Estaban en épocas de frío, en las que en aquellos días no querias ni salir de casa sólo para congelarte hasta los huesos. Harry, un joven de sólo catorce años, observó desde la ventana de su dormitorio cómo un coche se detenía en la casa de enfrente. Miró más de cerca tanto como sus lentes le permitieron ver como ese vehículo era una enorme limusina negra, un brillo deslumbrante se mostraba en ese auto, parecía como si recién hubiera sido lavado.

Le parecía algo interesante ese tipo de vehículos en estos lugares que no eran ni la mitad de privados que otros. El conductor de la limusina había salido muy rápido como si su vida dependiera de abrir la puerta trasera, aunque si lo pensabas más su trabajo estaba en juego si cometía un error si no podía abrir la puerta como si el tiempo fuera limitado. Harry observó con curiosidad como bajaba un hombre, vestido con un traje muy formal y bien arreglado para la ocasión, aunque se decepcionó al no verle la cara porque llevaba un sombrero de copa.

Observó como tocaba el timbre y a los pocos segundos una mujer vestida de sirvienta salió a recibirlo, para luego haber desaparecido de su vista cuando vio que cerraban la puerta. Soltando un suspiro, el desaliñado joven se había quedado muy pensativo ante la llegada de aquel hombre a la casa de enfrente donde se encontraban sus vecinos. No los conocía pero su padrino siempre hablaba mal de ellos como si fueran las peores personas del mundo.

Los pensamientos de Harry se ven interrumpidos cuando escucha un golpe en la puerta. Se levanta de donde había estado sentado todo este tiempo y miró para ver. Abre la puerta y se encuentra con su madre con expresión de fastidio. Puede notar los pequeños ojeras bajo sus ojos verdes, del mismo color que los suyos.

-Jovencito, no sé si te has dado cuenta, pero llevo un rato llamando para que bajes a desayunar.-Ella le reprocha con su voz encantadora pero amenazante su cansancio por ser el sostén de la casa. Lo que significó su tiempo trabajando y manteniendo a la familia.

-Lo siento mucho mamá, no volverá a suceder.-Respondió nervioso, no queriendo molestar a su madre. La oye soltar un suspiro que parecía haber estado conteniendo durante mucho tiempo.

Al final ella le sonríe como siempre lo hace y con amor le revuelve el cabello haciéndolo más despeinado de lo que está. La oye reír ante el cambio en su cabello al final. También le devuelve la sonrisa del día.

-En serio, baja a desayunar, no quiero escuchar a tu padre quejarse todo el día, como ayer.-Dijo y luego se retiró y lo dejó solo.

Harry sonríe un poco. Sigue pensando en la llegada de aquel hombre a la casa de enfrente, pero de repente comprende que no es asunto suyo y lo deja de lado para bajar las escaleras y dirigirse al comedor.

Ve una escena un tanto curiosa para él, y era ver a sus dos padres besándose como una nueva mañana para los dos. Al observar que cuando se separan ve como su madre sonríe tiernamente por repetir ese beso y luego a su padre quien la mira con mucho amor en sus ojos como si fuera la primera vez que se besaban de esa manera romántica.

El momento es interrumpido por la llegada de Harry a la escena. Lo cual el joven se avergüenza totalmente de interrumpir aunque es recibido con unas sonrisas amorosas. Ve cómo su padre usa un delantal rosa crema que lo hace lucir gracioso y al mismo tiempo ¿lindo? Esa palabra Harry estaba seguro que su madre usaría. Ella estaba sentada en la pequeña mesa donde podían sentarse al menos cuatro personas, su madre tomaba su café mientras leía el periódico de esos días y los hechos mayoritariamente ocurridos.

El joven decide sentarse a esperar su desayuno el cual pronto llega y termina frente a él. Su padre le besa la cabeza como saludo habitual. Él sonríe ante la muestra de cariño y comienza a disfrutar de su desayuno esa mañana.

-Amor, casi me olvido de mencionarte que mañana. Remus y Sirius vienen para cenar, me llamaron diciendo que tenían algo que decirnos y que era algo muy importante.-Su padre lo dice un poco preocupado, temía que fuera algo malo y peligroso. Su madre lo toma de la mano y le da varias caricias para calmarlo.

-No te preocupes cariño, probablemente sea algo bueno. No te preocupes, veremos qué pasa.-Lily le sonríe a su marido para conformarlo y parece lograrlo cuando ve a su amado suspirar para calmarse y devolverle la sonrisa.

Harry se pierde de la conversación que están teniendo sus padres al pensar en la llegada de su padrino y pareja. Estaba emocionado de volver a verlos después de tanto tiempo.

-Harry come o llegarás tarde a la escuela.-Él asiente inmediatamente para continuar desayunando y luego va a cambiarse de ropa para ponerse el uniforme porque todavía estaba en pijama. Intento hacer algo con su cabello pero al final lo deja como está sabiendo que no obtendrá ningún resultado.

Rápidamente bajó las escaleras escuchando a su padre gritar que tenga un lindo día y que estudiaría. Se despidió de él para ir al coche de su madre y subirse como copiloto.

No pasó mucho tiempo antes de que Lily arrancará el auto y se dirigiera a la casa del amigo de su hijo para llevarlos a ambos a la escuela. Mientras conducían pasaron junto a la limusina y Harry se animó a preguntar sobre ella.

-Mamá, ¿sabes quién es el hombre de la limusina de enfrente?-Preguntó curioso por la respuesta que su madre podría darle y aclarar sus dudas.

La pelirroja pensó en su respuesta a la pregunta de su hijo.-Lo único que sé es que son familiares. Pero tengo una pregunta, ¿empezaste a espiar a nuestros vecinos Harry?-.

La pregunta sonó aún reproche y la mirada penetrante de la mujer provocó escalofríos por la espalda del desaliñado joven. Un pequeño sonrojo apareció en su rostro debido a la vergüenza.

-¡No! Por supuesto que no. Estaba mirando por la ventana por el ruido que se hacía afuera y de repente vi la limusina.-Trató de excusarse y su madre entrecerró los ojos con sospecha ante sus excusas mal planificadas.

Pero el casi interrogatorio fue interrumpido por la llegada de cierto pelirrojo sonriente que se subió al auto, saludando a Lily y luego a Harry, quien suspiraba aliviado por su actual salvador.

Bajaron del auto y luego se despidieron de Lily quien les gritó a los dos jóvenes que tuvieran cuidado cuando váyanse a casa y no se metieran en problemas. Los gritos de la mujer llamaron la atención de varias personas que pasaban por el lugar para dejar a sus hijos. Cuando la mujer se fue, los dos amigos miraron frente a ellos el gran colegio que casi parecía un castillo de cuento de hadas o algo muy similar. Y en la entrada había unas letras enormes con el nombre del colegio: Hogwarts.

Entraron tranquilamente, pasando por el jardín del centro que conectaba con varios pasillos y escaleras. Caminaron hacia el gran comedor pasando por cuadros y atravesando las enormes puertas que los condujeron a su destino.

Al llegar al gran comedor, éste estaba casi lleno de jóvenes de casi todas las edades. Aún faltaba que llegara más gente, así que los dos amigos se dirigieron a su mesa. Donde su amiga los esperaba mientras leía algunos de sus libros sin prestar atención a los demás. Algunos la llaman ratón de biblioteca.

Se sentaron frente a ella y la saludaron. Cuando la morena vio que llegaban sus amigas, aún dejó sus libros a un lado y prestó atención a los dos chicos, saludándolos con la misma emoción.

Harry miró a su alrededor, notando que estaban colocando más mesas largas y bancos igualmente largos. Confundido giró la cabeza para mirar a Hermione en busca de respuestas.

-Mione, ¿por qué ponen más mesas y bancos?-. La chica lo mira como si la respuesta fuera muy obvia, pero aun así la respondería.

-Por qué va a haber más estudiantes, ?¿cómo decirlo? ¿Ricos? Si algo así aunque la mayoría van a ir a Slytherin-. Hermione buscó las palabras adecuadas para no querer ofender a la mesa de Slytherin.

Harry pensó en las palabras de su amiga y tuvo algo de sentido. Observó como una cabellera negra corría a toda velocidad hacia las puertas de salida. Harry miró a su alrededor para ver si alguien más se había dado cuenta, pero parecía que a nadie le importaba. Decidido, se levantó y corrió hacia la salida, escuchando los gritos de su amiga pidiéndole que volviera porque los demás llegarían para la selección de casa.

Harry no le prestó atención y corrió a ver qué buscaba. Al final lo vio entrar a uno de los baños, caminando con cautela para que nadie notara que estaba afuera del gran comedor.

Se acercó demasiado y luego abrió la puerta y notó que estaba entreabierta. Pensó por unos segundos si lo que estaba haciendo era lo correcto o no, pero algo en su instinto le decía que debía ayudar a esa persona. Entonces dio un paso adelante, observando cada rincón del baño, hasta que notó una túnica negra que sobresalía detrás de unas cabinas sanitarias. Escuchó sollozos casi audibles y eran comprensibles, los sollozos de una niña.

Esperaba que la chica no se asustara por su inesperada presencia. Dio pasos silenciosos hasta la última cabina sanitaria donde pudo ver un rincón donde estaba esa chica. Y al pasar se paró frente a ella.

Harry la reconoció de inmediato como Pansy Parkinson. Ella estaba en el suelo. No podía verlo porque tenía los ojos bien cerrados. Él notó que ella estaba muy herida. Su ropa estaba muy dañada y su cabello algo despeinado parecía como si hubiera tenido una pelea. Notó que tenía varios moretones, rasguños y el labio roto.

Se arrodilló y el sonido de su mochila cayendo al suelo la sobresaltó y vio a su acompañante. Abrió mucho los ojos, incapaz de entender cómo tenía al mismísimo Harry Potter arrodillado frente a ella.

-¿Qué quieres? Vienes a burlarte de mí por cómo estoy, ¿no?-Habló con un tono muy molesto por la presencia de ese chico. Pero algo aliviada de que no haya nadie más allí para ver tal escena.

Harry no dijo nada hasta que sacó un botiquín de primeros auxilios de su mochila, lo cual era extraño porque lo llevaba encima. Pude verlo en los ojos de Pansy.

Abrió la tapa y se arremangó un poco la túnica. Saco gasas, alcohol, una crema y más objetos para ayudar a la Slytherin.

Ella miraba todos sus movimientos muy confundida pero al mismo tiempo interesada en las acciones de Potter hacia ella. ¿Ayudarla? Era lo que tenía en mente, aunque sonara un tanto ridículo. Observó como el niño intentaba sacar sangre de sus heridas para luego curarlas.

Dejó escapar unos pequeños gemidos cuando el alcohol tocó una herida. Pero no se quejó, ni le reclamó por el ardor, sabiendo que era necesario si no quería tener una infección.

Finalmente le dio un paño frío en la mano, dentro tenía unos cubitos de hielo. Ella no se dio cuenta cuando él había traído esto, estaba más concentrada por cómo él curó sus heridas con cuidado y gentileza. Le dijo que era para su labio, así que se llevó el paño a su labio lastimado. Los dos permanecieron en silencio por unos momentos en sus propios pensamientos.

Al final Pansy hablo estaba muy confundida.

-Potter... ¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué me ayudaste?-Preguntó con más calma, buscando respuesta a sus dudas de ese día. Harry se giró para mirarla, sentado apoyado contra la pared.

-Yo tampoco lo sé, creo que porque te vi en ese estado y pensé que necesitabas ayuda. Solo yo...-.

Dejó las palabras en el aire, tampoco entendió sus acciones. Pansy lo miró y entendió actuó sin darse cuenta.

-Pensé que me odiabas...-Dijo Pansy con la cabeza gacha, todavía sosteniendo el trapo en su labio, sintiendo frío.

Harry, que había estado en silencio todo este tiempo, habló, sorprendiéndola.

-No te odio, bueno, no odio a nadie. Es que me fastidia un poco que molesten a mis amigos, solo eso.-Él respondió siendo sincero. Mirandola esperando que haya entendido sus palabras.

-Y que al de Draco?-Pansy sonrió de reojo y observó como Potter pensaba en ello.

-No tengo nada contra él, aunque no me agrada mucho. Pero si preguntas que lo odio, no, no lo hago-Pansy estaba más sorprendida por eso. No se lo esperaba en absoluto, además de venir de Potter.

Comenzaron a hablar como si fueran amigos de toda la vida, esa escena fue extraña. Pansy Parkinson y Harry Potter hablando tan fácilmente. Pansy se sentía muy cómoda con la presencia del chico de lentes, Harry pensaba lo mismo de ella, al fin y al cabo no era tan malo.

-Tengo una pregunta, ¿por qué llevas un botiquín de primeros auxilios en tu mochila?-Dejó escapar algunas risas ante eso. Harry sonrió de lado.

-Si te lo dijera, no me creerías.-Dejó escapar ese comentario antes de despedirse de ella, esperando que ese día nadie lo supiera. Aunque ¿cómo creerías si te dijeran que los problemas te vienen a ti? Sería algo extraño y casi creíble.