Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío.
-Sirius, vamos, tengo una idea. ¿Por qué simplemente no nos aparecemos un par de kilómetros en dirección a la civilización más cercana y pasamos a una cafetería? No es que tenga especiales deseos de quejarme o algo así...Pero tengo frío, necesito azúcar y estoy casi, casi segura de que Renald fue sólo producto de tu vasta imaginación.
Sirius hizo más o menos lo mismo que llevaba haciendo aproximadamente dos horas. Hacer como que no escuchó nada. Debía darle la razón. De verdad parecía como si Renald y su cabaña se hubiesen borrado de la faz de la Tierra o como si, realmente, nunca hubiesen existido.
-No seas llorona, Cass, no llevamos tanto tiempo caminando -llevaban mucho tiempo caminando-. Renald sí existe y tiene un lugar seguro para ofrecernos. Sólo tenemos que encontrarlo.
Entendía a la perfección la desconfianza de Cassandra con el plan que él estaba liderando. No era obligación llegar hasta la bendita cabaña. Podían aparecerse en algún pueblo pequeño a las afueras de la ciudad, lejos del bullicio e intentar encontrar una pequeña hostal donde pasar la noche y, quizá, un par de días. Pero la verdad era que a Sirius le incomodaba más de lo que estaba dispuesto a confesar la parte de "intentar encontrar algo donde quedarse". Esa parte del plan le desesperaba, porque quería sacar a Cassandra de la intemperie lo antes posible y ponerla a resguardo para así poder pensar tranquilo. Su mente no paraba de presentarle escenarios desastrosos en los que eran atacados de la nada y terminaban encerrados en Azkaban o siendo torturados en algún sótano familiar de mortífagos.
Cassandra era una mujer de espíritu fuerte, eso había quedado claro después de los eventos semanas atrás, pero no quería volver a ponerla a prueba nunca más.
Sirius la miró, mientras ella avanzaba por delante de él con paso firme y enfadado entre árboles, arbustos y la hierba que, en algunos sitios y con absoluta libertad, había crecido hasta casi llegarles a las rodillas.
Su cabello rojizo se veía más oscuro aquel día, incluso negro en aquellas partes donde los árboles le daban sombra. Lo llevaba suelto y oscilaba en la parte baja de su espalda. Espalda que, ahora que la mencionaba, daba inicio a un espectacular trasero dentro de unos ajustados pantalones color café verdoso.
Sirius tuvo ganas de aplaudirse a sí mismo cuando vio que Cassandra aparecía esa mañana vestida con lo que él le había "comprado" a los muggles del grupo de cabañas que había visitado el día anterior. Los pantalones le quedaban espectaculares y la camisa roja y negra a cuadros que llevaba se ajustaba a sus pechos de forma majestuosa.
Era la humilde opinión de Sirius.
Cassandra no estuvo contenta cuando le comentó esa mañana sobre lo bien que le quedaba su nueva ropa. Al parecer era cierto que presentaba síntomas ante la falta de azúcar, pero no había mucho que hacer al respecto. Sirius debía insistir en encontrar a Renald.
Si resultaba que las afueras de Londres estaban siendo vigiladas, vigilarían precisamente los lugares más obvios en los que alguien intentaría dormir. Hoteles, hostales y moteles.
También podían buscar una casa muggle deshabitada, como lo había hecho él al escapar de Azkaban, pero el azar tenía demasiado peso en esa búsqueda en particular.
Necesitaban un lugar donde pudiesen quedarse y sentirse aunque fuera un poquito más protegidos. Las casas de Remus y Tonks y los Tonks y Weasleys en general estaban fuera de toda discusión. Si Yaxley iniciaba algún tipo de búsqueda, serían los primeros lugares en ser revisados.
Por eso la cabaña de Renald era tan buena idea. Ofrecía seguridad y anonimato. Nadie, con excepción de Remus, sabía sobre la existencia de Renald.
Sirius ya no sabía si intentaba convencer a Cassandra o a sí mismo.
-¡Santa mierda!
Sirius levantó la cabeza tan rápido que sintió y casi escuchó como los músculos de su cuello se desgarraban con el movimiento. Ignorando su cuello contracturado y su corazón, que había hallado nueva residencia cerca de sus cuerdas vocales, buscó a su alrededor el origen del peligro, su varita en mano, atenta a cualquier movimiento sospechoso, dispuesto a batallar hasta su último respiro para defenderse y defender a Cassandra, que era quien había gritado aquellas dos palabras, asustando a todos los seres vivos del bosque a dos kilómetros a la redonda.
-¿Qué pasa? -preguntó Sirius con voz ahogada, luego de que una rápida inspección le dijera que no había ninguna amenaza clara o evidente.
-¡Pasa que soy la peor! ¡No puedo creer que lo haya borrado de mi mente así como así! ¿Qué clase de persona soy?
Cassandra hablaba mientras paseaba de un lado al otro, moviendo las manos a su alrededor y Sirius seguía sin entender una mierda.
Sirius consideró la idea de sentarse en el suelo de hojas secas y simplemente mirarla caminar de un lado al otro y esperar pacientemente a que Cassandra se dignara a sacarlo de su ignorancia y le explicara qué demonios le pasaba. La vista de sus caderas yendo de un lado al otro no era para nada una mala vista para contemplar.
No era como si fuera tanta pérdida de tiempo hacer una pausa para que Cassandra resolviera sus problemas internos. Llevaban al menos cuatro horas caminando por el bosque y se encontraban más o menos igual de perdidos que cuando recién se aparecieron en los alrededores, temprano el día anterior.
Sirius miró a Cassandra armar lentamente un surco en el piso, mientras soltaba entre alientos un discurso silencioso pero acalorado, del que Sirius sólo alcanzaba a captar una que otra palabra, como "maldición", "soy la peor" y "más le vale estar bien". Cuando contó aproximadamente cuatro minutos, le pareció un momento prudente para volver a interrumpirla.
-Cass, ¿crees que podrás ahora decirme, dentro de lo posible de forma clara y directa, qué diablos sucede?
-¡Mina! ¡Eso pasa! ¡La abandoné y ni siquiera lo recordé! Oh, como me lo va a tirar en cara el resto de las seis vidas que le quedan, Merlín. ¡Hasta de Kreacher te acordaste en la mitad de una mini guerra, mientras arrastrabas mi trasero inconsciente y yo me vengo a acordar ahora!
Ah, con que eso era...
-Tranquilízate, Cassandra... -la cara que le puso la pelirroja le recordó a Sirius una lección que había aprendido hace muchos años en Hogwarts: "Nunca le digas a una mujer alterada que se calme. A menos que quieras que use tu cabeza contra un muro como medida anti-estrés". -Eh, me refiero a que Mina estará bien, ya se ha cuidado sola antes. La gata tiene recursos y sabe usarlos, ¿no estás de acuerdo? Mejor preocupémonos de nosotros que llevamos todo un maldito día caminando en círculos como idiotas...
-¿Y de quién sería la culpa, hmm?
Sirius no tuvo tiempo ni la intención de responderle a Cassandra, porque apenas había terminado de mencionar la palabra "idiotas" su vista encontró, más o menos a cien metros de ellos, algo de color claro entre el marrón y el verde húmedo del paisaje. Como si su voz viniese de muy lejos, Sirius escuchó que Cassandra le preguntaba cuál era el problema, a la vez que sacaba su varita, preocupada. Pensó en explicarle que no había peligro, pero tenía una misión más importante.
Asegurarse de que lo que estaban viendo sus ojos no era un maldito espejismo. Que de verdad había encontrado lo que llevaban casi dos días buscando.
Sirius comenzó a moverse hacia el árbol que tenía una marca diagonal, como si algo o alguien (¡ese "alguien" siendo Lunático!) hubiese surcado la superficie de la corteza con largas garras.
¡Era uno de los malditos árboles!
Cassandra lo había seguido cuando Sirius comenzó a moverse y ahora que veía con toda claridad lo que había llamado su atención, sonreía contenta.
-¿Es eso lo que creo que es?
-Es exactamente lo que crees que es, Cass. ¡Exactamente lo que estábamos buscando, maldición!
En la mitad de su estado de emoción, Sirius la besó rápidamente en los labios para luego girarse a buscar a su alrededor el resto de los árboles marcados, que se supone debían formar una línea atravesando el bosque. En frente encontró uno, que gracias al musgo que había acumulado, podría haber pasado desapercibido si Sirius no hubiese estado buscándolo y encontró otro árbol marcado justo detrás de él.
Sin detenerse mucho tiempo más a pensar, en la mitad de un baile de triunfo mental, Sirius tomó por la cintura a Cassandra, cerró los ojos y se apareció como muchas veces lo había hecho años atrás.
Cassandra no fue capaz de procesar todo lo que había ocurrido hasta minutos más tarde. Había estado segura de que había logrado aparecerse junto a Sirius y aterrizar de pie de forma exitosa y, sobre todo, digna.
Pero entonces, de la nada, estuvo sobre su estómago, en la tierra y césped reseco, alcanzando sólo por una fracción de segundo a poner los brazos por delante (¡aplausos a sus reflejos!) para no terminar con la cara estampada contra el suelo.
Su aterrizaje forzoso y, sobre todo, inesperado y poco agraciado fue inmediatamente posterior a tres cosas:
Primera cosa, un haz de luz rosa proveniente de su izquierda, donde estaba parado Sirius. Su conclusión (muy posterior, en ese momento Cassandra no entendió nada): Sirius había disparado a alguien que estaba frente a ellos.
Segunda cosa, un "¡protego!" dicho en voz fuerte y clara. Su conclusión: el alguien, u otro alguien amigo del primer alguien, había visto venir el hechizo de Sirius y lo había detenido.
Tercera cosa, e inmediatamente después del "protego", una luz anaranjada frente a sus ojos. Y entonces estuvo en el suelo.
Conclusión final: el alguien que disparó de vuelta tenía excelentes reflejos y una rapidez casi para observar con la boca abierta en la mitad de aplausos. Sirius la había quitado del camino de un solo empujón y ahora ella estaba de cara contra el piso, en la mitad de una nube de polvo, casi había comido pasto y Sirius estaba a varios metros de ella, de espaldas y rodeándose el pecho con un brazo.
Cassandra vio por el borde de su vista que Sirius rodaba sobre sí mismo, con la clara intención de llegar a una posición más defensiva que de cara al cielo; pero rápidamente dejó de concentrarse en Sirius y enfocó su mente en un detalle más importante.
El primer o segundo "alguien" estaba avanzando hacia ella. El sol ya estaba en proceso de desaparecer por el poniente, justo por detrás de lo que parecía ser una pequeña casa de un piso, ocultando entre penumbras a Alguien.
-¿Quiénes son y por qué atacan a Rossie y a Tommy?
Eh...¿qué?
-No sabía que eran niños, sólo vi que nos apuntaban con una varita -dijo Sirius, con voz ahogada. Cassandra no tenía ni idea de qué niños hablaba, pero claramente él tenía mejor vista que ella, que desde su posición panza-al-piso no alcanzaba a ver un carajo.
-No respondes a todo lo que pregunté.
La voz de Alguien era firme y autoritaria y Cassandra sintió que se erizaba por completo. Sirius dudó en contestar, su silencio pesando incómodamente entre ellos; así que Cassandra alzándose sobre sus rodillas hasta sentarse sobre sus talones, y con un encogimiento mental de hombros, abrió la boca. Un mortígafo no estaría protegiendo niños, menos en la mitad de un terreno que se supone era seguro, es decir, vamos...se supone que estaban por fin en la casa del, hasta el momento, ficticio Renald.
-Mi nombre es Cassandra y él es Sirius. Buscábamos a Renald, necesitamos ayuda.
Cassandra dio un salto y tuvo que ahogar una palabrota cuando un chorro de fuego apareció de la nada, hasta transformarse en una regordeta llama que terminó flotando a centímetros del suelo, entre ella y Sirius. La llamita flotante logró iluminar de inmediato el lugar que ya estaba prácticamente a oscuras y dejó a la vista al hombre, Alguien, y a quien supuso eran Rossie y Tommy, que se asomaban detrás de una pequeña montaña de leña.
-¿Cassandra, qué más? -dijo Alguien que ahora caminaba hasta detenerse justo frente a ella.
Alguien tenía cabello castaño cobrizo. O quizá era el reflejo del fuego, Cassandra no estaba segura. Sus pantalones estaban manchados en las rodillas y llevaba una camiseta de Led Zeppelin.
-Lestrange.
La palabra abandonó su boca antes de que su cerebro registrara haber formulado pensamiento alguno.
Cassandra casi volvió a infartarse cuando Alguien se acuclilló frente a ella, apoyando un codo en una de sus rodillas y sonriendo como si no pasara nada.
-Bueno, Cassandra Lestrange -Alguien tenía ojos verde-marrón, notó Cassandra -, Renald no está, pero quizá yo puedo ayudar.
Cassandra no pudo hacer más que quedarse mirando la mano que le ofreció a continuación, antes de tomarla y ponerse de pie con su ayuda. Alguien, para variar, era bastante más alto que ella.
-El nombre es Ulrich Collingwood, por si te lo preguntabas -dijo Alguien, saliendo del anonimato y llevando la mano de Cassandra que aún sostenía, hasta sus labios -, y es un gusto conocerte, Cassandra.
Alguien le guiñó un ojo.
Alguien se llamaba Ulrich y era un maldito Don Juan.
¡Hola! Saludos a quienes aún leen y acompañan a Cassandra, incluso con las escasas actualizaciones (perdón, perdón, perdón D': ) Buenas noticias: ahora puedo escribir en el trabajo, en el hospital, en las horas nocturnas en que no tengo nada que hacer. Más buenas noticias: subiré otro capítulo el jueves. Ulrich me inspira, debo decir ajajaja
Besos a todos y todas. Gracias por los comentarios y por la eterna, eterna paciencia. ¡Amor para ustedes! Si pueden, cuéntenme qué les pareció este capítulo ;)
