He retocado un poco el prólogo, pero no son grandes cambios.
Quiero aprovechar para situar a tod s quienes comiencen.
La historia se desarrolla 7 años tras graduarse del instituto y teniendo en cuenta que la historia se cierra tras el capítulo 36. Mei y Yuzu continúan por caminos separados desde entonces.
PRÓLOGO
Ding
Sonó el móvil, con pereza, una mano femenina se dispuso a realizar el procedimiento habitual en estos casos. Sin desbloquear el móvil, sólo encendiendo la pantalla, vio que se trataba de spam. Suspiró aliviada, llevaba toda la tarde nerviosa por recibir el mensaje de confirmación con el día y hora en el que se realizaría la reunión de ex alumnas de la promoción de la Academia Aihara, de aquellas que este año cumplen 25 años.
Los nervios no eran por la reunión en sí, ni por ver a todas sus excompañeras, si no porque se le presentaría la oportunidad de volver a alguien muy especial para ella. Alguien con quien no se había atrevido hasta la fecha a contactar. Continúo con su trabajo, eterno, que nunca acababa y siempre le robaba gran parte de su tiempo y vida. Al menos era una de las cosas había podido elegir por sí misma, lo que realmente quería hacer, además de cumplir con todas las otras obligaciones ligadas a su apellido, Aihara.
Ding
De nuevo otro correo, y de nuevo spam. ¿Cómo era posible que le llegase tantos mensajes y correo basura? Ah, sí, no era muy diestra con el móvil y la tecnología y a veces por desconocimiento o nervios accedía a sitios de los que no tenía ni idea de cómo había llegado. Ni cómo habían acabado instaladas las aplicaciones más extrañas, era el típico caso de "Yo no toco nada" que siempre acababa con el móvil lleno de sofware malicioso.
Una ligera sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios recordando a cierta rubia siempre dispuesta a ayudarla con estos asuntos, aunque ya hacía bastante de esos tiempos. Ella podría haberla ayudado a eliminarlo y evitarlo, ahora se lo pedía a su Ayudante de Dirección.
Desechó ese amable pensamiento justo cuando comenzaba a volverse amargo.
Ding
Apartó la vista del ordenador para volver a mirar el móvil y esta vez sí que parecía ser el mensaje que esperaba:
Se informa a todas las exalumnas de la academia que el día programado para la reunión del reencuentro de la promoción del 20XX se realizará el sábado día XX de mayo a las 19:30. Se creará un grupo para que puedan confirmar quienes vayan a asistir.
Himeko se había encargado de organizar el día junto con otras exalumnas pertenecientes al antiguo Consejo Estudiantil. El citado día había sido elegido mediante votación de la mayoría. Si mal no recordaba, le comentó que crearía un grupo con todas para que confirmaran su asistencia puesto que de ello dependería el lugar donde se llevaría a cabo el reencuentro.
Y ahí estaba, ahora ya si totalmente centrada en su móvil, sabía que en el grupo todas indicarían si irían o no. La mujer pelinegra empezó a notar cómo su pulso se aceleraba y su corazón empezaba a palpitar, se estaba poniendo nerviosa, entre tanto mensaje de personas agregadas y saludos vacíos debidos a la cortesía que se requería. Empezó a leer los mensajes de confirmación.
Bla, bla, bla, bla. Ninguno le interesaba, también había estado revisando minuciosamente cada persona agregada, que aparecía son su nombre y primer apellido. Pero no había ni rastro de ella.
De entre todas las personas que continuaban confirmando o indicando su imposibilidad de asistir pudo ver uno que sí le interesaba:
Harumi Taniguchi: Buenas tardes, me gustaría confirmar tanto mi asistencia como la de Yuzu Aihara.
Ahí estaba, no se esperaba que fuera así, pero al ver que ella misma no había sido agregada al grupo, temía que no asistiera. Ese mensaje, a primera vista inofensivo, le estaba dando más información de la que parecía, aún conservaba el apellido Aihara, al menos no se había casado.
Suspiró de nuevo, estaba vez de una manera más exagerada, puesto que estaba conteniendo el aire desde que vio que Harumi, la menor de las hermanas Taniguchi, estaba escribiendo. Sus ojos violetas no habían dejado la pantalla de su dispositivo, no hasta que pudo ver que efectivamente asistiría y se originaría por fin una oportunidad de volver a verla. Desconocía el motivo por el cual ella misma no estaba en el grupo para responder personalmente, pero esa respuesta le valía.
Cerró los ojos y se echó hacia atrás en el respaldo de su silla, estaba en el despacho del director de la academia Aihara, SU academia. Por la que tanto había luchado, se había esforzado y dejado la piel para poder estar ahí. Hasta había renunciado a su felicidad junto a la persona que más amaba y que le había enseñado a amar para poder hacer realizar su sueño, y cumplir así con sus obligaciones familiares.
Este triste recuerdo la obligó a llevar su brazo derecho a los ojos, notaba cómo las lágrimas comenzaban a brotar, se arrepentía enormemente de su decisión. Tanto por sus actos, como por la forma en la que los había llevado a cabo, de manera egoísta se mirase como se mirase. Jamás le dio opción a despedirse, puesto que se fue desapareciendo sin más de su vida de la autoproclamada gyaru. Sin embargo, ella se había tomado la libertad de hacerlo, diciéndole por primera vez desde la conoció sus sentimientos y cuánto la quería mediante una carta.
Había sido cruel, lo sabía, y eso la desgarraba por dentro, porque había hecho daño al amor de su vida, y todo para llegar a dónde, se preguntaba. Su matrimonio no había sido más que un contrato limitado con unas condiciones que, de no haberse cumplido expiraría en dos años, y así fue. Se graduó del instituto, se casó y, mientras realizada su doble grado de Administración y Dirección de empresas y Derecho, acabó divorciándose.
Tenía que reconocer que su exmarido era un hombre sencillo y amable, comprensivo como pocos. Puesto que tras explicarle la situación la apoyó, puesto que él se encontraba en una situación parecida, aunque sin amores de por medio. Los primeros meses de matrimonio intentaron que todo funcionara, pero había un problema, no había amor, aunque sí cariño y confianza; no lo iba a negar, pero no era suficiente. También quisieron cumplir con sus obligaciones como herederos de sus familias, procurando un heredero, pero tampoco se materializó. Las contadas veces que intimaron no llegaron nunca a buen puerto. Siendo éste un requisito indispensable, para que no se terminara tan pronto. Hartos de la situación y las presiones familiares, ambos acordaron llevar a cabo el divorcio, ninguno era realmente feliz, y a su vez, se limitaban las posibilidades el uno al otro de encontrar su verdadera fuente de felicidad.
Así, tanto Mei como su exmarido, Udawara, procedieron a la anulación del enlace. El aspecto positivo era la gran relación comercial surgida entre ambas familias, ambos habían conseguido acceder al poder que su posición como herederos les otorgaba su matrimonio y, aunque como pareja no cuajaran, como socios comerciales eran un gran dueto.
Mientras divagaba en sus recuerdos pudo ver cómo el grupo se llenaba de mensajes, algunos confirmando su asistencia y otros añadiendo notas poco agradables ante la confirmación de la asistencia de su hermanastra. Conocía de primera mano que no era santo de la devoción de la gran mayoría de sus excompañeras, pero no era necesario indicarlo en el grupo con mensajes despectivos hacía ella. Yuzu jamás se había dirigido en malos términos hacia sus compañeras. De hecho, conocía demasiado bien, la animadversión que provocaba en todas las chicas de alta alcurnia con las que había compartido la academia durante los casi tres años que cursó sus estudios.
Siempre había pensado que se trataba de simple envidia puesto que, una persona a la que no conocían tenía más confianza y acceso a la presidenta del Consejo Estudiantil y futura heredera de la Academia Aihara, que cualquiera había cursado con ella desde la escuela. Sabía que se reían a sus espaldas, se inventaban teorías sobre quién sería su padre y le hacían el vacío siempre que podían.
Pese a ello, no podía entender ese odio, si le hubieran dado la oportunidad de conocerla, estaba segura al 100% que habría acabado conquistándolas, como amigas claro.
Entonces algo llamó la atención, se había agregado al grupo la susodicha, como si hubiera sido invocada por todas las veces que había sido nombrada. Podía leer en la cabecera del grupo que estaba escribiendo…
Yuzu Aihara: Señoritas y señoras, ya que desconozco quién se ha casado o la han obligado hacerlo. Ya que les da tan bien criticar a alguien quien saben a ciencia cierta que no está agregada al grupo, les daré la oportunidad y gusto de hacerlo en persona. Les confirmo que asistiré. Espero hagan lo propio y me pongan al día de todas las locas teorías sobre mi persona. Tengo ganas de echarme unas risas.
Hubo silencio en el grupo, nadie más se atrevió a comentar nada al respecto. Reconozco que me costó asimilar su mensaje, era sutil, educado, directo y cargado de sarcasmo. Hasta hizo que soltará una carcajada poco propia de alguien de su estatus. No era propio de ella, pensaba, aunque las personas maduran y siempre supo que tenía un gran potencial. Aunque tenía de decir, que podía apreciar cómo se había mordido la lengua. Sabía que seguro se estaba muriendo de ganas de soltar alguna palabra soez, inducido por su vena gyaru. Aunque eso le daría el gusto a las demás de contratacar y de reafirmarse sus insultos siempre enfocados a que no era nadie y que había llegado a donde estaba de rebote, aunque ellas mismas hubieran comenzado.
Antes de que pudiera alguien continuar con este tema, les envió su respuesta, sabía que sus palabras zanjarían la discusión.
Mei Aihara: Buenas tardes, apreciadas compañeras. Les confirmo a todas mi asistencia. Será un gran placer volver a vernos.
Al igual que antaño no podía protegerla de muchos de las cosas que le ocurrían directamente puesto que lo nuestro siempre fue un secreto, siempre procuraba hacer todo lo posible por hacerle la vida más fácil, aunque fuese un verdadero quebradero de cabeza para la mujer de pelo azabache. Su sonrisa contagiosa y sus brillantes ojos verdes merecían al menos eso y, debía de admitir, mucho más. Por supuesto, esperaba que, al igual que el otro mensaje, indicara de alguna manera su situación actual; había vuelto a recuperar su apellido de soltera.
Los mensajes volvieron a centrarse en la intención original del grupo, confirmar quiénes asistirían y se indicó la indumentaria recomendada para asistir. Algo formal, sin grandes adornos ni pretensiones. Esto, imaginó, que era un último intento de dar una estocada a las gyarus. Pobres infelices, pensó, mira que conformarse con tan poco como victoria.
Continuará
