Disclaimer: Lo de siempre, no me pertenecen, sólo juego con ellos.

«Este fic participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras».

Prompts: Amabilidad [emoción], disfraz [escénica], vergüenza [verbo].

Créditos de la imagen. Es una imagen oficial del manga de Boku No Hero Academia.

Este es un pequeño capricho (muy cortito, al menos para lo que suelo ser yo, jajaja) escrito a raíz de una idea compartida mientras hablaba con FroggieBoy. La idea está tal cual, sólo la he adornado con narración y la presencia de Shouto. Sobre este, de hecho, dudé si dejar el oneshot como BakuDeku o ponerlo como yo lo imagino: TodoBakuDeku. Al final opté por la primera opción porque es lo que se evidencia y no quiero que nadie se llame a engaño, pero si notáis que los tres tienen buen rollito, es porque mientras lo escribía yo pensaba en que los tres iban a acabar juntitos xD.


LA PERSECUCIÓN

—Dynamight en persecución por Distrito Financiero en dirección a la zona residencial este junto a la estación Ebisu. —La voz de Katsuki informó por el intercomunicador a la centralita que coordina a los héroes de Musutafu.

Varios bloques de edificios más allá de esa posición, Izuku frunció el ceño y se incorporó, dejando el bentō que estaba almorzando en el suelo, olvidado.

—No ha solicitado refuerzos —dijo Shouto, a su lado. Habían coincidido durante la patrulla de sus respectivas agencias para hacer la pausa de mediodía, como acostumbraban. Habitualmente, Katsuki también estaba, pero ese día parecía retrasarse y ahora Izuku sabía por qué—. Lo más probable es que no quiera interferencias durante la persecución.

—Sí —murmuró Izuku, asintiendo para sí mismo. Era bastante común en el explosivo héroe rubio hiciese eso e incluso se cabrease si algún otro héroe acudía al área a prestar su ayuda. No solía hacerlo específicamente con el propio Izuku y con Shouto y eso fue lo que lo decidió—. Creo que de cualquier manera voy a acercarme a echar un vistazo. Sin interferencias —añadió, mirando a su amigo, que sonreía de medio lado.

Shouto asintió y se incorporó también, recogiendo el bentō de Izuku y empaquetándolo cuidadosamente de nuevo junto al suyo.

—Yo iré al cruce de la avenida. Si ha pasado por allí, es posible que la policía necesite ayuda para reorganizar el tráfico. Y podré ver si hace falta mi ayuda y acudir, si es preciso —dijo, señalando los botiquines de primeros auxilios que colgaban de su cinturón—. Puedes avisarme por el canal privado si necesitáis refuerzos.

—Claro —asintió Izuku, impaciente porque, aunque algunos otros héroes de la zona, sobre todo los que estaban de guardia en las centralitas de las agencias más cercanas, habían contestado afirmativamente al mensaje de Katsuki, pero sin avisar de ningún movimiento. La ira explosiva de su amigo era bien conocida por el resto de sus compañeros. Además, debido a que ellos tres rotaban en los primeros puestos en el ranking de héroes separados por muy poca puntuación, lo habitual era que fuesen los refuerzos del resto y no al contrario.

Haciendo uso de su Blackwhip, Izuku no tardó en dejar atrás a Shouto, que prefirió correr sin deslizarse por su hielo para no alarmar a los civiles y provocar aún más caos en el tráfico y la circulación de la zona. Se balanceó entre los edificios, aligerando su peso con Float para subir cada vez más y más arriba hasta posarse, en cuclillas, sobre el bordillo de una de las azoteas, justo donde se había encontrado Katsuki. Oteó en la distancia, buscándolo. Una explosión potente a lo lejos le indicó donde debía buscar.

—Gearshift —murmuró para sí mismo, acelerando cuando se arrojó al vacío, acelerando su cuerpo para luego lanzar Blackwhip al edificio de enfrente y volver a alzarse en un elegante arco antes de rozar siquiera el suelo. Katsuki solía burlarse de ese movimiento en particular, mascullando que era un vulgar imitador de Spiderman y que era mucho mejor desarrollar movimientos propios, pero Izuku sabía que era una solución ingeniosa para moverse por la ciudad de forma rápida, sin verse entorpecido por los vehículos o las personas ni perder velocidad por tener que girar de súbito.

Se acercó a toda velocidad a Katsuki, que volaba a ras de suelo, impulsando su carrera con explosiones. A diferencia de él, que esquivaba con precisión todos los obstáculos que se interponían, Izuku oscilaba varios metros por encima casi en línea recta. Eso le permitió ver la mueca fastidiada de Katsuki cuando rozó con los dedos la espalda del villano y acto seguido tuvo que frenar de repente, utilizando una potente explosión para desviar un vehículo que estaba a punto de atropellar a un grupo de peatones que se había apartado para dejarlo pasar. El villano regateó entre varios vehículos, permitiendo a Izuku comprender por qué Katsuki no había conseguido atraparlo aún, a pesar de no ostentar ningún Don que le permitiese escapar con facilidad: era lo bastante listo como para interponer obstáculos entre su perseguidor y él. Sin embargo, gracias a Float y Blackwhip, a Izuku eso le daba igual, y pronto sobrepasó a Katsuki, que todavía estaba intentando librarse de los civiles para continuar la persecución.

—¡Métete en tus asuntos, Deku! —gritó este, airado, y dos explosiones le indicaron a Izuku que su compañero había vuelto a ponerse en marcha.

A bastantes metros de distancia, gracias a la instantánea ventaja, el villano volvió la cabeza sin dejar de correr y, al ver a los dos héroes yendo hacia él, cambió de estrategia y se coló por un estrecho callejón donde daban las puertas traseras y ventanas de luces de algunos de los imponentes edificios de la calle principal del Distrito Financiero. Un callejón que, como Izuku sabía, impediría que tanto Katsuki como él pudiesen moverse cómodamente y que tenía varias callejuelas sin salida… excepto una, además de por la que había entrado. Sin decir nada a Katsuki, lanzó Blackwhip al aire y se elevó una vez más por encima de los edificios, flotando, decidido a reducir la distancia con el villano por las azoteas. Katsuki, por su parte, se lanzó de cabeza dentro del callejón, igual que un perro de presa que no ceja en su empeño por atraparla.

Izuku no tardó más de un par de minutos, gracias a Float y Gearshift, en recorrer las azoteas de los edificios, saltando entre los tejados con Blackwhip cuando lo necesitaba, en alcanzar la otra salida del callejón y dejarse caer al suelo, cerrando el paso del villano. Ladeando la cabeza, escuchó atentamente, pero no le llegó el ruido de ninguna explosión, confirmando su suposición de que había sido lo suficientemente rápido: Katsuki ni siquiera estaba cerca de la salida y era probable que todavía pisase los talones al villano. Con las manos en las caderas, un tanto jadeante por lo rápido que había pasado del reposo a la persecución, esperó unos minutos antes de plantearse apretar el comunicador y hablar por el canal privado que tenía con Shouto y Katsuki para pedir ayuda al primero y coordinarse con el segundo para que no dejase ninguno de los rincones ciegos del callejón sin explorar a su paso y así impedir al villano salir por donde había entrado.

Estaba a punto de hacerlo, con el ceño ya fruncido porque todavía no se oían las explosiones que indicarían que Katsuki estaba persiguiendo al villano, cuando el héroe apareció doblando una de las esquinas del callejón. Iba caminando, con las granadas relajadas a lo largo del cuerpo, en lugar de volando con su Don, lo cual desconcertó a Izuku.

—¿Kacchan? —Katsuki hizo un gesto indescifrable por la máscara y la distancia. Izuku supuso que era fastidio por no haber usado su nombre de héroe mientras trabajaban, pero estaban solos ahora, así que no le dio mayor importancia—. No ha salido por aquí. Llevo el suficientemente tiempo como para… Tenemos que volver hacia atrás, puede que se haya escondido en alguno de los callejones sin salida. Hay que avisar a Shouto de que cierre la entrada y le impida salir por allí…

—Te dije… ¡Te dije que te metieses en tus asuntos, Deku!

—¿Kacchan? —repitió Izuku una vez más. Ignorando su invectiva, Izuku pulsa el comunicador y transmite las instrucciones a Shouto, que confirma que lo ha oído y que tardará menos de un minuto en tomar posición—. Es más fácil si lo hacemos entre varios. Y así podemos parar a almorzar los tres, como siempre.

—Claro. Sí, como digas. —Conteniendo un resoplido de risa por lo fácil que lo había convencido, Izuku se internó en el callejón, acercándose a Katsuki, que retrocedió un par de pasos antes de carraspear y plantar las manos en las caderas e hinchar el pecho, visiblemente nervioso por la cercanía de Izuku.

Este se detuvo, consciente de pronto de que había invadido el espacio personal de su compañero. Sabía que lo hacía constantemente, no era la primera vez que Shouto se lo señalaba, con una voz átona que no dejaba saber si se estaba burlando de él o genuinamente quería avisarle de que lo hacía. Incómodo, Izuku carraspeó y se puso al lado de Katsuki, mirando hacia el interior del callejón. El villano, que no parecía tener ninguna habilidad para volar, trepar o similares, no tendría más remedio que acabar saliendo por allí o por el lado de Shouto. Y, si no lo hacía rápido, él podía peinar la zona en un momento mientras sus amigos vigilaban las entradas.

—¿Estás bien, Kacchan? —preguntó Izuku mirándolo con preocupación. El silencio era poco frecuente en él, así como la mirada nerviosa que dirigía al interior del callejón y la forma en la que apretaba los labios—. No ha llegado a usar ningún Don, ¿verdad? ¿Qué estaba haciendo, por cierto?

—Un ladronzuelo de poca monta —dijo Katsuki, seco, e Izuku asintió. No debía ser muy relevante si no había pedido refuerzos y probablemente el villano sólo había conseguido alargar la persecución por ser capaz de improvisar estrategias y no por poseer un Don poderoso o especialmente malvado.

—Me alegro. Pensaba que quizá te había hecho algo. Supongo que sólo es el hambre por no haber parado a comer aún, ¿no? —Izuku parloteaba sin parar, nervioso al darse cuenta de que estaba a solas con Katsuki. Ocurría bastante a menudo y, por lo que fuese, eso lo ponía más nervioso que años atrás. Quizá porque ahora también pasaban mucho tiempo con Shouto y este actuaba de lubricante en sus interacciones sociales.

—Sí. Eso es —asintió Katsuki, frunciendo el ceño en un gesto que le oscureció el rostro y que le resultaba muy familiar a Izuku, que apartó la mirada.

—Justo estábamos empezando a comer sin ti cuando diste el aviso. De haberlo sabido, te habríamos esperado un poco más. Pero no pasa nada, en cuanto lo solucionemos, comemos y así…

—Cállate, no me dejas pensar. —Katsuki habló con brusquedad y luego retrocedió un paso, nervioso de nuevo. Izuku, lejos de amedrentarse de su tono, al cual estaba más que acostumbrado, dejó escapar una carcajada.

—Siempre dices lo mismo, pero luego te quejas si no hablo —dijo Izuku con amabilidad no exenta de diversión. Katsuki, una vez más, se quedó mirándolo con el gesto que solía oscurecerle el rostro cuando lo observaba. Aunque era un poco diferente a lo habitual. Estaba… desconcertado—. Está bien, me callaré, si es lo que quieres.

Con una carcajada, Izuku meneó la cabeza y avanzó unos pasos hacia el interior del entramado de callejones para echar un vistazo en busca del villano. No habían pasado, en realidad, más de un par de minutos, así que todavía era pronto para empezar a preocuparse. Al volverse, sin embargo, sorprendió a Katsuki prácticamente fuera del callejón, mirando hacia él con un gesto vulnerable que no estaba acostumbrado a ver en su compañero.

—¿Kacchan? —dijo Izuku, frunciendo el ceño y acercándose a él a grandes zancadas. El héroe dio un paso atrás cuando invadió de nuevo su espacio personal—. Lo siento. Siempre olvido a ti no… Que yo… que me acerco demasiado, yo…

Se embarcó en una sucesión de murmullos. Sabía que era algo que exasperaba a Katsuki, pero no podía evitarlo. Ni siquiera cuando el gesto oscuro de Katsuki regresó a su rostro al fruncir el ceño. Y mucho menos cuando se destensó, de nuevo en un gesto de sorpresa, en uno más luminoso y… amable.

Katsuki es amable. Sólo que… no lo muestra todo el tiempo. Izuku está más acostumbrado a que el carácter de su compañero es tan explosivo como su Don. Del mismo modo que Shouto es reservado. Y, en escasas ocasiones, igual que Shouto abre la cortina que separa sus reservas del mundo con alguna frase lapidaria, Katsuki deja entrever la amabilidad de su interior. Siempre en pequeños gestos que podrían pasar inadvertidos para alguien menos observador que Izuku: la forma en la que prepara una ración extra de cena para él si tiene guardia hasta tarde, llevarle un paraguas a la estación de metro si está diluviando o alcanzándole un pañuelo y prepararle una bebida caliente si ha estornudado tras empaparse de camino al apartamento que comparten por pura practicidad de compatibilidad con su trabajo y sueldo. Es amable de una forma discreta, al preocuparse por las personas afectadas por la actuación de un villano, por mucho que lo enmascare su brusquedad. En la manera en que asiente cuando Shouto le pide un favor, aunque lo haga con un rictus en los labios que a Izuku le resulta cómico en lugar de imponente.

Era raro ver destellos de su amabilidad reflejarse fugazmente en su rostro. Lo era más, si cabe, que no desapareciesen tan rápido como habían llegado y se quedasen un rato más ahí, suficiente para que, en esta ocasión, fuese Izuku quien retrocediese un paso hacia la pared del callejón, sin dejar de murmurar al mismo tiempo que lidiaba con la sensación cosquilleante de su abdomen, repleta de incertidumbre por la expresión de Katsuki.

—Han pasado ya varios minutos. D-deberíamos… —Con una actitud realmente extraña, Katsuki se aceró a Izuku, que dio otro par de pasos atrás hasta que su espalda chocó contra la pared del edificio. Apoyando una mano contra la pared y con su rostro a apenas unos centímetros del de Izuku, Katsuki entrecerró los ojos con una chispa de entendimiento en ellos—. Kacchan, ¿qué…?

Izuku se ruborizó y a la incertidumbre del cosquilleo de su abdomen se le sumó la vergüenza, que le iluminaba la cara y obligaba a bajar la vista, analizando la situación en una nube que le impedía pensar con claridad.

Había algo extraño. Algo que no funcionaba. No terminaba de encajar.

A Izuku le gustaba cuando Katsuki se comportaba de esa forma… «blandita». Cuando tenía gestos de cercanía con él y le permitía invadir su espacio personal. Cuando, incluso sin que él lo percibiese, estaba pendiente de Izuku en las patrullas. Cuando se disculpaba por haber sido más brusco o haber cometido un error, todavía con la incomodidad de la primera vez que lo hizo, pero con la misma sinceridad. Le gustaba tanto que hasta Shouto se había dado cuenta y eso que el chico no era precisamente avispado en cuanto a analizar los sentimientos ajenos respectaba.

Sin embargo, su cerebro cortocircuitó a causa de la vergüenza cuando Katsuki se acercó aún más, con los ojos todavía entrecerrados y un mohín triunfal en los labios, y fue incapaz de seguir buscando el cabo de razonamiento que se le escapaba y que le gritaba que algo no estaba bien. La práctica totalidad de las neuronas de Izuku, al fin y al cabo, estaban gritando de sorpresa y emoción por la posibilidad de que esa misma incertidumbre y cosquilleo tuviesen un reflejo en su compañero y amigo de la infancia.

—¡Aparta de él, nerd de mierda! ¡Y a ti te voy a matar por acercarte a él! ¡Muere! —El bramido de Dynamight, que había aparecido del interior del entramado de callejones, los sobresaltó a ambos.

Durante un instante, Izuku pasó la vista de uno a otro de los Dynamight: el que tenía delante de él y el que estaba abalanzándose sobre ambos con sendas explosiones que retumbaron entre las paredes y las hicieron vibrar. El gesto airado de este era inconfundible. Mientras que el miedo manifiesto del que, hasta unos segundos atrás, estaba a apenas unos centímetros de él, lo delataba. Katsuki tenía miedo a algunas cosas, por supuesto, pero no lo manifestaba jamás de esa forma tan… expresiva. Y quien quiera que fuese el impostor, no conocía a Katsuki lo suficiente como para saberlo.

Con razón sentía que algo no encajaba.

Dejó escapar un suspiro de alivio y empujó la decepción hacia el fondo de su cerebro, negándose a pararse a pensar en ella en ese momento, aprovechando que Katsuki se había lanzado en persecución de su burdo imitador. Este intentó correr hacia la salida del callejón, pero Katsuki estaba lo suficientemente cerca y, a juzgar por el ruido de las explosiones que lo impulsaban, tan cabreado como para abalanzarse sobre él y derribarlo antes de que lo consiguiese.

—Claro. Estaba intentando huir sin levantar sospechas —masculló Izuku para sí mismo, recordando el momento en el que le había dado la espalda. También sus expresiones faciales cuadraron al pensar en ellas. Para conocer tan bien a Katsuki, había dudado demasiado tiempo y se había expuesto a sí mismo, colocándose en una posición vulnerable que un villano de más categoría o sin tapujos para asesinar podría haber aprovechado en su contra.

Katsuki parecía pensar lo mismo, a juzgar por la fulminante mirada que le lanzó mientras arrestaba al villano, que cambió su aspecto al que debía ser el suyo habitual sin dejar de gimotear. Sin embargo, el héroe no dijo nada, más allá de avisar de su posición exacta para poder entregar al villano a la policía y dar por concluida su intervención.

—¿En serio, Deku? ¿En qué narices estabas pensando? —dijo Katsuki, dirigiéndose a él. Dejó al villano, maniatado e inmovilizado, tirado en el suelo, y se acercó hasta estar a sólo unos centímetros. Avergonzado, Izuku bajó la mirada al suelo, observando las grandes botas de su uniforme—. Se transforma, nerd idiota. Su Don funciona como un disfraz, replicando el aspecto de aquellos que toca, pero sólo es una imitación superficial. Ni siquiera puede adoptar los Dones ajenos, ¿cómo has podido confundirlo conmigo?

—En realidad, yo… —Izuku tartamudeó, ruborizándose tanto que creía que su cara iba a explotar. Se sentía tan idiota por haber creído que Katsuki estaba, de alguna manera, coqueteando con él. Incluso aunque una parte de su cerebro hubiese estado todavía alerta e intentando avisarle de que había algo mal, las emociones habían dominado la situación por culpa de los mismos nervios que lo acometían cada vez que estaban a solas—. Kacchan siempre está de mal humor y exasperado y él estaba asustado y preocupado y ambas expresiones se parecían, pero no eran exactamente iguales. Claro que Kacchan es mucho mejor y genial, pero no sabía que…

—Tsk. —Katsuki chasqueó la lengua para interrumpir su murmullo embalado. Izuku había pretendido hablar para sí mismo, pero al levantar la mirada hacia su compañero, este había ladeado la cabeza y lo observaba con un gesto petulante en los labios—. ¿Cómo pretendes ser un buen novio si ni siquiera sabes distinguirme de un impostor, Deku?

—¿Novio? —preguntó Izuku, estupefacto.

Sin darle tiempo a decir nada más, Katsuki salvó la distancia que había entre ambos y lo besó. Fueron sólo un par de segundos, pues cuando Izuku quiso reaccionar y devolverle el beso, Katsuki estaba alzando la mano. Plantándole el guantelete de su traje de héroe en la cara, descargó una explosión que le obligó a dar un par de pasos atrás, le chamuscó el cabello, las cejas y las pestañas y le abrasó las mejillas y la punta de la nariz. Para cuando se recuperó, Katsuki estaba fuera del callejón, usando sus explosiones para elevarse y salir de allí. Unos segundos más tarde, dos coches de policía con sus sirenas atronando el aire ocuparon el espacio mientras recogían al villano del suelo y felicitaban a Izuku por su actuación.

—No contestabas al intercomunicador. —Izuku no era consciente de cuándo había llegado Shouto. Este estaba plantado delante de él y observaba con los ojos desiguales, un poco entrecerrados por la curiosidad, el rostro quemado de Izuku. Con parsimonia, sacó de sus botiquines portátiles un poco de crema para quemaduras, que siempre llevaba encima por los efectos de su Don en otras personas, y empezó a extenderlo por sus mejillas y la nariz abrasadas—. Hubo un accidente en la entrada, por culpa de la persecución, y Katsuki y yo tuvimos que atender a los peatones heridos y reorganizar el tráfico. Creímos que tú avisarías cuando atraparas al villano, pero no lo hiciste y cuando intentamos ponernos en contacto contigo, no respondías.

Izuku se quitó el intercomunicador, mirándolo con el ceño fruncido. El pilotito azul que solía indicar que estaba funcionando estaba apagado. Sin batería. Era la primera vez que le ocurría. El intercomunicador solía indicar con un pitido que iba a agotarse, pero el cerebro de Izuku debía haberlo ignorado en favor de la oleada de pensamientos y emociones que habían sucedido en los últimos minutos.

—Estaba preocupado. Katsuki. —Izuku sonrió al pensar en la invectiva que soltaría el susodicho si oyese a Shouto llamarlo así mientras estaban patrullando. Estaba realmente orgulloso de su nombre de héroe como para consentir que el resto lo ignorasen por el familiar trato habitual fruto de su amistad y compartir piso durante años—. Cuando vio que no contestabas, salió pitando sin esperar a nadie y yo tuve que quedarme a terminar el trabajo. Veo que llegó a tiempo —añadió, señalando las quemaduras de la explosión en el rostro de Izuku.

—Esto es… —Izuku dudó, sin saber bien lo que era él tampoco. Sólo…

«Novio», había dicho Katsuki. Y en su rostro, durante un fugaz instante, se había reflejado esa amabilidad suya que solía disfrazar de brusquedad para ocultar su vulnerabilidad, que lo hacía sentirse inseguro.

—Katsuki está donde habíamos quedado para comer, esperándonos. Dice que tiene hambre y que, si no movemos el culo hacia allí en un minuto, come sin nosotros —dijo Shouto, escuchando su intercomunicador y transmitiéndole el mensaje a Izuku, que no puede escucharlo. Sus labios formaron una sonrisa que casi podría jurar que era traviesa y este se preguntó cuánto había entendido de la situación.

Izuku siguió a Shouto, todavía inmerso en sus pensamientos. Se preguntó un par de veces si acaso no será una alucinación, pero el escozor suave de la crema para las quemaduras en su rostro le recordó que no se lo había inventado ni imaginado. Que Katsuki, asustado por la idea de que un impostor le robase lo que consideraba ya suyo, había decidido vencer sus propias inseguridades y mostrarse vulnerable para admitir sus sentimientos. A su brusca manera, por supuesto, pero eso a Izuku le gusta. Porque Katsuki le gusta tal y como es, no en una fachada impostada de amabilidad.

Aunque, eso sí, se pregunta si ahora que son novios, todos los besos irán acompañados de violentas explosiones para disimular la vergüenza. Porque, si es así, no cree que vaya a tener cremas suficientes. Y también si para Katsuki, ser su novio implica salir juntos a la feria y comer crepes. Y, quizá, darse de la mano mientras esperan a ser atendidos.