Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío.
7 de diciembre de 1997, Hampshire, La Resistencia
Cassandra volvió lentamente al mundo de la gente despierta. E hizo lo que habitualmente era su rutina cuando tenía el privilegio de despertar por sí misma y no en la mitad de un sobresalto. Hizo repaso mental de ella y de dónde estaba.
El dónde, era fácil. Junto a Sirius. Podía sentir su respiración, junto a ella. Probablemente durmiendo boca abajo, si usaba como pista que tenía un brazo cruzado bajo sus pechos desnudos, en algo así como un casi abrazo.
Estaban en la habitación que compartían, en La Resistencia. Habitación que era a prueba de ruidos, según le había informado Sirius cuando ella había verbalizado la preocupación de que toda la población de La Resistencia de seguro se había enterado de lo que había pasado entre ellos.
Además de desnuda, notó, estaba algo adolorida, pero nada terrible. Y probablemente tenía más que ver con los golpes que había recibido durante la redada, que con el tiempo que había pasado con Sirius entre las sábanas. Además, Sirius había insistido en que llenaran la bañera con agua caliente y se metieran un rato, después de que ambos hubiesen logrado recuperar el aire y la movilidad de las extremidades.
En los minutos que estuvieron envueltos en agua caliente, Sirius se había dedicado a abrazarla. A besarla. A acariciarla. A decirle que la amaba.
Ay, Merlín…la vida estaba siendo buena y dulce.
Cassandra abrió un ojo y buscó la ventana de la habitación, con la idea de adivinar más o menos que hora era. Estaba oscuro y…silencioso.
Era de madrugada aún, seguramente. Lo que era un poco extraño, porque Cassandra no solía despertar hasta que el sol ya estuviera asomándose. A menos que tuviera una pesadilla o alguien la despert-
Un destello de luz plateada interrumpió de golpe tanto la oscuridad que se veía más allá de la ventana, como sus pensamientos.
Asustada, se giró para despertar a Sirius, pero lo encontró ya despierto y atento, apoyado en un codo mirando hacia la ventana.
-Vístete, Cass. Rápido –la voz calmada y tensa de Sirius no hizo más que agudizar el miedo que comenzaba a congelarle la sangre. Pero se apresuró en hacerle caso. Los instintos de Sirius rara vez se equivocaban.
A oscuras, Cassandra cruzó la habitación hasta el armario y buscó a tientas ropa interior. Se la puso a toda velocidad, y alcanzó a lanzarse encima una bata y a ajustarla por la cintura, maldiciendo a su maldita mala suerte, porque parecía que siempre se enfrentaba a las crisis estando media desnuda, cuando hasta ellos llegó un grito. Seguido de otro.
-¡Cass! –el grito-susurro de Sirius la hizo correr a buscar sus botas y su varita, antes de echarse a correr hacia la puerta, donde la esperaba ya vestido.
Entonces sonó la alarma que Ulrich y Darian habían instalado. Y los gritos se multiplicaron.
Con las botas en una mano y la varita en la otra, Cassandra corrió tras Sirius y frenaron sólo al ver aparecer a Ulrich escalera arriba hacia ellos.
-¡Ulrich! –lo llamó Cassandra por sobre los gritos y el ruido repetitivo y casi ensordecedor de la alarma.
-¡Están abajo! ¡En la parte de atrás!
Dios. Sintiéndose empalidecer, Cassandra recordó que la entrada a las habitaciones subterráneas donde dormía la gente, los refugiados…era en la parte de atrás de la casa.
-¿Quiénes?
-¿Cuántos?
Las preguntas salieron de forma simultánea de las bocas de Sirius y Cassandra, y Ulrich logró en tres palabras responderles a ambos y asustarla más de lo que ya estaba.
-Unos cuarenta mortífagos.
Mierda. ¿Cómo los habían encontrado?
-Tenemos una rata –la furia en la voz de Sirius logró sacarla de su naciente estado de pánico y de su constante "oh, mierda, oh, mierda" mental y concentrarse en lo que decía.
Destellos y explosiones provenientes del piso de abajo se sumaron a los gritos y con el corazón latiéndole dolorosamente, Cassandra notó que no eran sólo gritos. Eran gritos de niños.
Sirius echó a correr escalera abajo y Cassandra empezaba a hacer lo mismo, cuando notó que Ulrich no se movía.
-¿Ulrich?
-¡Abby y los niños están en mi habitación!
Mierda. Los niños. Y la mujer nueva con el mini-pelirrojo.
-¡Ve con Sirius, yo los busco!
Sin darle mucha elección, Cassandra se devolvió por el pasillo hasta la segunda puerta a la derecha y la abrió a toda velocidad.
Y se encontró con una varita siendo apuntada directo a su frente.
-¡Dios, lo siento! –Abby, la mujer rubia, bajó la varita de inmediato y se giró a tomar en brazos al pequeño pelirrojo, que la miraba con ojos enormes de pie sobre la cama.
-¿Cassie? –la vocecita de Rossie llegó hasta ella. Estaba de pie junto a su hermano, tomando la mano de Tommy como si de eso dependiera su vida.
Todos estaban vestidos, en ropas de dormir, pero vestidos. Y con calzado.
-Vamos a tener que correr un poco, ¿está bien? –Comenzó Cassandra, mientras se apresuraba a colocarse las botas que había llevado con ella, después de cerrar la puerta tras ella -. Abby, tenemos que bajar y abajo hay gente encapuchada –continuó Cassandra, decidiendo no asustar más a los niños usando la palabra mortífago -. Ven aquí Rossie.
Rossie corrió hasta ella y Cassandra la alzó para acomodarla contra su pecho, sujetando su peso con un solo brazo.
-Sujétate de mí con fuerza, ¿sí? -Le dijo a la niña – Y cierra con fuerza los ojos también. Tommy, no te alejes de nosotras, ¿está bien? –Tommy se apresuró a asentir y se acercó hasta ella. Abby, con su hijo firme en uno de sus brazos, hizo lo mismo –Abby. Al final de la escalera, hay que girar a la derecha y seguir ese pasillo hasta el final. Saldremos por un borde de la casa hasta el patio. Y junto al invernadero, hay una entrada a un túnel.
Las entradas a los túneles desde las habitaciones en el subterráneo se iban a bloquear apenas la gente pudiese pasar a través de ellos. Cada habitación tenía una salida de emergencia hacia los túneles y ante la alarma tenían la instrucción de entrar a los túneles y bloquear la entrada de inmediato. Cyril los había ayudado con un encantamiento para manipular tierra y roca para lograr un sello efectivo.
Si la gente había logrado seguir instrucciones, ellas no podrían evacuar por ahí. Debían sacar a los niños por otro lado y las entradas alternativas a los túneles estaban repartidas en las cercanías y periferia de los patios.
Cassandra abrió la puerta, el ruido de la alarma, las explosiones y gritos llegándoles con renovada fuerza. Y se echó a correr pasillo abajo, hasta la escalera, Tommy y Abby pisándole los talones. No parecía haber nadie en las cercanías de la escalera, pero eso no significaba que no hubiese amenazas.
Así y todo, no podían darse el lujo de moverse más lento, debían salir de la casa y llevar a los niños hasta algún lugar seguro. Siguiendo la instrucción que ella misma le había dado a Abby en la habitación, giró hacia la derecha apenas puso pie al final de la escalera y se frenó de golpe al final de su segundo paso.
Había llamas en la mitad del pasillo. Y gritos desde el otro lado del muro de fuego. Era fuego maldito, identificó con una palabrota mental. No sólo no podrían escapar por el pasillo trasero, sino tampoco podría ayudar si había gente atrapada. Porque antes de terminar el pasillo, hacia la salida trasera, estaba la entrada a los subterráneos.
Podría intentar apagar el fuego, recordaba más o menos como hacerlo, pero era un proceso largo. Y tiempo, era de las muchas cosas que no tenían en ese momento.
¿Estaba ya Sirius abajo, cuando comenzó el fuego? ¿Y Ulrich?
Otra vez, Cassandra se recordó a sí misma que no había tiempo.
-Abby –le dijo a la mujer llamando su atención, antes de correr hacia el salón y luego hacia una de las ventanas que daban hacia el costado derecho de la casa.
Con un movimiento de su varita y esperando que Abby la hubiese seguido sin más palabras, quitó del medio el vidrio de la gran ventana, el ruido de cristal quebrándose perdiéndose en la mitad del estridente sonido de la alarma y de los gritos y explosiones.
Más allá de la ventana, se veían destellos de hechizos y maldiciones, lo que significaba que se meterían de cabeza a una posible batalla, pero no había muchas opciones disponibles.
-¡Sujétate bien, Rossie! –Cassandra apretó más a la niña contra su pecho, intentando hacer equilibrio para salir por la ventana y mantener su varita alzada a la vez. El frío de la noche golpeó sus piernas desnudas y abrazó con aún más fuerza a Rossie, agradeciendo mentalmente que la chiquita durmiera con pijamas gruesos y que no estuviese enfrentado aquel desastre con poca ropa encima, como ella.
Cuando estuvo al otro lado, se giró y vio que Abby le daba la espalda, atenta a posibles amenazas. Bendito fuera su rubio corazón. No la conocía hace más de un par de horas, pero maldición, qué alegría saber que la mujer podía mantener la calma lo suficiente como para pensar en protegerlos, en la mitad de una crisis.
Tommy no necesitó incentivo ni mucha ayuda para trepar ventana afuera, lo que también era un alivio, porque Cassandra podía enfocarse en lo que sucedía en el patio, más allá de las barandillas del pórtico que rodeaba la casa por todos sus bordes.
Entre destello y destello, Cassandra fue capaz de vislumbrar al menos unas quince personas, luchando unos con otros. Al menos en ese lado del patio. No había forma de estar segura de lo que sucedía al otro lado de la casa.
Esperaba que la gente en el subterráneo hubiese podido escapar hacia los túneles y que los planes de evacuación hubiesen funcionado, logrando bloquearle el paso a los mortífagos.
Aunque eso jugaría a favor de la gente que escapaba por los túneles, pero no tanto a favor de los que aún intentaban escapar por otros medios, como ellos. Porque cuando los idiotas se encontraran con pasadizos bloqueados, volverían al primer piso a perseguir a los que quedaban.
Tenían que moverse ya.
Cassandra sintió, más que vio a Abby ubicarse a su lado y comenzaron a moverse hacia el frontis de la casa. Cassandra no había dado más de cuatro pasos cuando tropezó con algo y cayó de rodillas, con un brazo alrededor de Rossie y la otra mano contra el piso de madera.
La niña había soltado un gritito, pero por suerte se había agarrado con más fuerza del cuello de Cassandra, evitando que terminara en el suelo.
El "oh, no" de Abby hizo que Cassandra se girara, aún de rodillas, a mirar qué era lo que había en el piso.
No se había tropezado con algo. Sino con alguien.
Alguien muerto, aclaró mentalmente Cassandra tragando saliva, cuando se estiró a comprobar si la mujer tirada contra el muro tenía pulso. No lo tenía. Recordaba su cara, era una mujer que había llegado con ellos desde la Mansión Lestrange.
No podían demorarse más, tenían que sacar a los niños sin un minuto de retraso más. Sacudiéndose mentalmente, y haciendo un movimiento de negación hacia Abby para darle entender que no tenían nada que hacer por aquella mujer, Cassandra se puso de pie nuevamente, acomodando a la niña contra su cadera.
-Abby, aún podemos intentar la entrada junto al invernadero –le dijo apuntando hacia su derecha, donde entre destellos y destellos, se podía ver la silueta de la pequeña edificación -. Está en el borde trasero, bajo dos troncos gruesos. Sólo hay que empujarlos hacia un lado –Abby asintió y acomodó también al pequeño bebé contra su cadera. Cassandra estaba sorprendida de que el niño, Luke, se llamaba Luke...de no más de dos años, no estuviese llorando o gritando. Sus ojos brillaban con cada explosión de luz, enormes y atentos.
Mirando de reojo a Abby, ambas echaron a correr hacia el frente de la casa, antes de volver a rodear la casa hasta llegar a la altura de la ventana que habían roto para salir, pero esta vez sobre la tierra bajo el pórtico.
-¡Vamos!
Cassandra echó a correr, con un ojo puesto en el resto de la gente que rodeaba ese lado del patio, y con el otro sobre Tommy que corría a toda velocidad entre ella y Abby.
A mitad de camino, las esperanzas de que nadie los viera se fueron de golpe al carajo, cuando Cassandra no tuvo más opción que empezar a levantar escudos para rechazar las maldiciones que empezaron a lloverles de todos lados. Abby devolvió un par de ataques, antes de unir escudos protectores a los que Cassandra aún tenía alrededor de ellos.
Habían logrado correr alrededor del invernadero y habían casi llegado hasta la parte posterior, cuando algo golpeó en la espalda a Cassandra, lanzándola de cara al piso.
El aire no estaba entrando en sus pulmones, pero de todas formas se quitó de encima de Rossie, empujándola contra la pared del invernadero, antes de girarse, aún sentada en el piso, a enfrentar a quien fuera que la había golpeado.
Abby le pasó el bebé Luke a Tommy, empujándolo hacia el mismo sitio que Cassandra había puesto a Rossie, y se puso a devolver maldiciones a una velocidad que tuvo a Cassandra pensando "mierda, qué rápida", justo antes de volver a los "mierda, no puedo respirar".
Cuatro mortífagos aparecieron de la nada, uno aun disparando maldiciones contra Abby y los otros tres avanzando amenazadoramente hasta ellos, varitas en alto y máscaras plateadas bien puestas.
Cuando el aire volvió a ocupar espacio en su pecho, Cassandra se puso de pie y se preparó para defender a los niños. Los bastardos no iban a poner ni un solo sucio dedo sobre ellos.
De reojo vio que Tommy se ponía de rodillas y empezaba a arrastrarse lentamente hacia la parte de atrás del invernadero, empujando con él a Rossie y con Luke aún en brazos.
Agradeciendo de antemano a sus estrellas de la no-tan-mala suerte, e invocando las buenas energías del Universo, Cassandra esperó con todas sus fuerzas que Tommy recordara lo que ella había dicho sobre la entrada al túnel bajo los troncos.
Tomando un brazo de Abby, Cassandra empezó a retroceder lentamente también, intentando seguirle el paso a Tommy, manteniendo la postura defensiva frente a ellos.
La oscuridad jugaba a favor de ellos. Quizá los niños lograran ponerse a salvo antes de que las cosas se pusieran realmente feas.
Un minuto después las cosas ya estaban feas y Tommy había abandonado su plan de retroceder hasta los troncos y había optado por la opción más segura: quedarse quieto de rodillas, con un brazo alrededor de su hermana y el otro alrededor de Luke, mientras Abby y Cassandra intentaban detener maldiciones que los muy hijos de su mortífaga madre habían comenzado a dirigir a los niños.
Justo cuando Cassandra volvió a caer de espaldas por una maldición que esquivó sus escudos y fue a dar contra uno de sus hombros, le pareció que alguien gritaba su nombre. Pero era la quinta maldición que recibía directamente y comenzaba a sentirse mareada, así que podría haber sido su imaginación.
Miró hacia Abby y la vio sacar de un bolsillo lo que parecía ser un pequeño vial antes de tirarlo en dirección a los mortífagos y hacerlo estallar sobre sus cabezas con un movimiento de su varita.
Una pequeña lluvia de cristal y líquido brillante alcanzó a dos de los hombres, que cayeron de inmediato de rodillas en la mitad de agudos gritos.
-Cassandra…
Abby estaba intentando ayudarle a ponerse de pie cuando algo volvió a golpearla, pero esta vez en el pecho.
Alcanzó a escuchar a quien parecía ser Rossie gritando y luego un sonido agudo y ensordecedor en sus oídos. Y el dolor. Completo y absoluto. Enceguecedor, entumecedor, paralizante. Total.
Cassandra pareció perder todo sentido, incluido el del tiempo, pero de a poco la visión y audición comenzaron a volver a ella. Se sintió incapaz de moverse, pero veía colores. Explosiones de colores.
Alguien gritaba.
Alguien se quejaba en pequeños gemidos.
Cassandra se demoró unos segundos, pero logró rodar sobre sí misma y ponerse sobre rodillas y manos antes de hacer dos cosas. Vomitar sobre el césped y la tierra y entender que aquellos pequeños gemidos provenían de ella misma.
Y que los gritos venían de todas partes.
Cassandra alzó la cabeza y con visión algo borrosa vio a Abby siendo arrastrada hacia la parte posterior del invernadero.
El pánico hizo que Cassandra se pusiera de pie de golpe. ¿Dónde la llevaban? ¿Al bosque? ¿Dónde estaban los niños?
Terminó de rodillas nuevamente y en la mitad de un lastimero gemido volvió a intentar ir tras ellos.
-¡Cass! ¡Cassandra!
Sintió que la tomaban de un brazo y con el corazón en la garganta y soltando un grito, tiró su peso completo hacia el piso, intentando alejarse del agarre. Había perdido su varita. Pero tenía sus puños. Sirius le había enseñado a dar puñetazos y patadas. Podía hacerlo, podía hacerlo.
-¡Cass, no! ¡Míram- protego!
Sirius.
Cassandra logró enfocarse en algo más que en su corazón desbocado y en su creciente pánico y se encontró a sí misma sentada en el piso, con Sirius agachado junto a ella, dándole la espalda mientras disparaba maldiciones y alzaba escudos protectores, pero con una mano firme alrededor de uno de sus brazos.
Cassandra dejó de luchar contra su agarre e intentó ponerse de pie, pero las piernas aún no le funcionaban bien, haciéndola casi caer de rodillas. Sólo casi caer de rodillas, porque un enorme brazo salió de la nada y tomándola por la cintura, ayudándole a llegar a una posición más derecha.
-¿Estás bien?
Ese era Ulrich. Cassandra pudo respirar mejor cuando la idea de Sirius y Ulrich, vivos y de pie a su lado se hizo camino en su cerebro aturdido.
-Usaron Cruciatus en mí –dijo en voz alta Cassandra, la indignación ganándole espacio al pánico y el dolor que la había consumido un minuto atrás.
-Sí, usaron Cruciatus en ti… –le respondió Ulrich, dándole la espalda a Sirius y claramente confiando en él para defenderlos a ambos. Ulrich aprovechó además de reacomodar la bata de Cassandra por encima de sus hombros, que se había abierto hasta casi dejar al descubierto sus pechos –y en Abby –continuó con voz tensa -…y en Rossie.
La furia que explotó en el pecho de Cassandra fue tanto sorpresiva como muy bienvenida para ella. Aclaró su mente y le entregó una sensación de extraña tranquilidad. Fría tranquilidad, que acompañaba de forma perfecta a la más pura rabia.
Usaron la maldita maldición Cruciatus sobre Rossie.
Cassandra sintió que la fuerza volvía a ella. Enderezó su postura y recibió en un agarre firme la varita que le entregaba ahora Ulrich.
Sirius apareció de la nada frente a ella y Ulrich mantuvo la postura defensiva junto a ambos.
Ese lado del patio pareció quedarse en silencio un minuto, mientras Sirius, ayudado de una mano, alzaba su cara hacia él, buscando sus ojos.
-¿Estás bien?
No, no estaba bien, no aún. Pero lo iba a estar.
Sirius pareció leerle los pensamientos, porque le regaló una pequeña sonrisa, seguida de un asentimiento, antes de alejarse un paso de ella.
Pero mantuvo una mano alrededor de uno de sus brazos.
-Van a comenzar retirada –dijo Ulrich rompiendo el silencio -, se están moviendo hacia el costado izquierdo de la casa.
Una idea se agolpó con tanta velocidad en la mente de Cassandra que se sintió mareada por un segundo. Mierda.
Ay, mierda.
-Van a intentar poner la Marca Tenebrosa sobre nosotros. Asesinaron. Y van a intentar ponerla sobre nosotros, como hice yo ayer. Nuestra posición será visible para todos.
-Mierda.
Ulrich echó a correr hacia el frontis de la casa y Sirius y Cassandra hacia la parte posterior.
No podían permitir que eso pasara. Si alguno de los que fueron rescatados de la Mansión Lestrange era mortífago o simpatizante, una rata, como había dicho Sirius; debe haberle dado al resto de los mortífagos que llegaron esa noche alguna de las ubicaciones para poder aparecerse.
La ubicación en sí, la sabían pocas personas. La información que tenía la rata había sido suficiente como para hacerlos llegar caminando hasta La Resistencia desde alguno de los puntos que usaron para volver con la gente desde la Mansión, pero la información era difícil de volver a pasar si es que eliminaban ese punto de apariciones.
Para suerte de ellos, los Mortífagos, en general no eran realmente conocidos por su inteligencia, pero había excepciones. Si lograban traspasar la real ubicación, estaban fritos.
Habían empezado a rodear la casa por la parte de atrás, cuando pudieron ver a uno de los encapuchados con la varita alzada al cielo, con un pequeño grupo de uno mortífagos observando atrás.
Cassandra ni lo pensó y dio rienda suelta a la furia que había quedado en suspensión hace unos minutos. Por ella, por Abby. Por su bebé Luke, que con dos años ya había estado en una batalla. Por Tommy, que con siete años había tomado responsabilidad sobre dos niños más pequeños. Por Rossie, que conoció de primera mano lo que era una maldición imperdonable.
La varita alzada al cielo cayó silenciosamente junto al cuerpo sin vida del mortífago que un segundo atrás la sostenía y Cassandra se desvió entonces hacia el grupo de capuchas que estaban siendo atacados por Sirius.
Cassandra hizo algo que pocas veces hacía. Dejarse llevar.
Por la rabia. Por el miedo. Por la ira.
-¡Químereo!
Cassandra dirigió la maldición a uno de los seis mortífagos que quedaba en pie y con morbosa fascinación observó como en un silencioso grito, el mortífago se fundía con su ropa y máscara hasta formar una masa negruzca. Al caer se desarmó en varios trozos, como carbón contra el piso.
Con un movimiento brusco de su varita, Sirius transformó a los últimos cinco mortífagos en sólo cuatro.
Una maldición dorada llena de pequeñas explosiones apareció de la nada e hizo volar por los aires a uno de los últimos mortífagos. Y un haz de luz azul estampó a otro contra un árbol cercano.
De reojo, vio aparecer a la carrera a Belvina, Bill, Freya y a Ozz, que era quien había usado aquella ultima maldición azul.
Intercambiando una mirada con Sirius, con dos rápidos, simultáneos y ensayados movimientos aturdieron a los últimos dos, que cayeron con ruidos sordos casi idénticos al suelo.
La alarma en la Casa se apagó a la vez que Ulrich hacía aparición junto a ellos.
El silencio absoluto resultó ser casi más ensordecedor que la batalla, si eso tenía algún sentido. El cambio fue tan brusco que Cassandra se sintió nuevamente mareada.
-Ray dijo que él, Darian, April y Basile se moverían a sus posiciones, en los refugios de emergencia –les avisó Ozz, sonando levemente sin aire.
-¿Qué pasó con Callista?
La pregunta de Sirius era una muy válida. Tenían puestos establecidos en caso de emergencia. Las cuatro Alas subterráneas y los cuatro túneles a las que las habitaciones tenían acceso, salían a cuatro pequeños refugios en el bosque. Con un puesto de vigilancia por refugio, entre los árboles. Así habían establecido la seguridad en un comienzo, y el plan era que si había que hacer uso de los refugios de emergencia (que estaban cubiertos con hechizos para hacerlos imperceptibles, a menos que se entrara a ellos directamente desde los túneles subterráneos), debía haber un Vigía sobre cada refugio.
Darian, April, Basile y Callista.
¿Dónde estaba Callista?
-¿Y dónde está mi hermana?
Bill le respondió a ambos. Y los paralizó a todos.
-Fleur y Venice están con ellas, en el comedor. No se ve bien. Callista dejó de respirar y Venice la trajo de vuelta y estaban intentando que Audrey dejara de sangrar. Pero no se vía bien. Charlote y Monique están muertas…Emerick y el novio de Charlote están ahí también.
El aire pareció espesarse alrededor de Cassandra, haciéndole difícil respirar.
Ulrich corriendo hacia la casa hizo que el resto se pusiera en marcha también. Cassandra sólo pudo dejarse arrastrar por Sirius, mientras intentaba convencer a su corazón de volver a latir otra vez.
De todas las cosas y lugares que podrían haber planificado para La Resistencia, ya sea para el interior, subterráneo o exteriores de la casa, el que tenía justo en frente en ese momento era uno que Cassandra nunca pensó que necesitarían.
Enfocando la vista en la tarea que se había autoimpuesto, siguió trenzando e intentando darle forma redondeada a las ramas y hojas.
Su mente seguía volviendo a la cocina, una hora atrás, cuando habían entrado corriendo detrás de Ulrich.
El cambio de la oscuridad del patio, a la bien iluminada habitación, había hecho que Cassandra pestañeara un par de veces para aclarar su vista. Luego, prefirió no haberse aclarado nada.
Sobre la mesa, habían encontrado a Callista, justo en el momento en que Venice decía para ella misma "no respira".
Cassandra se había quedado congelada en su lugar, con los ojos puestos en Callista. Había visto aparecer de detrás de la mesa a Fleur, con sangre hasta los codos, empujar lejos a Emerick y, junto a Venice, se habían puesto a trabajar en volver a hacer respirar a Callista.
Ulrich había corrido al sitio del que había salido Fleur, pasando junto a Cyril, que estaba sentado en el piso contra el muro, con la cabeza de Charlie apoyada en su regazo.
Cassandra se había detenido un segundo a mirar a Charlie, que si no fuera porque Bill le había dicho hace un minuto que estaba muerta, hubiese pensado que estaba durmiendo.
Mientras Bill se unía a su esposa y seguía sus instrucciones, masajeando el pecho de Callista, Sirius se movió siguiendo a Ulrich. Y ella sintió que se movía hacia ellos, antes de que su cerebro registrara nada.
En el piso y con lo que parecía ser un trozo gigante de madera enterrado en el pecho, estaba Audrey. Pálida en contraste a toda la sangre y al tono brillante de su cabello.
-¿Qué tal, hermano? –había dicho Audrey entre toses, escupiendo sangre -¿qué tan bien me queda el color rojo? Estoy pensando en cambiar el tono de mi cabello.
Ulrich le había sonreído, pero su expresión estaba tan llena de angustia que Cassandra sintió que se le agrietaba otro poco el corazón. Ulrich había entonces tomado una de sus manos y, con la mano libre, limpiado la sangre que corría por el borde de la boca de su hermana, mientras Sirius arrugaba una capa y la acomodaba a modo de almohada debajo de Audrey.
-Te queda pésimo, Auds. Pésimo. Horrible. Déjate el azul, ¿sí? Y quédate despierta. Te vamos a dejar como nueva, ya vas a ver.
Sólo cuando sintió la tibia lluvia sobre sus manos, Cassandra regresó a la actualidad, notando que estaba llorando. Notó que había terminado una de las pequeñas coronas de flores que estaba trenzando.
Dos listas, cuatro más por hacer.
Quería hacer una para cada tumba y, ni con el mejor de sus esfuerzos, había logrado recordar el hechizo que formaba coronas. Sólo recordó la que formaba flores. Blancas y amarillas. Tenía un montón a su lado, en la mitad del pequeño claro entre árboles que habían decidido que haría de cementerio.
Nunca pensó que necesitarían uno, en La Resistencia.
Nunca pensó que estaría arreglando flores para ponerla sobre las que ahora serían el último lugar de descanso de gente cercana a ella. Gente que había considerado como amigos, hasta cierto punto. Gente que había confiado en que estaban seguros. En que ella y el resto de los…organizadores, los mantendrían seguros.
Del total de 157 habitantes de La Resistencia, tenían a 17 heridos, que en ese momento estaban haciendo residencia entre la sala de estar y el comedor, que Venice había transformado en hospital de campaña.
El resto, había logrado escapar usando los túneles. Los encantamientos que Cyril había puesto en las entradas habían funcionado y se habían sellado tras ellos, al escapar. Pese a todo, el plan de emergencia había funcionado.
El Plan B estaba en proceso. Marge, la encantadora mujer de 70 años que hacía tanto de cocinera, como de cuidadora de todo el mundo, sería quien seguiría cuidándolos a todos.
Marge sería la Guardiana Secreta del encantamiento Fidelio que Basile, Darian y Sirius iban a usar para salvar la ubicación de La Resistencia. Podrían no hacer nada y esperar a que ningún mortífago con inteligencia suficiente hubiese escapado y estuviera ya divulgando la forma de cómo llegar hasta ellos.
La Marca Tenebrosa no había sido conjurada sobre ellos. Una de las mujeres que había llegado con ellos desde la Mansión Lestrange había sido la "rata". La habían encontrado entre los mortífagos muertos en el patio delantero, con capa y máscara y todo. Ella no podría haber tenido acceso a información muy relevante, además del sitio que usaron para aparecerse desde la Mansión y hacia donde se aparecieron desde ese puesto. Y la dirección en la que habían caminado hasta la Casa.
No más información que esa. Pero no iban a correr el riesgo.
Marge sería la Guardiana Secreta y no abandonaría más los terrenos de La Resistencia. Así se asegurarían de que nadie llegara hasta ella. Ella, además, les mostraría luego los terrenos a los primeros Guardianes Secundarios. Los "fundadores" como había insistido una y otra vez llamarlos Callista.
Y entonces Marge escribiría en cientos de pergaminos cómo encontrar el único punto en el bosque desde el que ahora se podría alguien aparecer, seguido de la instrucción de hacia dónde aparecerse luego de eso.
Los múltiples, pero cuidadosos puntos de ingreso de la Resistencia se limitarían ahora a uno solo.
Eran cientos de Guardianes Secundarios, era verdad. Pero Bill les había confirmado lo que ellos ya sabían, gracias a la información que Sirius manejada de aquel encantamiento. Información que había obtenido hace muchos años del mismísimo Albus Dumbledore.
Sin importar lo mucho que lo intentara. O lo mucho que alguien más intentara sacarle la información, un Guardián Secundario no podría nunca traspasar la ubicación secreta a alguien más. A menos que traspasaran pergaminos escritos directamente por el Guardian Primario.
Mientras los pergaminos escritos fueran destruidos luego de dar la información a los nuevos Guardianes Secundarios, no debería haber problemas con mantener la ubicación secreta…bueno, secreta.
Pese al desastre, tenían esperanzas.
Pese a todo, La Resistencia seguiría existiendo.
Pero no para las seis personas que tenía frente a ella. Seis tumbas, ahora.
Para ellos, no fue suficiente la planificación cuidadosa. ¿Podrían haber hecho las cosas de forma distinta? ¿Podrían aquellas seis personas estar vivas ahora, si hubiese hecho las cosas de otra manera?
A Cassandra no se le ocurría en ese momento de qué manera podrían haber hecho las cosas, pero su alma dolida le decía que sí. Que quizá podrían haberlos salvado a todos.
Les habían prometido seguridad. Un final a sus días de escapar, asustados. Un refugio donde no debían de temer por sus vidas.
Y ahora estaban dos metros bajo tierra.
Cassandra sintió que se sacudía, antes de entender que estaba llorando nuevamente.
-Fallé –dijo a nadie en particular, con voz rota. O a todos. Quizá para el mundo. Para que el mundo supiera que ella, Cassandra Lestrange, lo había intentado. Pero había fallado.
Sintió la presencia de alguien, antes de sentir que la rodeaba un par de brazos.
Se giró y enterró la cara en el cuello de su amiga casi de inmediato, cuando su mente registró quien era la dueña de esos brazos. No alcanzaba a entender qué diablos hacía ahí o si se la estaba imaginando, pero le importó un carajo.
-Lo intenté Dora –lloró contra el cuello de Nynphadora Tonks, cerrando los ojos con fuerza -. Fallé.
-Hey, hey…no. No fallaste nada. Hiciste todo lo que pudiste y hay mucha gente allá adentro agradecida de estar viva, gracias a ustedes. No minimices todo lo que han logrado.
-Pero…
-No, Cass. Sin peros. No fallaron, ni fallaste nada –Cassandra aún acurrucada contra el pecho de Tonks, respiró profundo un par de veces, antes de abrir la boca con intención de mencionar a las seis personas que habían perdido la vida esa noche. Se interrumpió a sí misma cuando sintió algo así como un empujón contra su cadera. -¿Ves? El renacuajo está de acuerdo conmigo. Ese era él o ella pateando tu lastimero trasero.
Cassandra se alejó de ella y la miró por primera vez en meses.
Rodeada de una melena de cabello morado, Tonks le sonrió con amabilidad y sus ojos le decían que, más allá de las palabras, sabía que Cassandra tenía el corazón roto en varias partes. Se veía pálida y cansada. Las manchas oscuras bajo los ojos contaban una historia llena de mal sueño y estrés.
Pero estaba viva. Y panzona.
Cassandra bajó la mirada hasta el vientre abultado de Tonks. ¿Cuánto debía tener ya? ¿Cinco? ¿Seis meses?
-Estás enorme -Tonks respondió a eso dándole una palmada en un costado de la frente -. Ouh. ¿Qué haces acá?
-Bill y Fleur nos fueron a buscar. Ellos no se quedarán, pero nosotros sí. Llevábamos un tiempo ignorando los desastres del Ministerio, pero es cosa de tiempo que nos cayeran encima. Y ya no me muevo tan rápido como antes. Pareció además que era importante apurarse, escuché que van a usar un encantamiento Fidelio.
-Marge está lista.
La voz de Sirius la sobresaltó y Cassandra se estiró para mirar más allá de Tonks. Un par de metros detrás de ellas, estaba Sirius sentado en la tierra, con la espalda contra un árbol. Junto a ese mismo árbol, estaba de pie Remus Lupin.
-Basile y Darian también. Oliver y Filippa los están reemplazando en los puntos de vigilancia en los refugios de emergencia. Dicen que la gente aún está asustada, pero no hay más heridos de los que ya se movieron a la casa. Los vamos a mover momentáneamente al claro detrás del granero, mientras Marge reparte información.
Cassandra suspiró otra vez, agradecida de que la gente siguiera siendo tan eficaz cuando ella no se sentía capaz de levantarse de la tierra donde llevaba al menos media hora sentada.
-¿Ulrich?
-Con Audrey. Venice dice que si la mueven con cuidado, no debería haber problema. Ya respiraba mejor. Y resulta que la mujer nueva, Abby tiene un par de doctorados y estudios en pociones. Dice que tendrá en pocas horas pociones para que repongamos toda la sangre que perdió Audrey y el resto de la gente allá adentro. Callista se ve mejor también. Aún no ha despertado, pero Venice se ve optimista.
Cassandra sólo asintió y mantuvo la boca cerrada. Quizá se echara a llorar otra vez. Audrey y Call habían sido afortunadas.
No todos habían tenido la misma suerte.
No Charlote, que intentando proteger a Cyril, había recibido una maldición asesina. No Monique, que había querido subir al primer piso a ayudar, pero había sido atacada apenas logró salir de las escaleras desde el subterráneo. No Susan Deport, que esa noche no había logrado dormir, así que había salido a tomar aire y había muerto probablemente sin entender qué había sucedido. No Tobías, el dulce hombre que los había acompañado casi desde el primer momento, ayudando a transformar en cosas reales las ideas que salían en cada conversación que tenían, a las horas de las comidas. No Peter Daldry, de quince años, que intentó proteger a su hermana menor con todo su ser, sin poder lograrlo al final.
-Es por ellos, Cass –le susurró Tonks –es justamente por ellos que tienen que seguir y no permitir que esto se derrumbe. Sus muertes no serán en vano. No permitas que lo sean.
Por ellos, pensó Cassandra. Sería por ellos. Y para ellos.
Revisé la fecha de mi última actualización y han pasado muchos meses. Gracias (y eternas disculpas!) a aquellos que siguen acá, incluso si los tengo tan abandonados. Me costó mucho escribir este capítulo la verdad. Ojalá puedan contarme qué les pareció. Era momento de que Remus y Tonks volvieran a aparecer, no?
Un abrazo enorme, enorme. Gracias por acompañarme después de tanto tiempo. Actualicé ayer Entre Líneas y espero volver a actualizar el lunes que viene. Besos! Nos leemos!
