Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío (y).
Durante los siguientes días en La Madriguera, Cassandra se sintió en la mitad de un enorme torbellino. En la mitad de un completo caos del que todos habían sido parte, ninguno muy contento, pero nadie dispuesto a decir una palabra de queja. No cuando Molly se veía lista para cometer asesinato con el primero que alzara la voz.
De hecho, no habían sido más de dos días, pero se habían sentido como semanas de trabajo intenso, donde La Madriguera se había transformado por completo.
Ya no era el dulce hogar de la familia Weasley que la había acogido como otra más del clan, para sorpresa de Cassandra que en secreto aún esperaba que la echaran en cualquier momento.
No, ahora era una sede de regimiento militar, donde todos los cadetes corrían apresurados, preparando la boda de la hijita pequeña del Teniente en Jefe. Sólo que el Teniente en Jefe no era un hombre enorme y malvado, sino una mujer bajita y pelirroja. Y la hijita pequeña no era otro, sino Bill Weasley.
Molly se había encargado de que absolutamente todos estuviesen ocupados con algo, sobretodo cierto señor de cabello oscuro y cicatriz de rayo, un caballero pelirrojo perdidamente enamorado de una bruja brillante de pelo castaño y la bruja castaña en cuestión.
Para nadie había pasado inadvertido los intentos de Molly por mantener al trío lo más alejado posible, en lo que Cassandra creía era un pobre intento por evitar lo inevitable.
Cada vez que las cabezas de los tres chicos se acercaban a menos de medio metro, Molly sacaba de la manga algo pendiente que hacer; algo que, en sus palabras, era una tarea muy importante, casi de vida o muerte, pero que a oídos de todo el resto sonaba como algo increíblemente idiota.
En defensa de Molly, Cassandra debía decir que la mujer estaba desesperada. De otro modo no habría enviado a Ron a embellecer a los animales de granja.
El tener que manejar todo estaba haciendo estragos con los nervios de Molly, eso estaba clarísimo. Entendiendo "manejar" como gritar órdenes a los peones, para que la boda de Bill fuera la boda más hermosa que hubiese sucedido nunca, y si a eso se le sumaba la preocupación por su hijo menor y por Harry, que por lo que Cassandra entendía, era como un hijo adoptivo…bueno, Cassandra veía venir las crisis de pánico.
Cassandra sabía que era una muy mala comparación, pero a su madre le pasaba lo mismo cuando tenía que recibir a algún personaje importante dentro del círculo de Mortífagos. Corría como loca, le gritaba a todo el mundo, se preocupaba de detalles de los que hasta Merlín no poseía conocimiento hasta que ella lo notaba.
Una vez Cassandra la vio arrancándose el cabello y llorando como niña porque Tinkie, su elfina doméstica, había elegido una alfombra color rojo oscuro y no verde y plateado para recibir a los Malfoy. A los 15 años, Cassandra había conocido el pánico cuando vio en los ojos de su madre las intenciones asesinas que tenía para la elfina doméstica. Había saltado frente a Tinkie y le había dicho a su madre que había elegido bien el color, que el verde y los detalles plateados, representado a sus antepasados sangre pura, no merecían estar bajo las suelas sucias de los zapatos de una familia tan importante como los Malfoys.
Había sido una mentira grandota como su trasero, pero Tinkie había escapado con vida y ella con nada más que un mechón de cabello menos, cuando su madre aceptó su opinión, pero de todas formas la había tomado por el cabello y lanzado en dirección a la escalera y a su habitación. Su discurso había sido lindo, pero claramente Cassandra no era digna de estar en presencia de magos tan magnánimos como Lucius Malfoy y su esposa.
Sí, tan magnánimos como los cerdos recién "embellecidos" por Ron.
Ahora, varios años después, el recuerdo de su madre llorando como niña y quedándose calva era hilarante, pero Cassandra no quería que Molly llegara al mismo punto. Eso no sería para nada chistoso, y no sólo porque la mujer le agradaba mucho, sino porque Molly tenía razones nobles. Estaba preocupada.
Y, por lo visto, tendría que seguir preocupándose porque, fuera cual fuera el plan que tenía "El Elegido" y sus amigos para los meses que se venían, iba a suceder sí o sí. Es decir, si Harry estaba lo suficientemente convencido de lo que tenía que hacer como para no comentarle ni siquiera a su padrino sobre el bendito plan...es que iba muy en serio.
Aunque "seriedad" no era la palabra que usaba Sirius cuando terminaba su sesión diaria de "intentemos que Harry no se suicide y confíe en su única familia,". Sesiones que, por lo demás, no tenían mayor resultado que Sirius retirándose enfadado de la habitación murmurando maldiciones entre dientes.
Por su parte, Cassandra pensaba que Harry estaba loco. Tenía a magos más que mejor capacitados para cualquier misión que estuviesen planeando. O tan capacitados como se puede estar para enfrentar al maldito mago más poderoso y psicótico del mundo.
El resto de los habitantes de la casa, con la excepción de Remus que interrumpía cuando la discusión subía de tono, los miraba discutir, sin atreverse a decir nada. Por eso Cassandra tampoco hacía comentario alguno, porque si ninguno se sentía con el derecho suficiente para inmiscuirse en sus problemas, menos derecho tenía ella que apenas conocía al par.
Así que sí, Cassandra se había limitado a mirar de lejos al señor Black, deseando poder hacer algo para ayudarlo, pero sin sentirse con en derecho para hacerlo. Como en ese momento, que estaban sentados en la cocina, esperando a que la cena fuera servida.
Era la tercera vez que Cassandra se sentaba en esa mesa para cenar, pero esta vez Tonks no estaba presente y se sentía un poco fuera de lugar.
Por eso estaba sentada, junto a Ron, sintiéndose tan sólo un poco miserable, intercambiando miradas entre su plato vacío, sus manos sobre la mesa y la cara seria y agotada de Sirius Black.
Sirius estaba sentado en una esquina de la mesa, mirando su plato con ojos enfurecidos, como si la pieza de loza hubiese proferido insultos terribles hacia él. Así de enfadado.
Él y ella no habían hablado prácticamente nada.
No, más bien no habían hablado y punto. Cassandra se había mantenido ocupada intentado ayudar a Molly y Merlín sabía en qué ocupaba su tiempo Sirius. Claramente no en escribir poemas románticos para ella, pues no le había dirigido ni la más pequeña mirada. Y sin Tonks cerca para que creara situaciones "accidentales" en las que ella terminara desparramada sobre Sirius...bueno, los planes de "seducir al merodeador" se estaban aguando. Tristemente.
Sus tontas mariposas llevaban días aburridas y enfadadas tejiendo a croché un gran lienzo que hasta el momento decía "¿A qué estás esperando, a que se vuelva más viejo?, estúpida hija de p".
Sip, les quedaba poco para terminarlo.
Y Cassandra debía confesar que no sólo sus ganas de ayudar a Molly la habían mantenido ocupada. Cada vez que lo veía sentado solo en algún rincón de La Madriguera, como en ese momento, se había obligado a concentrarse completamente en algo más, antes de que sucumbiera a sus deseos de arrebatar el lienzo tejido de las pequeñas manos de insecto de sus mariposas y lo usara para envolver a Sirius antes de abrazarlo por siempre.
Y como no había tareas que hacer por el momento, porque no se sentía con el permiso suficiente como para moverse libremente entre las gavetas de la cocina para ayudar a poner la mesa, se dedicó a mirar a Ginny y a Harry que sí estaban haciendo precisamente eso. Poner la mesa. Y mirarse como cachorritos enamorados.
De reojo, Cassandra vio como Ron los miraba enfadado, como si se hubiesen comido su último pastelito.
Jóvenes enamorados y hermanos celosos.
Aaaw…
Su "Aaaw" mental mutó a un "AAH!" mental cuando la puerta se abrió repentinamente, haciéndola saltar. Arthur Weasley entró a la cocina, seguido de cerca por el futuro novio y por el mago de piel negra que estaba el día que Remus la usó para trapear el piso de la cocina.
Sólo que ahora no llevaba su túnica morada, sino una de color calipso, con detalles morados, que era espectacular. De verdad debía averiguar dónde conseguía la tela.
Molly apareció detrás de ellos, empujando a todo el mundo a algún puesto en la mesa. El mago de las túnicas bonitas se sentó frente a ella y a su lado se sentó Bill, dejándola apretujada entre dos pelirrojos.
–Señorita Lestrange –dijo el mago sentado frente a ella, con voz ronca. No lograba recordar su nombre y Tonks se lo había mencionado. Dios maldijera su mala memoria. –Qué alegría verla consciente.
Oh. No sólo tenía excelente gusto en túnicas y una voz exquisita. ¡Tenía sentido del humor también! Punto para el mago sin nombre.
–También me alegro por eso, aunque tendrá que disculparme por haber perdido su nombre en la mitad de mi inconsciencia –le respondió Cassandra, con una sonrisa que ella esperaba fuera de disculpa.
–Oh, no hay necesidad de disculpas, señorita Lestrange –respondió estirando una mano por sobre la mesa –Kingsley Shacklebolt, a su servicio.
–Agradecería de verdad que me llamara sólo Cassandra, para poder llamarle sólo Kingsley. No creo que sea capaz de pronunciar de manera correcta su apellido.
La risa profunda de Kingsley se escuchó por toda la cocina y Cassandra sintió como el peso de la incomodidad era levantado de sus hombros, permitiendo que se dedicara con más tranquilidad a comer y a escuchar las conversaciones que ocurrían a su alrededor.
Mientras terminaba de escribirle una oda a las papas asadas de Molly que eran, por lejos, las mejores papas asadas que había probado en su vida, un "OH!" de la mujer pelirroja la hizo girarse en su dirección, hacia la derecha, donde se había sentado frente a Bill, al otro lado de la mesa.
–Bill, querido, había olvidado mencionarlo, aumenté los invitados a la boda en una persona, espero que no sea problema –dijo dirigiendo la pregunta también hacia su futura nuera.
–Oh, no cgeo que sea pgoblema, Molly –se adelantó Fleur a responder –¿a quién invitaste?
–A una chica llamada Evadine Malkin, es la hija de Madame Malkin y amiga de Ignatia Fenwick, ¿te acuerdas de Iggy, Arthur, querido?
Arthur, que estaba sentado junto a su mujer, pareció pensarlo sólo por medio segundo.
–¡Ah, sí! –dijo finalmente –Muchos años sin verla, ¿no? ¿Está invitada a la boda, no es cierto?
–Eh, sí, yo mismo envié la invitación –respondió Bill –, ¿Estaba ella con esta chica Evadine, mamá? ¿Cómo está?
Cassandra no estaba entendiendo absolutamente nada, pero siguió escuchando mientras tomaba pequeños sorbos de su copa llena de zumo de naranja.
–Oh, ¡está tan linda! Se parece mucho a su padre y tiene un negocio en el callejón, igual que Fred y George, pero una librería. Sus tiendas no quedan muy lejos, así que se conocen. ¡Y oh, Arthur, hubieses visto a su amiga, Evadine, era un encanto y muy, muy hermosa! Me agradó mucho.
Uh, Molly sonaba tan sólo un poco enamorada de la chica.
–¿Hay noticias de Ojo Loco? –preguntó Harry de pronto.
Como la pregunta iba dirigida a Bill, que estaba casi al otro lado de la mesa, el resto de las conversaciones murieron de inmediato.
–Nada.
El cambio en el ambiente fue casi palpable y Cassandra se encontró deseando haberlo conocido más, para poder llorar su muerte como lo hacían todos. El no compartir la pena que sentía todo el resto la hacía sentir como extranjera en La Madriguera. Cosa que era, por cierto.
–Pero eso no significa mucho. Ha estado muy callado estos días –estaba diciendo Bill.
Cassandra se había perdido la primera parte de la frase y, para variar, no estaba entendiendo mucho.
–¿Y aún no me han citado a una audiencia por toda la magia que usé intentando escapar de los Mortífagos? –preguntó Harry enojado. Cassandra vio por el rabillo de su ojo como Arthur negaba con la cabeza. –¿Porque saben que no tuve otra opción o porque no quieren que le diga al mundo que Voldemort me atacó?
Harry sonaba regiamente enfadado. Y Cassandra no se sentía con ganas de culparlo. Ella también estaría enfadada si estuviese peleando con una amenaza que la gente insistía en ocultar o ignorar.
–La segunda, creo –dijo Arthur –Scrimgeour no quiere admitir que ya-sabes-quién es tan poderoso como lo es en realidad. Ni que hubo una fuga masiva en Azkaban.
Ante la mención de la prisión mágica, los ojos de Cassandra se movieron automáticamente hacia Sirius, que estaba mirando con atención a su ahijado. Al parecer sintiendo su mirada, los ojos de Sirius encontraron los de Cassandra durante unos segundos, antes de que Cassandra hiciera lo que haría cualquier persona en su lugar.
Mirar lejos y rezar a sus antepasados para no sonrojarse.
–¿Hay alguien en el ministerio preparado para hacerle frente? –preguntó Ron, interviniendo por primera vez en la discusión. Sonaba enfadado también.
–Claro Ron, pero la gente está aterrada –contestó Arthur– ¡Aterrados de que pueden ser los próximos en desaparecer, sus hijos los siguientes en ser atacados! –el tono de voz del jefe de los Weasley hizo que Cassandra se estremeciera –Hay rumores espantosos circulando por todos lados; yo por ejemplo, no creo que la profesora de estudios muggles en Hogwarts haya renunciado. No ha sido vista en semanas. Mientras tanto Scrimgeour permanece callado en su oficina, todo el día. Sólo espero que esté trabajando en algún plan.
El silencio cayó sobre todos en la cocina y Molly aprovechó para hacer desaparecer los platos vacíos y comenzar a servir pie de manzana. Cassandra se apresuró a ayudarla.
Todos comieron su pie en silencio y Cassandra aprovechó el espacio para apoyarse en el respaldo de la silla, con su copa de zumo firme en las manos, y mirar a la gente que la rodeaba. Las miradas cómplices entre Harry, Ron y Hermione. Las miradas preocupadas de Sirius y Ginny hacia Harry. Las miradas decididas de Arthur y Molly; aunque Cassandra sospechaba que las decisiones del matrimonio iban enfocadas a visiones completamente contrarias. Las miradas llenas de amor entre Bill y Fleur.
Era increíble todo lo que podía pasar dentro de una sola habitación en tan poco tiempo. Tanto sentimiento no dicho. Tanto pensamiento expresado en miradas. No era algo a lo que Cassandra estuviese acostumbrada.
Sus nuevas amistades eran intensas, oh sí.
–Debemos decidig cómo estagás disfgazado Harry –dijo Fleur, sacándolos a todos de su estado post-pie-de-manzana. Harry la miró con cara de "qué…¿qué?" Cassandra tenía que estar de acuerdo…¿Qué? –Paga la boda. Clago que ninguno de nuestgos invitados es mogtífago –agregó mirando de reojo a Cassandra, algo que no pasó inadvertido para ella…Gracias, Fleur –, pego no podemos gagantizag que no se les escapagá algo después de beber champagne.
–Sí, buen punto –agregó Molly apoyando a su futura nuera, levantando la vista del pergamino en el cual había estado escribiendo los últimos 15 minutos. –Sirius y Cassandra necesitarán un disfraz también.
Cassandra estuvo a punto de alzar la voz indignada. ¿Para qué se había esforzado tanto en encontrar un vestido si no podría lucirlo? Y con lucirlo se refería a "mostrar más piel que vestido a Sirius Black"; pero se contuvo en último minuto, considerando las palabras de Fleur y Molly.
Quizá, sólo quizá, era buena idea. Sin intención de alardear al respecto, porque no había motivo para alardear, probablemente estaba en la lista negra del mago más poderoso del mundo. Mago que, por lo demás, quería asesinar a Harry y a todos los que estuviesen en su bando. Harry, sumado a la idiota que le ayudó a escapar de sus mismísimas garras hace menos de una semana…mala combinación.
Y bueno, Sirius no tenía mucho sobre lo que reclamar. Aún era buscado por el Ministerio de Magia por asesinato.
Cassandra se giró a ver a Sirius. No se veía para nada contento con la idea de disfrazarse. Para ser alguien que llevaba casi cinco años escondiéndose, Cassandra hubiese esperado que ya fuera inmune a los comentarios de "Hey tú, perseguido por la justicia, ya sabes qué hacer. Que nadie te vea."
Al parecer no.
–Bueno…estoy de acuerdo con lo de disfrazarme –dijo Cassandra, enviando miradas cuidadosas hacia Sirius –, si tuve la gran suerte de transformarme en blanco de Voldemort, no quiero poner a nadie en peligro. Pero no creo que haga falta que Sirius lo haga. Nadie que haya visto la fotografía de "se busca" que salió en El Profeta hace años lo reconocería, no ahora que está más…más… –Sirius la estaba mirando atento…y Cassandra olvidó por completo qué estaba diciendo –Eh…
¿Está más qué, Cassandra? Guapo. Sexy. Saludable…sí, saludablemente sexy.
Oh, por Merlín.
–Mejor. –terminó de decir, intentando no sonrojarse –Sí, mejor.
¿Más mejor? ¿Mejor? Cassandra no podía creer lo que había salido de su boca.
Qué demonios…se sonrojó de todos modos. La ocasión lo ameritaba.
31 de julio de 1997, La Madriguera
Cassandra aún creía que debía hacer todo lo posible para ayudar a Molly, pero todo el asunto "preparaciones" se estaba volviendo ridículo.
Eran más de las diez de la mañana y estaba intentando terminar la tarea que Molly, muy amablemente, le había gritado que hiciera. Limpiar ventanas.
Todas.
No habría sido tan terrible en una casa normal, pero La Madriguera distaba mucho de ser una casa normal. No con sus seis pisos y medio de altura. Seis pisos y medio de ventanas.
Los primeros tres pisos no fueron tanto problema, las ventanas no necesitaban más que un toque de su varita para quedar tan limpias como era posible estarlo, aunque sí se había sentido muy incómoda entrando a todas y cada una de las habitaciones.
Intentando quitarse la incomodidad de encima, se había sumergido en un juego con ella misma, que más allá de lo penoso que era (sólo un poco), Cassandra había disfrutado. Cada vez que entraba a una habitación nueva, tenía cinco segundos para adivinar a quién pertenecía dicha habitación.
Era divertido porque no podía perder. No había nadie para confirmar sus respuestas.
Qué demonios, sí era penosa.
Había empezado con su tarea a las ocho de la mañana, hora en la que Molly se había aparecido en la habitación que compartía con Ginny y Hermione y las había sacado a todas de las camas, mientras corría de allá para acá, recogiendo ropa y recolocándola en otro lugar.
Los primeros invitados llegarían esa mañana y Molly estaba más nerviosa de lo normal. Si eso era posible. Porque, encima de todo, no eran invitados cualquiera…eran los padres de la novia.
El alivio que sentirían todos cuando Voldemort fuera derrotado, definitivamente no sería comparable con el que sentirían cuando la boda llegara a su fin.
Había tardado no más de 40 minutos en dejar impecables las ventanas de los primeros cuatro pisos, pero cuando llegó al quinto…una hora y media después, estaba lista y preparada para lanzarse por la próxima ventana que viera.
Mientras más subía escaleras, más era obvio que las ventanas de los pisos superiores no habían sido limpiadas en, aproximadamente, dos siglos. Y su varita no estaba siendo suficiente, aunque sonara imposible.
Había tenido que usar su varita para convocar un paño para limpiar las ventanas manualmente después de intentar limpiarlas con la varita. Y después de muchos intentos por lograr ver a través de una ventana en una sucia habitación que parecía ser alguna clase de almacén de desperdicios, llegó a la conclusión de que no era que la mugre estuviese impregnada con magia oscura, que había sido su primera teoría, sino que estaba sucia por fuera.
Duh.
Así que ahí estaba Cassandra, varios, varios minutos después, sentada en el marco de una de las últimas ventanas que quedaban, en el último piso, con la mitad superior del cuerpo hacia el exterior y las piernas colgando hacia dentro en la habitación. Limpiando la bendita ventana por fuera.
Si hubiese estado un poco menos agotada y molesta con la situación, habría tenido un poco más de miedo a caer sobre su cabeza de más de 15 metros de altura; pero sí estaba agotada y muy molesta así que le importaba medio rábano si moría aplastada.
–¿En qué estaba pensando Molly, en nombre de todos y cada uno de los pantaloncillos de Merlín? –dijo Cassandra para sí misma, mientras usaba a su nuevo mejor amigo, el paño limpia vidrios, para exterminar una mancha particularmente insistente. Su varita había hecho la mitad del trabajo, eliminando la mayor parte de la suciedad, pero la mancha todavía estaba en el lugar. –¿Quién mierda va a mirar si las ventanas están o no limpias en el piso 25, por Merlín?
Generalmente no maldecía en voz alta, o al menos no tanto, pero estaba sola con su muy grande molestia y enojo con el mundo. Iba a maldecir como cantinero si así lo quería.
–Es el piso seis, no el 25.
La voz salió de la nada, baja y clara, y Cassandra poco pudo hacer por contener un agudo grito de espanto.
El problema no era que hubiese gritado, para nada. El problema era que, junto con el grito, había dado un salto, perdiendo por completo el equilibrio. Era un muy mal lugar para dar saltos.
Alguien gritó "¡Mierda!", pero Cassandra estaba muy ocupada viendo pasar su vida por delante de sus ojos.
Bueno, en realidad no vio nada, eso de ver la vida entera en dos segundos era una tremenda mentira. Todo lo que vio Cassandra mientras caía de espaldas fue, primero, parte del techo de La Madriguera. Luego el cielo cubierto de esponjosas nubes y, finalmente, la visión del suelo de tierra y piedritas, enmarcado por su larga cabellera rojiza y sus manos suspendidas en el aire.
Suelo que se veía muy, muy, muy lejos.
Cassandra siguió con la vista, casi con morbo, como el pañito que la había acompañado en las últimas tres horas caía, mecido por el viento, lentamente hasta tocar el suelo silenciosamente.
O quizá no había sido silenciosamente y era ella que no podía escuchar más allá del latido de su corazón retumbando con fuerza en sus oídos.
Cassandra tardó un par de segundos en notar que ya debería haber tocado el suelo, es decir, ya debería estar muerta. Pero seguía suspendida en el lugar.
Se atrevió a bajar los ojos…o a alzarlos, ya que estaba de cabeza en el aire, y se encontró con la mirada asustada de Sirius Black, que la rodeaba por la cintura con sus fuertes brazos. Le estaba diciendo algo que Cassandra no lograba escuchar. La parte trasera de sus rodillas estaba enganchada en el ángulo de la ventana, por lo que Sirius estaba medio afuera, medio adentro de la habitación, en su intento de salvarla de dar contra el piso…como su pañito.
De la nada, la capacidad de audición volvió a ella y entendió lo que Sirius estaba intentando decirle. Que se agarrara de sus brazos. Y ella no podría estar más contenta de complacerlo.
Una vez tenía un agarre firme en él, Sirius comenzó a levantarla hacia la ventana. Cassandra sintió como los músculos de su salvador se tensaban bajo sus manos. Si hubiese estado en una situación un poco menos peligrosa, lo habría encontrado muy atractivo y sexy. Pero no era el caso.
Cuando estuvo sentada nuevamente en el marco, Cassandra estaba tan ansiosa de poner los pies dentro de la habitación y Sirius, por su parte, estaba tan ansioso de hacer lo mismo, que golpeó con fuerza su frente contra el marco del vidrio de la ventana.
Cassandra no tuvo tiempo para sufrir por su frente adolorida, porque media milésima de segundo después, Sirius la tenía contra el muro, junto a la ventana abierta, uno de sus brazos aún firme alrededor de su cintura, mientras apoyaba la otra mano junto a la cabeza de Cassandra.
Lo miró con ojos grandes y alarmados, sintiendo que su corazón no alcanzaba a bajar de los 200 latidos por minuto antes de volver a tomar velocidad, cuando notó lo cerca que estaba la cara de Sirius. Estaban tan cerca que Cassandra podía sentir como sus rápidas respiraciones hacían cosquillas sobre su piel.
Sirius le sostuvo la mirada y el tiempo pareció detenerse. El hombre levantó la mano que tenía apoyada en la pared y llevó el pulgar hacia la frente de Cassandra, donde se había golpeado con la ventana.
Cassandra cerró los ojos al sentir sus dedos sobre su piel y cuando volvió a abrirlos se encontró siendo incapaz de quitar los ojos de los labios de Sirius. Sólo debía alzarse un par de centímetros sobre la punta de sus pies y, ahora que Sirius bajaba la cara, milímetro a milímetro acercándose, ella podría…
–¿En qué demonios estabas pensando, Cassandra? ¡Casi haces que me dé un infarto!
El grito fue tan repentino que Cassandra tardó unos segundos en reaccionar.
¿Qué? ¿Y su beso? ¿Y que casi le daba un infarto? ¿A él? ¿Quién mierda se creía que era? ¡Era él el que casi la había matado! ¡Y ni siquiera la había besado después!
Sus mariposas pululaban indignadas en alguna parte en el fondo de su estómago, totalmente de acuerdo con ella. ¡Más les valía estarlo!
–¿En qué carajo estabas pensando tú? –gritó de vuelta Cassandra –¡Soy yo la que casi se infarta! ¡Casi me matas! ¿Quieres ser perseguido por asesinato pero esta vez con motivos verdaderos, Sirius?
"¡¿Y por qué no me besaste?!", quiso agregar entre gritos.
Sirius abrió la boca para responder, seguramente con más gritos, pero fue interrumpido por una voz desde la puerta.
–¿Cassandra? ¿Estás b…? –Ginny se detuvo a la mitad de la frase cuando vio en la posición en la que estaban. Cassandra contra la muralla, entre los brazos de Sirius. No siendo besada. Maldición, Cassandra tenía ganas de matarlo.
Sirius se alejó de ella y se acercó a la ventana por la que ella casi había caído de cabeza, sin hacer comentario alguno.
Cassandra lo miró con enfado, antes de girarse a ver a Ginny, que miraba de ella a Sirius y a Cassandra nuevamente, claramente intentando entender qué estaba sucediendo.
Cassandra le deseaba suerte con eso. Ni ella estaba entendiendo mucho.
–¿Todo bien, Ginny? –preguntó Cassandra, orgullosa porque su voz de verdad sonaba como si no hubiese pasado nada. Porque no había pasado nada. El infeliz no la había besado.
–Eh…sí. Mamá me envió a buscarte, los padres de Fleur llegarán en cualquier minuto y quiere que todos esperemos afuera por ellos.
Perfecto.
Cassandra asintió en silencio y recogió su varita del suelo, antes de caminar hacia la puerta. Ginny le dirigió una última mirada de "no entiendo nada" a Sirius, antes de girarse y comenzar a bajar las escaleras.
Cassandra era muy consciente de que Sirius las estaba siguiendo escaleras abajo.
No entendía muy bien por qué estaba tan molesta. Además de las razones obvias, relacionadas con el pequeño hecho de que casi arruina parte de la fachada de La Madriguera con sangre y sesos al casi caer de un sexto piso que, por cierto, no era un piso 25 como Sirius muy amablemente había comentado.
Dos días antes estaba en plan de hacerse la tonta, de ignorar a las idiotas mariposas que parecían multiplicarse con cada vistazo a los ojos grises de Sirius. La vida ya era complicada sin incluir problemas con un hombre mayor, buscado por la justicia.
Y ahora estaba casi haciendo una pataleta porque el hombre en cuestión no la había besado. Ah, su nivel de madurez la sorprendía a veces.
Pero de verdad había pensado que iba a besarla. Ya había aceptado que Sirius le gustaba, y Tonks insistía en que Sirius no iba a ignorarla si ella se atrevía. Y tenerlo tan cerca…a tan sólo centímetros había hecho que todo se sintiese más…real. Y le gustaba lo real.
Había vivido toda su vida basando todo en ideas hipotéticas y virtuales de lo que podría llegar a ser de su vida. Ahora…no estaba pensando ni proyectándose. Las cosas realmente estaban sucediendo.
Un completo cambio.
Cassandra se detuvo detrás de Harry, en la mitad del patio trasero de La Madriguera, donde todos se habían reunido.
El cambio en el lugar era…digno de aplausos. Las malezas habían desaparecido, los tarros de lata vacíos que habían estado repartidos por el lugar ya no existían. El césped estaba corto, las gallinas tampoco estaban. Vacío, era la palabra que se le venía a la mente. Vacío y muy ordenado.
Los ojos de Cassandra cayeron en lo único que resaltaba en el tranquilo y soleado patio. Un pedacito de tela color anaranjado que, ella sabía, había caído de casi veinte metros de altura. Se acercó a recogerlo, antes de acercarse nuevamente al grupo de magos y se quedó de pie, intentando quitar el polvo de su camiseta.
–Me gusta cómo te queda esa camiseta. Los gatos van con tu personalidad.
La voz de Sirius llegó a ella desde su derecha. Cassandra bajó la vista hacia la camiseta de gato que Ginny le había regalado. Cuando habían ido a comprar vestidos, Cassandra había pagado por la mitad del vestido de Ginny, porque de verdad le quedaba muy bien y estaba algo fuera del presupuesto que Molly tenía considerado. Le habían dicho a Molly que costaba mucho menos de lo que realmente costaba y Cassandra había pagado mientras la mujer hablaba con una amiga de la familia con la que se había encontrado en la tienda.
Ginny le había ofrecido ser su esclava por el resto del año si hacía falta, porque se había enamorado del vestido y Cassandra había pedido, en vez de un año de servidumbre, la camisera de gato que había usado en su primer día en La Madriguera.
Miró a Sirius, que ahora le sonreía, sus ojos arrugándose en las comisuras.
De verdad era muy guapo.
–Eh…gracias. –respondió Cassandra sin saber si eso de la personalidad de gato era algo bueno o malo a los ojos de Sirius. Además aún estaba enfadada con él.
–Lamento haberte asustado, Cassandra. –dijo Sirius, al parecer percibiendo sus pensamientos enojados. ¿Sabía usar legeremancia también?
La risa de Arthur los hizo mirar hacia el frente, donde junto a él, aparecieron tres personas más. Una hermosa mujer alta y rubia vestida de verde, acompañado de un mago algo bajo y con barba muy bien recortada caminaban acercándose al grupo de bienvenida y, tras ellos, una versión chiquita de Fleur Delacour.
Fleur soltó el brazo de Bill y gritó y corrió a abrazar a sus padres. Cassandra no pudo evitar pensar que ella haría lo mismo si fuera su madre y sus hermanos, sólo que correría en la dirección contraria.
–Han pasado pog muchos pgoblemas –dijo la señora Delacour, luego de besar en las mejillas a Molly –Fleur nos ha contado que han estado tgabajando muy dugo.
El eufemismo del año, pensó Cassandra.
–Oh, no ha sido nada, nada en realidad –respondió Molly, ganándose más de una mirada indignada –Ningún problema en absoluto.
Por Merlín.
Sirius quitándole el paño sucio de las manos la alejó de la conversación entre los padres de los novios. Sirius apuntó con su varita al pañito, dejándolo impecable y limpio y con un segundo toque de su varita, lo humedeció.
–Ponlo sobre tu frente –le dijo, devolviéndole la tela fría –se está inflamando.
–¿Y de quién sería la culpa? –le respondió Cassandra suspirando y llevando el paño a su sien –¿Sabes? Creo que me han golpeado más acá en tres días que en mi casa en el último mes.
No lo decía en serio, por supuesto. Eso era imposible, después de todo.
–Oh, vamos Cass…ya dije que lo lamentaba –le dijo Sirius, con una pequeña sonrisa. –¿qué tengo que hacer para que me disculpes?
Casi no pudo escuchar la última parte de la frase porque hubo un grito desesperado y generalizado proveniente de su estómago. Estúpidos insectos ineptos y muy poco sutiles.
No podía llegar y gritarle que con un par de besos se daba por pagada. No, debía jugar sus cartas. O algo así le había dicho Tonks.
–Uhm…–empezó Cassandra, mientras una sonrisa se abría paso en su cara –ya se me ocurrirá algo.
1 de Agosto de 1997, La Madriguera
Cassandra salió del baño en medio de una nube de vapor. Miró a ambos lados del pasillo, sujetando con fuerza la gran toalla que envolvía su cuerpo. Sin moros en la costa.
Entró a la habitación que compartía con las otras dos brujas y se encontró con Ginny, que estaba frente a un pequeño espejo intentando maquillarse, tarea complicada porque el espejo era realmente muy pequeño.
Hermione estaba colocándose unos zapatos rojos, que combinaban bien con su vestido, también rojo.
Cassandra se acercó a su baúl y lo abrió. Su baúl tenía un arma secreta, como solía decir su tía Sarah. Activó el viejo mecanismo y frente a sus ojos se desdobló y armó un pequeño tocador con un gran espejo, que a su vez también se desdobló en dos espejos más a los costados. Ah, que sabía era su tía.
Se giró a ver a Ginny que la miraba con la boca abierta.
–Cassandra, eres una genia. ¿Puedo? –le dijo la chica pelirroja.
–Mi tía es la genia. O lo era. Siempre me dijo que cuando más lo necesitara, era cuando más iba agradecer tener un tocador y un espejo. Y esta, señoritas, es una momento de gran necesidad. –dijo Cassandra, invitándolas con una seña a colocarse frente a los espejos.
Hermione entre risas hizo aparecer una silla para que Ginny pudiera sentarse y luego se colocó de pie junto a ella, apuntando con la varita su cabello.
Cassandra fue hasta su cama y tomó su vestido antes de colocarse tras un biombo que habían hecho aparecer en una esquina de la habitación.
La fría tela del vestido que había comprado se sentía muy bien contra su piel, tibia por la ducha que había tomado. Le gustaba su vestido. Era verde y, más allá de su desagrado por lo Slytherin, le gustaba el color verde. La tela era ajustada alrededor de sus pechos, hasta su cintura, donde la tela caía en ondas suaves sobre sus caderas. Una primera capa de tela caía hasta detenerse un poco por encima de la mitad de sus muslos y una capa superior de tela (algo más vaporosa), que llegaba algunos centímetros por debajo de la primera. Y, la parte que más le gustaba era un intrincado diseño de diamantes, que cruzaba el vestido desde su costado izquierdo hasta el hombro derecho, pasando por entre sus pechos y atravesando luego su espalda de lado a lado. El dinero mejor gastado de su vida, o lo sería si lograba sacarle un "wow" a Sirius.
Subió el cierre que llegaba hasta la mitad de su espalda y salió en dirección a las otras chicas junto a los espejos.
Ginny, que había usado la parte trasera del improvisado tocador como biombo, salió acomodando la falda de su vestido. Ya se había maquillado, algo sencillo y con colores naturales.
–Muy linda, Ginny –le dijo Cassandra –pero ¿sabes? Falta algo.
Cassandra apuntó a Ginny con su varita y sobre su oreja izquierda, hizo aparecer una pequeña y delicada flor blanca que hacía juego con las pequeñas flores bordadas que tenía su vestido. Sólo que las del vestido eran negras, sobre tela gris.
–Voilà.
Ginny le dio un pequeño gracias, mientras se giraba hacia el espejo nuevamente, ordenando su cabello rojo.
A propósito de rojo…
–Por cierto, Hermione…mi cabello.
–¡Ah! Es cierto, ven acá, siéntate.
Habían quedado de acuerdo en que el "disfraz" de Cassandra consistiría únicamente en aclarar el tono rojizo de su cabello, así sería fácil hacerla pasar por alguna prima de los Weasley. Hermione dijo que no sería problema y ella confiaba en que la bruja supiera lo que hacía.
Hermione movió su varita mientras murmuraba algo en voz baja y Cassandra vio en el espejo como su cabello, poco a poco abandonaba su típico color negro-rojizo para transformarse en un rojo Weasley. Genial.
Pero no terminó ahí.
Hermione hizo espacio a Ginny, para que se parara tras ella, quien comenzó a mover su varita también. Cassandra debía admitir que estaba levemente preocupada. ¿Había Hermione hecho algo mal o Ginny intentaba solucionarlo? ¿Iba tener que ir calva a la boda? ¿Iba a….?
–Listo, así las cicatrices quedarán ocultas con tu cabello y podrás llevarlo suelto sin que oculte tu cara.
¿Ah?
Se giró y con la ayuda de uno de los espejos de los costados vio cómo su cabello ahora estaba peinado en una sencilla trenza que se veía espectacular, formando algo así como una corona y dejando que su cabello cayera en ondas sobre su espalda, cubriendo efectivamente las cicatrices que ahí tenía.
Ahora, si se colocaba los guantes que había conseguido en la tienda de vestidos y aplicaba un poco de maquillaje en sus hombros…nadie vería ninguna marca en su piel, a menos que mirara muy, muy de cerca.
–Muchas gracias –le dijo sonriendo. Su mayor preocupación hasta ese momento, era salir y mostrarle a un centenar de magos las consecuencias de sus años viviendo con su familia. Ahora, podía estar tranquila.
La puerta se abrió bruscamente y una despeinada Tonks apareció en el umbral de la puerta, respirando como si hubiese corrido todo el trecho de escaleras desde la entrada de La Madriguera.
Que probablemente era lo que había hecho. Tenían 20 minutos para estar abajo, cuando comenzaran a llegar los invitados.
–Oh, Merlín. Necesito ayuda –dijo, soplando el cabello rosa lejos de sus ojos.
–Uh…sip, la necesitas.
Cassandra sabía que no era lo que Tonks quería escuchar, pero era la única respuesta que tenía para darle.
–No estás ayudando, Cassie. Tenme esto –le dijo lanzándole un bolso azul, mientras corría hacia el biombo, vestido en mano. –Por cierto, Sirius no sabrá qué lo golpeó cuando te vea con ese vestido.
–Yo sí sé qué lo golpeará. –le respondió Cassandra, sentándose en la cama para ponerse sus zapatos –Yo, cayendo sobre él por culpa de estas estúpidas cosas que insisten en llamar "zapatos".
–Esas estúpidas cosas hacen que tus piernas se vean muy bien. –le dijo Ginny, mientras se ponía sus propios zapatos. Tonks la había molestado tanto frente a las otras chicas, que para nadie era un misterio que a Cassandra le gustaba Sirius.
–Lo que no será muy importante cuando caiga sobre mi culo.
–¡Tu culo también se ve bien con esos zapatos!
–¡Oh, cállate Tonks! Y apúrate, tenemos 15 minutos para bajar.
–¡Es cierto! –gritó Tonks, saliendo tras el biombo –¡Ni siquiera sé qué haré con mi cabello!
–Tonks…mi querida Tonks, eres metamorfomaga. Puedes hacer lo que sea con tu cabello.
–¡No estás ayudando, Cass!
–Oh, ven acá. Ginny hizo cosas lindas con mi cabello, ¿crees que puedes hacer lo mismo con Tonks? –dijo Cassandra dirigiendo la pregunta a la chica pelirroja.
–Uhm…déjame ver.
Ginny sacó de su armario un delgado libro y lo abrió. Hojeando, llegó a una página con imágenes de diferentes peinados. Algunos sencillos, otros muy intrincados.
Digna hija de su madre, libros para todo.
–Por cierto –dijo Tonks, mientras Ginny se movía alrededor de su cabeza –¿has vuelto a hablar con Sirius después del pequeño…incidente?
Ah…el incidente.
La tarde anterior, Cassandra había compartido bastante tiempo con Sirius, quien se ofreció para ayudarla en la cocina, en lo que Cassandra creía era un intento por compensarla por el casi intento de homicidio de la mañana. Cassandra estaba preparando postres para la boda y le venía bien un par de manos, así que aceptó con gusto. Tenían un centenar de copas que rellenar con una suave crema de cacao, frutillas y crema. Además, podría tenerlo cerca, lo que siempre era algo bueno.
Molly que estaba ocupada armando un espectacular pastel de cumpleaños para Harry estuvo agradecida por la ayuda, incluso cuando Cassandra sabía que la relación entre ella y Sirius no era la mejor.
Así que había ido todo de maravilla. Sirius no había dicho más de diez palabras en la hora y media que estuvieron en la cocina, pero habían trabajado en una cómoda sincronía, mientras él seguía atentamente sus órdenes, incluso después de que había llegado Remus y se había reído de él.
Iba todo maravillosamente bien hasta que llegó el momento de la cena y Cassandra había saltado sobre él. Literalmente saltado. Sobre. Él.
En su defensa, Cassandra debía decir que había sido con buenas intenciones, aunque no había salido exactamente como lo había planeado.
Sirius estaba sentado en la cabecera de la larga mesa que habían armado en el patio para recibir a los muchos invitados del cumpleaños de Harry y Cassandra estaba sentada junto a él, de espaldas a La Madriguera.
Cassandra estaba pasándolo muy bien. Un nuevo pelirrojo Weasley había llegado ese día, después de los Delacour, y Cassandra debía decir que Charlie le agradaba mucho. Era muy amable y tenía una sonrisa fácil y sincera que, pese a la cantidad de veces que aparecía en su cara, siempre alcanzaba sus ojos.
Estaban aprovechando que Arthur todavía no llegaba para hablar un poco. Sirius no decía palabra, pero se le veía tranquilo y relajado, mientras los escuchaba hablar.
–¿Jugaste alguna vez Quidditch en Hogwarts? –le preguntó Charlie, descansando en el respaldo de su silla.
Cassandra tuvo que reírse ante su pregunta.
–Oh no…no podría mantenerme sobre una escoba aunque mi vida dependiera de ello. –le dijo Cassandra –pero me gustaba ver los partidos. Era de las pocas cosas que de verdad disfrutaba en Hogwarts.
Y no lo decía para darle en el gusto, era totalmente cierto.
–Mamá dijo que sólo estuviste cinco años en el Castillo. –le dijo Charlie en una afirmación disfrazada de pregunta. El tono de voz de Charlie no cambió junto con el tema, y Cassandra supo que él no iba a juzgarla.
–Sip, desde segundo a quinto año viví con una tía, la hermana de mi padre. Y cuando ella murió, volví a la mansión de mi madre y ella decidió que no debía volver. –Charlie escuchaba atentamente, al igual que Sirius, aunque él ya conocía la historia. –Y nunca tuve mucho en Hogwarts, así que dije "qué diablos" y me quedé en casa. Sólo debía mantenerme lejos de mis hermanos y decir "sí, señora" a los intentos de mi madre de transformarme en algo más cercano ella y más lejano a mi Hufflepuff interior.
–¿No te daban ganas de…escapar? ¿Pedir ayuda?
Cassandra había analizado esa pregunta más veces de las que estaba dispuesta a contar y había llegado a una conclusión. La compartió con los dos hombres.
–¿Sabes? No, no lo pensé. Desde pequeña, para mí existían dos cosas. Lo habitual, es decir mi madre y mis hermanos y los gritos y…los golpes –dijo eso en voz más baja. Últimamente había descubierto que le daba un poco de vergüenza la clase de infancia que había tenido –Y estaban mis…vacaciones, lejos de mi vida habitual. Que era Hogwarts y mi tía. Cuando murió mi tía y se acabó Hogwarts dije "bueno, fueron unas largas vacaciones" y sólo volví a lo que pensé que era mi vida normal. La que me había tocado, nada más.
Cualquier comentario que hubiesen querido hacer, ya sea Charlie o Sirius, fue interrumpido por Molly, que alzó la voz para decir que era mejor que empezaran sin Arthur, porque estaba tardando mucho.
Pero no alcanzó a terminar la idea, porque de la nada apareció una comadreja plateada y fantasmagórica sobre la mesa que habló con la voz de Arthur.
"El Ministro de Magia viene conmigo", había dicho la comadreja antes de desaparecer, dejándolos a todos mirándose con cara de no saber qué sucedía.
–Nosotros no deberíamos estar aquí –dijo Remus levantándose de golpe y ofreciendo disculpas al cumpleañero, antes de tomar a Tonks y salir corriendo.
No alcanzaron a discutir mucho más y Sirius sólo alcanzó a ponerse de pie antes de que Cassandra saltara contra él, tirándolo al suelo con un ruido sordo.
El Ministro se habría paso hacia la mesa en el patio, acompañado por Arthur y Charlie se había puesto de pie, intentando ocultar de la vista al enredo de piernas y brazos que eran ahora Cassandra y Sirius, tras la mesa, mientras ambos se arrastraban hasta quedar ocultos bajo el mantel.
–Así que escuchaste sobre el incidente, ¿eh? –dijo Cassandra volviendo a la realidad y notando que Ginny había hecho algo espectacular con el cabello rosa de su amiga. Cassandra alzó la varita y agregó un par de flores en la base de la intrincada trenza que tenía Tonks a lo largo de su cabeza y que recogía todo su cabello de forma elegante.
–Por supuesto que escuché del incidente. Sirius dijo que casi le rompiste un par de costillas.
Cassandra se puso roja, haciendo juego con el color de su nuevo cabello.
–No lo pensé mucho, el Ministro no debía verlo y no hubo espacio para sutilezas. En fin –dijo zanjando el tema – Tenemos cinco minutos, Maquillaje veloz y bajamos. Y Tonks, Remus no logrará llegar al final de la ceremonia antes de saltar sobre ti y arrancar con los dientes tu espectacular vestido.
–¡Cassie! ¡Menores presentes!
–Ah, por favor. Ginny está cruzando los dedos para que Harry haga lo mismo, ¿no? – Fue el turno de Ginny de ponerse roja. –Y, sinceramente, estoy conteniéndome para no usar yo misma los dientes y desnudarte, te ves muy bien.
Y era cierto, El vestido de Tonks fue seleccionado exclusivamente con una intención. Hacer que Remus perdiera la capacidad del habla. Y Cassandra debía decir que habían elegido el vestido correcto. La tela estaba formada por miles y miles de pequeños diamantes que lograban que el vestido adquiriera distintos tonos de morado, según la luz y el movimiento. Era ajustado desde la tela que cubría la delantera de Tonks, hasta las caderas y después caía ampliamente hasta el suelo. Pero eso no era lo más espectacular. Una cinta plateada y brillante rodeaba su cintura haciendo que resaltaran sus curvas y la tela de la falda se abría en el costado izquierdo, dejando a la vista toda la pierna izquierda. Y con "toda"…era TODA.
Y con los zapatos altos que había elegido, sus piernas parecían medir kilómetros.
La voz de Molly llegó desde el piso inferior y las cuatro se movieron a la velocidad de la luz, solucionando los últimos detalles.
Cassandra, que se había tardado muy poco en maquillarse porque había decidido que un poco de sombra verde en los párpados sería suficiente, se apresuró a pintar de un suave rosa sus labios, mientras Tonks corría a colocarse sus muy altos zapatos.
Hermione reacomodó su cabello, Ginny estiró la falda de su vestido sobre sus piernas y estuvieron listas para bajar.
Cassandra se paró derecha y se miró al espejo. Le gustó lo que vio. Se veía linda y alta, aunque sus pies ya estaban quejándose.
Haciéndo una mueca resignada, Cassandra tomó a Tonks del brazo y salió al pasillo, tras las otras dos chicas.
Se venía una larga, larga tarde.
He ahí un capítulo extra, extra largo para compensar mi tiempo de desaparecida. Estoy de vacaciones y pienso aprovechar esta semana al máximo. Subiré ahora un capítulo de "Entre líneas" y en dos días más (espero) subo los capítulos de la boda, en las dos historias (:
Según el libro, la llegada de los Delacour ocurre el 30 de julio, un día antes del cumpleaños, pero me pareció que quedaba mejor así, sino quedaba muy seccionado.
Ah, y en mi perfil (en la biografía) encontrarán el link con la carpeta compartida, para que vean los vestidos :D
Eso, señoras y señores, espero que les haya gustado. Era el capítulo feliz antes del caos ajajajaja
Ojalá puedan dejar un review, contándome qué les parece! Acepto insultos también u_u
Besos!
