La historia original es de Inoue-sama. Gracias por perder su tiempo leyendo mi historia


—¡Vamos, nii-chan! ¡Hazme este favor!

—¿Por qué?

—Porque hoy juega el equipo femenino de Ryonan, necesito información.

—No solo necesitas información, también necesitas entrenar bien duro.

—Eso ya lo hago.

El llamado hermano rodó los ojos mientras se arreglaba su peinado frente al espejo del pasillo de su casa. Recordó como su hermana menor solía vagar la mayoría de veces cuando debería estar practicando basquetbol.

—¿Por qué debo hacerlo yo? Eres tú la que está interesada.

—Porque si voy yo a espiar alguien podría reconocerme, en cambio, a ti no te conocen los equipos femeninos —el hermano suspiró—. Además, si le consigo información a la capitana y a la entrenadora, tal vez pueda tener un puesto de titular en mi primer año.

—Las cosas no funcionan así, Shizuka. Al menos no así en nuestra escuela o en el equipo masculino —su hermana le frunció el ceño—. De todas formas ¿Qué gano yo ayudándote?

—El agradecimiento de tu hermanita —sonrió pestañando frente al espejo, posando su cabeza en el hombro de su hermano.

El muchacho hizo una leve risa.

—Muy graciosa —susurró y siguió peinándose, ignorándola.

—Por favor, nii-chan —la chica seguía rogando con las manos juntas y él seguía haciendo caso omiso—. ¡Ya sé! Yo seré la próxima en escoger el destino de nuestras próximas vacaciones de verano. Les pediré a mamá y papá que vayamos a Seychelles. Dicen que es un paraíso turístico, estoy segura que te encantará.

—Planeo quedarme en casa durante las vacaciones para estudiar y practicar —se negó su hermano.

—¿Por qué eres tan aburrido? ¿No hay algo que ames más que el basquetbol?

—Hay muchas cosas. Si fueras una verdadera investigadora, lo sabrías.

Ella se molestó y sacudió su pie una y otra vez contra el suelo. Su hermano se cansó del ruido y volteó a ella.

—¡Shizuka, basta!

—No hasta que me prometas que irás a recoger información del Ryonan femenino por mi.

—¿Cuántos años tienes? ¿8? —la chica ignoró su pregunta y siguió pataleando contra el firme suelo de mármol. Era muy costoso y él temía que se pudiera resquebrajar—. ¿Si lo hago dejarás de molestarme por el resto del año?

—¡Si!

—Entonces lo haré.

—¡Gracias! —dijo deteniendo el ruido y haciendo una sonrisa grande.

Sabía que en medio del año le pediría otra cosa, pero confiaba en que fuera menor a lo que esa chica caprichosa estaba acostumbrada. Él se encogió de hombros y preparó su mochila, con su uniforme puesto, hoy iba ser un día muy largo y eso que ya tenía planes, como relajarse en los videojuegos, pero podía posponerlo.

El equipo femenino de Ryonan se preparó ese día para su gran debut. Hanazono fue la primera en llegar con Okabe-sensei al estadio donde se realizaría el partido. Chiba fue la segunda, durmió más temprano la noche anterior y llegó más temprano de lo usual. Yamada llegó con su familia y Hyuga. Yuzuki fue acompañada por su hermana gemela y Higashi Akira. A esta última le dijeron sus padres que no podrían ir a verla, tampoco sus hermanos mayores por sus respectivos trabajos, ni Atsuhiko porque tenía clases, eso la desmotivó un poco, pero estaba feliz de ver a Miko en los asientos cuando entró.

—¡Tú puedes Aki-chan! —gritó Mikoto desde el asiento.

Akira solo se ruborizó por la atención de tanta gente que su amiga atraía sin darse cuenta.

—¿Crees que venga, Sendoh-kun, Akira-san? —preguntó Yuzuki con sus ojos brillantes.

—No lo creo, hoy tiene clases y tendrá dentro de poco su primer partido. No creo que Taoka-sensei se tome a la ligera ahora más que nunca los entrenamientos.

Muy pocas personas estaban en los asientos, algunos familiares de sus compañeras estaban allí con pancartas, o estudiantes y parientes de las chicas de la otra escuela. Algo llamó la atención de Akira.

—¿Dónde está Aoi-senpai?

Hace algunas horas…

Aoi Miyuki estaba a unos pasos de la escuela Shohoku, parecía que esperaba algo mientras veía a los estudiantes entrar.

—¡Akagi, esta estrategia será muy útil!

En cuanto reconoció esa voz, se ocultó detrás de un poste de luz, algo muy tonto de su parte.

Asomó su cabeza y pudo atisbar como caminaban juntos Akagi y Kogure. Los dos hablaban de cosas responsables, como estrategias para hacer que el shohoku llegue al campeonato nacional. La chica sintió a su corazón latir y se quedó inmóvil mirándolos entrar a la escuela. Suspiró triste, por no tener el valor de hablarles.

—Oye, ¿Tú no eres la chica de la otra vez? —una voz femenina dijo detrás de ella.

Volteó y vio a una joven hermosa con cabello ondulado, ella inclinó la cabeza, no podía reconocerla.

—¿Disculpa?

—¿Eres la compañera de Kogure y Akagi que fue con ambos a la secundaria Kitamura?

Entonces la reconoció, le fue difícil sin la gorra y con el uniforme puesto.

—Si, soy yo, Aoi Miyuki ¿Tú eres la manager del equipo de basquetbol de Shohoku?

—Si, soy Ayako, cuanto tiempo —ambas se estrecharon las manos sonrientes.

—Cuanto tiempo, Ayako-san. Me alegra que me recuerdes. Vine aquí a… pues a… —la chica se ruborizó sin saber que decir. Ayako notó su mochila y recordó un viejo tema.

—¿Vienes a devolverle el manga a Kogure?

Ella sintió su espina dorsal temblar.

—Si, a eso vine ¿Dónde está él?

—Lo vi entrar con Akagi ¿No lo viste? Seguro pasó cerca de ti.

—Es que me distraje —susurró con la vista baja. Le era difícil mentir a veces.

Ayako entró en la escuela y buscó con la mirada a sus dos compañeros, no sería difícil con la altura de esos dos.

—¡Allí están! Ven, entra, nadie te dirá nada porque uses tu uniforme escolar. Hablando de eso ¿No tienes clases hoy? ¿O es que entrarás más tarde?

—No, no es eso, es que tengo partido.

—¡¿Tienes partido?! ¿Qué haces aquí?

—Comenzará dentro de una hora y media, aún tengo tiempo.

Ayako alzó la ceja como un gesto suspicaz.

—Es raro que hayas elegido justo este día para devolverle a Kogure su manga. En fin, lo llamaré ¡Kogure!

El aludido volteó al llamado y saludó a Ayako. La chica le hizo una señal para que se acercara y así lo hizo después de despedirse de Akagi. Mientras caminaba, reconoció a la otra estudiante que miraba hacia otro lado.

—Hola Ayako —saludo a la manager y luego se dirigió a su ex-compañera—. ¿Aoi-san? ¿Qué haces aquí?

—Y-yo te-tenía que… que… —la joven tartamudeaba. No planeó verlo tan pronto, esperaba al menos una media hora de estar en la entrada del colegio, pero Ayako aceleró las cosas.

—Ella quería devolverte tu manga ¿Recuerdas? Bokutama.

—Es el manga de mi hermana —aclaró sintiéndose un poco avergonzado—. Eres muy amable, Aoi-san

Ayako pasó sus ojos de uno a la otra y sintió que ella sobraba allí.

—Me voy, Kogure, debo preparar una tarea que olvidé hacer, nos vemos Aoi.

La chica se paralizó, la presencia de Ayako le sacaba la tensión de sus hombros. Por otro lado, el chico pensó que era muy irregular de parte de la manager tener tarea pendiente, sacaba muy buenas notas.

—Ko-kogure-kun —lo llamó Aoi.

Él volteó su mirada a ella.

—Cierto que querías devolverme Bokutama —recordó el chico.

Ella asintió ruborizada en silencio, de una manera exagerada. Abrió su mochila, sacó el libro y lo estiró con la cabeza agachada. Parecía que entregaba una carta de amor.

—¿Te gustó? —ella volvió a asentir—. Qué bueno, luego le diré a mi hermana si me puede prestar el siguiente —Kogure guardó el manga en su mochila—. Dime, Aoi-san ¿Por qué decidiste dármelo ahora? Creí que esperarías hasta después del entrenamiento o después de clase ¿No tienes clase hoy?

—Tengo clases, pe-pero hoy tenemos partido.

Él parpadeó y sus anteojos se quedaron en blanco

—¡¿Tienen partido?! —exclamó tan fuerte que ella casi se tapa los oídos—. ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Está bien que estés ahora aquí? ¿No deberías estar en el gimnasio preparándote?

—Empezará dentro de algunas horas. Quería primero, primero quería… pues yo… —ella no le dirigía la mirada y solo desviaba sus pupilas a sus piernas, si lo mirara a la cara se derretiría o peor, se atragantaría con sus palabras.

—¿Primero querías devolverme el manga? No era necesario hacerlo hoy, pudiste esperar.

—Es que una vez que comienzan los torneos ya no se tiene mucho tiempo para otras cosas y eso pasó, por lo que… pensé en…

Cuanto más hablaba, más bajaba el tono de su voz. Nunca antes se sintió tan tímida frente a un chico. Ella que era como una reina en su escuela, solo con él se sentía así.

—¿Qué posición jugarás? —preguntó Kogure cuando se dio cuenta que ella no sabía que decirle.

—En ofensiva, seré alera.

—¿Mejoraste mucho?

—Muchísimo, juego todas las posiciones sin problema —afirmó sonriente, con sus puños en alto y sus ojos centellantes, ahora su cabeza estaba levantada. Cuando hablaba de basquetbol, perdía su miedo.

—¿Crees que podrías ser la próxima capitana?

—Claro que si, aunque eso molestaría mucho a Shiro

—¿Por qué?

—Ya sabes cómo es ella, tiene a su hermano como capitán en el equipo masculino y quiere también el puesto para enorgullecerlo ¡Pero yo también soy muy buena! —se señaló e hizo un guiño como si se tratara de una idol. Kogure se rio.

—No has cambiado mucho, Aoi-san. Sigues siendo popular como siempre ¿Verdad? —ella hizo una risa tonta y tímida acariciando su nuca—. ¿Y tu lesión?

—¡Ah! Te acordaste…

—¿Cómo podría olvidarlo? Si habían un montón de chicos en todo Kitamura con tarjetas de "recupérate pronto".

Ella se apenó que la única razón por la que él recordara solo fuera por eso, en vez de haberse preocupado por ella.

—Si, eran días muy dolorosos. Sakai-kun me visitaba a menudo. Pero ahora estoy bien, ya no me duele ¿Ves? —dijo extendiendo su pierna hacia arriba.

—¡Aoi-san, cuidado, no levantes tanto la pierna! —advirtió Kogure ruborizado.

Ella recordó que estaba usando una falda y la bajó al instante, también sonrojada.

—¿Q-qué hay de ti, Kogure-kun? ¿Cómo has estado? —preguntó para cambiar de tema.

—Bastante agotado. Akagi quiere llegar a la final del campeonato y vencer a Kainan. Nuestro capitán no le da mucha importancia y eso a él lo molesta.

—¡Nuestra capitana si quiere ganar el campeonato! Con ella y Okabe-sensei damos lo mejor y estoy segura que seremos invencibles.

Kogure se sorprendió como Aoi solía cambiar sus estados anímicos; de verse preocupada y tímida, a entusiasmada y alegre. No era solo por su belleza que atraía a la gente, sino también por su personalidad cautivadora. Aoi se ruborizó al notar como el joven la miraba, su sonrisa estaba llena de afecto. Eso le dio el valor para hacerle la siguiente pregunta.

—Ko-Kogure-kun… ¿Estás… saliendo con alguien? —preguntó mientras llevaba un mechón de cabello detrás de su oreja.

El chico volvió a sonrojarse y sonrió.

—No, no salgo con nadie. No tengo tiempo, entre los estudios y el entrenamiento no encuentro descanso.

—¿Q-qué hay de Ayako? Ella es muy linda, no me sorprendería que te atrajera.

—Pues si, Ayako es linda —Kogure acomodó sus anteojos y miró a otro lado—. Pero no me atrae ella. Tengo mi política de no tener algo sentimental con mi manager. Además, ya otros chicos suspiran por ella y los rechaza con un fuerte golpe de abanico.

Miyuki se imaginó la escena y le agarró un fuerte temor por la manager, el que fuera hermosa no significaba que no tuviera un carácter rudo, ni supiera como defenderse. Por otro lado, el peso del pecho de Aoi se alivianó y ella sonrió, pero contuvo un suspiro para no delatar su alivio.

—¡Kogure! ¿Qué haces hablando con una chica de otro colegio? —preguntó otro joven acercándose. Él también era parte del equipo.

—Senpai —lo nombró el chico de anteojos, lo reconoció como un estudiante de tercer año.

El superior lo agarró por el cuello y se acercó a su oído para susurrarle.

—¿Qué no sabes que hay chicas que actúan como espías para otras preparatorias?

—Pero ella…

—¿No lo sabes? Ella podría ser… —el muchacho volteó a verla y entonces se quedó embelesado. No la había mirado con tanta atención. Ella era hermosa—. Creo que ahora te entiendo.

—¿Entender qué?

El superior dejó a Kogure a un lado y se dirigió a la muchacha que no dejaba su expresión de sorpresa y confusión.

—Es un gusto, soy Fukui de 3ero —saludó el chico.

—Aoi Miyuki —devolvió el saludo con una reverencia—. Disculpa, Fukui-kun, pero estaba hablando con Kogure-kun.

—Senpai, ella era una vieja compañera de la secundaria Kitamura —los presentó el joven de anteojos.

—Ahora te recuerdo, viniste hace unas semanas. Muy pocas chicas tan lindas se acercan al gimnasio a vernos entrenar.

Las palabras del muchacho, incluso dichas sin dobles intenciones, incomodaban a Aoi.

—Kogure, eres muy afortunado en tener una amiga tan bonita —le codeó Fukui y su kohai se ruborizó ajustando sus anteojos—. ¿Cuáles son tus pasatiempos?

—Me gusta jugar basquetbol y pasear a mi perro —contestó con una mirada que iba perdiendo sus emociones a medida que hablaba.

—¡Justo mi tipo! A mi también me gusta el basquetbol. Podríamos… no sé, ¿Hacer una cita de basquetbol juntos?

La chica frunció el ceño, pero el senpai no se percataba de la incomodidad y enojo que estaba provocando en Aoi.

—Lo siento, pero no eres mi tipo —dijo ella ignorándolo y volvió a dirigir su mirada al kohai—. Kogure-kun ¿Cuándo me podrías dar el siguiente tomo?

—¿El qué? Ah, cierto, Bokutama. Podríamos encontrarnos a la salida del entrenamiento del miércoles, si no tienes partido ese día.

—Descuida, no tendré.

—¡Pero dame una oportunidad! —interrumpió el senpai—. Seguro lo pasaremos bien ¿O ya tienes novio?

—No tengo novio, pero por ahora quiero concentrarme en mis estudios y en mi club.

—Vamos, solo una cita Aoi-chan ¿Puedo llamarte Aoi-chan?

—¡Fukui-senpai, ella dijo que no y deberías entenderlo! —exclamó Kogure gritando tan alto que incluso estudiantes alejados de la escena se dieron la vuelta sorprendidos.

Entonces, el chico de anteojos se dio cuenta lo descolocada que fue su reacción. No había sido su intención pero le irritó como su senpai los interrumpía a cada rato. Ya muchas otras cualidades de Fukui le irritaban y esto derramó el vaso para él. Sin embargo, le avergonzó mucho llamar la atención y faltarle el respeto a su superior.

—Lo-lo siento, senpai, también lo siento, Aoi-san.

—Está bien, Kogure, deberías dejar de ser tan sensible —bromeó el otro chico palmeando su hombro.

—Kogure-kun tiene razón, Fukui-kun. Me gustaría que dejaras de molestarnos para terminar nuestra conversación en paz.

Fukui sintió la mirada seria de la chica atravesándolo. Ella intentó imitar como se imaginaba la cara de Ayako molesta cuando se defendía. El chico chasqueó la lengua y se fue murmurando "Que chica".

Ella le sonrió a su amigo de anteojos, quien aún seguía con la vista baja frotando su nuca.

—Muchas gracias, Kogure-kun. Fue muy dulce de tu parte ayudarme así.

—Espero que senpai no se desquite conmigo en el entrenamiento —dijo con un aura negra rodeándolo.

—Si lo hace, dile a Ayako y estoy segura que te ayudará.

El sonido de la campana del colegio indicó que ya era hora de entrar a clases. Aoi recordó la hora y respingó.

—¡Ay, no! Voy a llegar tarde al partido, el viaje es casi a una hora de aquí si logro atrapar el tren ¡Nos vemos, Kogure-kun!

Ella saludó y él le devolvió con el mismo entusiasmo.

—¡Suerte en el partido, Aoi-san!

Los ojos de Aoi centellaron, la razón por la que pasó por Shohoku antes de ir a su partido fue por esa, simplemente para recibir un deseo de buena suerte de su ser querido.

—¡También a ti, Kogure-kun!

Sin embargo, cuando llegó veinte minutos tarde, dijo otra excusa.

—No creo que hayas tenido que ayudar a una mujer embarazada para llegar al hospital —le dijo Shiro con su cara seria.

—Piensa lo que quieras, Shiro-chan, no eres la entrenadora.

—Y no me llames así.

El partido empezó hace veinte minutos. La escuela contra la que jugaban se llamaba Hirai y no era muy conocida en su distrito. Okabe eligió a las principales cinco jugadoras: Hyuga, la número 4, como escolta, Hanazono, número 5, como pívot, Aoi, número 6, como alera, Shiro, número 7, como ala-pívot y Yamada, número 8, como base. Sin embargo, debido al retraso de Aoi, Chiba entró como alera en su lugar y le fue asignado el número 9. A la llegada de Aoi y su patética excusa por llegar tarde, le fue asignada con el puesto de base y Yamada se retiró del partido quedando como suplente.

Desde las bancas, Yamada alentaba con orgullo mientras miraba a su capitana encestar.

—¡Eso es Hyuga-senpai!

Con ella estaban Yuzuki, que le fue asignado el número 10 como titular y Akira, la número 11, aunque ella no llevaba su uniforme puesto, solo traía su ropa de deporte.

—¡Vamos, Chiba! ¡Tú puedes! —gritó Yuzuki saltando.

Akira no decía nada, tenía el presentimiento que su equipo ganaría. No sabía por qué, pero cuando el equipo de la otra escuela entró en la cancha, no le dio la sensación de que podrían derrotarlas. Había visto tantas veces el entrenamiento tan duro, que ya sabía cómo jugaban sus senpais y eso le daba confianza. De hecho, tenía más confianza desde la banca de la que podría tener dentro de la cancha.

Fijó su vista en Okabe, la mujer estaba sentada, inclinada hacia adelante, con los codos en el regazo, de vez en cuando se ponía firme, con los hombros y espalda erguidos.

Cuando llegó el segundo tiempo, después de los cuarenta minutos, las chicas se tomaron un pequeño descanso. Hanazono respiraba con dificultad, también Aoi.

—Shiro, ten cuidado, ya llevas tres faltas —le advirtió la entrenadora.

—Si, sensei.

—Lo mismo va para ti, Chiba.

—Es culpa de la chica número 12 del Hirai ¿Por qué estaba allí justo cuando salté para encestar? —se excusó la chica interrumpiendo su bebida.

—Da igual de quien sea la culpa, tienes tres faltas.

—Me expulsan con cinco, de todos modos —ella se encogió de hombros y siguió bebiendo.

Akira se impresionó con esa forma de responder de su compañera. Chiba podía ser muy atrevida cuando estaba despierta.

—Higashi, vístete —dijo la sensei mirándola.

La chica reaccionó sorprendida, pero aun así, asintió con la cabeza. Se preguntaba ¿Por qué debería vestirse? ¿Será que quería sacarla a jugar en el segundo tiempo? Para ella estaban más que listas con el equipo que tenían.

—Arai ¿Estarás lista cuando te llame?

—Lo estaré, sensei.

—Bien.

No discutieron mucho de la logística. El otro equipo era uno bueno, pero la mayoría de sus jugadoras no destacaban tanto en altura o agilidad como ellas. Sin embargo, tenían buenas tiradoras. Aunque tenían una ventaja de cinco puntos sobre la escuela Hirai, esos cinco puntos podrían darlos vuelta.

La segunda parte empezó y Chiba se mantuvo más tranquila. A pesar de la respuesta que le dijo a la entrenadora, siguió su consejo de no cometer más faltas. Pero no fue el caso con Shiro.

—¡Falta! —gritó el referí a la chica de cola de caballo trenzada.

Shiro levantó su brazo con resignación. Entonces, Okabe dirigió una mirada Yuzuki.

—Arai, comienza a calentar. Veo a Hanazono cansada.

Arai hizo caso y la maestra pidió un cambio. Dejó entrar al juego a Arai y Yamada, mientras que Hanazono y Shiro salieron. Ambas se sentaron al lado de Akira, quien les alcanzó agua.

—Jugaron bien chicas —las felicitó la entrenadora—. Shiro, te necesito para más adelante, así que me entiendes ¿Verdad?

—Si, sensei.

Shiro trató de disimular que volteaba. Había un estudiante que llamó su atención del público mientras jugaba, pero no pudo verlo mejor. Como estos eran los primeros partidos, no tenían mucha audiencia, pero reconoció el uniforme escolar de uno de los estudiantes, un rival que su hermano quería vencer a toda costa.

—Hana-senpai, bebe agua y trata de respirar más lento —le aconsejó Akira. Hanazono por ser la más alta solía hacer tapones a los tiros de las contrincantes. Sin ella en la cancha, se pudo ver la diferencia en el puntaje.

—Nos están alcanzando —murmuró Akira.

—Deben ponerse a defender si quiere que ganemos, sin descuidar nuestra ofensiva —dijo Shiro y notó como Higashi movía sus piernas de arriba hacia abajo.

—Shiro-senpai, tengo una duda ¿Por qué te sacó, sensei? No pareces tan cansada como Hana-senpai, tampoco te expulsaron.

—Es una estrategia que suelen hacer algunos entrenadores. Si se necesita a un jugador en la cancha más adelante pero tiene cuatro faltas, para no ser expulsado por cometer una quinta, se lo retira para que vuelva a jugar más adelante.

—No había escuchado de eso antes.

—No me sorprende. No pareces una chica que sepa mucho de basquetbol, Higashi. —Akira frunció el ceño, pero luego bajó su mirada porque sabía que su senpai tenía razón.

—¡Dejen entrar a Aki-chan! ¡Vamos Aki-chan, vamos Ryonan! —se escuchó a Miko gritar desde el público. Su amiga se quedó en silencio avergonzándose más por cada grito que hacía Miko para que la dejaran jugar

—Me sorprende ser titular estando solo en primer año.

—No te sorprendas tanto, Higashi. La única razón por la que sensei te eligió para ser titular fue porque estamos escazas de jugadoras.

Si ya se sentía desconfiada por sus habilidades, el comentario de su senpai la empeoró más.

—Con permiso, iré al baño —informó a sus superioras y a su maestra.

Dentro del baño, Higashi hizo lo que mejor sabía hacer cuando se sentía nerviosa. Se aislaba y mojaba la cara. Se miró al espejo, con sus anteojos en su cabeza para evitar empaparlos. Ella rezongó y bajó su cabeza. Como deseaba que Akira-kun estuviera con ella ahora mismo, él sabría qué decir.

"Eres fuerte, Akira-chan", Higashi recordó sus palabras y ella sonrió a su reflejo, como si su querido amigo estuviera allí viéndola.

—Eres fuerte, Akira-chan —se dijo tocando su reflejo en el cristal.

Salió corriendo hacia la cancha y agarró su uniforme, decidió ponérselo. Estaba escrito el nombre del colegio en una camisa celeste, con letras blancas. Vio el número 11 y sonrió. Ella iba ser Higashi Akira, novata y titular del Ryonan femenino.

Se sentó y alentó a sus compañeras con fuertes gritos.

—¡Ustedes pueden, chicas! ¡Yuzuki, a por ellas! ¡Chiba, ánimo! ¡Vamos, Aoi-senpai!

Sus porras sorprendieron a su maestra y sus compañeras sentadas en el banco. Ella notó como sus miradas reflejaban sorpresa.

—¿Por qué no alientan también? No vino casi nadie del Ryonan, debemos apoyarlas —dijo cuándo notó las caras que le dedicaban.

Hanazono también empezó a gritar, pero Shiro solo se encogió de hombros y siguió observando al joven de la otra escuela.

Antes de finalizar el partido, Okabe hizo un cambio de Aoi con Shiro, a la primera la veía agotada así que fue un alivio descansar. Pudo ganar el Ryonan con una diferencia de tres puntos. Akira se sintió un poco desanimada, no pudo jugar, pero admiró como se movieron sus compañeras, incluso las chicas del otro equipo dieron una dura batalla. Al menos pudo alentarlas.

—¡Felicidades! ¡Lo lograron! —les dijo a Yuzuki y Chiba.

—Bueno, Higashi, esto fue solo una porción de un pastel más grande —contestó guiñándole un ojo Chiba—. Tal vez la próxima vez juegues.

—Así es, Akira-san.

Shiro no dejaba de darse la vuelta, se fijó que el muchacho estaba saliendo. En medio de tantas felicitaciones y puntos a tomar en cuentas para el próximo partido, salió corriendo hacia la salida. No le gustaba perderse de los consejos de su profesora, pero tenía que averiguar porque ese muchacho del equipo masculino de basquetbol las espiaba. Ella sabía que fue a espiarlas, no había duda, la forma en que sus ojos analizaban los movimientos de sus compañeras la hizo darse cuenta.

Buscó por los pasillos, pero no lo encontró. Muchos otros estudiantes, tanto varones como chicas pasaron por sus ojos, pero ninguno era quien buscaba. Salió del estadio, con la esperanza de verlo salir, si es que aún estaba dentro. De pronto, algo llamó su atención, vio a un árbol que le eran taladas sus ramas largas porque empezaban a obstruir un cable, los trabajadores que lo hacían terminaron su trabajo en poco tiempo y se marcharon. Incluso haciendo algo que ella consideraba importante, no podía desatender su atención de las plantas. Caminó hasta allí y miró el árbol con atención. Posó una mano sobre el tronco y lo palmó, como si le diera un masaje a un hijo.

—No te preocupes, un corte de ramas es como un corte de cabello, ya crecerán otras y serán tan bellas como las anteriores.

—¿Hablas con las plantas? —alguien dijo a sus espaldas. Ella volteó y reconoció a la persona—. Shiro Chiharu, hermana menor de Shiro Chiaki, capitán actual del Ryonan masculino ¿O estoy equivocado? —dijo el muchacho avanzando hacia ella con su mirada analizadora.

—No, no lo estás, base y número 12 del Kainan, Maki Shinichi —respondió ella mirándolo de frente con la cara seria que suele poner cuando se enfrenta a una contrincante en la cancha.

—Número 8 actualmente —la corrigió—. Solo un número detrás de ti, te será fácil recordarlo.

Ella se concentró en su respiración con intenciones de calmarse. Había visto a Maki del Kainan en videos que su hermano tenía para analizar, muy pocas veces pudo observarlo jugar en vivo porque se mantenía concentrada en su propio entrenamiento, además que los días que jugaba el Ryonan femenino solía coincidir con los días que jugaba el Kainan masculino. Sin embargo, pudo verlo en persona cuando presenció un partido de su hermano. No le era difícil reconocerlo, solía vestirse y peinarse como un hombre demasiado mayor para su edad y tenía un tono de piel más oscuro.

—Hoy no juega ningún equipo masculino de tu interés en este estadio. Es raro verte por aquí ¿No tienes clases?

—Hoy nos dieron el día libre y… ¿Quién dijo que no hay un equipo de mi interés?

—Es como si espiaras para el equipo femenino.

Recordó el Kainan femenino, no era tan bueno como el masculino, pero tampoco era un equipo mediocre. Muchas de sus mejores jugadoras ya se habían graduado, por lo que estaban en cierta desventaja. No llegaron a encontrarse los equipos del Kainan y Ryonan femeninos el año pasado. Ninguno de los dos llegó tan lejos ¿Sería que ahora necesitaban ayuda de los chicos?

—Solo vine porque le tenía que hacer un favor a alguien, pero ya que fuiste muy amable en notarme desde la cancha, decidí molestarme en saludarte y enviarle saludos a tu hermano.

Ese chico podía darse cuenta de muchas cosas, algunos dicen que llegará algún día a ser el número 1 de Kanagawa.

—Ten cuidado, el Ryonan masculino tiene muy buenos jugadores.

—Oí que su entrenador reclutó a alguien de Tokio.

—Veo que te informas bien. Pero cuídate y no te metas en problemas espiando equipos que no son de tu interés, la gente podría tomarte como un pervertido.

El muchacho no presentaba muchas emociones en su cara, excepto antes que hablaba con una curiosa sonrisa, pero aquel comentario hizo tambalear su expresión.

—Y yo veo que no quedan muchas jugadoras en Ryonan ¿El sabor amargo de la derrota del año pasado aún perdura?

Eso hizo saltarle una vena a la chica.

—Para tu información tenemos tres nuevas integrantes y las tres ya son titulares. Hemos perdido jugadoras y otras se han graduado, pero el Ryonan femenino es fuerte, muy fuerte —declaró con su cuello en alto, no solo por su orgullo, sino también porque el otro jugador era muy alto, no tanto como Uozumi, pero el cuerpo robusto de Maki era muy imponente.

El silencio perduró un rato, ambos tenían la misma mirada seria y calculadora como cuando tienen que predecir los movimientos de su contrincante en el basquetbol. Este era un momento parecido a aquel.

—¡Senpai! —gritó Miko quien abrió la puerta—. ¡Aquí estás, Sobakasu-senpai! Desapareciste tan rápido que sensei se preocupó ¡Chicas, Sobakasu-senpai está aquí, afuera! —llamó adentro.

Shiro se sintió enrojecer, tanto por vergüenza como por la ira que le provocó ese apodo.

—¡Escucha, solo por ser amiga de una de nuestras titulares no te da derecho de llamarme como quieras!

—¿Conocida tuya? —preguntó Maki que no evitó sonreír por ese apodo.

—No, solo una tonta kohai.

—Bueno, supongo que nos veremos en otra ocasión, Sobakasu-san —se despidió empezando su caminata.

—¡Oye, tú tampoco puedes llamarme así!

A pesar de su réplica, Shiro se pasó la mano por sus mejillas, preocupada.

—Shiro, que bueno verte —dijo apareciendo Yamada—. ¿Qué haces aquí afuera? Ni siquiera te has cambiado.

—Yamada, necesito que recolectes información de Maki Shinichi.

—¿El chico del Kainan? ¿Para qué? Ni siquiera jugaremos contra él.

—No me importa, él vino a ver nuestro juego y tengo la sensación que no vino a disfrutar de un partido basquetbolista femenino.

—De acuerdo, si lo dices así. Buscaré información de él, pero vamos a cambiarnos que dentro de poco partiremos.

Yamada le tomó la mano a Shiro para llevarla a los vestidores, pero su compañera la retuvo.

—Tengo otra pregunta, Yamada —ella volteó a verla con una mirada interrogante—. ¿Mis pecas son muy notables?

Yamada permaneció en silencio como si su siguiente globo de dialogo en un comic fuera nada más que tres puntos suspensivos.

—¿Quieres que sea sincera o que te haga feliz?

—¡Yamada!


Sobakasu = Pecas

He oído que las pecas no son muy bien vistas como sello de belleza en la cultura asiática porque es como si cubriera la cara.

Quería hacer una rivalidad parecida a la de Rukawa y Hanamichi, así que creé a Aoi y Shiro para ello. Dos chicas con diferentes pensamientos que son muy buenas jugadores y cuando se potencian, sus posibilidades de ganar aumentan. Quiero que alguna de las dos sea la capitana para el próximo año (esta historia abarcará dos años de preparatoria).

Psd: última vez que cambio el título del fic, lo prometo.