Disclaimer: si leen algo y les parece familiar, no es mío.
–Con eso de "que pasen los refugiados", me refería en un par de semanas, ¿sabes?
Cassandra sintió como el calor subía desde su cuello hasta sus mejillas. Ulrich la miraba desde su posición agachado junto al muro frontal de la casa, donde estaba ocupando su tiempo, al parecer, haciendo algún tipo de mediciones con un aparato de forma extraña. Ulrich tenía estudios en construcción y pensaba darle buen uso haciendo modificaciones en su casa-mansión para recibir más gente.
Si tan sólo ella le hubiese dado más de doce horas para hacer esas modificaciones.
–Bueno, verás...–Cassandra se rascó la parte trasera de la cabeza, intentando adornar mentalmente su explicación para hacerla parecer más decente y aceptable, mientras observaba a Ulrich ponerse de pie, sacudir las rodillas de sus pantalones oscuros y acercarse a ella –...las cosas no salieron como esperábamos.
Claramente no le resultó mucho, pero era lo que tenía.
–No me digas.
Ulrich dirigió una mirada en su dirección que, para las cinco personas de pie detrás de ella, se percibió como una mirada de furia, basándose en cómo los vio retroceder un paso, alejándose de la periferia de su vista. Pero Cassandra ya parecía ser capaz de reconocer los estados de ánimos del hombre del bosque. Tenía los ojos arrugados en las comisuras y el ceño despejado. Le estaba tomando el pelo.
Cassandra decidió combatir su enojo de mentira, con una sonrisa verdadera y la única excusa que tenía.
–No pude hacer otra cosa –dijo, encogiéndose de hombros.
–Ajá, eso también me lo imaginé –la mirada de Ulrich encontró su cabello desordenado, su cara sucia y luego la manga rasgada de su blusa gris.
–Verás...iba todo según el plan, lo juro –el plan siendo que ella fuera al centro de Totton, con su mejor cara de "no estoy tramando nada, ni tengo ningún plan oculto". Debía comprar provisiones para mantener a toda la casa que, en una semana o dos estaría un poco más colmada de gente. Sólo que se adelantó un poquito en eso de las semanas. Debía comprar velas, comida varia, semillas de diferentes verduras y hortalizas, ropa y mantas. Café, mucho café... –. Pero entonces noté a cuatro tipos y les encontré caras conocidas...y entenderás que además de ti y de Sirius y de la gente de La Orden, mis conocidos en general son mortífagos... sí, muy triste, ya lo sé...entonces los seguí y noté que estaban siguiendo a un grupo de gente. Y antes de que entendiera qué diablos pasaba estábamos en camino hasta acá y...
El ruido de la puerta abriéndose de golpe la hizo sobresaltarse levemente y más allá de Ulrich vio a Sirius caminando con paso urgente hasta ellos. O hasta ella más bien.
–¿Qué sucedió, estás bien? –las manos de Sirius encontraron de inmediato su ropa rota y Cassandra se sintió volver a respirar tranquila, ante su tono preocupado. Hasta ese momento, no había notado lo nerviosa que había estado.
–Sí, sí...todo bien –Cassandra tomó uno de sus brazos, buscando tranquilizarlo –, las cosas sólo se salieron leeeevemente de control. Levemente. Mira –Cassandra se giró hacia las personas que hasta el momento se habían mantenido al margen de toda conversación. –Traje compañía. Ellos son Callista, Monique, Tobías, Darian y su novia April. Gente...–les dijo Cassandra entonces a los recién llegados, deteniéndose para mirarlos a todos a los ojos –...bienvenidos a la sede de La Resistencia.
La mesa de la cocina, por suerte, era lo suficientemente grande como para recibir a once personas. Marge, a quien Cassandra había conocido aquella mañana, era una señora adorable, de cabello blanco y con tantas arrugas como buenas intenciones tenía en el corazón.
Marge había transformado una parte de lo que Cassandra había conseguido en Totton; porque aunque se desvió levemente del plan, sí había llegado con las compras (detalle que por supuesto no había olvidado tirarle en cara a Ulrich); en un rico guiso de patatas y carne, que olía espectacular y que tenía a los recién llegados casi salivando a la espera de que la cena fuera servida.
Mientras Ulrich volvía de su doble misión de traer más leña para la estufa y asegurarse de que Rossie y Tommy se lavaran las manos y se quitaran de encima todo el lodo que habían adquirido en diez minutos de juego afuera, Cassandra se apoyó cómodamente contra uno de los varios muebles de cocina repartidos por el lugar.
Desde su posición podía observar los movimientos, o falta de ellos, en cada uno de los presentes, y estaba ansiosa por descubrir más cosas de los recién llegados. Cassandra había tenido la mejor de las intenciones, pero también tenía presente que debían saber muy bien con quien iban a codearse desde un comienzo. El formar La Resistencia no era una cosa para ser tomada a la ligera. Debía tener cimientos firmes y debía conformarse, desde el comienzo, con aliados de fiar. Aliados que permitieran transformar lo que sonaba como un hermoso plan, en algo que realmente se pudiese poner en buen uso. Muchas vidas podrían salvarse. Información delicada sería tratada en futuras reuniones. Debían seleccionar sabiamente quienes iban a caer directamente en el círculo más cercano.
La primera persona en la que Cassandra dejó caer los ojos, fue Callista.
Callista Bennett debía tener aproximadamente su edad, quizá uno o dos años mayor. No recordaba haberla visto nunca en Hogwarts, pero tenía un acento especial, lo que le hacía pensar a Cassandra que podía haber estudiado en Beauxbatons. Era más alta que ella, pero más baja que Tonks, esbelta y con una figura que muchos matarían por tener (y con una para nada modesta copa C de delantera) y tenía el cabello oscuro, casi negro y corto en una melena que dejaba a la vista la parte posterior de su cuello, pero que por delante le enmarcaba la cara hasta el mentón. Era guapa y tenía ojos inteligentes, de color azul oscuro. Y era malditamente buena usando una varita. Cassandra se había quedado parada con la boca abierta cuando había hecho rebotar a uno de los mortífagos contra cada una de las superficies cercanas, con una rapidez abismante.
A primera impresión, a Cassandra le causaba confianza. Se mostraba seria la mayoría del tiempo, aunque eso podía ser también por estar en un lugar desconocido, pero se mostraba amable y sonreía tranquila ante los intentos de alivianar tensión que hacía la otra mujer del grupo, Monique.
Monique Simmons, que estaba sentada en las manos muy juntas, sobre su regazo, debía tener cerca de quince o dieciséis años y era delgada y de piel muy pálida y, al parecer, se había transformado en algo así como la protegida de Callista. Usaba anteojos grandes y el cabello suelto hasta los hombros, en gruesas ondas castaño claro. Se veía nerviosa todo el tiempo, mantenía la voz en tonos bajitos y tenía aspecto de ser extremadamente tímida, pero parecía hacer el esfuerzo por acomodarse a la situación, comentando lo agradable que era el lugar, lo feliz que estaba de salir del frío y lo contenta que se sentía ante la idea de poder comer algo que no hubiese sido cocinado por April, que por lo visto no había sido bendecida con dotes culinarios.
April Lewis, la última mujer del grupo de recién llegados, debía tener cerca de veinticinco años y era sólo sonrisas y abrazos. O al menos lo era ahora, en la seguridad de la cocina. Cuando Cassandra recién los había visto en la calle principal en Totton, le había parecido que era ella quien lideraba el grupo. Con una expresión seria como el infierno y concentrada en nada más que vigilar sus alrededores, había encontrado la mirada de Cassandra y le había dado un rápido repaso antes de escabullirse en un callejón cercano, con el resto. Era tan alta como Tonks y tenía cabello oscuro y liso, amarrado en lo alto de la cabeza en una coleta, y ojos igual de negros, que parecían ser demasiado grandes para su cara de facciones delgadas. Su sonrisa también era muy grande en comparación al resto de sus rasgos, pero en conjunto, no podía describirse sino como bonita. Su novio, Darian Rogers, lo parecía tener muy claro, porque no le quitaba el ojo de encima, además de susurrarle cosas al oído y sonreír encantado cuando ella reía. El infeliz estaba perdido, no había hombre en el mundo más enamorado que él.
Darian, superaba en algunos centímetros la estatura de su novia, lo que lo transformaba en alguien muy alto en el libro de Cassandra. Pero qué carajo, todos parecían ser muy altos en ese libro en particular. Tenía cabello de un color rubio cobrizo y piel bronceada, que contrastaba con el color pálido de la piel de April. A Cassandra le había dado la impresión de que Darian tenía un sentido de la sobreprotección ultra desarrollado, no sólo con April, sino que también con el resto. Se había parado frente al grupo, cuando la pequeña batalla había empezado y tuvo bajo completo control la parte defensiva, usando un hechizo protector tras otro, cada uno tan fuerte y firme como el anterior.
También le causaba una inmediata confianza a Cassandra, considerando aquellas primeras impresiones.
Finalmente, Tobías Coleman era un hombre que debía estar ya cerca de los cincuenta años, el cabello castaño oscuro ya adornado con un inicio de canas en los bordes cercanos a sus orejas y frente. Tenía actuar amable y había corrido a ayudar a Marge a mover cosas de un lado de la cocina a otro. Durante el encuentro con los mortifagos no había mostrado ninguna habilidad superior a usar hechizos desarmadores, pero a Cassandra le daba la extraña sensación de que el tipo sabía medir y juzgar a la gente con poco más que una mirada. Quizá era el cerebro del pequeño grupo.
Habiendo terminado con todos los nuevos inquilinos, Cassandra se pasó al último presente en la cocina, su Sirius, que no iba a ser por mucho tiempo "su" si el muy tarado no dejaba de ignorarla. Pasada ya la preocupación de verla aparecer toda despeinada y con la ropa revuelta, había notado bajo el brazo de Tobías, un par de ediciones de El Profeta y bum, adiós mundo, adiós Cass, adiós todos...hola suculentas, pero probablemente muy falsas, noticias del mundo mágico.
Novio idiota.
La entrada de Ulrich a la cocina, seguido de un par de muy limpios niños, dio por iniciado el almuerzo y poco después estuvieron todos saboreando los poderes de Marge, bendita sea su alma gourmet.
¿Cómo se las había arreglado para transformar papas y carne en aquellos platos dignos de restaurant de diez estrellas, si es que existían de tantas estrellas? Ni idea, pero Cassandra ya había decidido hace mucho tiempo que iba a agradecer los pequeños milagros cuando aparecieran, no a cuestionarlos.
Treinta minutos después, con los dos niños devuelta en el barro, pero bajo la atenta mirada de Ulrich a través de la ventana de la cocina, se sirvió la primera ronda de café y Callista abrió el tema que se había evitado tocar, en pos de darle preferencia a los estómagos vacíos.
–No es que me no me encuentre muy agradecida por la ayuda – comenzó, dirigiendo aquella última parte a Cassandra, claramente haciendo referencia al encuentro con los mortífagos –, y la hospitalidad, porque si lo estoy, pero creo que aquello de La Resistencia suena un poco ostentoso, y por lo demás, da una idea un poco más...elaborada de lo que parece realmente ser.
Ulrich levantó una ceja, viéndose ligeramente molesto y Sirius ladeó la cabeza de forma graciosa, como lo habría hecho de haber estado en forma de Canuto; pero Cassandra sólo le sonrió. Ya había llegado a la conclusión de que Callista era inteligente y el tono de voz que utilizó le decía a Cassandra una cosa. Ella ya sabía la respuesta, sólo que no tenía la respuesta final con todos los detalles. Sabía que no era sólo una casa y tres tontos queriendo hacerse los grandes. Sólo que no sabía muy bien cuál era el plan.
Estaba pidiendo información de una forma muy, muy sutil.
Y Cassandra, feliz, se la iba a dar.
17 de octubre de 1997, New Forrest, Hampshire
Desde su posición sobre un árbol, a unos quince metros de distancia del frontis de la cabaña, Cassandra admiró los cambios que el lugar había sufrido en tan sólo cinco días.
Y no estaba utilizando la palabra "admirar" livianamente. Realmente había que admirar los avances.
Los primeros cinco "refugiados" resultaron ser justo lo que necesitaban para darle inicio a la misión La Resistencia. Bosquejos habían sido trazados, planes establecidos, ideas habían sido discutidas y tareas se repartieron rápidamente.
Primero, habían decidido que habían algunos puntos grandes que debían quedar cubiertos si pensaban sobrevivir y así permitir la supervivencia de más gente: Estadía, provisiones, organización, comunicación e información, seguridad y ofensiva.
Eran muchos malditos puntos, pero tenían la esperanza de cubrir todas las bases desde un comienzo.
Primero, la estadía. Ulrich resultó ser bastante hábil con aquellos estudios en construcción y edificación que les había mencionado una semana atrás. De alguna forma, se las había ingeniado para empezar a construir, esta vez bajo tierra, una continuación de las tres habitaciones que había habilitado en el subterráneo en un comienzo, y ahora toda una mansión (además de la pequeña mansión que tenían en el primer y segundo piso, incluso si desde afuera parecía una casucha simple) se comenzaba a erguir varios metros a la redonda, en el subsuelo.
Cassandra había visto los planes que Ulrich había dibujado, mientras los discutía con Tobías quien, de momento, sería su primer ayudante y a Cassandra le había costado imaginar que llevar a cabo algo así sería posible. Había diseñado cuatro largos pasillos, que nacían desde el rellano al que se llegaba al bajar la primera escalera desde el primer piso hasta el sótano. Cada pasillo, que sería llamado "Ala" de ahora en adelante, apuntaba en una dirección distinta, uno al este (hacia el frontis de la casa), y los otros oeste, norte y sur. Eran pasillos de varios metros de distancia y de ellos se desprendían distintas habitaciones, cada una con un cupo ya pensado para cuatro personas. O cinco o seis si la situación lo exigía, no podían ponerse tan exquisitos tampoco.
Cada Ala, según los planos de Ulrich, tenía siete habitaciones a cada lado del pasillo. Es decir, catorce habitaciones, en cada una de las cuatro Alas, para cuatro personas cada uno. Cassandra no era una especialista matemática, pero diablos, eso era mucha gente.
Y Ulrich no se había detenido ahí, no. Sino que, junto a Darian, que se había transformado en el experto y encargado de la seguridad, habían agregado a toda la planificación varias vías de escape, en caso de emergencia. Debajo de las habitaciones, existirían túneles, como en un piso menos-dos. Cada habitación contaba con una puerta-trampa en el piso, que permitía acceso a los túneles de escape. Los túneles conectaban las cuatro Alas y tenían salida a la superficie en cuatro puntos distintos, a un kilómetro de distancia de la cabaña.
Si Cassandra no hubiese visitado el subterráneo y no hubiese visto con sus propios ojos los avances que entre Ulrich y su brillante mente constructora, y Tobías y sus hábiles y muy amplios conocimientos en encantamientos, habían logrado en menos de cinco días...simplemente no lo habría creído.
El segundo punto, era un punto grande y ese era...las provisiones. Era un punto bastante delicado, porque si realmente lograban refugiar a la cantidad de gente que Ulrich y Tobías tenían en mente, estaban en serios aprietos. Cassandra había sugerido que una huerta y un invernadero eran una muy buena idea. Podrían cultivar sus propias hortalizas y, con un poquito de ayuda mágica, no tardarían mucho en tener lo suficiente para sustentar a la población de La Resistencia. Y además podrían usar el espacio para cultivar otras plantas y hierbas, pensando en las posibles pociones y pócimas que necesitaran preparar.
La idea había sido aceptada rápidamente y Ulrich se había puesto manos a la obra con las planificaciones de la edificación del invernadero. El huerto había sido más fácil, sólo hubo necesidad de delimitar el espacio y ponerse a mover tierra. Cassandra iba a recordar por siempre la imagen de Sirius, con torso descubierto y todo sudado, removiendo tierra. El movimiento de sus brazos por sobre la cabeza, con ese extraño fierro de forma extraña en las manos, la tensión de los músculos de sus hombros, los músculos de sus brazos tensándose cuando dejaba caer aquella cosa de fierro sobre la tierra. April le había dicho que así creaban sus huertos los muggles desde tiempos inmemorables y Cassandra pensó de inmediato en lo afortunadas que habían sido las mujeres muggles de antaño, levantándose en las mañanas para ver a sus hombres picar tierra y cortar leña.
Ah...los placeres simples de la vida simple.
Cassandra se había acostumbrado a tomar su café sentada en los escalones del porche, para mirar a Sirius, a Ulrich y a Darian cortar madera, que era otra de las provisiones que intentaban asegurar para los meses siguientes: madera suficiente para todas las fogatas y chimeneas encendidas que exigiría el invierno.
Bueno, Cassandra se sentaba a ver a Sirius...y quizá un poquito a Ulrich, pero no creía que nadie se atreviera a culparla. El maldito hombre del bosque tenía un cuerpazo digno de estatua en el olimpo, había comentado Callista, en una breve visita matutina que hizo hace un par de días al porche, aclarando además de que "el hombre está para comérselo, pero no es mi tipo". Allá ella, había pensado Cassandra.
De todas formas, Cassandra, en su Olimpo personal, sólo quería a Sirius. Era el más esbelto de los tres, pero "flacucho" era definitivamente una palabra que ella NO utilizaría para describirlo. Sirius era delgado, pero los músculos (que ella sabía se había esforzado por recuperar después de escapar de Azkaban) eran evidentes y exquisitamente formados bajo su piel.
Y, mejor aún, Cassandra sabía exactamente como se sentían bajo sus manos y su boca.
April también había adquirido la costumbre de tomar su café en el porche, apoyada en uno de los pilares, recorriendo de arriba a abajo con ojos hambrientos la piel bronceada de Darian.
Así, entonces, tenían cubiertas las bases más importantes: las verduras, las hortalizas, las plantas y hierbas, la leña y las hormonas de un par de mujeres. Eso incluyendo a Marge, a quien Cassandra estaba segura que había visto asomarse más de una vez tras la cortina de la ventana delantera.
Hubo sí un detalle que habían pasado por alto, hasta el tercer día de arreglos y planificaciones.
Cuando llegaron al momento de mencionar que la dieta de la gente iba a estar pobre de proteínas, Tommy, que no debía estar escuchando, pero que de todas formas lo había estado haciendo, salió de la nada y mencionó que para eso iban a necesitar gallinas y una vaca.
Rossie había salido tras él, chillando que ella quería ponerle nombre a la vaca y ponerle un collar con cascabelito.
Cassandra se había reído al imaginar a Rossie cepillándole el cabello a la vaca y colocándole moños en la peluda cola.
Definitivamente no se había estado riendo al día siguiente, cuando estuvo arrastrando a una apestosa vaca por la mitad del estúpido bosque. Tras ella, Callista, Monique, April y Darian intentaban contener la risa, una gallina bajo cada uno de sus brazos.
Era claro que Cassandra y las bestias grandes no estaban destinadas a llevarse muy bien. Primero Buckbeak y luego Reina Isabella, que era el nombre que Rossie había decidido que debía llevar la maldita vaca. Maldita vaca que, por lo demás, se negaba a cooperar con ella. Si quería que fuera más rápido, el monstruo banco-negro enterraba las pezuñas en el piso. Si quería que se detuviera, la vaca tonta apuraba el paso.
Ahora, desde la altura en la que se encontraba, Cassandra acomodó la espalda contra el firme tronco del árbol sobre el que se encontraba, y miró los avances realizados. El invernadero estaba al costado izquierdo de la cabaña y aún no estaba completo, pero la estructura principal estaba lista y varias macetas con tierra fresca, prontas a ser macetas llenas de plantas, se encontraban esparcidas por el lugar.
Justo frente al esqueleto de invernadero, estaba el huerto que realmente parecía huerto. En el centro, unas pequeñas calabazas marcaban el inicio de la cosecha que los mantendría con vida los próximos meses. El suelo de tierra estaba dibujado con claros surcos y se encontraba separado en varias secciones, en las que Monique había trabajado sin parar. La chica tenía un cariño especial por la botánica y había pasado feliz los últimos días asegurándose que cada semillita tuviese las condiciones necesarias para crecer sana. Cassandra le había tomado especial cariño a Monique, era de verdad una buena chica, tímida y con el poder especial de sonrojarse por cualquier motivo. Tenía sonrisa rápida y siempre quería ayudar.
Cómo, en nombre de todo lo mágico, alguien podía considerarla peligrosa, Cassandra no lo comprendía; pero así había sido precisamente y se había visto en la obligación de huir de las garras de Ministerio...además de abandonar su quinto año en Hogwarts, donde había sido sorteada en Ravenclaw.
A Cassandra no le sorprendía nada, la muchacha era brillante y habían notado que solía fijarse en los pequeños detalles que nadie más consideraba.
Al otro lado de la cabaña, a la derecha, se había erguido de la nada, y de un día para el otro, una cerco de madera y un pequeño establo y un gallinero, donde siete gallinas, un gallo y Reina Isabella, la vaca, hacían residencia.
La vaca, al parecer percibiendo que estaba siendo observada, abandonó su momento de colación y levantó el hocico hasta encontrarla a ella con la mirada. Un escalofrío recorrió a Cassandra de arriba abajo y estuvo segura de que algo iba mal con ese maldito animal.
Estaba endemoniado o poseído por el alma de un asesino en serie, por lo bajo.
En cuanto al otro punto, la seguridad, era el motivo por el que a esa hora del día, estaba en la cima de un árbol, acomodando maderas de la forma en que Ulrich les había explicado aquella mañana, para formar una pequeña plataforma en la que podrían caer tres personas de peso mediano.
La idea era proteger toda la zona, varios kilómetros a la redonda, para evitar que la gente pudiese aparecer y desaparecerse libremente. Pero también se estableció que era un riesgo no poder desaparecer en una emergencia, o intentar llegar rápidamente al refugio apareciéndose si el caso lo requería, así que iban a encargarse de establecer muy pequeños puntos dentro del territorio de Ulrich, donde sí estuviese permitido aparecerse. Y eso sería en la copa de trece árboles repartidos estratégicamente por el lugar.
Sirius y Darian habían decidido los lugares, que además estarían protegidos para evitar los ojos y oídos de cualquier persona que pasara por el lugar, y que serían usados para hacer vigilancia en turnos, una vez se contara con gente para realizar aquella tarea. No que ellos se sintieran tan especiales como para no realizar una tarea simple de vigilancia, sino porque no daban abasto siendo tan pocos y, por el momento, no se encontraban en la mira de nadie, así que la vigilancia quedaba reservada para tiempos venideros.
Ocho árboles con plataforma de vigilancia estaban repartidos por la periferia del terreno, más cuatro en cada una de las salidas de los túneles de emergencia y uno en el frontis de la casa, que era donde estaba Cassandra en ese momento, siendo asesinada con la mirada por una vaca sucia y apestosa.
La vida era mala.
–¡Cassandra! –Cassandra alejó los ojos de la estúpida vaca cuando escuchó su nombre gritado en la voz de una mujer. La cabellera corta de Callista se asomaba por una de las ventanas del frente y la miraba cubriéndose los ojos con una mano, intentando evitar el sol –. Sirius quiere que bajes un segundo.
–¡Está bien!
Cassandra vio desaparecer la cabeza morena de Callista y terminó de acomodar la última de las tabillas que ahora conformarían la plataforma de ese árbol en particular y comenzó a descender por entre las ramas, siguiendo los pequeños escalones de madera que ella misma había colocado antes de empezar a escalarlo hasta la cima. Por un momento, estuvo segura de que Ulrich y Sirius la molestarían luego, diciendo que los peldaños habían quedado muy juntos unos de otros, por culpa de sus piernas cortas.
Una vez en la seguridad del piso, acomodó su grueso suéter azul y se puso en camino, la curiosidad apurando su paso.
Una vez adentro, encontró a Sirius, junto a Callista y Tobías, escuchando atentamente algo en la radio. La voz de River llegó hasta sus oídos y comprendió el porqué de la ultra radiante sonrisa con la que Sirius la recibió en la cocina.
–...por eso les insistimos en no confiar en la información entregada por los medios oficiales –escuchó que decía River, mientras se acomodaba en una de las sillas de madera, junto a Sirius–, por el siempre bien abucheado El Profeta y por la Wizarding Wireless Network, que no sólo están olvidando mencionar el noventa por ciento de las cosas importantes, sino que además ahora buscan engañar a quienes aún se informan a través de ellos. Repetimos informaciones entonces: No mencionar el nombre de Quien-ustedes-saben, la palabra está siendo usada para rastrear a quienes no se declaran a favor del nuevo Régimen. Nuestra gente en las cercanías del Callejón Diagon recomiendan cuidar sus espaldas dentro del recinto y no confiarse en este lugar que por tantos años ha sido un lugar seguro y de encuentro en nuestro mundo. Sobre todo en el Caldero Chorreante, Gringgots, Sortilegios Weasley en Flourish y Blotts, que por el momento se encuentra cerrada, junto con otra librería y otras dos tiendas que fueron atacadas este fin de semana por Mortífagos, en lo que el Ministerio llamó como "una redada". Redada mis pelotas. En fin, además, les incentivamos a no acudir al Ministerio si fueron citados por la Comisión de Registro de Nacidos Muggles, sobre la cuál tendremos algo más información con una de nuestras colaboradoras. Sobre la información relacionada con el supuesto escape masivo desde Azkaban, esta semana nos acompaña con uno de nuestros colaboradores favoritos, Royal y una guapa señorita, y les menciono lo guapa que es porque no tendrán el privilegio de verla a través de esta transmisión y... –Cassandra sonrió cuando quien era claramente Kingsley aclarándose la garganta interrumpió el discurso sin fin de River –...eh, lo lamento. Entonces, hola Royal y hola Berry.
–Hola, River –la voz de Kingsley, que sonó maravilloso en los oídos de Cassandra y de Sirius, después de tantas semanas sin escuchar voces familiares, se mezcló con la voz tranquila de una mujer. Berry, según lo que había dicho River.
–Bueno, Royal, qué les puedes decir a nuestros atentos oyentes sobre el rumor de que Azkaban ya no alberga ni a la mitad de sus elegantes invitados.
–La verdad es que se hace difícil confirmar el rumor de que existió una fuga masiva de Azkaban. La información oficial entregada por el Ministerio que, por lo demás, son los únicos que cuentan acceso a la prisión, insisten en que no hay nada fuera de lugar, que los prisioneros siguen en sus celdas, pero no se inmutan ni intentan ocultar que hay nuevos residentes en una nueva Ala en Azkaban, para aquellos acusados de robar la magia de los magos sangre pura...
–Lo que es una idiotez del tamaño de la nariz de Pius Thicknesse.
–Yo no lo podría haber dicho mejor, Berry, querida –Cassandra sonrió ante el tono de voz de River. Alguien estaba medio enamorado.
–No las palabras que iba a usar precisamente, pero sí. Lo único que nos impulsa a creer que efectivamente tenemos Mortífagos ocupando sus antiguos puestos en las filas de Quien-no-debe-ser-nombrado, es que nos ha llegado palabra de gente que reconoció a Comarac Callahan, a Garrick Gibbon y a Thorfinn Rowie al sur de Irlanda. Eso, sumado a que tenemos a antiguos e importantes Mortífagos haciendo clase en Hogwarts nos da a entender que el Ministerio está metiendo las manos en asuntos bastante más oscuros de lo que se había atrevido hasta el momento.
¿Mortífagos en Hogwarts? ¿Qué diablos?
Monique, que había estado separando semillas sobre la mesa, levantó la cabeza rápidamente, mirando a la radio con toda la intensidad que permitían sus enormes e inocentes ojos caoba.
–Bueno, al menos podemos asegurarle a nuestros oyentes –interrumpió River – que los hermanos Carrow no la están teniendo fácil. La gente resiste desde dentro de Castillo también, intentando proteger a los alumnos más pequeños.
Cassandra casi se atragantó con su saliva. Santa mierda, los Carrow estaban dando clases en Hogwarts. ¿Cómo diablos habían llegado a ese punto? Maldito fuera Snape y su mugroso cabello. ¿Y qué podrían estar enseñando de todos modos? ¿Las distintas formas de lavar la ropa negra? ¿Taller de invención de apodos amorosos para Voldemort?
–Así es...mientras existan corazones valientes, mentes brillantes, intenciones nobles y almas astutas y ambiciosas, Hogwarts no caerá incluso ante los intentos malintencionados de su nuevo Director. Los fundadores de otrora debieron prevenirlo, cuando decidieron formar estudiantes bajo aquellas características.
–Muy bien dicho, Royal, ¡a luchar, chicos! Estamos en alma con todos ustedes. Ahora, mi bella y dulce Berry, ¿alguna suculenta información que compartir con nosotros?
–Un par de cositas, sí... –la voz de la misteriosa Berry...era precisamente así. Misteriosa. Era una voz serena y melodiosa, levemente rasposa y tenía un efecto casi tranquilizador. Cassandra se preguntaba de dónde habían salido ella y River, ya que Sirius parecía no conocerlos. Ulrich eligió ese momento, para entrar a la cocina, con una botella de cerveza en la mano y una bolsa con distintas herramientas en la otra.–. Primero, una información que puede no ser tan importante, pero...
Las palabras y la primera información que iba a entregar Berry se perdieron en la explosión que significó toda la espumosa cerveza que Ulrich se había echado a la boca, saliendo de manera muy poco elegante por su nariz. Monique casi se cae de la silla del susto y Callista se apresuró a ir a golpear al hombretón en la espalda, para ayudarlo a sacar la cerveza que no había logrado escapar por sus fosas nasales. Cassandra no sabía si reír ante la cara de indignación y de majestuosa sorpresa de Ulrich o ir a ayudar a Callista, porque el tipo se estaba poniendo color púrpura. Se decidió por ninguna de los dos.
–¿Qué infiernos, Ulrich? –preguntó en voz alta, por sobre el ataque de tos del hombre.
Ulrich se demoró un par de toses más en lograr despejar la garganta lo suficiente como para gritar sus siguientes palabras.
–¡¿Qué carajo hace mi hermana hablando en esa radio?!
Ah...¿qué?
–¿De qué hablas? ¿Berry es tu hermana? –esa era Callista verbalizando en voz alta la pregunta que todos se hacían. Y en voz bastante alta, porque tenía que luchar con el sonido de las palabras de la misma Berry desde la radio y de Sirius diciendo "¡shhh, shhhh!" como si se le fuera el alma y el aire en el intento.
–¿Berry? ¿Qué Berry? ¡Esa es Audrey! ¡Y deja de callarme, Black, esa es mi maldita hermana!
–¡Si te callaras sabríamos lo que está diciendo tu maldita hermana!
–¡No le digas maldita!
–¡Oh, ya cállense los dos!
Cassandra, que había terminado golpeando la cabeza contra la mesa cuando vio venir la quincuagésima discusión entre los hombres en menos de una semana, agradeció mentalmente que Callista hubiese tomado el asunto en sus manos, logrando por fin callarlos.
–...ahora, sobre el otro tema –decía Berry/Audrey y Cassandra tuvo un segundo para agradecer que la misma Berry hubiese dicho que la primera información no era muy importante, porque no habían escuchado ni carajo de ella. Ignorando a Ulrich que apuntaba acusadoramente a la radio, pero esta vez en silencio, siguieron escuchando atentamente –, se está planificando una redada al viejo y pequeño pueblo de Andaline, al este de Norwich. Llegó hasta oídos del Ministerio que un pequeño grupo de magos están utilizando algunas instalaciones para reuniones secretas, además de para esconder a algunos de los nacidos muggle que están escapando a lo largo de todo el país. Primero, señores, están siendo vigilados, segundo...salgan de ahí rápido, porque antes de lo que se demoren en decir "oh, mierda", ya estarán sobre ustedes. Porque irán por ustedes y no será lindo. No puedo decir exactamente la fecha de la redada, pero la reunión final, previa a cada uno de estos procedimientos que por desgracia se han hecho más habituales en el Ministerio, se realizó anoche...lo que me da a entender que podría ser hoy mismo en la noche o mañana en la noche. Espero de verdad que estén escuchando esta información.
–Si alguien conoce a alguno de los integrantes de este grupo en Andaline, sería de gran ayuda que pudiesen correr la voz. Gracias, Berry, eres la mejor y por lejos, más sexy, de todas las espías.
El bufido femenino que abandonó los pequeños parlantes de la radio fue casi exactamente igual al que abandonó los labios de Ulrich y Cassandra se encontró pensando, divertida, que la probabilidad de que Berry realmente fuera Audrey no era para nada pequeña.
–¿Y quién ese ese tarado? –ese era Ulrich, otra vez indignado.
–Gracias, River –dijo Berry, manteniendo el tono de voz tranquilo.
–Quizá quieras reconsiderar la idea de salir un d-
–No, River.
–Oh, bueno, lo tenía que intentar. Ahora, oyentes, para ya comenzar a despedir esta transmisión, tenemos a otra invitada. Es colaboradora habitual, pero es su primera vez con nosotros en Potterwatch y viene en representación de Romulus, que se encontraba algo indispuesto como para acompañarnos hoy. Hola, señorita Kafka, nos alegra tenerla por acá.
–Oh, gracias River.
Esta vez fue Cassandra la que interrumpió la transmisión con un chillido que hizo saltar a todos (casi botando de su silla a Monique, nuevamente), menos a Sirius, que se reía con esas maravillosas carcajadas de ladrido de perro. ¡Era Tonks! ¡Esa era Tonks!
–¿Qué diablos, Cass?
–¡Ulrich! ¡Esa es Nymphadora Tonks! ¡Es mi mejor amiga!
¡Oh, qué alegría escucharla! ¡Y sonando tan animada! ¡Señorita Kafka tuvo que ser! Cassandra estaba segura de que Tonks no debió estar muy de acuerdo con su nombre clave, pero era un muy buen apodo para una metamorfomaga. Deteniéndose un segundo a pensar, Cassandra calculó mentalmente y llegó a la conclusión de que debía tener ya unos tres meses y medio de embarazo. De verdad esperaba que todo estuviera yendo de maravillas. Era una época difícil para estar embarazada. Sobre todo para ella. No podía enviar a su marido, hombrelobo, perseguido por ser una criatura no autorizada para hacer magia, a comprar a las cuatro de la mañana bananas, helado y dulce de leche. Nop.
Emocionada, Cassandra (que se había puesto de pie de un salto a la vez que chillaba, para hacer un pequeño bailecito feliz), volvió a sentarse para escuchar lo que decía Tonks.
–...sobre esa comisión endemoniada? –ese era River, al final de alguna pregunta.
–Bueno, la Comisión sigue siendo liderada por Dolores -La Vieja Sapo- Umbridge, incluso después de que Harry le despeinara la peluca a principios del mes pasado. Las listas de brujas y magos hijos de muggle siguen siendo enviadas a los grupos que están encargados de perseguir a quienes no aparezcan en sus respectivas citaciones. No porque sientan alguna lealtad hacia alguien, sino porque el Ministerio les está recompensando por cada caza. Estos grupos, se hacen llamar Los Carroñeros. No son las manzanas más brillantes del cajón, pero viajan en grupos de siete u ocho y con un líder que tiene la suficiente habilidad e inteligencia para compensar su falta en el resto. Estos grupos se están haciendo cada vez más masivos, pues la gente ha hecho lo que estábamos esperando, ha dejado de aparecer en el Ministerio y ha comenzado a escapar. Estamos orgullosos de todos ustedes, manténganse fuertes.
Oh, Tonks...
–Señorita Kafka, ¿qué nos dice sobre los rumores que asustaron a más de un mago y bruja esta semana, de que Harry Potter habría sido asesinado escapando en las cercanías de Ravenstonedale?
Cassandra escuchó y sintió como una opresión en el pecho el sonido de Sirius conteniendo la respiración de forma audible.
–Absolutamente falsos. Nuestra información podrá ser escasa, porque Harry ha demostrado ser muy bueno escondiéndose cuando así lo quiere; pero está vivo, de eso estamos seguros.
–Eso pensé también. Muchas gracias Señorita Kafka. Y gracias también a Berry y a Royal por acompañarnos esta tarde en Potterwatch. Ya escucharon, queridos oyentes, Harry Potter está vivo, la lucha continúa. No pierdan las esperanzas. Y no desesperen, no están solos. Tenemos la mediana seguridad de que podremos transmitir en exactamente siete días. La siguiente clave será Meadowes. Manténganse alerta, no bajen la guardia. Cuídense y, por sobre todo, mantengan la fe. Buenas noches.
La radio comenzó a emitir un ruido de interferencia, antes de volver a la programación habitual de cual fuera la frecuencia que aquella tarde había amparado la transmisión de Potterwatch.
–Muy bien...recapitulemos –comenzó Ulrich, adquiriendo una expresión mortalmente seria, mirando a todos a los ojos e interrumpiendo el silencio que había caído entre ellos –¿Qué mierda hace mi hermana dando información confidencial y altamente peligrosa en la radio y quién carajo es el imbécil ese que cree que puede coquetear con ella?
Había que confiar en que Ulrich rescatara la información más importante, sí.
Perdón la muy larga ausencia, amigos. Mi computador estaba en la UCI de los computadores, le quemé la placa madre, sea lo que sea que signifique eso :( Pero ya está funcionando otra vez. En pago por la eterna espera, les tengo nueva historia ajaja la voy a publicar ahora. Se llama Vida en Colores y es un fic Audrey/Percy. Ya sabemos un poquitito de la historia de fondo de Audrey. Pese a que Percy nunca fue para mi un personaje muy significativo, la idea de él y Audrey, de la que nunca supimos más que el nombre, me terminó entusiasmando ajajaja Ya sé que soy un poco dispersa y tengo mucho en las manos entre Iggy, Cassandra y ahora Audrey, pero ténganme paciencia! Besos!
