DISCLAIMER: Los personajes y serie no me pertenecen. Son propiedad de la mangaka Rumiko Takahashi. Únicamente el fanfic y su trama son de mi entera pertenencia. No se aceptan copias, adaptaciones y/o plagios. Muchas gracias.
SUMMARY: Siempre había pensado en su amor como una rosa. Una flor con una fragancia tan exquisita que las espinas no eran siquiera relevantes. Jamás creyeron tener que vivir ese lado. Y mientras veía la cama vacía a su lado se dio cuenta de que la extrañaba como quien extraña a las rosas, pero no podían florecer todo el tiempo. Ahora que lo había dejado ya no podría enviarle rosas, ni siquiera cenizas de rosas.
''CENIZAS DE ROSAS''
I. Diagnóstico
La sala de espera era demasiado silenciosa. Lo único que rompía el silencio era el sonido de sus pasos apresurados yendo de un lado del pasillo al otro una y otra vez. Kagome logró tomar la manga de su camisa cuando pasó lo suficientemente cerca de ella y volteó a verla con preocupación.
—¿Qué ocurre? ¿Te sientes mal? ¿Te preocupa algo? —Las preguntas salieron atropelladas una detrás de otra y Kagome tuvo que reprimir una risita. Sabía que no la estaba pasando bien.
—No —negó—, eres tú el que me preocupa. Harás un hoyo en el pasillo si sigues yendo y viniendo.
—Estamos aquí desde hace dos horas esperando a que nos llamen... ¡¿Y lo que te preocupa es el suelo, Kagome?! —Su voz salió mucho más fuerte de lo que le hubiese gustado y se pasó la mano por el cabello furioso consigo mismo— Lo lamento. No es tu culpa que haya tanta demora.
Su prometida le tendió la mano y, como era costumbre, le regaló una sonrisa y lo invitó a sentarse a su lado. Obedeció en silencio. Tal vez estar a su lado sería lo mejor. Tenía miedo de verla de frente y notar que su sonrisa lucía un poco más forzada, un poco más adolorida que en los días anteriores. Miedo de analizarla en profundidad y encontrar algo que lo destrozara por dentro.
La puerta del consultorio se abrió e Inuyasha casi saltó de su asiento mientras veía al doctor rebuscar en la lista de pacientes.
—Higurashi...
—¡Somos nosotros! Andando, Kagome, nos toca.
Se apresuró a ayudarla a ponerse de pie. Temía que fuese a darle un calambre de repente y eso la hiciera tropezar. Kagome agradeció su ayuda en silencio y con cuidado tomaron asiento dentro del consultorio. El doctor hizo las preguntas de rutina correspondientes y ojeó las planillas frente a él en completo silencio.
—¿Qué ocurre, doctor? ¿Por qué el silencio?
—Inuyasha... —El susurro reprobatorio de Kagome lo hizo voltear hacia ella—, paciencia.
—Solo estoy preguntando.
—Bien —la voz del hombre los sacó a ambos de su pequeña conversación y voltearon a verlo. Kagome apretó la mano de Inuyasha, aunque con menos fuerza de la que desearía—. Los resultados llegaron esta mañana. Me alegra que hayan podido venir.
—¿Y... Está todo bien?
—Bueno, "bien" no sería una palabra que yo usaría en un caso así.
—¿Un caso así?
—Verá, señorita Higurashi —habló entonces mirando a la mujer—, los resultados indican que su condición parece ser compatible con esclerosis lateral amiotrófica. Lo lamento mucho.
Inuyasha no entendía qué quería decir aquello, pero el nombre excesivamente largo y las disculpas del doctor no le dieron buena espina. Frunció el ceño con ira y volvió a hablarle al hombre.
—¿Y qué demonios es esa esclero no sé qué?
—Es lo que se conoce comúnmente como ELA por sus siglas, una enfermedad progresiva y degenerativa.
—Pero... ¿Qué tiene que ver eso con sus calambres? ¿Y por qué le cuesta pronunciar palabras a veces? Creímos que podría llegar a tener un ACV y comenzamos a realizar los estudios, ¿pero ahora nos dice que tiene una enfermedad que nadie conoce?
—Yo nunca dije que nadie la conociera, solo que es...
—Espere, lo más importante... ¿Kagome estará bien?
—Bueno, es difícil decirlo —volteó a mirar a la mujer que continuaba observando su escritorio con la mirada perdida. Su pareja no dejaba de hacer preguntas, y ella estaba en shock—. Higurashi, ¿entiende de lo que estamos hablando?
—Sí... —Susurró—, un poco.
El profesional se reacomodó en su asiento y revolvió las hojas hasta dar con la planilla indicada. El hombre continuaba apretando la mano de su pareja sin dejar de hacer preguntas de las que ni siquiera se molestaba en esperar una respuesta.
—Comenzaré desde el principio.
—Por favor.
—El cuadro de Higurashi es delicado y difícil de comprender. Así que les pido paciencia a ambos.
—Está bien.
—La esclerosis lateral amiotrófica o ELA es una enfermedad progresiva y degenerativa que inicia con los mismos síntomas de la señorita Higurashi. Calambres por movimientos cotidianos, dificultad para tragar, dificultad para hablar, contracciones involuntarias, incluso puede presentar dificultad para respirar. Estos son solo algunos de los síntomas más usuales, pero el desenlace es casi siempre el mismo.
—¿A qué se refiere?
—El paciente en cuestión comenzará a perder gradualmente la movilidad de sus miembros hasta quedar tetrapléjico —soltó—. Disculpe mi franqueza, pero algunos pacientes con ELA definen esta enfermedad como su prisión personal.
—¿Kagome... Dejará de moverse algún día?
—Me temo que sí.
—Imposible —la tristeza y la ira se mezclaron de tal manera en su voz que el médico no pudo sostenerle la mirada mientras continuaba hablando. Esta era la parte más difícil de su trabajo—. ¿Cuándo ocurrirá eso?
—Aproximadamente en veinte meses. Aunque cada caso es distinto.
—Doctor —esta vez la voz de Kagome apenas salió en un susurro, pero fue suficiente para que ambos hombres la mirasen y esperaran lo que tenía que decir—, ¿es mortal esta enfermedad?
—Kagome, no digas eso...
—Tengo el derecho de saberlo, Inuyasha. —Volvió a mirar entonces al médico y repitió su pregunta— ¿Es mortal? —Ante la falta de respuesta, bajó la mirada antes de susurrar:— ¿Cuánto?
—Entre catorce y dieciocho meses después del diagnóstico.
El silencio reinó en el consultorio por más tiempo del que cualquiera de los tres habría deseado. Así que el doctor apretó los labios con incomodidad antes de hablar. La paciente tenía el derecho de saber todo acerca de su cuadro y condición.
—Pasado ese tiempo los pacientes suelen morir por complicaciones respiratorias en su mayoría. Aunque hay registros de personas con ELA que lograron superar los diez años de vida —añadió a modo de consuelo.
Kagome tuvo ganas de reír ante eso último, pero su mejilla parcialmente dormida le recordó que muy pronto ni siquiera podría hacer eso. Las expectativas de vida tan largas eran solo para personas adineradas que podían costearse tratamientos excéntricos al otro lado del mundo, no para personas como ellos que vivían sin despilfarrar. Claro que tenían sus ahorros gracias a la empresa de Inuyasha. Era su sueño de bachillerato fundar una empresa desde cero y poder verla crecer hasta algún día heredarla a sus hijos, pero jamás le pediría que esos ahorros fuesen a destinarse a una causa perdida como su nueva condición.
—Usted miente.
—¿Disculpe? —La acusación del hombre lo había tomado desprevenido— ¿De qué habla?
—Claro, debimos pagar una fortuna para ser admitidos aquí... ¿Y todo para qué? ¡¿Para que nos mienta en la cara?!
—Lamentablemente no es una mentira, señor Taisho.
—Sí lo es —reafirmó, con la voz temblando y sus ojos resplandecientes de dolor—. Kagome era una mujer sana, deportiva, normal. Lo sigue siendo. Nunca tuvo problemas médicos y ahora nos dice esto. Me niego a creer que tenga una condición de la que nunca nadie nos advirtió.
—Inuyasha...
—Siento decirles que es la verdad. Esta enfermedad puede presentarse en distintas edades. Afecta a adultos mayores, pero también a jóvenes como es el caso de la señorita Higurashi —explicó—. Su condición es hereditaria, por lo cual ella ya tenía la enfermedad desde el momento en que nació. Solo faltaba que se activase. Lamento que haya sido ahora.
Inuyasha escondía su rostro entre sus manos mientras repetía una y otra vez en voz alta que esas no eran más que mentiras para sacarles más dinero, que se equivocaron de clínica, de doctor o que se confundió con los resultados de otro paciente que se apellidaba igual que su novia. La escena era tan desgarradora que conmovía. Inuyasha rechazó el vaso de agua que el profesional le ofreció y en cambió prefirió aferrarse con fuerza a la mano de la azabache que continuaba mirando el piso del consultorio con la mente en blanco.
—¿Hay... Hay cura? —Se animó a preguntar. La voz femenina salió suave, baja, apenas audible. El hombre guardó silencio. Eso fue respuesta suficiente para ella, así que cambió de pregunta:— ¿Existe tratamiento?
Aquella incógnita pareció encender una nueva luz de esperanza en Inuyasha porque miró con desesperación al doctor mientras clamaba internamente que su respuesta fuera la que buscaba.
—Es verdad. ¿Y el tratamiento? —Exigió— ¡Tiene que haber un tratamiento!
—Los hay. —Por fin una respuesta coherente, un faro de luz en medio de toda esa penumbra— Aunque son paliativos.
—¿Paliativos?
—Quiere decir que podrían mejorar la calidad de vida de su novia —explicó—, pero no curarla. En su mayoría son experimentales, costosos y no los ofrecemos aquí. Deberían ir al extranjero. No sé si esté dentro de sus posibilidades...
—¡Eso no importa! —Bramó— Haremos lo que sea que tenga que hacerse. No me importa si es al otro lado del mundo o si son...
—No entiende. ¡Cuestan una fortuna!
—¡Usted es el que no entiende! ¡Todo eso no me importa! Solo quiero ver a mi novia bien. ¡¿Es tan difícil entender eso, maldita sea?!
Su voz se quebró. No pudo soportarlo más. No podía seguir manteniéndose en pie cuando se sentía como un hombre de papel. Se derrumbó sobre su asiento frente a la atenta mirada de los presentes. Kagome tampoco pudo soportarlo más y se levantó sin decir nada. Con esfuerzo tomó la perilla de la puerta y rogó que no le diera un calambre en ese momento. Deseaba salir con lo poco de dignidad que le quedaba.
—Muchas gracias por su tiempo, doctor.
La mujer abandonó el consultorio tan pronto como sus acalambrados miembros se lo permitieron. Inuyasha intentó seguirla, pero el doctor tomó la manga de su camisa para llamar su atención y le extendió un papel.
—¿Qué es esto?
—Un folleto. Contiene toda la información actual sobre el ELA y resolverá las dudas que puedan surgirles. Lamento no poder ser de mayor ayuda.
Inuyasha intentó decirle que no era su culpa no poder ayudarlos, pero algo dentro suyo le impidió soltar siquiera una palabra. En el fondo, muy en el fondo, sabía que estaba furioso por no tener la solución que creyó que podría encontrar en aquella costosa clínica privada. Apretó el folleto como si la vida le fuera en ello y salió del consultorio en busca de Kagome. No quería dejarla sola. Ahora más que nunca debía estar para ella.
Continuará...
¡Holi! Yo sé que dije por Facebook que iba a publicar antes de que termine el día, pero hoy fue mi primer día trabajando como moza —camarera, para los que sean de otros países jeje— y salí después de las dos de la mañana. Así que no me queda de otra que subir todo tarde jajaja.
Ahora expliquemos las reglas del juego: Nos vemos nuevamente para otro desafío de la página "Es de Fanfics" de Facebook. Esta vez es un reto mensual donde diariamente deberé subir un one-shot utilizando la palabra del día, siempre girando en torno al género angst. Así que nos veremos todos los días del mes de febrero con las emociones a flor de piel. Las historias no estarán relacionadas entre sí en su mayoría, pero habrá casos —como este— donde sí haya continuación. Les avisaré cuando sea el momento c:
De momento espero que les haya gustado este pequeño relato para empezar de manera suave el mes movidito que se nos viene encima xd. Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer y espero vernos mañana c:
¡No olviden dejarme un comentario diciendo qué les pareció! Cualquier frase, emoji, testamento o crítica es bienvenido. Los quiero mucho, mucho ❤
31.01.24
