Disclaimer: si leen algo y les parece familiar, no es mío.
28 de noviembre de 1997, Hampshire, La Resistencia
-Vamos, Ulrich, no te pongas así. Está intentando ayudar a una amiga.
Cassandra terminó de decir eso y le envió una mirada que esperaba que fuera tranquilizadora a Audrey, que estaba sentada sobre la barandilla del pequeño pórtico en el frente de la casa.
Audrey había contactado (aún no confesaba cómo) a una amiga del trabajo para que pudiera entrar a La Resistencia. Y Ulrich no estaba siendo ni muy comprensivo ni de mucha ayuda. Estaba parado contra el muro, de brazos cruzados en una postura que decía de todo menos "estoy relajado".
-Amiga del trabajo, dices. Y trabajabas en el Ministerio. Disculpa si tengo mis serias dudas sobre ir a ciegas a buscar a un integrante del Ministerio, ¡podría ser una trampa!
Okay, Ulrich tenía un punto ahí. Pero era amiga de Audrey. Una amiga que necesitaba ayuda.
-No se pierde nada si vamos a dar un vistazo –interrumpió Sirius, junto a la puerta abierta. Cassandra se giró desde donde estaba sentada en la escalera del pórtico para sonreírle agradecida -. Si es una trampa, deberíamos ser capaces de notarlo antes de que se nos tiren al cuello, tenemos la ventaja.
-¡Ves! –dijo enérgicamente Audrey saltando de la baranda y apuntando a Sirius – Hasta Sirius cree que no es mala idea y Sirius siempre cree que todo es mala idea.
Cassandra soltó una pequeña risa ante el "¡HEY!" de un muy ofendido Sirius.
-Y al final no habrá hecho falta tanta precaución, Freya es una buena amiga, no la conozco hace tanto, pero es una buena chica y sus hermanos son buena gente. Sus padres murieron en la Primera Guerra y definitivamente no son simpatizantes de Quien-ya-saben –Audrey estaba hablando a toda velocidad -. Ray, su hermano mayor, los cuidó desde pequeños, a ella y a Ozz. Ozz es el hermano del medio. Freya trabajaba en el Área de Recepción e Información, en el Atrio del Ministerio. Me ayudó a conseguir información útil para transmitirla en Potterwatch.
-Ahg, okay –Ulrich sonaba derrotado.
-Ozz, se llama Osmar, ¿sabes? No le gusta mucho su nombre, por eso Ozz, y fue recientemente aceptado para ser Auror y ayudó a Kingsley a escapar del Ministerio y-
-Okay, okay...
-...y Rayton –continuó Audrey ignorando a Ulrich, que intentaba callarla -, ¡Ray es un maldito genio! Unos vecinos de ellos fueron atacados en su casa, por Carroñeros, porque no habían ido a la cita para ser interrogados y él no pudo ayudarlos y se sentía pésimo por ello y decidió unirse a los Carroñeros y llevaba una semana salvando a grupos de gente de ser atrapadas, usando hechizos confundidores contra su propio equipo de Carroñeros, pero luego fue bastante obvio que eran los únicos que no cazaban a nadie y lo descubrieron y—
Whoa...
-¡Dije que okay!
-¡Carajo! ¡Si no decías okay, te habríamos pasado por encima! –Cassandra dijo entusiasmada, mirando de Audrey a Urich y luego a Sirius, que le sonreía cómplice –Tenemos que conocer a esos tres, suena a que han establecido su propia y pequeña Resistencia, ¿no?
Cassandra no podía sentirse más feliz de haber estado en lo correcto al decir que debían conocer a los tres hermanos, amigos de Audrey.
Freya Evans era una chica de 19 años, muy guapa ahora que se le veía la cara que, en un comienzo cuando los encontraron, estaba oculta por varias capas de tierra. Ahora su piel pálida contrastaba con sus ojos oscuros y amplios. Su cabello ahora limpio, era de color castaño muy oscuro, liso y lo llevaba hasta pasado los hombros en un corte recto y había recogido parte del cabello detrás de una de sus pequeñas orejas, dejando a la vista media decena de piercings, además del arete en el lugar habitual. Era muy delgada, pero Cassandra sospechaba que estaba bajo su peso habitual debido a la necesidad y el estrés que significaba esconderse, escapar, pocas horas de sueño y comidas escasas.
Estaba sentada junto a Audrey, hablando en susurros, aunque las dos evidentemente muy felices de volver a verse.
Se habían trasladado hasta la mesa del comedor luego de que los nuevos integrantes se asearan y cambiaran de ropa. Comedor que se había transformado rápidamente en centro de reuniones y Ulrich ya había hecho el comentario de reformar la gran sala de estar en un comedor amplio para que el resto de la gente pudiera darle uso y dejar el comedor actual, más pequeño, bueno...para sala de reuniones.
Y Cassandra no creía que fuera para nada una mala idea.
Osmar -Ozz- Evans, que odiaba que le dijeran Osmar, compartía con su hermana el color de los ojos y la expresión de absoluta calma, pero su cabello, largo hasta el mentón, era de un castaño un par de tonos más claro y lo acompañaba con una barba-bigote que lo hacía ver un poco mayor de los 25 años que tenía.
Y Rayton Evans, sentado justo entre su hermano y Sirius, era...bueno, impresionante. Esa era la primera palabra que había aparecido en la mente de Cassandra al verlo. Era alto, quizá uno o dos centímetros más alto que Sirius, de hombros amplios, delgado, pero con músculos bien trabajados. También de cabello tan oscuro como su hermana, pero no tan largo como el de su hermano. Tenía una expresión permanente de estar pasándola de maravilla, sonrisa rápida y amplia, acompañada de ojos arrugaditos...
El maldito hombre era hermoso.
De hecho, había dicho precisamente eso en voz alta sin notarlo, cuando lo había visto por primera vez, en el pueblito al este de Hampshire donde Audrey los había citado.
Santa mierda, el hombre es hermoso. Esas habían sido sus palabras exactas y Sirius había soltado una carcajada poco disimulada, justo antes de decir "sí, lo es".
El muy idiota.
Pero no eran los únicos en notarlo.
April lo había mirado con la boca abierta por un minuto completo antes de lograr controlarse lo suficiente como para dejar de babear. Filippa se había atragantado con el café que había estado tomando cuando lo vio entrar al comedor y se demoró un buen rato en lograr sacar el líquido de sus pulmones, con ayuda de un confundido Oliver, que entre palmadita y palmadita en la espalda, le preguntaba a su novia qué rayos le pasaba.
Y Callista, Merlín la amparara, había intentado unirse a ellos, pero Ray le había sonreído antes de que ella cruzara el umbral desde pasillo al comedor y, en su totalmente comprensible distracción, le había errado a la puerta dándole de lleno con la frente y la nariz al borde de la puerta.
Ya había dejado de sangrar, por suerte.
Por lo demás, la población masculina, casi por completo, no estaba muy contento con su presencia y sus, oh, hermosas sonrisas. Darian no lo había saludado de forma muy amistosa y Ulrich le había advertido rápidamente que su hermana estaba fuera del juego, cuando vio a Ray abrazar a Audrey con cariño y decirle "mi pequeño pastelito".
-No hace falta que amenaces, hermano. Conozco a su novio y el tipo me asesinaría de tres formas distintas si llegara a siquiera pensar en ella de alguna forma más allá de lo...amigable. Y admítelo, sí parece un pequeño cupcake, con crema azul y chispitas de colores encima.
Mirando a su hermana, que ese día llevaba una camisa blanca con puntitos de colores y el cabello azul amarrado en lo alto de la cabeza...Ulrich, en la mitad de un encogimiento de hombros, no pudo hacer más que estar de acuerdo.
Emerick había llegado un poco después al comedor, con cara de estar medio dormido. Para luego despertar inmediatamente, sobresaltado, al ver a Callista con la cara llena de sangre en manos de April y Darian que intentaban reparar el desastre.
-¡¿Qué rayos te pasó, Call?! –gritó Emerick acercándose a Callista en rápidas zancadas, en un tono de confianza que hizo que más de alguien en la habitación alzara una ceja.
-Eh, nada...le erré a la puerta.
-¿Qué? –la cara de Emerick era para enmarcarla y colgarla sobre la chimenea. Era gracioso, al menos para Cassandra, ver una expresión tan perdida y desconcertada en un hombretón tan grande e imponente.
-Eso que escuchas. Le erré a la puerta...me distraje.
-¿Con qué?
-Con su hermosa sonrisa, maldición –respondió Callista tranquilamente, apuntando con el pulgar a la mesa, donde estaba Ray...con su hermosa sonrisa.
Y en la mitad de risas contenidas de Cassandra, Audrey y April y una sonora carcajada de Sirius, Rayton Evans se había ganado un enemigo.
Y, en la mitad de charlas, bromas, experiencias compartidas y un par de cervezas, Sirius había encontrado un amigo.
1 de diciembre de 1997, Hampshire, La Resistencia.
-¡Frey! ¡Atrás!
Cassandra miraba desde lo alto de una rama de un árbol como el grupo se acomodaba a las instrucciones que Ray gritaba. Y no sólo miraba, sino que además se mantenía concentrada en mantener alrededor de Ray y su grupo un muro de humo negro, con la intención de impedirles ver de dónde venían los ataques que estaban recibiendo mientras avanzaban de un lado del patio delantero al otro.
-¡Rick, apoyo a Vinna, por favor! ¡Ozz, con Freya, ahora!
Y ante la mirada atenta de ella, April, Ulrich y Sirius (todos sobre el árbol) el grupo se volvió a acomodar en su formación según la orden de Ray.
Después de un pequeño ensayo el día anterior, habían reordenado los grupos que ingresarían a La Mansión Lestrange durante la redada y habían colocado a Ray como líder del Grupo 4, a sugerencia de Ulrich y con el total respaldo de Sirius.
April no había estado muy convencida con cambiar a última hora los planes. Hasta la llegada de los tres hermanos, habían planificado moverse en tres grupos y las improvisaciones no eran buena idea, en eso estaban todos de acuerdo.
Pero, demonios, el Grupo 4 sí estaba funcionando.
-¿Qué te parece, April? –preguntó Sirius, sin quitarle la vista al grupo que disparaba y se defendía un par de metros bajo ellos.
-Bueno, Emerick está siguiendo instrucciones. Pensé que eso no sucedería.
-Amén a eso, hermana –estuvo de acuerdo Cassandra.
Después del episodio de Callista imposibilitada para caminar en línea recta si Ray le sonreía, Emerick había tomado una posición de muy pocos amigos con Rayton.
Celos, celos.
-Y los hermanos pequeños son precisos e identifican rápidamente de dónde vienen los ataques –agregó Ulrich -, aunque creo que para mantenerse así deben estar juntos y no en grupos distintos.
Cassandra se enfocó en Ozz que había tomado la delantera, junto a Freya; los dos muy rápidos para responder con ataque hacia dónde sea que venían los hechizos que disparaban contra ellos. Darian, April, Charlie, Cyril y Basile, delante de ellos, levantaban hechizo protector tras hechizo protector intentando repeler todos los ataques de los dos hermanos.
Sirius no había sido muy amigo de la idea de incluir a Freya, pero Ray había hablado a favor de ella. La chica sabía usar su varita, él le había enseñado. Y si ella quería participar, él la apoyaba.
Y Karin Wilson era más joven que ella y era también parte del grupo, acomodándose a la perfección a la triada ofensiva que conformaba junto a Ozz y Freya, llenando los alrededores de explosiones.
Vinna había sido otra sorpresa. Era la encargada de defender al grupo y con un poco de ayuda de Basile, Darian y de Cassandra, estaba logrando un maldito buen trabajo. Era rápida, sus hechizos eran fuertes y lograba tanto mantener la atención a los ataques que recibían, como a las instrucciones de Ray, siguiendo órdenes sin cuestionarlo. Eso era bueno, había que confiar en el criterio del Líder del grupo. Coordinación y orden serían las claves.
De la nada Ray gritó "¡Abajo!" y los otros cinco integrantes del grupo se tiraron al piso de inmediato, sin dudarlo. Y Cassandra casi perdió el control de su muro de humo en la mitad de un pequeño grito de sorpresa.
Ray, de pie en la mitad de su grupo, batió la varita en un movimiento circular y algo similar a un látigo de energía amarilla azotó todos los escudos que formaron rápidamente quienes, desde afuera del humo, atacaban alrededor de ellos. El pobre de Basile incluso cayó de espaldas ante la fuerza de ese rayo/látigo contra su escudo.
-¡El muy hijo de perra! –gritó Sirius en la mitad de una carcajada.
Uniéndose al "Me estás jodiendo" que soltó Ulrich.
-Queridos –habló April, su voz lleno de risa -, creo que tenemos nuestro Grupo 4.
6 de diciembre de 1997, Hampshire, La Resistencia.
Era aún de madrugada cuando Cassandra despertó. No era habitual en ella despertar antes de que Sirius lo hiciera, pero decidió que no iba a quejarse por ese detalle. Más bien iba a sacarle el mayor provecho, enfocándose en uno de sus pasatiempos favoritos: observar a Sirius.
Le gustaba verlo cuando dormía. Tenía claro de que en el libro de alguna gente eso podría considerarse extremadamente raro y levemente psicópata, pero la verdad era que era feliz viéndolo dormir.
Su expresión tranquila y despreocupada la llenaba de una felicidad que sólo podría explicarse basándose en lo mucho que lo amaba. Conocía la historia de Sirius. No había sido una muy linda, en los últimos años. O al menos no en los últimos-no-tan-últimos.
Él mismo le había comentado un par de veces que el estar en Azkaban lo había sumergido a un nivel de desesperanza que realmente, e incluso con la necesidad de venganza permanente con la que había aprendido a vivir, no se lo deseaba a nadie. Era un nivel más allá de cualquier sensación de angustia que hubiese él conocido antes. Era llevar a un humano hasta el límite, hasta un límite no humano. Los gritos, las pesadillas, el hambre, las lágrimas, la soledad. Y la terrible y absolutamente deprimente idea de que se merecía todo aquello...a Cassandra le costaba imaginarlo.
Y le dolía imaginarlo a él en esas condiciones. Lo recordaba aún, aunque muy poco, de aquella vez que lo vio en su celda, tantos años atrás. No recordaba grandes detalles, pero su mente de niña pequeña había alcanzado a registrar que se le veía triste y deteriorado. Y eso había sido cuando sólo llevaba unas semanas encerrado.
Por eso, cuando lo veía dormir a su lado, con expresión tranquila y relajada, no podía sino alegrarse. Comparar lo que veía en ese momento con lo que vio 16 años atrás era tanto tranquilizador como doloroso. Ya no había piel pálida y cancina. De hecho, estaba hasta algo bronceado. Ya no había sólo piel tatuada sobre huesos. Sirius había recuperado peso y contextura y, aunque él lo negara hasta el fin de los tiempos, Cassandra sabía que se había esforzado en trabajar su musculatura otra vez.
Cassandra de verdad creía, lo veía en sus ojos grises, que Sirius creía no merecer el tipo de relación que tenía con ella. Pero había decidido que no iba a presionarlo con el tema, iba a dejar que se hiciera la idea él solito, tal como lo había hecho ella. Ya por fin se había hecho amiga de la idea de que un hombre tan valioso como Sirius Black la amaba...a ella. La verdad era que Sirius era lo mejor que le había pasado en la vida y, carajo, no iba a cuestionárselo a nadie.
Se iba a quedar tal donde estaba, entre los brazos de su hombre.
Hombre que ahora estaba despierto y la miraba directamente a los ojos, con ceño fruncido.
-¿Sucede algo?
Siempre pensando lo peor, el novio suyo.
-No - respondió rápidamente Cassandra, acomodándose bajo el brazo de Sirius, sonriendo cuando automáticamente su mano se movió para abrazarla.
-Me mirabas.
-Me gusta mirarte.
Siempre la verdad por delante.
Sirius se rió bajito y la empujó hasta que Cassandra estuvo cómoda sobre él, una pierna a cada lado de sus caderas y el oído junto a su corazón.
-¿Qué hora es? -preguntó Sirius.
-Creo que cerca de las cinco, aún está oscuro.
-Cass...¿qué rayos hacemos despiertos a las cinco de la mañana?
-Esa, mi buen novio, es una buena pregunta. No recuerdo qué estaba soñando, pero de seguro no era nada bueno, porque desperté algo asustada.
La respuesta de Sirius fue apretarla contra su pecho y acariciar su hombro y espalda con movimientos firmes.
-¿Estás nerviosa?
La pregunta quedó colgando entre ellos, en la mitad de un silencio.
¿Si estaba nerviosa? Diablos, sí que lo estaba. La primera redada de La Resistencia había distado mucho de ser un éxito y, en un par de horas, iban por una segunda. Esta vez a la Mansión Lestrange.
-No lo estés –continuó Sirius, interpretando correctamente su silencio como una afirmación -, estamos mejor preparados que la última vez. Repasamos errores, corregimos y replanteamos. El grupo es más grande. No digo que saldrá todo 100% a la perfección, porque siempre hay factores externos que podrían jodernos, pero hay gente atrapada y sus vidas corren riesgo y-
-Y merece la pena el riesgo –terminó Cassandra por él.
-Exacto, vale la pena el riesgo. Somos La Resistencia, Roja.
Cassandra alzó la cabeza del pecho de Sirius, para mirarlo con una sonrisa y darle un pequeño beso, antes de volver a acurrucarse.
-Es cierto. Lo somos.
El ruido de un portazo los sobresaltó a ambos y cinco segundos después, justo después de intercambiar una mirada y que Cassandra se pusiera encima una camisa que Sirius le lanzó, se asomaron al pasillo, varitas en mano, a investigar.
Se supone que eran, como máximo, las seis de la mañana. Los portazos no eran algo esperable a esa hora. No sin asustarlos, al menos.
El pasillo del segundo piso, donde se encontraba la habitación que Ulrich les había dado, estaba oscuro y silencioso. Hasta ahí, nada interesante. Pero al final del pasillo había luz, que aparentemente venía del primer piso. Eso sí era interesante.
Sirius la tomó de la mano, antes de que comenzaran a moverse por el pasillo, silenciosos como una sombra, la alfombra absorbiendo cualquier ruido que pudiesen hacer sus pies descalzos.
La escalera no estaba alfombrada, por lo que se esforzaron en pisar los bordes de los escalones, sin perder mucha velocidad, para evitar hacer ruidos.
Al final de la escalera, hacia la izquierda, comenzaba el pasillo que llevaba hacia la cocina, hacia la salida al patio trasero y al comedor; y oculta tras el cuerpo de Sirius, Cassandra lo siguió sigilosa y atenta mientras se acercaban al comedor, que era desde donde venía la única luz a esa hora de la mañana.
Sirius se giró a verla cuando llegó hasta la puerta y movió la cabeza en un movimiento de asentimiento. Cassandra respondió con el mismo movimiento, en señal de "estoy lista", alzando su varita a la vez que Sirius comenzaba a dar un paso adelante.
Entonces Cassandra escuchó voces y tiró del hombro de Sirius para frenarlo. Esa era la voz de Ulrich y sonaba enfadado. O al menos todo lo enfadado que puede sonar alguien que discute en susurros con otro alguien.
Que, ahora que escuchaba con atención, era Audrey. Que tampoco sonaba nada de feliz.
-¡...y deja de tratarme como una niña! –estaba diciendo en ese momento Audrey en voz baja, pero furiosa.
-¡Pues deja de comportarte como una! ¡Podrían haberte matado! ¡Podría haber sido una trampa!
-¡¿Cómo te atreves a pensar eso de Percy?! –Audrey subió la voz, aparentemente abandonando la idea de que la discusión fuera una silenciosa.
-No estaba dic-
-¡Claro que estabas diciendo eso!
Cassandra pasó por el lado de Sirius, mirándolo de reojo, antes de adelantarse y abrir la puerta.
El silencio fue completo.
A un metro de la puerta, junto a la gran mesa del comedor, estaban los hermanos Collinwood, parados uno muy cerca del otro, las caras enrojecidas y los ceños fruncidos en una casi idéntica expresión enfadada.
Claramente habían notado que alguien había irrumpido en la habitación porque se habían callado de inmediato, pero ninguno de los dos miró hacia Cassandra y Sirius. Sólo siguieron ahí parados, como estatuas, mirándose a los ojos.
-¡Oh, Cassandga!
Cassandra debía admitir que se asustó un poquito cuando gritaron su nombre, pero su sobresalto pasó a cuarto plano cuando comprendió y entonces vio a quién correspondía esa voz.
Al otro lado del comedor estaban de pie Bill y Fleur Weasley.
No es que Cassandra fuera una gran amiga de Fleur, pero de todas formas se encontró a sí misma corriendo para abrazarla con fuerza.
-¡Merlín! ¡¿Qué hacen aquí!?
Cassandra soltó a Fleur y le saltó encima a Bill, quien la abrazó de vuelta, alzándola en el aire en la mitad de un "¡Cass!".
-Cariño, se te ve el trasero – dijo entonces Sirius, que ya había terminado de saludar a Fleur.
Maldición.
Bill la soltó en la mitad de una risa y Cassandra, sintiéndose enrojecer, aplanó sobre sus muslos la camisa que se había puesto hace unos minutos, hasta asegurarse de que su retaguardia quedaba cubierta.
Notó que Sirius le sonreía contento, después de darle un breve abrazo a Bill y tuvo ganas de golpearlo por reírse de ella.
Dando rienda suelta a sus deseos, se acercó para golpearlo en el brazo, antes de colarse precisamente bajo ese brazo.
Novio tonto.
Sentada ya en la mesa, luego de servir café en varias tazas, Cassandra comprendió el por qué de la pelea entre Audrey y Ulrich.
Audrey tenía una forma de comunicarse con Percy, su novio y el único hermano Weasley que Cassandra no había tenido el privilegio de conocer. Eso ya les había quedado claro, cuando contactó a los hermanos Evans.
No habían logrado que confesara cómo era que mantenía el contacto y Audrey había insistido en que no había nada de lo que preocuparse, era un canal seguro. Que Percy era seguro.
En general, los comentarios que había recibido o escuchado sobre Percy Weasley no decían mucho a favor del joven hombre; girando en general en torno a la idea de que había traicionado a su familia al darles la espalda para ir a jugar a ser mascota del Ministerio, pero Cassandra comenzaba a dudar enormemente que eso fuera todo lo que había que decir sobre Percy.
Audrey, claramente, confiaba en él. Cassandra creía que la mujer estaba de verdad perdidamente enamorada de Percy, y quizá eso para algunas personas hacía que el juicio de Audrey respecto a su novio perdiera un poco de validez. Amor ciego, y esas cosas. Pero si algo había aprendido Cassandra de Audrey de lo que había hablado con ella y de lo que le había contado Ulrich de su hermana antes de que ella llegara a La Resistencia, era que la mujer tenía problemas para confiar en la gente. No era un proceso fácil para ella. Y si confiaba en Percy, era porque el pobre diablo merecía dicha confianza.
El día anterior, Audrey se había puesto en contacto con su novio (que ya sabía, por información entregada por la misma Audrey, que La Resistencia estaba en pleno funcionamiento) y le había comentado sobre la redada que tenían planificada para el día siguiente. Y Percy le había transmitido la información a Bill y éste, a su mujer. Y ambos querían participar.
Así que Percy y Audrey habían coordinado todo para que Audrey pudiera recoger al matrimonio y, ya conociendo los sitios donde podía aparecerse, usaron aparición en conjunto para entrar a los terrenos de La Resistencia.
Y Ulrich se enteró de todo muy tarde y quería matar a su hermana por ponerse en peligro de tal manera. O eso decía él al menos.
Audrey había tomado precauciones y por eso había programado el encuentro a esa hora de la madrugada, pero había ido sola y en el proceso había logrado que Ulrich se erizara de lomo a cola.
Ya se habían calmado un poco las cosas, y con la primera luz del alba apareciendo tras los árboles, se habían sentado a la mesa a tomar desayuno. Nada que un buen café azucarado no pudiera mejorar. Y, maldición, el ceño fruncido de Ulrich necesitaba una mejora pronto, antes de que se volviera permanente.
En la mesa se les había unido Oliver, Filippa y Callista, los tres viéndose un poco pálidos y de ánimo silencioso, pero si Cassandra se estaba muriendo de nervios de sólo pensar en meterse la Mansión Lestrange, decidió que no iba a culparlos por un poco de palidez.
-¿Qué prefieren? –escuchó que preguntaba Sirius en dirección a Fleur y Bill -. ¿En grupos separados o juntos?
-Separados –fue la respuesta inmediata de ambos.
Sirius y Ulrich estaban informando a los recién llegados de cómo y con qué formaciones se llevaría a cabo la redada. Y la pregunta era una válida. Era una pregunta que se le había hecho a todos aquellos que compartieran un vínculo importante con alguien más que participara en la redada. Darian y April preferían estar juntos. Ulrich había insistido que Audrey fuera parte de su grupo. Y Cassandra y Sirius habían concluido que era mejor moverse juntos, porque la última redada no salió tan bien para ellos, al estar separados.
Un montón de nenas, eso eran.
Esta vez no había un grupo Centinela, sino que cada grupo tenía su propio encargado de Defensa. Con más de una cabeza extra de las que hubo para la planificación de la primera redada, se trazaron las bases de lo que sería la segunda, tratando de lograr una estrategia que esta vez les asegurara una misión exitosa. Había cuatro áreas y factores que iban a cubrir en cada grupo, que se habían transformado de tres a cuatro con la llegada de Freya y sus hermanos.
El primer factor que iban a cubrir era la rapidez de reacción. Había una persona para esa área en cada uno de los grupos, esta vez enumerados del 1 al 4; quienes serían además los líderes y quienes darían instrucciones y estarían atentos para modificar formación y órdenes según como se desarrollaran las cosas. Sirius era el Líder del Grupo 1. April sería Líder en el Grupo 2. Y Callista y Rayton en los Grupos 3 y 4, respectivamente.
Las otras tres áreas eran Ofensiva, Apoyo/Rescate y Defensa.
Los que trabajarían en ofensiva se enfocarían en eliminar cualquier amenaza, enfocándose sólo en devolver los ataques que sufriera el grupo al que pertenecen, sin tratar de abarcar al resto de los grupos. Esa parte era importante: funcionar por separado, pero como engranajes de una máquina bien aceitada. Habría una o dos personas por grupo en la Ofensiva.
En Apoyo/Rescate, habría una persona por grupo y su misión era funcionar tanto ofensiva como defensivamente, según la necesidad; además de funcionar como encargado de rescatar a los rehenes que esperaban encontrar en La Mansión. Vinna había dicho que esperaban que hubiese entre 12 y 15 personas atrapadas, por lo que cada persona en Apoyo/Rescate tomaría bajo su protección a no más de cuatro rehenes. Era importante no sobrecargar al que debía hacer de Rescate.
Y en Defensa...bueno, era como el anterior grupo Centinela, pero con un Defensor encargado de enfocarse en alzar muros protectores en torno a su grupo, que debía moverse en conjunto desde su entrada hasta la salida de La Mansión, con o sin rehenes entre ellos. Iban a entrar y salir juntos. Y tal como harían los encargados de la Ofensiva, debían encargarse de la defensa de sólo su grupo y enfocarse en ello sin perder la concentración intentando prestar ayuda al resto.
Si todos hacían su parte, sería todo un éxito. Si las cosas, como habitualmente pasaba, no salían tal y como estaba planificado, era labor de los líderes modificar el plan en el proceso de entrada o de retirada, si hacía falta.
De esa forma, el Grupo 1 contaba con Sirius como Líder, Audrey y Kate Wilson en Ofensiva, Ulrich en Apoyo/Rescate y a Cassandra en Defensa.
El Grupo 2, con April de Líder, Charlotte en Ofensiva, Cyril en Apoyo/Rescate y Darian en Defensa.
El Grupo 3 tenía de Líder a Callista, a Filippa en Ofensiva, a Oliver en Apoyo y a Basile en Defensa.
Y finalmente Rayton como Líder del Grupo 4, Con Karin Wilson, Freya y Ozz en Ofensiva, Emerick en Apoyo y con Vinna a la cabeza de la Defensa.
-Separados, entonces –dijo April entrando de la mano de Darian, llamando la atención de todos y sonriéndoles a los recién llegados –Hola, soy April, él es Darian. Feliz de tenerlos con nosotros.
April también se veía algo pálida, pero eso no hizo mella en sus buenos modales.
-Hola, Apgil, Dagian –respondió Fleur rápidamente, estrechando la mano que April le ofrecía –, es un gusto conocegles. Soy Fleur Weasley y este es Bill, mi esposo.
-Entonces –dijo mientras empujaba a Darian a sentarse y ella iba por café -¿En mi grupo y en el tuyo, Call? ¿Qué dices, Sirius?
-Tiene sentido –respondió Cassandra, mirando a Sirius -, cinco por grupo y seis en el de Ray.
-A favor de eso.
Cassandra se giró a mirar a Ray, que hacía aparición en ese momento, viéndose fresco y hermoso como lechuga supermodelo. Y tuvo que contener una risa ante la cara y el "Mon Dieu" que soltó Fleur al verlo.
-Deja de ser tan hermoso, Ray, por Merlín –le dijo Sirius al recién llegado, la voz cargada de risa -, no alcanzamos a darle a la pobre mujer una advertencia.
-No le pidas imposibles, Sirius –le respondió April, sonriendo hacia una muy sonrojada Fleur -, no te preocupes, tu reacción no le llega ni a los talones a la de Callista. Se quedó mirándolo y se quebró la nariz contra la puerta.
Cassandra a esa altura se reía abiertamente.
-No tengo nada de lo que avergonzarme –respondió tranquilamente Callista luego de tomar un sorbo de su café -. Al menos no iba bajando la escalera cuando me encandiló con esa estúpida sonrisa. Eso habría resultado en desastre.
Y Fleur seguía roja como cereza.
Y la cereza casi hizo explosión cuando Ray se acercó a ella y la saludó con un pequeño apretón de manos. Y con una tremenda sonrisa bien puesta.
-Ya, suficiente, no la están ayudando –interrumpió Cassandra, intentando mantener bajo control si risa –April, ¿Fleur contigo? ¿y Bill con Call?
-Me parece estupen...¡ahg! –y esa era Callista derramando el café sobre su ropa...por vez 103 en lo que iba de semana -Ray, ¡pon esa sonrisa bajo control, maldición! Estoy aburrida de desmanchar todas mis malditas camisas...
-Hey, Audrey –llamó de pronto Bill, sacándose del bolsillo un pequeño paquete, alejando la atención de los de su lado de la mesa de la discusión que ahora tenían Callista y Ray –Percy me pidió que te diera esto.
Audrey recibió en silencio el pequeño paquete, que estaba envuelto en papel café y una cinta blanca. Y manteniendo el mismo silencio, y con manos ligeramente temblorosas, notó Cassandra, deshizo el envoltorio hasta llegar a una pequeña cajita.
Cassandra tenía que admitir que se iba a hacer pipí ahí mismo si el regalo de Percy a Audrey era un anillo. Pero cuando vio que no lo era y la cara de completa emoción de Audrey, entendió que aquel regalo significaba mucho más.
Era un delicado brazalete, hecho con dos finas cadenas y con pequeñas piedrecillas rojizas colgando de ellas, intercaladas con pequeñas plumas plateadas.
-Audrey...wow.
Sí, Cassandra La de Las Muchas Palabras, le decían a ella.
Bill, sonriendo con cariño hacia la mujer de cabello azul, le tendió la mano en señal de "yo te ayudo" y colocó el brazalete en torno a la delgada muñeca de Audrey, en el mismo brazo donde tenía el tatuaje de unas rosas rojas.
Ulrich miraba el intercambio en silencio. Y con expresión seria.
-¿Sabes? –dijo Audrey en voz baja, casi perdiéndose entre el bullicio al otro lado de la mesa y claramente intentando contener las lágrimas –Me alegra que tú y Percy estén hablando. Es un buen hombre, aunque sea difícil verlo desde tu lado de la familia.
-No es difícil para mí verlo, la verdad. Y a mí me alegra que te tenga de su lado. Merlín sabe que le venía bien un empujoncito, afuera de su zona de confort, por así decirlo.
Audrey se rio bajito. Y Cassandra cada vez tenía más ganas de conocer al extraño Percy, de tantas versiones que escuchaba de él.
-Conocí a Charlie a finales de agosto. No estaba nada de feliz cuando supo que Percy y yo éramos amigos. Pero la verdad es que Percy-
-Tranquila Audrey, no hace falta que lo defiendas ante mí. Yo ya sé lo que piensa Percy y cómo se siente. Lo sé hace bastante tiempo, en realidad y además lo discutimos recientemente. Y, en lo que respecta a Charlie, bueno, tampoco pienses tan mal de él. Siempre ha sido muy sobreprotector de la familia y está muy orgulloso de todo lo que incluya a un Weasley y bueno...eso hace que se ponga un poco bruto a veces.
-Bruto y mal educado –agregó Audrey con una mueca.
-Bruto y mal educado –aceptó Bill con una sonrisa.
-Bguto y mal educado, pego con buenas intenciones –terminó Fleur por los dos.
Cassandra le dio un vistazo al reloj sobre la mesita de noche. Faltaban 15 minutos para las nueve de la noche. Inicialmente, cuando recién planificaban todo, habían pensado atacar la Mansión cerca de la media noche, pero Percy les había hecho llegar información valiosa, a través de Audrey. Habían citado al Ministro a una reunión nocturna, esa misma noche, a las 23 horas. Una reunión de la que no participaría su mano derecha, Percy, lo que lo hacía sospecho. Y La Resistencia no podía correr el riesgo de que la estúpida reunión con Ministerial con Mortífagos fuera justo en la Mansión, así que la redada se llevaría a cabo más temprano.
En 15 minutos más, exactamente.
Cassandra se detuvo a mirarse en el espejo. Su cabello rojo nuevamente oculto bajo el pañuelo gris/rojizo que llevarían todos aquella noche, además de las capas negras. Se veía tan nerviosa como se sentía.
Había ordenado la ropa de ella y de Sirius. Había re-ordenado la ropa de cama, esperando que a la vuelta, pudiese desarmarla y acurrucarse junto a Sirius, nuevamente.
Sirius había bajado hace aproximadamente treinta minutos, quería asegurarse que el resto del grupo estuviese listo.
Y de paso le había dado a Cassandra tiempo para volver a encontrar valor, en la mitad de sus nervios.
Podía salir todo tan, tan mal.
Pero estaban mejor preparados que la primera vez. Estaban mejor preparados, se repetía una y otra vez. No podría salir peor que la anterior redada, ¿a que no?
-Vamos, Cassandra. Vamos.
Dándose ánimos a ella misma, y sintiéndose algo tonta por hablar sola, salió de la habitación sin dar otro vistazo a la cama perfectamente hecha, y salió, varita en mano y con paso seguro al pasillo.
Medio minuto después, entró a la cocina, donde el Grupo 1 la esperaba, junto a parte del Grupo 2.
April, que solía ser la voz de mando entre todos ellos, alzó la voz.
-Vamos, gente. Salgamos.
La cocina rápidamente se vació y Cassandra esperó a que salieran todos antes de moverse hacia la puerta.
No alcanzó a llegar a ella.
Levemente sobresaltada, Cassandra se giró a mirar a Sirius, que la había tomado de un brazo en un agarre firme.
-¿Sirius?
-Necesito que me hagas un favor, Cass.
-Por supuesto –respondió Cassandra de inmediato, sus sentidos saltando en alerta ante el tono mortalmente serio de Sirius.
-Necesito que quites de tu mente cada una de las palabras que dije aquella vez que ofreciste enseñarle magia oscura a la gente. Cada una de esas palabras, Cass –Cassandra asintió, entendiendo de inmediato que se refería a cuando le dijo "asesina" -. Sé que dijiste que me perdonabas por decir eso, pero sé también que esa palabra sigue dando vueltas en tu cabecita. Olvídalo, por favor –le pidió, tomando la cara de Cassandra entre sus manos -. No te limites en ningún recurso, no te limites con tus maldiciones, úsalas todas si es necesario, ¿me escuchas? Las oscuras y las que no. Todas. Sólo asegúrate de no salir herida, ¿sí? No puedo hacer esto sin ti. Por Merlín, juro que no puedo.
Cassandra sintió ganas de llorar, pero no lo hizo.
Le sonrió y tomó las manos de Sirius que seguían una a cada lado de su cara.
-Haré lo que sea para salir viva y bien y volver hasta acá. Te lo prometo. Pero necesito que me prometas que harás el mismo esfuerzo, para no hacerme volver hasta acá sin ti.
Se miraron un par de segundos en silencio, antes de Sirius la besara suavemente.
-Te lo prometo. Ahora vamos –dijo, tomándola de la mano -, April nos espera.
Cassandra y Sirius salieron hasta el patio delantero, donde iluminados por pequeñas llamas flotantes que se movían a su alrededor, los esperaba el resto de la gente.
-Bien –comenzó April, de pie sobre un grueso tronco, alzándose sobre todo el resto de la gente y apoyando una mano en el hombro de Darian, para mantener el equilibrio -, en diez minutos partimos. Tobias y Úrsula se quedarán a cargo de todo. Myriam e Isaac los ayudarán a mantener todo en orden. Tienen mi instrucción de sellar todo, a excepción del puesto cuatro, si no volvemos antes de las 23 horas y de sellarlo por completo si en 12 horas no regresa nadie con noticias. –Cassandra asintió junto al resto ante esa información, el ambiente electrizado por la nerviosa antesala de lo que llevaban semanas planificando -. Todos conocemos historias de la guerra pasada –siguió April en voz solemne -. Historias propias o historias que alguien compartió con nosotros. En la mayoría, se concluye que la experiencia no fue una muy buena. Un familiar desaparecido. Un amigo asesinado –Cassandra apretó con fuerza la mano de Sirius -, un compañero de trabajo siendo torturado. Un conocido, secuestrado. Un conocido, cayendo ante la promesa de poder. El miedo. Sueños derrumbándose, ante ese miedo. Vidas siendo cortadas desde la raíz, en nombre de un malnacido que sólo tiene odio y muerte para ofrecer. En esa Mansión, hay gente reviviendo historias de una guerra que esperábamos no volver a repetir, pero que se repite sin piedad. En esa Mansión, hay personas sintiendo que no tienen ni la más pequeña de las esperanzas de salir con vida de ahí. Hoy, iremos hasta ellos y les recordaremos que esperanza es lo que más tenemos. Hoy, echaremos abajo las ideas baratas de abuso de poder de esos malditos. Hoy, cuando entremos, no sabrán qué mierda los golpeó; pero, carajo, les prometo que al final de este día sabrán que somos La Resistencia. Que sucumbieron ante ella ¡Y que estamos aquí para quedarnos!
Las palabras de April fueron seguidas por un grito que lograba expresar por sí sólo el sentimiento comunitario de euforia. Cassandra, con el puño en alto, se unió al grito.
Eran La Resistencia. Y estaban ahí para quedarse.
Hola, hola! Volví, no estaba muerta ajaja Espero, como siempre, que les haya gustado. este capítulo. Opiniones sobre los hermanos Evans? Yo los amo un poquitito. Veremos más de ellos en los capítulos que vienen de Vida en Colores, por si quieren conocerlos más.
El próximo capítulo...tendremos la Redada a la Mansión Lestrange, un reencuentro poco deseado y reacciones post batalla. El título: Marca Tenebrosa.
Nos leemos pronto! Gracias por leer! Besos!
Nicola.-
