Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es JonesnInDaHood, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to JonesnInDaHood. I'm only translating with their permission.


Capítulo 12

~EPOV~

La risa de Sunny es como una entrada, un justo derecho de paso a todas las maravillas en un mundo desconocido.

Cautivante en su escasez.

Angelical.

Más hermosa que el sol poniente, cómo brilla mientras baja, ligeramente acariciando las olas desde donde me siento mucho después que ella me rechazara y luego me dejara en suspenso.

No puedo quitar el sonido de mi cabeza. Incluso ese adorable resoplido. Especialmente ese adorable resoplido.

Simplemente… adorable.

Ella es completamente luminosa cuando se suelta, deja caer su cabeza hacia atrás y permite que toda su diversión inesperada se muestre.

Entretenida.

Fascinante.

Estética y acústicamente gratificante.

Es honesta, su reacción, haciendo de mí un hombre honesto.

Por tan loco que suene, es verdad.

No tendré problemas en ser padre de nuestros hijos.

Ningún problema creándolos.

Ninguno.

Y aún así, Sunny lo encuentra gracioso. Ella me encuentra gracioso.

Gracioso…

No se sintió como un chiste, como una frase persuasiva, no cuando lo dije, no ahora cuando sigo pensando en ello.

¿Es una locura que realmente lo diga en serio? ¿Sentirme cómo me siento y por una mujer que acabo de conocer?

Bueno… si lo es, entonces llámenme loco.

Chiflado.

Completamente demente.

Porque lo estoy.

Jodidamente loco.

Tan jodidamente loco por esta chica cínica con ojos melancólicos y ocasional sonrisa.

Resoplando con una risita, me pongo de pie para quitar la arena del entumecido trasero de mis pantalones, tomando mi transporte antes de caminar de regreso hacia el camino entablado donde la encuentro cerrando la tienda.

—¿Caminas a casa sola todas las noches, Sunny? —pregunto, haciendo que un pequeño jadeo se escapara de sus labios.

Cuando ella voltea, la lámpara de la pasarela ilumina su rostro aliviado y veo esos labios aún igual de rosas.

La luna resplandece mientras que ella echa chispas por los ojos.

—Casi me matas del susto —gruñe, empujando mi pecho para intentar pasar por mi lado pero tomo su mano, manteniéndola allí, justo sobre los rápidos latidos de mi corazón.

No me importa si ella lo siente.

Espero que lo sienta.

—¿Qué? —Ella inclina la cabeza, una pequeña sonrisa asomándose por la esquina de esos labios rosas—. ¿No tienes nada mejor que hacer que andar por ahí todo el día y acosarme?

—¿Mejor? No —contesto con honestidad, dejando que su mano se zafe de mis dedos, ignorando el rasguño de las garras que ella lleva entre dientes.

—¿Por qué no me sorprende?

Siguiéndola de cerca, pienso que quizás he cometido un error: esperarla en la playa, perdiéndome en mis pensamientos, sin darme cuenta lo tarde que se había vuelto mientras pensaba en ella.

Ella ni siquiera se da cuenta que todo esto es su propia culpa.

—Jamás tuve una respuesta —digo, dejando caer mi patineta al suelo para patinar a su lado, apreciando la manera en que su cabello sopla en el viento, cómo la fina tela color melocotón abraza su cuerpo, el clac, clac, clac de sus sandalias color perla mientras compiten con el giro de las ruedas.

—¿Una respuesta a qué? —Lastima ella, cortando con el filo borde de esa lengua hábil.

Y lo entiendo.

Lo entiendo.

Y puedo seguirle el juego.

Con gusto.

—A nuestra cita, Sunny —aclaro, deteniéndome y levantando la patineta hacia mi mano.

Deslizando mi mano libre en la suya, enlazo nuestros dedos antes de girarla suavemente para que me mire.

Su mano se siente fría, pequeña y delicada en la mía. Encajan perfectamente.

—Media hora —susurra una vez que la acerco a mí, apartando las mechas rebeldes de su hombro, inhalando profundo mientras su aliento a fresa me inunda.

—¿Media hora?

Sunny asiente con la cabeza, tragando mientras intenta esquivar mi mirada.

Intenta pero fracasa.

—Me lleva treinta minutos caminar a casa, así que tienes treinta minutos para convencerme de salir contigo.

Ella lucha una batalla perdida con esa sonrisa y yo sonrío incluso más grande, siempre listo para un desafío.

Dejando caer mi patineta de vuelta al suelo, coloco un pie sobre la superficie granulosa. El jadeo de Sunny excita cuando coloco mis manos en su cintura, asintiendo hacia la patineta antes de inclinarme, mi nariz rozando suavemente contra la delicada curva de su oreja.

—Puedo hacerlo en quince.