Ya sé que muchos se quedaron esperando el beso...así que vamos a subirle un poco la temperatura a la cosa ;D
Disclaimer: si leen algo y les parece familiar, no es mío (y).
La habitación estaba tan silenciosa que Sirius podía incluso oír el sonar del gran reloj que cubría por completo uno de los muros del piso de abajo.
Entre el tic-tac del reloj y la suave respiración de Cassandra, Sirius se encontró sintiéndose más relajado de lo que se había sentido en meses. Y eso, por sí sólo, ya era una tremenda novedad.
No sólo porque era difícil relajarse en la mitad del ir y venir de mortífagos y magos tenebrosos en el último tiempo, sino porque el silencio hace mucho tiempo había dejado de ser tranquilizador para él.
Le recordaba demasiado a su tiempo en Azkaban. No es que sus compañeros de celda hubiesen sido muy silenciosos, no. Los gritos llenos de angustia eran algo habitual para él en aquellos días, pero después de los primeros meses, la mente de Sirius había aprendido a sumirse lentamente en un sopor cada vez más profundo, hasta llegar a un punto donde sólo estaba él, imágenes horribles plagando tanto sus sueños, como sus horas despierto…y silencio. Sólo silencio.
Extrañamente, ahora en la mitad de su antigua habitación, habitación que no traía consigo muy buenos recuerdos tampoco, se sentía…tranquilo.
Un cambio en la respiración de Cassandra hizo que Sirius bajara la vista hacia ella. Desde su posición, sentado con la espalda contra el respaldo de su cama, podía ver perfectamente el perfil de la mujer, sus pestañas oscuras contra su piel suave y amoratada.
Sus labios levemente entreabiertos. Sus manos cerradas suavemente en puños, uno junto a su cara, el otro contra el pecho.
Su expresión serena.
A Sirius le alegraba saber que dormía tranquilamente. Necesitaba descansar todo lo que pudiera. Recuperarse. Estaba mejor, pero tres días de descanso no eran ni de cerca suficientes para borrar dos semanas de maltrato.
Sirius intentó de inmediato alejar sus pensamientos de aquellas dos semanas. Bastaba sólo imaginarlo para perder por completo la tranquilidad mental y recuperar todos y cada uno de sus deseos homicidas.
Que agradecieran que su Cassie era una mujer fuerte, porque si no fuera por esas muchas sonrisas que ella le había disparado en las últimas horas, él ya estaría de camino a matar con sus propios puños a los muy hijos de puta.
Y lo iba a hacer de todos modos, pero no todavía.
Ahora se iba a quedar justo donde estaba, disfrutando de los pequeños placeres de la vida. El sonido de la respiración de Cassandra. El suave aroma a flores de su cabello. La visión de su cabello rojo desparramado sobre su almohada. El calor corporal de Cassandra, en la cama junto a él.
Le gustaba la idea de ella en su cama. Le gustaba mucho más de lo que estaba dispuesto a confesar. Al menos estando sobrio.
No es que ella estuviera haciendo mucho más que dormir en su cama por el momento…pero de todas formas le gustaba la idea de Cassandra en su cama.
Otra novedad ahí.
Nunca le había gustado antes la idea de una mujer en su cama, al menos no si la mujer en cuestión no iba a hacer mucho más que dormir.
Pero ella ahí…le hacía sentir tranquilo. En su cama, a su lado, Cassie no corría peligro. Estaba segura. Y él podía tener el placer de sentirla y escucharla.
Cómo habían cambiado las cosas, pensó Sirius sonriendo. Pero qué demonios, le gustaba ese cambio en particular.
Sirius se rindió a un deseo que llevaba un par de minutos reprimiendo y estiró una mano para retirar un mechón de cabello rojizo de su cara, teniendo cuidado de no sobresaltarla.
Todavía sonriendo, Sirius pensó en todo el avance que habían hecho en no más de dos horas. Tenía que admitir que cuando subió a su habitación, cargando en una mano una bandeja de comida y en la otra mano una montaña de furia reprimida, no había esperado que las cosas resultaran como habían resultado finalmente.
Sabía; gracias a Hermione, sus ojos observadores y su bendita mente alerta; que Cassandra planeaba escapar pronto y sabía que estaba confundida y asustada. Lo que no esperaba era que estuvieseconfundida a tal punto que él pudiera usar eso a su favor.
Finalmente, todo lo que había tenido que hacer era mirarla a los ojos y decirle verdades. Algunas verdades un poco vergonzosas y ligeramente poéticas, pero verdades al fin y al cabo.
Y aunque se hubiese puesto un poco en vergüenza…había valido la pena. Completamente.
–Entonces…no porque necesite escucharlo por cuarta vez ni nada, pero…quieres que me quede.
Cassandra estaba acostada sobre su espalda, su cabeza hundida en una de las muchas mullidas almohadas que había repartidas sobre la cama. Sirius estaba acostado a su lado, pero sobre las mantas. De lado, un codo sobre el colchón, la cabeza apoyada en su mano.
Sirius, desde su ángulo mirándola hacia abajo, le sonrió porque ella tenía razón…esa debía ser la cuarta o quinta vez que se lo decía.
–Sí, Cass. Quiero que te quedes.
En la última hora, después de casi obligarla a comer las papas asadas de Kreacher, habían hablado de todo un poco y Sirius había aprendido mucho sobre ella.
Ahora sabía, por ejemplo, que era una maestra del origami, que estaba de cumpleaños el 17 de octubre; que, por lo tanto, su cumpleaños número veinte estaba cerca; y que la última vez que lo había celebrado había sido cuando tenía catorce años.
Había aprendido que su color preferido era una eterna disputa entre el morado y el anaranjado. Que la flor que más le gustaba era el girasol y que Nymphadora era la primera amiga que tenía.
Sabía, además, que había algo muggle llamado "Guerra de Las Galaxias" y que ella era fanática de eso. Ello. Ellos. Lo que fuera.
Que le gustaba más el invierno que el verano. Que le gustaban las estrellas, pero que no sabía mucho de ellas.
–Y no es que tampoco necesite escucharlo por décima vez pero… –Sirius la vio morderse el labio y quiso hacer lo mismo: morderle el labio. En vez de hacer eso, intentó poner atención en lo que decía –¿…no crees que soy molesta ni desagradable?
Esa era otra cosa que había aprendido de ella, aunque ya lo sabía de antes…Cassandra tenía serios problemas de autoestima. Nada que él no estuviese dispuesto a solucionar, de todas formas.
–Nop. Creo que eres…
–Hermosa.
–Sí.
–Ya…
–Aún no me crees esa parte, ¿no es cierto?
–No…sí. ¡Ahg, no lo sé! –Sirius la imitó cuando Cassandra abandonó la comodidad de las almohadas y se sentó sobre la cama –Es que bueno…no es algo que me hayan dicho muchas veces, ¿sabes? Sin intención de dar pena ni nad…
–Cassandra, mírame –Sirius se lo pidió en voz baja, pero de todas formas no le dio espacio para pensarlo y alargó una mano para tomarla del mentón –No me das pena, pensé que eso había quedado claro. Me provocas una gran cantidad de cosas, ninguna que quiera discutir contigo estando en mi cama, al menos no todavía, pero pena y lástima no son parte de aquella lista, ¿entendido?
Cassandra se sonrojó como loca y Sirius tuvo que reprimir una carcajada.
–Eh…entendido.
Sirius casi cantó victoria. Casi.
–Pero es que Sirius…
–¡Oh, vamos Cass!
–Es que no me puedes decir que no te molestan mis cicatrices o mi…o mis cicatrices.
Sirius estaba seguro de que repetir "cicatrices" no era lo que había pensado decir al final, pero lo dejó pasar.
–Cass, mi molestia con tus cicatrices está relacionada sólo con los idiotas que las hicieron. Cuando tengamos más tiempo vamos a hacer una lista de cada imbécil que te hirió y de cada cicatriz que te dejaron y lo vamos a pasar muy bien persiguiéndolos luego, ¿sí? Y lo vamos a pasar aún mejor discutiendo cada una de las cicatrices, porque no pretendo dejar ni un trocito de piel sin revisar…
Como Sirius esperaba, Cassandra volvió a ponerse como tomate. Y tuvo que tragarse las tremendamente…enormes ganas que tenía de besarla hasta que lo último que cruzara su mente fuera la palabra "cicatriz".
No…había una decena de otras palabras que él quería que cruzaran la cabeza y labios de Cassandra. Y ninguna tenía que ver con nada más que él y ella. Con absolutamente nada entre ellos.
En su maldita cama.
Sirius se aclaró la garganta y tomó una de las almohadas para colocarla rápidamente sobre su regazo. Esperaba que Cassandra, en su inocencia, notara el movimiento, pero no supiera qué significaba.
Sirius esperó en vano, porque Cassandra sonrió como gato frente a un platito de leche, sus ojos adquiriendo un brillo que hizo que Sirius tragara saliva convulsivamente.
–Umh…¿Sirius?
–¿Qué? –Maldición, si su voz no sonaba ahogada.
–¿Recuerdas lo que me dijiste temprano, cuando recién llegaste? ¿Aquello sobre mis ojos y que no querías presionar, pero que teníamos un inconveniente? –Oh, Sirius sabía perfectamente de qué estaba hablando. Se limitó a asentir lentamente, sin dejar de mirarla a los ojos –Pues yo también creo que en la mitad de una guerra todo lo que tenemos es prisa.,,
–Prisa…sí.
–¿Y qué dijiste que querías volver a hacer, Sirius? –su voz era ronca y le recordó a un gatito ronroneando. Nunca antes un gatito ronroneando le había parecido tan malditamente sexy ni le había acelerado el pulso, santo Merlín. Pero ya que ella quería jugar…
–Dije que quería volver a besarte. Sin interrupciones, hasta que lo único que puedas decir sea mi nombre. Bueno, eso último no lo dije, pero pensé que quedaba implícito.
Cassandra se puso de un bonito color rosa brillante, pero no retrocedió ni un centímetro.
–Y si todo lo que hay es prisa, Sirius…¿qué es lo que estas esperando?
Sirius la tenía entre sus brazos antes de que ella terminara de hacer la pregunta. La sujetó por la cintura, evitando sus costillas heridas, y por el cabello; y la besó con toda la prisa que ella había mencionado tantas veces.
Al contrario del primer beso que habían compartido, los labios de Cassandra lo buscaron con avidez desde el primer momento y lo hicieron con muchísimo más calor del que Sirius había esperado.
La cálida y suave sensación de la lengua de Cassandra sobre sus labios hizo que su estómago saltara y que su corazón se echara a correr como loco. Dios, la bendita mujer lo iba a matar.
Y Sirius iba a morir feliz, aplaudiendo su destino y lanzando confeti.
En algún momento habían terminado acostados sobre las almohadas nuevamente, él sobre ella, sus exquisitamente formadas piernas rodeándolo de la misma forma que su lengua rodeaba la suya.
Eran un enredo, pero era un enredo de lo más maravilloso.
Sirius liberó la boca de Cassandra y, casi de inmediato, lamentó haberlo hecho, porque mientras él bajaba por su cuello, intentando tocar con los labios la mayor cantidad de piel posible, Cassandra aprovechó de tomar aire, soltando entre respiraciones pequeños jadeos que amenazaron con volverlo loco por completo.
Y por Dios, sí que perdió la cordura por unos segundos, cuando simplemente se dejó llevar y volvió a su dulce boca a la vez que hundía con fuerza entre las piernas de Cassie.
La maravillosa fricción lo tuvo casi viendo estrellas y, por un terrible segundo, Sirius pensó que le ocurriría algo que no le sucedía desde que tenía trece años.
Sintiendo como el calor le subía hasta la cara, Sirius volvió a la realidad.
Merlín…estaba seguro de que habrían bastado sólo un par de segundos más y se habría corrido en los pantalones, como un triste chiquillo atravesando los primeros meses de pubertad.
No estaba seguro si era porque Cassandra lo mantenía en un constante estado de locura o si era porque llevaba cerca de quince años sin sentir las piernas de una mujer a su alrededor.
Pero por Merlín, sí que había pasado tiempo.
Por suerte, el movimiento que casi lo había puesto en vergüenza había arrancado un agudo gemido de la garganta de Cassandra, llevándolo de golpe a la realidad: lo que había empezado como un juego, había terminado en puro fuego, lenguas y mantas revueltas. Y Cassie aún estaba morada por todas partes.
La mujer había atravesado el infierno de ida y de vuelta, aún no lograba recuperarse por completo y él ya la tenía atrapada contra la cama.
Era un maldito perro desconsiderado.
Sirius la miró otra vez, su pecho subiendo y bajando con cada silenciosa y tranquila respiración.
Aquella última frase que había cruzado la mente de Sirius lo tuvo pensando sobre un detalle que antes no había considerado.
Él sabía mucho de Cassandra ahora…pero ella no conocía casi nada de él. Y había un pequeño y peludo detalle que ella debía conocer.
Sonriendo, Sirius cerró los ojos y sintió como se deslizaba hasta quedar acostado a su lado.
Desde su nueva altura y con su nueva visión, se detuvo a observar cada detalle en la cara de Cassandra, antes de cerrar los ojos y acompañarla en el sueño que tanto necesitaban.
Ella para recuperarse y él para asegurarse de que nadie la interrumpiera mientras lo hacía.
¡Hola, hola! ¿Cómo estuvo eso, eh? ajajaja ¡Espero que les haya gustado! Merlín sabe que al menos yo sí disfurté escribiendo este capítulo. Quiero, nuevamente, darle las gracias a todos, que en su eterna paciencia y hermosura, me siguen acompañando. A todos ustedes, quiero hacerles una solemne promesa. No abandonaré esta historia hasta que tengamos la palabra "fin" escrita con mayúsculas y negritas al final. No sé muy bien cómo terminará todo exáctamente (y acepto sugerencias, porque hay muchos detalles del libro que, al final, no fueron de mi completo agrado), pero ya saldrá algo en el camino. Sólo sé que no los abandonaré, ni a ustedes ni a Cassandra y que espero estar siempre a la altura y lograr darle un buen final, como corresponde (:
Peeeeeero, para eso falta mucho aún ajajaja todavía no llegamos a septiembre de 1997 y nos quedan meses por delante ;D ¡Si pueden, cuéntenme qué les pareció! (Y para los que leen mi otro fic, Entre Líneas, actualizaré en unos minutos ;D ) Lamentablemente, esta semana será absolutamente imposible escribir, porque me tendrán como esclava trabajando, pero espero que después de esta semana volvamos a leernos ¡Besos y abrazos para todos! Y mucho, mucho amor (':
Nicola.-
