Almorzaron en un restaurante local en la villa. Ahí se especializaban en comida marina fresca y todo parecía tan apetecible que Yamato no supo qué ordenar. Mimi había pedido sopa y pinzas de cangrejo para los niños, y para ella había pedido stir-fry de camarón y un plato de mejillones. Yamato no quiso ordenar un platillo repetido porque sabía que al final terminarían compartiéndolo todo.

"¿Quiere alguna recomendación?" el mesero le preguntó, su acento era pesado pero entendible.

"Claro," Yamato dijo, alzando la mirada del menú. Para ahora estaba casi seco, solo su ropa interior seguía algo húmeda.

"La anguila es buena para la resistencia." El mesero sonrió conocedoramente.

Yamato alzó las cejas y sintió que se sonrojaba y frente a él pudo ver a Mimi sonrojada y concentrándose en atender a Natsu. "¡Tengan más hijos! ¡Quizá una hija!" bromeó.

"Bien, anguila entonces," Yamato dijo rápidamente, solo queriendo que el chico se fuera. El mesero rio y los dejó – solo entonces Yamato sintió que dejaba de estar rojo.

"Papi, ¿qué es resistencia?" Aoi preguntó antes de dar un sorbo a su agua de coco – ya había empezado a comer las cocadas que habían dejado como aperitivo.

"Uhm, es fuerza," Yamato respondió lo mejor que pudo, dando un sorbo a su cocktail. Supuso que merecía algo de alcohol.

"¡Pero ya eres fuerte!" Aoi exclamó. "¡Juegas baseball!"

"¿Aoi va a tener una hermanita?" Natsu preguntó de súbito. Yamato se ahogó con su bebida al escucharlo y Mimi le extendió una servilleta mientras Aoi palmeaba su espalda.

"¿Por qué preguntas eso, bebé?" Mimi le preguntó a su hijo.

"El señor dijo 'hija'," Natsu señaló. "Entonces sería una hermana, ¿verdad?"

"¡¿Tendré una hermanita?!" Aoi brincó de emoción. Yamato lo sentó otra vez y movió la cabeza.

"No," le dijo. "Aún no, al menos." O quizá nunca, pensó.

"¡Yo también quiero una hermanita!" Natsu dijo con ojos brillantes.

"¿Por qué una hermanita, huh?" Mimi cosquilleó ligeramente sus lados. "Siempre me dijiste que querías un hermanito."

"Bueno, es que ya tengo un hermano," Natsu dijo, moviendo la cabeza como si fuera obvio. "Aoi es mi hermano."

"¡Sí, somos hermanos!" Aoi asintió emocionado. "Todos dicen que somos los hermanos más adorables."

Mimi miró a Yamato, con algo de preocupación en los ojos. Parece que los niños habían escuchado a otros más de lo que ellos habían pensado.

"¡Vamos a ser hermanos por siempre!" Natsu dijo con una enorme sonrisa.

Tendrían que hablar de esto luego y salir con una explicación para los niños. Se habían hecho muy cercanos durante la última semana e iba a ser muy difícil decir adiós en unos cuantos días más. Ninguno de los padres ansiaba ver eso.

Después de comer, decidieron ir a las tiendas por souvenirs y otras cosas. Yamato escogió un imán y un llavero para su papá y hermano; y para su cuñada y su mamá, Aoi había escogido largas y floreadas faldas. Para los primos y amigos de Aoi tenían pequeños peluches de animales y una bolsa de golosinas. Yamato mismo se había comprado camisetas y algunos cuadros decorados para colocar las fotos que había tomado. Mimi había comprado camisetas para sus padres, y para sus amigos unos vasos shot. Para sus amigos en casa, Natsu también escogió peluches y golosinas. Mientras Mimi estaba viendo el lugar, Aoi decidió que necesitaba ir al baño, de modo que Yamato fue con él buscando uno.

"Entonces, ¿terminamos las compras, amor?" Yamato le preguntó cuando Aoi bajó del retrete y fue a lavar sus manos.

"No~" el niño de tres años movió la cabeza. "¡Aun necesitamos comprar algo para Natsu y su mamá, pero tiene que ser una sorpresa!"

"Te agradan mucho, ¿huh?" Yamato rio.

"¡Sí!" Aoi asintió, sus ojos parecieron brillar cuando habló de ellos. "Natsu es muy divertido y me gusta jugar con él, y su mamá es muy buena y suavecita. Papá, ¿te gusta ella?"

"Claro que sí." Yamato asintió.

"Entonces, ¿por qué no besaste a la mamá de Natsu en la cascada?" Aoi preguntó con inocencia. "Si te gusta alguien le das un beso, ¿no?"

Yamato no supo qué decir. "No puedo solo besarla, Aoi," movió la cabeza. "Puede que yo no le guste."

"¿Y si sí le gustas, la besarías?" Aoi siguió preguntando.

"Es más complicado que eso, amor," Yamato le dijo con un suspiro.

"Entonces, ¿nos mudaremos a casa de Natsu o ellos se mudarán a nuestra casa?" fue lo siguiente que Aoi preguntó.

"¿A qué te refieres?" Yamato preguntó, sin gustarle a dónde iba esta conversación.

"Es que ahora somos hermanos," Aoi explicó. "Y los hermanos tienen que vivir juntos. ¡Puedo compartir mi habitación y mis juguetes con él!"

"Aoi," Yamato suspiró, tratando de ser cuidadoso con cómo lidiaba esto. "Natsu y su mamá no van a mudarse con nosotros. Cuando este viaje termine, ellos regresarán a su casa y nosotros regresaremos a la nuestra. Pero podemos visitarlos, y ustedes dos aun podrán jugar-"

"¿Por qué no podemos vivir juntos?" Aoi preguntó, su labio inferior estaba empezando a temblar mientras fruncía el ceño. "Se supone que los hermanos viven juntos cuando son pequeños como nosotros."

"Porque sería raro para mí y para la mamá de Natsu vivir juntos." Yamato le dijo.

"Pero a ti te gusta…" Aoi dijo, sus ojos estaban empezando a aguarse. "Ella te gusta, entonces puedes casarte con su mamá y así podremos vivir juntos. Umi tiene una mamá nueva que vive con su papá, entonces también puedo tener una mamá nueva, ¿verdad? Quiero que la mamá de Natsu sea mi mamá también."

"Yo…" Yamato no supo qué decir. No sabía que Mimi hubiera creado tal impresión en Aoi. "Lo siento, bebé." Se disculpó, sin ser capaz de hacer contacto visual con su hijo. "No creo que esto funcione así."

Y Aoi empezó a llorar, triste y desgarradoramente. Yamato tomó a su pequeño de tres años entre sus brazos, y trató de reconfortarlo lo mejor que podía, dejando que Aoi llorara. Duró quizá 10 minutos antes de que Aoi lo soltara.

"Natsu estaba empezando a pensar que se habían caído por el inodoro," Mimi dijo cuando por fin regresaron a la tienda. El pequeño niño asintió, mordiendo una larga serpiente de goma que Mimi le había comprado.

"Había alguien que tardaba mucho." Yamato dijo. Aoi se había dormido en el camino de regreso.

"¿Él está bien?" Mimi preguntó, preocupadamente acercándose para revisar al niño.

"Sí." Yamato asintió. Sabía que no debía dejar que Mimi se involucrara más respecto al bienestar de Aoi. Eso solo haría más difícil las cosas para su hijo al final, pero no podía evitarlo. Mimi lucía tan preocupada y Yamato iba a extrañar eso también cuando regresaran a casa. Él iba a extrañar a Mimi y a Natsu, quizá aún más que Aoi mismo.

Cuando regresaron al resort, era casi de noche; pero los niños quisieron nadar un poco, así que se quedaron en la piscina para niños hasta la cena.

Natsu y Aoi bajaron por el tobogán y Mimi enseñó a los niños a flotar apropiadamente sobre sus espaldas, y luego, Yamato se volvió víctima de una guerra de agua en donde terminó escondiéndose tras Mimi por protección ya que los niños no le lanzaban agua a ella por alguna razón.

Su desnudo pecho estaba presionándose contra la delicada espalda de Mimi mientras se sujetaba de sus hombros y se agachaba ya que él era cuando menos una cabeza más alto que ella. Mimi reía audiblemente mientras estiraba las manos hacia atrás y se aferraba a las muñecas de Yamato para estabilizarlo para que ninguno cayera al agua.

A pesar de que Yamato tenía suficiente agua en sus orejas y nariz, se divirtieron mucho en la piscina y el rubio ya no se sintió preocupado por ser cuidadoso con Mimi ya que ella parecía estar relajada con su presencia y roce. De todos modos, ya no tenían mucho tiempo juntos, así que iba a disfrutarlo.

Después de cenar, se detuvieron en la guardería para dejarles saber que Aoi y Natsu serían llevados temprano por la mañana, para que Mimi y Yamato pudieran llegar a la clase de yoga al amanecer.

Supieron que había muchas actividades para parejas planeadas para mañana, y con un poco de ánimos del staff y permiso de ambos niños, decidieron dejarlos el día entero en la guardería mientras disfrutaban tiempo para ellos mismos. La guardería iba a llevar a todos los niños a la reserva acuática – y los pequeños estaban muy emocionados de poder ver más animales. Tras confirmar todos los detalles con el staff, los cuatro fueron a dormir temprano ya que tenían un día ocupado por delante. Yamato volvió a tomar el sofá, pero mientras se hundía en el sueño, sintió a Mimi arreglar sus cobertores para que no sintiera frío, antes de ir a la cama para unirse a los niños ahí; y sin evitarlo, Yamato sonrió. Se sentía bien ser procurado.

Despertaron con las alarmas en los celulares de Yamato y Mimi a las 4:30 am. Yamato se vistió primero, decidiendo usar su camiseta de entrenamiento favorita y chándal deportivo para estar cómodo durante el yoga. Mimi reunió las cosas de los niños, empacándoles ropa extra y bocadillos, escribiendo sus números de contacto en un papel. Los niños aún estaban dormidos y Yamato supuso que seguirían así siendo lo más probable que despertaran en la guardería. Cuando Mimi salió del baño tras cambiarse, Yamato sintió que su mentón caía cuando la luz de la luna brilló a través de las suaves cortinas hacia la delgada figura de la chica. Ella estaba usando una holgada y cómoda camiseta, pero…sus piernas estaban cubiertas por unos ceñidos pantalones de yoga gris que acentuaba sus bonitos muslos y cada curva que había en su mitad inferior. El jugador de baseball giró la cabeza, sin querer ser grosero al mirar fijamente, pero pasó saliva y respiró hondo. No tenía idea de que pudiera sentirse como un adolescente otra vez, con el calor empezando a revolverse en su vientre. Mimi con esos ceñidos pantalones de súbito se habían vuelto su única preocupación en la vida porque no quería nada más que pasar sus manos por aquellas piernas y apretar ese trasero y muslos…

El aire de la mañana era brumoso mientras esperaban en el muelle para subir al bote que los llevaría al lugar de la sesión. Ya les habían dado un beso de despedida a los niños después de colocarlos en la habitación de descanso; y aunque Yamato debería sentirse cansado, estaba muy despierto y alerta.

Solo unas pocas parejas estaban ahí con ellos – los demás no querían despertar tan temprano para hacer ejercicios de estiramiento.

Yamato le tendió la mano a Mimi para ayudarla a subir al pequeño bote que los llevaría. Y cuando llegaron, los instructores se presentaron e iniciaron con los estiramientos básicos.

"Nunca he hecho yoga antes," Yamato dijo mientras giraba su mitad superior de lado a lado.

"Empecé a tomar clases cuando estaba embarazada de Natsu," Mimi dijo. "Después de eso, empecé a ir al menos una vez a la semana a las sesiones que daban en la universidad. Me gustó. Es relajante y no me gusta sudar, así que es un buen ejercicio para mí."

La luna apenas estaba yéndose y el sol aún no había salido cuando por fin empezaron con sus primeras posturas – y Yamato se encontró extrañamente tratando de calmar su respiración mientras todos meditaban alrededor de él. Sus ojos vagaron unas cuantas veces porque no estaba seguro de si estaba haciéndolo bien pero fue pillado por un instructor, quien gentilmente lo alentó con una sonrisa, haciendo que se sintiera más cómodo.

Otra razón por la que Yamato estaba teniendo dificultades al concentrarse en las posturas básicas era porque Mimi estaba de pie en la esterilla frente a él y Yamato tenía la perfecta vista de su cuerpo.

Mimi parecía saber exactamente lo que hacía mientras seguía las palabras de instructor – todo mientras las hormonas de Yamato estallaban debido a ello. Con cada nueva postura, él podía ver lo tonificados que eran los músculos de Mimi y lo flexible que era mientras se estiraba con cada nueva posición.

En ese momento hicieron la posición del perro boca abajo y Yamato estuvo por ahogarse con su saliva. El bonito trasero de Mimi estaba justo frente a su rostro y sus ceñidos pantalones dejaban poco para la imaginación – ¡y Yamato no se había acostado con nadie en años! Estaba agradecido de que sus holgados pantalones pudieran esconder su creciente erección.

"Ahora, es momento para las posiciones de pareja," dijo uno de los instructores colocándose en pareja. "Cuando el sol salga, recibiremos el nuevo día con amor y apreciación por el otro y su relación florecerá a un nuevo nivel de intimidad y confianza. Pero primero haremos otro ejercicio de respiración. Todos por favor, siéntense con su espalda tocando la de su pareja."

Mimi caminó hacia la esterilla de Yamato y se sentó, presionando su espalda contra la de Yamato. Su cabeza estaba descansando cómodamente en la curva del cuello del rubio, y el más alto presionó también su espalda.

"¿Te gusta?" Mimi le preguntó mientras les instruían que cruzaran sus piernas.

"Es interesante," Yamato respondió, gustándole la sensación de Mimi contra él.

"Seguro que no es como un entrenamiento de baseball." Mimi rio.

"Es mucho más relajante," Yamato rio también. "En los entrenamientos de baseball tengo que correr alrededor de 4 millas."

"Ugh," Mimi hizo un gesto. "Ni siquiera sé si puedo correr una milla."

"Ahora, descansen sus manos en sus muslos y cierren los ojos," los instructores siguieron.

"Inhalen, ahora exhalen," dijeron lentamente.

Yamato siguió sus instrucciones y pudo sentir el subir y bajar del cuerpo de Mimi contra él. Se sentía maravillosamente íntimo, y sin evitarlo, Yamato sintió una ola de calma recorrerlo.

Al siguiente momento, hicieron un giro y después hicieron la posición del árbol en pareja en donde se apoyaron en una pierna como flamencos al lado del otro. Sus palmas estaban presionadas juntas y las otras manos estaban en el aire presionando sus índices y pulgares. En esta posición podían verse, y Yamato se encontró a sí mismo riendo suavemente mientras hacía contacto visual con Mimi. Ella también rio mientras mantenían la postura.

Con cada nuevo cambio, Yamato se relajó aún más y se hizo más cercano con Mimi cada vez que sus manos o cuerpos se tocaban. La piel de Mimi era suave y delicada bajo sus manos y se encontró a sí mismo queriendo más. Quería a Mimi lo presionada y cerca posible. Quería tocar a Mimi en todos lados y sostenerla lo más firme que pudiera.

"Y ahora, terminamos con nuestra última pose para dar la bienvenida al sol," los instructores dijeron después de una hora de cambiar posiciones. El sol estaba empezando a asomarse, pintando un sereno amarillo y anaranjado sobre la neblina del mar. Yamato deseó tener su cámara, para poder capturar ese momento y recordarlo por siempre.

"Siéntense frente a su pareja y sosténganse de las manos."

Yamato sujetó las manos de Mimi y entrelazó sus dedos con valentía. Mimi devolvió el apretón, con una sonrisa en el rostro. Sus cuerpos se sintieron increíblemente relajados y complacientes – Yamato no se había sentido así en años. Sentía que podría ser el dueño del mundo.

"Ahora mírense a los ojos y respiren juntos. No hablen, parpadeen si deben pero solo mírense y dejen que la energía del sol recargue su amor y confianza por el otro. Esta posición es todo mental y emocional. Sientan el amor que tienen por el otro y conviértanlo en compromiso. Dejen que la calidez del sol guie sus emociones por el otro."

Yamato miró a Mimi a los ojos y pudo sentir que podría enamorarse de la mirada suave de la mujer. Ambos sonrieron pero ninguno dijo nada, solo se miraron por lo que pareció toda una eternidad. Yamato nunca se había perdido en los ojos de alguien antes pero parecía demasiado fácil hacerlo en los de Mimi. Podía sentir el afecto y apreciación saliendo de ella y esperaba que Mimi también pudiera sentirse como él.

¿Podría ser esto amor?

Yamato no estaba seguro porque nunca había amado a otra persona románticamente antes, pero estaba seguro de que así era como se sentía el amor. Sentía como si miles de brillantes soles entibiaran toda su alma, llenándolo con un intocable tipo de magia.

El amor estaba sentado frente a él en medio del océano y mirándolo a los ojos mientras el sol salía; y Yamato no quería estar en ningún otro lado.

"Esta fue mi primera vez haciendo yoga de pareja," Mimi dijo mientras bajaban del bote y de regreso al muelle. Sus manos estaban aún entrelazadas, ninguno soltaba al otro.

Desayunaron algo simple, queso y galletas junto con yogurt y fruta, pero fue suficiente para llenarlos. Los instructores les habían dicho a todas las parejas que el amor que sintieron en la mañana había sido suficiente para alimentarlos.

"Fue divertido," Yamato asintió sonriéndole con aire juvenil a Mimi. 'Debemos hacerlo otra vez', pensó.

"Bueno, tenemos todo el día para nosotros," Mimi dijo. "No tenemos que pasar por los niños hasta las diez. ¿Qué quieres hacer primero?"

"¿Quieres caminar por la playa?" Yamato preguntó. Estaba de tan romántico humor y nada parecía ser más romántico para él que caminar por la playa ahora mismo.

Mimi tímidamente asintió y dejaron el muelle y empezaron a caminar por la suave arena. Hablaron de todo, contaron historias de sus hijos cuando eran más pequeños, y Yamato supo de los locos amigos de Mimi y otros trabajos que había tenido que tomar para criar a Natsu.

Yamato le confesó a Mimi sobre sus preocupaciones por su carrera. Una fractura podría sacarlo de escena para siempre y entonces no tendría colchón en el cual caer a muy largo plazo considerando que quería darle una buena vida a su hijo. También estaba preocupado por cómo es que el asedio afectaría a Aoi cuando empezara el colegio. Todos en Japón sabían quién era Yamato Ishida y él temía que las personas se aprovecharan de lo amigable que es Aoi. Mimi fue capaz de calmar sus preocupaciones con sus acertadas respuestas, mientras ausentemente acariciaba el brazo de Yamato.

"Tienes personas amables alrededor de ti, Yamato," le dijo. "Ellos podrán ayudarte a ti y a Aoi a saber qué está bien."

'¿Serás una de esas personas?', Yamato pensó sin poder hacer nada. ¿Mimi aun estaría cerca después de que todo esto terminara?

Después de su caminata, regresaron a la habitación para que pudieran cambiarse de ropa – y Yamato aprovechó para tomar su cámara.

El rubio estaba triste al saber que tendría que despedirse de los pantalones de yoga de Mimi, pero la idea de pasar todo el día con ella era más que suficiente para resarcirlo.

Pasaron el día entero escalando rocas en una pared sintética que el resort tenía. Luego, completaron un curso sobre hacer nudo, y terminaron haciendo tirolesa después. Cuando fue la hora de almorzar, se dirigieron a un pequeño bistro.

"Vamos a estar adoloridos mañana," Mimi dijo mientras estiraba sus brazos. Lo que había empezado como una relajante mañana se había convertido en un día donde usaron sus músculos y partes del cuerpo para llegar del punto A al punto B.

"Tienen un spa," Yamato recordó haber visto el panfleto en su suite. "Podemos ir ahí y hundirnos en el hidromasaje y revisar las saunas."

"Oh, eso suena divertido," Mimi asintió. "¿Crees que los niños estén bien?"

"La guardería tiene nuestros números en caso de que algo vaya mal," Yamato comentó. "Quizá están demasiado emocionados alimentando tortugas como para siquiera recordarnos." Rio.

"Me alegra haber traído a Natsu aquí," Mimi dijo. "Y me alegra estar con ustedes. Ha sido increíble."

"Lo mismo digo," Yamato dijo, tomando la mano de Mimi en la suya y acariciándola con el pulgar mientras anclaba su mirada azul en ella. "No podría imaginar este viaje sin ustedes."


Esperando que tengan un bonito inicio de semana, les traigo el penúltimo capítulo.

Muchas gracias por los comentarios en los capítulos previos, me emociona saber que les está gustando ^^ y no se preocupen que pronto estaré trayéndoles muchas historias más de nuestra pareja favorita~ ʚ❤️ɞ