Alastor miró fijamente el rostro compungido de Charlie; su corazón dio un vuelco en su pecho, guardando cada pequeño detalle de ese rostro empapado de tristeza. Entendía bien las razones de su reacción, aunque no las aprobaba.

Él, a diferencia de Charlie, conocía bien a esos seres que se autodenominaban dioses; los aborrecía en consenso general, y aunque comprendía el por qué Charlie parecía no tenerles desprecio (sobre todo a lo que podría llamársele su abuelo), creía que la ingenuidad de la joven princesa del infierno, nada menos que la mujer de la que se había enamorado (si, lo aceptaba completamente ahora mismo) la pondría en peligro.

Las garras del dios ególatra, las de los inefables… todos ellos eran un peligro para Charlie y Alastor no podía quedarse quieto a la espera de que ella cayera en sus redes de engaños y manipulaciones. Por eso debía hablarle con la verdad.

Acercó su mano, la cual todavía tenía los rastros de la locura reptante, hacia el rostro de la chica rubia; los ojos dorados de Charlie se posaron en los suyos propios, y una ligera sonrisa trémula nació del contacto suave entre amantes.

–"Al… todo en lo que creía se ha desmoronado por completo…" –La voz de la Demon Belle tembló en el susurrar de su pesar. –"No sé en qué creer ahora; en quién creer… Y lo que más me molesta es mi propia ignorancia."

La princesa del infierno masculló amargamente la última frase. Se sentía patética y engañada por sus propias creencias. No es que su padre nunca le hubiera dicho qué tan hipócrita era el lado de los ángeles, no obstante, ella no quería creerle del todo. En su cabeza inflada por los cuentos que su padre le compartía cuando era niña, creyó que el cielo sólo era inflexible, no un lugar lleno de seres que podrían hacer tales cosas aberrantes como lo que le había contado Alastor.

–"Lo peor es que mi padre nunca mencionó siquiera esto… Como si creyera que no lo entendería. ¿Soy tan tonta acaso?"

–"Imagino que tal vez creyó que no tenía importancia…" –Alastor retiró la mano que previamente había sostenido contra la mejilla de la bella demonio y buscó la cálida mano de Charlie más cercana a él. –"Se supone que ellos, los dioses antiguos del vacío y el caos no deben despertar hasta dentro de mucho, mucho tiempo, el tiempo suficiente para que tú llegaras a reinar, probablemente."

–"Incluso si es así, Al, ¿por qué no decirme? ¿Por qué simplemente dejó que yo creyera lo que hasta hoy creía si le era tan... tan..."

–"¿Repulsivo?" –Alastor soltó una pequeña risilla irónica, dejando ver sus colmillos que habían crecido de la noche a la mañana.

–"Desagradable... en realidad, esa es la palabra. Y si… y si tanto le desagradaba que yo considerara al cielo y a dios como algo realmente bueno... ¿por qué no me dijo nada? No es que no le fuese a creer, ¡es mi padre, por todo el infierno, si él me dijera que el mundo se acabará mañana, le creería inmediatamente y trataría de ayudarlo en lo que sea, como sea…"

Charlie bajó la cabeza, pensativa, mientras colocaba su mano libre sobre la de Alastor, encerrando la mano de dedos nudosos ennegrecida entre las suyas con tal acto. En ese momento, ella quería sentir seguridad, deseaba un ancla que le dijera que todo esto era una mala broma, pero sabía que no podría ser así. Tan sólo quedaba el consuelo de que sabría la verdad.

No como ella quisiera, en realidad, pero había alcanzado la iluminación de la verdad cruda de la realidad que la rodeaba. Ya no sería una pequeña ignorante, al menos.

–"Sweetheart," –Susurró Alastor suavemente, con su característica sonrisa suave. –"estoy completamente convencido de que tu padre sólo quería protegerte."

–"Lo sé, Al… lo sé. Sin embargo está sensación de sentirme traicionada… no, más bien ignorada, no se irá aunque sepa los por qué."

–"Entiendo." –La mirada del hombre que estaba frente a Charlie parecía ir y venir entre la ansiedad y la amabilidad. Si bien el tema principal de aquellos que permanecían encerrados en un sueño casi eterno ya se había aclarado, todavía había preguntas y Alastor estaba bastante consciente de ello.

Preguntas que no le gustaban mucho a él, que le harían recordar cosas que francamente no querría hablar con nadie. No obstante, la verdad era necesaria ahora más que nunca.

–"Mas allá de todo el asunto de cómo los dioses del vacío fueron atrapados en un sueño cuasi eterno, Charlie, creo que hay otras cosas conectadas a ellos de las que debemos conversar, ¿cierto?" –La sonrisa con colmillos que Alastor enarbolaba suavemente parecía rota, como si le doliera algo; Charlie entendía un poco de qué iba aquello, y aunque no quería presionar las cosas, comprendía que no podía evitarse ni de su parte ni tampoco de la de Alastor.

Ella asintió con la cabeza, mirando atentamente al hombre sonriente que tenía frente a sí; la mirada de ese hombre, que ya antes parecía un poco rota, se desquebrajó más, pero a pesar de ello, no dejó de sonreír.

No, Alastor no dejaría de sonreír mientras contaba su historia. Incluso si le costara la vida, porque más que su historia, era la historia de su madre.

–"Te estarás preguntando por qué sé todas estas cosas, ¿me equivoco? Por qué soy… esto." – Alastor soltó su mano de entre las de la rubia, y señaló su persona con ambas manos; su sonrisa nerviosa se quedó ahí, plasmándose dolorosamente en la memoria de la princesa del infierno. Charlie asintió otra vez con los ojos bien abiertos, bovinos y hermosos, fijos en ese hombre de apariencia no humana; esos ojos tan piadosos, según el punto de vista de Alastor, que sentía que ella ya lo había perdonado.

Aunque él nunca lo necesitó ni lo pidió, el hombre sonriente sentía que cualquier pecado que hubiese cometido antes y después del ahora le sería perdonado tan sólo por esa mirada.

–"Verás… –Alastor soltó una risilla nerviosa, buscando las mejores palabras con las que expresar todo lo que había sido su existencia incluso antes de nacer. Empezar por el inicio, tal vez sería lo mejor, pensó. –"Hace algunas décadas atrás, no muchas en realidad, había una joven hermosa, tan hermosa como tú, my dear, tanto por dentro como por fuera. Con tu misma positividad, ella y su familia trabajaron incansablemente para salir adelante en un mundo donde los trataban como bestias inferiores tan sólo porque tenían un color de piel diferente…"

Hubo una pausa silenciosa, pesada. Charlie permaneció atenta, con la misma mirada que, de alguna manera, reconfortaba a Alastor.

–"Ellos eran gente decente, con un pequeño negocio de pesca. El río de Nueva Orleans les daba suficiente para vivir, ofreciendo lo mejor de lo que cosechaban en sus aguas tranquilas. Tenían sus propios clientes arraigados en su pequeña comunidad… Eran felices. Lo eran, hasta que un hombre blanco les arrebató todo." –La ira velada en las últimas palabras que Alastor pronunció no pasó desapercibida para la princesa infernal; a pesar de la sonrisa que mantenía muy a su pesar, se notaba la conmoción del joven hombre.

–"Tienes que saber, Charlie, sweetheart, que en el lugar de dónde vengo, los hombres blancos nunca se mezclan con los negros; si un negro tiene un negocio floreciente, si es feliz, si empieza a alcanzar las vidas de los hombres blancos… entonces esa persona negra será cortada de raíz. Por eso, en ese lugar llamado Estados Unidos de América, hay negocios para negros y negocios para blancos. Y bajo ninguna circunstancia los negocios de negros pueden florecer más allá de la comunidad negra."

Alastor soltó otra pequeña risotada irónica, mientras se levantó de la mesa. Se sentía ansioso, buscando las palabras exactas para contar la historia de cómo había llegado hasta ese momento…

De cómo su madre lo había perdido todo.

De cómo él era Alastor, el único Alastor de su madre. Su vengador.

–"La familia de esa maravillosa mujer negra cayó en desgracia cuando su padre fue acusado de crímenes que nunca cometió. En ese entonces, ella tenía apenas diez años…"

Comenzó a caminar por el lugar, con un rostro desencajado, manteniendo esa sonrisa que en ese momento ya rayaba a lo perturbador; Charlie no podía decir nada. No sabía exactamente qué decirle, tampoco sabía si realmente ayudaría en algo si ella intervenía. Pensó que lo mejor era escucharlo, hasta el final, hasta que él decidiera que era suficiente.

Y luego… y luego ella pensaría entonces qué hacer, qué decir.

–"La madre de esa familia, entonces, empezó a trabajar de sol a sol, como sus ancestros en la época de esclavitud. La niña entonces empezó a pensar en ayudar a su madre a ganar dinero, pero no se lo permitieron. No, su hermano mayor no la dejaría; al contrario, ese joven hombre que apenas había cumplido catorce años empezó a llevar dinero al hogar. Aunque, por supuesto, no era mucho."

Otra pausa acompañada del sonido de pasos nerviosos, se dio.

–"El trabajo que tenía era en los campos de las afueras de la comunidad. Era una mala paga, en efecto, a pesar de que era pesado. Aunque, en ese lugar, conoció a alguien que le enseñó a ganar dinero de otra manera… ¡Oh! No, no es lo que probablemente estés pensando, my dear. –Aclaró, con el timbre de voz cortado, como si, en cualquier momento, pudiera romper a llorar.

–"Su mentor era un viejo brujo que sabía cosas antiguas, cosas nacidas del continente de dónde su gente había nacido. Le habló de los loa, del buen barón Samedi. De los ancestros. Y él aprendió, ¡por supuesto que aprendió! Lo hizo para proteger a su gente, a su familia… Y les fue bien por un tiempo, un buen tiempo dónde la madre ya no trabajaba de sol a sol, dónde la hermana amable terminó la secundaria, y dónde el joven hombre de la casa se ganó una reputación entre su gente para la clase de cosas que se requieren de un brujo."

–"Pero esa tranquilidad de nuevo fue rota por el hombre blanco; está vez, señalando con sus garras a la buena y hermosa hermana del brujo."

Alastor apoyó sus manos contra la mesa, y un jadeo pesado se escuchó de entre sus labios. Para ese momento, sus ojos ardían en rabia pura, y la mezcla de aquellos orbes oscurecidos por los poderes de la locura reptante y su sonrisa maníaca lo hacían ver casi terrorífico. Las pequeñas astas que nacieron la noche anterior de entre su cabello rojizo parecieron crecer, y el aura oscura que empezó a emanar de él hicieron temblar a Charlie.

No obstante, ella no bajó la mirada, ni dejó de prestar atención a lo que él decía con tanto dolor y rabia contenida.

–"Ella empezó a trabajar como una simple lavandera en un hotel cuando se mudó a la ciudad, deseando entrar a la universidad, pues quería ser profesora; ni siquiera tenía contacto con los huéspedes, porque ella era negra y el establecimiento era demasiado opulento como para que una mujer de su tipo atendiera a esos blancos adinerados. Ella simplemente hacía su vida tranquila, sin molestar a nadie, trabajando y buscando una vida mientras estudiaba. ¡Y lo habría logrado!, my dear, ¡lo habría logrado si no fuese por ese maldito desgraciado que la tomó a la fuerza esa noche!"

La voz de Alastor se distorsionó al decir lo último, y sus manos se cerraron en puños contra la mesa. No se había movido ni un centímetro, pero parecía que se había vuelto más grande, un depredador.

–"El hijo del propietario, ella lo conocía. Iba y venía para aprender del negocio. Hablaba con ella, pensaba que era buena persona. Pero no lo era. Absolutamente no."

La ira contenida pareció bajar de intensidad un poco, pero Charlie sabía, se daba cuenta, que sólo estaba conteniéndose momentáneamente.

–"Y entonces, ese abuso empezó a ser cotidiano; amenazada, rota, humillada, no la dejó en paz hasta que ella tuvo el suficiente valor para huir hacia los brazos de su familia. Hacia el amor incondicional de su madre y hermano. Pero ya era demasiado tarde, porque yo estaba viviendo en ese entonces ya en su vientre."

En ese momento, Charlie deseó ir y abrazar a Alastor, pero sabía que él no lo permitiría. La voz del wendigo parecía una mezcla entre la que había escuchado esa noche donde sintió por primera vez el terror del vacío y alguien a punto de romperse.

–"Cuando mi tío supo lo que había pasado, le preguntó si quería tenerme… ¡Y ella dijo que sí! ¡A mí, el hijo de un monstruo, me amó! Jajajaja." –Las manos de Alastor subieron hasta su cabeza, agarrando su rostro como si con ello pudiese contener el abanico de emociones que en ese momento sentía. –"Pero mi tío no dejaría las cosas así, no, no… y lo agradezco, Charlie, porque me dio los medios para vengarme en nombre de mi madre. No fue fácil, en efecto. Morí y renací tantas veces antes de venir a este mundo como un pequeño bebé amado por su madre, Charlie. Vi tantas cosas, sentí tantas voces dentro y fuera de mí antes de aprender a respirar, Charlie. Yo… yo, mi cuerpo era el del hijo de un monstruo en este mundo, Charlie, y entonces mi tío convirtió mi alma en el hijo de otro monstruo. ¡Y estoy feliz por ello, Charlie! Porque pude vengarme del hombre que arruinó a mi madre. Porque cuando vino por nosotros, cuando supo que yo no era del color de mi madre y necesitaba a un niño para que su matrimonio fuese feliz, pude matarlo con mis propias manos, Charlie. Porque aunque mi madre murió gracias a ese infeliz, pude vengarme con ayuda de mi tío, aunque él sacrificó su propia vida para ayudarme. ¡Qué importa el dolor, los rituales, los órganos que me quitó y que me colocó! ¡Qué importaba mi dolor, Charlie, si al final tuve lo que quería!"

En ese momento, la joven princesa no pudo más; sin importar nada, aún sintiendo miedo por la naturaleza del vacío que ostentaba Alastor, corrió hacia él y lo abrazó. Incluso si sus poderes de locura se estaban desbordando, si su voz empezaba a distorsionarse y sus facciones parecían terroríficas y perturbadoras con esa extraña sonrisa forzada, ella fue hacia él y lo envolvió en un abrazo.

–Charlie… Charlie. Yo, como mi nombre lo dice, yo nací para vengarme de mi padre humano, del mundo, de Dios, del universo, de la creación misma. Yo nací para desatar la venganza de los dioses del vacío y el caos, yo nací para conocerte…"

Alastor abrazó a su amada como si no hubiera nadie más en el mundo. En efecto, el había nacido para conocerla, ahora lo tenía claro.

–"Nací para conocerte, y para matarte. En el infierno o aquí, ahora o en el futuro, mi vida fue hecha para matarte y liberar al Dios que llamo padre, el que me hizo lo que soy, y a sus hermanos. Pero… pero no puedo, Charlie, no puedo. No sé cómo, no sé cuándo exactamente, pero no puedo hacerlo porque te amo. Te amo."

Al final, la voz de Alastor terminó por quebrarse; el caos del vacío de su naturaleza retrocedió, aminorando la distorsión de su voz y su alrededor inmediato. Y por primera vez en décadas, el hombre llamado a si mismo Alastor, dejó de sonreír y lloró, lloró genuinamente.

Notas de autor:

Volví; realmente volví.

El amor a mi ship superó mi asco a la creadora, aunque igual, sigue sin gustarme ella.

Pienso hacer como que Vivzie no existe, en realidad he hecho todo para no darle ni un peso más (sí, eso incluye no ver nada en amazon aunque tengo el prime).

De todos modos, volví y quiero continuar leyendo y escribiendo el CharlieXAlastor, su ship más odiada y a la que amo más con cada día que pasa.

Terminaré, lo juro, aunque tenga un bebé que no me deje escribir mucho.

También estoy escribiendo capítulos de los otros fics de HH.

Gracias por leer.