Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío.
-Muy bien. ¿Cass?
-Un segundo.
Cassandra usó rápidamente un fuerte encantamiento desilusionador en ella misma, antes de cerrar los ojos y concentrarse.
Había descubierto que no tenía que ser una experta en latín para expandir los horizontes del hechizo vinculante que ya empezaba a sentir como propio. Bastaba verbalizar ideas principales y el resto, lo hacía la mente. Y un montón de concentración. Y un poco de sangre, agregó mentalmente, cortándose la palma con la varita en un movimiento rápido.
-Sanguinis unio, visibilis coetus meum –dijo en voz baja. Las palabras en sí, no decían mucho. Era, para cualquier experto, un montón de palabras sueltas. Pero la idea en su mente terminaba de hacer la gracia.
-¿Ojos en mí? –dijo mirando a su grupo a los ojos. Los cuatro asintieron. Sip, funcionaba bien. Era invisible para todos, excepto para su Grupo 1.
A un par de metros, el Grupo 2, con la excepción de Darian, se preparaban también. Todos miraban a un punto vacío, así que Cassandra asumió rápidamente que Darian había realizado bien el hechizo y lograba ser invisible para todos, menos para su propio grupo.
Habían practicado mucho aquel hechizo vinculante y ya lo habían logrado con éxito en los días anteriores, pero de todas formas Cassandra hizo un pequeño baile victorioso en su mente.
-Muy bien, vamos Equipo.
Cassandra tomó su lugar junto a Sirius, que lideraba el grupo. Tras ellos, Audrey y Kate. Y Ulrich en la retaguardia.
Cassandra miró a su alrededor, mientras se movían entre delgados árboles, intentando que sus ojos se acostumbraran rápidamente a la oscuridad. No contaban con la luz de luna llena que los había ayudado en la primera redada. Los bosques que rodeaban la Mansión Lestrange, además, daban poca protección, en comparación al último bosque donde se habían movido. Eran árboles delgados y altos, secos.
Pero todo eso ya lo sabían. Sabían las condiciones con las que contarían. Habían estudiado el terreno. Sabían cómo moverse afuera y adentro de la Mansión, gracias a las muchas excursiones de reconocimiento y a la memoria de Cassandra, que había permitido dibujar un mapa completo de los tres pisos que tenía la Mansión, incluyendo el sótano, donde esperaban encontrar a los rehenes.
En la primera redada habían entrado a la Mansión en la mitad de un buen par de explosiones, y aquella iba a ser otra diferencia con lo que habían planificado para la segunda. Pretendían no iniciar batalla a menos que fuera absolutamente necesario y mantener el sigilo todo lo que fuera posible.
Los Grupo entrarían por la puerta trasera, que daba acceso a un gran pasillo, donde encontrarían además puertas que daban hacia la cocina y el comedor. Al final de ese pasillo, justo antes de salir al rellano que luego se ampliaba hacia el gran salón principal, estaban las puertas que ocultaban las escaleras hacia el sótano.
Los Grupo entrarían por la entrada principal, directo al gran Salón, donde encontrarían dos grandes escaleras que llevaban al segundo piso y, entre aquellas escaleras, una entrada hacia el comedor y el comienzo del pasillo por el que ingresarían los otros dos grupos.
El Grupo 3 se trasladaría al comedor, aseguraría la habitación y volvería luego al gran Salón a reunirse con el Grupo 4. Y en el Salón debían mantenerse firme, contra cualquier amenaza.
El plan era simple: Grup entrarían por la puerta trasera, hacia el pasillo. Grupo 1 iría directo a la cocina, aseguraría la habitación y saldría al pasillo nuevamente, para luego moverse al sótano, a por el primer grupo de rehenes. El Grupo 2 ocuparía espacio en el pasillo, atento a la puerta trasera y a cualquier posible muestra de violencia, hasta que el Grupo 1 volviera del sótano. Entonces, el Grupo 1 se quedaría (junto a su grupo de rehenes) en el pasillo, haciendo guardia mientras el Grupo 2 iba por su grupo de rehenes.
Cuando el Grupo 2 volviera, se movería hasta la cocina (ya asegurada en un comienzo por el Grupo 1) y luego al gran Salón, a través del comedor, para relevar al Grupo 3 que bajaría entonces por sus rehenes. El Grupo 1 mantendría posición en el pasillo hasta el último momento. Y, finalmente, cuando el Grupo 3 volviera con sus rehenes, volvería al Salón, para que el Grupo 4 pudiese bajar al sótano.
Cuando el Grupo 4 tuviera asegurados a sus rehenes, comenzaba la retirada. Grup por la salida trasera, a través del pasillo. Grup por la puerta principal.
Coser y cantar.
Quizá no tan coser y cantar.
Eso pensó Cassandra mientras levantaba muros protectores en torno a su grupo, apretando los dientes cuando maldiciones inesperadamente poderosas rebotaron en sus escudos.
Por cómo se escuchaba, el Grupo 3 parecía tener algo de acción también dentro del comedor, que era la hbaitación contigua a la cocina, donde el Grupo 1 intentaba eliminar los últimos cuatro mortífagos que quedaban en la cocina. Debían hacerlo rápido, incluso si no llevaban más de tres minutos dentro de la habitación.
No podían permitirse darles demasiado tiempo a los mortífagos presentes esa noche. Si los malditos se adelantaban y de algún modo lograban trasladar a sus rehenes, la redada se iría al desagüe.
Cassandra alzó un escudo a espaldas de Audrey, desviando una maldición púrpura, que fue a parar en uno de los muebles contra el muro del fondo, lanzando trozos de vajilla por todos lados. Ulrich, en ese momento, lanzó de un lado a otro de la habitación a uno los mortífagos, dejando sólo dos en pie. Y los malditos eran buenos. Y ya llevaban cuatro minutos ahí adentro.
-¡Kate, Audrey, ahora! -gritó Sirius por sobre el bullicio. Y en un estudiado y sincronizado movimiento, Kate alzó de forma brusca su varita primero contra el más alto de los mortífagos restantes y luego, de inmediato, contra el otro hombre. Y las llamas y miles de pequeñas chispas fucsias los envolvieron des la cintura hacia arriba. Y entonces, las llamas crecieron y explotaron alrededor de ellos...justo para ser contenidas por Audrey y su niebla de hielo. Uno de sus hechizos favoritos.
Cinco segundos después, sólo había dos cuerpos escarchados en el piso.
-Vamos, rápido.
La voz de Sirius, firme y seria los tuvo a todos moviéndose rápidamente fuera de la cocina, hacia el pasillo.
Ahí el Grupo 2 esperaba y parecían haber tenido algo de acción también, considerando la capa rasgada de Cyril y la frente ensangrentada de su novia, Charlie.
Sólo hubo tiempo para una señal de asentimiento entre April y Sirius, antes de que Cassandra corriera junto a su grupo hasta la puerta que ella sabía que llevaba al sótano.
-¡Bombarda! -Gritó Ulrich, en algún lugar adelante de ella, mientras bajaban a toda velocidad la escalera y luego una rápida brisa fría le dijo que Audrey volvía a usar sus hechizos de hielo para alejar de sus caras el polvo que resultó de aquella violenta explosión.
Por supuesto que iba a ser una violenta explosión. No había nada no-violento en Ulrich en la mitad de una batalla.
Y entonces, Cassandra tuvo que esforzarse en tragar el nudo que se formó en su garganta. Frente a ellos se abrió una amplia, oscura y, por sobre todo, muy lúgubre y fría habitación.
El aire al rededor de ellos no sólo era extremadamente frío, sino además viciado. Era un aire difícil de respirar. ¿Era esta una forma de torturar, también?
Tendría sentido. Kate hizo aparecer pequeñas llamas chispeantes sobre sus cabezas y, con la nueva luz, se encontraron con aproximadamente veinte personas paradas frente a ellos, todos viéndose todo lo miserables y asustados que podría verse un grupo de gente. Sucios, congelados hasta los huesos y cansados como después de un largo tour al infierno.
-Vamos a sacarlos de aquí -partió diciendo Sirius, en voz calmada, pero firme -, pero necesito rapidez y absoluta obediencia. Nadie duda de lo que yo o él -apuntó a Ulrich, el encargado de Rescate, en el Grupo 1- pida o les diga que deben hacer. Nadie toma decisiones, nadie intenta huir por su cuenta. Nadie hace nada si no lo hemos dicho nosotros y nadie duda en hacer todo lo que se le dice que haga ¿entendido?
Todas las cabezas frente a ellos asintieron rápidamente. Voz de mando, le había dicho Sirius. Estaban asustados y aquello podría poner todo en riesgo. Voz de mando.
-Bien, ¿hay alguien herido de gravedad? ¿Alguien que no pueda moverse por sí sólo?
-Sólo un hombre -dijo una voz suave desde al fondo.
El grupo se abrió para mostrarles a una mujer de rodillas a un costado de un hombre que a primera vista...parecía muerto.
El sonido ahogado que dejó escapar Audrey hizo que Cassandra se girara en redondo en busca de amenazas inminentes. Sólo la encontró con cara de pánico, pálida en contraste con su cabello azul.
-¿Marcus? -preguntó Audrey en voz ahogada.
Y el "¿Princesa?" proveniente del hombre del piso le dijo a Cassandra que no sólo sí estaba vivo después de todo, sino que además parecía conocerla y que sonaba como si estuviera usando sus últimas fuerzas para susurrar palabras.
Audrey se adelantó y el Grupo la siguió de inmediato.
-¿Lo conoces? -le preguntó Ulrich a su hermana.
-Sí, Marcus Williamson, trabajábamos juntos en el Ministerio -respondió Audrey, agachándose junto a la mujer que había hablado antes, cuando Sirius preguntó por heridos.
-Ah...sí eres tú, Princesa.
En opinión de Cassandra, el hombre no sólo se escuchaba medio muerto, sino que se veía terrible. Aún más terrible, ahora que podía verlo de más cerca y con más luz encima. Tenía sangre por todos lados, la ropa rasgada y torcida, sucia. Tenía los ojos hundidos, un lado de la cara inflamada y los labios partidos y con sangre.
Mierda.
-Soy medimaga -dijo de pronto la mujer -, si alguien me presta su varita un segundo, puedo estabilizarlo para poder moverlo. Sólo el hecho que la habitación esté tan fría ha evitado que pierda más sangre.
Audrey de inmediato le dio su varita.
Doble mierda.
Ulrich maldijo. Sirius tomó aire, como intentando calmarse. Y Cassandra les recordó en voz alta que ya iban 5 minutos y medio de redada. Olvidando que era invisible para todos en el proceso y casi infartando a un par de chicos que estaban de pie cerca de ella.
-Bien, tú -comenzó Sirius, voz firme y tono fuerte, mirando a la mujer medimaga -¿cómo te llamas?
-Venice.
Venice era, por algún motivo, un nombre muy apropiado para ella, en opinión de Cassandra. Tenía cabello oscuro y ondulado, hasta media espalda. Enmarañado y sucio, pero aún así caía como con gracia sobre su espalda y hombros. Llevaba puestas unas gafas de marcos grandes, con uno de los cristales rotos. Estaba sucia, cansada, y claramente alguien había decido usarla como bolsa de arena para practicar golpes de boxeo, pero no podría haberla descrito sino como "linda".
Y muy capaz. Bastó que Sirius le dijera "tienes exactamente veinte segundos", antes de girarse para organizar al resto de la gente, para que Venice se pusiera manos a la obra. Su expresión era una de completa concentración mientras movía la varita por encima del hombre, Williamson.
Y exactamente veinte segundo después, Sirius los hacía moverse escalera arriba, de vuelta al pasillo. Venice iba con ellos, junto con una chica de unos 15 años, su hermana mayor y Williamson sobre el hombro de Ulrich.
Sirius había separado a las 17 personas en el sótano en tres grupos de cuatro personas y uno de cinco, que serían los últimos en salir, junto con el Grupo 4.
Cuando salieron al pasillo, aún se escuchaban maldiciones siendo gritadas desde el Salón, lo que no podía ser bueno. Sirius, al parecer siguiendo la misma línea de pensamiento, decidió que había que subirle la velocidad a la misión.
-¡April, ve! -le gritó Sirius, apenas salieron todos al pasillo. Tienes que sacar a cuatro más, ¡vamos!
April, Cyril Charlote y Darian se echaron a correr escalera abajo y Cassandra se alejó un poco del grupo, y se paró junto a la puerta de la cocina, intentando tener una buena visión del pasillo, preparada para armar defensas.
Le preocupaba que en el Salón aún hubiese tantos gritos. Pero la regla número uno era seguir el plan. Y eso significaba que debía quedarse con su grupo, sí o sí.
Sirius miraba hacia el otro lado del pasillo, el que daba al Salón, atento a cualquier movimiento o destello. Audrey y Kate esperaban con la varita en mano, tensas. Ulrich no parecía ni un poco perturbado por el peso del amigo de Audrey sobre su hombro. Venice tenía los dedos puestos en la base del cuello de Williamson, pero miraba hacia las luces provenientes del salón también.
Y las otras dos chicas esperaban tras Ulrich, hombros gachos y expresiones asustadas.
No tuvieron que esperar mucho antes de que April volviera a aparecer por la puerta del sótano y con un "vamos" de Sirius, siguieron moviéndose hasta perderse a toda velocidad dentro de la cocina. De ahí, según el plan, April debería mover a su gente hasta el salón y unirse a la batalla, para que el Grupo 3 pudiera bajar por sus rehenes.
No más de diez segundos después, con el corazón latiéndole a toda velocidad, Cassandra vio aparecer a Callista, con el cabello goteando sangre, pero con ojos despiertos y decididos. Se detuvo sólo medio segundo para escuchar a Sirius decirle "Call, sube a cuatro personas más. Incluyan a los dos niños", eso último mirando a Bill y a Oliver, que al parecer iban a tener que cargarlos.
Y entonces el Grupo 3 corría escalera abajo, hacia el sótano.
Y, justo después, la gruesa puerta de la cocina explotó en mil trozos de pequeñas estacas.
Mil trozos de muy afiladas malditas estacas, pensó Cassandra apretando los dientes, cuando una de los trozos de madera fue a parar profundo en uno de sus muslos.
Las dos chicas rehenes se escondieron tras Ulrich, sin gritar, siguiendo por suerte una de las primeras instrucciones que dio Sirius en el sótano. Mantener silencio. No hacía falta esconderse detrás de nadie, de todas formas. Cassandra, que había estado más cerca de la puerta y que había terminado contra el muro del frente, apuñalada por el trozo de madera, había construido de inmediato un muro alrededor del resto. Ahorrándoles la parte de los apuñalamientos, por suerte.
Kate y Audrey no demoraron dos segundos en devolver ataques a través de la puerta, a quiénes sean que hubiesen logrado atravesar la defensa y entrado a la cocina, que debía ser ya zona asegurada. Sirius envió humo negro dentro de la cocina, y Kate, con chispas provenientes de su varita, transformó el humo en fuego. Luego gritos. Luego Audrey enfriando todo.
Venice se había acercado a Cassandra en algún momento, sin que ella lo notara y antes de que supiera qué pasaba, le estaba sacando de alrededor del cuello el pañuelo gris que cubría su cabello y usándolo para vendar la profunda herida que quedó en su muslo, justo después de que sin previo aviso tirara hacia afuera la estaca.
Cassandra, que vio estrellitas, tuvo que usar el muro y a la misma Venice para poder mantenerse de pie, pero le dio un pequeño "gracias" cuando notó que sí, mierda sí que dolía, pero podía volver a apoyar el peso en esa pierna. Lo que era muy útil cuando había que correr para salvar el pellejo.
Cuando Cassandra logró alejar las estrellitas de sus ojos y pudo pararse derecha sin ayuda, vio aparecer a Bill desde el sótano, con uno de los niños en brazos, sujeto contra su cadera y la varita en alto en su otra mano. Callista apareció justo después, y con una orden/grito, tuvo a todo el Grupo 3 corriendo de vuelta hacia la cocina.
-¡Sirius! -lo llamó Cassandra de inmediato - ¡Quiero bloquear el ingreso después de que pase Ray! -logró decirle por sobre los ruidos de explosiones. Alguien debía tener bloqueado el ingreso directo del Salón hacia ellos, porque incluso con todo el ruido y lo viva que sonaba la batalla, no había aparecido nadie por ese lado del pasillo. La regla número uno era no separarse, pero valía la pena intentarlo.
Sirius la miró primero a los ojos, luego miró la pierna que ella sabía que debía verse mal goteando sangre y luego a los ojos otra vez.
Un asentimiento de su parte, la tuvo corriendo/cojeando de vuelta a la cocina, intentando concentrarse en ignorar el dolor punzante en la pierna.
La puerta que unía la cocina con el comedor se estaba cerrando tras Basile, cuando ella llegó hasta ella y la atravesó, los sonidos de la batalla llegando con mayor claridad hasta sus oídos. Debían salir ya de aquella Mansión.
Con la puerta abierta, Cassandra se quitó de encima el encantamiento vinculante que la hacía invisible al resto y esperó que el Grupo 4 apareciera desde el Salón hacia el comedor, cuando fueran relevados por Callista y su grupo...y ahí estaban.
El primero en entrar al comedor fue Emerick, que venía arrastrando con él a Karin Wilson. La gemela parecía algo atontada, pero además de eso no parecía estar herida. El resto de la gente apareció tras ellos, todos con caras de saber que corrían muy en contra del tiempo.
-¡Cass! -le gritó Ray, que entró corriendo justo detrás de sus hermanos, quizá sorprendido de verla sola ahí.
-¡Vayan! ¡Voy a bloquear la entrada por este lado también, Sirius está en el pasillo!
Ray dudó sólo medio instante, antes de correr hacia el pasillo y desaparecer con el resto de su grupo. Y justo cuando Cassandra pensaba en llenar el comedor con llamas de fuego maligno, que una vez su querido tío Rodolphus le había enseñado a hacer cuando no tenía ni doce años, la puerta explotó.
Pero esta vez Cassandra estaba preparada y ningún trozo de madera quedó enterrado en ninguna parte de su cuerpo, gracias Merlín.
Para lo que no estaba preparada, era para ver aparecer a sus hermanos por la puerta que daba al salón.
Cassandra se quedó paralizada. Rufus y Cézar, con idénticas expresiones de odio en sus idénticas caras, hicieron lo mismo.
Y entonces Rufus estuvo sobre ella.
Cassandra no tuvo mucho tiempo para reprocharse la falta de reacción ante sus hermanos. Quedarse paralizada definitivamente no era una opción válida en la mitad de una misión. Y sólo podía culparse a sí misma, por encontrarse bajo el tremendo peso de su hermano. Rufus ahora usaba una mano (la que no tenía ocupada sujetando contra el piso la mano en la que ella aún tenía su varita), para apretar contra su garganta.
No podía moverse y no podía respirar. Y sin mucho más que poder hacer, Cassandra miró más allá de la expresión furiosa de Rufus.
Cézar estaba de pie, mirándola fijamente. Como si no pudiera imaginarse mejor escenario que mirar atentamente los distintos tonos de colores que tomaba su piel mientras moría asfixiada.
¿Cómo habían llegado a ese punto? ¿En el que sus ojos, al mirarla, sólo se llenaban de odio y furia?
Cassandra intentó con todas sus fuerzas mover las piernas, para quitarse el peso de Rufus de encima, pero no logró moverlo ni medio milímetro. Su otro brazo estaba atrapado bajo el pie de Cézar. Y Dios...iba a morir.
Y ellos serían lo último que vería. Sus hermanos, Que la odiaban.
Las cabezas de ambos, ya borrosas entre sus ojos húmedos de lágrimas y la inminente pérdida de conciencia, de la nada y casi simultáneamente desaparecieron en explosiones de luces, una blanca brillante y la otra de un color verdoso oscuro.
Y entonces...aire en sus pulmones.
Cassandra se dobló sobre sí misma contra el suelo, intentando llenar sus pulmones de delicioso aire, intentando conservar además sus sentidos y no desmayarse. Alguien tiraba de ella, al parecer intentando sentarla, pero Cassandra necesitaba respirar primero. Toser y respirar. Y era más fácil siendo una bolita en el suelo, que sentada, carajo.
-¿Cassandra? ¡Cass!
Cassandra levantó la vista y se encontró con los ojos de Sirius, asustados. Era él quien intentaba sentarla en el piso. Y junto a los cuerpos inmóviles de sus hermanos, estaba Fleur, despeinada y viéndose nerviosa.
-¡Ve, Fleur! -le gritó Sirius, mientras tiraba de Cassandra hasta ponerla sobre sus pies - Empezamos la retirada, ¡avisa a April!
Fleur le dio una última mirada a Cassandra y su deplorable estado antes de correr hacia el salón, entre los restos de puerta que aún colgaban de sus bisagras.
-Espera, Sirius -le dijo Cassandra, cuando ya la arrastraba fuera de la cocina hacia el pasillo.
Sirius no la esperó, claro, pero Cassandra logró girarse sobre sí misma y alzar la varita. Había ido hasta el comedor para bloquear la entrada al pasillo e iba a hacerlo. No iba a prender con fuego maligno el comedor, porque sus hermanos inconscientes estaban ahí y por mucho que los detestara...no iba a asesinarlos. Pero sí le prendió fuego a la cocina.
Que se entretuviera luego su tío Rodolphus intentan apagarlo.
Antes de que pudiera entender mucho lo que pasaba a su alrededor, se encontró a sí misma siendo empujada/arrastrada por la puerta trasera de la Mansión, junto con el grupo de Ray y sus respectivos rehenes, como estaba planificado.
Ya recuperando un poco más sus sentidos, esperó que Ozz, que era quien cerraba aquel pequeño éxodo, cruzara la puerta hacia el patio trasero, y se giró y volvió a usar fuego maligno, esta vez en la puerta y el comienzo del pasillo. No se atreverían a cruzarlo.
Los que conformaban las filas de mortífagos no eran siempre destacados por su inteligencia, pero hasta ellos debían saber que tocar ese fuego significaba morir calcinado.
Estaban casi llegando al final del terreno trasero de la Mansión, cuando las maldiciones empezaron a llover sobre ellos. Cassandra frenó, llamando a Vinna, que aún era sólo visible para el grupo 4 y ambas se detuvieron a levantar escudos y muros protectores. Aprovechando que eran dos en la defensa ahora, Cassandra intercaló los escudos con maldiciones oscuras, sumándose a las maldiciones que lanzaban Ozz, Freya, Kate y Audrey, intentando frenar el avance.
El último mortífago cayó mientras Sirius y Ray gritaban a todos que se movieran hacia el bosque.
Cassandra, tardó tres segundos en responder a las órdenes.
Tres segundos era todo lo que necesitaba.
-¡Morsmordre!
Cassandra sólo se regaló a sí misma un instante para admirar la aparición de la Marca Tenebrosa sobre la Mansión Lestrange, antes de correr e internarse en el bosque.
-Eso debería bastar, aunque puede que esté sensible en los bordes por un día o dos. No parece haber daño en tejido muscular ni nervioso y, por suerte, no le dio a ningún vaso sanguíneo importante.
Cassandra miraba con atención a Venice, su nueva mejor amiga.
La mujer era excepcional. Y en cinco minutos, había hecho desaparecer el agujero que le había quedado en el muslo derecho y, con eso, había hecho desaparecer también el dolor. Había disminuido también el dolor y la inflamación en su cuello, donde Rufus había intentado asfixiarla.
Habían llegado a los terrenos de La Resistencia y de inmediato habían sido rodeados de una explosión de actividad y urgencia. Se habían trasladado a la cocina y luego se habían organizado y distribuido también entre el comedor y la sala de estar.
Venice había pedido rápidamente lavarse las manos y una varita y se puso a trabajar sobre Williamson, que había sido instalado sobre mantas, en una de las cinco camillas que Monique y Úrsula habían preparado para ellos, cuando regresaran.
Cuando Venice, con ayuda de Audrey, Monique y Ozz, logró estabilizar nuevamente a Marcus Williamson y alejarlo de las puertas del Más Allá, Venice se dedicó a revisar al resto.
El "resto" la incluyó a ella y su orificio en el muslo, a Callista que tenía el cuello cabelludo casi abierto de lado a lado, a Karin que había sufrido alguna clase de conmoción cerebral y a Ozz, que tenía una herida en el hombro.
Después de eso, Venice simplemente...se desmayó.
Los había tomado a todos por sorpresa, pero por suerte Ray había alcanzado a tomarla por un brazo, antes de que la mujer diera con la cabeza en el piso. Luego la había tomado en brazos y llevado hasta la habitación que compartía con sus hermanos, mientras Maggie y Tobías prometían subirle agua y quizá sopa, para cuando despertara.
La mayoría de las 17 personas rescatadas, con la excepción de Williamson, sólo necesitaban algo caliente para beber, una ducha y descanso, por suerte.
Cassandra, con una sonrisa que ni siquiera intentó contener, miró desaparecer de a poco a la gente, mientras se acomodaban en las habitaciones que aún estaban vacías en el sótano que había adaptado y construido Ulrich.
-¿Estás bien? -Sirius apareció a su lado y la abrazó contra su pecho.
-Sí. Necesito una larga ducha y quizá un trago, pero estoy bien. ¿Estuvo todo tranquilo por acá, mientras no estábamos?
Habían salido a la redada, confiados de que la gente estaría segura, pero de todas formas ambos, ella y Sirius, habían compartido la preocupación de que algo pasara en la ausencia de la gente que lideraría una defensa en caso de ataque.
-Sí, ya consulté. Todo bien. Paul y David tenían, según rotación, que acercarse hacia Newbury hoy y decidieron ir de todas formas, deberían estar por regresar.
Paul y David eran padre e hijo, casi idénticos si no fuera por la diferencia de edad y eran buenos para captar gente durante las rotaciones que habían estado haciendo para visitar pueblos, en busca de gente que necesitara refugio. Actuaban bien, disimulaban bien. Eran agradables, sutiles e inteligentes y tenían esa forma casi telepática que tiene a veces la familia de decirse cosas sin decir nada, sólo intercambiando miradas.
Ulrich apareció frente a ellos con dos vasos de Whisky de fuego, mientras los participantes de la redada comenzaban a llenar los espacios disponibles en la cocina. Sólo Ray, que seguramente seguía revoloteando sobre una inconsciente Venice, y Ozz, Charlie y Cyril que se habían retirado a sus cuartos, estaban ausentes para aquel brindis.
Porque definitivamente iba a ser un brindis. Todos tenían un vaso en la mano y sonreían, ahora que la sensación de victoria comenzaba a aparecer en el aire.
-Lo logramos, gente -dijo April, alzando su vaso, media abrazada de Darian -, lo logramos.
Hubo un minuto de silencio, antes de que todos bebieran de sus vasos, aun en silencio. Fleur de pie, apoyada sobre el pecho de su marido. Callista muy pegada a Emerick, pero mirando lejos, por la ventana. Karin y Kate sentadas en una orilla de la mesa, sus brazos entrecruzados. Freya y Audrey, sentadas juntas, cansadas, pero satisfechas. Ulrich junto a su hermana, como una fortaleza, con la mano libre sobre el hombro de Audrey. Vinna junto a la puerta, intercambiando miradas con Basile, que tenía los ojos de un amarillo aún más brillante del habitual. Filippa sobre el regazo de Oliver, quien la abrazaba contra su pecho, apoyando el mentón sobre su cabello ondulado y, ahora, libre y desamarrado.
Y Cassandra aprovechó el silencio para sonreír a Sirius, que la miraba de reojo, aún con un brazo enrollado firmemente en su cintura.
La puerta de la cocina que daba al patio trasero se abrió de pronto y Cassandra debía admitir que había saltado tal vez un centímetro y medio fuera de su piel con el brusco movimiento. Que alguien se atreviera a culparla. Sospechaba que estaría toda la maldita semana saltando ante pequeños ruiditos.
Paul y David entraron entonces, sus caras de preocupación y sus ceños fruncidos transformándose en expresiones de tranquilidad y felicidad cuando los vieron a todos ahí, bebiendo whisky.
Pero entonces el ceño que se frunció fue el del resto de la gente, porque entre David y Paul, venía alguien más.
Una mujer de cabello castaño y de contextura delgada, que parecía llevar una semana sin comer ni dormir. Con un niño chiquito y muy pelirrojo en sus brazos.
El silencio se extendió sólo por unos segundos.
-Hola, Bill -dijo la mujer, luego de aclararse la garganta -¿Te acuerdas de mí? Creo que tengo algo que te pertenece -terminó con voz melodiosa, pero temblorosa, mientras reacomodaba al niño que dormía en sus brazos.
Toda la habitación, excepto Fleur que siguió con los ojos fijos en la mujer, se giró a mirar a Bill. Y entonces Bill, que se había quedado paralizado con el vaso en los labios, se atragantó y escupió whisky por todos lados.
Ay, Dios.
Hola, feliz año nuevo! (muy atrasado...) Y no, no he muerto...y hay nuevo capítulo!
Gracias a todos lo que aún leen, amor para todos ustedes. Si pueden, cuéntenme qué les pareció este capítulo!
El siguiente, habrá acción también...de más de un tipo de acción.
Besos!
