El atardecer estaba dejando paso a la noche en la ciudad de Nagoya. Desde la habitación de Taki en el séptimo piso del hotel, la luz del atardecer iba agotándose con rapidez, haciendo que el cielo, que estaba comenzando a nublarse, se viera aún más oscuro. Pero ni Taki ni Tsuyoshi Watanabe prestaban demasiada atención a la vista exterior.
Los dos hombres estaban enfrascados discutiendo ideas. Taki iban vertiendo el resultado sobre una Tablet gráfica como si fuera el retrato hablado de una estructura. Dibujaba con furiosa velocidad, mientras que Tsuyoshi iba mirando y criticando el resultado del arte de Taki. Luego Tsuyoshi lo contrastaba con las imágenes que ellos habían capturado esa mañana y que tenían cargadas en una laptop que estaba sobre la pequeña mesa.
—Entonces, ¿qué tal si el acceso a la zona de la laguna es a través de un arco hecho con vegetación? —preguntó Taki mientras su lápiz dibujaba una serie de semicircunferencias sobre lo que parecía ser un camino peatonal.
Tsuyoshi, observando silenciosamente el avance del boceto, espero a que él terminara. Tomó la Tablet, la observó por medio minuto sin decir una palabra, y luego se la devolvió a Taki.
—Podría funcionar, pero si solo es madera, la vegetación lo destruirá en meses —objetó Tsuyoshi—. Madera, humedad y plantas no funcionan juntas. Tendría que tener alguna estructura de metal o concreto, y las partes visibles podríamos hacerlas con aplicaciones de madera, o algo que se vea como madera, pero sintético.
Taki se quedó observando su boceto, pensativo, por unos segundos.
—Uhm, si se usara concreto o metal que va a ser recubierto, al final es el doble de trabajo y no se luce el material original. Entonces… —musitó Taki, volviendo a un modo introspectivo.
Taki borró el arco que había dibujo, reemplazándolo por uno sistema de pilares, y una estructura de metal uniéndolos por arriba.
—…bien, ¿qué tal esto? La vegetación podría subir por las estructuras de metal entre los pilares, dando sombra, como un túnel, y realzando la impresión cuando la gente salgan de él, cuando los visitantes ganen visión de la laguna.
—Sí, eso podría funcionar… —respondió Tsuyoshi, tomando la Tablet y mirándola por un rato—. Ah, pero mira…
Tsuyoshi retrocedió algunas imágenes en el laptop y dejó en primer plano unas lámparas orientales de piedra.
—¿Te acuerdas que a unos 30 metros de ahí están estas lámparas? ¿Qué tal si el estilo de esos arcos imita esto, y así le da continuidad, como si fuera parte de lo mismo? Podemos usar concreto con moldes, y hacerlo parecer como trabajo en piedra, de manera que haga juego con esas estructuras antiguas.
—Uhm, claro —respondió Taki, retomando el Tablet y comenzando a redibujar el estilo de los pilares…
El sonido de un timbre sonó por la habitación. Ambos levantaron la cabeza, mirando sorprendidos alrededor, y les tomó un segundo darse cuenta qué era.
—Debe ser Ozamu —explicó Tsuyoshi—. Yo le abro.
Tsuyoshi se levantó y fue a abrir la puerta. Volvió charlando animadamente con Ozamu, que traía una bandeja con tres grandes tazas de cartón que en segundos llenaron la habitación con el aroma del café, y además algunos pasteles de apariencia occidental. Ozamu los dejó con cuidado a un costado de la mesa donde trabajaban.
—Hey, Taki, ¿qué tal va el avance?
—Estamos desarrollando una idea para la entrada a la zona de la laguna.
—Permíteme verlo —dijo Ozamu, estirando la mano y tomando el Tablet—. Uhm, se ve interesante, y muy estético. Me gusta ¿con qué material piensas que podría hacerse? —preguntó a Tsuyoshi mientras devolvía el Tablet a Taki, tomaba los vasos de café, y le pasaba uno a Taki y el otro Tsuyoshi.
—Gracias —respondieron los hombres.
—Y saquen pasteles, me dijeron que eran típicos de un país de Europa, pero olvide cuál, se ven buenos. Entonces… ¿Cómo construiríamos eso, Tsuyoshi?
—Yo pienso que si usando una estructura de metal, y vaciando concreto en un molde podríamos…
Ozamu y Tsuyoshi se enfrascaron en una animada discusión respecto de cómo construir los pilares y estructura que Taki estaba imaginando.
Taki siguió por un rato la conversación, pero comenzó a perder el hilo cuando comenzaron a discutir tecnicismos de constructores. Mientras tanto él sorbía su vaso de café y daba unos mordiscos a un pastel que era muy curioso. No podía describir el sabor exacto, pero parecía hecho de hojuelas de masa y con miel o un líquido muy dulce que lo empapaba, dejando un gusto similar al de una naranja. Lo terminó y bebió un gran sorbo de café, sintiéndose mucho más energizado. Se miró la mano y la sintió totalmente pegajosa por el jarabe dulce del pastel. Dejó el café en la mesa y se paró en silencio a lavarse las manos en el baño de la habitación que estaba a unos pasos.
Cuando volvió, Ozamu y Tsuyoshi seguían conversando. Este último había tomado un cuaderno y dibujaba cosas mientras explicaba algo acerca de fundaciones. Taki los observó por un segundo dándose cuenta que ya estaba completamente perdido en esa conversación. Miró sobre la mesa y vio que su teléfono tenía una luz parpadeando indicando que había recibido un mensaje.
Sin dudarlo, se abalanzó con disimulo sobre el aparato, abrió la aplicación de mensajería y vio que tenía un mensaje de voz de Mitsuha de hacía unos 5 minutos atrás, a eso de las 18:30. Operó el aparato y se lo puso en el oído para oírlo.
«Taki, estoy bien, ya llegué a casa de abuela,» oyó decir a Mitsuha, pero con una voz algo apagada, como intentando no ser escuchada. «Yotsuha me fue a encontrar a la estación, y conversé con ella. Está muy afectada por lo que le revelamos, tal como lo sospechaba. Tiene mucho miedo que todo… que…, que nuestro mundo no sea real. Y… yo no lo había pensado, pero comprendo su temor. Creo que la pude tranquilizar un poco. Y llegué hace unos minutos donde mi abuela, pero está muy rara. O sea, ¡está tranquila y amable conmigo! Eso no pasaba desde… bueno, desde hace mucho tiempo. Vamos a cenar ahora, te avisaré como resulta la conversación con ella. Espero poder contarle la verdad, y espero que ella la acepte, y que nos acepte. Te quiero, te contaré más tarde como salió todo».
Taki bajó el aparato de su oído, pensativo. Se sintió contento que Mitsuha estuviera bien y que su viaje al parecer hubiera resultado sin contratiempos, pero la situación entre ella y su familia lo mantenía intranquilo. Escribió varios mensajes en sucesión como respuesta a ella.
«También te quiero»
«Dile a mi hermanita que este tranquila, y dale un abrazo de mi parte»
«Si tu abuela está de buen ánimo, aprovéchalo a tu favor, no tengas miedo, ánimo»
Taki terminó de enviar los mensajes y entonces levantó la cabeza, al darse cuenta que la habitación estaba súbitamente silenciosa. Ozamu y Tsuyoshi lo observaban, como esperando algo.
—Eh… ¿sucede algo? —preguntó Taki algo azorado ante la situación.
—No escuchaste lo que te preguntamos, ¿verdad? —preguntó Ozamu, con cara de extrañado.
—Eh, no, lo siento, estaba… estaba concentrado en otra cosa. Disculpen.
—¿Todo bien con… con tu familia? —preguntó Ozamu levantando una ceja hacia Taki como diciendo «tú sabes a lo que me refiero».
—Sí, todo va bien, al menos hasta ahora… —respondió Taki, con voz algo ahogada.
—Me tranquiliza saber eso —dijo Ozamu, echándose hacia atrás en la silla, y mirando de vuelta hacia Tsuyoshi—. Los jóvenes de hoy a veces se pierden en las nubes con facilidad. Pero tenemos que aterrizar las cosas. Entonces ¿cuál era tu duda Tsuyoshi?
—Bueno, me preguntaba, Taki, si en esta parte…
Taki se volvió a unir al grupo de hombres y retomaron la discusión.
Mientras seguían conversando y discutiendo los diseños y temas del trabajo a realizar en los parques, algo en el fondo de la consciencia de Taki comenzó a materializarse. No pudo dejar de sentir que, a pesar que por fin estaba siguiendo el llamado de su vocación personal y profesional, su corazón dolía por no poder estar en ese instante con la mujer que amaba y que ocupaba sus pensamientos. Y esa punzada comenzó a palpitar en lo más profundo de su ser casi con cada latido de su corazón.
§
—…te quiero, te contaré más tarde como salió todo.
Mitsuha terminó de grabar el mensaje, parada frente al espejo del pequeño baño de la casa de su abuela. Sin darse cuenta había estado hablando todo el tiempo en voz muy baja, y con la mano tapando su boca, como si estuviera siendo observada. Oprimió el botón 'Enviar'. Puso el teléfono en su pecho y cerró los ojos. «Dame de tu fuerza y tu resolución, Taki, ahora la voy a necesitar», se dijo a sí misma. Guardó el teléfono en un bolsillo de su chaqueta. Terminó de lavar sus manos, se arregló el cabello, y luego de mirarse en el espejo y darse aprobación, fue de regreso a la sala.
El aroma de la comida invadía toda la casa. Mitsuha sintió de golpe una punzada de hambre que no se había percatado ya estaba ahí. Con unos pasos más llegó a la sala.
Su abuela ya estaba sentada dándole la espalda, ante una mesa baja, apenas rectangular. Yotsuha se había sentado frente a su abuela, y levantó la vista cuando apareció su hermana.
Hitoha se percató de la presencia de su nieta mayor, y se giró parcialmente para hablarle.
—Ven, Mitsuha, siéntate a mi lado. Como sabía que vendrías, preparé algunas cosas especiales para ti.
Mitsuha iba a responder con un simple "gracias" cuando miró la mesa y quedó sin habla. Se dio cuenta que había muchos platos, algunos de verduras, arroz frito e incluso algunos de carne preparada al estilo de Gifu, que era uno de sus favoritos.
—A…abuela, esto es un festín, no tenías que haberte preocupado…
—Hacía meses que no venías, Mitsuha, y sentí que era el momento correcto.
Mientras Mitsuha se sentaba a la mesa, miró con disimulo a Yotsuha, y le hizo un gesto como preguntándole "¿de qué se trata esto?". Su hermana se percató y sutilmente arqueó las cejas como respondiendo "no tengo idea".
—Abuela, yo…
—Shh, primero cenemos —la interrumpió Hitoha—. Sé que tienes cosas que decirme, pero es primera vez que siento que de nuevo la familia Miyamizu tiene un futuro. Así que cenemos, disfrutemos una comida como familia, como hace años no lo hacíamos.
Mitsuha no quiso protestar, así que se rindió ante esa lógica y decidió cenar en paz.
—Itadakimasu —dijo Mitsuha educadamente, poniendo sus manos palma con palma frente suyo por un segundo. Acto seguido se sirvió un poco de arroz, vegetales y carne. Cuando los probó, no pudo sino cerrar los ojos y dejar salir un bufido de placer. No era excesivamente delicioso, ni excesivamente condimentado, pero era la comida de su abuela, la que ella crecido comiendo día a día, por años. Esta era la verdadera referencia para lo que ella conocía como "comida".
—Abuela, está… esto es delicioso —articuló finalmente Mitsuha.
—Me alegra que te guste —dijo la anciana, sonriendo satisfecha.
—Está muy bueno, pero sabe tal como siempre —planteó Yotsuha, algo extrañada de la súbita emoción culinaria de su hermana.
—Es que… cuando ya no puedas comer esto a diario, me entenderás, hermanita —retrucó Mitsuha.
Las tres mujeres siguieron cenando en silencio. Mitsuha cerraba los ojos, saboreando con fruición cada bocado. Escuchar a su familia comiendo a su alrededor, en paz, y saborear esa comida era como transportarse al pasado, a un pasado más simple, y que ahora sentía muy lejano.
De pronto, el teléfono de Mitsuha sonó varias veces, indicando la llegada de mensajes. Como un reflejo lo sacó de su bolsillo y observó la pantalla. Alcanzó a ver que eran mensajes de Taki. Su cara se iluminó por un segundo, hasta que un bufido de desaprobación de Hitoha apagó su entusiasmo.
—Esas cosas modernas solo interrumpen una buena cena, deja eso para después, niña —dijo Hitoha, en tono serio.
—Está bien, abuela —dijo Mitsuha de mala gana, sintiéndose regañada como una chiquilla. La temperatura de su sangre se elevó medio grado más cuando vio que frente a ella Yotsuha apenas contenía la risa de ver a su hermana mayor regañada.
La cena continuó en relativo silencio, excepto por los intercambios pidiendo alguno de los platos que estaban sobre la mesa. Cuando ya estaban terminando Mitsuha recordó los dulces que había traído con ella.
—Abuela, traje algo que te va a gustar, y podemos compartir como postre.
—Que bien, tenía algo de fruta, pero es agradable probar algo distinto en esta ocasión.
Mitsuha se puso de pie y fue a la sala, donde había dejado su bolso. Mientras caminaba, operó el teléfono y revisó los mensajes de Taki. Su corazón dio un pequeño brinco. Y sintió que él tenía razón, tenía que aprovechar el inesperado buen ánimo de su abuela.
Al volver al comedor su abuela estaba comenzando a agrupar los platos y trastes sucios para llevarlos a la cocina.
—Mira, abuela, traje esto, espero que lo disfrutes —dijo Mitsuha, sujetando con ambos manos la caja de delicados dulces namagashi frente a su abuela, mientras hacía una reverencia.
—Oh, ¡Qué maravilla! Preparare un poco de té para acompañar eso.
Hitoha tomo la caja y se puso de pie con algo de dificultad, así que Mitsuha tuvo que ayudarla para que se apoyara en ella.
Mientras Hitoha caminaba con pequeños pasos hacia la cocina, llevando los dulces y algunos trastos, Mitsuha se quedó prendada observando a su abuela de una manera diferente. Ella siempre la había visto como una mujer fuerte, imponente. Pero ahora, viéndola caminar con dificultad, se dio cuenta que su abuela estaba realmente anciana, y las fuerzas ya comenzaban a escapársele.
Las tres mujeres levantaron las cosas de la mesa, y mientras Yotsuha comenzó a lavar los trastos, la abuela preparó té para las tres, mientras que Mitsuha tuvo que rebuscar entre las gavetas de la cocina hasta encontrar una bandeja adecuada para colocar la docena de dulces, que luego llevó a la mesa, donde se volvió a sentar y se quedó esperando.
Poco después la siguió Hitoha trayendo una bandeja con tres tazas y una tetera de loza humeante, al mismo tiempo que Yotsuha se sentaba de regreso frente a su abuela.
—Se ven muy buenos —dijo entusiasmada Yotsuha cuando observó los dulces—. ¡Quiero ese con forma de melón!
Hitoha sirvió las tasas de té y las distribuyó. Y entonces las tres comenzaron a degustar los dulces, disfrutando de los delicados rellenos de judías, anko y frutas.
Hitoha tomó uno de los últimos dulces, decorado como rosados pétalos de ciruelos en flor. Lo probó y no pudo disimular cuánto disfrutaba su dulce sabor.
—Esta combinación era una de las favoritas de Futaba… —dijo Hitoha, con la cara ensombreciéndose un poco—. Cuando ella era joven y viajaba a Tokio, solía traer namagashi parecido a este...
Hitoha tomó un sorbo de té, dejó suavemente la taza en la mesa, se acomodó apoyándose en el respaldo de la silla de tatami. Y se quedó mirando muy seria a su nieta mayor.
—Mitsuha, ahora tú eres como ella. Tienes la edad cuando… cuando ella hacía esos viajes. Y traes los mismos dulces. Pero tu madre fue siempre fiel a la familia y al santuario, hasta su muerte. En cambio, tú te has alejado de las tradiciones de la familia Miyamizu, viviendo una vida como tu padre, preocupada de cosas que nada tienen que ver con nuestra tradición. Y para peor, tu hermana… tu hermana te visitó y llegó muy herida. No la había visto así en años. Aún ella no ha podido decirme qué pasó el fin de semana pasado, pero ahora tú estás aquí y, sé que me vas a contar lo que sucede entre ustedes ¿Verdad?
Mitsuha tragó saliva con dificultad. Sintió que su boca se tornó de pronto seca. Tomó un poco de té, antes de hablar.
—Abuela… sí, tengo muchas cosas que decirte, pero no sé como hacerlo, ni por dónde partir…
—Entiendo, pero parece que tú sí hablaste con tu hermana, y veo que ella está mucho mejor ahora ¿Puedes entonces tú contarme que sucede contigo, Yotsuha?
La chica, que se había mantenido cabizbaja al comenzar la conversación, levantó la cabeza sorprendida por la alusión, y se encontró con la vista de su abuela que la miraba intensamente. Miró a Mitsuha, que estaba cabizbaja, muy complicada, intentando armar sus ideas.
—Pues… yo… ¿Quieres que yo lo haga, Mitsuha? —preguntó dubitativa la chica.
—Si… si tú quieres comenzar… —respondió Mitsuha mirándola como pidiéndole auxilio.
—Está bien, entonces…
Yotsuha cerró los ojos y tomó una gran bocanada de aire, mientras se erguía. Luego expiró sonoramente, dándose fuerzas. Entonces abrió los ojos y largó una respuesta casi como si estuviera vomitando palabras.
—Abuela, el fin de semana pasado Mitsuha me reveló que todas nosotras morimos el día del cometa. Todas. Y estábamos así hasta que llegó el novio de Mitsuha, que pudo viajar en el tiempo para hacer que ese día evacuáramos Itomori y nos salváramos, y ¡ahora parece que estamos vivas de nuevo en algo que no sé si es un sueño o la realidad!
Yotsuha sintió que le faltaba el aire, así que tomó una gran bocanada, y observó como tanto su abuela y Mitsuha la miraban boquiabiertas.
—¡P-pero Yotsuha! —se quejó la hermana mayor mirando a su hermana con cara de espanto ante la brutal forma en que había revelado todo.
Hitoha se adelantó en su asiento con los ojos entrecerrados y mirando alternativamente a Yotsuha y Mitsuha con una cara entre extrañeza y confusión.
—Díganme, es… eso… ¿cierto?
Mitsuha se volvió hacia su abuela con una sonrisa nerviosa y forzada.
—Pues, sí…
La boca de Hitoha se abrió un centímetro más.
—Eto… bueno, ¿qué quieres que te explique primero, abuela? ¿Lo del cometa o lo de mi novio? —dijo Mitsuha intentando bromear sin éxito, mientras sentía que su cuerpo comenzaba a sudar de nerviosismo.
—¿Desde cuándo tienes novio? —dijo Hitoha alzando la voz, casi indignada hacia Mitsuha—. ¿Quién ese es hombre? ¿Acaso le hizo algo a Yotsuha?
Yotsuha fue quien ahora quedó boquiabierta, atónita ante lo que pensó era la más estúpida de las preguntas que su abuela podía haber hecho.
—¿Pero que no escuchaste lo que dije, abuela?
—¡Claro que te escuché! ¡Y has estado extraña, llorando traumatizada toda esta semana! ¿Qué te hicieron?
—¡Nada abuela, nada! ¡No estás entendiendo nada! —gritó Yotsuha, poniéndose violentamente de pie.
—¡Yotsuha! —intentó detenerla con una orden la abuela, pero la situación la superó y no supo qué más decir.
Mitsuha había pasado de la transpiración caliente a un frío que la heló. No sabía como reaccionar, y todo se había ido al garete en cosa de segundos. Miraba a su hermana, ahora de pie, sin saber que decir.
—¡Cuéntaselo todo tú, Mitsuha! —dijo la chica mirando con la cara roja a su hermana mayor—. ¡No quiero escucharlo de nuevo! ¡Y mejor, llámame cuando abuela haya entrado en razón y lo sepa todo!
Y entonces la niña se fue del comedor con grandes y sonoras zancadas, hasta que se perdió de vista. Se escuchó a lo lejos la puerta deslizante de la habitación de Yotsuha abrirse con violencia, y luego cerrarse aún con más violencia cuando la hoja dio contra el marco.
Entonces el comedor quedó en un sepulcral silencio, con Hitoha mirando indignada a su nieta mayor, y Mitsuha con la vista en el suelo, mordiéndose los labios, sin saber qué decir.
Después de un tiempo que a Mitsuha le pareció interminable, escuchó a su abuela interpelarla con un tono de voz bajo, más tranquilo, pero a la vez cargado de preocupación, e inclusive un dejo de rencor.
—Mitsuha, dijiste que ibas a decirme qué ocurre. Ahora es cuando. ¿Quién es ese hombre? ¿Porqué tu hermana está así?
Mitsuha sintió su garganta apretada. Tomó la taza de la mesa, y se dio cuenta que estaba tiritando. Bebió otro sorbo de té, intentando aflojar la tensión que casi le impedía hablar. Se quedó con la taza en la mano, apretándola, y fijó su vista en ella, sin atreverse a mirar a su abuela.
—Él… mi novio… su nombre es Tachibana Taki. Es un arquitecto de Tokio. Y es un buen chico, no le ha hecho nada a Yotsuha, de hecho, él la quiere mucho.
—¿La quiere…? ¿O sea que ya se conocían? ¿Desde cuándo?
—Él la conocía desde hace años, pero Yotsuha, digamos que no…
Hitoha levantó una ceja, extrañada, y se dio cuenta que su nieta estaba hablando de forma críptica. Y atacó con una avalancha de preguntas.
—¿Y desde cuándo estás de novia con ese hombre? ¿Yotsuha lo sabía? ¿Porqué le afectó tanto? ¿Acaso él te golpea a ti, o te ha hecho algo malo que ella vio?
—¡No, abuela, él es una buena persona! ¡Es la mejor persona que jamás he conocido! —protestó Mitsuha ante la grave acusación de su abuela, mirándola de golpe.
Hitoha se hecho hacia atrás en su asiento, confundida…
—No estoy entendiendo nada. Cuéntame de que viene que estás de pronto con un hombre. Con tu hermana hemos estado por años pensando que te estabas poniendo vieja y solterona. Incluso quisimos buscarte a alguien, pero tú siempre insististe que no, porque… no sé por qué. Y ahora de pronto llegaste con… estás con un hombre, y tu hermana está aterrada ¿Qué está pasando entonces?
—Estoy de novia con Taki recién. Apenas comenzamos el fin de semana pasado, abuela. Por eso no te había dicho nada, esto es, digamos, reciente. Y por eso vine a verte…
Hitoha abrió los ojos sorprendida. El extraño comportamiento de su nieta menor, desde la semana pasada, el sorpresivo noviazgo de su nieta mayor, desde la semana pasada, y la sorpresiva admonición de Futaba de que Mitsuha le "traería respuestas" se mesclaron en su cabeza como si una piedra le hubiera dado en el cerebro. Ese tal Taki tenía que ser el centro de la respuesta, pero una respuesta demasiado importante al punto de mover al mundo espiritual.
—¿Q-Quién es ese hombre entonces? ¿De dónde lo conociste? —preguntó Hitoha, sintiendo como su voz de pronto sonó insegura y temerosa.
Mitsuha suspiró. «¡Por qué no estás aquí conmigo, Taki!» se lamentó dentro de sí misma. Cuando estaba a su lado sentía una fortaleza en ella misma que no conocía, y ahora, sola, se sentía dubitativa y temerosa.
—Eso… ese es un gran punto, abuela.
Hitoha sonrió satisfecha al sentir que había encontrado el meollo del asunto.
—¿Y entonces…? —insistió Hitoha a Mitsuha, que se había quedado de nuevo callada, bebiendo té.
—Entonces, te lo diré todo. Pero primero, necesito que tú me digas algo, algo que nunca me contaste.
Hitoha frunció el ceño, extrañada ante el giro de la conversación.
—¿Qué cosa no te dije?
—Tú sabes que después del cometa, yo perdí la memoria. Muchas cosas que pasaron antes de ese día y durante ese día, habían desaparecido de mi memoria.
—Cierto, y ni siquiera los doctores pudieron ayudarte, y eso que te hicieron muchos exámenes y terapias, a pesar que les dije que era normal.
—¿Porqué era normal que yo hubiera olvidado eso, abuela? —dijo Mitsuha levantando la vista y mirando directamente a los ojos de Hitoha.
Hitoha quitó la vista de su nieta y volvió a tomar la tasa de té, arrepentida de su elección de palabras. Pensó unos segundos antes de responder.
—Ah, bueno… tú eres una Miyamizu, Mitsuha. Y hay cosas que nosotras las Miyamizu podemos vivir, y nuestras vidas se puede conectar en formas que ningún doctor podría entender. Pero… es algo que cuando sucede, es como un regalo de Musubi, pero uno que no podemos retener…
—Estás hablando de cuando las Miyamizu soñamos con vivir vidas ajenas, ¿verdad?
Hitoha quedó sorprendida de la inesperada afirmación de Mitsuha. Levantó un dedo como casi acusándola.
—¿Tú… cómo sabes de eso?
—Lo sé porque… esas memorias que estaban perdidas, las recuperé.
—¿Recuperaste el recuerdo de qué cosas?
—Recuperé toda la memoria, abuela. De todo. O de casi todo, porque hay cosas que… no puedo ni tengo como recordar, y por eso necesito hacerte una pregunta, y quiero que respondas con toda la verdad.
Hitoha sintió como la presión dentro de ella subía. ¿Estas eran las respuestas que Futaba le dijo que Mitsuha traería?
—P-pero eso no es posible… ¿cómo pudiste recordar…?
—Sí abuela, es posible. Y te diré cómo ocurrió, pero eso no es ahora lo importante. Quiero que me cuentes, paso a paso, qué ocurrió esa mañana, la mañana del 4 de octubre de 2013, el día que cayó el cometa. Yo no puedo recordarlo. Pero tú me viste bajar esa mañana a tomar el desayuno ¿verdad?
Hitoha asintió, sintiéndose de pronto nerviosa.
—Y tú hablaste conmigo ¿verdad?
Hitoha se demoró en responder. Tragó saliva, y luego asintió débilmente.
—Y tú estás segura que hablaste conmigo ¿verdad? —insistió Mitsuha.
—Mitsuha, yo… ese día… tú, en esa época…
—Yo estaba soñando.
—Así es.
—Y ese día yo bajé, pero no era yo quien estaba ahí ¿verdad?
Hitoha sintió que su corazón se comenzó a acelerar. El mensaje de Futaba decía que Mitsuha traería respuestas, pero ella estaba viendo que su nieta sabía más cosas de las que jamás imaginó.
—No. No eras tú —respondió Hitoha después de una larga pausa.
Una lágrima comenzó a caer por la mejilla de Mitsuha.
—Abuela… ¿por qué? ¿Por qué nunca me lo dijiste?
—¿Qué querías que te dijera, Mitsuha? ¿Qué estabas destrozada buscando a alguien que jamás ibas a saber quien era? Yo… todas nosotras, las que hemos pasado por esa experiencia, a veces pudimos recordar que habíamos vivido eso, pero no los detalles, y tú… tú llorabas por alguien… ¿Cómo iba a decirte que, que nunca lo ibas a encontrar?
—¡Deberías habérmelo dicho, abuela! ¡Era mi derecho! ¡Era mi vida, y mis recuerdos! ¡Debía haberlo sabido antes!
—¿Saber antes qué? ¿Qué estabas soñando y olvidarías todo? ¿De verdad querías que te rompiera aún más el corazón?
—No abuela, pero si lo hubiera sabido, tal vez no hubiera tenido que esperar tantos años para encontrarlo. Para encontrarlo a él.
Hitoha empezó a sentir que el corazón se le desbocaba. Sintió como en sus sienes comenzaban a sudar, y su respiración comenzó a acelerarse.
—¿Para encontrar…? ¿Tú dices que sabes quién era esa persona? —dijo Hitoha poniéndose de rodillas y apoyándose en la mesa, acercando su cara a la de Mitsuha—. ¿Sabes quién era el soñador?
—Sí abuela, ahora lo sé. Lo encontré el viernes de la semana pasada. Y su nombre es Taki. Ahora es mi novio.
Hitoha caminó de rodillas hasta apoyarse con las dos manos en los hombros de Mitsuha.
—Eso… eso no es posible ¿cómo pudiste? ¿Cómo lograste…? Lo conoces… claro, lo conoces, y…
Hitoha se separó de su nieta y se giró hacia la puerta de entrada.
—¿Vino contigo? ¿Está él aquí? Tengo que hablar con él ¡Tengo que hablar con él!
—No abuela, no está aquí, no pudo acompañarme… él ahora está trabajando lejos, en Nagoya, pero volverá a Tokio pronto.
Hitoha sintió que la cara le ardía, y un dolor comenzó a punzar su pecho. Se llevó la mano al pecho al tiempo que sentía que sus dientes se apretaban y un sonido como un gruñido salía incontrolado de su garganta.
—¿Abuela? ¿Abuela, qué tienes? —preguntó asustada Mitsuha.
—¡D-Déjame hablar c-con ese hombre! Yo tengo que conocerlo, y-yo… yo…
Pero Hitoha no pudo continuar. El dolor se hizo tan intenso que sintió que no podía respirar.
—¿Abuela? ¡Noooo, Abuela! —gritó Mitsuha mientras saltaba de su asiento intentando sujetar a Hitoha que se estaba desvaneciendo.
Hitoha sintió como si su cuerpo llegaba al suelo en cámara lenta. Sintió como todo a su alrededor se obscurecía, como formando un túnel obscuro alrededor de su visión. Vio el cielo raso de su sala como si fuera un lugar muy lejano. Entonces apareció Mitsuha en su túnel de visión gritándole y llamándola. Pero escuchaba la voz de su nieta muy, pero muy lejana, como si ella le gritara debajo del agua. Luego vio como Mitsuha miraba hacia alguna dirección, y llamaba desesperada a alguien. Se dio cuenta que era a Yotsuha, quien apareció por un segundo en su visión de cámara lenta, con lágrimas en los ojos, mirándola y llamándola por su nombre. Y entonces, todo se fue a negro.
§
—¡Bien! —dijo Taki felicitándose a sí mismo.
Se estiró de piernas y brazos en la silla, remolonamente, y oprimió el botón "salvar" para guardar el documento que editando en la laptop.
Miró la hora, y vio que ya era cerca de las 19:40. Habían quedado de reunirse en el lobby del hotel con Tsuyoshi un cuarto para las ocho para ir a cenar en los alrededores.
Cerró la laptop y se puso de pie, mirando alrededor por un segundo, pensando en que chaqueta llevar para salir al exterior. Estaba sacándola del closet cuando su teléfono que estaba sobre la mesa comenzó a sonar con una llamada. Volvió y vio que era Mitsuha. Con alegría tomó el aparato y contestó la llamada mientras de dejaba caer sentado flojamente sobre la cama que estaba un paso más allá.
—¿Hola, Mitsuha? —preguntó Taki con una sonrisa.
—Taki, Taki, es la abuela, ¡ella está mal! —escuchó a Mitsuha casi gritar del otro lado de la línea.
—¿Cómo? —gritó de vuelta Taki, saltando de la cama y poniéndose de pie— ¿Qué le pasa?
—¡No lo sé! Estábamos terminando de cenar, y comenzamos a hablar, y… le conté… le conté de ti, que tú eras quien estaba dentro de mí, y se puso nerviosa, dijo que quería verte y… y… ¡ella se desmayó! ¡No despierta, Taki! ¡No despierta! ¿Qué hago ahora?
—¿Qué? —Taki comenzó a caminar sin darse cuenta en todas direcciones, mientras hablaba— ¿Está respirando? ¿Tiene pulso?
—Sí, respira, respira, pero no reacciona ¿Qué hacemos ahora?
—¿Hace cuánto fue eso?
—Hace unos dos minutos; Taki… ¿qué hago ahora?
—¡Llama una ambulancia! ¿Tienen algún número o servicio de emergencia?
—¡Espera!...
Taki escuchó como Mitsuha alejaba el teléfono y gritaba a Yotsuha la pregunta. Escuchó un lejano «creo que sí» y luego una carrera de pasos a la distancia.
—Sí, hay uno de emergen… ¡Yotsuha, llámalos ahora mismo! Sí, sí, ahora, hazlo —escuchó Taki hablar claramente a su hermana con el auricular demasiado cerca de su boca.
—¿Mitsuha? ¿Hola, Mitsuha? —preguntó Taki desesperado luego de unos segundos de desesperante silencio.
—¡Ya! Yotsuha llamó y dicen que vendrán…
—Mitsuha, iré para allá ahora, envíame la dirección de tu abuela.
—¿Cómo? Pero si tú estás en Nagoya.
—Al diablo con eso, necesito ir ahora, solo envíame la dirección en cuanto puedas, ¿está bien?
—Sí, claro, claro, lo voy a… espera, Taki, ¡está despertando, te voy a cortar, te amo… te… llamo después!
Y luego de un click y un par de tonos, la llamada se cortó.
Taki se quedó de piedra. Inmóvil, en la mitad de la habitación. Solo atino a llevarse las manos a la cabeza. Tenía ganas de gritar, pero no podía. Bajó las manos y solo entonces se dio cuenta que estaba tiritando.
—¿Qué… que estoy haciendo? —se preguntó a si mismo sintiéndose como un tonto parado sin hacer nada.
Se giró mirando en todas direcciones, pensando, pensando. Vio su bolso deportivo vacío tirado en un rincón. Corrió a él, luego al closet, y lanzó adentro un par de prendas que pensó que tal vez serían necesarias. Volvió a la pieza y miró todo lo que estaba sobre la mesa. Su trabajo.
—¿Porqué tenía que ser ahora? —se lamentó amargamente. Un segundo después comenzó a ordenar los papeles, y notas dentro de su cuaderno, lo lanzó dentro del bolso, y luego colocó con algo más de cuidado el laptop y la tablet.
Cerró el bolso y comenzó a caminar a la salida…, y de pronto recordó que necesitaría los cables de los aparatos para poder hacer algo en el camino. Después de algunas maniobras y un golpe en la cabeza contra la mesa había recuperado todos los cables, los enrolló y los colocó en el bolso.
Con algo de mente más fría, revisó mentalmente todo lo que ya había colocado en el bolso, y luego se examinó a si mismo, tocando sus bolsillos. Estaban vacíos. ¡Sus documentos personales! Maldiciendo su mala memoria, corrió al velador que estaba al lado de su cama, y sacó la riñonera donde siempre llevaba sus cosas, ajustándola a su espalda, y luego tomó la chaqueta que había dejado desde un principio tirada en la cama. Tomó el bolso y corrió fuera de la habitación.
Ya en el ascensor, recordó que tenía que haber ido con sus colegas. Buscó el número de Ozamu y comenzó a llamarlo. Justo cuando le contestó las puertas del ascensor se estaban abriendo en el lobby. Ozamu levantó la vista y bajó el teléfono. Le sonrió por un par de segundos, y luego se puso repentinamente serio cuando vio que Taki se acercaba a toda velocidad con su bolso al hombro.
—¡Taki! No me digas… por favor no me digas que te vas a ir —dijo Ozamu con la cara roja y encolerizado.
Tsuyoshi miró extrañado a Ozamu por el repentino cambio de humor y luego a Taki. Entonces cayó en cuenta que iba vestido como para irse del hotel.
—Taki ¿Qué pasa? —preguntó en un tono algo más mediador.
Taki se detuvo frente a ellos y solo entonces se dio cuenta que su respiración estaba muy agitada.
—Yo… yo, tengo que salir urgente, lo siento mucho, tengo que irme de inmediato.
—¿Qué pasa, Taki? —dijo Tsuyoshi de nuevo, tomando por el hombro a Ozamu que pareció que iba a explotar, pero se contuvo al ser constreñido por su amigo.
—Es la abuela de Mitsuha, cayó enferma, parece algo grave, necesito ir a verlas ahora, de inmediato.
—¡Te dije que no podías abandonarnos ahora, Taki! —dijo Ozamu sin poder contenerse más—. Si sales por esa puerta, y nos abandonas, créeme que estarás acabado ¿lo entiendes?
—¡No los voy a abandonar! ¡Lo juro! Voy a volver y terminaré todo lo que necesitamos… llevo el laptop y la tablet conmigo, voy a seguir trabajando…
—¿De verdad vas a volver? —preguntó desafiante Ozamu—. Porque si no lo haces…
—¡Por favor confíen en mí! —dijo Taki haciendo una profunda reverencia—. ¡Quiero tanto como ustedes tener éxito en este proyecto, y dar lo mejor de mí! Pero… pero… ¡no puedo dejarlas solas! No puedo abandonar a abuela Hitoha en este instante… yo… voy a volver, lo prometo.
Taki se incorporó, los miró por un segundo, a un boquiabierto Tsuyoshi y a un ofuscado Ozamu, y se puso en movimiento.
—Lo siento, debo irme. Tienen mi palabra que volveré a tiempo —dijo Taki acomodando el bolso en su hombro y reiniciando la carrera a la puerta de salida.
—¡Mas te vale que regreses, Taki! —logró escuchar a Ozamu gritarle mientras pasaba por la mampara de entrada. Pero no se volvió ni redujo su velocidad.
Ya en la calle, comenzó a caminar a toda velocidad al este para tomar el subterráneo que lo llevaría a la estación del tren bala. Después de verificar la ruta en el mapa, dejó un mensaje de voz a Mitsuha.
—Hola Mitsuha, por favor dime como sigue tu abuela ¿reacciona? ¿Puede hablar? ¿Va a ir la ambulancia?
Presionó enviar, y de inmediato envió un segundo mensaje.
—Voy caminando a la estación de metro. Por favor envíame la dirección de la casa de tu abuela para saber dónde debo bajar para comprar el ticket.
Pasaron varios minutos mientras caminaba las 4 manzanas para llegar a la estación de metro Hisayaodori. Cuando casi llegaba a las escaleras de entrada, un mensaje de Mitsuha lo detuvo en seco. Era la dirección de la casa de Hitoha en Shizuoka.
Taki copió la dirección y la comenzó a ingresar en la aplicación de viaje para conocer la ruta. Le indicó 1 hora 42 minutos. Rogó por que la abuela soportara todo ese tiempo y no pasara nada más grave. Siguió bajando la escalera y cuando ya casi alcanzaba las máquinas de venta de boletos recibió otro mensaje. Era un audio de Mitsuha.
«Ella despertó, pero está muy débil. Puede respirar, pero está agitada. Sigue preguntando por ti. No sé qué decirle. Viene un equipo médico en camino para verla»
Taki se detuvo un segundo para escribir un mensaje a Mitsuha.
«Le enviaré un audio. Escúchalo tú primero y ve si es conveniente que ella lo escuche»
Taki inspiró para tranquilizarse un segundo, y luego pulsó el botón de grabación.
—Hola… abuela Hitoha. Mi nombre es Tachibana Taki. Mitsuha me dijo que quieres verme. Voy ahora para allá, pero por favor, ten calma, necesito que respires y te tranquilices. Tus nietas están muy asustadas, hazlo por mí y por ellas, por favor. Y te veré muy pronto. Confía en mí.
Envió el audio, aunque dudando si era lo adecuado. Pero prefirió no pensar más en ello, y se acercó a la máquina de boletos para comprar los tickets.
Ya en el metro, casi a punto de llegar a la estación de Shinkansen Tokaido-Sanyo, un mensaje de Mitsuha le dio la respuesta.
«Gracias, ella dice gracias»
