¿Por qué?


El tacto de Alastor sobre el cabello de Charlie aún continuaba cuando ella levantó la cabeza para mirarle. Su cabello rubio, suave y esponjoso se enredó en uno de sus dedos largos y delgados, como si tratara de aprisionar aquellas hebras que brillaban como el oro; los ojos llorosos de la princesa, tan dorados como el resplandor del sol de Nueva Orleans en el atardecer, lo llevaron a un mundo aparte donde sólo se encontraban los dos. Bajó la mano que sostenía su cabello, con la hebra del cabello resbalando entre sus dedos, acercándola hacia sí. Por instinto, la olió, aspirando todo el aroma a flores… a Charlie.

La princesa miró aquello apenada; era la primera vez que alguien había hecho algo así. Su cara, de por sí sonrojada, había adquirido un color más escarlata de lo común. Tras los cristales de las gafas redondas de Alastor, pudo ver sus ojos color avellana; aquellos ojos que ardían con algo que ella no podía entender. Luego, ese fuego cambió a algo más suave y reconfortante, que la incitaba a tocar aquel rostro sonriente que veía siempre.

Charlie alargó su mano hacia la mejilla del humano que la había abrazado, y sumidos en la soledad de la casa, se observaron mutuamente como si nunca antes lo hubiesen hecho.

—"Creo… creo que deberíamos hablar de esto en un lugar más cómodo, darling." —Rompió el silencio el caníbal. En efecto, había disfrutado de aquel breve momento mágico, en el que sintió que podía sumergirse en ella en cualquier momento, y era por eso que decidió quebrarlo.

¿Qué es lo que hubiese ocurrido si él se dejaba llevar un poco más por sus deseos? ¿Qué es lo que su cuerpo hubiese hecho si su sentido racional no hubiese llegado para parar todo aquel intercambio de miradas y toques sinsentido?

—"Ehmmm… ¡sí! Claro..." —Charlie parecía angustiada, o quizá, nerviosa. Todo aquel intercambio previo y sentimental la habían avergonzado. Ese tipo de cosas, nunca con nadie, ni siquiera con su prometido, habían pasado. ¿Por qué Alastor había tomado su cabello? ¿Por qué cuando lo hizo, su corazón se volcó un poco como si cayera hacia el piso? Por un momento, ella había olvidado el motivo por el cual todo aquello había empezado… como si todo lo que estaba pasando o lo que ocurrió no hubiese existido.

Dazzle, quien se le había pegado desde que ella descubrió que podía moverse, jaló su falda un poco para llamar la atención; por supuesto, él se preocupaba por ella, y no la había dejado sola, ni siquiera cuando el dueño de la casa estaba. Por otro lado, Charlie lo usaba de alguna forma como un soporte, como algo parecido a un perro o un gato para un alma solitaria.

El caníbal observó como la princesa levantaba a Dazzle; aquel objeto maldito se veía demasiado lindo en los brazos de la rubia. Aquel pensamiento que cruzó por su cabeza lo hizo sentirse un poco tonto, como si la locura al fin se hubiese apoderado de sí completamente.

Tranquilizándose a sí mismo, se obligó a tomar todo de manera fría. Cortésmente, llevó a la chica hacia la sala, donde la dejó un rato a solas con Dazzle, a quien ella abrazó por mera costumbre.

—"Haré un poco de té para ti, sweetheart, aún pareces un poco conmocionada." —Charlie asintió mientras llevaba una hebra de su cabello tras su oreja derecha.

Ella volvió a ensimismarse en sus pensamientos; todo lo que estaba viviendo éstos últimos días era demasiado extraño incluso para ella. Desde la traición de su padre (y su amigo), la asimilación de su actual realidad y luego, la presencia de aquella cosa extraña que le provocaba un miedo irracional, ella no estaba segura de lo que estaba ocurriendo. Algo dentro de sí le dijo que, seguramente, otra vez le estaban ocultando cosas.

Y lo que más le dolía es que su padre permanecía en silencio absoluto.

¿Es que acaso no confiaban en ella? Charlie pensó que, tal vez, la creían una estúpida que no podría comprender lo que estaba pasando.

¿Qué es lo que debería hacer para que confiaran en ella al menos un poquito? Suspiró, creyendo que tal vez, lo merecía.

Había actuado como una tonta cuando llegó a la tierra, pensando que seguramente había un motivo para su presencia allí, pero ¿qué tal si todo fue una coincidencia o un accidente? ¿Había sido una estúpida al pensar que el creador podría escuchar las plegarias de alguien como ella? Charlie, entonces, empezó a pensar sobre la posibilidad de que, quizá, quien la atrajo hacia el mundo mortal fuesen esos seres que la habían asustado, aquellos que le habían pedido su alma de manera silenciosa.

¿Debería decirle a Al sobre aquello? ¿Sobre lo que le había dicho sin palabras aquel ser?

—"¿Qué debería hacer, Dazzle?" —El aludido la miró, con los ojos de botón que ahora le caracterizaban; movió su patita hacia su mano más cercana, y le dio unas palmaditas, como si tratara de consolarla.

Alastor regresó lo más rápido que pudo con una bandeja de té y galletas, pensando que algo dulce podría mejorar el ánimo de la princesa; sirvió con esmero una taza que luego colocó frente a la rubia. Él, por el contrario, decidió no tomar nada; de alguna manera, pensó que, si necesitaba tomar algo, sería un poco de alcohol, pero no tenía ganas de hacerlo.

Alastor tomó asiento junto a Charlie, en el doble sofá que ella había ocupado. Ambos estaban muy juntos, lo suficiente como para que sus manos se tocaran entre ellas sin esfuerzo.

Por supuesto, Charlie lo primero que hizo fue tomar un poco del té que él le había traído. Era lavanda, con un toque de leche, como le gustaba. Él se había tomado la molestia incluso de endulzarlo un poco, al agrado de ella; aquel gesto, la hizo sentirse extraño, como cuando te topas con la realización de que al fin encuentras a alguien que le interesas lo suficiente como para que ese tipo de pequeñas cosas se sepan sin siquiera preguntar.

—"¿Estás más tranquila, my dear?" —De alguna manera, los ojos de Alastor parecían lastimeros, aunque estuviese sonriendo; ella bajó la mirada, hacia Dazzle, no sabía el por qué, pero no podía mantener el contacto visual con Al por mucho tiempo.

—"Si..." —Charlie devolvió el plato y la taza de té a la mesita de centro que tenía en frente. Suspiró, y luego, volteó su cuerpo a la dirección del caníbal. Estaba lista para hablar, aunque no sabía por dónde empezar. Su mirada errática iba de un lado a otro, abrazando contra sí a Dazzle, quien sostenía a su ama con fuerza con sus pequeñas patitas de fieltro, tratando de darle ánimos.

—"Puedes contarme todo lo que quieras, Darling, y tomarte tu tiempo... No me iré a ninguna parte." —La mano delgada de Alastor se había posado en su hombro, cálida y firme. Como un hechizo, quitó parte de las dudas y la confusión de la princesa.

—"Yo… yo estaba en la terraza, acompañada de Dazzle, como siempre. No sé cuánto tiempo pasé ahí, cuando escuché una voz…" —La mano de Alastor que se había posado en el hombro de Charlie viajó hacia su barbilla cuando ella bajó la cabeza, tratando de reunir a detalle sus recuerdos.

—"¿Cómo era esa voz, sweetheart?"

—"Yo… no sé cómo explicarlo. La voz decía palabras sin decirlas."

—"¿Qué cosas decía, Charlie, Darling?" —Alastor la obligó a mirarlo a los ojos; las manos de la princesa soltaron a Dazzle, aferrándose a la mano que su interlocutor tenía sobre su rostro.

—"Lo único que pude entender, fue que debía morir… Esa cosa… yo vi una sombra en el bosque, que me llamaba, que me decía que debía morir." —Las lágrimas volvieron a salir de los ojos de Charlie. Ella había revivido el horror del enfrentamiento a una parte de su enemigo natural, era algo de esperar que no supiera cómo afrontarlo.

Alastor acercó su cuerpo un poco más al de la rubia, posando su frente sobre la de ella; sus manos, entrelazadas, le revelaron al hombre que ella estaba un poco afiebrada. ¿Aquello era por su exposición a las fuerzas del vacío? No lo sabía, pero estaba a punto del colapso.

El caníbal estaba completamente seguro de que, mientras Charlie permaneciera en la casa, aquellas cosas no le harían daño, pero no podía evitar que sus mensajes le llegaran. Las voces siempre eran más fuertes, más inmisericordes. No había hechizo, o manera siquiera de evitar que las voces atravesaran incluso paredes.

Esas voces que también vivían dentro de él, ella debía aprender a lidiar con ellas y el terror que llevaban a quienes tenían el infortunio de escucharlas, así como seguramente Lucifer lo hizo en su tiempo, cuando hubo la guerra que los exilió al sueño eterno.

—"Te protegeré, Charlie. Sólo, confía en mí." —Alastor no sabía por qué había dicho aquello, sus sensaciones cuando estaba con ella eran peligrosamente agradables y extrañas, agobiantes y adictivas.

Charlie lo miró, como si viese una luz de esperanza. Era la primera vez en la vida del caníbal que alguien lo miraba de aquella manera. Acostumbrado a miradas de desesperanza, odio, ira, miedo… muy pocas de admiración… pero ésta vez, aquella mirada sobrenatural de los ojos de una mitad celestial y mitad súcubo le observaban de una manera que él no pudo nombrar. Era algo completamente nuevo en su repertorio de conocimientos sobre las sensaciones y sentimientos humanos y no humanos que poseía.

Entonces, Alastor acercó su cara a la de ella un poco más. Las narices de ambos se frotaron, sintiendo la respiración uno del otro. El aliento dulce y cálido de la princesa inundó el sentido olfativo del caníbal, empujándolo a hacer algo que ni siquiera él sabía qué era. ¿Qué es lo que estaba haciendo? Las manos de él apretaron un poco más las de ella, y Charlie sintió cómo su corazón latía dolorosamente de una manera que se le hacía familiar.

Ella cerró los ojos, expectante. No sabía por qué, la confusión de sentimientos la orilló a dejarse llevar, se convirtió en agua que se amoldaba al contenedor que ahora la tenía entre sus manos; sus frentes y sus narices dejaron de tocarse por un instante, y entonces, la princesa sintió algo suave y húmedo en su frente.

Los labios de Alastor habían viajado pacíficamente hacia la frente de Charlie, olisqueando todo a su paso como un ritual animal desconocido, incluso para él. Rozando de suave piel de ella, su médula espinal se inundó de algo eléctricamente placentero, aunque insuficiente. Al caníbal le había costado casi toda su resistencia y lucidez guiar sus deseos a algo menos invasivo; sus manos, temblorosas, soltaron las de Charlie y sostuvo sus mejillas cálidas debido a la fiebre, que él consideraba, nacida por su contacto previo con el vacío.

—"Deberías descansar, my dear, pareces afiebrada." —Charlie, confundida, no pudo contestar debidamente, balbuceando mientras asentía. ¿Qué había sido todo aquello? ¿Cómo había pasado? Un ligero temblor en su labio inferior ganó la partida cuando trató de calmarse. ¿Qué es lo que ella estaba esperando? Alastor era un amigo, alguien que la estaba ayudando pese a la pelea que había ocurrido entre ellos.

La rubia trató de levantarse, pero sus piernas temblaban como un cervatillo recién nacido; Alastor creyó que su debilidad se debía a la fiebre, así que la ayudó a incorporarse, aunque parecía que ella podría desmayarse en cualquier momento.

—"Disculpa por mi grosería, princesa." —El hombre, temiendo que ella se desmayara en cualquier momento debido a todo lo que había vivido aquel día, la cargó entre sus brazos, como una pareja de recién casados. Aunque la altura de ambos era similar, siendo Alastor un poco más alto que la princesa, ella no era pesada ni incómoda de llevar.

La habitación que Alastor le había preparado a la rubia estaba exactamente al frente de la de él, en el segundo piso. Aquella recámara era un poco más grande que la del caníbal, y tenía una vista muy bonita hacia el camino boscoso que iba a la ciudad.

Charlie se enterró en el pecho de Alastor, escuchando su corazón latir. Era un sonido rítmico y fuerte. Se sintió demasiado atrevida al hacerlo, pero algo dentro de ella la impulsó. ¡Ella no era una jovencita de menos de un milenio! Entonces, ¿por qué actuaba como una? La princesa empezó a pensar que la falta de energía mágica de la tierra la hacía cometer actos irracionales y tontos.

Su cabeza se sentía pesada debido a todo lo que pasaba por su mente, claramente estaba confundida, y aquello la llevó a éste momento. Alastor entonces hizo que su sombra abriera la puerta, y delicadamente colocó a Charlie sobre la cama.

—"Debí esperar a que la influencia de los susurros pasara, la fiebre indica que seguramente algo de eso se quedó latente en tu cerebro." —Él acarició su cabeza mientras le decía aquello; en realidad, Alastor estaba preocupado de que la influencia de los dioses exteriores se hubiese instalado en ella, aunque sea un poco. A veces, sólo bastaba un simple toque para que ellos se apoderaran de un alma, y no sabía si la resistencia de Charlie era mucho menor a la de los celestiales o si quiera ella tenía algo de resistencia en primer lugar.

Charlie sabía que su fiebre era por otro motivo, pero no quería explicarlo a Al. Claro, ella tenía miedo y todavía se sentía mareada por lo que había visto en la mañana, pero la mayoría de sus síntomas los había causado él mismo. Estaba segura de que, si su madre la viese en aquel momento, moriría de risa.

Lilith siempre le había dicho que ella no debía contenerse cuando deseaba algo, y en esos momentos, algo dentro de Charlie le gritaba que deseaba que Alastor la abrazara como hasta hace unos momentos. Maldijo para sí su naturaleza de súcubo, que justo en aquel lugar y en aquella situación se hacía presente de una manera extraña de por sí.

Claro, ella no era tan inocente para no darse cuenta, hasta cierto punto, era algo normal que de alguna manera estando cerca de él se sintiera un poco atraída. ¿Cuánto había pasado desde su última vez? Lo que sentía, seguramente, se debía a la abstinencia. En el infierno, ella lo hacía al menos una vez a la semana, pues su cuerpo lo demandaba, y eso la había llevado a una manipulación horrible a manos de quien era su prometido, hasta que tomó valor y lo arrojó a la basura donde pertenecía. Aquello era su debilidad, y cuando llegó a la tierra, se alegró de que esa parte de ella se hubiese dormido por un tiempo… pero ahora, parecía querer florecer nuevamente.

Y lo peor era que lo deseaba con el único humano al que había llamado su amigo.

—"Al… yo… uhmm." —¿Cómo lo podía explicar? La rubia se obligó a tranquilizarse, aunque continuaba balbuceando. Esperó que Al decidiera irse antes de cometer alguna locura. ¿Por qué ahora, de todos los momentos, tenía que desear algo?

—"En cuanto pase el efecto de la corrupción, te responderé lo que quieras, Darling. Por ahora descansa." —Alastor se alejó de la cama, pero antes de dar un paso siquiera, las manos de Charlie lo habían detenido, sosteniendo la tela de su pantalón.

—"No te vayas… por favor." —Y lo hizo. Charlie se maldijo tantas veces internamente. Sus piernas se frotaban entre ellas, tratando de calmar su ansiedad. Ante los ojos de Alastor, ella aún parecía nerviosa por algo y entonces, pensó en ayudarle a dormir. Por supuesto, había otras maneras de hacer caer a alguien en un sueño profundo sin tener que usar sus poderes prohibidos, así que pensó en que debía de intentarlo, por el bien de ella.

Afortunadamente, la habitación de Charlie tenía algunos objetos que usaba comúnmente para filtrar la influencia del vacío, como atrapasueños y partes secas de wéndigos que él mismo había cazado y que Rose tuvo la amabilidad de enviarle.

Se sentó en la orilla de la cama, con una Charlie que temblaba como un pequeño conejo asustadizo. Le tomó toda su voluntad acercarse a ella sin hacer algo más que acariciarle el cabello; por otro lado, la ansiedad de Charlie se acrecentaba cada vez un poco más.

Alastor acercó su cabeza a la de la princesa, susurrando unas palabras en un idioma extraño para Charlie, aunque era la lengua cherokee. Él había aprendido algunas cosas de ellos en su juventud, ayudándoles algunas veces, otras, amenazándoles.

—"Al… yo… quiero…" —Charlie, aun temblando por su necesidad de contacto msculino, se acercó un poco más, cerrando los ojos. Alastor apenas había terminado de cantar su encantamiento, cuando los labios rosados y dulces de la princesa hicieron contacto con él.

El toque suave, el aliento cálido, aquello hizo que todo se congelara en la mente del caníbal. Pasó una eternidad en menos de un segundo, cuando Charlie cayó en el sueño profundo que él le había inducido.

Observó casi como en cámara lenta cómo aquella joven rubia que había unido sus labios a los de él caía rendida a los brazos de Morpheo, mientras en su estómago, una sensación revoloteante empezaba a hacerse paso. No supo cuánto tiempo pasó, ni siquiera supo cuándo su mano fue llevada hacia sus labios, impactado por lo que había sucedido.

Nunca se había imaginado que ella haría algo así.

Ella…

Ella debía hacerse responsable.

Las voces en su cabeza empezaron a susurrar, aunque no sabía en éste punto si era la influencia externa, o si era él mismo empujándose a cometer algo que no debía hacer.

Observó a la rubia, apacible y tranquila, durmiente, a su merced. Él podría matarla en ese momento si lo deseara.

Él podría abrirla en canal, bañarse en su sangre, beberla.

Alastor podría sostener su corazón aún latiente entre sus manos y comérselo, haciéndola suya para siempre, en aquel momento.

Podría atar su alma a la suya propia, manteniéndola consigo hasta el fin de los tiempos, incluso en el infierno, incluso en el eterno silencio del vacío.

Él podría dejar salir su otro yo desenfrenado, podría hacer todo lo que siempre ha deseado hacerle, en aquel mismo instante. Ella, básicamente, le había dado su permiso.

Acercó su mano hacia el rostro pálido de mejillas sonrosadas. Acarició los labios suaves con las yemas de sus dedos, frotándolos casi hasta dejarlos rojos. Incluso así, ella no despertaría.

Incluso si él la apuñala, si le saca esos hermosos ojos dorados y le arranca uno a uno cada cabello, ella no despertará hasta que el hechizo termine. Si él le arranca la piel a mordidas, si la rompe hasta hacerla una masa informe de sangre y huesos, ella no despertaría.

Y, sin embargo, él sólo acercó sus labios a los de ella. Él solo recorrió su rostro con sus dedos, puso su cabeza sobre su pecho y escuchó el latir suave y lento de su corazón por un tiempo indeterminado, hasta que el suyo propio se acopló al ritmo de el de ella. Y se quedó ahí, en silencio, hasta que la oscuridad llegó, incluso más tiempo después. SE quedó observándola y preguntándose, ¿por qué no podía matarla?


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Notas de autor:

Tengo un pequeño agujero en el estómago al escribir esto.

La naturaleza de Charlie se hizo presente, en éste, un capítulo confuso que espero no se tome como apresurado. Todo tiene un porqué, y lo que pasó será demasiado importante en capítulos próximos.

Y nuestro venado, al fin se da cuenta de que no puede matar a Charlie, no es que no quiera. Honestamente, él desea tanto a la princesa que quiere atar su alma a la de él, como lo hizo nuestro sacerdote con su amante, pero tampoco quiere hacerlo. Confuso, ¿no? Imagínense cómo se siente Alastor al respecto.

¿Cómo va a reaccionar Charlie cuando despierte? ¿Será que podrá calmar su parte súcubo de alguna manera? ¿Cómo tomará Alastor las cosas si ella se aloca?

e.e

Tendrán que esperar a la siguiente entrega.