Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío (y).

Advertencia: después de esto, creo que sí deberemos subirle el "PG-13" a algo más grande ajaja ;D


26 de agosto de 1997

Era probable que, quizá, Cassandra cometiera asesinato aquella tarde.

Llevaba varios días ignorando sus crecientes y crecientes deseos homicidas, pero las cosas estaban alcanzando ya el límite de paciencia de Cassadra.

¿Quién pensaría que ella, que había vivido tantos años bajo el mismo techo que Elessa Lestrange, realmente tenía un límite de paciencia?

Por el momento su mejor teoría era que, hasta ese entonces, no había conocido a nadie que se esforzara tanto en romper aquel límite. Y Merlín sabía que Sirius estaba lográndolo.

Ya habían pasado varios días desde que ella y Sirius compartieron aquellos besos (y qué besos...) en la habitación de Sirius, cuando él se había esforzado tanto en convencerla de que, de verdad, estaba interesado en ella. Que, de verdad, la consideraba una mujer...bonita.

Nunca nadie le había dicho que era bonita.

Era algo pequeño, y bastante idiota, ahora que lo pensaba con más detenimiento, el hacer tanto escándalo porque le dijeron "hey, creo que eres linda". Pero Dios y todos sus otros amigos dioses sabían lo mucho que había significado para Cassandra que Sirius pronunciara esas palabras.

Alguien la quería. No en el sentido de...amor, aunque la niña soñadora dentro de Cassandra no perdía la esperanza al respecto. Sino que "quería" en el sentido de que alguien la quería dentro de su vida. A ella.

A ella, con su vida oscura y su millón de cicatrices. A ella, con sus desconfianzas y dudas.

A ella, con su trasero enorme y su amor por los dulces.

Nadie lograría nunca convencerla de que era algo pequeño. Era algo enorme. Importante. Importantemente enorme. Lo que le había dicho Sirius, no su trasero.

Y ahora ella quería saltar y abrazar su destino...o saltar y abrazar a Sirius, que era prácticamente lo mismo, y el muy idiota la ignoraba como a la plaga.

El tercer día después de que Sirius le presentara a su buen amigo y muy bien educado Señor Hipogrifo, Cassandra lo había encontrado tomando café en la cocina, sin más compañía que Kreacher, que se movía de allá para acá, cuchara de palo en mano.

Cassandra lo había regañado, intentando contener la risa, por supuesto, porque no sólo le hablaba de un canario y le presentaba una bestia de dos toneladas de peso, sino que el amigo cocinero que ella asumía era Kreacher, no era otro sino un poco agraciado, pero muy servicial elfo doméstico.

Parecía pasar de desengaño en desengaño en lo que a Sirius se refería y se lo dijo aquella mañana.

–Nunca pensé que el renombrado Kreacher sería un elfo doméstico le dijo Cassandra a Sirius, luego de haber saludado y haberse presentado ante el famoso cocinero de sopas de cebolla ¿Va ser algo común entre nosotros, esta sensación de haber sido engañada, Sirius? Porque si es así, quizá quiera arrepentirme...

Dicho eso, Cassandra se había inclinado sobre la mesa y se había tomado de un solo sorbo el resto del café tibio de Sirius, antes de devolverle la sonrisa.

Entonces se había inclinado aún más, hasta alcanzar sus labios y antes de que supiera qué estaba sucediendo, Cassandra estuvo sobre su regazo, brazos sobre los hombros de Sirius, manos entre su cabello, dientes mordiendo sus labios; maldiciendo, por lo demás, su estúpida necesidad de respirar, porque no quería interrumpir aquellos maravillosos besos.

¿Quién carajo necesitaba oxígeno, después de todo?

Y entonces Cassandra ya no estuvo sobre las piernas de Sirius, sino de espaldas contra la bendita mesa, con Sirius sobre ella, aprovechando el espacio que quedaba entre las piernas de Cassandra para no permitir ni un centímetro de espacio entre sus cuerpos.

Cassandra no había tenido más que un segundo para considerar que, en algún lugar a diez metros a la redonda, estaba un pequeño elfo doméstico mirando con cara de espanto el show que estaban presentando Sirius y ella. Y que el show perfectamente podría transformarse en público (más público aún), cuando el trío de adolescentes que rondaba en alguna parte de la casa, decidiera aparecer por la puerta. Puerta que, por lo demás, estaba abierta, santísimo Merlín.

Y luego Cassandra tuvo otro segundo para maldecir mentalmente todo y declararse a favor del show público porque la sensación de las manos de Sirius sobre sus pechos, su peso sobre su cuerpo, su lengua contra la suya...era demasiado bueno como para detenerse sólo porque existía el riesgo de traumatizar a un elfo doméstico o quemar los ojos sensibles de Ron.

Cassandra estaba en proceso de rodear las caderas de Sirius con sus piernas, para fijarlo en el lugar y no permitir por nada del maldito mundo que se alejara medio milímetro de ella, cuando Sirius tomó la decisión en nombre de ambos y se separó de golpe, volcando la silla y la taza de café (ya vacía, por suerte), en el proceso.

Cassandra lo había mirado sobresaltada, preguntándose antes de poder contenerse, si había sido algo que hizo ella lo que había hecho saltar a Sirius como si hubiese estado besando una mandrágora y no a ella.

Y antes de que Cassandra pudiese hacer nada más que mirarlo con ojos como plato, Sirius había salido a toda velocidad por la puerta de la cocina, dejándola sobre la mesa, con el corazón latiendo al doble de lo normal y con una pregunta sin pronunciarse en la punta de la lengua.

Ahora, dos días después de aquella escenita que habían llevado a cabo justo en frente de un altamente impresionable elfo doméstico, Cassandra se encontraba sentada de piernas cruzadas sobre su cama, frente a Nymphadora Tonks, que acaba de escuchar toda la historia.

–Bueno –comenzó Tonks, con cara de estar realizando el mejor análisis de toda su carrera como Auror–, es claro que Sirius está conteniéndose –esa era también la teoría de Cassandra–. Ahora, ¿por qué lo hace?

Y esa era también la pregunta que Cassandra llevaba días haciéndose.

–Esa, mi querida Tonks, es la pregunta del millón de galeones.

–Quizá simplemente quiere llevar las cosas más lento...

Cassandra miró a su amiga con cara de "me estás jodiendo" antes de que las dos explotaran en risas. Sirius Black llevando las cosas con lentitud...esa sí que era una buena. Ya habían tenido el tiempo para discutir la vida amorosa y no-amorosa que había llevado Sirius en sus años de juventud, mientras se comían un kilo y medio de helado de chocolate con naranja trozada, que había sido el primer antojo de embarazo de Tonks. Y Cassandra tenía más que claro que si los dementores tuviesen pechos y usaran capas más cortas, Sirius se habría pasado doce años perfeccionando sus dones de seducción.

–No, pero en serio...–continuó Tonks secándose de los ojos lágrimas de risa –quizá esta vez sí piensa que tiene que ir lento.

Cassandra tuvo ganas de darse de cabezazos contra algo.

–¿Y por qué demonios iba a hacer la única excepción de su vida justo conmigo?

–Bueno...tal vez eso es algo bueno, ¿no crees? Sólo contigo haciendo excepciones, quiero decir.

–Tonks, no quiero que haga excepciones...–intentó explicarse Cassandra, tomando su tonelada de cabello e intentando transformarlo en un moño en lo alto de su cabeza –, no sé si me estoy explicando bien. Quiero que me quite la ropa, quiero que me toque. Quiero que me deje malditamente inconsciente mientras hace todas esas cosas de las que hablamos en la madriguera cuando planeábamos cómo transformar al merodeador en flancito dispuesto.

Tonks soltó una carcajada antes de dejarse caer de espaldas sobre la cama y mirar a Cassandra con cara seria. Tonks estando seria...lo que venía debía ser prometedor.

–Transformar al merodeador en flan dispuesto, ¿eh? –Ah, su amiga era una bendita genio. –Sólo tienes que darle un empujoncito, tal como hicimos conmigo y Remus. Ofrecerle algo lo suficientemente tentador como para que no sea capaz de rechazarlo. Sabemos que Sirius no podrá resistir mucho, no cuando eres tú la que empieza a mostrar poca ropa y mucha piel...

La sonrisa que se abrió paso en la cara de Cassandra lo decía todo. Sirius iba a vérselas difícil. Realmente difícil.


31 de agosto de 1997

Sirius iba a volverse loco. Completa e irremediablemente loco. Simplemente no había más opciones.

Iba a perder la cabeza y se iba a suicidar. Aún no estaba seguro de cómo lo llevaría a cabo, pero se debatía entre la opción de ir a visitar a su prima Bellatrix y ofrecerse voluntario para una maldición imperdonable o subir a la habitación de Buckbeak, decirle "estúpida rata mutante con alas, tus plumas son feas y tú patas de pájaro apestan" y esperar morir bajo dichas patas de pájaro.

Lo único que sabía con absoluta claridad era iba a perder la cabeza y sería todo culpa de Cassandra Lestrange.

De verdad, de verdad, Sirius estaba haciendo esfuerzos dignos de ser escritos en la próxima edición de Historia de La Magia, para mantener las manos lejos de la mujer. Para no ceder a sus más bajos y oscuros impulsos. Para darle tiempo a la relación que ambos estaban iniciando. Ella no tenía la experiencia que sí tuvo él en sus años de juventud y no quería que se sintiera presionada. Intentaba ser un maldito caballero en todo el sentido de la palabra.

¿Quién diablos iba a pensar que él, el reconocido Sirius Black, aquel que solía retirar ropas interiores y luego preguntar nombres (como muy amablemente lo había puesto Lily una vez), iba a terminar esforzándose tanto para actuar de maldito caballero y hacer precisamente lo contrario?

James estaba riéndose de él, donde sea que estuviese en ese momento, Sirius estaba seguro. Merlín sabía que Remus se había reído en su cara. El maldito casi había mojado los pantalones cuando le preguntó sobre cómo iba todo entre él y Cassandra y Sirius había respondido "intento llevar todo lentamente".

Cuando el ataque de risa hubo cedido, le había golpeado un hombro y le había dicho "suerte con eso", antes de cambiar el tema a algo completamente distinto.

Y sí que iba a necesitar suerte. Iba a necesitar toda la suerte del mundo.

Las cosas habían comenzado con Cassandra usando ropa más ajustada. Apareciéndose frente a él para, más rápido que un maldito ninja, enviar en su dirección una sonrisa desarmadora antes de besarlo y desaparecer.

Pero con cada hora que pasaba, cada día que pasaba, quedaba más y más claro que Remus tenía toda la razón en desearle suerte, porque, por Merlín, Cassandra se lo estaba poniendo difícil.

No, difícil quedaba corto. Se lo estaba poniendo imposible.

Hasta el momento, su mejor teoría era que Cassandra lo hacía a propósito. Tentarlo sin parar. Tenía que ser eso o él tenía una tremenda y preocupante fijación con el trasero de su...algo así como novia.

Cada vez que alzaba la vista, movía los ojos, enderezaba la cabeza, sus ojos caían sin falta en aquel glorioso trasero.

Un par de días atrás, Sirius se había encontrado a sí mismo con los ojos fijos en él, mientras Cassandra buscaba Merlín sabía qué en uno de los aparadores de la cocina. Fuera lo que fuera, parecía no encontrarlo, porque llevaba un buen, buen rato agachada por la cintura, balanceándose de allá para acá, matando lentamente cada una de las buenas intenciones de Sirius.

Y así, miles de otras pequeñas acciones que hacían que a Sirius le entraran ganas de sacarse los ojos con una cucharita plástica. Besos largos y lentos, palabras susurradas al oído, vestiditos que hacían malditas maravillas con las curvas de la mujer. Deseos asesinos cada vez que Ron o Harry se quedaban pegados mirándola. Aunque quizá no se quedaban pegados viéndola, pero que la vieran por más de un segundo ya hacía que Sirius quisiera golpear a alguien.

La noche anterior había pasado sin "incidentes", si podía llamar así a las apariciones de Cassandra viéndose hermosa y sexy como el infierno. Y ahora que estaba en la cocina, tomando su infaltable café matutino junto a Harry y el resto, Sirius no podía sino preocuparse un poco. Era claro que Cassandra planeaba algo, seducirlo, y el que llevara tantas horas sin mostrarse lo ponía más que un poco nervioso. Y ansioso. Sí, le estaba poniendo todo cuesta arriba, pero no podía evitar sentir que su cazador interior se frotaba las manos, a la espera de la próxima aparición de Cassandra...de saber cuál sería el próximo paso en su plan de seducción...

Los pensamientos de Sirius se vieron interrumpidos por la misma mujer que llevaba horas ocupando sus pensamientos. Y qué manera de ser interrumpido, Dios...

Cassandra apareció en el marco de la puerta con lo que parecía ser nada más que una camiseta que Sirius solía usar antes de que lo encerraran en Azkaban. Sirius había encontrado esa camiseta entre las cosas que su madre había retirado de su habitación y acumulado en la azotea cuando él había decidido ir a vivir con los Potter y como había notado que se había mantenido en buen estado, la había rescatado.

Claramente, Cassandra también había pensado que estaba en buen estado y decidido que era buena idea ponérsela. Con lo que parecía ser nada debajo.

Había abierto la puerta y dicho "buenos días" con voz cantante, y había cruzado la habitación, descalza y con el cabello suelto, con la camiseta azul de Puddlemere United hasta medio muslo y viéndose más sexy que con el vestido que usó en la boda de Bill.

Ron había escupió su café en la cara de Harry, que había tenido la mala fortuna de tomar el asiento justo en frente de él. Y Sirius escupió el suyo sobre todo el resto de la mesa.

Estaba...¿estaba desnuda debajo de aquella camiseta?

Echarle abajo sus planes de llevar todo lento era una cosa, ¡pero esto se estaba poniendo ridículo!

Ignorando el hecho de que Ron se estaba poniendo un poco azul en su intento de sacar el café que ahora estaba alojado en alguna parte de sus pulmones, Sirius se puso de pie de golpe y tomó a Cassandra de un brazo; e, ignorando también el "¡Sirius, qué estás haciendo!" que soltó Cassandra con voz indignada, la empujó hacia la puerta y luego la siguió empujando hasta encontrarse dentro de la privacidad de su habitación.

Cassandra, por supuesto, había luchado con su agarre el primer minuto, pero ya en el segundo tramo de escaleras pareció darse por vencida y se dejó arrastrar hasta la habitación de Sirius. Quizá por eso mismo había dejado de pelear: cuando notó qué dirección estaba tomando Sirius, la muy bruja.

Si pensaba que apenas estuviese cerrada la puerta Sirius le iba a saltar encima, Cassandra estaba muy equivocada. Sirius la soltó rápidamente y se alejó de ella, quedándose de pie junto a la ventana intentando ordenar su cabeza.

Quieres tomar las cosas con calma, no quieres tirarla sobre la cama. Quieres que ella se sienta segura antes de permitir intimidad entre los dos, no quieres...definitivamente no quieres saber si está o no desnuda bajo esa camiseta...

Oh, Merlín santo...sí que quería saberlo...


Cassandra se apoyó contra el escritorio con los ojos fijos en Sirius. Aquella mañana le había parecido una idea brillante el asaltar el armario de Sirius en busca de algo de ropa de él para ponerse. Tonks le había dicho que a los hombres les gustaba ver a sus mujeres con ropa de ellos. Que lo encontraban sexy e irresistible.

Sexy e irresistible había parecido una buena idea para el plan M, de "seducir al Merodeador", pero ahora no estaba tan segura. No cuando Sirius parecía tener en máxima tensión cada uno de los músculos del cuerpo.

Sirius no decía nada y estaba llevando a cabo una casi perfecta imitación de una estatua y Cassandra le dio un minuto más antes de interrumpirlo.

–Sirius...–comenzó con voz ronca, antes de aclararse la garganta –¿en qué estás pensando?

Por un momento Cassandra pensó que no iba a responderle o que quizá no la había escuchado para nada, y estaba a medio camino de repetir la pregunta cuando escuchó la voz baja y tensa de Sirius.

–En que deberías correr lejos antes de que no logre controlarme.

Ah, diablos. Sí que sabía cómo hacer sentir deseable a una chica. Cassandra se encogió de hombros mentalmente. Si ya había llegado al punto de pasearse media desnuda en frente de Harry, Ron y Hermione (y de Kreacher, ya que estaba con cosas), ya no podía dar marcha atrás.

–¿Y qué pasa si no quiero que te controles? –dijo, separando el cuerpo del escritorio y dando un paso hacia Sirius.

Sirius soltó un quejido ahogado que tuvo a Cassandra deteniéndose a medio camino. Demonios, ¿estaba sobrepasando algún límite? Tonks no le había hablado sobre aquella posibilidad...¿Estaba ella siendo una molestia? Si así era, quizá era buena idea retroceder y dejarlo estar. Cassandra se quedó quieta en la mitad de la habitación, con los ojos fijos en el piso, sintiéndose repentinamente muy idiota, porque, por algún motivo, ahora quería llorar. No entendía muy bien por qué seguía rechazándola, o...no, no rechazándola, pero limitando lo que había entre ambos. No era experta en hombres y, qué diablos, Tonks tampoco lo era. Probablemente estaban malentendiendo algo y ahora estaba arruinando todo.

Hora de la marcha atrás, pensó Cassandra. Hora de la triste marcha atrás.

–Sirius...lo lamento. Te dejaré tranquilo, ¿sí? Estaré...por ahí, probablemente en mi habitación. O en cualquier otra parte que no sea en la azotea junto al hipogrifo.

Cassandra había dado media vuelta, dispuesta a transformar su escape en algo lo más digno posible (o todo lo digno que permitiera el estar medio desnuda paseando por la propiedad de los Black), cuando Sirius había hablado, frenándola a medio camino a la puerta. Cassandra intentó escucharlo y callar a la vez a sus mariposas desesperadas que le gritaban que ahora sí era el momento, que lo callara a besos y le enterrara las uñas en la espalda y otro montón de cosas vergonzosas que habitualmente salían de sus boquitas de insectos maleducados.

–No Cass...mírame –Cassandra se giró y buscó sus ojos rápidamente, intentado controlar el latir de su estúpido corazón–, no es eso. Estoy intentando ser caballero, ¿sí? No sabes lo que me estas pidiendo, en serio. Eres joven, ingenua e inexperta y no quiero abusar de eso y...

Oh, por el amor de Dios...

–Sirius, mira...escúchame atentamente, porque hay un límite de tiempo que puedo estar semidesnuda frente a ti, antes de que empiece a sentirme realmente estúpida –Sirius abrió la boca para interrumpirla, pero Cassandra alzó una mano pidiendo su silencio–. Puedo ser muchas cosas, pero dudo que "ingenua" sea una palabra que pueda aplicarse en este caso. No voy por la vida pidiéndole a los hombres que dejen de controlarse, créeme. Te lo digo a ti porque eres tú y porque confío en ti. Sí, soy virgen –y por Merlín, Cassandra no podía creer que estaba diciendo eso en voz alta–, pero no desconozco lo que sucede, puede suceder y sucederá entre nosotros. Lo quiero, ¿sí? Y sí soy inexperta, pero qué quieres que te diga, seguiré siéndolo hasta que ya no lo sea y bueno...me gustaría dejar de serlo mientras estés conmigo. No es por causar apuro, pero me gustaría tener al menos un orgasmo antes de cumplir veinte años, si eso no es mucho pedir y...

¡Santísima madre de Dios, el maldito hombre podría haberle hecho una advertencia!

Sirius estuvo frente a ella en menos tiempo del que ella se demoró en decir "orgasmo" y estuvo besándola como si no existiera mañana en menos tiempo del que se demoró en pensar "oh, por Dios, ¿acabo de decir orgasmo?".

Cassandra tuvo sólo unos segundos para bailar mentalmente un pequeño, pero muy efusivo baile de la victoria, antes de concentrarse en lo que tenía en frente.

Un hombre besándola. Y tocándola. Las manos de Sirius parecían estar en absolutamente todas partes, volviéndola loca.

En algún momento entre sus furiosos besos, Cassadra dejó de sentir el piso bajo sus pies, literalmente. Y en menos de dos nanosegundos, Cassandra se encontró sentada sobre el escritorio de madera de Sirius, con él sentado muy cómodamente en la silla que hacía juego con el escritorio, entre sus piernas, sonriendo como el gato dentudo de la película de Alicia en el País de Las Maravillas.

Santa. Mierda.

Antes de que Cassandra pudiese alzar una ceja en una clara interrogante o hacer algún comentario al respecto, Sirius tiró con fuerza del mueble hacia él, separándolo de la muralla y haciéndola caer de espaldas sobre la superficie de madera.

El suave "ugh" de sorpresa que abandonó los labios de Cassandra se transformó en un completo "ay, Dios" cuando Sirius aprovechó su nueva cercanía para acariciar la cara interna de su muslo con la nariz, mientras alzaba por encima de sus caderas la -oh, hermosa y bendita- camiseta. La sensación de la barba de Sirius la tuvo temblando de pies a cabeza, antes de que pudiese contenerse.

¿Cómo pudo dudar, por un sólo minuto, del poder de la hermosa camiseta de los Puddlemere United? Nunca los había visto jugar, pero por Dios, ahora era su fan número uno.

Cuando las manos de Sirius tomaron la cintura elástica de su ropa interior en una clara señal de "esto no va a durar mucho en el lugar donde está", Cassandra perdió todo hilo de pensamiento, a la vez que un pequeño, pero firme nudo de nervios e inseguridad se formara y se acomodaba en su pecho.

Necesitando que Sirius supiera qué estaba pasando, para que, como siempre lograba hacer, espantara sus nubes negras, estiró ambas manos y tomó a Sirius por las muñecas, evitando que retirara la prenda de ropa interior.

Sirius, que había estado concentrado en dicha tarea, alzó los ojos y Cassandra vio en ellos tanto fuego que tuvo miedo de pestañear y que en el siguiente vislumbre se encontrara con él y ella en llamas, en plena combustión espontánea, corriendo en círculos por toda la estúpida habitación.

Sirius, al parecer percibiendo sus dudas, se levantó de la silla y se alzó sobre ella, hasta tener sus labios contra los de ella, robándole el aire.

Rápidamente, las manos de Sirius encontraron su camino por debajo de la camiseta, incendiando todo a su paso, mientras dejaba un camino de besos a lo largo de su cuello. Entre sus pechos, por sobre la camiseta. Alrededor de su ombligo, donde su piel había quedado al descubierto.

Esta vez, cuando Sirius deslizó el trocito de tela y encaje a lo largo de sus piernas, Cassandra no sintió miedo alguno, sino una sensación de expectación que se adueñó de ella. Siendo presa de esa expectación, se alzó sobre sus codos para seguir con ojos atentos cada movimiento de Sirius, sólo para casi terminar de espaldas nuevamente.

La visión de él, sentado entre sus piernas, mirándola estando desnuda y totalmente expuesta ante él la tuvo hiperventilando y tuvo que luchar con la necesidad de cerrar los ojos, para memorizar y grabar en lo más profundo de su cerebro la expresión de hambre y el tono de gris más oscuro de lo habitual en los ojos de Sirius.

Cassandra contuvo el aliento, cuando Sirius alzó una mano y acarició la cara interna de su muslo izquierdo. Los ojos de Cassandra no sólo siguieron los movimientos de su mano, ni su cerebro sólo percibió la exquisita sensación de sus ásperos dedos sobre su piel, sino que la imagen de las cicatrices que había ahí y quien las había dejado en ese lugar, amenazaron con ocupar por completo su cabeza y sacarla de su dulce burbuja de calor.

Eran dos líneas gruesas y uniformes a lo largo de ambos muslos, donde los dedos asquerosos de aquel hombre se habían hundido en su piel. Eran cicatrices horribles. Y vergonzosas.

Tuvo toda la intención del mundo de cerrar las piernas y ocultar de la vista esas marcas, pero Sirius no lo permitió y, con un solo gesto y movimiento, mandó todo a volar lejos, muy lejos por la ventana.

Sin dejar de mirarla a los ojos, se inclinó sobre ella y la imagen de la lengua de Sirius recorriendo de inicio a fin aquellas marcas arrancó un "Oh, santo Dios" de su garganta, en lo que pareció ser una fusión de un grito y un gemido.

Sirius estuvo lo que, en opinión de Cassandra, pareció ser una eternidad en aquella maravillosa tarea, antes de decidir que ya había rendido suficiente culto a sus cicatrices...Y cuando los labios de Sirius encontraron la sensible piel entre sus piernas, Cassandra vio estrellas. Literalmente.

Si fue por el millón de terminaciones nerviosas que se activaron con las íntimas caricias de Sirius o por el golpe sordo que dio su cabeza contra el escritorio cuando cayó con fuerza hacia atrás cuando todos sus músculos decidieron dejar de funcionar, Cassandra no lo sabía.

Ni le importaba.

Traumatismo encéfalo-craneano o no, estaba viendo estrellas y tenía a Sirius entre las piernas, haciendo cosas maravillosas con su lengua, llevando su propio cuerpo a alturas inesperadas. Nada más importaba.

Sirius estaba haciendo unos ruidos extrañamente similares a un ronroneo, lo que era excitante y extraño a la vez, sobretodo viniendo de un animago perro; y, en los oídos híper-sensibilizados de Cassandra, esos ruidos combinaban a la perfección con la sinfonía que resultaba de los gritos ahogados provenientes de ella y los sonidos húmedos de los labios y lengua de Sirius en contra de su piel.

La lengua de Sirius encontró su camino en la apertura de su sexo y Cassandra dio, sin poder evitarlo, un salto sobre el escritorio como si la hubiesen conectado a una red de corriente.

Sirius se aseguró de inmediato de que eso no volviera ocurrir y la tomó con fuerza por las caderas, fijándola en el lugar y continuando con la dulce tortura que estaba llevando acabo, como si nunca hubiese existido interrupción alguna.

Y Cassandra consideró seriamente agradecerle por asegurarse de que todo continuara sin interrupciones idiotas de parte de ella, pero no logró invocar palabra alguna. Simplemente no tenía suficientes neuronas para ocuparse también de formar palabras coherentes, además de ocuparse de su corazón latiendo a, más o menos, trescientos latidos por minuto, de sus manos enroscándose convulsivamente en el cabello de Sirius, de los colores que estaban bailando detrás de sus párpados cerrados con fuerza, de su garganta que parecía estar funcionando sólo para dejar escapar gritos cada vez más desesperados y no en permitir el paso de oxígeno hacia sus pulmones, de la creciente opresión en la parte baja de su estómago, de la exquisita y a la vez quemante sensación de calor en cada lugar que Sirius tocaba.

En algún momento, la sensación opresiva en su bajo vientre comenzó a expandirse lentamente, haciendo que no sólo pensar quedara fuera de todo plan, sino respirar.

Un largo, agudo y casi desgarrador gemido reverberó por toda la habitación y en sus oídos y Cassandra se demoró un par de segundos en notar que era ella la dueña de aquel grito. Un grito que expresaba la intranquilidad que comenzaba a sentir cuando lo opresivo amenazó con volverse molesto, lindando en lo doloroso. Un grito del que Cassandra luego se sentiría más que levemente avergonzada.

Sirius aumentó el ritmo y unió sus manos al baile que estaba liderando su lengua y la opresión estuvo en absolutamente todas partes, para luego estar en ninguna. Cassandra dejó de respirar y su cerebro pareció explotar. Su grito se perdió en la mitad del sonido de su corazón latiendo en sus oídos, recordándole que sí, aún latía, que aún estaba viva, aunque no se sintiera así. Vio blanco. Y luego negro.

Y, santa mierda, se había desmayado en la mitad de su primer orgasmo y Sirius se lo iba a sacar en cara el resto de sus días.

No que le importara, mientras lo repitiera.

Con el corazón aún en los oídos, Cassandra sintió que podía al menos respirar. Lo que era espectacular, porque si se moría y no volvía a repetir toda esa experiencia iba a asesinar a alguien en la mitad de un ataque de furia. Tenía todo el cuerpo medio adormecido, pero su cerebro parecía lentamente volver a su funcionamiento habitual.

Cassandra sintió que Sirius se movía por encima de ella y la sensación de su peso y calor sobre ella debía ser, sin dudas, una de las cosas más maravillosas del mundo.

Abrió los ojos cuando sintió que Sirius la besaba en los labios suave y brevemente, pero no alcanzó a mirarlo a los ojos, porque entonces Sirius estuvo susurrando en su oído.

–Cassandra, ¿quieres ser mi novia?

Pese a la situación en la que se encontraban, Cassandra explotó en carcajadas hasta volver a quedarse sin aire.

La. Mejor. Propuesta. De. Noviazgo. De la historia.


Hola gente linda. No, no estaba muerta. Sí, sé que quieren que lo esté, después de tan larga espera. Hasta anteayer, que les subí un capítulo ;D No sé qué pensar realmente, ¿les gustó? ¿Más? ¿Menos? ¿Me dedico a otra cosa mejor? ajajaja ¡Sus opiniones son muy importantes, porque esto entra en la categoría de "género desconocido" para mí! Les juro por Diosito lindo que actualizaré pronto. Y después de ese capítulo, cambia absolutamente TODO. Es hora de ponerle más acción a todo esto. La guerra encontrará al par de tortolitos, eso es seguro ;D

Besos a todos, no me odien tanto, que yo los amo con todo mi corazón (: