Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío (y).
–Cassandra…Cassandra.
La voz llegó a los oídos de Cassandra en oleadas suaves, sacándola leve y momentáneamente de la profundidad del mundo de los sueños.
–Cassandra…
No tenía idea a quién pertenecía o qué quería la voz, pero Cassandra suponía que ya encontraría alguien más que la ayudara con lo que sea que necesitara. Ella estaba ocupada.
–¡Cassandra!
Esta vez la voz vino acompañada de una sacudida en su hombro. La voz lo logró, maldición. La sacó de sus sueños completamente.
Cassandra dio un salto y rebotó en la cama, abriendo los ojos de par en par y buscando su varita bajo la almohada. Antes de poder alzarla completamente para amenazar al culpable de tan brusco despertar, Cassandra notó que la voz era más bien una persona.
Lo que era bueno, porque era un poco difícil amenazar a algo incorpóreo como una voz.
Pero también malo, porque el cuerpo pertenecía a Hermione Granger, así que tendría que abandonar completamente la parte de la amenaza.
–Uh, lo lamento ¿Qué sucede? –preguntó Cassandra, bajando su varita, el sueño aún muy presente en su voz.
–La señora Weasley quiere que bajemos, tiene el desayuno listo. –le informó Hermione con una sonrisa –En esta casa la gente madruga. Nos moveremos hacia el Callejón Diagon un poco antes de las nueve.
Cassandra miró a su alrededor. Ginny ya no estaba en su cama. Y Hermione ya estaba vestida para salir, con unos jeans y una sudadera con cierre, de color celeste.
–Muy bien, ¿qué hora es? –preguntó Cassandra, levantándose con desgana. Oh, nada le gustaría más en la vida que arrastrarse de vuelta a la cama y esconderse bajo las mantas.
Por siempre.
–Las ocho.
Oh, por Merlín. ¿Por qué, Dios mío? ¿Por qué?
–Está bien, bajaré en un momento.
–El baño está libre, por cierto. Puedes ocupar todo lo que hay dentro. Y hay toallas limpias en el mueble junto al espejo.
–Gracias, Hermione. –le dijo Cassandra, sonriendo agradecida. No sabía cuánto tiempo estaría en esa casa, pero la trataban tan bien que casi era difícil de creer.
–De nada –le respondió la chica con voz amable –te veo abajo.
Dicho eso, Hermione abandonó la habitación, dejando a Cassandra, sola con sus eternas ganas de volver a dormirse.
Antes de que sucumbiera a esas ganas, se levantó y se dirigió al baúl que contenía todas sus cosas. Seleccionó rápidamente su ropa, no queriendo que Molly esperara mucho por ella. Quizá a qué horas se había levantado la mujer, por Merlín.
Finalmente se decidió por unos jeans negros ajustados, una camiseta blanca y larga (o un vestidito blanco y corto, dependiendo de cómo se viera) y una sudadera con cierre y capucha, de color gris. Cuando volviera a la habitación terminaría su vestimenta con una bufanda delgada color violeta, para que combinara con sus zapatillas Converse moradas.
Como le dijo a Tonks la tarde anterior, no era muy buena con la moda y los vestidos, pero combinar colores…eso podía manejarlo.
Se duchó a la velocidad de la luz, aprovechó de depilarse las piernas (iba a probarse vestidos y no quería causar malas impresiones a sus recién adquiridas amistades/conexiones) y se vistió aún más rápido de lo que se duchó.
Limpió con una mano el vapor que se había apoderado de la superficie del espejo y suspiró exasperada al ver su cabello. No le gustaba como quedaba cuando lo secaba con su varita. Prefería que se secara solo, porque si no su cabello pasaba de ondulado a estilo afro-en-los-años-60.
Nada que hacer, se tendría que quedar así. Intentó peinarlo un poco con las manos y salió del baño hacia la habitación. Se calzó y se abrigó el cuello, tomó de su baúl un bolso negro, lo llenó con su monedero y algunos dulces de envoltorios multicolores y salió.
–Buenos d…–Y hasta ahí llegó el saludo matutino de Cassandra. No bien había puesto un pie en la cocina, Molly la atacó y la obligó a sentarse a la mesa, junto a Ginny. Hermione estaba sentada frente a la chica pelirroja.
–¿Dormiste bien, querida? ¿Té o café? Hay tostadas sobre la mesa –le habló apresuradamente Molly.
–Eh…sí, gracias. Pero no te preocupes, yo p…
–Y hay mermelada y mantequilla de maní para las tostadas…–continuó la mujer haciendo caso omiso del intento de protesta de Cassandra.
–Tenemos que salir en 15 minutos, se pone así cuando está apurada. Es más fácil sólo decirle que sí y responder a sus preguntas. –le recomendó Ginny sonriendo a su madre.
Oh, bueno.
–Eh…café está bien, Molly.
Un cuarto de hora después, Cassandra estaba corriendo escaleras abajo luego de lavarse los dientes aún más rápido de lo que se duchó y vistió. Al entrar en la cocina, encontró a Ginny, a Hermione y a Molly junto a la chimenea de la cocina.
A decir verdad, Cassandra estaba un poco nerviosa. Un poco bastante nerviosa, pero no iba a hacerlo público. Hace siglos que no usaba la red Flu para trasladarse a ninguna parte. Menos al Callejón Diagon, al que no iba hace años.
Años.
Cuando vivía con su tía, iba todos los años a comprar cosas necesarias para Hogwarts, libros, calderos, ingredientes de pociones, ropa nueva para el colegio y cosas no tan necesarias que compraban sólo porque era un día de compras, como ropa nueva para Mina.
Eso había sido hace ya cuatro años y, cuando iban, lo hacían a través del Caldero Chorreante. Nunca por red Flu, porque a su tía Sarah le daba miedo. Así que sí, he ahí el porqué de sus nervios. Además, Hermione había elegido un pésimo momento para contarle la historia de cuando Harry usó polvos Flu por primera vez, en su segundo año, y terminó por error en el Callejón Knockturn.
Conociendo su mala suerte, Cassandra estaba segura que terminaría en la cima de algún monte en el Tibet. Si es que los monjes tibetianos usaban red Flu, por supuesto.
Hermione fue la primera en meterse a la chimenea y gritar con voz clara "¡Callejón Diagon!".
No podía ser tan complejo. Lo había hecho una o dos veces antes, podía hacerlo.
Ah, mierda, todos la miraban fijamente, era su turno. ¿Por qué nadie le informó el orden e itinerario de viaje?
Cassandra miró a Molly, lista y dispuesta para lanzarse sobre sus rodillas y rogarle que la dejara tomar un taxi hasta el centro de Londres. Pero la mujer pelirroja le sonreía. Era una de esas sonrisas que infundían coraje, esas que dice "Eh, vamos que lo harás bien".
Muy bien...
En vez de tirarse al piso, Cassandra tragó saliva, intentando tragarse a la vez el nudo que tenía en la garganta.
Vamos, Cassandra, es sólo un montoncito de polvo y una chimenea. Y un viaje en el espacio a la velocidad de las estrellas entre llamas verdes. Simple.
Tomó un puño de polvos Flu y las manos le sudaban tanto que temió que no pudiese tirar nada a la chimenea porque se quedaría todo pegado en su palma.
No sucedió.
–¡Callejón Diagon! –A penas lanzó el polvo al fuego y gritó las palabras, Cassandra fue engullida por un muro de fuego verdoso que la cubrió por todas partes. Cerró los ojos intentando escapar un poco al mareo que provocaba el dar tantas vueltas sobre el mismo lugar y luego todo terminó. Bruscamente. Contra el suelo. Contra su nariz.
–¡Oh, Merlín! ¿Estás bien?
Tonks estaba a su lado intentando ponerla de pie. Mientras Cassandra se cubría la cara con las manos ¿Se había roto la nariz? Se sentía rota.
–No lo sé –dijo Cassandra, su voz sonando amortiguada tras sus manos y con los ojos llenos de lágrimas. ¿Había algo más doloroso que los golpes en la nariz? Imposible. –dime tú.
Descubrió su cara y buscó la mirada de Tonks, que ese día iba vestida con unos simples jeans oscuros, una blusa azul y una chaqueta negra.
Tonks inspeccionó la cara de Cassandra, con ojos divertidos.
–Nada permanente, no te preocupes. Aunque quizá se ponga morado. Deberías considerar ese color para un vestido.
Casandra estaba a punto de comentar algo de vuelta, como "y tú deberías elegir algo negro, como tu alma" cuando tras ella estallaron las llamas nuevamente, anunciando la llegada de alguien más.
Ginny apareció entre las llamas y dio un paso adelante como si llevara toda la vida moviéndose de chimenea en chimenea. Si Cassandra no hubiese estado ocupada sobando su adolorida nariz, la había aplaudido.
Medio minuto después apareció Molly, algo despeinada, pero casi tan intacta como Ginny.
Las cinco salieron de la Oficina de Transporte Mágico, que era como una estación de trenes pero de polvos Flu, en dirección al Callejón en busca de la tienda de ropa y túnicas de Madam Malkin.
Aunque, apenas miró a su alrededor, Cassandra olvidó por completo la ropa y los vestidos.
Whoa…las cosas habían cambiado un poco desde la última vez que había estado en el Callejón Diagon. Definitivamente había pasado mucho tiempo.
El lugar rebosaba vida. Vida y colores y actividad. Gente yendo y viniendo. Risas y gritos. El aire olía dulce. Era fantástico.
Pudo ver tiendas de libros, de dulces (la mejor de las tiendas, en su opinión), de helado, de ropa, de Quidditch. No muy lejos Cassandra pudo divisar el Banco Gringotts. Por cierto, debía hacer una parada corta en el banco y sacar algo de dinero de su bóveda.
–Esa de ahí –dijo Molly llamando la atención de Cassandra y apuntando hacia su izquierda –es la tienda de Fred y George.
La voz de la mujer estaba llena de puro y absoluto orgullo y cuando Cassandra alzó la vista, supo por qué. Hacia su izquierda, varias tiendas más allá, se alzaba un lugar espectacular. A Cassandra le costaba creer que no la había visto apenas miró a su alrededor. La iluminación que tenía la tienda hacía difícil que nadie la pasara por alto. Tenía grandes ventanales, a través de los que se podía ver mucho movimiento. Y sobre la puerta de entrada estaba la cabeza de un mago, con un conejo blanco sobre su cabeza. El hombre/robot/maqueta tenía un brazo en alto (que salía de una ventana) y subía y bajaba un sombrero de copa sobre el peludo animalito falso.
Okay, ahora que tenía las manos libres…tenía que aplaudir.
–Es…increíble. –le dijo Cassandra a Molly, sonriendo ante la forma en que la cara de la matriarca Weasley se había iluminado al mirar el negocio de sus hijos.
–Lo es…–interrumpió Tonks, mirando también el local –quizá luego demos una vuelta por el lugar. Ahora, tenemos una misión más importante. Hacerme ver linda.
–Oh, querida, las cosas que dices –protestó entre risas Molly, pero haciendo caso de todas formas.
En menos de 5 minutos, estaban atravesando la puerta de "Madam Malkin, Túnicas para todas las ocasiones". Y las cosas también eran bastante distintas, comparadas con la última vez que Cassandra estuvo en el lugar.
Lo primero que notó al entrar a la tienda fue el aroma que había en el aire. Era algo dulce. Y suave. Como manzanas. Era agradable.
Lo segundo que notó era lo enorme del lugar. La sala principal, donde estaba parada con el resto, era grande y espaciosa. Pero lo que le hizo pensar que el lugar debía ser ENORME, eran las muchas entradas que había, hacia lo que parecía ser un buen número de habitaciones adjuntas.
Súper.
Molly se acercó al mesón que quedaba frente a la puerta, tras el cual Cassandra podía ver a una mujer canosa, regordeta, y muy linda parada mirando unos papeles.
Cassandra la siguió, con Tonks a su lado, aun mirando con interés el interior de la tienda, mientras Hermione y Ginny conversaban animadamente tras ellas, sobre colores de vestidos y peinados. Cassandra se alegraba que al menos ellas supieran en lo que se estaban metiendo.
–Madam Malkin, buenos días –saludó Molly amablemente.
La mujer tras el mostrador levantó la cabeza de inmediato.
–¡Oh, Molly! ¡Qué bueno verte, tengo listo tu traje! –respondió Madam Malkin con entusiasmo. –Lo tengo justo acá, sígueme.
–Madam Malkin, vengo acompañada. –le dijo Molly a la mujer, antes de que esta saliera disparada hacia una habitación que estaba a la derecha del mostrador. –Esta de acá es mi hija menor, Ginevra. –La frente de Ginny se arrugó ante la mención de su nombre y Cassandra vio como Tonks miraba hacia el techo, intentando no reírse. –Ella es Nymphadora –y fue el turno de Cassandra de mirar lejos deteniendo justo a tiempo una carcajada cuando el cabello de Tonks cambió a rojo –Hermione y Cassandra, todas amigas de la familia.
Madam Malkin les sonrió a todas a medida que Molly las iba apuntando.
–Verá, Madam Malkin, mi hijo Bill se casa en unos días y las chicas necesitan vestidos para…
–¡Oh! ¡No digas más, Molly! Vengan, vengan, síganme. Tenemos vestidos para todos los gustos y de todos los tamaños –Cassandra esperaba de verdad que no hubiese dicho eso último al ver su trasero –¡Qué grandes ocasiones son las bodas! ¿no?
Hola, damas y caballeros. Mis más sinceras disculpas, ha estado un poco la lenta la cosa, ¿no? Pido con toda mi gorda alma un poco de paciencia, se viene mi segundo gran examen del año. Tengo que aprobar 3 de esos y me dejan dar el examen final en diciembre...y si me va bien en ese: Seré enfermera! Así que estoy un poco concentrada en eso. PERO no pienso abandonarlos. No, no, no. No señor.
Eeeeen fin. Con las disculpas ya dichas, debo decir que extraño sus reviews ): Sé que no los merezco por ser lenta como tortuga, pero los extraño de todas formas u_u
Próximo capítulo: Día de la boda, preparaciones varias, escenas Sirius-Cassandra (que es lo que más queremos, Whojoo!) y la caída del Ministerio. Será un capítulo laaaargo ajajajaja
Además, publicaré una carpeta en Google Drive, con las imágenes de nuestras chicas/mujeres en sus mejores trajes, para la boda ;D Pondré el link en mi biografía justo después de publicar el capítulo (y el capítulo del otro fic, Entre Líneas, porque Iggy también está incluida en las fotos :) ).
Se viene, se viene! Saludos a todos, gracias a los que aún me leen y no me han abandonado. Y a los que recién conocen a Cassandra...bienvenidos! Son los mejores, en serio LOS MEJORES. Besos y amor para todos!
