Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío (y).
Cassandra intentó controlar su respiración. Plan J (de Jodido Universo): no desmayarse.
Su tía Sarah solía decir que las primeras impresiones eran muy importantes. Y bueno, caer inconsciente en el suelo de la cocina de gente desconocida podría contarse como una mala primera impresión para algunas personas.
Cassandra hizo un repaso general de la situación. No podía comenzar a idear la segunda parte del plan J sin conocer la situación en la que estaba metida.
Estaba en una espaciosa cocina. Era rústica, a falta de una mejor palabra.
Aunque sencilla quizás era una palabra más correcta, pensó Cassandra. Una chimenea y una gran mesa de madera resaltaban en la habitación. Una docena de sillas (también de madera) rodeaban la gran mesa y en una de esas sillas, junto a la puerta, estaba Harry desparramado, pareciendo más muerto que vivo.
Rodeando a Harry había cuatro personas. No, cinco, notó cuando dichas personas empezaron a revolotear alrededor de Harry. Reconoció a Hermione Granger y Ron Weasley, amigos de Harry, de Gryffindor, dos años más abajo que ella en Hogwarts. Vio también a una chica esbelta y a una mujer baja y regordeta, ambas pelirrojas (y que, sin duda, eran parientes de Ron). Y un hombre alto y de cabello oscuro que le estaba dando la espalda.
Además había otros dos hombres parados cerca de la puerta.
Cassandra estaba tirada en el suelo, sintiéndose miserable, con la espalda apoyada en un mueble de madera. La delantera de su capa arrugada dentro de un puño. Puño que pertenecía a su ex profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. El que, por cierto, se veía listo y dispuesto a cometer asesinato.
Ex profesor que, además, era un conocido hombre lobo.
Los ojos de Cassandra se posaron en su varita, que ahora estaba sobre la gran mesa de madera. Debió extraviarla en algún momento del trayecto puerta-piso-mueble.
En resumen: estaba en una cocina, siendo sujetada contra un mueble, seriamente superada en número, sin varita y la única persona que podía defenderla estaba K.O.
Cassandra nunca se había visto a sí misma como una persona pesimista o fatalista, pero hasta ella tenía que reconocer que la situación no era la mejor.
Su espalda dando fuertemente contra el mueble de madera hizo a Cassandra salir de su ensimismamiento. Al parecer, el profesor Lupin había estado hablando y ella no había puesto atención. Como en los viejos tiempos.
–¿Quién eres y qué fue lo que le hiciste a Harry? –le preguntó.
A los oídos de Cassandra, sonó más como una exigencia que como una pregunta. Los ojos enrojecidos del hombre lobo y la punta de la varita clavándose en el cuello de Cassandra completaban la imagen: o contestaba bien a esa pregunta o lo lamentaría.
Lástima que Cassandra tenía una sola respuesta para eso.
–Cassandra. Y no le hice mucho.
Remus Lupin no estuvo contento con su respuesta.
En un rápido movimiento la mano de su ex profesor, aún envuelta en la capa de Cassandra, tiró de ella, alejándola del mueble, hasta llevarla a la altura de su cara. La varita del hombre lobo seguía clavándose en la base de su cuello.
Cassandra hizo su mejor esfuerzo para no pelear contra el agarre del Profesor. Quería calmar al hombre, no luchar contra su agarre.
–Preguntaré una vez más –le dijo a Cassandra, alejándola de su cara, pero al mismo tiempo alzando la punta de su varita a los ojos de la chica –Quién. Eres.
Todo en él expresaba furia. De pronto, Cassandra se encontró contando los días del mes, para saber qué tan cerca estaba la luna llena. No es que temiera que la mordiera, estaba en forma humana después de todo; y, por lo demás, sabía que Remus Lupin era un hombre justo y amable, pero perfectamente podía perder el control y atacarla, estando cerca de la fecha en que la luna hacía su aparición triunfal en el cielo.
Sabía que, probablemente, el hombre se sentiría culpable luego, pero sinceramente, Cassandra ya había tenido suficiente de ataques por un día.
Cassandra levantó una mano para rodear la muñeca del Profesor Lupin. Su movimiento sólo consiguió que éste la tirara nuevamente contra el mueble, alejándola de él y haciendo que la chica soltara un ruidito asustado. Quien iba a pensar que Remus Lupin daría más miedo que Voldemort.
-Remus.
La voz provenía de un hombre que se encontraba de pie tras el profesor y Cassandra levantó la vista para observar a un hombre negro, de cara seria.
Tenía una túnica morada muy bonita. Quizás luego podrían hablar sobre dónde la había conseguido. Si no la mataba el hombre lobo primero, claro.
Remus Lupin pareció ignorar la intervención del hombre negro; pero, para el alivio de Cassandra, relajó un poco el agarre de su mano.
–Habla –le ordenó.
Aquí vamos...
–Mi nombre es Cassandra Lestrange y les traje a Harry. –agregó eso último como para recordarles que había jugado para el equipo ganador. Aunque el que Harry estuviese medio muerto al otro lado de la cocina no ayudaba mucho.
Como esperaba, la respuesta de su ex profesor fue lanzarla nuevamente contra el mueble. Cassandra hizo una mueca cuando un pequeño adorno de loza cayó a su lado. Estaba acostumbrada a malas reacciones a su apellido, pero esto era ridículo.
–¿Qué le hiciste a Harry? –esta vez la voz no pertenecía al hombre lobo, sino a un tercer hombre. Era quien había estado junto a Harry cuando la arrastraron por la cocina. La voz era profunda y seria. Y extrañamente familiar.
Cassandra se detuvo un segundo a observarlo. Se veía agotado, con una barba de uno o dos días y grandes y oscuras ojeras se hacían notar en su rostro. Tenía el cabello oscuro, ondulado y largo hasta la base del cuello. Debía estar en sus treinta y era...guapo. Pese a lo cansado, se le veía centrado y atento. Y guapo.
–Juro que no le hice nada. Nada a propósito al menos –le respondió Cassandra al hombre y miró cuidadosamente a la persona frente a ella -Profesor Lupin, ¿podría bajar la varita, por favor? –Y soltarme y retroceder un par de metros.
Soltó un suspiro cuando su pregunta fue ignorada. Cassandra estaba segura que los diseños del mueble quedarían grabados por siempre en su espalda.
–No mientas –le escupió el profesor.
–No miento, soy...
–¿Quién te envía? –Remus la interrumpió. Otra vez
–Remus... –quien intentaba llamar su atención esta vez era el hombre pelirrojo. Padre de Ron, quizás.
Cassandra se imaginó que el Profesor Lupin, pese a ser hombre lobo, no solía comportarse así, porque los tres hombres, el de cabello oscuro, el pelirrojo y el de la túnica bonita, avanzaban hacia él, ninguno de ellos haciendo esfuerzos por ocultar su preocupación.
Entendía que estuviese preocupado por Harry. Y que desconfiara de una Lestrange que podía ser perfectamente una Mortífaga, pero Cassandra esperaba que al menos al escucharan. Aclararan todo, se rieran de los mal entendidos. Quizás que la invitaran a tomar ese cappuccino con el que venía alucinando hace horas.
–Remus, deja que hable. –dijo el hombre de cabello oscuro (y ojos grises, ahora que lo veía de más cerca) poniendo una mano sobre el hombro del profesor. –Yo que tú empiezo a cantar verdades. Y rápido. -agregó dirigiéndose a Cassandra.
De cerca se veía más agotado, notó Cassandra. Y más guapo.
Cassandra se cacheteó mentalmente y trató de ordenar sus pensamientos.
–No me envía nadie, vengo sola. Y ya dije quién era. Me llamo Cassandra Lestrange. Harry fue llevado a la mansión de mi familia y lo saque de ahí apenas me enteré. Las heridas que tiene Harry fueron hechas durante su estadía en mi casa, aunque no es por eso que aún no despierta. Eso sí sería culpa mía, me temo.
–¿A qué te refieres? –le preguntó Alto-y-Guapo.
–Bueno, cuando estábamos escapando nos descubrieron y bueno, Harry estaba que se caía solo y yo tenía que hacer algo y rápido. Estaba desesperada, si eso sirve de consuelo. –les dijo Cassandra a los presentes, dirigiendo a su público una mueca de disculpa. Los ojos grises del hombre, fijos en ella, la ponían un poco nerviosa.
Tenía la atención de todos ahora. Menos de Harry, que seguramente no sabía ni donde estaba. Se sentía un poco mejo, por lo menos la escuchaban. Aunque hubiese preferido que el profesor Lupin alejara la mano de su ropa.
Más gente se les había unido mientras hablaba. Había cuatro nuevas personas en la habitación. Cassandra pudo reconocer a los gemelos Weasley que se veían mucho más adultos desde la última vez que los vio. Habían estado en Gryffindor, en el mismo año que ella.
Las otras dos personas eran una mujer muy guapa, alta y delgada y un hombre joven y pelirrojo (para variar).
Cassandra volvió la vista hacia el hombre de los ojos grises. Lo conocía, pero no lograba ubicarlo en su agenda mental de caras conocidas. O de voces conocidas.
Soltó un suspiro y dejó caer la bomba.
-Usé legeremancia en Harry y utilicé luego la información que obtuve de él para salvarnos de Voldemort.
Sip, la gente reacciona mal cuando invaden la mente de algún ser querido, quien iba a pensarlo. Aunque la mitad de las caras de "oh Merlín" podían ser también por decir en voz alta el nombre de Voldemort, pensó Cassandra un segundo después.
–No me miren así, hice lo que tenía que hacer para salvar nuestros pellejos. Harry tiene una mente fuerte, así que quizás fui un poco dura con él. Despertará en un momento. Estará bien, lo juro. –estuvo tentada de levantar la mano y hacer la seña de promesa scout. Se contuvo justo a tiempo.
–Lograste escapar de Voldemort. –le dijo el hombre de cabello oscuro, su voz llena de incredulidad no disimulada.
–Sí.
–Con Harry inconsciente.
–Bueno, sí... –era bastante increíble, Cassandra no lo culpaba por no creerle. Ni ella lograba creérselo aún.
–¿Qué fue lo que le dijiste a Voldemort, Cassandra? –intervino por primera vez Hermione Granger, su voz amable.
Ah, chica inteligente. Directo a lo importante.
–Nada de importancia, creo. Lo llamé Tom un par de veces, hablé de una profecía y de su familia. El resto lo inventé yo y Voldemort pareció tragárselo. –explicó Cassandra encogiendo levemente los hombros.
Cassandra comenzaba a preguntarse cuanto iría a durar el interrogatorio. Con tanto movimiento había recuperado la lucidez, pero comenzaba a sentirse mal nuevamente.
–Oh, está bien. –respondió Hermione, luego de intercambiar una mirada con Ron, su tono decía que esa conversación terminaría en privado luego.
–¿Por qué me llamaste profesor? –preguntó de pronto el hombre lobo, que para el disgusto de Cassandra, aún la sujetaba por la capa, aunque su agarre ahora era flojo – Si hubiese sido profesor de una Lestrange lo recordaría, estoy seguro.
Pronunció su apellido como si sólo decir la palabra le hubiese dejado mal sabor en la boca.
–Bueno, si su memoria es tan buena como sus modales con las mujeres, no tenemos mucha esperanza, ¿no? –eso le ganó otro golpe contra el mueble, pero para Cassandra valió completamente la pena.
–Yo no lo provocarla si fuese tú. – le advirtió el hombre de cabello oscuro, aunque la sonrisa que intentaba ocultar no pasó desapercibida para Cassandra.
–Está bien. No usaba el apellido Lestrange en Hogwarts, usaba el apellido de mi padre, Walsh. Estaba en Hufflepuff, por cierto.
–¿No en Slytherin? -preguntó uno de los gemelos.
–Nop. Mi madre estaba encantada. –respondió Cassandra con una sonrisa cansada. Los gemelos sonrieron de vuelta.
–Sabes, creo que te recuerdo -dijo el otro gemelo, el que no había hablado –te vimos una vez en las cocinas, ayudando a cocinar a una elfina doméstica. Escapaste antes de que pudiésemos saludarte.
-Ah, bueno, soy buena escapando -les dijo Cassandra, encantada con el hecho de que la recordaran. Más encantada de lo que nunca iba a admitir.
–No había ninguna Cassandra Walsh en Hogwarts cuando fui profesor –dijo el profesor Lupin, mirándola a los ojos –creo que mientes.
Cassandra gritó de exasperación. En su mente, claro.
–Pues mi misión en mis 5 años de Hogwarts fue pasar desapercibida así que...
–¡Mientes!
-Oh, ¡ya basta! –gritó Cassandra.
En dos segundos Cassandra estaba de pie, Remus Lupin en el suelo a dos metros de ella y su varita estaba nuevamente en sus manos. Estaba cansada, mojada y golpeada. Y quería un cappuccino. Era suficiente.
Las caras de sorpresa de los presentes fueron su recompensa.
–Lo que usted cree mentiras no se volverán verdades a gritos y golpes, Profesor Lupin. Recuperé a Harry para ustedes. Está vivo ¿no? Hice mi mejor esfuerzo y lo arrastré desde el otro maldito lado del país hasta acá. Y ¿qué obtengo a cambio? ¡Un mueble contra mi espalda y un hombre lobo con problemas de ira!
Estaba segura que no se veía muy amenazadora con su 1,55 de estatura y el cabello mojado pegado a la cara, pero le importaba poco. Estaba enfadada.
–Hasta avisé que venía, por Merlín, ¿qué más quieren de mí?
El hombre de cabello oscuro se adelantó a ayudar al profesor a ponerse de pie lentamente, sus ojos grises fijos en ella.
–Y ahora Voldemort cree que soy un obstáculo en su camino y si no me mata él me matará mi madre. Y estoy cansada y llevo muchas horas sin ingerir azúcar así que si yo fuera usted, Señor Lupin, mantendría las manos lejos de mí.
Su discurso enfadado fue seguido de un silencio sepulcral. Solo la respiración acelerada de Cassandra se escuchaba en la habitación.
El costado estaba matándola y volvía a ver puntos bailando alrededor de su visión. Tenía que largarse y pronto, antes de que hiciera algo muy tonto, como desmayarse.
–Ahora –dijo en voz baja y ya más calmada –si intento llegar a la puerta...¿llegaré intacta o terminare nuevamente contra el mueble?
Su pregunta fue seguida nuevamente por silencio y luego por el repentino ruido de la chimenea encendiéndose.
Cassandra podría jurar que todos saltaron varios centímetros en el aire, antes de girarse hacia las llamas. Ella lo habría hecho también si sus músculos no se negaran a cooperar.
Cassandra vio como de las llamas surgía un rostro muy familiar para ella.
–Molly, disculpa que te moleste pero... ¡Cassie! Niña, por Merlín ¿qué haces acá?
El grito agudo de la Profesora McGonagall hizo que todos se giraran nuevamente a mirar a Cassandra.
Cassandra sabía qué iba suceder a continuación. Los muchos puntitos bailarines de su visión comenzaron a transformarse en un solo gran punto que lentamente ocultó de ella la imagen de la docena de personas que la miraban.
Sin poder hacer nada para evitarlo, Cassandra hizo precisamente lo que no quería hacer. Algo muy tonto, sí.
Caer desmayada.
Plan J: un fracaso rotundo.
Hola, señores y señoritas! Ahí estaba el capítulo 9. Me costó un mundo escribir este capítulo. De hecho, no estoy muy contenta con él, pero no pierdo las esperanzas de que les haya gustado.
No me odien por poner a nuestro querido Remus en la mitad de un ataque de ira. Pensé que toda la situación (con Harry desaparecido por varias horas y Moody muerto) podía llevarlo un poco al límite. Vamos a ver si más adelante la misma Cassandra lo ayuda a superar los miedos de hacer una "vida normal" pese a su pequeño y peludo problema. Tonks va a necesitar toda la ayuda que pueda conseguir.
Me voy de vacaciones por unos días, así que a la vuelta les dejo otro capítulo (esta vez desde el punto de vista de Sirius 1313)
Gracias a todos los que han leído, seguido y/o dejado un review, me emociono cada vez que me llega alguna notificación C':
Eso, amor para ustedes! Y cuéntenme qué les pareció! (:
