa colina para llegar a La Madriguera. El valle es lo más lejos que se puede llegar apareciéndose.

Cassandra dejó escapar un gemido lleno de desesperanza. Desaparecerse y caminar. Justo lo que más deseaba hacer en ese momento.

Harry lo miraba extrañado.

–Perdón –le ofreció Cassandra– entonces…un cerro, más allá de ese cerro. –Cassandra intentó enfocar mejor la vista, porque por Merlín, no podía ver ese segundo cerro del que hablaba Harry. Un minuto después logró visualizarlo. Y antes de perderlo de vista y perder el valor, tomó a Harry de la mano y se desapareció en esa dirección.

Esta vez Cassandra sí vomitó. Pero por lo menos tuvo la precaución de hacerlo lejos de su ropa. Y de Harry.

Harry, que ahora estaba nuevamente desmayado en el suelo, a su lado. Por lo visto una aparición fue más de lo que sus energías podían soportar y eso que Cassandra había hecho todo el esfuerzo.

Se empujó con las manos para quedar sentada sobre sus talones y miró hacia adelante.

Y no vio nada. La noche había caído. Más temprano de lo que esperaba.

Harry había dicho que bajando el cerro en el que estaban, habría un claro y delante del claro, una colina. Y detrás de la estúpida colina, la famosa Madriguera.

Dejando escapar un grito por el esfuerzo y el dolor, tomó a Harry y lo levantó, rodeando su propio cuello con el brazo izquierdo del chico y rodeándolo luego por la cintura, para que no se resbalara al suelo.

Podía sentir como su costado palpitaba dolorosamente, pero por décima vez en el día, lo ignoró y comenzó a bajar hacia el valle que no veía, pero esperaba que estuviese frente a ella.

En algún momento, la mente de Cassandra se puso en OFF, lejos de su cuerpo que, obviamente, siguió en funcionamiento. Porque cuando Cassandra volvió a enfocar la vista, se encontró con la famosa colina. Había cruzado el claro que Harry le había dicho y casi no lo notó. Yey.

Girando a la izquierda, reacomodó el brazo de Harry sobre sus hombros y siguió caminando, rodeando la colina, tal como le había dicho antes de desmayarse.

Un par de minutos después, Cassandra se encontró con su destino. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro al ver, a lo lejos, lo que debía ser La Madriguera.

Era una construcción de varios pisos y bien iluminada, por lo que alcanzaba a apreciar desde donde estaba. Que no era mucho, porque no podía ver ni un cuerno con su visión borrosa y llena de manchitas negras.

Caminó hasta la valla de madera que cercaba la propiedad y arrastró a Harry hacia la casa. En algún momento, cerró los ojos. Ya no podía mantener la cabeza en alto, sólo podía mirarse los pies. O la silueta de lo que eran sus pies, así que Cassandra no vio sentido en mantener los ojos abiertos. Los cerró y se concentró sus otros sentidos.

En el suave sonido que hacían los pequeños insectos que habitaban en los pastizales que estaba cruzando. No sabía qué insectos eran, pero debían de estar bien ocultos, comunicándose unos con otros, comentando sobre la lluvia.

El sonido de sus pies sobre las pozas de agua, el sonido de ramas al quebrarse bajo sus pies. El sonido de Harry siendo arrastrado por el barro. Pobre Harry.

El olor a lluvia. Siempre había sido un olor que la fascinaba. Fresco y rico. Hacía que su pecho se sintiera más liviano con cada respiración.

Cuando hubo un cambio en el ruido de sus pasos, abrió los ojos. Ya no era barro y pastizales lo que vio bajo sus pies, sino tierra firme. Mojada, pero firme. Miró al frente y vio a sólo un par de metros la casa que Harry insistía en llamar La Madriguera.

Entre los puntitos que bailaban frente a sus ojos, logró ver una puerta. No era una puerta que Cassandra llamaría "de entrada", por lo que probablemente era una entrada trasera. Sacando fuerzas de donde ya no tenía, dio los últimos pasos antes de plantarse frente a dicha puerta.

Podía escuchar voces. No entendía que decían, pero eran definitivamente voces. Eso echa abajo la teoría de la familia de conejos, pensó Cassandra.

Su varita (milagrosamente) seguía firme en su mano y la guardó para poder llamar a la puerta. El ruido de sus nudillos sobre la madera fue seguido por un absoluto silencio. Las voces ya no se oían. Nada. Sólo el ruido de la lluvia.

Tocó a la puerta de nuevo, pero no hubo respuesta. Y Cassandra comenzaba a enfadarse. Se aclaró la garganta y alzó la voz.

–Ya sé que están ahí, abran. Tengo a Harry.

Nada.

–Vamos, estoy mojada hasta los huesos y Harry está inconsciente, un poco de ayuda sería fantástico.

Nada. Y Cassandra ya había tenido suficiente. Hizo lo que toda persona habría hecho en su lugar. Aporreó la puerta, dispuesta a echarla abajo.

–No sé si me escucharon bien, pero ¡hay un puto diluvio acá afuera! En cualquier momento aparece el mismísimo Noé con su puta arca a ver si hay especies que salvar en…

Su discurso enojado se vio interrumpido cuando la puerta se abrió repentinamente. En dos segundos, Harry fue arrancado de sus brazos y Cassandra se encontró siendo arrastrada por el suelo por la parte delantera de su capa.

Otro segundo (y un "agh" de parte de Cassandra) después y su espalda golpeó con fuerza un mueble de madera. De madera muy dura.

Cassandra tenía los ojos firmemente cerrados cuando sintió que algo se apretaba dolorosamente contra la base de su garganta. La punta de una varita.

–¿…está bien? ¿Está vivo?

–¡Silencio, Hermione, intento pensar!

–¡Deja de gritarle!

–¡Tú cállate también!

–¡Silencio los tres!

La última voz, perteneciente a una mujer, hizo que todo el mundo se callara y Cassandra se atrevió a abrir un ojo. Sólo uno.

Frente a ella, estaba un MUY enojado Remus Lupin. Lo reconocía, pues había sido profesor suyo en Hogwarts. Sus ojos enloquecidos mirándola con furia. Su mano temblaba, haciendo que la punta de su varita se enterrara una y otra vez en el cuello de Cassandra.

Cassandra soltó todo el aire que tenía en los pulmones. Y ahí quedó mi esperanza de una amable bienvenida…Estúpido Universo.


Hola! Por fin llegó a La Madriguera, pobre Cassandra. ¿De quién fueron los gritos que escuchó cuando llegó? Eh? ;D
Ya, me gustó escribir este capítulo, espero que les haya gustado también C:
Y ya que fue un capítulo extra largo...mi humilde petición: cuéntenme qué les pareció, sus review son mi inspiración (':
Se viene el capítulo 9 pronto! Saluuudos!